¿Qué pasa con la sanidad española?

Está considerado el séptimo mejor sistema sanitario del mundo. Obama, el deseado, ha consultado expresamente a las autoridades españoles sobre él para tomarlo como modelo y aplicarlo en EEUU. Pero el futuro se tiñe de negros nubarrones que ya llueven sobre el presente.

El declive lo marcó la descentralización. Hoy existen 18 sistemas de salud en España, no uno. Pongamos algunos ejemplos: los médicos reciben distintos emolumentos según donde trabajen. Por eso, más de mil se van fuera cada año (donde además los pacientes les tratan mejor que en España). Por eso, llegan facultativos del extranjero: para cubrir las plazas que faltan. En poco tiempo, la carencia de especialistas dará problemas serios de asistencia. Por ejemplo, no hay suficientes cirujanos generales y del aparato digestivo, anestesistas, radiólogos, pediatras y médicos de familia. Volver a unas directrices estatales lo piden hasta los propios profesionales de la medicina.

La Sanidad es la primera empresa de España: 300.000 empleos directos y más de dos millones indirectos. El 6% de la población trabaja en este sector. Genera enormes gastos, pero también ingentes beneficios: es un negocio. Y un negocio seguro. Y, como tal, es tratado en ritmo creciente por algunas comunidades con gobiernos autodenominados liberales.

Madrid es el paradigma de esta polìtica que se basa en la privatización de la sanidad. Su presidenta, Esperanza Aguirre, rechaza la acusación con vehemencia, «sólo privatiza la gestión», que no es poco, además de estipular contratos por décadas.

Se citan casos en Madrid de clínicas emblemáticas -antaño avanzadas- que pasan estar realmente rezagadas, o despersonalizadas, aún permaneciendo allí profesionales de altísimo nivel. Ha cambiado la gestión. Y la orientación: las empresas se rigen por criterios de rentabilidad, pero la salud no es un bien de cambio. El gobierno regional no admite ese empeoramiento del servicio, presume incluso de lo contrario, y, sin embargo, lo corrobora, de alguna manera, al atribuirlo al aumento de usuarios con la llegada de inmigrantes y de enfermos de otras comunidades. Anuncia que primará a los médicos ahorrativos que reduzcan costes a costa por ejemplo de las medicinas o de las pruebas diagnósticas. Incluso los pacientes son llamados ahora «clientes» -juego léxico como síntoma irrefutable de qué es lo que se busca al entregar la salud a manos privadas-. No es una suposición, lo declaró en rueda de prensa el Consejero de Sanidad de Madrid. También dijo que, sólo los que rechacen operarse en una clínica privada, esperarán más de 30 días. El sistema de salud español peligra.

Privado es el sistema sanitario de EEUU -que ahora Obama quiere cambiar-, el peor del mundo civilizado según estudios internacionales. Cincuenta y cinco millones de personas sin salud pública. Compañías aseguradas con departamentos que estudian cómo dejar de hacer una operación, una prueba diagnóstica imprescindible para un diagnóstico -incluso en enfermedades peligrosas-, el tratamiento de un cáncer ofreciendo a cambio suicidio asistido -de dudosa ortodoxia en las normas del país-, con todas las triquiñuelas legales. Gente que pierde un dedo porque no le cubre el seguro, gente que carece de toda cobertura. Nunca he olvidado a un egipcio que pedía, cada día, dinero en la sexta avenida de Nueva York… para poder operar su pierna gangrenada. El mal avanzaba sin conseguir lo suficiente. Perdería el miembro y, probablemente, la vida. En SICKO, el cineasta Michel Moore superpone a los congresistas el dinero que reciben en subvenciones de aseguradas médicas y farmacéuticas. Allí, al menos, las donaciones a políticos son públicas. No en España. Cobrando de ellos ¿quién les quita el negocio?

Lo que está ocurriendo con la sanidad madrileña -y con la educación- excede incluso lo que ocurre en EEUU, un sistema liberal desde la cuna. No es gratis como se nos dice, pagamos impuestos -algunos incluso con carísimas multas-.

La privatización encubierta puede realizarse gracias a la Ley 15/97 sobre «Habilitación de Nuevas Formas de Gestión del Sistema Nacional de Salud», aprobada con los votos de PP y PSOE. La noticia es que se han recogido casi medio millón de firmas -entre ellas la mía hace meses- que se presentarán en el Congreso el día 7 de Mayo para pedir la derogación de esa ley. No es esperable que prospere la propuesta dado el consenso que hubo para aprobar la norma.

El objetivo de desmantelar la sanidad pública -en algunos casos deliberadamente y en otros podría ser que por desidia- se está cumpliendo, sin embargo. Ante un problema medianamente serio, uno busca ya un hospital privado y si es nuevo y con difícil acceso para que no estén colapsadas las urgencias, mejor. Con la salud no se juega.

Confío en las buenas intenciones y el empuje de la nueva ministra Trinidad Jiménez, pero el cambio a realizar sería drástico: volver a centralizar la mayoría de los criterios. ¿Se dejarán quitar el negocio, las prebendas y el clientelismo algunas de las comunidades? No lo creo. Pero en este punto: la privatización de la sanidad, caminamos en sentido inverso al mundo. Y a la Historia que hoy cruje de dolor por los desmanes del capitalismo.

España: la mala educación

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¿Para qué me voy a molestar en aparcar en el espacio reservado? Quien venga detrás que espabile… o que se fastidie. Es al volante de un coche cuando el español retrata mejor su mala educación: no piensa en los otros, no busca el bien común, y ése es el fondo de una formación integral. Esta manera de aparcar es tan frecuente que me bastó salir con la cámara para encontrar varios ejemplos. (Atendamos a otro detalle: suelo agrietado, marcas difusas sin pintar en mucho tiempo ¿es propio de la capital de una potencia mundial que se ha endeudado en actuaciones accesorias? Aquí todos andamos a juego).

Luego está dejar el vehículo en doble fila, esto no sucede en casi ningún país del mundo que yo conozca. Escuché a Javier del Pino, corresponsal de la SER en Washington, decir que para los -¿maleducados?- norteamericanos es una actitud impensable.

O abandonarlo tapando la salida de un garaje, porque es «un momentito», mientras voy al banco o saco una película en el videoclub. Es algo que a mí me sucede casi a diario, cuando quiero salir de casa. Si pitas, se enfadan. Tampo hay que hacer sonar tanto el cláxon, cietamente, sólo lo hacen los paises subdesarrollados. 

O no ceder el paso al ver que otro quiere acceder a una vía principal o desaparcar. También contribuyen los poderes públicos: en Madrid tenemos, entre otros muchas, una vía de circunvalación, la M30, diseñada al parecer con la parte del cuerpo que uno utiliza para sentarse. Se hace preciso atravesar dos y tres carriles en un brevísimo espacio para incorporarse al centro, que a su vez es la única forma de llegar adonde uno se propone. También dispone de vías de salida e incorporación que se cruzan entre sí. Pues bien, a veces no hay forma de lograr el objetivo porque lo impide la velocidad de los demás coches que no facilitan la maniobra. Un taxista me explicó que este trazado no era intencional, resultaba más barato simplemente. Se lo contó un ingeniero municipal a quien llevó en su automóvil. Decidida a ser cívica, ahora facilito siempre las maniobras de los demás y he comprobado que se pierden exactamente dos segundos al frenar para que el otro pase. Recibo saludos y muestras de gratitud, asombradas, y muy reconfortantes. «Vd. quiere provocar un accidente», me comentó otro taxista, este oyente de la COPE.

El tráfico constituye uno de los principales reflejos de la mala educación de algunos españoles, de su primaria vanidad y egoísmo. Pere Navarro, Director General de Tráfico, lo resumió así, a mis preguntas, en un reportaje de Informe Semanal: «en otros países se conduce pensando en los demás, aquí somos algo más egoístas y más individualistas».

No prodigamos dar las gracias, y pedir las cosas «por favor» sale con fórceps. Cosechamos un notable fracaso escolar y la educación de los adultos es muy precaria. Unos pocos ejemplos:

Antes de la crisis de la prensa de papel, los periódicos apenas vendían 100 ejemplares por cada 1.000 habitantes en España. Justo la cifra que la UNESCO marca en el umbral del desarrollo, y que supone menos de la mitad de la media europea. Finlandia y Suecia alcanzan, por ejemplo, más de 400 ejemplares por 1.000 habitantes. Y sólo Portugal, Grecia e Italia, como siempre, están a la par o por debajo de nosotros.

Un estudio de la agencia de medios «Initiative» – que es una reconocida marca internacional de consultores comerciales y estrategas de imagen-, analiza nuestro primer consumo de ocio: la televisión. Y asegura que, en España, 5.200.000 personas sólo ven programas de corazón, y que ése es su único entretenimiento. Mujeres de edad madura, amas de casa -más de entornos rurales-, forman el núcleo principal de este sector. Y otro grupo, de 3.100.000 teleadictos, ven todo lo que les pongan, cualquier cosa. También la mayoría son mujeres, aunque más jóvenes.

Parece obvio tener que repetir que la falta de información hace más vulnerables a los ciudadanos ante los mensajes dirigidos intencionadamente. Es preciso saber, para tener opinión y decidir. Frente al «que me den lo que quieran», 5 millones de personas buscan información, en cambio, por varios medios. Son hombres y mujeres jóvenes, adultos informados, que ven menos televisión, visitan con asiduidad Internet y leen páginas de noticias, finanzas y ocio. La formación marca profundas diferencias, que no se resolverán en el sofá engullendo programas adocenadores. De cualquier forma, según el EGM (Estudio General de Medios) el consumo de televisión ha descendido en los últimos diez años 2 puntos, mientras crecía de forma espectacular el de Internet que ha pasado de un 0,9 en 1997, a un 27,2%.

Sería exhaustivo señalar todos los puntos que reflejan la mala educación española y, también, las profundas diferencias que se crean al tener mayor o menor instrucción, o mayor o menor interés . Ya lo he tratado, además, en otras entradas y artículos. Sólo la educación nos salvará, es la raíz de todos nuestros problemas.

Un país atrasado hasta el bochorno se rebeló votando en las urnas otro sistema: la república y lo que llevaba aparejado en aquel momento. Y el experimento -que posiblemente tuvo errores- cayó sofocado por las armas, para consagrar un retraso social histórico. Un comentario del portal meneamé.net, dio un certero diagnóstico hace unos días: «la guerra civil la perdieron los maestros y la ganaron los curas«. Y ahí seguimos. Cuando nos quejamos de que nuestro país no cuenta internacionalmente, deberíamos preguntarnos -insisto un día más- si no será culpa también de la sociedad española.

Un último ejemplo. Alguien ve mal que se fume en los wáteres y quiere ponerle remedio. ¡Bien! Lo hace…. ensuciando la puerta.

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PD. Hoy cumple tres meses el blog. Muchas gracias por el impresionante número de visitas, por las ayudas, citas y reproducciones, y por los inteligentes comentarios.

Siente a un juez a su mesa

Un juez de Florida (EEUU) se ha lanzado sobre un acusado  (incluye fotos y vídeo) que trataba de agredir a su víctima durante un juicio por violencia machista, y ha logrado parar la agresión.  El juez Ian Richards no titubeó ni un momento en saltar encima de John Charles Reasee, que había perseguido a Nicole Ward por la sala del tribunal aprovechando que le habían quitado las esposas por error. Aterrorizada, la víctima corrió a protegerse junto al juez quien se lanzó desde su banco a salvarla. No sabemos si el bueno del Juez Richards había comido con el agresor machista la noche anterior un plato de frijoles con chiles que le habían bailado en el digestivo durante el sueño, o si el acusado le había obligado, además, a pagar la factura. Si, tras la agresión del Juez, el inculpado ha presentado denuncia por daños y perjuicios, tanto por la actuación en el tribunal del magistrado, como por la escasa utilidad de la cena. Esa cercanía, esa comprensión que se crea compartiendo una mesa con ricas viandas, no cabía predecir que luego el Juez perdiera los estribos y te sacudiera. Ni siquiera porque uno pretendiera seguir maltratando a la mujer que le denunció. 

    Presuponemos que ha ocurrido así, porque es lo que sucede en todas partes -no vamos a ser diferentes los españoles-. Presuntos violadores, asesinos, ladrones, saqueadores, contrabandistas, piratas, defraudadores, malversadores, chantajistas, rufianes, proxenetas, pederestas… y gentes de bien, acusadas injustamente, hacen cola en los restaurantes de todo el mundo para pedir hora y comer con quien ha de dilucidar su inocencia o culpalbilidad, su paso de presunto a autor de un delito. Los jueces no dan abasto, almuerzan, comen, merienda, cenan y hasta desayunan con diversos acusados. Desayuno continental, buffet y chocolate con  churros.  Todo en el mismo día. Y un día tras otro. La saturada justicia española en particular come tête a tête -en lugares públicos y con periodistas en el recinto, eso sí- con todos los encausados. Más que nada para conocer de primera mano sus cuitas y argumentos. Es una excelente medida que pienso aprovechar si alguna vez me veo en un litigio. Estoy convencida de que mis argumentos se verían de otra forma ante un buen plato y un buen vino, y sin molestos testigos.

   El presidente del tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), Francisco Javier Vieira, ha reconocido que habló el pasado lunes sobre la operación Gürtel con el consejero de Presidencia, Justicia e Interior y secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, durante una comida que mantuvieron en el restaurante Solchaga de la capital, un establecimiento estupendo con precios también estupendos. El Juez ha de juzgar precisamente el caso Gürtel vinculado al PP en Madrid, por casualidad, tras haberle remitido el sumario el juez instructor Baltasar Garzón. No se ha tomado medida alguna, y, ante las quejas suscitadas en otros partidos y algunos medios,  el PP dice que la cacería de Garzón y el ministro Mariano Fernández Bermejo, fue diferente. Sí, en aquella había 30 personas andando por el campo.el Juez no investigaba a Bermejo, ni a ningún miembro de su paritido. Y Bermejo dimitió.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha emitido un comunicado aclarando que el presidente de este órgano judicial, Francisco Javier Vieira, sólo informó «tangencialmente» al consejero de Presidencia, Justicia e Interior, Francisco Granados, durante el almuerzo que mantuvieron sobre el estado del ‘caso Gürtel’, «sin revelar dato alguno que no pudiera hacerse público».

 La nota señala que, a esa misma hora, justo al lado de Granados y Vieira, almorzaba también «un conocidísimo periodista -quien al parecer se calló como un muerto- que antes de irse del restaurante aprovechó para saludar al consejero de Justicia». «Acto seguido y con la mayor naturalidad, Granados procedió a presentarle al presidente del TSJ, a quien personalmente el periodista no conocía. La reunión, por tanto, no tuvo lugar en una atmósfera secreta, más bien todo lo contrario».

   Hace unos días, otro implicado, Francisco Camps, presidente de la Comunidad valenciana,  también acudió en primer lugar al juez que habrá de juzgarle. Dado que son íntimos amigos ¿quién mejor para comprenderle? Pero las amistades se fomentan, el conocimiento al menos. Comer juntos es un buen principio.

     Pues nada, me he quedado muy tranquila. Esto es humanizar realmente la justicia. Lo que no sé si los jueces resistirán el menú, comer con todos los encausados que han de juzgar es tarea añadida. Ah, que a lo mejor no son iguales todos los jueces, ni todos los afectados por una implicación. No sé porqué me parece que el Juez de Florida no comió en realidad con el acusado.

Madrid infartado

Ayer tenía una prueba médica rutinaria en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, hoy Capio-Fundación Jiménez Díaz. Opté por salir hora y media antes de casa en previsión de lo que sabía iba a ocurrir. Esta clínica está situada junto al Hospital Clínico y congrega cada mañana a centenares de enfermos. A la vista de cómo están a diario todas las zonas sanitarias de Madrid, uno piensa que es una ciudad seriamente enferma, sus habitantes lo están.

Conforme uno se acerca a la Plaza de la Moncloa, se intensifica el tráfico hasta llegar a ser un auténtico colapso en la zona. Coches aparcados hasta en triple fila, con algún familiar aguardando al paciente, crean un pasillo angosto por el que no se puede ni circular. El aparcamiento oficial está lleno. En mi primera ronda conté unos 40 automóviles esperando, en torno a los 60 en otra posterior. Las calles aledañas tienen establecido parquímetro y -además de no haber sitio- es aventurado pensar que en una hora le van a atender dentro. Todos los parkings privados cercanos están completos a su vez.

La parada de metro se ubica a una distancia que puede no ser apta para un enfermo. La única solución, por tanto, es que un familiar te acerque y espere, o tomar un taxi.

Yo sabía todo lo que me aguardaba, pero confié en tener suerte y llevé el coche. Cuando la hora de mi prueba se aproximaba peligrosamente y yo seguía dando vueltas, parándome en callejones sin salida, opté por alejarme hasta encontrar un aparcamiento privado. Lo hallé en Marqués de Urquijo -a considerable distancia-. Desde allí tomé un taxi.

El conductor escuchaba Onda Cero -segunda versión de la COPE-, era un síntoma. Le conté mi odisea. Respondió que vivimos en una democracia secuestrada y que no se puede hacer nada. Lógicamente, los secuestradores eran los socialistas, pero tampoco se mostraba muy contento con nada sucedido en España desde la Transición.

«En España, es imperioso establecer la cadena perpetua», me dijo. «Esa pobre chica, Marta»… pero «los políticos no quieren». «¿Tiene Vd. idea de porqué ha tenido tanta repercusión este caso cuando cada año mueren 70 ú 80 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas sentimentales?», alcancé a preguntarle. «No sé, quizás porque han sido cuatro los asesinos y no ha aparecido el cuerpo», plausible explicación.

El tipo era listo y comentó que yo no me pronunciaba. «Lo hago, no soy partidaria de la justicia vengativa», le dije. «Ahh», bramó, «Vd. está alentando a su enemigo, lo está alimentando, Vd. coopera con él». Admiraba a EEUU, porque allí puedes descerrajar cuatro tiros personalmente a quien te ataca. Tienen un problema eso sí: los negros, que no les gusta trabajar y sí en cambio adoran follar y engendran muchos hijos. Obama va a ayudarles y por eso no confía demasiado en él. Va a ser su principal problema.

Previos 7 euros, llegué a tiempo a mi prueba. Salió perfecta. Otro taxi me llevó de vuelta al aparcamiento -3,80, casualmente, hasta al segundo taxista le extrañó el precio del primero-. Este llevaba la radio apagada. En el aparcamiento pagué 5 euros.

¿La prioridad del gasto del ayuntamiento y la comunidad de Madrid no debería solucionar el problema de los accesos a los hospitales?

¿No deberían hacer también un examen de cultura democrática a los taxistas que son en muchas ocasiones la puerta de entrada de muchos turistas?

¿Qué sucede en esta ciudad para que haya tantos enfermos y de tan diversa etiología?

¿No resulta clamoroso que esta ciudad está infartada?

Limpiemos Madrid… pero a fondo

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Este agujero en el pavimento y la suciedad que le circunda corresponden al centro lujoso de Madrid: confluencia de las calles Goya, Serrano y la Plaza de Colón. El selecto y conservador barrio de Salamanca. A mis espaldas hay una tienda que por uno de los trajes puede llegar a cobrar -y alguien lo paga- 3.000 euros.

He salido a pasear con la cámara de fotos después de leer que el Ayuntamiento de Madrid ha aprobado, con la mayoría absoluta del PP, la nueva ordenanza municipal de limpieza. Ésa que castigará a partir de ahora a quien hurgue en las basuras para comer con 750 euros. La misma cantidad habrá de pagar quien tire migas a los patos en el parque o cigarrillos al suelo.

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Desde la misma puerta de mi casa, y durante todo el trayecto, he visto el pavimento resquebrado o apedazado visible y antiestéticamente, las marcas del suelo sin repasar de pintura durante lustros -o esa es su apariencia-.

Los edificios atesoran mierda a raudales. Todos. Grandes almacenes, bancos, tiendas de postín y no postín, hasta la sede del PP en Génova. Madrid parece una ciudad industrial. Por la contaminación, seguramente. 16.000 peronas mueren, cada año en España por esta causa, según el informe de Ecologistas en Acción. La mitad de los españoles respira agentes peligrosos. En Madrid, la comunidad más afectada, lo hacemos el 80% de los ciudadanos. Y a eso no se le pone remedio.

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Me he llegado hasta el Paseo de Rosales, uno de los lugares más hermosos de Madrid, con sus edificios señoriales, el Parque del Oeste y el Templo de Debod. Al margen de los abundantes desconchados y agujeros, el pavimento no conoce la existencia del jabón y los desinfectantes.

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Por aquí pasean las mamás con sus bebés en cochecitos, sorteando basura -que las 12,30 de la mañana ya habría sido hora para que pasara un empleado-. Corren los deportistas. Se sientan los abuelos. Comtemplando roña y cochambre. Pero es que ya ni la miramos, como no nos pongamos a ello.

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He elegido en mi visita lo más granado de Madrid, para que no se me acuse de mal intencionada. Huelga pensar como está la periferia. Un informe de la OCU afirma que la suciedad ha aumentado de forma alarmante en España en los últimos 6 años, con excepciones como Oviedo y las tres provincias vascas. Los Ayuntamientos destinan un promedio de 35 euros por habitante y año a la recogida de residuos. Y 41 para limpieza. Nos cobran 65 a cada hogar por estos servicios.

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¿La prioridad era separar bien las basuras -mediando multa de 750 euros-  cuando los responsables las recogen mal, como se ha demostrado? ¿Multar con 750 euros a los pobres que buscan algo para comer? ¿Hacer lo propio con quienes dan migas a los patos o tiran un cigarrillo al suelo, dado que no hay ceniceros? ¿Qué hacemos con el Paseo de Rosales pongo por caso? ¿Multamos a las palomas por defecar? ¿Talaremos los árboles para que no aniden las aves? ¿Mandamos con fregona a los dueños de los perros para que quiten las marcas del suelo? ¿Les ponemos un tapón en el recto a los animales? ¿Pavimentamos las calles también? ¿Pintamos las señales en nuestras horas libres? ¿Lavamos fachadas?

Siempre he dicho que Madrid es la mejor representación de España, el mayor de sus pueblos, el más genuino. Nuevos ricos sin pulir, apariencia. Hay ciudades en nuestro país mucho más bonitas y con más clase -Barcelona, San Sebastián, Salamanca, Toledo, Santiago de Compostela, Granada y muchas más-. Pero Madrid -con algunas escasas zonas de valor estético- nos encarna. Para bien y para mal.

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¿Es ésta la capital de la octava potencia mundial? Cualquiera puede comprobar que, en sus entrañas, se genera la mugre, el pringue, la porquería, la caspa. Grandes males que nos asolan en la simple vida cotidiana. Limpiemos Madrid, pero a fondo. Mandando a casa a concejalas, alcaldes y presidentas clasistas e ineptos. Y un consejo: abrid los ojos cuando caminéis para no emponzoñaros.

¿Multará el Ayuntamiento de Madrid al Juez Garzón?

La nueva ordenanza municipal del ayuntamiento de Madrid -que se aprobará el viernes- prevé multar con 750 euros a quienes busquen entre la basura. ¿Será el Juez Garzón el primero en ser multado?

 Detrás seguirán los miles de desgraciados que escudriñan -entre compresas usadas o arena de gatos con excrementos- yogures caducados o frutas podridas en los recipientes de la calle o en los contenedores que se ubican al lado de los supermercados. Los he visto. Salen avanzada la noche, sigilosos, con rabia, con vergüenza, mirando a un lado y a otro. Y no se dejan grabar si uno -como debe ser- les pide permiso y no utiliza cámara oculta. Hace falta pasar mucha hambre para arriesgarse al menú. Les saldrá caro hurgar entre desperdicios a partir de la ley municipal de Botella y Gallardón, a quienes deben darles asco los pobres. Pero no hay que ser mal pensados. Realmente, era una prioridad atajar ese problema: que no puedan comer de las basuras. Es muy antihigiénico y se preocupan por su salud. Dictar esa ley antes que prever que tengan trabajo y alimentos era lo más urgente. Aunque. un método más resolutivo sería invitarles a bodas y bautizos donde se hacen presuntas relaciones productivas.

Pero el asunto tiene más fondo. Al PP no le gusta que nadie husmee en la basura. La «presunta» podredumbre del PP constituye, hoy, un culebrón a seguir apasionadamente por el sinfín de noticias que se están produciendo. ¿Cómo se puede tener el cinismo de negar y atacar a la Justicia que investiga? Porque se juegan unos votos, cotas de poder, en las próximas elecciones gallegas y vascas. Ese aferrarse a la poltrona apesta. ¿Por qué? ¿Qué beneficios obtienen? Ah, es la defensa de sus ideales. Por ejemplo, multar con 750 euros a quien rebusque en la basura algo que comer.

El 70% por ciento de los ciudadanos, declara al CIS, mes tras mes, que «los políticos sólo piensan en sus intereses» y «no piensan en ciudadanos como yo». Lo saben y no les importa. Han comprobado que, luego, van a votar para que no salga el contrario. Aunque las diferencias son ostensibles, la escasa educación de los españoles -propiciada o nunca solucionada por los poderes públicos- conduce a patéticas confusiones. O muy intencionadas, porque en España hay demasiada comprensión con la trampa. Cuatro o cinco mil Garzones harían falta.

Envidio apasionadamente a los alemanes por la derecha que tienen. Angela Merkel pidiendo el cierre de Guantánamo a Bush, abroncando al Papa por rehabilitar a un obispo negacionista del holocausto. Hasta a los franceses envidio, por su Sarkozy, que ya es mucho envidiar.

Y es que, sobre todo estos últimos días, seguir las noticias -ejercicio imprescindible para poder opinar, para poder decidir con criterio- produce una malsana repulsión.

La crisis desata el racismo

¿por qué?

¿por qué?

Italia tramita un proyecto de ley para que los hospitales faciliten -es decir, denuncien- a los inmigrantes «ilegales» que acudan, enfermos, a ser tratados, porque la legislación en trámite va a considerarlos delincuentes. Es el mismo país que, antes de que se desatara en todo su apogeo la crisis, acordó tomar las huellas dactilares a los gitanos, niños incluidos, para «censarlos», reeditando tácticas del fascista Mussolini. El mismo que ha blindado a los presidentes de la República, el Gobierno y ambas cámaras parlamentarios y que ya gozan de «inmunidad» ante delitos pasados, presentes y futuros. Berlusconi no quería verse perseguido por los jueces. Endeudada y haciendo bandera de la evasión de impuestos, en Italia sólo las diferentes mafias parecen prosperar. Sus negocios al margen de la ley mueven más de 90.000 millones de euros, el 7% del PIB, según datos de las pymes italianas. ¿La amenaza son los indocumentados? Por ellos patrulla el ejército por las calles, para garantizar -dice el Gobierno- la «seguridad».

 En Gran Bretaña los obreros se echan a la calle para que no se contrate mano de obra extranjera. Sus antaño potentes sindicatos -a los que la neocon Margaret Thatcher casi desmanteló- niegan ser racistas. Dicen que están explotados lo que, seguramente, es cierto pero no quita para que sean xenófobos.

Y, en Madrid, Esperanza Aguirre ha suprimido la asistencia letrada «de oficio» -gratis- a extranjeros inmersos en procesos de expulsión por haber entrado ilegalmente en España.

Cada uno en su casa, sí señor. Pero los virus viajan -además de en patera- en primera clase de los aviones. Y pagar porque te echen de un país, o verse en indefensión por no tener asistencia letrada, es un acto supremo de crueldad por una Comunidad que pagó «al amigo» José Luís Garci, 15 millones de euros por un bodrio sobre el tan amado por Aguirre «2 de Mayo», expresión máxima de la esencia española, en su opinión.

Hambre, provocada en buena parte por el expolio del mundo desarrollado, guerras alentadas por vendedores de armas y poderes económicos y políticos que no quieren que nada cambie. Vienen los más valientes o los más desesperados, los que ambicionan una vida mejor porque la suya es insoportable. Les veo temblar de frío al llegar, quienes lo hacen vivos, si es que vienen en cayuco, y me pregunto qué piensan quienes les maltratan. ¿Qué «esta tierra es mía» y no la comparto? ¿Quién te la dio? ¿Por cuánto tiempo más será «tuya»? ¿Viajarias en cuatro tablas a la tierra prometida para ser perseguido, no poder ir a un hospital si enfermas, no tener trabajo, carecer de todas las prebendas que asisten a los seres humanos? Aviso sin cesar que los pacientes «ilegales», un día, explotarán.

 

Actualización 5-3-2009

   El Senado italiano ha consumado la fechoría propuesta por la fascista Liga Norte: ha aprobado la Ley. Desde ahora los médicos se convierten en policías, y los inmigrantes enfermos no acudirán a los hospitales aunque se estén muriendo. La reforma establece, además, una pena de cárcel de hasta cuatro años para los «ilegales» con orden de expulsión que permanezcan en territorio italiano. Propone también un registro de «vagabundos».  Un triste día.

Parar a Israel

demostrando el hartazgo

demostrando el hartazgo

Detener el exterminio que practica Israel sobre los palestinos. Esa era la consigna. 250.000 personas en Madrid, según los organizadores, el resto ni se molesta ya en corroborar o desmentir y los medios hablan de «decenas de miles». Hay gente de toda edad y condición, como sucede siempre que unos hechos conmueven hondamente a la opinión pública. Apenas se enterará de ello la televisión, obligada -por tiempo- a servir cuarto y mitad de noticia y -por impericia- a simplificar. En uno de los canales, la redactora ha dicho que «la mayor parte de los asistentes tenían familia en Gaza». Algo que obedece a que se ha ido bajo la pancarta más bulliciosa -de hispano-palestinos- y no ha mirado más.

A 2 grados sobre cero, sorteando obras y restos de nieve helada, una auténtica y variopinta multitud se desliza mostrando qué le ocurre y porqué protesta. Lo que más irrita es la impunidad de la que disfruta Israel para su masacre.: manos libres para unas actuaciones que conculcan todas las normas legales y de derechos humanos existentes. Pensar en el millón y medio de palestinos bombardeados, encarcelados, sin poder huir a parte alguna, sin comida, sin medicinas… sin periodistas que nos muestren las auténticas dimensiones de lo que está ocurriendo en Gaza. Y, al mismo tiempo, molesta la pasividad de las potencias internacionales. La Puerta del Sol se venía abajo en la lectura del comunicado final cuando se hacía referencia a ello, a la pasividad.

Y no ha pasado nada más. Ese polvorín multianalizado, seguirá estallando, Israel seguirá matando sin oposición efectiva, no irá con grilletes al Tribunal de la Haya, ni la ONU desplegará allí -como debiera de inmediato- cascos azules. Y lo sabemos. Nos cansaremos de gritar, o nos engullirán los tibios. Dentro de poco pasaremos otro manto de silencio más, tal como llevamos haciendo durante años.

Nieve sobre Madrid

Parque del Capricho, Madrid

Parque del Capricho, Madrid

Nieve sobre Madrid. Un regalo postnavideño que nos ha dejado atónitos a quienes aquí vivimos. Ningún fenómeno atmosférico como éste para cambiar la faz del paisaje: remarca los árboles y las casas, y viste casi de miriñaque a las estatuas. El blando resplandor, el gran merengue goloso para los sentidos. Los españoles del centro del país salen a la calle como niños expectantes. A tirar bolas y construir muñecos y, dados los tiempos, a hacer fotografías digitales a cientos. No estamos acostumbrados a la nieve. Y por ello, la ciudad y la provincia, se colapsan. Como no debiera suceder en la capital de la octava potencia económica mundial. Ni calles ni carreteras se construyen para la eventualidad de la nieve, ni existen medios suficientes para combatirla, ni –en el país de la improvisación- se anticipa el fenómeno.

Grandes espacios diarios dedican las televisiones a informarnos del tiempo. Bailarinas frustradas y sus clones, desgranan mapas e isobaras, pero no se enteran de que va a nevar en Madrid como pocas veces ha ocurrido. Ni ellos, ni ningún hombre o mujer del tiempo. Porque a pesar del gran teatro que escenifican todos se limitan a copiar el parte de la Agencia Estatal de Meteorología –según se ha demostrado-, y el organismo oficial desbarró por esta vez. Y todas las administraciones implicadas que se culpan de la debacle unas a otras. El aeropuerto de Barajas –cuarto de Europa- cierra. Por cinco centímetros de nieve… y por los males que acumula. Hay viajeros que viven prácticamente en su recinto desde antes de Navidad.
En el precioso parque del Capricho –parque de la época romántica y muy poco concurrido- aún hay nieve virgen al día siguiente cuando ya el sol comienza a derretir los hielos. Oxígeno para el espíritu. Y falta hace, porque tocamos la nieve para comprobar que es real y no caspa, en un país que la fabrica a toneladas hasta impregnar la vida cotidiana.

Incomunicación

Esta mañana he coincidido con mi vecina de la izquierda en el ascensor. Y le he comentado lo que, de vez en cuando, venía pensando: “hace mucho que no veo a tu marido”. Nos había pasado por la cabeza en casa, incluso que se habían separado. Ella me ha mirado con un punto de asombro y ha respondido como tratando de no herirme: falleció. Tras un titubeo, ha continuado: hace 3 años, en noviembre. Fue de un ataque cerebral. A los 53 años.
Solíamos hablar siempre en el ascensor, un largo trayecto porque partíamos del último piso. A veces nos parábamos en la puerta un momento. Llegó a contarme alegrías y desgracias, no sólo el estado del tiempo. Al igual que suelen hacer sus dos preciosas hijas, a las que he visto crecer. Ella es más reservada.
¿Cómo no me enteré entonces? Quizás estaba de viaje. Nadie me lo dijo, ni el portero. ¿Cómo han podido pasar más de tres años hasta echarle someramente en falta? ¿Dónde vivimos? ¿Qué hacemos?
Ocho plantas, y ocho pisos por planta en dos escaleras. No lo justifica. Llevo casi dos décadas viviendo aquí. También hablo con dos ancianas deliciosas, con la hija de una de ellas, con un vecino muy simpático que aparcaba a mi lado, con el que me alquila la plaza de garaje y que acaba de emparejarse en la tercera edad. Pero no nos relacionamos, realmente. Ni siquiera nos hemos pedido nunca un poco de harina.
Nada parecido ocurriría en un pueblo, ni en los edificios de municipios más pequeños, pero vivo en Madrid, el inhóspito Madrid pese a su fama acogedora. El 80% de la población española residimos en ciudades y la mayoría en sólo 1.200 municipios. Cada vez más lo hacemos solos, o casi solos.
Y, mientras, muchos hablamos y escribimos con un ordenador, buscando la comunicación global. En silencio, y en mayor soledad. Llegan a formarse islas para cada uno de los habitantes de la casa, que por fortuna se saltan en las cenas o veladas compartidas.
Mi vecino –cuyo nombre no sé si llegué a saber- ha muerto hoy para mí, cuando ya su familia enfila el futuro, recuperada. Ya no han lugar los abrazos de condolencia. Las relaciones reales parecen más virtuales que las que se fraguan en la red. No vivimos en una aldea global, sino en un rascacielos de hielo que ni cruza miradas en el largo ascensor. Me gustaría, esta noche, llamar a la puerta de algún vecino, si acaso aún hubiera tiempo para el intercambio de ideas y afectos. Con calor, con piel. La auténtica comunicación.