Vivimos duros tiempos en los que el golpe neoliberal avanza sin freno y se atisba el revivir de los fascismos, todo ello ante el desinterés de una gran mayoría o al menos una mayoría decisiva.
Nuestros vecinos portugueses están pagando con sangre el “rescate” de 78.000 millones de euros que les facilitó la UE y el FMI, mientras los mismos entes entregan billones de euros sin medida y sin contrapartidas a los bancos. Todo lo contrario, al recibirlos como muy caro al 1,5% y prestarlo al 5%, al estrangular el crédito porque es más rentable especular con la deuda, han salido enormemente beneficiados de la crisis.
Pero de algún lado tiene que salir el dinero. Recortes en sanidad y educación, más privatizaciones, reducir las pensiones más altas, las prestaciones por desempleo y la indemnización por despido. Una “reforma” laboral para trabajar más por menos dinero: el manual. Tasa “de solidaridad” con la que redujeron a la mitad la paga de navidad, elevación de los precios del transporte público, el que usan las clases menos adineradas.
El nuevo gobierno conservador ha ido cumpliendo los mandatos de la UE, como cuando el 1 de agosto de 2011 vendió el Banco Portugués de Negocios (BPN) al angoleño BIC por 40 millones de euros, un precio de saldo ya que su intervención costó a Lisboa 2.400 millones de euros. La entidad africana no conserva ni la mitad de los puestos de trabajo.
Ha crecido su deuda, los intereses que paga y sus bonos ya son calificados por las poderosas agencias privadas norteamericanas de “basura”. Es el camino en el que mirarse.
Protestan los afectados en la calle, pero ya salen también fuerzas de extrema derecha a que los telediarios (españoles) hablen de “enfrentamientos”, situándolos en el mismo plano para desactivar la realidad.
Todo esto marca nuestro propio futuro, el de los españoles. No hay sino unir los datos.
Conservo un pequeño tesoro. El final del reportaje de Informe Semanal dedicado, en 1987, a la muerte de José Afonso, quien impulsara con su Grándola Vila Morena la Revolución de los Claveles. Lo firmó Eduardo Barrenechea, un enorme periodista que fue el cronista de los míticos días de Abril y muchas cosas más. Lo lee, con rabia y sin “objetividad”, mi querido amigo José Antonio Rodríguez. La revolución de justicia y solidaridad, la que disparó claveles y ni un solo tiro ni violencia, entonces ya se perdía y ha acabado ahogada.
Lágrimas de Pessoa en el mar, el mismo que baña las costas españolas, tan dulces e insípidas que permiten la asfixia, cómplice, e incluso sin llanto.



Agua cara, muy cara. Llenas las botellas con la del Moncayo y decimos que procede de Noruega y las vendemos a 80 euros unidad. Hacemos trampas, claro, pero utilizando el significado auténtico de la picaresca, y además les damos un producto de excelente calidad.




















