¿Neutralidad o inhibición?

 

Foto: El País

Foto: El País

Violentos disturbios acompañan el supuesto triunfo en las urnas de Mahmud Ahmadineyad en Irán. Su rival, el reformista Mir Hosein Musaví, denuncia fraude y demuestra un hecho: los SMS con los que –en línea Obama- convocaba masivamente a sus seguidores fueron bloqueados. El líder supremo de la revolución islámica en el país, el ayatolá Ali Jamenei anuncia el éxito de su correligionario como “una señal divina”. Y analistas internacionales corroboran el inmenso tufo a fraude de estas elecciones.

Omaba, tras su esperanzador discurso en Egipto, “espera” que sea lo mejor para el pueblo iraní, y la UE –que ayer se sumó a la sospecha del pucherazo electoral- “contempla con preocupación” el problema iraní.

Felipe González, ironizaba en la presentación de nuestra Europa en Suma, con los estados emocionales de la Comisión europea. “Muestran su preocupación”, “Se manifiestan inquietos”… pero no mueven un dedo. No ofrecen soluciones, acción.

El “bushismo”, coreado por nuestro Aznar, se propuso “llevar la democracia” a diversos lugares en conflicto. Y lo hizo a bombazos. Ayer mismo hablábamos del resultado de la intervención en Afganistán. Más muertos que en las Torres Gemelas y ni un sólo resultado positivo. O la de Iraq que sangra víctimas a diario y que se ha convertido –que no lo era- en el foco del terrorismo islamista internacional.

La población afgana –medieval en todos sus parámetros- conoce las “ayudas” estadounidense. Como cuando, invadidos por la URSS, apoyaron a los talibanes y luego les dejaron, a ellos, al pueblo, abandonados a su suerte. La democracia no puede ser impuesta, debe convencer a la población para que luche por ella.

Es lo que está pasando en Irán. Por primera vez en mucho tiempo -en esa zona-, una parte de la sociedad se rebela contra la tiranía. Y se apunta a un simulacro de elecciones democráticas. Pero el EEUU de Obama y la UE, vuelven a considerarlo asuntos internos –pese a lo que se juegan-, y, como mucho, “se preocupan”.

Eso es lo que había que apoyar para implantar la democracia en los lugares donde no existe. Enviar observadores internacionales, si acaso aún fuera tiempo, a revisar los votos emitidos. Y, mucho mejor, obligar –incluso con coacciones democráticas- a repetir la convocatoria electoral, vigilando sus resultados.

Los rostros decepcionados, desesperados y ensangrentados de quienes luchan por un Irán democrático son el germen para el cambio. Y no podemos dejarlos solos. Cada vez que se acalla un punto de democracia, se resiente toda ella, toda la Humanidad.

Noticia de impacto: «Hace calor»

 

sol

Los telediarios dedican amplios espacios a contarnos que hace calor. En Junio. Ni siquiera se han batido récords de temperatura pero hace calor y nos informan. También suelen avisarnos de que hace frío en Diciembre o en Enero. Antes, solían dar cuenta, al menos, de que hacía calor en invierno o frío en verano. La noticia es un hecho desconocido e insólito, no habitual.

Como hace calor, nos aconsejan que bebamos líquidos, nos remojemos, o vayamos por la sombra. Cómo será la confusión que han creado que hoy ha dicho una señorita con un micrófono que “algunos disfrutan del calor”, y nos han mostrado a una pareja cocida al sol, tumbada en el césped y vestida. ¡Criaturas, les va dar una insolación! No ven suficientes telediarios e ignoran que es, precisamente, cuando hace calor cuando no hay que exponerse al sol sin una buena poza de agua al lado, y ni siquiera así.

Lo estaba viendo en Cuatro y en tanto terminaban la sabrosa información, aparecía en el panel trasero un rinoceronte adulto y uno pequeño. Me he dicho, ahora van dar a una visión complementaria del asunto: “No se preocupen por el calor, toda la vida se ha sabido cómo combatirlo, lo practican incluso los animales –sin saber leer, ni escribir, ni oír- que cuando tienen calor se refugian en la sombra”. Pues no, era una noticia especifica de rinocerontes que no he escuchado sumida en mis reflexiones.

La información meteorológica ha ganado espacio y prestancia en los “informativos”. Así evitan dar noticias auténticas y logran idiotizar aún más a la audiencia. No es lógico contar estación tras estación el tiempo que hace cuando no es excepcional, y dar consejos que sabe hasta un pajarillo. No sé cuándo murió el periodismo –es reciente-, pero lo hizo debajo de un sol ni siquiera abrasador. El del dinero que se lucra del consumo y necesita mentes adormecidas. Lo que no entiendo es que los periodistas secunden este manejo, pero por el entusiasmo con el que sirven los tópicos parecen contagiados de la situación. El calor ha secado muchas neuronas desprotegidas -será eso-, y lo peor es que el frío del invierno no las despertará.

   A veces siento gemelo a Juan José Millás:

   «Artefactos parlantes. Unos y otros seguimos hablando y escribiendo por mero oficio, sin alma. Desolación de domingo por la tarde, aunque sea viernes por la mañana».

    (…)

   «Todo es circular y un poco angustioso. Todo está como detenido a la espera de que alguien tome una decisión. A la puerta de los institutos, los adolescentes se fuman un canuto antes de entrar en las aulas analógicas, donde recibirán lecciones inútiles para la vida. Dan ganas de pedirles una calada, para ver cómo sienta un porro a las ocho de la mañana. Lejos de eso, me dirijo dócilmente a por los periódicos de papel con el pinganillo de la radio en la oreja, escuchando análisis de segunda o tercera mano. Digan ustedes algo nuevo o cierren. Por defunción, claro.»

Las mujeres tenemos en la mano nuestra liberación

Votacion_multitudinaria

 Todo seguirá como estaba en Irán, tras el triunfo en las urnas del actual presidente Ahmadineyad. Mujeres tapiadas en vida, acuden a votar en Teherán, según la foto de El País. Pero también hemos visto pañuelos livianos y gafas de diseño. Un germen de rebeldía femenina que puede –y debe- prosperar. Según cuenta la enviada especial del mismo diario, Ángeles Espinosa, hasta amas de casa maduras se han quejado de la obligatoriedad de ir cubiertas como símbolo de represión.

Hice varios reportajes -a mi iniciativa- para tratar de entender la situación de la mujer en el mundo musulmán. Las residentes en España aseguran que usan el “hiyab” porque quieren, es su deseo, es su cultura. Sólo hablan si les da permiso el marido. En Granada, unos jóvenes universitarios marroquíes me explicaron con detalle las razones de su uso: el pelo de la mujer les excita, y sólo el hombre “adjudicatario” tiene derecho a verlo y excitarse. En efecto esas sombras cubiertas que vemos por las calles, se visten de gala en casa, se maquillan y se sueltan el pelo, pero sólo para sus maridos. El líder libio Gaddafi acaba de decir en Roma: «En el mundo árabe e islámico la mujer es como un mueble que se puede cambiar cuando quieras y nadie te preguntará por qué». Un mueble hermoso, en caso contrario no sirve.

En el extremo, las desgraciadas mujeres afganas, tratadas peor que animales. Allí rige el “burka” que sólo permite unos agujeros con red, a la altura de los ojos, para poder ver. Una nueva ley autoriza la violación dentro del matrimonio, ante el silencio internacional. La caída del gobierno talibán iba a darles autonomía, para ello -entre otras cosas- mandamos soldados occidentales, pero no ha ocurrido en la práctica, incluso han legalizado los abusos contra la mujer.

Las mujeres españolas vivimos con intensidad el triunfo de la “revolución iraní” en 1979. El muy discutible Sha Reza Palhevi, pro-estadounidense, había occidentalizado el país y las mujeres persas, sin pañuelos, eran las más avanzadas de la zona. El ayatolá Jomeini volvió a enclaustrarlas. Ahora pretendían liberarse. No lo han conseguido. Pero lo harán. Esas madres musulmanas que llevan a sus niñas tapadas por las calles españolas, las propias niñas que estudian en los colegios “Educación para la ciudadanía”, por ejemplo, tienen la llave para el cambio. La mujer será quien, con su liberación del yugo masculino, acabe con los atrasos del mundo islámico.

Seguimos con atención a las iraníes, porque las españolas estábamos embarcadas en la misma tarea. Había que acabar con el tratamiento de retrasadas mentales que nos había impuesto el franquismo. Ya sabéis la lista de cosas que no podíamos hacer sin permiso de un varón. Incluso se exigió, hasta un determinado momento, ir a misa con velo, también con velo. Y las monjas españolas poco difieren en sus atuendos de cualquier mujer musulmana, aún hoy.

Pero éste es el modelo que ofrecemos a cambio:

culo-anorexia

Las mujeres occidentales también usamos velo: la cirugía estética, el maquillaje, las dietas imposibles. Y no nos esclaviza el hombre en este caso, sino nosotras mismas y la sociedad de consumo. Veo el bombardeo de anuncios en las teles: falsas cremas milagrosas que no devuelven la juventud, ni tienen porqué hacerlo. Y dietas, muchas dietas, más productos prodigio. Nos hemos acostumbrado a ver modelos cuyas mejillas se hunden por el hambre y con unos culos que no son tales. ¿Qué atractivo sexual puede tener estas carrilleras, estas cocochas, sustentadas en huesos? A cambio, la mujer se abulta los senos con implantes mamarios, totalmente perceptibles en buena parte de los casos.

Entre la obesidad como problema serio, y este modelo estético que ha calado, está la lógica, la naturalidad. Siempre he dicho que a Marylin Monroe la hubieran puesto a dieta de inmediato, de vivir en nuestro tiempo.

Y las arrugas. De la película sueca “Los hombres que no amaban a las mujeres”, me llamó poderosamente la atención, que la directora de la revista Millenium ¡tenía arrugas!, ¡por dios, una actriz de cine con arrugas! ¡Una mujer con arrugas! Es muy infrecuente verlas en escaparates públicos. También este mensaje se impone, al punto que a mí misma, que me rebelo, me produce cierta incomodidad mostrar el rostro que corresponde a mi edad, ante alguien que encuentro por primera vez. Casi ninguna de mis amigas lo tiene, gastan fortunas en desgraciarse a cambio de una piel más o menos lisa.

Y el maquillaje. A causa de una prisa, tuve que comprar el otro día en una perfumería cercana un delineador de ojos. Sólo había “de marca”. Es decir, no encontré nada por menos de 26,50 euros, de Dior. 2,5 ml. Es decir, que el litro cuesta 10.600 euros. Hasta ahora la tinta de impresora, a 4.000 euros el litro, se había computado como el líquido más costoso, por encima de la gasolina, los perfumes, o el champán Don Perignon. Yo compro habitualmente un delineador en Mercadona por 5 ó 6 euros y es incluso mejor. 150 euros puede costar una crema antiarrugas“de marca” para el rostro, en Inglaterra hace furor una de 20 euros, “sin” marca. Y que, al parecer, funciona algo más que las demás que es nada. Pero empiezo a sentirme estúpida -más vale tarde que nunca- al someterme también a esas esclavitudes nada inocuas.

En resumen, la mayor parte de las mujeres del mundo precisan liberarse de ataduras y sólo nosotras podemos dirigir ese cambio, al que debieran sumarse los hombres porque estamos hablando de culturas y sociedades que afectan a nuestra estructura.

Respecto a nuestro modelo, así concluía una Cuarta Página mía de El País, el verano pasado. Nada ha cambiado desde entonces, ha empeorado.

“Todo icono refleja a la sociedad que lo crea. Muchas buscaron -desde los griegos- armonía, equilibrio, perfección. El siglo XX se inicia con una explosión de creatividad y rebeldía. La misma que -algo más ingenua- impregnó los sesenta, exuberantes y coloridos. La mujer, entretanto, engordó y adelgazó al ritmo que le marcaban y siembre hubo de ser joven.

Nuestra sociedad de hoy parece querer borrar surcos y matices, peso. Allanar también el pensamiento. Compartimentar, para aislarnos y enfrentarnos. Su imagen -enjuta, sintética, plastificada- podría simbolizar su inconsistencia en los frágiles hilillos que constituyen las piernas de las modelos. No es casual. Los mismos entes que producen niños planos, aspirantes a famosos, consumidores desde ahora y para siempre, cercan a las demás generaciones. Planchar rostros genera beneficios económicos, contratar en el trabajo a jóvenes inexpertos, menos costo. La insatisfacción permanente, vulnerable desasosiego, o rendición. ¿Dignificar la escala de valores imperante es tarea imposible? ¿Será, aún, verdad que las ideas, la ilusión, la imaginación y el coraje cambian el mundo? Puede que haya llegado la apremiante hora de comprobarlo. A cualquier edad”.

piernas-hilillos

Lo que pagan 94 millones de euros

94 millones de euros pagarían 8.000 años de trabajo de un “mileurista”, la vida laboral completa de 200, cinco años a casi 1.600 personas. En ese tiempo podrían investigar, estudiar, escribir, curar enfermos, resolver pleitos. Mal pagados, pero podrían.

Con 94 millones de euros la provincia de Albacete ha continuado en 2008 las obras del AVE, y líneas convencionales, además de suprimir los peligrosos pasos a nivel o la variante de Camarillas en la línea Chinchilla Cartagena. O así fue anunciado.

En Cantabria también se ha adjudicado una partida similar, cuyo mayor gasto -45 millones- son lo que llama “edificios educativos”, y después los edificios sanitarios y el Parque Científico y Tecnológico

Todo el presupuesto del Ayuntamiento de Crevillent (Valencia) asciende a 20 millones de euros. Podrían financiarse, por tanto, casi cinco pueblos similares (29.500 personas).

Fue el monto de la protección social española en 2007.

Vamos a los presupuestos del Ministerio de Educación: 16.000 para educación especial, nuevas tecnologías aplicadas a la educación casi 10.000, Investigación científica, poco más de 19.000. Deporte en la edad escolar y la Universidad, casi 22.000. Enseñanzas artísticas 7.000. Formación del profesorado, otros 7.000 -¿sólo eso se gastan?-. Apenas hemos adjudicado 81.000, aún nos sobra dinero.

De otros ministerios, tenemos 19.000 millones para gestión de la infraestructura del agua. 5.500 calidad del agua, 30.500 para protección y mejora del medio natural, 6.000 para el medio ambiente, 25.000 para meteorología. Con 8.000 para la regulación de los mercados agrarios completamos el presupuesto de 94.000 euros.

La Biblioteca Nacional gasta 51 millones de euros.

94 millones de euros es lo que se va a gastar el Real Madrid de Florentino Pérez, en tiempos de crisis, para pagar el traspaso de un jugador de 24 años, Cristiano Ronaldo, desde el Manchester United. Cierto que es a base de créditos bancarios que han de ser devueltos, en esas marañas opacas que no producen beneficios tangibles a simple vista. Y que esos mismos bancos registren el crédito a particulares y pequeñas y medianas empresas

     ¿No os parece obsceno?

Los puentes-zanahoria de los españoles

En Madrid andamos metidos en un “puente-zanahoria”. Esta hortaliza es usada en las carreras de liebres para motivar su esfuerzo en llegar a la meta. La liebre se apresura, pierde el resuello en el intento, pero la zanahoria va montada en un dispositivo por el cuál se desplaza a un ritmo ligeramente superior y el animal nunca la alcanza. Lo vi una vez de pequeña y me fascinó. Por cierto, no sé qué festividad se conmemora pero, como siempre, la capital parece en toque de queda diurno: no se ve un sólo ser humano en la calle. Al menos en mi barrio.

Igual pasa con los puentes laborales en España. Nos hacen creer que tenemos más fiestas que nadie y vivimos como dioses. Los datos, sin embargo, nos contradicen: trabajamos 154 horas más que la media europea, y tenemos 3 días menos de vacaciones remuneradas.

He tocado este tema otras veces en el blog. Ahora he encontrado un estudio muy detallado hecho por la Universidad de Pensilvania (EEUU). 1.798 horas los españoles, 1.644 la media europea.

“Con estas 1.798 horas España está muy lejos de países que, como Holanda,dedican 1.355 horas anuales a la vida laboral. La evolución española ha sido lenta. En los últimos cincuenta años, la jornada de trabajo se ha reducido un 12%, mientras que en Holanda esta diferencia es de un 34%.En la última década, la tendencia decreciente en España ha sido casi nula, ya que sólo se ha reducido un 0,6%», según datos, en este caso, del centro holandés Groningen Centre for Growth.

 Trabajar más horas no implica producir más. Los españoles son los europeos que menos rinden en sus empresas, sólo por debajo de Grecia y Portugal de la Europa anterior a la ampliación. La principal causa son los horarios irracionales. Abrir la tienda cuando otros la cierran y llegar a casa sin tiempo de vivir. Un holandés entra a trabajar a las 9 de la mañana y sale a las 4 ó las 5 de la tarde. Toma a mediodía una comida ligera y a las 6 cena más consistente. Luego, si le parece, se va al cine de 8 a 10 y más tarde a tomar una copa con los amigos hasta las 12.

Algunos estudios aseguran que las largas jornadas -y partidas con tan gran espacio de tiempo-, desmotivan. Y, a la vista de los datos, son propias de países subdesarrollados. La media de América Latina ronda las 2.000 horas de trabajo anuales. La cota más alta es Corea del Sur con 2.392.

España, por cierto, es uno de los países donde más “reuniones de trabajo” se celebran. Otra de las causas del menor rendimiento. Hablar en lugar de hacer.  Porque no somos famosos, precisamente, por la planificación.

La baja productividad no es de ahora, incluso ha registrado una mejoría espectacular. En el primer informe FOESSA de los años setenta –que consulté para el libro-, llama la atención el rendimiento logrado en el sector siderúrgico. Con unas largas jornadas laborales, España invertía 195 horas mensuales por trabajador para obtener 62,8 toneladas de acero bruto. Con menos tiempo, 154.7 horas, los alemanes producían 158,3 toneladas. Los sufridos japoneses trabajaban 7 horas más que nosotros, pero conseguían casi el cuádruple de resultados. Habría aquí que tener en cuenta los medios industriales de los que disponían unos y otros, pero eso también forma parte de la productividad.

Mis conciudadanos están en la playa a estas horas. Volverán el lunes a perseguir sus disminuidos sueldos frente a la media europea. Ésa es la Europa de mi meta y quiero que disfrutemos la zanahoria tras el esfuerzo ¿Hemos votado para alcanzarla?

Sin palabras

Empresario de Gandia (Valencia). Una panificadora industrial. Franns Rilles Melgar, boliviano de 33 años lleva trabajando dos años, durante 12 horas diarias, por un sueldo de 23 euros al día, sin contrato laboral. La máquina de amasar le siega el brazo izquierdo. El empresario lo tira a la basura. Limpia la sangre. Sigue la producción. Lleva en su coche al accidentado a 200 metros de un hospital y se va. Un peatón le socorre y le acompaña hasta el centro.

Los médicos que le atienden van a la fábrica intentando recuperan el brazo y reimplantarlo, pero está tan destrozado que no es posible. El enfermo ingresa en la UVI.

 La denuncia es de CCOO que ha interpuesto demanda en el Juzgado acusando al empresario de varios delitos. El empresario niega parcialmente los hechos y dice que fue la culpa de su trabajador que «iba borracho». Y sólo se lamenta de que tendrá que indemnizarle.

brazo

Escenas de ricos

Lujoso cine en La Moraleja, Madrid. Con las entradas regalan muestras de perfumes caros. Llega un matrimonio a ocupar sus asientos en la fila de delante, donde quedan dos butacas libres, cuando -según vamos a comprobar- deberían ser tres. Estamos en el extremo derecho pero hay una visibilidad perfecta de la pantalla. Al marido no le gusta la ubicación, revisa sus entradas y advierte que un hombre está sentado en uno de los espacios que les corresponde a ellos. Muy amablemente, éste les explica que –dado que el cine está lleno- no ha encontrado sitio junto a sus amigos pero que si no les importa se desplacen una sola butaca y así puede permanecer con ellos. Son apenas 70 cms.

“Póngase Vd en el extremo, o vuelva al asiento que haya comprado”, responde el marido, autoritario, levantándose con gesto inequívoco de que está dispuesto a echarlo. El usurpador de lugares ajenos, se levantó sin pronunciar una sola palabra. Me quedé asombrada –aún conservo la capacidad de sorprenderme, sí-. Por una sola butaca –que permaneció vacía toda la sesión-, separó a un grupo. Me recordó a un viejo conocido que jugaba al Monopoly como si fuera un broker de Wall Street, sin piedad.

Arturo Soria –otra zona cara de Madrid-. Un descapotable ocupa el paso de peatones porque quiere girar en una fila y no deja espacio para que los viandantes pasen con el semáforo abierto para ellos. Viejo, bajito y calvo, habla por el móvil en la oreja. Le miro con gesto reprobatorio sorteándole. Y me insulta.

La Latina, barrio popular. Atasco monumental. Varios coches ocupan indebidamente el cruce reglamentario. Veo un hueco para traspasar la barrera. Otro descapotable avanza para reducir el espacio e impedirme pasar. Hombre, unos 40 años, indumentaria a juego con el superbólido.

¿Será casualidad?

¿Qué era lo que había que cambiar?

Mi reciente viaje a Roses, y prácticamente todos los muchos anteriores a lo largo de mi vida –personal y profesional-, indican que añoro paraísos lejanos porque la realidad que vivo no me gusta. Me empecino en proyectos de cambio a todos los niveles, pero la verdad es tozuda: resido en una ciudad enferma, de un país mediocre y cargado de defectos que nunca solucionará porque los ignora, o, al menos, los esconde debajo de la alfombra para que no los vean las visitas.

Personalismos, divismos, mentiras, trapicheos, afanes personales de lucro, camarillas entre iguales, destruyen los proyectos. Un país que vota a corruptos, que intensifica su apoyo por creencias, pasiones y ausencia de razones, que confiesa los pecados en la intimidad y cree redimirse en las urnas, al margen de la ley, sufre serios problemas estructurales. Y bastaría con referirme –a la espera del resultado de procesos más recientes- al 71% de los alcaldes reelegidos tras ingresar en la cárcel, acusados de corrupción, entre vítores y aplausos.

País de la corrupción -que la tolera, la alienta y la envidia-, la chapuza y el trabajo mal hecho, de la hipocresía y la mala educación. De la impunidad sobre todo. En ningún país serio se hubiera tolerado la manipulación interesado de los atentados de Madrid o el uso político del terrorismo. Aquí se les compran periódicos y se les vota. En este país hay gente maravillosa, pero también mala gente, sin paliativos. Educados en el católico disimulo –en ningún país, ni en Italia, tiene tal poder la Iglesia de Roma-, crece, eso, la mala gente.

La educación como origen. Nuestra lectura de periódicos –antes de la crisis de la prensa bien reciente- fue situada por la UNESCO en “el umbral del desarrollo”. Es el único país donde los incultos presumen de su condición, por no citar nuestro flagrante fracaso escolar infantil. Labor premeditada de quienes precisan muchos burros para poder cabalgar mejor, la mala educación se manifiesta desde en el hablar a gritos y no escuchar a los demás, a los egoísmos del tráfico, desconocer idiomas que abren puertas de comunicación, no contestar emails o llamadas, a no pensar en el bien común como hace el verdadero patriotismo.

Tenemos los políticos, la justicia, la prensa, las instituciones que merecemos, y ellos la ciudadanía que se han trabajado. Y cuando algún gobernante intenta cambiar las cosas, se encuentra un manto de incomprensión, y una resistencia profunda a cualquier alteración del estado vigente. Igual sucede en múltiples tentativas: no sabemos trabajar en equipo. No sabemos, tampoco, distinguir el grano de la paja. Y sobre nuestra cacareada valentía, tengo mis dudas. Porque la ciudadanía responde como nadie ante los conflictos serios, pero de cerca no afronta las palabras, ni da la cara. Lo peor es que tendríamos remedio, si nos embarcaramos honestamete en proyectos comunes.

Hasta un libro he escrito, segura de que todos aquellos que creen en una España mejor, y un mundo mejor, podrían reunirse para cambiar la tendencia de nuestra desgraciada trayectoria. Pero empiezo a pensar que he errado el objetivo del cambio. Soy yo la que debe mudar, o, mejor, mudarse. Yo no quiero vivir en un país con esta derecha que se encamina al poder, que ya lo detenta en algunos territorios y que ya he experimentado –la de los Fabra y los Camps y las Ritas y buena parte de los demás- Acepto democráticamente los resultados de las urnas, pero nadie me obliga a quedarme aquí. Tampoco pueden echarme, bien es cierto. Pero acaricio la idea, porque no son sólo ellos, sino el entorno, lo que respiro.

   No olvidemos a la «izquierda». Izquierda Unida, según informa la Cadena Ser, ha cerrado un trato con el PP  de la Comunidad de Madrid para que pueda designar al Presidente de Caja Madrid, decidiendo el largo contencioso que le enfrentaba incluso con ayuntamiento de la capital. A cambio se asegura una vicepresidencia y un cargo más en la ejecutiva. Y, espero, que una huída masiva de votos.

Europa es azul hoy, pero sus derechas son civilizadas, y sus ciudadanos algo más educados y responsables. Al menos, sus gobiernos conservadores no son las míos, no me dolerán.

Toda la vida hice mío este poema de Salvador Espriu:

 Poema Ensayo De Cántico En El Templo de Salvador Espriu

¡Oh, qué cansado estoy

de mi cobarde, vieja, tan salvaje tierra,

y cómo me gustaría alejarme,

hacia el norte,

en donde dicen que la gente es limpia

y noble, culta, rica, libre,

despierta y feliz!

Entonces, en la congregación, los hermanos dirían,

desaprobando: «Como el pájaro que deja el nido,

así el hombre que abandona su lugar»,

mientras yo, bien lejos, me reiría

de la ley y de la antigua sabiduría

de mi árido pueblo.

Pero no he de realizar nunca mi sueño

y aquí me quedaré hasta la muerte.

Pues soy también muy cobarde y salvaje

y amo, además,

con desesperado dolor,

a esta mi pobre,

sucia, triste, desdichada patria.

Versión de José Corredor-Matheos

Y, como él, por eso siempre quedé. Y aún no sé si lo seguiré haciendo.

Más izquierda

Una nueva lectura de los resultados electorales para el Parlamento europeo –habrá que hacer numerosas reflexiones- indica un fenómeno inicialmente oculto por el triunfo conservador y ultraderechista. Europa se ha radicalizado y, no sólo exige derechas claras, sino izquierdas auténticas.

El voto conservador ha crecido en número de países pero, salvo en Francia, ha mermado sus apoyos en cada circunscripción. El éxito de Sarkozy al frente de la UE, no debe ser ajeno a esta excepción.

Pero en la misma Francia, se asiste al espectacular aumento de los verdes de Daniel Cohn-Bendit que se sitúan como tercera fuerza política. Acabo de escuchar, al viejo y carismático líder del 68 decir que se propone formar un grupo independiente en la Eurocámara que represente una alternativa a la derecha. Gran resultado también de los verdes alemanes. En Portugal -ése discreto país que siempre nos ha marcado el camino-  los socialistas se han hundido pero han subido dos formaciones de izquierda que suman 5 escaños, la mitad que los conservadores ganadores. Dani El Rojo quiere plantear la primera batalla en lograr que Durao Barroso no sea reelegido como Presidente de la Comisión.

En los países nórdicos ha triunfado la socialdemocracia sobre los gobiernos conservadores. La izquierda escandinava es izquierda auténtica, del mismo modo que sus conservadores democráticos son derecha civilizada. En Suecia, el partido socialdemócrata –liderado por una mujer- saca 6 puntos a los liberales moderados, ahora en el Gobierno.

En España no llegan a 600.000 los votos que separan a PP de PSOE, y el PP ha perdido un escaño respecto a 2.004. Existe un nuevo reparto para España, pero es evidente que el PP no ha conservado todos sus apoyos.

Leo en El Mundo que el PSOE se propone -como autocrítica- aceptar algunas propuestas de los empresarios en la mesa de diálogo social y que, prácticamente, se arrepiente de la Ley del aborto. No da fuente alguna, no cita de quién son las declaraciones, puede ser su periodismo globo-sonda habitual. Pero haría mal Zapatero en seguir los “consejos”. Lo que la sociedad europea ha rechazado es un socialismo liberal que se distingue poco de los conservadores y cede a todas las presiones del capitalismo. Cierto que España es, en efecto, “diferent” porque leyes que aquí rasgan vestiduras por mandato de la Iglesia Católica, están en vigor en Europa y son plenamente aceptadas.

Lo que Europa no ha votado son las medias tintas. Hay dos formas de enfocar la realidad y los problemas. El egoísmo capitalista quiere preservar su propiedad y se acrecienta en tiempos de crisis. Por más que en el caso de los españoles sus propiedades sean una soga que les ata al banco. El mismo banco que sufraga los partidos políticos. No importa que la crisis la haya provocado su sistema, hay que salvar los muebles. La izquierda piensa en los más desfavorecidos, pretendiendo devolverles lo que el sistema les quitó. Un presupuesto mal empleado en opinión de la derecha.

La derecha disfraza el éxito conservador de defensa de valores. Acaba de hablar también en Euronews un lider ¡laborista! diciendo que “ha triunfado la moral y la decencia”. ¿Cuál? ¿La de Berlusconi o el checo Topolanek divirtiéndose con nenas que podrían ser sus nietas alejados de sus santas esposas? ¿La del Mayor Oreja español a quien le parece más reproblable el aborto legal –en toda Europa salvo en Malta y parcialmente en Irlanda- que el delito de abusar sexualmente de menores? ¿El de los votantes de los imputados en corrupción que, como en confesión íntima ante un cura, perdonan los pecadillos remunerados en las urnas?

Rajoy y los suyos saben sacar brillo a sus éxitos convenciendo a una mayoría desinformada de que no tienen fisuras ni matices. Y los socialistas se amedrentan. Tienen que reaccionar. Nos jugamos mucho. El resurgir de nacionalismos, fascismos y populismos en tiempos de crisis, despierta el fantasma de la guerra. Más izquierda para combatirlo, aunque España es diferente, aquí no entró la Ilustración, no lo permitió la Iglesia Católica. Dos corrientes radicales cruzan Europa, sin embargo, mientras, EEUU entierra los extremos. Un abismo económico, de desarrollo, de visión de futuro, nos separa. La anquilosada Europa se resiste a afrontar el futuro, salvo en ese germen de izquierda que crece imparable desde que el socialismo abdicó de su ideología. Y no olvidemos que la gran triunfadora de los comicios ha sido… la abstención, una mayoría que precisa ser ilusionada. O volver a estarlo. En su día lo hizo.

Madrid fuera del mundo

O  fuera de Google Earth que viene a ser lo mismo. Uno de los programas de más rápido y extenso éxito que permite pasear virtualmente por todo el planeta. Es posible visitar desde la cosmopolita Singapur al Taj Mahal en la India, pasando por los rascacielos de Nueva York, es decir, todo el planeta. El progresivo avance de sus aplicaciones está ya facultando poder ver incluso habitaciones de hotel para poder elegir con datos.

Pues bien, la Comunidad Madrid ha elaborado un programa propio, una parcela privada que le ha fabricado, paradójicamente, una empresa de Barcelona. Se llama “geoshow 3D lite” y tiene varias ventajas:

Nadie puede entrar en el cortijo a añadir –como sucede en Google Earth- sus aportaciones, la elección de edificios a dar volumen y presencia se hace según criterio de la Comunidad de Madrid. Por tanto, diseña y resalta las sedes de sus instituciones y poco más. Y, sobre todo, incluye publicidad: el logotipo de la Comunidad es más visible que nada.

Entre sus desventajas, la principal es que no figura en Google Earth directamente, Google ofrece su Madrid, Esperanza Aguirre el suyo. Y los nombres para acceder, el geoshow y “planea” resultan de difícil búsqueda. Este programa coexiste con Google Earth que diseña Madrid –no tanto como otras capitales- conectado con el mundo. Se puede saltar de Madrid a París, cosa que no sucede con el programa de la Comunidad de Madrid, coto cerrado. Aunque también ofrece opciones exteriores, también cerradas, por ejemplo… la Comunidad Valenciana.

La Comunidad lo soluciona… ¡remitiendo a Google para encontrarlo a pesar de que le hace competencia! Quien busque Madrid, hallará con mayor facilidad Google y no el costoso programa de Esperanza Aguirre, sin embargo. La propia página de la Comunidad remite a Google y no a su programa. Si el deseo es promocionar la Comunidad de Madrid, se logra el objetivo inverso.

Siempre contracorriente, significándose, controlando, erigiendo cotos cerrados y privados.

madridGE

madridCM