El tiempo de la felicidad

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  Un hombre solo. Nubes. ¿Imagen de la felicidad o de la desolación? Ambas cosas pueden ser. Depende de nosotros.

  Regreso a casa tras una salida por calles casi vacías, cómodas al fin. Al menos por la zona en la que resido se ha producido la gran desbandada de Agosto, cuando España se paraliza. Creo que no debería ser así, los países tienen que funcionar todos los días y, para ello, sería bueno alternar las vacaciones, pero hoy, y a esta hora, no me importa. Sólo analizo lo que ocurre. En agosto, la crisis, los miedos, se aparcan. O así lo parece. Hasta las noticias escasean. No porque no se produzcan sino porque apenas hay nadie para elaborarlas. Sólo asistiremos a las de mayor impacto. Pero lo cierto es que nada cambia. Y que apenas falta un mes para que vuelvan deprimidos a encontrarse con la realidad que dejaron. Los paréntesis son saludables, sin embargo. Casi todo en la vida puede esperar.

Siempre me ha gustado el concepto de la felicidad. Incluso conseguí hacer un reportaje cuando casi nadie hablaba de ello. La felicidad parece ser una búsqueda constante de una meta que se aleja. Todas las escuelas del pensamiento han tratado de encontrar la clave por diversas y aún opuestas teorías. Siempre se interpone algo: justo la antítesis del camino a seguir. Así están en lucha la virtud y los placeres del cuerpo. El más allá y el más acá. El valle de lágrimas y la tierra conseguida. La razón y el corazón. Lo individual y lo colectivo. Cada tendencia da un sentido negativo a su antagónico. El ser humano -en medio- indaga su propia vía. Y quizás debe saber que la felicidad son gotas, no océanos, que sin embargo pueden llenar una vida.

Vivimos hoy un nuevo hedonismo que busca la felicidad urgente. Muchos creen que se la dará el dinero y todo lo que compra, pero dicen los expertos y multitud de estudios que su placer es efímero, que siempre pide más creando insatisfacción y que nunca resuelve todo lo esperado.

Sin embargo. la economía sí se ha fijado en la felicidad. Sus investigadores tienen ya un par de premios Nobel. Uno de ellos Gary Becker, que agria un poco la cuestión al cuantificar hasta los comportamientos y las relaciones humanas, pero representa otro enfoque.  Daniel Kahneman, por su parte,  psicólogo y economista de la Universidad norteamericana de Princeton, consiguió el Nobel por su análisis de “la toma de decisiones bajo incertidumbre”, que parece bastante útil. El caso es que se está estudiando desde hace tiempo cómo convertir la felicidad en un valor económico. Le llaman Felicidad Nacional Bruta -qué horror-, y quieren incluirlo en el PNB, el Producto Nacional Bruto. Tampoco es una utopía. Un país no va bien sólo porque les salgan las cuentas. Y todos debemos luchar porque los gobiernos busquen los medios para hacernos un poco más felices. O más saludables. O menos intranquilos.

El nuevo indicador económico no olvida al ser humano, claro que no, en realidad es su objetivo. Divide su día en actividades satisfactorias y negativas. Y así sabe que hacer el amor, compartir actividades con los amigos, ver la tele… o comprar en el caso de las mujeres –qué le vamos a hacer-, proporcionan los momentos más felices. Por el contrario, restan bienestar los largos desplazamientos del domicilio al trabajo, las tareas del hogar y los jefes. ¿Felicidad? Mejor llamarle bienestar, para mí, al menos, la Felicidad sigue siendo una explosión, que no me vendría nada mal volver a experimentar.

Hoy se mide la felicidad de los ciudadanos con encuestas. En ellas los españoles nos otorgamos un notable, pero lo cierto es que el consumo de ansiolíticos y antidepresivos crece de forma exponencial. Se venden masivamente libros de autoayuda, poco valorados por los expertos, sacaperras para incautos y desesperados en realidad, pero prima lo negativo: se publican al año 82.000 títulos sobre ansiedad y depresión y poco más de dos mil sobre la felicidad.

Me contaba el filósofo Salvador Pániker que lo que no se debe hacer con la felicidad es buscarla. “Yo creo que la mayoría de la gente es infeliz por los esfuerzos que hace para ser feliz, la felicidad es un producto que surge espontáneamente de una plenitud, de una serie de coincidencias que son físicas, mentales, libres, creativas, sociales y entonces surge… y si mirásemos a fondo nos dariamos cuenta de que somos felices ya”, concluía.

Filósofos, sociólogos, psiquiatras y psicólogos concluyen que se es más feliz en los países con mayor calidad de vida. Que son esenciales la democracia, la libertad y la capacidad efectiva de elegir. Pese a ello, un estudio situó a nigerianos y sudamericanos como los más felices del mundo. Las nuevas orientaciones de la psicología indican que es la autoestima, el amor, la actitud ante la vida lo que induce a ser más feliz. Y que la felicidad se puede y se debe aprender desde el colegio.

Otro filósofo, José Antonio Marina, lo resumía así: “Una persona envidiosa, resentida, triste de temperamento o con muchos miedos lo tiene muy difícil. Todo lo que podamos hacer para fomentar en los niños la capacidad de disfrutar de las cosas, la resistencia ante las situaciones difíciles, el ánimo para enfrentarse con los problemas, debemos hacerlo porque le estamos haciendo un gran favor”.

Parece haber una felicidad íntima, personal e intransferible, personas positivas por convencimiento y hasta por genética, y otra externa que depende del entorno, aunque como siempre las teorías discrepen. Dicen que ayudan más los afectos que el dinero. El querer lo que se tiene -de los prácticos- más que el hacer lo que se quiere, o proponerse metas e intentar conseguirlas ahuyentando frustraciones. Poco podemos hacer ante la enfermedad y el dolor propio o ajeno, o quizás sí. La felicidad es una actitud ante la vida.

Agosto demuestra que se pueden dejar los problemas y la negatividad en el trastero. Lo básico es conocer lo relativo que es todo. Que tan mentira o verdad es Agosto como Septiembre. Que el frío y el calor se llevan dentro para irradiarlos sobre las situaciones. El tiempo de la felicidad es la propia vida, el camino a Ittaca, no la meta, sino la senda. Con gotas que estallan y te inundan, eso sí. Que no falten.

3 comentarios

  1. Parte de la desbandada del mes de Agosto de donde resides tú, la estoy yo recibiendo donde resido y trabajo yo, con el consecuente streess que eso provoca. Es por ello que siempre odié el mes 8 del calendario y lo mejor que tiene es que el 31 se acaba.

    Y la felicidad no es más que un estado de animo o momentos esfímeros. Si para toda esa desbandada que acuden en masa a tostarse en la playa, con el sacrificio que eso supone, soportando además atascos, eso es lo que los hace sentir felices; pues para mí la felicidad es disfrutar de ese momento que está disfrutando el hombre solo que aparece en la foto de arriba.

  2. Alberto

     /  1 agosto 2009

    Quería felicitarte por tan lindo artículo. Inteligente. Actual. Muy bien escrito. Y después de las flores… quería pedirte si por favor puedes decirme el significado de “sacaperras”, que hasta en Wikipedia cuando lo consulté me abrieron una página para que lo incluya, pues lo no lo tenían.
    Muchas Felicidades. (Alberto- Buenos Aires)

  3. rosa maría artal

     /  1 agosto 2009

    Muchas gracias Alberto.
    Y aquí tienes:
    sacaperras.

    1. m. coloq. sacacuartos (‖ negocio o actividad que induce a gastar dinero).

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