Ni bots rusos, ni izquierda radical: el problema es la extrema derecha

Algo muy preocupante ocurre en las libertades de un país cuando muere el Fiscal General del Estado y cunde la inquietud por si algún tweet puede acabar con su autor en el juzgado. Posibilidad nada remota dado que la confirman algunas autoridades políticas. A Albert Rivera, García Albiol y el Ministro del interior Juan Ignacio Zoido les faltó el tiempo para tapar bocas avisando que el gran cuñadismo ultra organizado vigilaba las redes. No iba a haber «impunidad para los delitos de odio» anticipaba, textualmente, Zoido, mientras en un chat de policías municipales de Madrid se vertían insultos y amenazas de extrema gravedad hacia la alcaldesa, Manuela Carmena, Pablo Iglesias –convertido ya en un clásico – y los periodistas de La Sexta Ana Pastor y Antonio García Ferreras. Extrema, mentar la Matanza de abogados laboristas de Atocha en la Transición para lamentar que la entonces magistrada Carmena no estuviera allí o desearle “ una muerte lenta y agónica” es odio recocido en décadas. Lo amplificaron con una serie de loas a Hitler y planteamiento de cacerías a emigrantes. Son una minoría pero  les apoyan una mayoría de sus sindicatos.

Exclusiva de eldiario.es ni un solo periódico español la incluyó este martes en sus portada, cuando sí llevaron en su día a unos pobres titiriteros víctimas del oscurantismo reinante. Poco a poco van haciendo alguna alusión en sus webs. Escriben o callan de lo que interesa a su planeta. Creando auténtica indefensión a la ciudadanía en su conjunto. El juez pregunta a ver quiénes han sido los agentes –que debe resultar de una complejidad notable dado ya el tiempo transcurrido –mientras por mucho menos, por nada, ha habido gente que ha pasado la noche en un calabozo. Cuesta tener que explicar a personas adultas –y demócratas, si es el caso – que la libertad de expresión ampara la crítica a un cargo del Estado aunque haya muerto –tras una gestión reprobada por el Parlamento – y ni eso se han permitido los ciudadanos españoles ante el ojo vigilante del Gran Cuñado. Y que los tweets no serían en absoluto, ni por lo más remoto, equiparables a semejante agresiones y amenazas de servidores públicos, armados.

El contubernio ruso

Es como la teoría de la influencia rusa en las noticias de Cataluña que El País y algún otro medio han abrazado con fruición. Marta Peirano explica en un esclarecedor artículo los mecanismos de lo que no son bots, sino el nuevo mercado del marketing digital que ha contaminado el debate político en todo el mundo. Mercenario, Capitalismo 3.0. Nada más, y nada menos. De cualquier forma hay una diferencia abismal entre los deslices de la familia Trump, con reuniones confirmadas, y la extensión a todos los enemigos de ese poderoso bloque de intereses que lucha por sus privilegios sin freno. La conversación que mantuvo la Ministra de Defensa  María Dolores de Cospedal con un presunto ministro de Letonia, que en realidad era un humorista ruso, dejó bien claro en qué manos estamos. Y la credibilidad de contubernios de tal envergadura. Fue demoledor, categórico.

El peligro es la extrema derecha

Así pues, la España de las esencias ancestrales –el conservadurismo más atroz, la injusticia y la tolerancia a la corrupción- se encuentra sitiada por el norte por los bots rusos y por el sur y este por otros “ atacantes organizados”, según mentes preclaras de gobiernos PP, es decir, inmigrantes que llegan en patera o como pueden. O pierden la vida en el empeño.  Temibles peligros. Tanto como la extrema izquierda radical. ¿No han notado que todo es extrema izquierda radical para estas bellísimas personas?

Ya no se sabe ni cómo llamar a ese conglomerado de medios concertados y los políticos que conciertan al resto de poderes  integrantes de este bloque, a sus huestes en la calle o en la Red, tan sensibles para otros, tan pedernales para sí mismos. El Régimen del 78 les molesta especialmente. Por mucho que se empeñen, el problema mundial es la extrema derecha radical. En Europa ya manda en Hungría, Polonia y Austria, y tiene sentados en el Parlamento alemán a 88 diputados de esa extrema derecha, prima hermana de la que asoló Europa el siglo pasado.

Una búsqueda en Google de “extrema izquierda radical”, nos da 301.000 resultados en su mayoría referidos a España, a la España del PP. “Extrema derecha radical” aporta 468.000 anotaciones, casi todos vinculadas a Europa. Lo interesante viene cuando clicas Alt-Right, la forma que se ha encontrado para blanquear la extrema derecha de siempre: salen 33 millones de resultados. Así que dejen de manipular también con esto.

El viraje español a la derecha es notorio y vertiginoso. Todos los partidos se han deslizado varias zancadas en esa dirección. Ahí tenemos a Ciudadanos bailando fuera del armario del centrismo y la presunta regeneración, tragando a paladas la corrupción del PP. Y al PSOE empecinado en llamarse “la izquierda” por si las dudas de cuanto hace –CETA, pisos de SAREB, devolución en caliente, entre otras –.

Calificando de “izquierda triste” a quien no se suma a la danza de esta coalición de facto, nada progresista, que está mandando en España. El laboratorio del Dr. Iceta redondea la konga en la que caben todos, menos… la extrema izquierda radical. El PP en modo no va más sigue y sigue. Pablo Casado, vicesecretario general, salió este lunes a dar una lección de su ideología inequívoca. No es una excepción, en realidad los miembros de su partido son bastante homogéneos en esto.

Es realmente curioso que esta sociedad que en diferentes grados –– hace ostentación de un españolismo aplastante, del que alardea de sed de venganza y castigo, se autoubique ideológicamente como nos muestra el último barómetro del CIS. La mayoría, el 59% se sitúa en la izquierda, del 5 al 1. Solo un 24,5 se coloca del 6 al 10. El 16,5 no sabe o no contesta en un porcentaje inusualmente alto. Es una tónica en las respuestas, la mayoría no se considera de derechas, y menos de ultraderecha, aunque estemos viendo lo que vemos estos días. Seguro que refleja más la realidad que esa exuberancia rojigualda. Aunque, el mecanismo de relacionar conceptos, ideas con sus consecuencias, base del razonamiento, falla notablemente estos días.

Los votantes de Trump como ejemplo

Analizan en EEUU cómo pudo llegar a la Casa Blanca un ser como Donald Trump al cumplir un año de gestión. A su carácter endiabladamente inapropiado añade que ha metido en su gobierno los intereses de algunas de las más importantes empresas, cuando prometió a sus incautos hacer exactamente lo contrario. Naomi Klein lo llama “golpe de Estado corporativo”. Joaquín Estefanía, de nuevo en un artículo esencial, explica quién sentó al magnate en tan altos destinos: “el voto de los perdedores de la globalización en los Estados del llamado “cinturón del óxido”. Aquellos que por errores anteriores – se convirtieron en trabajadores pobres que perdieron no solo empleos, sino salarios y derechos. Sacúdanse las vendas en los ojos quienes las llevan: España ha llegado ya a ese nivel solo superado por Grecia y Rumanía en Europa. Datos aplastantes que no llenan horas de programaciones y portadas pero no por ello se evaporan como la cordura en esta temporada.  Muchos ciudadanos lo saben y se desesperan por cómo se está alterando el eje de las noticias y de los valores. Y cuanto daño nos está haciendo a todos la España embestidora.

En Estados Unidos “el cinturón de óxido” creó la presidencia Trump.  En España, nos aprietan otros muchos cinturones más: el del textil, el del ladrillo, el de la hostelería mal pagada, el del comercio que se está gestando en burbuja. Pero sobre todo, nos oprimen los cinturones de la manipulación, del abuso, del orgullo de la ignorancia, de la sucia tolerancia a la corrupción, del franquismo que nunca se fue.  Esta derecha tiene poco de aquella clásica de formas y modales y mucho de la mochila pestilente con la que carga. Y sin embargo parece que atrae su hedor y cuanto implica.

Un espectacular viraje a la derecha, visceral y ¿puntual?

Adolfo Suarez sería ahora un rojo peligroso. La Constitución demasiado avanzada, por eso van a ver si la retocan poco y al gusto.  Rajoy, con sus leyes mordaza a la espalda, es considerado por algunos un preocupante centrista. Albiol, Rivera y Arrimadas se han salido del mapa. Por la derecha. Susana Díaz no, se mueve al ritmo marcado. Como José María Aznar. Pedro Sánchez gira como en un vals de mil tiempos.  PNV y Puigdemont y la antigua Convergencia les parecen de izquierdas. Hasta Podemos ha dado unos cuantos pasos laterales, aunque sigue siendo un germen de radicales de extrema izquierda, como todas sus coaliciones, para el pensamiento oficial.  Colau, Rufián, Fachin, izquierda descarnada. Los medios concertados ya son indistinguibles en un camino que parece tener como objetivo emular al mítico El Alcázar. Losantos comparte directrices en El Mundo. Su EsRadio elogia los editoriales de El País. E Inda y Marhuenda son voces de relevancia. Puede que todo influya en una derechización de la sociedad, visceral y por tanto más puntual que de fondo.

Lo que no se comprende en situación tan extrema es que políticos decentes secunden el retroceso de libertades que estamos padeciendo. Una involución histórica ante la que, quienes no actúan pudiendo dar soluciones, se convierte de alguna forma en cómplices. En todos los ámbitos. Ya no admite ni ironías, esta España es un desquicie irritante. Y los no abducidos empiezan a sentir como imperdonables e inolvidables los agravios sufridos.

De la minifalda culpable a La Manada bruta

Vuelta a empezar. Una y otra vez. La lucha de las mujeres por nuestros derechos en España, de las mujeres como tales, brinca hacia atrás al menor descuido. El juicio en Pamplona a 5 sujetos, apodados a sí mismos “La manada”,  acusados de la violación grupal a una chica de 18 años durante los Sanfermines de 2015, parece la continuación de una larga historia. Con algunos agravantes. Ahora el caso se retransmite en directo por todas las pantallas y, convertido en circo, se abre a la opinión de los espectadores. En culpabilizar a la víctima no hay diferencia, es un clásico.

Es tan largo el camino que una se resiste a volver a hurgar en las carpetas archivadas y, sobre todo, en los recuerdos que empujan vivos como recién nacidos en cada nueva agresión. Sí, esto viene de muy lejos, y cuesta encontrar un punto de hasta dónde se remonta. Quizás a aquellas mujeres que empezaban a respirar en derechos y oportunidades, cuando el tajo fatal del franquismo les cortó las alas para atarlas al hombre, a la casa, y a un destino subordinado. Nuestras madres, vuestras abuelas, hasta bisabuelas hay ya. Por cierto a muchas las castraron para siempre, hasta en los genes educacionales que reproducen, otras siempre dejaron encendida la llama de la libertad.

  En una gran elipsis nos vamos hasta la famosa Transición. Todo lo hicimos prácticamente solas. Las gradas del Parlamento estaban llenas de hombres casi en exclusiva. Como todos los centros de poder, todos. Hubo que protestar, plantarse, luchar, insistir, trabajar. Cada una como pudo. Que la mujer adúltera no siguiera siendo penada con cárcel se consiguió gracias al empecinamiento de una abogada de Zaragoza: Gloria Labarta. La doctora Elena Arnedo, entonces esposa de Miguel Boyer, fue decisiva en la aprobación de los anticonceptivos que estaban prohibidos. Tantas y tantas, desde cualquier lugar y cometido, un trabajo de muchas en realidad. Algún hombre lo citó. Antonio Fraguas, Forges, recalcó en un reportaje esa lucha solitaria de las mujeres españolas, lo injusto del desinterés masculino. Y todo lo esencial fue llegando.

  Un reportaje. Hubo unos cuantos. Míos, de otras mujeres, pocas veces un hombre trató el tema. La mentalidad tardó mucho más en cambiar. Porque sí cambió algo. El machismo iba surcando las leyes y la interpretación de las leyes. Así llegamos, en otro salto con pértiga, hasta 1989 –el año de todos los hitos- cuando un juez de Lérida, dicta una sentencia por agresión sexual que supuso un antes y un después: la sentencia de la minifalda.

La sentencia de la minifalda, un revulsivo

Ya no los decía Manolo Escobar que no solo interpretó el «Que viva España», himno indeseado -hasta por su familia- de esa mayoría que se arrastra de siglo en siglo afirmando sus esencias. Escobar advertía que no nos pusiéramos minifalda para ir a los toros, la bestia no solo estaba en el ruedo.  De ahí que la Audiencia de Lérida dictara una sentencia en la que una joven de 17 años, menor de edad, María José, “pudo provocar, si acaso inocentemente, al empresario J**** F******* por su vestimenta” para que el hombre, su jefe, le metiera mano desde el borde de la falda hasta el escote por así decirlo. Le pusieron una multa de 40.000 pesetas, pero la culpa popular fue para la agredida “que iba provocando”.

 No toda. La sentencia causó una reacción notable, un hasta aquí hemos llegado de muchas mujeres hartas de ser castigadas doblemente por despertar la libido -incontrolable al parecer- de algunos machos de la especie humana. Y su cuajo de aprovecharse de su situación de superioridad, jerarquía laboral en este caso.

Solo era violación la penetración vaginal

Otra de las leyes que cambiaron a raíz de poner el foco en el machismo judicial, fue la que consideraba que la violación con coito anal era únicamente un abuso deshonesto.  Años anduvimos oyendo -con sordina bien es verdad por hipócritas remilgos- los ataques a mujeres con todo tipo de vejaciones saldadas con una pena mínima. Y al empacho de saber que solo era violación la penetración vaginal. Solo lo que puede originar una gestación o restar la prioridad de otro varón a la siembra procreadora. La mujer como objeto por todos los conductos. En 1989 se retiró del Código Penal esa distinción. Y en 2003 se incluyó como violación las penetraciones con cualquier miembro corporal -no solo el pene-, básico en las agresiones a niñas.

No resistirse en una violación no es eximente para el agresor

La abogada María José Varela fue otro de los nombres clave. Ella y la Asociación de Abogadas del Colegio de Barcelona impulsaron avances decisivos, como los citados. Varela logró la primera condena por acoso sexual. En 1998. Como quien dice anteayer. Y, previamente, e n 1986, retirar de la jurisprudencia -nunca estuvo en el Código Penal- que la no resistencia de la víctima a la violación sea un eximente para el agresor. Algo de lo que no quiere enterarse mucha gente. Una joven violada en el portal de su casa inició con Varela el pleito porque era discriminatorio, porque a nadie le exigen no resistirse a un robo para ser tenido en cuenta el delito.

Costó que calara, de hecho no lo ha hecho, permanece el estigma. Y seguían las  sentencias escandalosas. La de una chica de 25 años que fue violada por cinco hombres en el Parque Güell de Barcelona -lugar al que la arrastraron desde un barrio cercano-, absueltos porque ella no mostró resistencia, precisamente.  El fallo judicial fue en 1986. Alguno de los acusados admitió la violación y que la amenazaron con una navaja. Le robaron además el bolso. “Temía por mi vida, claro que no me resistí”, explicó ante la cámara. El caso más parecido al de La Manada en Pamplona. Todos los prejuicios aparecieron. Hasta  «la discreta energía con que el varón vence el pudor de la doncella que en realidad desea y consiente», contaba Varela en este artículo, pieza valiosa para entender de dónde venimos. 

El bebedero del perro, un animal muy limpio

En torno a los 90 -y siempre en reportajes para Informe Semamal de TVE-  hablé con casi todas las partes de otro caso flagrante de violencia machista. Salvo con la mujer, con la víctima, que sí se defendió de su pareja mordiéndole un dedo, lo que le acarreó condena a ella. No seguí después si la cumplió. El maltratador, encarcelado, me contó que la tuvo atada, sí, durante 24 horas, y que le daba agua en el recipiente del perro, “un animalito muy limpio, no había que ponerse así”. Luego la cosa fue a más, a mucho más, una brutalidad sin límite.  “Se me fue la cabeza”, creo que dijo. Ella tardó tiempo en curarse de lesiones gravísimas en los genitales, le quedaron secuelas.

La acusación pidió para él la calificación de intento de asesinato, pero el juez sentenció “detención ilegal” y “lesiones”. Un año de prisión menor por la primera, y cuatro por lesiones.  Aprovechó la sentencia para dictar esta otra: “es norma de cultura, al parecer imposible de erradicar, nacida de mitos y creencias religiosas que dibujan a la mujer como formada del único material desechable del que puede prescindir un hombre y que ello define su inferioridad. Todo ello y otras consideraciones similares explican que no justifican estos hechos”, concluía.

El juez mantenía que eran las leyes las que habrían de ser cambiadas. Llegó a estar en televisión respondiendo a la alarma social creada por sentencias judiciales varias en casos de agresión a mujeres. En un plató en donde “cayó sobre él toda la ira de las mujeres maltratadas que no han encontrado justicia en la justicia”, escribió un afamado comentarista de televisión. Año 2002.

El legado

De todo eso venimos. Del lastre y de los esfuerzos por remontarlos. Cuánto se avanzó y a qué velocidad retrocedemos. Pareció durante un tiempo que algo había cambiado en el machismo feroz. Pero tiene una poderosa fuerza de regeneración por la complicidad social. Ahí siguen los empresarios ofreciendo trabajo a cambio de sexo, hasta un político al que ayuda en su campaña una mujer joven, nuevo valor de su partido que luego da lecciones de ética. Siguen las creencias ancestrales basadas en mitos o bulos absurdos. La culpabilización de la mujer por las turbas censoras, reverdecidas de nuevo. La agresión como espectáculo. Indignos opinadores disparando encuestas contra la víctima. Los tribunales que admiten el testimonio de un detective privado que un acusado contrató para espiar a la víctima, para darle otra vez.  Y siguen los machos cada vez más violentos y organizados. Con cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos. La violación como botín de guerra o botín de fuerza bruta.

Otra actitud destaca enfrente. Un cambio notable respecto a otras épocas. Lleva el impulso de tantas otras  mujeres de todos los tiempos, la energía de las alas que nunca les abatieron. La razón que sustenta y reafirma cuando se trata de luchar por los derechos y la justicia. Aumenta, en número y decisión, nuestro querer ser, querer poder.

España ha entrado en una deriva tenebrosa

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Ultras a las puertas de la concentración en Zaragoza. Foto: Eduardo Santos (Podemos)

Creo que España vive una de las mayores crisis de su historia. Han confluido los lastres del momento mundial con los peores genuinamente patrios dibujando un retrato desolador. Algunos arrancan desde los confines del tiempo para llegar a esta instante preciso de explosión. La noticia, aún peor, es que no es el final, por este camino queda mucho dolor por sufrir, mucho deterioro por experimentar. Una crisis que tiene culpables, incluso entre las víctimas. Muchos deberían mirarse en el espejo a ver si se reconocen y reaccionan.

La involución que ha sobrevenido a este país con la excusa de la crisis catalana debería hacer sonar los tiembres de todas las alarmas. Tanto como el retrato deplorable de una parte de la sociedad, irracional y vengativa, que ha emergido. La factura va a ser impagable. Si son de los que prefieren el Viva España que no reconoce como himno ni la propia hija del cantante que la popularizó, pueden seguir tomando el soma. ¿Qué es el soma? Lean. “Un mundo feliz” de Aldous Huxley les será muy instructivo. Mejor aún -más corto y da menos trabajo-, las amargas reflexiones del ex simpatizante nazi Martin Niemöller, autor del famoso “Cuando vinieron a por mí”. Ya han venido, y vendrán a por más, a por los soplagaitas también.

Porque el problema español es la deficiente educación, no la erudita –que también- sino la que enseña a discernir y actuar en valores. Y la que no engulle, a diferencia de aquí, fallos estructurales como la corrupción. Si hay unos cuantos millones de personas, en la calle y en los partidos, a quienes les gusta retozar en el fango, sepan que eso no ayuda a ningún crecimiento. Y que son responsables del daño que infieren a otros conciudadanos con principios éticos más exigentes y del golpe desestabilizador que dan a la democracia.

 Un atentado al Estado de Derecho”, la “corrupción en estado puro»  del PP que aflora en la Gürtel. Así de claro lo acaba de decir en el Congreso Manuel Marocho, inspector jefe de la UDEF, la unidad de investigación de la misma policía a la que aplauden muchos cuando apalea a ciudadanos por orden del gobierno. Marocho afirmó además que sufren presiones y que Rajoy y la plana mayor del PP cobraron sobres en negro. Dinero que se retrae de los derechos de los ciudadanos. Los medios “concertados” con el PP no publicaron nada  de esta noticia en las portadas como una nueva página en la historia de la manipulación. Y RTVE, la televisión pública estatal, lo censuró de su minutado.

Esta política de los medios contrasta con la de gran parte de sus viñetistas que muestran el sentido crítico del que el periodismo está careciendo. De ahí que varios hayan sido despedidos de los diarios en los que trabajan. Un manifiesto con la firma de cien ilustradores denuncia el  #HumorAmenazado

¿Y los partidos que sostienen a un PP en minoría para que gobierne como lo está haciendo? ¿Y lo que supone de caldo de cultivopara múltiples arbitrariedades? El PSOE,  Ciudadanos, nacionalistas varios, ¿Qué explica el apoyo? No cuela ya ninguna excusa o evasión. No, en personas que piensan. El maquiavélico “fin que justifica los medios” se dejó bajo la silla muchos principios. Sepan para quién trabajan y el país que forman.

Tenemos a numerosos dirigentes catalanes en la cárcel. No hagan caso a The Times que los llama “ Los prisioneros de Rajoy” en un editorial, no;  sigan haciendo caso a los voceros del bloque que son los más entusiastas en considerarlo muy justo y respetuoso con la ley.  O a sus tripas que les piden ensañamiento. Y sobre todo, pasen horas en la disquisición semántica de si son presos políticos o políticos presos. Recuerden que a estos ya los han trincado -con las justificaciones que sea-, y que van por más. Y denle un par de vueltas a la idea.

  España no es Turquía, dicen. Pues camina hacia a ella a pasos agigantados. Con presos políticos, políticos presos, por su actuación política. Y sigan desgranando la madeja. ¿A qué viene la intervención de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid por parte del reprobado ministro Montoro? ¿Porque su gestión es mejor y les deja en evidencia? Llevan tres años incumpliendo el déficit.  El Samur y los colegios infantiles, les molestan.  En particular la gestión del gasto (o inversión) en los ciudadanos. Los gráficos claman. Y los detalles. Usar medidas coercitivas y autoritarias como batalla política es sucio. Quien lo apoya, se pringa.

  Se está judicializando la política hasta terrenos abusivos. Plantean querellas desde el Fiscal General reprobado hasta sindicatos policiales hacia compañeros de profesión como el cesado Mayor Trapero de los Mossos o la alcaldesa de Barcelona a quien acusan de “desobediencia”. No hay querella alguna hacia los participantes en la guerra sucia de «Las cloacas del Estado». Hay que volver a preguntarse quién manda aquí y cómo siguen tragando los socios del PP también el paquete de altos cargos que ellos mismos reprobaron.

Llaman a comparecer ante el juez hasta unos jubilados – dice al menos la noticia de prensa– que se sintieron injuriados por ser calificados de «nazis» –sigue diciendo la noticia de prensa- durante una manifestación ultra que cercó la Asamblea de Unidos Podemos en Zaragoza el 24 de Septiembre. Concentración que impidió a los reunidos, más de 400 cargos públicos, salir del recinto durante horas y en la que fue agredida la presidenta de la Asamblea de Aragón. Impunemente. La investigación de los hechos se encuentra en « un limbo legal» que puede acabar en nada y que contrasta con la celeridad otorgada a los denunciantes ofendidos por la calificación de «nazis». Vean en este vídeo el talante de los congregados y sus gritos pidiendo la ejecución de los acosados.

 El caso es que se ha citado –dice la noticia de prensa de El Periódico de Aragón, difundido por gran número de sus colegas- a Alberto Garzón y a Pablo Echenique. A otras personas y también a Javier de Lucas, Catedrático de Filosofía del Derecho y de Filosofía Política de la Universidad de Valencia, y a mí,  según la nota de prensa sin que nadie lo haya confirmado con nosotros . Ni Javier De Lucas ni yo estuvimos en esa asamblea, ni en esa ciudad, ni hicimos otra cosa que manifestar en Twitter la opinión que nos merecía ese cerco. Como otros miles de personas. Como Garzón y Echenique con todo el derecho. Si se va a penalizar la opinión –ya se está haciendo en algún caso- pasamos a otra dimensión. Y si se trata de amedrentar, también.

Ni Javier de Lucas ni yo hemos recibido la citación que afirma la prensa hemos recibido. No sabemos si sus fuentes les han anticipado un proyecto antes que a los interesados o se ha repensado la inaudita admisión a trámite o ni siquiera existe. Y aún he de añadir algo más. Mi profesión no es haber sido transitoriamente, durante apenas un mes, “candidata número de 2 por Zaragoza por Unidos Podemos”. Como independiente, que nunca explicitan. Mi profesión es el periodismo que vengo ejerciendo desde hace casi medio siglo con algunos resultados a constatar. Nunca ser “candidata” es una profesión o el título de por vida y menos cuando ni salí elegida. Algo que no lamento, por un balance de variables, aunque no reniego de aquella experiencia. Ni soy ni fui militante de Podemos ni de ningún partido y no he participado en actividad política alguna desde entonces. No así otros informadores que actúan de claros voceros de algunas formaciones. La ley del embudo siempre es injusta.

Pero parémonos un poco ¿La querella o lo que sea es por tuits o retuits? Ahí tenemos a toda una presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, llamando fascistas a 5 millones de personas. Fascistas, facción Fake Winston Churchill en una cita falsa que se le atribuye. Para ella no rigen las denuncias. Ni siquiera las de corrupción que anegan al partido que preside en Madrid. Cifuentes, eso sí, demuestra su incapacidad para un trabajo en favor de una ciudadanía a la que, según su ideología, desprecia e insulta.

Lo que sí está clara es la guerra emprendida por quienes detentan el poder, tantas veces con trampas –el dinero B es una trampa-  y sus soportes en otros estamentos para mantener sus abusivos privilegios. Se llega a la conclusión del profundo deterioro de la política, el periodismo “concertado” con el poder (en definición ultranatura de nuestra profesión), una parte de la justicia y un sector decisivo de la propia sociedad.

Y a otra más personal a la que, a pesar de múltiples avatares, no había llegado a aproximarme tanto: Es inútil informar a los que no quieren oír, ni ver, ni saber.  Quien no se haya enterado de lo que ocurre, ha tenido tiempo sobrado de hacerlo. Serán ellos quienes deberán explicar a sus familias, a sus vecinos, al resto de sus conciudadanos, por qué nos han traído y mantienen en este lodazal. Sepan las víctimas inocentes a quien se lo deben. Las culpas están perfectamente definidas. España ha entrado en una deriva tenebrosa, que no acaba aquí.

Péguense entre ustedes y recojan sus despojos. La vida es demasiado importante y corta para malgastarla en batallas inútiles, e inútil es ocuparse de la gente tóxica. De la vida, forma parte hacer lo que creemos en conciencia. Informar también, a pesar de todo.

*Publicado en eldiarioes 

Dan miedo

La imagen de furgones de la Guardia Civil, de noche, conduciendo a la cárcel a miembros de un Gobierno elegido democráticamente dio la perfecta dimensión de dónde nos encontramos. Sin juicio y sin condena, solamente por la acusación, y decretando prisión incondicional sin fianza. No por esperada, fue menos impactante. Hubo oportunidad de soluciones menos drásticas, pero se optó por la confrontación. Enseguida -y porque el periodismo funciona, la justicia tiene unas normas, y hay ciudadanos responsables-, nos enteramos de preocupantes entresijos. Quienes se molesten en buscarlos, porque los medios oficiales en general han operado en dirección contraria. Apostando por la Cruzada y ocultando información. Dura contienda por la verdad, de temibles consecuencias que ya vamos viendo.

Fue el (reprobado) fiscal general del Estado, José Manuel Maza, quién nos mostró en toda su crudeza en qué manos estamos en sus respuestas a Hora 25 de la Cadena SER. El vengativo “Más dura será la caída”, con el que tituló el archivo de la querella contra los independentistas, era la tónica mental de Maza, no un desliz. Así que fue desgranando que “bastante paciencia ha tenido el Estado de derecho”. Paciencias, en la justicia. O usó criterios morales como medio de decidir algún alivio de condena: “A lo mejor alguna cosa hubiera cambiado”.

Lo más demoledor, sin embargo, fue esta afirmación: “Los que han criticado que planteemos la rebelión deben recordar que una querella no es un escrito de acusación. No se hila tan fino. Incluye todos los posibles delitos. No afirmamos que haya rebelión sino que es posible”. Es decir, se echa a la bolsa todo lo que quepa y luego el juez decide. En armoniosa coincidencia con Maza, la de la Audiencia Nacional Carmen Lamela. No así el titular del Supremo. Todo esto y más lo analiza Íñigo Sáenz de Ugarte en este imprescindible artículo.  “Lamela les está diciendo a los imputados: vais a pagar por lo que habéis hecho y por el viaje de Puigdemont a Bruselas”, escribe el subdirector de eldiario.es sobre la postura de la jueza. Venganza, por justicia.

Que se trata de un “ Derecho Penal de autor”, como lo define Ignacio Escolar, se evidencia en varios datos más.  Se ha vulnerado “el derecho al juez natural”, recogido en la Declaración de los Derechos Humanos y también en nuestra Constitución. “Es el derecho de cualquier acusado a que le juzgue el juez que le toque por ley, no el que le convenga al Gobierno o al fiscal”, explica el director de eldiario.es.  Y todavía se han detectado más irregularidades.

Frente a hechos que deberían ser del dominio público y sin contaminar con la presunta obligación de decir “algo malo del otro”, nos encontramos con una auténtica campaña visceral, no exenta de elementos más prosaicos e inconfesables como los beneficios de poder y económicos. Marhuenda, tiznada voz del PP, condena, sin juicio, en La Razón: “Prisión por rebelión”. Precisamente por la cuestionada acusación de rebelión que Maza metió en el saco con calzador, por más que se llenen de ella los medios. Se creía que la jueza no lo incluiría en la petición de búsqueda y captura para Puigdemont y sus cuatro consejeros que se encuentran fuera de España, pero finalmente ha optado por pedir para ellos todo el paquete que manejan. Rebelión, sedición, malversación de fondos públicos, todo.

La ofensiva viene de la tecla y de la pluma, de las voces y los gestos. De la más absoluta y rotunda intransigencia. Portadas como las de ABC, aunque ya indistinguibles de las restantes en papel, con esa levadura ultraderechista que les comentaba se les ha colado en el suflé a los españolistas. Un importante número de notables arenga a las masas decididas a ser muchedumbre o plaga justiciera. Sin que quepa otorgarles el mínimo atenuante dado que cada cual es dueño de sus actos. Dan miedo. Seres nacidos humanos acudiendo a insultar a estaciones de tren y aeropuertos a políticos llamados a declarar. Televisiones marcando la cuenta atrás de las comparecencias en un cronometro real expuesto en recuadro, que en definitiva marca los ingresos por audiencia exaltada. Aterra tanta sinrazón, tal inmadurez. Cómo se está imponiendo la ignorancia bruta. Linchamientos que no se depararon a delincuentes de peso, atracadores de lo público. Linchamientos virtuales, de momento.  Da pavor.

Aparecen de buena mañana en radios y televisiones como si hubieran sido motivados por el oficial de tropa para la batalla. Ofreciendo las edificantes declaraciones de políticos en campaña: mano dura y cargo, cargo y yo no fui, estoy por encima del bien y del mal y me lo permiten. No es difícil tampoco imaginar, a tenor de lo que publican, las salas de terapia de algunas redacciones distribuyendo el alivio a las obsesiones compulsivas.  Titulares y artículos delirantes. ¿Pueden imaginar al jefe de opinión de un diario que fue esencial insultando al colaborador londinense de prestigio al que censuró y expulsó? Está pasando.

La sociedad, los medios… y los políticos. Estamos llegando a niveles de desfachatez tan insultantes para la inteligencia como quejarse del ingreso en prisión de miembros del Govern depuesto, tras haber impulsado esa medida. Algunas personas muy sesudas y adultas todavía no entienden al parecer que los actos acarrean consecuencias. Pero ahí siguen, contribuyendo a la causa.

El partido conservador PPCs, bicéfalo ya, opera al unísono con García Albiol y Arrimadas, en el ala ultraderecha, ofreciendo a la implacable líder de Ciudadanos en Catalunya la presidencia de la Generalitat en un hipotético futuro de triunfos soñados. Con el PSOE y el PSC, e Iceta deslizándose por el alambre, un político valioso al que esta sin razón está quemando. Gumersindo Lafuente nos contaba los problemas de esa operación que ya fue ensayada para sofocar el nacionalismo vasco.  La inyección al independentismo que se está dando podría desbaratarles la jugada. Albiol ya ha aportado la solución: « Si ganan, otro 155«. Esto se está sustentando. Y crecen los rumores sobre ilegalizacion de partidos que ya anticipara Pablo Casado.

Dan miedo. Cuantos se dedican a perturbar la convivencia que cabe esperar en un estado democrático. Y es un bloque decisivo. Soy de quienes creen que Rajoy no es Erdogan y España no es Turquía porque no ha pasado el tiempo suficiente. El líder turco también comenzó más pausado. Las leyes mordaza, el nombramiento de tribunales muy precisos, el mantener en puestos decisivos a profesionales con tan poco crédito como Maza o Catalá y el resto de los reprobados, evidencia inclinaciones peligrosas. Y algunas se están confirmando.

Partidos y políticos que apoyan sin pudor este tinglado son altamente responsables de cuanto ocurre. Sí, el Govern depuesto cometió errores, todo pudo ser diferente y la mayoría la pifió, pero eso no justifica el alarmante retroceso en derechos y libertades que lleva camino de instalarse. Algunos jamás podrán reconducir la imagen que se han forjado. El problema es hasta dónde piensan llegar.

E igual y en nivel similar cabe situar a los medios embarcados en la misma operación de conveniencias. El Banco de España anuncia cataclismos económicos, dicen. Por el procés. La violencia de las cargas policiales que dieron la vuelta al mundo, la intervención de la autonomía catalana y el encarcelamiento de sus miembros electos no debe influir. Raro, si eran las “soluciones”.  Por no hablar del fomento de la huida de las empresas que, en efecto, va a afectar a toda España. Pero son así de inconscientes.

Y la sociedad como elemento esencial. Apoyando castigos impropios del siglo XXI por acciones políticas, mientras amparan la involución democrática, la corrupción y los recortes para su vida y la de sus hijos. La sociedad del “a por ellos”, de los insultos, del embestir y no razonar. La que ha descubierto en sus vísceras un fondo de violencia y xenofobia. Hay una ciudadanía, seguramente más numerosa y más positiva para el conjunto pero se retrae. No completamente consciente del peligro que nos acecha a todos.

 Tiene una cierta lógica, humana. Los agitadores y maniobreros dan miedo. Porque es lo que buscan. No solo miedo, preocupación, tristeza,  desconfianza, espanto… vergüenza. Nos levantamos y nos acostamos con esa losa, cuando sabemos que hay gente que sigue luchando por futuros más limpios y razonables. La pugna existe pero no es la que más se ve, y no deja de crecer. Copan el escenario. Y dan miedo, angustia, desaliento. Y, por encima de todo, francamente, dan asco.

El conflicto catalán desnuda la crisis de España

Puigdemont da una rueda de prensa en Bruselas con 7 de sus consejeros, como estrategia de defensa y buscando ganar la batalla de la imagen. En 4 idiomas además, para desesperación de los monolingües. El aguerrido españolismo les llama cobardes desde la barrera. Tras aplaudir con pasión la petición de delitos que, como sedición y rebelión, más parecen decimonónicos. Vivimos tiempos de alta épica y poca racionalidad. Con extremos que se inscribirían incluso en el sainete de no ser por sus dramáticas consecuencias. La independencia de Cataluña ha sido el detonante que permite ver el profundo deterioro del poder y sus valedores. El Régimen del 78 se derrumba y amenaza con arrastrar cuanto encuentre a su paso. Los síntomas son palmarios, nadie ya se molesta ni en disimularlos, a pesar de esa exultante reafirmación que pretende ignorar los fallos estructurales.

Tenemos a un presidente de Gobierno que pasa por ser en los medios un “brillante estratega” por haber convocado elecciones en Catalunya, tras destituciones sumarias, en lugar de enviar los tanques. Al menos de momento. Un Gobierno sustentado en un partido al que la acusación pública considera “plena y abrumadoramente” implicado en la corrupción de la Gürtel. Prepararon el desembarco  desde Abril, sin advertirlo y sin desarrollar el artículo 155. Contamos con un Fiscal General del Estado reprobado por el Parlamento, extremo que ahora ni se menciona. De su nivel de madurez puede dar idea el nombre dado al documento de las querellas contra Puigdemont y Forcadell: “Más dura será la caída”.  Puigdemont en Bruselas ha hecho especial mención del hecho que le han servido en bandeja. En el Govern que enamora a la derecha hay varios ministros del Gobierno central reprobados también. Y la presidenta de allí, vicepresidenta aquí, se ha librado -pese a su gestión incendiaria y torpe del conflicto catalán- por sublimes intereses de Estado. De estado electoral, en la práctica. El maquiavelismo en fascículos hace furor esta temporada.

Las manifestaciones españolistas de Barcelona les han dado la vida. La calle puede ser muy mala o muy buena, según quien la llena. Los medios se han lanzado a una desenfrenada carrera dominada por la opinión, no información, como si se tratara de una cruzada. Igual lo es. También están muchos de ellos en el barco que se hunde. Se leen artículos impensables. A lo más tirado del infraperiodismo le ha salido una dura competencia.  ¿ Saben aquel que diu que independentistas y Podemos tienen “ cerebros de gallina”?

En las concentraciones, van de la mano defensores de la unidad de España, ultraderecha, falangistas, y destacados miembros del PSOE o del PSC, incluso un ex dirigente del PC. Todos caben en la Constitución, nos dicen las crónicas. Menos los soberanistas. Nunca pudieron ni pudimos imaginar llegar a verlos en esas compañías, ese flamear de banderas rojigualdas a su paso, esa sed de triturar al disidente. Su participación decisiva en una involución histórica aprovechando la coyuntura en Catalunya.

Y ya no falta más que la campaña electoral, otra campaña electoral con los mismos tópicos y trampas. Estrategias tan repetidas que estragan a cualquiera que tenga al menos dos dedos de frente. Ese afán de poder, de preservar o ampliar el número de sillas, mientras los problemas se enquistan. No han resuelto nada. Se niegan a entender que Puigdemont y cuanto defiende no quiere hacerse perdonar, ni congratularse con sus opositores, juega sus cartas. Guste o no, es su estrategia. Y ha vuelto a descolocarles. Y le castigan con ineficaces insultos. Andan reivindicando una valentía de torero en la plaza y no la que exige -a otros- vivir entre tantos condicionantes y atropellos consentidos. El independentismo no nació ayer, ni ha muerto hoy. Una sociedad polarizada como la catalana exige algo más de cordura en la resolución de sus conflictos. La política española, tan bonita, está hecha un eccehomo.

El PP, pringado hasta lo indecible, ofreciendo a un xenófobo como Albiol de modelo. Ciudadanos desaforados en busca de mano dura y cargo. El PSOE, inmerso en contradicciones, reivindicándose como “la” izquierda y exaltado por sus periodistas sin medida. Verán,  no es ser de izquierdas abstenerse en el Tratado de Libre Comercio CETA para que salga adelante.  No es de izquierdas  vetar que el SAREB ceda pisos de su stock a un fondo de viviendas sociales.  No es de izquierdas apoyar al PP, ni tragarse reprobaciones y hemerotecas. Zapatero, que empezó bien sus gobiernos,  fue reconducido en años. Sánchez lo ha sido en meses. La de Zapatero representó una potente espoleta de demolición.

El 78 se hunde. Y su más temible enemigo en el conjunto de España no es siquiera el independentismo, es Unidos Podemos, sobre todo Podemos. Seguimos en el mismo bucle. Vivían en su Arcadia feliz hasta que, sin advertirlo siquiera, estalló la indignación. Cualquier periodista que quisiera verlo, se enteró. Venía de atrás, pero la gran estafa fue aprovechar la quiebra del sistema financiero para instaurar un modelo económico y social mucho más duro. La gota que colmó el vaso. Era un clamor, era angustia y desesperación de muchas personas, por eso estalló el 15M.

Nadie quitó el sitio a una izquierda que no lo ocupaba ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros, se enarbolaba como lema esencial. Que se lo pregunten a las víctimas del fraude de las preferentes y las clausulas abusivas que aquellos gobiernos autorizaron y consintieron. Más aún, siguen amparando las trabas a su devolución. Está pasando ahora mismo.

Hicieron abdicar al rey Juan Carlos para tratar de mantener el estatus. Felipe VI, con una buena acogida, tuvo la oportunidad de ser un monarca moderno y cercano a los problemas de los ciudadanos, que no súbditos. Sus intervenciones políticas y próximas al PP le han marcado para bien y para mal.

Es cierto que la sociedad vive momentos de exaltación patriótica. Producto en buena medida, como suelo mantener, de algo tan poco ejemplar como la xenofobia que les inspiran los catalanes. Hasta TVE la fomenta en prime time. Un soufflé que bajará. Las banderas son el contenido que representan. Y se les ha colado una levadura que reivindica, con cánticos al sol, la más negra y perniciosa historia de este país. Ignorados o permitidos, con sin igual irresponsabilidad.

Fuera de extremos tan radicales, se advierte que muchas personas prefieren la unidad de España y el respeto a esas leyes, a que les defrauden con otras normativas incumplidas. Prefieren que les roben y les engañen si tienen sujetos a los díscolos. Ni la deuda pública por las nubes, ni los trabajos precarios, ni el incierto futuro con las pensiones importan si Puigdemont es encarcelado y los catalanes son vencidos y humillados en justo castigo a la actitud que tanto les irrita. Siguen pensando, en definitiva, que PP y PSOE “no les representan”, pero nada es comparable a esa unidad de España que defienden. Una actitud viciada en origen.

Para muchos ciudadanos –y es un tema clave- Podemos, en este momento, no está respondiendo a las expectativas que le otorgaron cinco millones de personas. Es verdad que gran parte de ellas no engullen los mensajes de los medios de propaganda y seguirán votando esa opción. De ahí que continúe en los medios el síndrome obsesivo compulsivo con Podemos y sus dirigentes. Diario. Su postura ha sido a favor de un referéndum con garantías, todo lo demás es mentira. Como la de Podem, a cuya dirección ha desautorizado Madrid a pesar de ello en controvertida decisión. Conflictos tambien hay.  Si Podemos evitara los vicios que lastraron a otros partidos, al menos no carga con pesadas herencias por mucho que les atribuyan hasta la pérdida del paraíso terrenal.

El problema es serio. En distinto grado, se han quemado políticos y partidos, sobre todo lo partidarios de atrincherarse y que nada cambie. No se le ve solución fácil. Lo último, seguir atizando el fuego con potentes cargas de irracionalidad . Más dura será la caída enarbola la Fiscalía del Gobierno, mientras reparte delitos de enorme envergadura. Oigo a Martín Pallín, Fiscal emérito del Tribunal Supremo, decir que criminalizar los votos en un Parlamento debilita la democracia. Es la apuesta de PP y sus socios.  Había caminos menos drásticos. Pero da votos. Aquí y ahora. A ellos y a sus voceros les vale, serán los primeros en ponerse a salvo si el edificio se derrumba. Hay salida pero no desde el toril embistiendo, sino usando la cabeza.

El triunfo de los «A por ellos»

Ninguno de los dos convoyes frenó, aceleraron. Desde el Parlament se aprueba declarar la República Independiente catalana. Por solo 70 votos a favor. Con los huecos dejados en el hemiciclo por el bloque españolista y en un proceso dramáticamente agónico, sin posibilidad de salvación. Los medios se quedan sin habla. Se han atrevido. Aunque fuera un tirarse por la ventana, al río ya, de perdidos. La escenografía del Parlament, de las votaciones, el hecho insólito, impacta. Se enmudece menos al ver el otro bólido que parte desde la Cámara Baja de las Cortes: se lanza el artículo 155 en duro. Los senadores del PP aplauden como si hubieran ganado la guerra. Un minuto y veinte segundos de júbilo y reconocimiento a su caudillo.  La sangre vertida en la contienda, la que está por venir y el estiércol podrido del campo escenario no es sustento de vida.

Todos se mantienen en pie todavía. Muy lejos de rendirse, en realidad. Con las posturas cada vez más enfrentadas, más enconadas. Catalunya esgrime los dos millones de ciudadanos que pedían derecho a decidir y no van a evaporarse. A quienes quieren independencia total y a quienes no la desean ni en sueños. Rajoy, como presidente de la Generalitat de facto, ha anunciado elecciones inmediatas y la disolución del Parlament en consecuencia. «He decidido», «he disuelto», ha dicho. Serán el 21 de Diciembre. El presidente ha comparecido tras el consejo de ministros que ha cesado a Puigdemont, todo el Govern, el Mayor de los Mossos  y el director general de la policía autonómica entre otros cargos.  Después ha delegado en la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría el control y dirección del gobierno catalán.

Rajoy atribuye todas las culpas a Puigdemont. Como los grandes medios y periodistas. Dice que “estamos ante una violación palmaria de las leyes, y esto tiene consecuencias». No políticas y veremos si judiciales para un partido imputado por corrupción con acusaciones tan graves de la fiscal como que “está plena y abrumadoramente” probado que el PP se financió con una caja B procedente de la corrupción de Gürtel. Quienes creen que no toca hablar de esto, se equivocan: toca, está relacionado. El presidente afirma también que «este proceso ha servido para desenmascarar mentiras» y en eso no se puede estar más de acuerdo. Cayeron todas las caretas y todos los disfraces, para mostrarnos la descarnada verdad que vivimos.

La irracionalidad e irresponsabilidad abordando conflictos reales y serios. Se han elegido las peores armas: la fuerza, embestir, aplastar. Pocos países más dados al enfrentamiento entre compatriotas, lo recordaba un comentario en otro artículo anterior. Grandes dosis de desarrollo se han perdido por esta causa. No hay más, se ha dicho todo. Cada cual ha elegido bando y arma. Compañeros de viaje, ataques y defensas. Vendas para las heridas o para tapar los ojos. La razón sigue en la retaguardia en buena parte.

Es curioso cómo acude a la mente el lenguaje bélico al abordar el tema catalán y los problemas de mayor envergadura aún –sí-  que se están enmascarando. Las pasiones están haciendo perder significado a palabras rotundas que ya no pueden albergar lo que sentimos. Todo es fascismo y su contenido se devalúa. Golpismo también se usa a discreción y no en sus acepciones correctas. Verdad y mentira son otras señaladas víctimas de este procedimiento. Todo depende de la óptica con la que se mira.

El reparto de responsabilidades no es simétrico, igual nunca lo es a pesar de cómo se piden a gritos equidistancias. Están ganando los “A por ellos”, probablemente por su número muy superior, por su cohesión ensamblada en diferentes intereses o presiones, por sus apoyos poderosos. Lo hemos llamado de varias formas. En mi caso, el Régimen del 78 atrincherado, los que se autodenominan constitucionalistas a pesar de aquello del 135. Coincidimos en la composición: bipartidismo extendido, con la Corona, los poderes económicos, parte de la judicatura y empresas de comunicación convencionales. Frente a ellos más que independentismo, incluso en Catalunya, es lo que se opone a su poder hermético y resistente al mínimo cambio o evolución. Otros han querido ver la guerra contra aquella sociedad indignada que emergió el 15M.

Y en su lugar tenemos ese resurgir de un nacionalismo español que, como todos, no puede ser más simbólico, banderas ondeantes, sentimientos de aglutinación per se. Como todos. Europa se fue al traste,  el mundo, por otro período de parapetarse en fronteras y soñar con expansionismos imperiales que culminaría en la II Guerra Mundial. Los “oe”, previamente abandonados, andan aupando ahora gobiernos de ultraderecha populista, demagoga para entendernos, en la UE y ya tienen colocado a su Trump en Estados Unidos. Se desgañitan destacados republicanos por los niveles de degradación y mal gusto a los que el presidente ha llevado a la Casa Blanca. Una encuesta entre oficiales del ejército, del ejército, repito, considera que es desfavorable a los intereses norteamericanos. Pero gran parte de sus votantes le siguen ciegos todavía y, por su Trump, “matan”. La realidad no importa ya, ha sido sustituida por lo que se siente o se cree.

Resaltaba Ignacio Escolar que los partidarios de la mano dura, los “a por ellos” españoles, son votantes del PP, de Ciudadanos, y también en parte del PSOE. De ahí su apoyo al “indecente” Rajoy  como le llamó Pedro Sánchez. Algo ven también en Podemos, según opinaba el director de eldiarioes, que se ha reflejado en comentarios de Bescansa o Espinar  sobre la idea de España. El triunfo de este sector, tan visceral, de la sociedad lleva a reflexiones preocupantes.  Su concepto de patria es muy particular.

Según el equidistante Aristóteles la oclocracia es la degeneración de la democracia. Y estamos hablando ahora de oclocracia. Basada en xenofobia, además. Los catalanes despiertan un odio desmedido y furibundo en numerosos ciudadanos del resto de España. Solo quieren victoria sobre ellos con humillación, de ahí los aplausos de sus representantes más precisos: los senadores del PP.  Ése no es sustrato democrático para que crezca nada. Sano.

Los datos del futuro inmediato condicionan un presente demoledor. Catalunya intervenida. Rajoy, dotado de poder absoluto, triunfante bajo el amparo de la legalidad de la Gürtel. Con su abandono de los desfavorecidos. El PSOE dándole apoyo imprescindible en su andadura, su autoritarismo incluido. Rajoy ha hundido al PSOE de Pedro Sánchez dicen hasta informadores progresistas. A cierta edad, más allá de 16 años, las responsabilidades de los actos son plenas. Nadie ha obligado a Sánchez a cargar con este conglomerado. Hace tiempo que está muy clara su ubicación y sus intereses, por mucho que le duela a la izquierda nostálgica. Ciudadanos nació para eso. Unidos Podemos anda un tanto desmarcado y desdibujado en un momento crucial.

Lo cierto es que poco queda por hacer. Son errores históricos que nos van a diezmar a todos. Peor que lo malo visto, es lo pésimo por llegar. Varios voceros del grupo reivindican ese nacionalismo español de Manolo Escobar, su carro y su romería, y el cantar de vivas que siempre se oye así pasen los años como si fuera El Mesías de Händel. Tenían que plantar cara a La Estaca de Llach, con un desconocimiento abyecto de nuestra historia y cultura.

La intervención de Cataluyna sí es volver 40 años atrás, o más. El desprestigio que se han labrado los ejecutores intensifica la impresión. El triunfo de los embestidores nos involuciona a todos. No sueñen con gobiernos de izquierda, ni de centro izquierda. Piensen más en libertades constreñidas. Y en riesgos para ejercerlas. Pudo ser de otra manera y no fue. Por intereses. Puede ser de otra manera y parece que no lo será. Al menos hasta que los jóvenes con trabajos precarios o emigrados, los descartados de cualquier edad, o los ancianos de pensiones menguantes, miren la realidad bajo los discursos caducos.

Bajémonos del carro y la peineta de una vez, y busquemos los caminos en los que durante décadas, siglos, se perdieron las buenas intenciones, conquistados una y otra vez por los demonios. Los del poeta Gil de Biedma por ejemplo. Si siempre, de todas las historias de la historia, la de España acaba mal es, porque extenuado de luchar contra ellos, el pueblo termina encargándoles el gobierno y la administración de su pobreza. O acudan a otro poeta, Salvador Espriu, el que siempre se quiso ir a nortes  mucho más arriba y más racionales. Superadas las recriminaciones de los hermanos de la congregación, se quedó, porque al final nos tira esto.

Acudan a quien sea, pero no a manipuladores y aprovechados, mediocres de medio pelo. A quien eleve algo el espíritu y nos haga creer en futuros mejores que esta desolación de hoy.

*Publicado en eldiarioes

Un país de carceleros y censores

Vivo en un país en el que miles, millones de personas optan por el golpe y la mordaza en la resolución de conflictos. O cierran los ojos para no verlo.  Un país de carceleros y censores para castigar a ciudadanos como ellos, más pacíficos, solo por no compartir sus ideas. El aplastamiento como medida de diálogo. La mirada de embudo como norma. Porque no cuela esgrimir la ley como argumento cuando se vive en un país en el que miles, millones de personas, votan corrupto y apoyan corrupto, o siguen mirando para otro lado cuando la corrupción les sube hasta la boca.

Todos los argumentos parecen sobrar ya, todos se han dicho, y cada cuál escoge el que quiere creer. Incluso el que le sirve para justificarse. Solo queda apelar a la razón de los sentimientos y a la razón de los valores. Las heridas abiertas no se van a curar en mucho tiempo, si lo hacen. Brechas profundas que duelen. Tenemos el corazón roto. No como quienes sacan partido del mayor de los quebrantos. Los que “no querían hacer”, pero han hecho. Los que tiran la piedra, esconden la mano, y ponen expresión de correctos. Un dolor que alcanza a todo sufrimiento, a los temores extendidos en una población indefensa que teme al futuro.

La torpeza de la sinrazón. En la economía también. Quienes alientan la marcha de empresas de Catalunya, deberían saber que afecta a España entera. Y que los grandes patriotas de la priorización del dinero se irán a otro país si vienen mal dadas. Quedarán aquí sosteniendo el bastión quienes se muestran incapaces de sacar conclusiones de los hechos que se muestran diáfanos. En una secuencia clara y rotunda.

El artículo 155 aprobado por el Gobierno y consensuado con PSOE y Ciudadanos, ofrece dudas jurídicas suficientes como para ser tenidas en cuenta. Un buen resumen es el de Joaquín Urías, ex-letrado del Tribunal Constitucional, que cuestiona las principales medidas que se prevén.  Considera que la opción adoptada por Rajoy puede ser “una carta blanca para usurpar las competencias de cualquier comunidad autónoma con la que discrepe”. De hecho ya llegan nada sutiles amenazas al País Vasco, por las críticas del presidente Urkullu. A Castilla-La Mancha y a Navarra.

Sumemos la comisión del Senado que concretará las medidas. Con personajes tan ejemplares como Arenas, García Albiol, Imbroda o el propio García-Escudero mentado en los Papeles de Bárcenas y declarante como testigo en la Gürtel.  El Gobierno, además, trata de evitar que las medidas más duras se debatan en el Congreso donde tiene oposición molesta. De acuerdo con el PSOE,  han prescindido en el debate de los presidentes autonómicos.  El ministro portavoz Méndez de Vigo no excluye la aplicación de la violencia para imponer lo acordado, mientras reedita la  Formación del Espíritu Nacional en los colegios.  El de Exteriores, Dastis, tras hacer el ridículo en la BBC, emprende gira internacional para convencer de la versión del Gobierno. El reprobado fiscal del Estado piensa en detener a Puigdemont, y el reprobado ministro de Justicia, dice que ya no basta con convocar elecciones desde Catalunya. El 155 ha partido ya. El esperpento también.

Todo lo secunda el PSOE. Sin su participación no se otorgaría Rajoy poder absolutoen Catalunya. Ahora es un sí a Rajoy, y se apoya  al “no decente”. Hemerotecas llenas de cambios de opinión del secretario general del PSOE para terminar siendo cooperador de medidas tan extremadamente autoritarias, este es el punto que más chirría. El PSOE tiene una responsabilidad histórica en los hechos, y algunos socialistas se lo plantean. Inés Arrimadas, de Ciudadanos entretanto, se postula para presidenta de un Gobierno de concentración por el artículo duodeno, en este caso.

El bloque del 155 cuenta con el apoyo de Europa. La UE que mantiene a Grecia sometida y expoliada por los ominosos sucesos de 2015, cómo va a aplaudir que se abra el melón de las independencias. Con Antonio Tajani a quien se trajeron para recibir el inmerecido Premio Princesa de Asturias de la Concordia a esa UE que deja morir a cientos de refugiados, y para politizar el acto. El cofundador de Forza Italia con Berlusconi sabe de cambiar y usar las leyes, no cabe duda.

Y los medios.  Gonzalo Boye explicaba que la toma de la radio y televisión catalanas solo responde al autoritarismo de Rajoy, no figura en el artículo 155. La toma de las comunicaciones figura en otros manuales, de hecho. Y es una pura obscenidad que los autores de la descomposición de RTVE argumenten que, en sus manos, darán rigor y veracidad a los medios públicos catalanes.

Silencio de las asociaciones de la prensa, de múltiples periodistas que muestran sus retratos completos en las galerías de este desastre, con sus comprensiones y parabienes. Las heridas, insisto, no se curarán en mucho tiempo, puede que nunca.  Y, a la par, las pirañas mediáticas haciendo caja con sus más vomitivos montajes y obsesiones. Vivo en un país en el que decenas, cientos, de ciudadanos se las tragan y las expanden en memes.

Solo la somera enumeración de estos hechos fundamentales da idea de qué se está dilucidando en España. Cuáles son los peligros, cuál la relación entre este recorte de derechos y libertades y las deficiencias que nos atenazan. Corrupción y gestión de abusos. La Fiscalía en sus conclusiones asegura que Gürtel creó «un sistema» para delinquir con ayuda de cargos del PP. Y no pasa nada.  La luz dispara su precio y logra en el inicio de semana el récord del año. A pagar por ricos y pobres. Y la economía “va tan bien” que llegan generaciones perdidas, con pensiones mermadas y trabajos precarios, como explicaba Joaquín Estefanía. Todo cabe bajo la bandera. Todo compensa si se castiga al catalán. Hasta por decir “adeu” y no adiós, exponiendo el torpe y reducido mundo de su ignorancia.

Negros nubarrones en el futuro. Como escribía Suso de ToroEl Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos. Con un penetrante olor a franquismo, a inmoralidad, a intereses espurios. Todos en el mismo barco, con el Rey que -a diferencia del  jefe del Estado portugués, electo, por ejemplo-, poco parece tener de cercano, dialogante y solidario.  La izquierda tiene reservado el derecho de admisión. Cualquier discrepancia, por el camino que vamos.

Blanes, Girona
Blanes, Girona

“Y si te toca llorar, es mejor frente al mar” cantaba Joan Manuel Serrat en uno de los cortes de su mítico álbum Mediterráneo, de 1971. Inmenso manto de calma para una zozobra que se extiende sin ver el límite. En un montículo de Blanes, Girona, ondea una señera. Algunos ciudadanos suben a mirar más alto. No sé si logran el objetivo. Vivo en un país en el que miles, millones de personas,  prefieren ser utilizados y optan por quienes les quitan el futuro a sus hijos, una vida digna en medios o sus pensiones. Claro que también vivo en un país en el que miles, millones de personas, no valoran seriamente la democracia. Ese lastre secular con el que cargan los demócratas españoles.

El egoísmo como motor de vida se ha exacerbado estos días de incertidumbres y miedos. Vivo en un país con miles, millones de egoísmos unidos por esa bandera de patria. Aunque tantos lo hayan olvidado, aquella canción de Serrat concluía con la sentencia más certera: « Los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio».

Un salto al vacío en otro tiempo y lugar

«Rajoy y Pedro Sánchez pactan que las elecciones en Catalunya sean en enero».  Un titular impactante -no inesperado- que mostraba en toda su crudeza la realidad: los partidos de un bipartidismo que nunca triunfó  en Catalunya deciden convocar elecciones, en la mejor demostración de una anomalía que no se resuelve por la fuerza. No en tiempos de cordura.

Luego han venido los desmentidos paternalistas del PP, hay acuerdo pero el PSOE se ha ido de la lengua, no tocaba contarlo. Mejor este sábado. Ha sido la exministra del PSOE Carmen Calvo en un periplo de entrevistas. Hablando de un acuerdo entre Rajoy y Sánchez. Ciudadanos ha salido a corroborar que no tocaba y que también están en el ajo. Nivel política española. De todas las españas.

«Me parece que estoy en otro tiempo», me dijo una chica muy joven y con honda expresión de tristeza en la plaza de la iglesia de Lloret de Mar, Girona. Un pueblo volcado en el turismo, sin más. Y, aún así, velas encendidas y doblar de campanas para pedir la libertad de dos líderes independentistas recién ingresados en la cárcel, acusados de sedicion. Hay muchos otros vecinos que «piensan primero en su casa, su familia y sus vidas», explican. Y en otros muchos pueblos y ciudades, de Catalunya y del resto de España. Como si esto no fuera con su casa, su familia y sus vidas.

La confrontación ha ido demasiado lejos y se advierten peligrosos signos de un deterioro grave de la convivencia democrática. Personalmente, me sobran las fronteras y si las hay no me detienen,  pero aquí estamos hablando de justicia, de derechos, y de intereses. Volvamos al comienzo: algo anormal ocurre cuando deciden en una comunidad partidos que no ostentan ni de lejos la mayoría.

Lo peor es todo lo que se está llevando la guerra contra el enemigo común. Y todo lo que está trayendo. El enemigo común por supuesto es Catalunya, todos los catalanes, menos algunos tolerados por su españolidad. Y en la guerra todo vale, desde faltar a la verdad a obviar los graves desajuste que siguen su curso tapados por las crónicas de la gesta. La corrupción, la Gürtel, el nuevo récord en pobreza infantil, el aumento de los desahucios. Todo queda amparado y justificado por la contienda.

La mano dura, como sed de violencia. La exaltación del nacionalismo de fachada. Educacion inicia el programa escolar de adoctrinamiento en bandera, himno y defensa de España, nos dicen. Ojalá fuera en decencia, respeto, cultura y lucha por el bien común. La normalización de la ultraderecha, con múltiples evidencias ya. Este viernes TVE daba dos días más tarde la noticia del acoso ultra a la vicepresidenta de la Generalitat valenciana Mónica Oltra justificando el porqué a modo de portavoces: «la acusan de apoyar el independentismo». Dos días más tarde para poder equiparar este ataque de extrema derecha a las protestas recibidas por el líder popular García Albiol.  Los bandos están marcados y encendidos. Las heridas que esta sin razón deja hasta en familias y amigos ni siquiera se han tenido en cuenta.

Todos nos hemos dicho todo ya acerca de cómo se cambian las leyes en el tiempo de tomarse un café o es imposible cambiar las leyes, de la legalidad o ilegalidad de distintas acciones emprendidas por ambas partes, lo que queda son las pasiones y los intereses.

En el fondo, vuelvo a insistir, desde el lado prioritariamente españolista, «constitucionalistas» según su autodefinición, régimen del 78 atrincherado para entendernos, se trata de mantener su hegemonía, quizás su supervivencia. La gran prueba es el papel del PSOE en este conflicto y sus prolegómenos.

El multipolar Pedro Sánchez, que tantas caras ha venido ofreciendo, ahora está en modo hombre de Estado firmando acuerdos con Rajoy de la envergadura de aplicar el 155. Se atreve a convocar elecciones en una comunidad donde tiene un papel menguado y menguante como el del PP. Y abre la posibilidad, según su negociadora Carmen Calvo, a controlar instrumentos de la autonomía catalana: los Mossos o TV3 para abrir boca. Se dice pronto. Y aún se felicitan con aquello de «menos mal que estábamos allí, si no hubiera sido por nosotros»…

Igual que el empecinamiento, sobre todo en ese sector, de afirmar con vehemencia que los independentistas encarcelados son solo políticos presos. Son políticos presos por hacer cosas de políticos, sáquese la deducción lógica. Amnistía Internacional ha pedido su liberación. Y no lo hizo  por los corruptos  de Islandia. Lo mismo que meter en un saco a todos los independentistas, todos no son autores de vídeos rocambolescos.

El PSOE sabe que cuenta con la fidelidad de antiguos soportes que creen seguir viviendo de los réditos del 82, hoy dilapidados, y que aún citan artículos o editoriales de El País como valor de referencia. «La Prensa Libre acorralada», tocaba difundir este viernes, en inglés, desde el propio rotativo de PRISA.

El problema es cómo van a repartirse entre PP, PSOE y Ciudadanos ese voto conservador poco escrupuloso, según estamos viendo ahora mismo, con irregularidades tan serias como la corrupción, el autoritarismo, la promoción de las desigualdades, la bajada a mínimos históricos del gasto en educación y sanidad en España que acaba de presentar Montoro y todas sus consecuencias. Cuesta creer que un partido nominalmente de izquierda haya unido sus destinos a ese paquete.

Es evidente que unas elecciones en medio de esta crispación pueden dar resultados totalmente alterados. Los autores del acuerdo parecen confiar en que sus posturas en este caso les favorecerán. Es lo que importa. Difícilmente en Catalunya, sin embargo. Salvo que sucumban a la tentación, ya enunciada, de prohibir programas independentistas. Sería otro desbarre.

Este compacto grupo se encuentra tan lejos de la realidad como para montar un festejo de alto copete en Asturias y dar (entre premios muy merecidos) el de la Concordia a la Unión Europea. Una UE en sus peores días por el trato a los refugiados y por el aumento de la ultraderecha xenófoba. El rey Felipe VI ha aprovechado la ocasión para apoyar tacitamente la aplicación del 155. Igual que el presidente del Parlamento Europeo que recogió el premio, Antonio Tajani, cofundador con Berlusconi Forza Italia. Su  vibrante discurso político puso al auditorio y autoridades en pie.

«Por qué este deseo de humillar y machacar si tanto nos quieren retener». Esta es pregunta fija por Catalunya. Y el recuerdo de los aciagos días del franquismo. La chica que creía estar viviendo en otro tiempo es quien puede estar dando la clave. No es necesariamente del pasado, sino de un tiempo que se abre en el que todo sirve y cualquier valor se pone en entredicho y en subasta. Ni es solo de Catalunya de quien hablamos.

 

Las columnistas

Desde este miércoles se está celebrando en León un congreso de columnistas, planteado inicialmente con polémica. Todos los ponentes eran en un principio hombres. Ante las protestas y dado que lo organizan con una subvención de 11.000 euros del Ayuntamiento, además de otros patrocinios,  han incluido a 5 mujeres de muestra.  Y en la proporción profesional e ideológica del conjunto.

El programa se inicia con Jorge Bustos, recién nombrado jefe de opinión de El Mundo. Se apresuró a defender al organizador, su joven amigo Garabito, que habría sido “objeto de un escrache por no guardar la debida reverencia a la perspectiva de género”. Bustos emplea expresiones como “el despreciable espécimen del feminista predador”, no nos podemos llamar a engaño. El congreso cuenta, a pesar de todo, con columnistas interesantes. Manuel Vicent y Ángel Sánchez-Harguindey, de El País, lo son de forma incuestionable. Lo mismo que Raúl del Pozo y Lucía Méndez, de El Mundo. Y, sin duda, con algunos otros. Pero quizás sea oportuno aprovechar la ocasión para hablar del columnismo en España. Y de lo que implica que  se relegue la opinión de las mujeres.

Por supuesto, la opinión es opinable, pero tiene unas reglas. Debe estar fundamentada, es periodismo, y ha de separar los hechos del juicio que le merecen a quien escribe. El profesor Ignacio Sánchez-Cuenca firmó uno de los mejores análisis que se han formulado sobre los columnistas en España. El declive de las “grandes firmas” llega cuando la crisis exigía conectar con los problemas cotidianos y salir del “tema nacional” que les priva. Viejas glorias sobre todo, y nuevas, con ideas superficiales y frívolas, escritas en tono rotundo y prepotente. La obsesión por confundir su moral privadísima con la moral pública . Se documentan poco, a diferencia de los grandes columnistas internacionales, y aportan perspectivas estrechas. La desfachatez intelectual, llamó a su estudio Sánchez-Cuenca, que desde luego no se puede resumir en cuatro frases.

En el crítico momento que vivimos, se incrementan columnas a modo de saco de entrenamiento para boxeo. Esa desesperación de múltiples opinadores que golpean y golpean al enemigo -político generalmente- hasta quedar exhaustos. Siempre a los mismos sujetos de sus obsesiones, reyes que los destronaron, culpables de todos los males. Quien se anime a ello podría hacer una tesis doctoral. 

Y la mujer casi ausente. Un 5% de firmas femeninas fijas detecté en El País en sus tiempos de mejor periodismo. No se ha cambiado mucho. Ni en el resto de los medios. La presencia de la mujer en las columnas siempre es notablemente menor a la del hombre. Y lo mismo ocurre en las tertulias de televisión donde solo son “la muestra” también, en la mayoría de los casos. Con suerte. A pesar de reiteradas críticas, hay veces que la mesa de debate está compuesta solo por hombres. Especialmente si han de abordarse “asuntos serios”.

No hace tantos años que, hasta para cantar las bondades de una lavadora, utilizaban una voz masculina. No en la famosa escena del sofá de los primeros anuncios, sino en las locuciones mucho más tarde. El hombre como voz de confianza. Poner voces femeninas -incluso en lo que aún llaman algunos trogloditas “labores propias de nuestro sexo”- hubo de hacerse con mucha prudencia y poco a poco, explicaban los publicistas.

A la mujer se la considera experta en “sus cosas”. Solo. Si se trata de buscar una información fiable en reportajes, entre una catedrática y un catedrático, una científica y un científico, se suele elegir al hombre a quién se le supone más autoridad o conocimiento. Varios estudios detallados cifran la proporción en tres hombres por cada mujer, y eso desde hace apenas un par de décadas, antes era raro, prácticamente no existían.

Tiene consecuencias no contar con suficientes mujeres entre los creadores de opinión, aunque lo apropiado es decir en generadores de reflexión. Así debería ser. Relegar a la mujer influye en los cambios, en la involución social. Se da por hecho que tenemos un papel secundario, se priva a la sociedad de voces cualificadas y se consolida la discriminación que, como todas, es injusta. Se marca un modelo, ese modelo.

Este congreso de columnismo, ya el segundo que celebran, cuenta con el patrocinio de la Fundación Francisco Umbral. Y eso explica todavía más su inspiración. Umbral era un columnista brillante y un hombre tortuoso. Un machista eminente. Abro comillas:  Rubia y concienzuda, con buen cuerpo y mala voz, puntual e indiferente, guapa y sin mensaje. Rosa María Artal es la nueva locutora del último telediario. Así como con Rosa María Mateo y Victoria Prego se ensayó la mujer/mensaje, la noticia caliente, la cosa con Rosa María Artal (pecho caído, hermosura tranquila, ancha paz) parece que va a ensayarse la hembra como medio sin mensaje”. Y así seguía durante toda la columna y otras columnas. “Virgen de noticias, patrona de los desinformados”. Paradójico, realmente paradójico, pensé. Dado el renombre de Umbral, durante unos meses, años, en todas las entrevistas me preguntaban: “¿es usted fría?”

El colofón fue cuando su esposa, la fotógrafa María España, y la periodista Pilar Eyre, me hicieron un reportaje con una foto rompedora que me aconsejaron. En medio del Paseo de la Castellana, en la línea divisoria entre los dos sentidos. Sola ante el peligro, con una entrevista comentada en tono jocoso a la pobre tonta, moza aguerrida, gacela de no sé, con la que “les ponían los cuernos un poco cada noche sus maridos”. La entrevista es otro manual de machismo, del hecho por mujeres. La gacela, cazada.

Así crecí, que diría Labordeta. Y crecimos. Siempre obligadas a un doble esfuerzo por ser mujeres. Para muchas de nosotras es la historia de nuestra vida, en cualquier actividad. Hoy como ayer. La memoria vuelve a los orígenes de tantos males, de tantos falsos mitos, de tantos renglones torcidos, al saber del peculiar congreso. 

Ahora, aunque en número desproporcionado e insuficiente, somos muchas más las columnistas. Sin causar rechazo más que en machistas recalcitrantes. Qué bien es verdad  se han soltado el bozal al hilo de las impunidades. Es vital persistir. Más en la senda de la marcha atrás que se ha impuesto en todos los campos y que habrá de revertirse imperiosamente. Las mujeres no podemos consentir quedarnos fuera. La sociedad no debería permitírselo a sí misma.

 

EspañaLand

Son días de fuego. De distinta estructura y la misma huella devastadora. Apenas amainan, hasta la próxima ocasión, los que encendieron Galicia y Asturias al unisono. Las llamas como amenaza incontrolable. El humo, el penetrante olor a quemado, en tristeza que anega los pulmones. La tierra quemada como balance. Es la vida real, una parte de la vida real de esta España que se basta a sí misma para definirse, o para aportar datos que la concreten.

Las redes sociales también “arden”, siempre lo hacen en el decir de los ajenos. Y las calles y los teléfonos y los inefables e infalibles en lo suyo WhatsApp. Buscando culpables. Los hay. Prevención y medios no pueden escasear ante problemas de tan graves consecuencias. La reforma de la Ley de Montes igual no influye directamente pero no se cambió con la mejor de las intenciones sociales. Pero luego la imaginación se desata. Brigadas en moto prendiendo árboles con combustible y cerillas. ¿Será un sabotaje? ¿Un atentado? Hay quienes han especulado incluso con yihadistas recorriendo las escarpadas vías del norte para encender fuegos en lugares estratégicos. La impotencia produce monstruos.

Donde sí campan los pirómanos es en la España que mira a Catalunya. La que la mira mal. La que no la traga. Déjenme que comience con las reacciones del populacho que también “arde” enardecido presentando armas allí donde se requiera su opinión. Hasta algunas pizzas de Mercadona sufren condena por estar elaboradas en Catalunya. Gentes que no han movido ni el meñique de un pie por defender sus derechos propios, los de sus hijos, los de sus conciudadanos, se dejarían la vida por castigar al osado rebelde al que hace tanto le tienen ganas.

El palco huele la sangre y en particular los aplausos que se traduzcan en votos. Y así, en la larga senda de la confrontación, la Audiencia Nacional actúa contra los líderes independentistas de ANC y Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart  y los manda a prisión incondicional sin fianza. Acusados de un delito de sedición. Y en el número y día que se comentó en los corrillos de la recepción en el Palacio Real el día 12. Lean el artículo de la abogada Isabel Elbal para calibrar en qué ámbito de excepcionalidad se está moviendo la justicia. Y reparen en los medios.  «Encarcelados los promotores de la revuelta separatista en Catalunya» sentencia -tal cual- El País entre otros. La calificación de «presuntos» ha quedado para las tropelías financieras de los notables.

El ingreso en prisión a los líderes independentistas ha producido un  impacto demoledor. En la sociedad catalana que lo manifiesta con estupor, paros y caceroladas. El Ayuntamiento de Barcelona ha suspendido dos días la actividad institucional en señal de protesta. Todos los partidos, salvo PP y Ciudadanos, lo han condenado. Incluso el PSC de Miquel Iceta que parece ignorar las consecuencias de apoyar la estrategia del PP. Albert Rivera actúa de gendarme  y exige  al PSOE de Pedro Sánchez retirar esa condena. Sánchez sigue decidido a colaborar con Rajoy.  Hasta ha liberado sine die a Soraya Sáenz de Santamaría  de pedir su reprobación. «No tendrán más remedio» que restar libertades a los catalanes. El fantasma de José Bono delira en los platós.

Se mueren por aplicar el 155, como mínimo. Hemos entrado ya en la subasta y reparto. Hasta de terrenos y empresas. Un ser como García Albiol que el PP ha puesto para representarle en Catalunya se ha pedido la educación -un puro oxímoron- y los Mossos. Albert Rivera e Inés Arrimadas quieren la presidencia. Elecciones, elecciones, repiten en su recorrido por los medios. Él anda en dura competencia y se le arruga el gesto, la ambición gélida de Arrimadas le supera. Toda esa derecha está  por ilegalizar ideas independentistas. Las elecciones quedarían adhoc.

Y así Mariano Rajoy recupera el Imperio y se dispone a colocar un virrey en Catalunya. Contaba el periodista de La Vanguardia Enric Juliana que Rajoy está desbordado por la derecha -quién lo diría- por Ciudadanos, Vox, “la prensa capitalina y algunos canales de televisión”. Las gradas, enardecidas, piden cabezas, concluye. No olvidemos a los empresarios, al dinero, añado. Y qué mejor forma de tomar drásticas decisiones de gobierno que con la concreta inspiración de esas camarillas. De los aristócratas de la oclocracia.

Lo que más desazón produce, si cabe, es lo que suelta mucha gente por su boca y su tecla. La obtusa ceguera con la que enfrentan estos aniquiladores fuegos que nos cercan, agitando rencores e intolerancia en niebla densa hasta no ver más allá de un palmo. Ni una bandera ha salido a ventanas y balcones para condenar los recortes, el exilio de los jóvenes, la precariedad inducida de miles de personas, las leyes mordazas, el recorte de libertades. Sometan al orgulloso catalán y coman del placer de verlo y ahorren para la pensión, que les hará falta

En otros tiempos, los intelectuales españoles hicieron una labor crítica a los desajustes de España que nos lastran.  Desde los escritores del Siglo de Oro a los regeneracionistas que no eran precisamente de izquierdas. Ahora, muchos de los cronistas oficiales son los principales valedores del Gobierno que ha propiciado nuevos deficiencias  y que enfrenta los diversos incendios con bidones de gasolina. Crean opinión, la refuerzan. El vaso medio lleno de quienes lo tienen a rebosar de privilegios, el vaso medio vacío de quien repara en los recipientes casi secos de los abandonados.

Despliegan sus ingenios para influir decisiones y caldear a la grada. La Cup y sus mariachis españoles y extranjeros, dicen. Sí, porque lo más templados admiten que la violencia policial el 1 de Octubre hizo mucho daño al gobierno de España y que Catalunya “gana la batalla de la imagen”. Veremos qué sensación causa la detención de líderes políticos como en Turquía. Rufian y Tardá, dúo de caricatos, continúan. Son los que “junto a Puigdemont y Junqueras, Forcadell y Anna Gabriel (en pareado), Romeva y Turull y Mas “despiertan un nacionalismo peligroso que llevaba  décadas adormecido”. Allí, impune, en su letargo consentido. No es nacionalismo, es otra cosa. Algunos de ellos son los mismos que no encuentran espacio en sus columnas para hablar del despido por censura de compañeros su periódico.

Nos explican, suscitando entusiasmos, que vivimos en una de esas “democracias ajenas al totalitarismo”. Pueden contárselo a Hungría y Polonia, con gobiernos de ultraderecha. A la Austria en la que un joven conservador de solo 31 años optará, seguramente, por la extrema derecha para formar gobierno. A la Italia de Matteo Renzi, otro moderado izquierdista de centro que ha preparado una reforma electoral a pachas con Berlusconi para que no gane el Movimiento 5 estrellas como pronostican las encuestas. Una pura filigrana. Prevén alianza y si tampoco les llegan los votos no harán ascos tampoco a alianzas hasta con los neofascistas. Algunos columnistas deberían leer su propio periódico. Las noticias.

Vean este  mapa del ascenso de la ultraderecha en Europa y sigan creyendo que vivimos en “democracias ajenas al totalitarismo”, y que hasta en Budapest o Florencia el dúo cómico catalán con la CUP y sus mariachis son quienes han despertado eso que no se atreven a llamar fascismo.  Fascismo banal lo califica con datos en El Periódico Martínez-Celorrio. Los ultraderechistas que en un 80% votan al PP.  O a todos aquellos embestidores que hacen subir al Ciudadanos más radical en las encuestas.

¡Ay¡, esta España tan estupenda. Cómo podemos quejarnos de su generosidad cuando elige “ una película hablada en catalán para representar a España en los Oscar”.  La España que intenta apagar el brillo del círculo cromático bajo el rojo y el gualda. La que esconde bajo las banderas la vida real. Esa vida real que arde y sufre y lucha, se esfuerza y goza. Como en la película de Hollywood que evocamos en los títulos: La España que pudo ser –la que llegamos a ver y nos encandiló- y no es.

*Publicado en eldiarioes