Aguirre y el espejo de la cara

La tensa sonrisa del botox que detiene el movimiento natural de los músculos. Ironía, desafío, burla, sin embargo en la expresión. Ni una mácula en el caro traje con el que se viste. La mirada es la que lo dice todo: fría como noche de lobos en Siberia. Un punto desalineada. Cínica. Torva.  Huellas de ojeras delatan, sin embargo, algún desasosiego. No es -en principio- el rostro de una víctima. Dice en ABC que “caminamos a pasos agigantados a un paro del 22%” -no en las empresas privadas a las que ha encomendado nuestros servicios, supongo-. Y, en otro titular del periódico, que -a pesar de las abrumadoras pruebas, opongo- (en el asunto del espionaje)… “todo acabará en nada”. Sobre Esperanza Aguirre, la portada del periódico anuncia que regala “Apocalipsis Now Redux”. Hasta los espiados confesos como Alvaro Lapuerta -“criticó algunas adjudicaciones en Madrid porque las creyó sospechosas”, argumenta como sospecha para ser seguido y fotografiado-, la exoneran. Pocos Apocalipsis pues son esperados, en un asunto flagrante que apesta y daña la democracia. Pero ya pasó -casualmente- en el “tamayazo”.

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