Han perdido el pudor

La UE –esa “cosa” que nos manda y que ignoramos- acaba de decidir “aplazar” los objetivos sobre educación y pobreza. Prefieren dedicar los esfuerzos a empleo, investigación y clima, tareas esenciales también, sin duda. Ahora bien, parece que la auténtica base para un cambio de tendencia sería dar de comer y de vivir a quien carece de medios y desasnar –con perdón por la expresión- a la ciudadanía infantil y sobre todo a la infantil/adulta. Es cuestión de prioridades. Claro que si prescindieran de dietas, telefonos móviles -muchas veces para uso privado-, coches oficiales, fastos sin fin en sus cumbres, una burocracia que sume su efectividad en el caos y cuantiosas subvenciones a “estudios” muchas veces inútiles (pero que dotan a sus autores de oficina, secretarias y algo más), igual podían dedicar ese presupuesto a hacer algo sobre educación y pobreza. Ocurre igual en nuestro propio país y sus autonomías, textualmente en todos sus extremos. Mirad por ejemplo las subvenciones de la Secretaría de Estado para la UE, que dirige Diego López Garrido. En el apartado 26 encontramos incluso a Europa en Suma que consolida, como tanto os he contado, su vocación de receptor de dinero público, causa de su “reestructuración.

Lo que ocurre es que, además del norte, han perdido el pudor. Un día más insisto en la desfachatez de reunirse en una cena el selecto club de los poderosos –que nadie eligió para obrar sobre nosotros-, decidir que van a hundir el euro, y encima hacer declaraciones a los periódicos. Antes eran más discretos, pero vista la reacción a sus desmanes ¿para qué se van a ocultar? Viator en los comentarios nos reseñaba el otro día el artículo de Jacques Juliard en Le Nouvel Observateur.”Imagine por un instante lo que podrían ser las consecuencias de un naufragio del euro: la cascada de quiebras comerciales e industriales, el desbordamiento del paro, el ascenso de regímenes populistas o dictatoriales. La factura de la crisis de 1929 fue la Segunda Guerra Mundial. Aprisionada entre Al-Qaeda y Goldman Sachs, dos amenazas diferentes pero complementarias, la democracia tiene el deber de poner los medios para defenderse”.

Añadía Juliard esta otra reflexión que me lleva a la comparación con la derecha española: “El reciente discurso de Nicolás Sarkozy en Davos, el templo del capitalismo financiero, es de una claridad meridiana. Es Nicolás Sarkozy quien afirma: “Al colocar la libertad de comercio por encima de todo, se ha debilitado a la democracia, porque los ciudadanos esperan de la democracia que les proteja”. Es el mismo Sarkozy quien insiste: “En las estadísticas se veían aumentar las ganancias, pero, en la realidad, las gentes veían que las desigualdades aumentaban”.

Puede que sea la derecha española quien más haya perdido el pudor de todo el orbe, si nos atenemos a la política. Ayer, por circunstancias que no vienen al caso, recalé intencionadamente en “La Noria”. Quizás intentaba lobotomizarme para ser una feliz y despreocupada espectadora de Telecinco. En ese obsceno programa se ocupaban de la cadena perpetua como si fuera el calzoncillo de un concursante de Gran Hermano. Sólo que esto es real. El brillante padre de Mari Luz ha decidido sumar su apoyo al PP para impulsar la inscripción de la pena perpetua en el país con el Código Penal más duro de la UE y con menor delincuencia –aseguran las estadísticas-. Le entiendo. Sólo que la democracia estableció que no se puede –porque no es sano- convertirse en juez y parte. La Ley del Talión solo genera violencia.

Allí había un saco de agresivas bilis manipuladoras a la que llamaban periodista y Maria Antonia Iglesias, quien –con todos sus defectos- es una buena profesional de la información, y  me apena ver en esas lides. Porque allí únicamente se trata de exaltar los bajos instintos del auditorio -la demagogia en definición de manual- que estalla en aplausos o abucheos, no de buscar un debate serio, Nunca lo hay cuando nos limitamos al “éste dice, el otro dice” y punto.

Decía el padre de Mari Luz que el ochenta por ciento de la sociedad apoya la cadena perpetua. No es cierto aún, pero quizás llegue a serlo. Ayudada por él mismo, y por los progenitores de Marta del Castillo, la única entre el más de medio centenar de víctimas de la violencia de género anuales que merece atención mediática, por razones distintas a la información y la búsqueda de la justicia y la verdad.

El PP está encantado con el apoyo del brillante Juan José Cortés, y no le hace ascos a instaurar la cadena perpetua. Cuando en “La noria” comenzaron a abordar el aborto y la pederastia, ya no pude más y desconecté. Los populares también han arriado la bandera del aborto, no, casualmente, la de la pedofilia eclesial. Y dicen que retirarán la ley –la del aborto, claro está, que mantuvieron en vigor durante sus 8 años de gobierno-, y que suprimirán Educación para la ciudadanía. Y veremos qué pasa con los matrimonios homosexuales. Y, sobre todo, con las políticas económicas inscritas en el más rancio capitalismo que nos ha llevado al desastre. La mil millonaria consorte Cospedal ya adelantó el otro día que la ley de dependencia es una sangría. Y con su vergonzosa tolerancia a la corrupción -que no es igual en todos los partidos, por mucho que se empeñen- Han perdido el pudor, ya digo. Mientras, el PSOE anda en Babia.

Discutía anoche también con una amiga conservadora -empeñada en hablar de política a toda hora aunque a mí me repatee- que me anunció su intención de votar al PP –de volver a hacerlo, más bien-, algo a lo que tiene todo el derecho, por supuesto, pero quizás no a intentar convencerme de sus argumentos. Cree que Rajoy es “buena persona” y “merece una oportunidad”. La tuvo -incluso como vicepresidente- en los 8 años de gobierno del PP. Y a mí personalmente esta larga oposición me ha permitido conocerle más como ser humano, dado que sale todos los días y a toda hora opinando, salvo cuando no le conviene y se calla, como en el caso de Matas. Y los periodistas tan contentos.

“Una constante del PP –especialmente de su núcleo duro– es ver conspiraciones por todas partes. Hasta conspiran entre ellos como ha sucedido entre Esperanza Aguirre y la mano derecha de su rival Alberto Ruiz Gallardón. Ver una conspiración “entre Rodríguez Zapatero y ETA para debilitar España” es de traca valenciana pero Rajoy no se atreve a contradecir al que sabe es un rival protegido por Aznar al que no quiere enfrentarse cara a cara y del que se libró después del Congreso de Valencia mandándolo al Parlamento Europeo para alejarlo de otras conspiraciones”, dice mi querido Enrique Meneses en “La conspiración de los necios”.

Le dije a mi amiga que -perdida la esperanza de ver una regeneración de la derecha española- empiezo a aceptar la idea de tener en la Moncloa, en las televisiones, en la economía, en la justicia, en la educación, en la sanidad, al actual PP -no han querido ser otro-, porque será lo único que haga reaccionar a la sociedad y reviente de una vez cambiando el sistema. Y es que por algo la UE pospone arbitrar objetivos para mejorar la educación.

Pero no perdamos la sonrisa y la fuerza. Quien no tiene a Messi dispone de un día primaveral para airearse, porque no, con Telecinco no repito.

Actualización 29 marzo

Tan de actualidad el post que, pensando en el atentado del metro de Moscú, repito una de las frases del texto, de Juliard:  “Aprisionada entre Al-Qaeda y Goldman Sachs, dos amenazas diferentes pero complementarias, la democracia tiene el deber de poner los medios para defenderse”.

Mari Luz, su padre y la impunidad.

Juan José Cortés, padre de Mari Luz, -la niña asesinada en Huelva- declara hoy en La Razón: “estos días he oído decir desde las asociaciones de jueces que se ha usado el caso para llamar la atención pública. Utilizar la muerte de una pequeña para que los medios presionen al Gobierno y lograr así sus objetivos, en este caso económicos, me ha puesto los pelos de punta. Es una canallada. Lo sospechaba pero me negaba a creer que todo lo que están haciendo sea una maniobra para plantear públicamente sus pretensiones laborales. Y mi hija muerta por culpa de un error judicial, ¿dónde queda? Hemos levantado la alfombra de la Justicia”.
Olas de cierta solidaridad se levantan alrededor de este hombre dolorido y justo, pero no temporales para derribar la impunidad que nos asola. En el desgraciado caso del profesor Jesús Neira -que quedó en coma tras ser agredido por un hombre al que increpó por maltratar a su pareja-, se dieron todos los ingredientes que indican cuándo una sociedad está enferma. Neira, con todo su valor y honestidad, entra en un hotel para llamar a la policía y detener la paliza. Le persigue el agresor de la mujer y le golpea salvajemente. Nadie en el hotel se mueve para impedirlo. La mujer apaleada no denuncia a su pareja. Dice incluso que es “una bellísima persona” y acude a programas de televisión -de Telecinco, seamos concretos-, cobrando por su miseria y siendo escuchada por espectadores sin escrúpulos -en caso contrario, sin audiencia, no la hubieran contratado-. Pero hay más, el juez deja en libertad al delincuente. Ante la alarma social, creada tan sólo por la respuesta activa de la esposa de Neira que lo denuncia ante los medios, el maltratador es detenido en una playa de Alicante, adonde se ha ido a disfrutar sus vacaciones. Los médicos de la seguridad social de Madrid -varios en distintas visitas- dejan ir sin tratamiento a Neira porque no le practican las pruebas pertinentes. Ni una radiografía, ni un scanner, ni un TAC. El profesor sufre un derrame cerebral. En Octubre de 2007, pocos meses antes, Daniel Oliver, un estudiante de 23 años de Valencia, actuó de la misma forma que Neira. Un hombretón pateaba en el suelo a su novia y trató de impedirlo. Se acercó a defender a la mujer y el hombre le golpeó en la cabeza. El resto de los presentes no actuó. Murió una semana después. Nadie le ha recordado. Ni los periodistas. David y Jesús fueron la excepción en el caos. Actitud encomiable que pagaron muy cara. Algunos más están reaccionando, pero no se ha producido una marea de indignación.
Nos echamos las manos a la cabeza por las chapuzas políticas -muy graves sin duda- pero aquí hablamos de vidas humanas y de poderes que no las protegen, de disfunciones de un sistema, de la pasividad ciudadana. También necesitamos millones de Juan Josés y de Neiras.

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