La ciudadanía despierta

Saludé, con alborozo, los primeros «Tengo una pregunta para Vd.» porque parecían la ocasión de que los políticos se bajaran de su torre de marfil y hablaran con aquellos a quienes representan y deben su poder. Pero eché en falta siempre a un periodista -en activo- que repreguntará y precisara con datos. Ahora, la ciudadanía ha aprendido por sí misma, bien es cierto que acuciada por la crisis. Ya no pregunta por el precio del café, sino por lo que les duele de verdad.

 Andan revueltos esta mañana los analistas políticos. Casi sólo les falta por decir «nos están quitando el pan». Se asombran de que la política ha cambiado y -como ya sucediera en la campaña electoral americana- desciende a «historias personales» -en la SER, un señor muy culto lo ha dicho en inglés-. Ojala fuera cierto que la política hubiera cambiado, porque lo que no funciona precisa modificaciones. En el programa de TVE los ciudadanos demostraron que saben dónde les aprieta y que no se conforman con frases hechas. La primera reflexión la dirijo, por tanto, a los políticos, y la segunda a los periodistas -a algunos, a muchos- que TAMBIÉN se están alejando de la sociedad. Es lo que tienen las élites.

Más de seis millones de audiencia, notable en aceptación popular y aprobado -como mucho- entre los comentaristas. Se destaca, eso sí, la valentía de Zapatero para enfrentarse a preguntas sin guión con la que está cayendo.

Los ciudadanos se enfadan mucho cuando se les miente, y así lo demostraron anoche en varias ocasiones. El presidente arguyó error en lugar de falsedad, pero no convenció a todos de que eso fuera cierto. En mi opinión, hay un pequeño fondo de verdad en la justificación de Zapatero. Sólo unos pocos avisados predijeron en su día la magnitud de la catástrofe, incluso se quedaron cortos. Pero las causas añadidas de la crisis en España apenas se tocaron. Una referencia de pasada a la quiebra de la construcción. Y nada sobre el turismo, la industria. Ahí sí hubiera hecho falta un periodista.

Una buena aclaración acerca de que no se entrega dinero a los bancos, sino avales. Pero nadie afronta el tema de fondo: ¿no es el sistema lo que ha quebrado? Predecir cuando terminará la travesía del desierto es una pura especulación, sino se aborda el cáncer del sujeto. El liberalismo no funciona, y mal arreglo tiene transfundirle sangre, como ya hemos hablado estos días.

La política se muestra atada de pies y manos ante los poderes fácticos. Pregunta reveladora la de un granadino sobre la venta de armas de España a Israel. «Sólo es un millòn de euros», «pero todas las armas matan» -insistía el hombre implacable-, «las nuestras no»…  ¡por dios!…  Un presidente pacifista sin duda ha de sucumbir a la incroguencia, a la hipocresía, como la calificó el granadino. De nuevo vemos que es el sistema el enfermo, lo que hay que cambiar.

¿Quién lo hará? La ciudadanía despierta y yo me congratulo. La democracia es como el amor humano: hay que cuidarla cada día para mantenerla por lo menos, para que crezca.

Zapatero no tuvo más que palabras de comprensión y condolencia ante los ciudadanos parados o en crisis que, con gesto serio y preocupado, le preguntaban qué les pondrían a sus hijos en los platos. Y para eso hay pocas respuestas cuando son los cimientos los carcomidos. Zapatero estuvo más cercano y humano que nunca. Pero siempre echaré de menos que un político sepa acercarse, aún más, a aquellos que, insisto, le han dado el poder. En efecto, cuando el dinero no llega para las necesidades básicas huelgan las explicaciones y hasta las dudosas promesas. Quiébrate con ellos, abrázales siquiera simbólicamente y lucha porque, de verdad, cambien las estructuras. Si persistimos en el empeño, los políticos se verán obligados a hacerlo.

Iberdrola genera 13.500 empleos… en Portugal

No todas las noticias económicas son negativas, no para todos, no, pero el periscopio -tan a ras de superficie- es un buen instrumento de observación. Leo que Iberdrola acaba de invertir 1.700 millones de euros en Portugal. Van a construir el complejo Alto Támega. En Chaves, justo al lado de la frontera con Galicia. 3.500 puestos de trabajo directos y 10.000 indirectos a cuyos afortunados poseedores, en lugar de pagar en «mileuros» -la más frecuente moneda española en salarios-, se les puede contratar por el salario base portugués: 437 euros. Nos dicen será uno de los mayores proyectos hidroeléctricos de los últimos 25 años en Europa y, ¡cómo estarán de contentos nuestros vecinos!, que a la presentación en sociedad del proyecto acudió el primer ministro, José Sócrates.

 Iberdrola es una empresa saneada: consiguió casi 2.000 millones de euros, en el primer semestre de la crisis (2008), un 78% que en el mismo período del año anterior.

Endesa, otra de las líderes del sector, obtuvo unos beneficios en 2007 de 1.255 millones de euros, «muy lejos» -nos decían- de los 1.756 millones de euros logrados el año anterior. El 2008 empezó mejor: 662 millones en el primer trimestre, y antes de subirnos la factura.

Tampoco les va mal el negocio a la banca española -a pesar de lo que nos lloran-: en el primer trimestre del año 2008, obtuvieron un 10% más de beneficios que en el del año anterior: 5.153 millones de euros, y, eso mientras sus colegas occidentales, pasaban apuros. 9.000 millones de euros ganó el Banco de Santander en 2007. Ahora precisan ayuda, y no dan créditos.

La crisis nos abofetea y las empresas del Ibex -una muestra significativa- han estado ganando dos dígitos respecto al año anterior sin cesar. Y parece que lo siguen haciendo. La tónica no cambia desde hace más de 20 años. No sólo ganan dinero: logran siempre más que en el ejercicio anterior. Un análisis publicado en El País (Agosto 2008 ) nos trae entrelineas la que puede ser la clave. José Antonio Herce, socio de Analistas Financieros Internacionales, declara: «los sindicatos ponían el grito en el cielo si el peso de los salarios bajaba hacia el 50% del PIB, pero eso ocurría hace mucho tiempo«. Hace mucho tiempo, sí.

Un apunte más. Algunas de las empresas más saneadas y con mayores beneficios fueron un día de todos los españoles, eran empresas públicas. Pero estaban mal gestiones ¡vaya por dios! Felipe González fue el primero que las abrió al capital privado, con porcentajes que no suprimían el control estatal. Aznar las liquidó. Siempre me llamó mucho la atención que apenas nadie protestara. No hace falta ser economista para saber que, si vendes, te descapitalizas; la empresa no sigue generando el producto para tus arcas, pero seguramente es porque nosotros no entendemos de altas finanzas. Aznar privatizó las llamadas «cinco joyas de la corona»: ENDESA, Tabacalera, REPSOL, Telefónica y Argentaria. Su valor se calculó en más de seis billones de pesetas (6,39), más de 38 mil millones de euros, una buena inyección para las arcas públicas -¿en qué se invirtieron?-. Productoras de electricidad, petróleo y telecomunicaciones, un banco, fue una tendencia mundial privatizarlas -sumidos en la fiebre neocon-. , pero ¿imagina alguien qué valen ahora, qué beneficios han generado desde su paso a la gestión privada, y qué ganancias reportarían al Estado?

Iberdrola, siguiendo la tónica de otras empresas, «deslocaliza», se va al barato -en costes salariales, que no en precios- Portugal. Y se queda a un pasito de España para que los directivos de la empresa no tengan que mudarse. Comprendo que Marruecos, y no digamos ya India, resultan más incómodas por su lejania. ¡Enhorabuena a Portugal! A ver si el encantador vecino de al lado, despega. Yo voto por Saramago como presidente de la República. Y, como él, por una Iberia unida.

Mari Luz, su padre y la impunidad.

Juan José Cortés, padre de Mari Luz, -la niña asesinada en Huelva- declara hoy en La Razón: «estos días he oído decir desde las asociaciones de jueces que se ha usado el caso para llamar la atención pública. Utilizar la muerte de una pequeña para que los medios presionen al Gobierno y lograr así sus objetivos, en este caso económicos, me ha puesto los pelos de punta. Es una canallada. Lo sospechaba pero me negaba a creer que todo lo que están haciendo sea una maniobra para plantear públicamente sus pretensiones laborales. Y mi hija muerta por culpa de un error judicial, ¿dónde queda? Hemos levantado la alfombra de la Justicia».
Olas de cierta solidaridad se levantan alrededor de este hombre dolorido y justo, pero no temporales para derribar la impunidad que nos asola. En el desgraciado caso del profesor Jesús Neira -que quedó en coma tras ser agredido por un hombre al que increpó por maltratar a su pareja-, se dieron todos los ingredientes que indican cuándo una sociedad está enferma. Neira, con todo su valor y honestidad, entra en un hotel para llamar a la policía y detener la paliza. Le persigue el agresor de la mujer y le golpea salvajemente. Nadie en el hotel se mueve para impedirlo. La mujer apaleada no denuncia a su pareja. Dice incluso que es «una bellísima persona» y acude a programas de televisión -de Telecinco, seamos concretos-, cobrando por su miseria y siendo escuchada por espectadores sin escrúpulos -en caso contrario, sin audiencia, no la hubieran contratado-. Pero hay más, el juez deja en libertad al delincuente. Ante la alarma social, creada tan sólo por la respuesta activa de la esposa de Neira que lo denuncia ante los medios, el maltratador es detenido en una playa de Alicante, adonde se ha ido a disfrutar sus vacaciones. Los médicos de la seguridad social de Madrid -varios en distintas visitas- dejan ir sin tratamiento a Neira porque no le practican las pruebas pertinentes. Ni una radiografía, ni un scanner, ni un TAC. El profesor sufre un derrame cerebral. En Octubre de 2007, pocos meses antes, Daniel Oliver, un estudiante de 23 años de Valencia, actuó de la misma forma que Neira. Un hombretón pateaba en el suelo a su novia y trató de impedirlo. Se acercó a defender a la mujer y el hombre le golpeó en la cabeza. El resto de los presentes no actuó. Murió una semana después. Nadie le ha recordado. Ni los periodistas. David y Jesús fueron la excepción en el caos. Actitud encomiable que pagaron muy cara. Algunos más están reaccionando, pero no se ha producido una marea de indignación.
Nos echamos las manos a la cabeza por las chapuzas políticas -muy graves sin duda- pero aquí hablamos de vidas humanas y de poderes que no las protegen, de disfunciones de un sistema, de la pasividad ciudadana. También necesitamos millones de Juan Josés y de Neiras.

Aguirre y el espejo de la cara

La tensa sonrisa del botox que detiene el movimiento natural de los músculos. Ironía, desafío, burla, sin embargo en la expresión. Ni una mácula en el caro traje con el que se viste. La mirada es la que lo dice todo: fría como noche de lobos en Siberia. Un punto desalineada. Cínica. Torva.  Huellas de ojeras delatan, sin embargo, algún desasosiego. No es -en principio- el rostro de una víctima. Dice en ABC que «caminamos a pasos agigantados a un paro del 22%» -no en las empresas privadas a las que ha encomendado nuestros servicios, supongo-. Y, en otro titular del periódico, que -a pesar de las abrumadoras pruebas, opongo- (en el asunto del espionaje)… «todo acabará en nada». Sobre Esperanza Aguirre, la portada del periódico anuncia que regala «Apocalipsis Now Redux». Hasta los espiados confesos como Alvaro Lapuerta -«criticó algunas adjudicaciones en Madrid porque las creyó sospechosas», argumenta como sospecha para ser seguido y fotografiado-, la exoneran. Pocos Apocalipsis pues son esperados, en un asunto flagrante que apesta y daña la democracia. Pero ya pasó -casualmente- en el «tamayazo».

Del milagro económico a la gran crisis

3.200.000 parados, 620.000 empleos destruidos, en el mayor ritmo de pérdida de puestos de trabajo de nuestra Historia. Se baja del nivel de los 20 millones de personas trabajando de los que tanto ha alardeado el Gobierno. 820.000 familias tienen a todos sus miembros parados. El PP dice tener la receta para salir de la crisis.
Durante meses, años incluso, he estado atesorando datos y leyendo opiniones ilustradas de todo signo para publicar «España, ombligo del mundo» y creo que he sido testigo de excepción de cómo se gestaba el problema.
Durante la primera legislatura socialista se crearon, en efecto, esos 3 millones de empleos, y en el primer trimestre de 2007 se asistió a un espectacular 4,1 de crecimiento. Los nuevos países europeos y la prensa internacional hablaban de «el milagro económico español».
Se desata entonces la gran crisis financiera, económica, internacional. Prácticamente sin precedentes. Desde mi modestia de lega en la materia, aprecio que ni siquiera en el 29 llegó a quebrar el sistema -al menos no se cambió-. Porque las medidas adoptadas son cuidados paliativos. Siguiendo el simil conviene recordar lo que dijo hace meses Josep Stiglitz, Premio Nobel de Economía -y asesor de Zapatero, por cierto- sobre las medidas que se estaban -y están- adoptando «es como poner transfusiones a alguien con hemorragia interna». Y ahí estamos.
España partía de una situación más desfavorable por sus graves defectos estructurales. Los principales, haber sustentado la economía en la construcción y el turismo, y mucho menos en la industria.

 Burbuja inmobiliaria.

Fuente de enriquecimiento fraudulento en muchos casos, sajó a España de norte a sur e islas, con casos de corrupción. Las alertas eran dramáticas. Hasta la Comisión Europea elaboró un informe -publicado- con los más gruesos apelativos hacia lo que se estaba haciendo en España.

Trataré de sintetizar:

• Cada día se transformaba en España una superficie de suelo equivalente a 45 hectáreas -los famosos (45) campos de fútbol-.
• La superficie edificada aumentó un 40% en los últimos diez años.
• En 2005 se levantaron más de 800.000 viviendas que equivale a las edificadas durante el mismo período en Reino Unido, Francia y Alemania juntas, aunque estos países suman cinco veces la población de nuestro país.
• En 2006 se aprobaron planes para construir millón y medio de viviendas y más de 300 campos de Golf. Suponían un récord absoluto en la historia de España.
• La tercera parte del primer kilómetro de litoral mediterráneo está construida.
• Desde la Ley 6/98 del Partido Popular, el suelo urbanizado de vivienda libre se encareció un 200% hasta 2.004.
• España cuenta con el mayor parque inmobiliario de la UE, hasta hace poco con el ritmo de construcción más alto, y -punto importante- el acceso a la vivienda más difícil.
Los españoles, además, se embarcaron con demasiada alegría a hipotecarse casi de por vida, con intereses variables y por un porcentaje de su sueldo que desafiaba las leyes de prudencia económica.

Turismo.

Baja el número de visitantes. Y la razón es diáfana. A través de grandes zonas urbanizadas en los últimos años, se ha formado un paisaje anárquico, abigarrado. Ha brotado una maleza de cemento, donde hubo quizás un jardín, o una playa limpia. Si a eso añadimos, que ya no somos amables con los visitantes como cuando llegaron a traernos el maná, porque «somos mejores que ellos» y «nos sobra el dinero» y, sobre todo, que España resulta tan cara como sus propios países, no hace falta tener una bola de cristal para adivinar el futuro. Atraerán, por mucho tiempo, nuestros magníficos monumentos, las ciudades y pueblos con sabor, pero para vacaciones de playa, las tienen más baratas y acogedoras en Punta Cana (República Dominicana), en las pequeñas islas griegas, en Túnez, y en muchos otros lugares.

Debilidad de la industria.

Sólo el 5% de los empleos creados en la bonanza económica han sido en este sector que aporta un tejido más sólido.

Competitividad exterior.

Algunas empresas españolas triunfan fuera -Zara, Telefónica, los Bancos y los Clubes deportivos- pero apenas hay un centenar reconocidas internacionalmente, nuestras estrellas económicas representan un 2% de las marcas mundiales. Sólo hay tres entre las 100 grandes compañías mundiales. La primera en aparecer en la lista Forbes, es el Banco de Santander, que figura en el puesto número 58. Telefónica está en el 76 y Repsol YPF, en el 92. El déficit exterior, por otro lado, -la diferencia entre importaciones y exportaciones- alcanza los 100.000 millones de euros que equivalen al 10% del PIB.
Cuestión aparte son los grandes beneficios obtenidos por todas ellas -escalofriantes- que parecen estar guardándose bajo llave.

¿Las recetas del PP nos servirán? Son abaratar el despido, rebajar -aún más los sueldos, ver datos en Europa en Suma más abajo-, o recortar el gasto social. ¿Liberalizar el suelo, quizás? Viene en el programa electoral de Rajoy, y fue esa primera ley de 1998 la que disparó el problema. Hoy -hoy mismo- Aznar, el deseado, sigue apostando por el Mercado y el liberalismo para acabar con la crisis.

¿Soluciones? Se hace precisa una actuación más enérgica del Gobierno, más imaginativa. Prácticamente, dar la vuelta al guante de todo cuanto nos lastra. Pero el enfermo neocon -esqueleto de todo el sistema- sigue arrojando sangre debido a su hemorragia interna, en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Islandia.. España, sin duda, en todas partes. Vosotros veréis, políticos incluidos.

Aznar y el cambio climático

José María Aznar liderará activamente la cumbre mundial de negacionistas del cambio climático, a celebrar en Nueva York entre el 8 y el 10 de Marzo. La reunión la organiza el Instituto Heartland, un organismo con fuertes vinculaciones a General Motors y, sobre todo, a la petrolera Exxon Mobil. Según Greenpeace –y como cuenta Público-, el Instituto ha recibido en los últimos díez años 540.000 euros de la petrolera.
El entonces presidente del Gobierno español firmó en 1998 el Protocolo de Kyoto contra el cambio climático. Faltaban dos años para la gran revelación: conocer a George W. Bush. Pero recientemente FAES -la Fundación que preside- publicó un libro, «Planeta azul (no verde)», que niega la gravedad del calentamiento global, del que es autor otro funesto personaje: Václac Klaus, el hoy famoso presidente checo y, por ello, presidente de la Unión Europea, el que nos quiere amargar la golosina a los europeos.
En la presentación del libro, Aznar soltó varias perlas. Dijo que los ecologistas eran los nuevos comunistas. «Se parece más bien a una nueva religión que condena a la hoguera en la plaza pública a aquellos
que osen poner en duda sus tesis, sus pronósticos o sus
admoniciones. Sus fieles devotos quieren ver en la hoguera a todo
aquel que, como Václav Klaus, discrepa de la nueva religión», fueron sus palabras textuales. En otro momento pidió «plantar cara a todos los enemigos de la libertad» -libertad de contaminar el planeta para forrarse-. Y aventuró que, como mucho, era «un problema que quizá, o quizá no, tendrán nuestros tataranietos». Presidió un país, sin importarle el futuro de los tataranietos de sus ciudadanos, y los suyos propios.
Pero lo mejor fue cuando rechazó que fuera un negacionista porque lo suyo era otra cosa: «No sé si hay un cambio climático en el que es -o no- determinante la acción del hombre. No lo sé porque no soy un científico experto en estos temas«. Aznar, hombre religioso, cree en algo tan poco científico como la existencia de Dios, y tomará medicinas, supongo, sin haber estudiado medicina, biología o farmacia, fiándose de quien sí sabe. (Esperanza Aguirre «suscribe al cien por cien las opiniones de Aznar» y un ex asesor de Tatcher le felicitó públicamente)
Pero, héteme aquí, que en muy poco tiempo Aznar ha debido estudiar varias carreras y varias informes, y ahora ya puede dar conferencias contra las medidas que eviten el calentamiento global, que de eso se trata. Quizás -no lo sé- la petrolera le ha pagado un master intensivo en el asunto. De cualquier forma, Aznar suele cobrar 30.000 euros por charla.
La ONU y miles de científicos han alertado sobre las consecuencias del cambio climático. El informe Stern, encargado por Blair -que aunque firmante de las Azores no era liberal- estima que de seguir en la tendencia, sólo económicamente, nos llegaría a costar el 20 por ciento del PIB mundial, un daño similar a varias guerras mundiales o la Gran Depresión -prima hermana de la actual-. Blair aseguró que eran necesarios  más medios para combatir el calentamiento global que la lucha contra el terrorismo porque era más peligroso. Algo en lo que coincidió por completo.
Y al mismo tiempo, un estudio de la OCDE cifra en el equivalente a un 1% del PIB mundial el dinero necesario para acometer políticas medioambientales eficaces. Equivaldría a perder 0,03 puntos porcentuales en el crecimiento de la riqueza.
No se pueden tomar a divertidas salidas de pata de banco las palabras de Aznar, por tanto. Lo grave es que este señor tuvo en sus manos los destinos de España. Y… aún quieren que vuelva.

Europa en Suma

Ha nacido Europa en Suma. Después de meses de darle vueltas y crear ilusiones, ayer tuvimos la Asamblea Constituyente. El núcleo de esta asociación lo formamos un grupo de trabajadores de RTVE, apartados del empleo por un ERE que decidió que no les éramos útiles al tener más de 50 años. «Somos viejos -¿tanto?, me pregunto yo-, pero no cansados» como me resumía el multicorresponsal Daniel Peral. Lo mejor de la profesión se fue en ese expediente de regulación de empleo. Junto a Dani, Luís de Benito, Rosa María Calaf o Enrique Peris, por citar los nombres de excelentes periodistas que veíamos con asiduidad en pantalla. Pero también se llevó a realizadores y cámaras «pata negra» que crearon una imagen con sello propio. Pero eso fueron otros tiempos, empezamos de nuevo.
Europa en Suma ha salido del granero que creó Isabel Martínez Reverte con los Descartes -«descartes», además del filósofo que inclina al pensamiento, son las imágenes que no sirven al montar una pieza en televisión-. Mantenemos tertulias interesantísimas, otro día os hablo de ellas. Ése es el núcleo pero algunos amigos de la Universidad o de la publicidad, de la cultura en general, se están apuntando.
EEUU bulle en estos momentos, mientras Europa dormita, mucho más con una Presidencia -la checa- que se ha propuesto «amargarle la golosina a Europa», según rezan sus carteles. Esa presidencia -prima hermana de Aznar- es europea a su pesar, sin que nadie les obligue a formar parte de la Unión.
Abrir fronteras abre la mente. Y la suma tiene más fuerza que la división. Apostamos por Europa. Aprisionados en el Sur, hemos vivido -en la práctica- un poco de espaldas a ella, y eso tiene que cambiar. Por nuestra supervivencia, por el progreso. Los grandes avances de España -espectaculares desde la llegada de la Democracia- no pueden hacernos olvidar que aún andamos rezagados respecto a países de nuestro nivel.
   Con datos contrastados, se puede asegurar que trabajamos más horas que muchos de nuestros vecinos, con menor productividad, pagamos un nivel medio-alto de impuestos -a cambio de menores prestaciones que en otros países-, hemos de afrontar elevados precios de consumo, y, sobre todo, cobramos mucho menos que otros. Sólo tienen un menor salario griegos y portugueses -dentro de la llamada Europa de los Quince- pero… no son «la octava potencia mundial». Un enorme escollo, porque nadie apuesta por subirnos los sueldos ¡Todo lo contrario! la tendencia es, exactamente, la opuesta: ante la crisis, todas las voces exigen moderación salarial.
Los impuestos costean prestaciones. Las suecas pueden acogerse a más de un año de baja maternal, una parte con el 67% del sueldo. Y en muchos países las administraciones pagan las gafas y el dentista, que no son un lujo. El gasto social, aún habiendo subido con Zapatero, está en poco más del 19%. Por debajo, sólo Malta, Eslovaquia, los países bálticos y Chipre.
Fomentar Europa puede enriquecer de contenidos a todos sus miembros. Y ayudar a erradicar posiciones extremas en lo político, a beber de una democracia que en nuestros vecinos no ha sufrido tan graves alteraciones como en España. La hoy conservadora Francia condenó al ultraderechista Jean Marie Le Pen, ayer mismo, a tres meses de cárcel -exentos de cumplimiento- y a 10.000 euros de multa, por minimizar el nazismo. Había dicho tan sólo que la ocupación nazi de Francia «no fue particularmente inhumana». Jaime Mayor Oreja declaró que la dictadura de Franco trajo «una placidez extraordinaria a Euskadi». Y el PP… le presenta de candidato a defender nuestros intereses en Europa. Esas diferencias habría que limar. Limpiar y airear el gran pozo de caspa que aún nos impregna.
Y, sobre todo, acercarnos y, al tiempo, mostrarnos a los ciudadanos de Europa, a los de a pie, a quienes todos olvidan. Para construir algo juntos, para sumar, como dice nuestro nombre.
Hemos dado un primer paso decisivo al constituir la Asociación, tenemos planes, ilusión. No sé si podrá con nosotros el virus burocrático que enferma a este país, pero estamos decididos a dar la batalla por Europa. Moderna, creativa, imaginativa, dialéctica, profunda e incluso lúdica. Con este espíritu, al menos, afronto nuestro futuro.

Necesitamos un millón de Obamas

El mundo vive un inusitado momento de euforia con la llegada de Obama. Anoche estuve en la fiesta que los demócratas españoles dieron para celebrar su llegada y no se puede contemplar algo más cercano a la felicidad. La misma que se veía en los rostros de los presentes en la ceremonia de Washington. Algo parecido sucede en medio mundo -no creo que en Gaza, aunque cabría pensar que también allí se respira un atisbo de esperanza-.
Algunos empiezan a advertir, sin embargo, silencios y medidos excesos. No sin razón. Hay que dar cien días de margen, pero algo se vio en el propio discurso de aceptación. Coincido plenamente con el análisis de Nacho Escolar en su blog. O los demasiados patria y dios que agobian a Javier Pérez de Albeniz, y que, sin embargo, saluda con alborozo la COPE. ¿Cómo desconfiar de alguien que habla de Constitución, patriotismo, y lucha contra el terrorismo… como -dice- en tiempos de Áznar?
Para mí, lo más relevante hoy -en aras del pragmatismo- es pensar con que vehemencia precisa la gente una ilusión. Y, sobre todo, porqué. La política nos ha fallado. Ha hecho, claramente, dejación de sus derechos a favor del Mercado, y es -sino la causante- la responsable de la crisis que padecemos. Les encomendamos que cuidaran nuestros intereses, y miraron para otro lado.
Hay miles de ejemplos. En mi último libro, «España, ombligo del mundo», recojo las palabras de Jean Ziegler, relator especial de la ONU, en un reportaje imprescindible de Vicente Romero y Mariano Rodrigo para Informe Semanal: «8 empresas controlan el 80% de los alimentos en el mundo. Es muy fácil lograr un acuerdo entre ellas sobre los precios». Esas empresas no estuvieron presentes -ni en las palabras- en la cumbre de la FAO, que se celebró en aquellos días en los -sin saber porqué- los productos esenciales subieron hasta resultar prohibitivos. Fue flagrante que los gobiernos callaran y ni mentaran este dato que conocen, ni le pusieran remedio. Así ha sido todo. La batalla la ganó el liberalismo. Y aún lo sigue naciendo. Ni una sola estructura ha cambiado ni cambiará de momento, con Obama y sin Obama.
Necesitamos de tal manera que algo sea diferente a como es -hoy también, a pesar de todo-, que nos aferramos al histórico relevo en la Presidencia de los EEUU que no deja de ser la Presidencia… de EEUU.
Pero nuestros políticos deberían aprender la lección. Queremos dirigentes -y opositores- cercanos, que no se peleen, que vivan en el Siglo XXI tecnológico, que nos hagan creer -si quiera por unos días- que algo va a cambiar. Necesitamos un millón de Obamas.

¿Tibieza o compromiso?

Tengo un amigo que ha dedicado su vida, entre otras cosas, al trabajo en un medio informativo. Pero no siente el menor interés por el periodismo, ni siquiera aprecio, cree que incluso lo detesta porque encuentra prepotencia en muchos de sus representantes. Sigue la actualidad a diario, pero como alguien que no hubiera hecho de ella su profesión durante tantos años. Dice ahora  que «hay vida fuera de los blogs», cuando manifiesta su voluntaria ignorancia por casi todas las nuevas tecnologías y formas de comunicación.
Ha desempeñado variedad de facetas relacionadas con los medios informativos y ha ocupado cargos de responsabilidad. Pero desconoce formas y personas que laten en el mundo actual. Juega al squash y al golf, se manifiesta prácticamente siempre prudente en sus comentarios y atesora una gran cantidad de amigos. Es una persona muy valorada y apreciada. Entre otras, por algunos que han hecho del compromiso social una razón de vivir.
Mi amigo opina que «deprime leer los periódicos» y trata de minusvalorar -no sé si conscientemente- mi nueva ocurrencia del blog. Comparte conmigo la opinión sobre que el mundo marcha mal. Pero rebate que hay muchos luchando por convertirlo en algo mejor, desde la medicina, la abogacía o multitud de actividades y que, incluso, tiene amigos que se van con alguna ONG a Mozambique a ayudar a quien lo necesita.
No veo obstáculo en ser médico y comprometido, ser enfermera y comprometida -como otra de mis amigas- y alabo a quien posee el coraje de irse a echar una mano al hambre y la desesperación en condiciones muy incómodas. Muchas de esas necesidades perentorias se solucionarían cambiando el rumbo en el origen. Pero sin duda es más lento.
Mi amigo hace gala de la tibieza o, al menos, la valora tanto como la dedicación a tratar de cambiar la sociedad por medio de las palabras. Diría más: infravalora el periodismo, y, si lo miro, así lo ha confesado. Yo creo que su planteamiento vital es egoísta.
El poeta Manuel Celaya escribía hace muchos años, en tiempos difíciles -no se sin tan difíciles como estos-: «porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser, sin pecado, un adorno: estamos tocando el fondo». «Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse».
En el extremo opuesto está el genial personaje de la película «Mr. Chance» -que fue la única que otro tibio histórico, Peter Sellers, protagonizó con cierta pasión-. Alguien cuyo lenguaje desconcertante hablando sólo de jardinería, es interpretado como pensamientos profundos causando un gran impacto no sólo en su entorno, sino mediático al más alto nivel, e incluso un cambio social.
¿Son variados los caminos para llegar al mismo fin? Mi «filosofía» de andar por casa busca que la gente, las personas olvidadas y no, se involucren en el proyecto de cambiar la sociedad. Quienes tienen en sus manos nuestro destino lo están haciendo muy mal. Incluso que se eche al ruedo este tibio amigo, calido sin embargo en los afectos. Me gustaría abrir un debate sobre ello. ¿Tibieza o compromiso? Y también: ¿El periodismo es un gran fraude, el más injustamente valorado canto de sirena? Yo no lo creo. ¿Y tú?
Pero mira más abajo y hoy… no dejes de obamizarte.

Obamicémonos

omama Veinte de Enero. El gran día. Aunque es difícil decidir si porque se va Bush o porque llega Obama. ¿Demasiadas expectativas? Las suficientes para estar esperanzado. Creo que lo que más me gusta del mito es que es un proyecto colectivo. Ha llegado a lo más alto porque muchos creyeron en él y se arremangaron camisas, jerseys, batas, hasta chaquetas, para trabajar por su triunfo. La gente es quien podrá cambiar el mundo, si llega a convencerse de su fuerza. Por primera vez seguramente un político que utiliza los medios -internet, todas las tecnologías, el siglo XXI sin más- que usan sus conciudadanos. Uno de los nuestros. O al menos, lo parece.

 Entretengamos la espera con este juego. Pincha aquí.