«Pues es de Zara»

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Cuando a un español -a una española sobre todo- le comentan: qué traje tan precioso llevas, responde inmediatamente «pues es de Zara» o «tiene 10 años». «¡Qué bien te veo esta mañana!» suele obtener esta contestación: «¿sííí? no creas, no he dormido nada». «¡Vaya vajilla -mesa, reloj, calcetines, lo que sea-  tan estupenda!»… «la compré de oferta». Los extranjeros se ríen mucho con esta falsa modestia española. Ellos, ante los halagos, dicen simplemente: Gracias.

Es uno de los apuntes de mi libro que más divierte. Porque todos lo hemos experimentado… y practicado. Seguramente hay una razón fundamental: no queremos despertar envidia. Por supuesto que nos gusta que nos alaben, luchamos incluso por ello, pero disimulando.

Es muy difícil, aquí, ser profeta en la propia tierra. Cierto que Fernando Alonso arrastra multitudes en sus carreras de Fórmula 1, pero a la vez se le detesta. Nadal y Gasol, se libran, son «chicos sencillos», apenas despiertan envidia. Ninguno de nuestros cargos internacionales desde el meritorio Mayor Zaragoza en la UNESCO, a Javier Solana -que ha ostentado múltiples puestos de responsabilidad en Europa-, incluso Rodrigo Rato en su efímero paso por el Fondo Monetario Internacional, han merecido el aprecio que hubieran tenido de nosotros de haber nacido en Alemania o Inglaterra por poner un caso.

Uno de los casos más flagrantes es el de Ferrán Adriá y otros grandes restauradores españoles. Si en algo somos realmente el número uno mundial, sin discusión fuera de aquí, es en la cocina. Pero ya hace tiempo que se ha levantado la veda: hay que «jubilar a Adriá» -como leí textualmente en un titular-. El gran creador ha de pasar a la historia a los 45 años porque ha triunfado, simplemente, y porque otros cocineros rivales le tienen envidia -amén de copiarle-. Y, muy en especial, porque rechazar lo que no entienden cala en las mentes de muchos paletos españoles. Adriá -y otros cocineros vascos y catalanes- han elevado la gastronomía a la categoría de arte y uno no desayuna todos los días con un Velázquez en el Museo del Prado. Él  busca, para, como suele decir, volver a encontrar algo tan brillante como la tortilla de patata, que un día alguien ideó. Sus hallazgos marcan tendencias, pero algunos no las captarán hasta que lleven siglos degustándolas, como les pasó en su día con el chuletón de buey o las fabes con almejas.

Baltasar Garzón es otro ejemplo diáfano. Ha osado destacar. Hasta sus admiradores más incondicionales suelen incluir al lado de los elogios: pero va de juez estrella. Sus opositores vilipendian hasta el primer biberón que tomó. Las instrucciones de sus juicios no acaban en nada y es tendencioso políticamente, dicen. Bueno, le amargó los últimos años de su vida al dictador chileno Augusto Pinochet, metió en la cárcel a los acusados del GAL -de los pocos que han purgado prisión por actuaciones irregulares-, o ha intentado restablecer la memoria histórica y enjuiciar al franquismo. No parece una línea de trabajo de una única dirección. Por cierto, denunció que el franquismo robó niños de los vencidos -igual que hizo la dictadura chilena- y un manto de silencio cubre su gravísima acusación. Ningún juzgado ha emprendido las exhumaciones de cadáveres de las cunetas donde los arrojó, tras fusilarles, el franquismo. Ahora, ha estado instruyendo un caso de corrupción, Gúrtel, vinculado al PP: la hoguera puede ser el mejor de sus destinos. Querellas, difamaciones, persecuciones. Tampoco parece contar con muchas simpatías entre sus compañeros de la judicatura, y de ello hay múltiples ejemplos. Resalto sin embargo que prácticamente nadie excluye un «pero» al hablar de Garzón.

Zapatero. Otro ejemplo. Ahora toca ponerlo «verde». La derecha siempre lo ha hecho, con los más durísimos apelativos. La izquierda lo está practicando también, en este momento que coincide con su salida estelar a las cumbres mundiales. Que ha cometido muchos errores, sin duda, -sí, yo también critico a Zapatero- pero por un empeño personal se encuentra entre los líderes mundiales, cosa que no logró Aznar con su sometimiento a Bush. Se le ocurre a Zapatero ir al baño, como ha hecho el presidente de Canadá cuando se hacía foto del G20, y hay que convocar -aquí- nuevas elecciones. Ha acometido grandes medidas sociales. Estábamos bajo mínimos, todavía falta mucho por recorrer. Que ya le invadido el síndrome de la Moncloa parece cierto o que sólo parece confiar en personas de dudosa valía también -eso es el síndrome Hubris-, pero ¿lo haría mejor Rajoy? Dejémosle que gane las elecciones y lo demuestre. Los norteamericos apoyaron a su anterior presidente casi hasta el rídiculo, hasta última hora. La crítica es imprescindible, pero debería ser constructiva y repartida por igual, intentando una cierta objetividad, al menos, con honestidad.

País de contrastes, los españoles nos pasamos al extremo opuesto para caer, en ocasiones, en la mitomanía. En general, hacia gente que no lo merece. Toreros, cantantes, y hasta escritores, cuentan con un séquito voluntario y voluntarioso que les acompaña allí donde van. Plazas de éxito y olvidadas, ellos siempre están ahí. La admiración va unida en multitud de ocasiones a la necrofilia, otra discutible afición patria. España se desparramó en la muerte de Rocío Jurado -que ya no molestaba-. Días enteros de programas de televisión. Inluso una periodista del corazón, Maika Vergara, tuvo un desmesurado despliegue mediático por haber fallecido de un ataque cardiaco. Este caso fue especialmente sangrante. El 3 de Diciembre de 2003 murió la escritora Dulce Chacón. La víspera había fallecido Maika, comentarista del programa «Salsa rosa». Varias televisiones dedicaron amplios espacios, imágenes, comentarios, a la presunta periodista, y ni una sola palabra a la narradora, comprometida y multipremiada.

Y hay quien hace de su vida un empeño para lograr ser un mito. Muchos -más de lo creíble-, lo consiguen. Con abundantes méritos prestados, se fabrican una leyenda y se echan a dormir -el ojo vigilante para que el interés no decaiga, eso sí-. Apoyos de envergadura y difundir, eterna e insistentemente, el mensaje logran el resto: consolidar en fama la patraña. Hay mucho fantasma en el prestigio social de este país. Seguramente, es lo que nos merecemos.

Todo un arte, el reconocimiento por la labor realizada, hay que trabajarlo sin moverse demasiado a las claras. No arriesgarse a afrontar… la envidia nacional. Y la envidia es de seres mediocres, en eso estamos de acuerdo ¿no?

G20, o refunda o se funde

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Hace más de diez años que circundan las cumbres del G8 asegurando que «otro mundo es posible» y avisando de lo que habría de venir. Los medios informativos les califican de antisistema, anarquistas, violentos. Pero, hoy, han inundado por miles las calles de Londres. Cuatro manifestaciones que representan a los cuatro jinetes del Apocalipsis actual: los horrores de las guerras, los destrozos del cambio climático, los delitos financieros, y el paro y el hambre. En su punto de mira, los bancos a quienes llaman «estómago de la bestia». Y los líderes reunidos -ahora G20: el arbitrario G8, con los países emergentes, la UE y España- a los que piden soluciones, sin creer que las logren. ¿Antisistema? ¿Quién cree aún en el sistema? Probablemente sólo los pocos que se benefician de él. Un hombre ha muerto, al parecer por un paro cardiaco, durante los disturbios. Hay numerosos detenidos por entrar en el Bank of Scotland -uno de los más beneficiados por el gobierno británico- a protestar. Por fin hay detenidos en los bancos. Ah, que no eran estos los que provocaron la crisis, pero protestaban.

 Estamos ante la mayor crisis económica de la Historia contemporánea probablemente, y los líderes mundiales disponen de 4 horas para solucionarla. Ignacio Escolar se encuentra en Londres y su web es imprescindible para seguir la cumbre sin condicionantes oficialistas y con el criterio de un -excelente- periodista. «Quienes esperen la refundación del capitalismo pueden esperar sentados», dice. Porque el Financial Times ha colocado en su web lo que otros periodistas allí ya conocen también: el borrador del comunicado del G20, y no trae grandes novedades. Por supuesto que cada país defenderá su postura y puede haber modificaciones, pero no es previsible -por las posturas mantenidas- que nos sorprendan con cambios espectaculares.

 En un cúmulo de rivalidades extremas, algunos presidentes quieren competir con el liderazgo tácito del Obama prometido. Sarkozy ha publicado hoy un artículo en varios periódicos -El País en España-. Como el presidente norteamericano, o el español, el francés pide una respuesta coordinada y resultados reales lejos de las habituales conclusiones huecas: «Lo que el mundo espera de nosotros es que aceleremos la reforma del sistema financiero internacional. Lo que el mundo espera de nosotros es que reconstruyamos juntos un capitalismo renovado, mejor reglamentado, más ético y más solidario. Condición previa para una reactivación y un crecimiento sostenibles».

Pero dentro del capitalismo, de ahí nadie se apea. Lo sucedido se ha debido únicamente a sus excesos. A lo que Zapatero llama «abusos inaceptables». Nuestro presidente habla de una «profunda transformación», sin embargo. Según las previsiones, no se producirá. No es lo que dice el borrador del G20. En él, informa Escolar, «se critica el proteccionismo pero no hay una condena contundente ni medidas demasiado concretas contra los paraísos fiscales. También se da más peso al Fondo de Estabilidad Financiera, que será quien se ocupe de regular los peligrosos hedge funds, y hay algunas medidas de reforma para el Banco Mundial y el FMI pero no se aclara las condiciones para los créditos a países en desarrollo. Lo que sí se contempla es un aumento de estos créditos, y también más dinero público para fomentar la liquidez del sistema financiero. ¿Cuánta pasta? Está por decidir».

La web incluye también un análisis de OXFAM, quien cuenta que el comunicado da un papel marginal Naciones Unidas: monitorizar el impacto de la crisis sobre los paises más pobres y vulnerables. Es decir, no se recupera el liderazgo de la única organización mundial en la que están representados todos los países. Si es porque la ONU no funciona -que no-, también habría que «refundarla».

España presenta, no un cambio de sistema que nadie pide, pero sí algunas de las propuestas más progresistas: además de ofrecer el control del sistema financiero español como modelo, crédito más estable, menos impasibilidad ante el escándalo de las retribuciones millonarias a altos cargos de la banca, un compromiso «firme y radical» contra los «paraísos fiscales» o el establecimiento del «principio de transparencia universal del sistema financiero».

Obama y Brown mandan -el primero porque es el líder del mundo, el segundo como anfitrión-. Sarkozy, con propuestas muy sensatas, lleva de aliada a la canciller alemana Angela Merkel tratando de oponer a EEUU el eterno eje París-Berlín. Lula acude también aupado en su carisma y sus logros. A la UE ni se la ve ni se la espera, liderada por un presidente checo defenestrado en su propio país y sin grandes entusiasmos por Europa.

Juego de rivalidades, como digo, con el mundo en un parchís, o en aquella escalera en la que los errores se pagaban con un descenso en los peldaños, incluso con el castigo de volver a iniciar la subida… las fichas, en todo caso, siempre somos nosotros. Braman en la calle miles de descontentos: éste no es el camino. Desde aquí les apoyo, a riesgo de ser considerada por los ágiles periodistas de los que disponemos, anarquista y violenta -«antisistema» sí soy ¿tú no?-. Quizás apoyo a unos y otros, a ver si ¡por fin! los políticos logran quedarse en mangas de camisa, sudar, y durante esas cuatro mínimas horas  luchar por nuestros intereses. Empiezan a quedarles pocas oportunidades.

Más críticas a la corrupción española

Dos artículos confluyeron estos días en El País hablando de la corrupción española. Uno era mío y el otro de Victor Lapuente, profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Lapuente mantenía que oír noticias de corrupción en España «no representa ninguna sorpresa». Para él, la razón última está en el clientelismo político:

«En España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas».

 Frente a la situación española, en otros paises ocurre al revés: «En muchas ciudades europeas sólo tres o cuatro personas son nombradas por el partido ganador» o «En EE UU el alcalde no puede colocar a mucha gente. El Ayuntamiento lo gestionan profesionales». Estados Unidos, nos cuenta, tenía similares niveles de corrupción, pero lo solucionaron a finales del siglo XIX, principios del XX, evitando, precisamente, que los políticos extendieran sus tentáculos sobre la Administración y otros centros de poder, nombrando a sus afines.

Vemos en España que hasta las Cajas de Ahorros están dominadas por políticos, con mayoría según el resultado de las urnas. Esto explica lo sucedido en Caja Castilla La Mancha, o las peleas fratricidas en torno a Caja Madrid, entre facciones del PP, que pueden atentar frívolamente contra su estabilidad financiera.

La sanidad y la educación -temas de Estado- también dependen de las mayorías políticas en las Comunidades Autónomas. La neoliberal Esperanza Aguirre opta por la privatización, y poco hay que hacer. Intentar remendar el desaguisado si un día deja de ocupar ese puesto. Algo extremadamente difícil, rehacer las presas derribadas exige un doble esfuerzo. Me contaba un médico porqué con un ejemplo práctico:  «si has externalizado la lavandería, a ver cómo ahora la vuelves a meter en el Hospital». Todo esto, no ocurre en Europa.

La corrupción española ha merecido también el dudoso honor de ocupar un espacio en el The Economist británico. Un fluido debate se ha desencadenado en el foro.

«La corrupción en España y sus descendientes culturales es bastante fácil de explicar. La tradición en forma de la presencia de la Iglesia Católica, y la herencia romana, donde la corrupción es socialmente aceptada. La otra razón es la falta de información sobre el funcionamiento del Estado».

Otros hablan de las calificaciones de Transparency International -que yo citaba- donde recibimos un notable entre los países menos corruptos. Pero esta organización basa sus estudios en opiniones de expertos y no en datos.

Alguien con nombre español, duda de que el periódico El País sea el mejor diario español como asegura el semanario británico, y sacando a colación hasta los trajes de Camps que ascendien -dice-  a 13.000 euros, concluye:

  «Que una carrera política pueda estar en peligro a causa de tal crimen dice mucho del nivel de exigencia que se requiere en estos días a una posición política en España».  (¿Existe ese nivel de exigencia en la sociedad? ¿Está la carrera política de Camps en peligro a requerimiento de la sociedad?)

Con todo, se incluye en el foro de The Economist, también, este terrible pensamiento que aún persiste:

«¿España? Monarquía, el catolicismo y los toros. ¿Qué se puede esperar? Sólo su proximidad geográfica lo califica para ser miembro de la comunidad europea. Por lo que su nivel de corrupción no debe sorprendernos».

A mí se me cae la cara de vergüenza. Pero no se trata de taparlo o mirar para otro lado, como han hecho políticos y numerosos medios de comunicación con la condena al urbanismo español por parte del Parlamento europeo. O de sacar nuestro orgullo patrio y asegurar que en nuestra isla vivimos como nos place y que todos los demás tienen porqué callar. Algo -o mucho- de verdad hay. Tenemos que cambiar actitudes y limpiar nuestra imagen. Las luchas entre partidos por el poder restan tiempo, esfuerzo y medios, a las tareas esenciales.

La hora del planeta

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No sé si es la hora del planeta o de algún otro interés -incluído el nuclear- o que nada puede hacerse sin patrocinadores y estrellas de medio pelo o pelo largo que atraigan a la causa, pero hay varias cosas que parecen sugerentes en el invento. Acción ciudadana al unísono, pasar una hora con velas y conversando, sin ruidos, y restar algún beneficio a las eléctricas. En nuestro caso, al gobierno italiano de Berlusconi que controla la antaño española Endesa. De 20,30 a 21,30. Desconexión total de la red. El reloj de los aparatos electrónicos hay que adaptarlo de todos modos por el cambio de hora. Para más detalles lo más interersante que he encontrado está en soitu. ¡Feliz oscuridad!

Actualización 22,30. Un 1% de los españoles ha secundado el llamamiento, según datos de Red Eléctrica Española. En cambio, sí lo ha hecho la sexta parte de la población mundial. Premio a la concienciación para los españoles.

   Ya lo he advertido por la ventana. Pocas luces apagadas, pocas que se han encendido a las 21,3o, porque hubieran apagado por esa causa. Agradable pausa con velas y conversación, pero sí he notado una fuerte dependencia de la electricidad. Hay muchas cosas que creemos necesitar que dependen de un enchufe o un interruptor.

No es liberalismo, es neofeudalismo

Vivimos tiempos tan confusos que ya no sabemos qué sistema político y económico es el hegemónico. Nos cansamos de despotricar contra el liberalismo como causa de nuestros males actuales -también pasados y futuros- y no advertimos el cambio de régimen que se ha producido ante nuestros ojos. «El liberalismo -copio- es un sistema filosófico, económico y de acción política, que promueve las libertades civiles y el máximo límite al poder coactivo de los gobiernos sobre las personas; se opone a cualquier forma de despotismo y es la doctrina en la que se fundamentan el gobierno representativo y la democracia parlamentaria». Prima el individualismo, la libertad, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, y el respeto a la propiedad privada como fuente de desarrollo individual, y como derecho inalterable que debe ser salvaguardado por la ley y protegido por el Estado. Es evidente que no es lo que está sucediendo ahora, los gestores de la crisis no están siendo obligados a asumir responsabilidades y la ley del embudo es norma en el trato a unos ciudadanos y otros, apenas protege el Estado, los Estados, los derechos de los ciudadanos de a pie frente a los desmanes de los poderosos, más aún, les obliga a pagar los errores de los otros.

 Los viejos liberales afrontaban las consecuencias de sus negocios. Si les salían bien, atesoraban múltiples ganancias que, por supuesto, no repartían. Pero, si fracasaban, apechugaban con sus pérdidas, se iban a la bancarrota. Ahora socializamos las pérdidas, pero no los beneficios, luego tampoco es socialismo o socialdemocracia. Sencillamente, hemos vuelto al feudalismo. Es decir, la organización social, política y económica basada en el feudo que predominó en la Europa occidental entre los siglos IX y XV. Se trataba de propiedades de terrenos cultivados principalmente por siervos (ciudadanos libres), parte de cuya producción debía ser entregada en concepto de «censo» (arriendo) al amo de las tierras -«por la gracia de Dios»-, en la mayoría de los casos un pequeño noble (señor) nominalmente leal a un rey. Gran papel de la Iglesia Católica en el invento, durante los concilios de Charroux y de Puy consagra a los prelados y señores como jefes sociales y sanciona con graves penas la desobediencia de estas normas. Los señores, a partir de ese momento, «reciben el poder de Dios» y deben procurar la paz entre ellos, pacto que deben renovar generación tras generación. En los países desarrollados, el peso decisorio de la Iglesia Católica, es, hoy, escaso, pero en España -daño añadido- es una losa de varios quintales.

Estamos ante la falsa creencia de que tomamos decisiones al votar, pero el orden social se decide en consejos de administración privados con la connivencia de los gobiernos y de otros poderes  -hoy, también los potentes medios de comunicación-. Como en la Edad Media, si el señor, los señores, emprenden una campaña, y fracasan, se paga con los impuestos de los nuevos siervos, o se les recorta la paga en nuestro caso. El señor nunca pierde. Al igual que en las Cruzadas, los señores van con sus estandartes -ahora sus logos- a conquistar nuevos mercados y nuevas fuentes de financiación -catequizar infieles era la excusa-, sufragados por la plebe y, de nuevo, sin repartir beneficios. Lo que es peor, ahora les bordamos sus logos entusiasmados, consumiendo cuanto nos mandan.

«Washington concederá más ayudas a General Motors y Chrysler» -leo-. Ni el meritorio Obama cambia completamente el rumbo, ahora esto, tras prometer insuflar también un nuevo billón de dólares al sistema. Que los causantes de la crisis no estén en la cárcel, que incluso cobren sus primas pactadas como si nada pasara, casi es una anécdota. Muy ilustrativa, eso sí. Angela Merkel, la envidiable conservadora alemana, «anticipa que la próxima reunión del G20 no resolverá la crisis» -dice que harán falta muchas más-.

Los nuevos siervos seguiremos pagando, ajustando un agujero más cada vez los cinturones. Traigo de nuevo la frase premonitoria de Josep Stiglitz, Premio Nobel de Economía, sobre las medidas que se estaban -y están- adoptando «es como poner transfusiones a alguien con hemorragia interna». Lo único es que, como en el feudalismo, quien lucha y se desangra es el ciudadano. Nos van a hacer vivir una espantosa agonía, hasta que se convenzan de que, por este camino, no vamos a ninguna parte. Y, digo yo, algo tendremos que decir ¿no?

Sociedad de consumo (El Roto).

  «En la catequesis del super estamos dando formación del espíritu del consumo». «Con los cochazos que hay ahora se llega volando a cualquier atasco».  «Estamos decididos a prescindir de lo esencial, pero lo superfluo… ¡que no nos lo toque nadie!» -. «Cada vez tenemos mejores coches y peores piernas». «Cuando los atascos bloquearon las puertas de las fábricas, los técnicos valoraron la posibilidad de rentabilizar la producción». «La inmortalidad ha quedado reducida a un par de semanas en las novedades».

     Filosofía esencial para el mundo de hoy por El Roto:

Más sobre el tema aquí. Gracias Macgo.

¿Dónde están los periodistas?

Manel Fontdevila en Público

Manel Fontdevila en Público

¿Es obligatorio llenar los informativos de todos los medios con lo que ha dicho éste y le ha contestado el otro, con lo que aquél ha replicado y la respuesta del segundo? Al parecer, si, porque hoy en el periodismo reina la «equidistancia», término del que ya hemos hablado repetidas veces por todos los cauces. Se trata de dar cuotas a los partidos lo mismo que se hace en la charcutería: 100 gramos de jamón de York para el PSOE, otros 100 gramos para el PP. Echemos una propinita al PP para que no parezcamos tendenciosos -un espíritu crítico me ha preguntado si los teclados de los ordenadores de las redacciones no tienen desgastada la letra «P»- . Y a IU, por ejemplo, y los partidos minoritarios, les obsequiamos de vez en cuando con alguna tapita si procede, si no va muy larga la «noticia».

Leo y escucho a ciudadanos concienciados y extremadamente hartos preguntarse ante tantos atropellos como estamos viviendo ¿dónde están los periodistas? Aún siendo la de periodista, con la de juez, la profesión menos valorada por los españoles, se ve que aún esperan que alguno despierte. Los hay que lo intentan -incluso con uñas y dientes-, pero -como viene sucediendo en tantos aspectos esenciales- no disponen de cauces mayoritarios de comunicación. También pervive en la sociedad la creencia de que la denuncia periodística cambiará algo. Y -nota al margen- me parece que ya no corren tampoco tiempos de Watergates, que casi nadie se inmuta por más suciedad que contemplemos.

¿Qué le aporta al ciudadano escuchar hasta la saciedad que Rajoy dice, Zapatero dice -como refleja magistralmente la viñeta de Fontdevila-, o Pepe Blanco o Pajín, o Soraya, o De Cospedal, o Trillo, o Aguirre o quien sea?

Incluso grandes periodistas, compañeros de nuevas fatigas, se muestran entusiasmados con la tendencia «equidistante» del periodismo. Las causas básicas del problemas son varias: poco trabajo de las redacciones en la superficie -es más cómodo cortar y pegar, repetir lo que dicen otros- y un deseo mundial de desinformar, tejido desde los poderes, para disponer de ciudadanos más dóciles, manejables y amantes del consumo -la publicidad, el negocio, es lo que manda-.

Pero hay muchas excepciones. Unas entradas más abajo podéis escuchar la entrevista de un periodista sueco al Abad del Valle de los Caídos ¡qué poco se ve eso en España!: preguntar sin complejos, ni cuotas, repreguntar hasta extenuar al entrevistado para que dé la respuesta real. La BBC británica tiene brillantes ejemplos de poderosos acorralados por el periodista que terminan diciendo lo que no quieren decir: la verdad. Hasta en EEUU los moderadores de los debates presidenciales intervienen y puntualizan lo que declaran los candidatos. Aquí son invitados de piedra, que siguen el guión marcado por los partidos, en contenidos, en tiempos… y que ¡encima! se muestran muy ufanos de haber logrado que los políticos hablen ante ellos. ¿Qué hablan? Yo digo, tú dices, pues tu más, y los trajes de Camps y la antidiluviana Filesa, y mis cifras son éstas, pues las mías son estas otras y tú no tienes ni idea. Perdón, Vd. o su señoría. ¿Eso informa a la sociedad? Y encima con cupos acordes con los votos obtenidos.

El ciudadano no tiene por regla general tanta información como debería tener el periodista. La mayor parte de las diatribas partidistas se resuelven con datos, con trabajo. «Su política económica es nefasta», veámoslo con las cifras que aporta el periodista. Si el político miente -y lo hace a menudo- tiremos de datos y hemerotecas. Trabajemos. Por ejemplo, se juzga «equidistantemente» la responsabilidad de Zapatero en Filesa y la de Rajoy en la invasión de Iraq. Cuando Filesa, Zapatero apenas era militante del PSOE, Rajoy vicepresidía el gobierno que suscribió el ataque a Iraq. Pero de un lado tenemos a becarios y asimilados, mal pagados y mal acostumbrados, que no se molestan en hincar el codo, muy mal preparados también. Y del otro, a periodistas altamente aposentados, a menudo con una profunda confraternización con políticos de uno y otro signo, e instalados en grandes grupos económicos de la comunicación cuyo primer objetivo es también ganar dinero. ¿Por qué los poderes del Estado que no funcionan, políticos, jueces, prensa, habitan en torres de marfil tan lejos de los problemas de los ciudadanos? Porque ellos viven como dios y no les afecta, ni siquiera lo entienden. A ver qué va a entender un diputado con tres sueldos de vértigo qué es no llegar a fin de mes.

Empecé mi carrera profesional en tiempos difíciles, a la caída del franquismo, quizás eso me ha influido. Se abrió una puerta y entró una gran bocanada de aire. Ladislao Azcona, Eduardo Sotillos y Pedro Macías -desde muy distintas posturas ideológicas- eran quienes me encargaban noticias en mi humilde puesto de corresponsal de TVE en Aragón. Los tres sin faltar uno mantenían esta consigna: «dame la noticia y si por algo interviene un ministro, ponlo al final y corto». Lo importante es la noticia. Ése es el periodismo que yo aprendí.

Pero ahora también vivimos tiempos difíciles, y sigue siendo la noticia lo único importante. Dejémonos de paquetitos de mortadela -porque ya no son ni jamón de york- y contemos lo que pasa sin cuotas. Habrá días que será más interesante para la audiencia una declaración que otra. Ah, que protestarán los políticos y dirán que el periodista es tendencioso por no haber cortado sus gramos de embutido. ¿Son ellos quienes deciden la información? ¿Mandan los políticos en la información?

   Habría que dejar descansar a los ciudadanos de esas declaraciones tan interesadas, y, sobre todo, tan poco interesantes, tan tediosas, tan mediocres, tan desinformadoras. A ver qué gran medio se apunta a la tarea. No lo veremos. En otros países lo hacen, por eso sus ciudadanos tienen criterio. Aquí no parece interesar ni siquiera a la mayoría de los periodistas. Al menos, no colaboraremos con la «equidistancia» desinformadora, rebusquemos para encontrar nuestro espíritu crítico. Sin periodismo crítico no existe la información y la sociedad va a la deriva. Y unos cuantos de aprovechan de ella.

Actualización 23.00 Alguien está intentando otra forma de hacer política y contar con la sociedad, convertirla en actora, defender la auténtica comunicación, desafiar -de alguna manera- al sistema. Es una gran esperanza.

La vida para la iglesia católica

Visto en laverdaz.com

Visto en laverdaz.com

La iglesia católica y sus seguidores tienen un curioso interés por la vida humana: les preocupa sobre manera cuando apenas es un esbozo y se desentienden de ella cuando vive. padece, goza -se opone especialmente a que goce- sobre el planeta tierra. La campaña del lince tiene soliviantada a la sociedad laica, y eso que todavía no asedian nuestras calles -que lo harán- con enormes carteles donde un niño que gatea es asimilado a un embrión en una publicidad demagógica hasta la náusea, ni las han  llenado -todavía- de voces ultramontanas defendiendo la «vida». Cobrando millonarias subvenciones a cargo de nuestros impuestos, los obispos han decidido resucitar el debate sobre el aborto como si fuese eso lo que ahora se dilucidara, cuando lleva casi un cuarto de siglo despenalizado. No osaron levantar sus voces a los gobiernos del PP, pero ahora vuelve a tocar el intento de desestabilizar el sistema.

 ¿Puede ser bautizado un embrión? Se preguntaba Gerardo Rivas en El Plural. ¿Adelantaremos la Navidad a Marzo, fecha de la concepción? En el Código Civil español y en todos los del mundo, una persona lo es cuando nace. Artículo 30: «Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno».

La preocupación católica por un puñado de células sin forma humana, se extiende al primigenio acto sexual, a los millones de espermatozoides desperdiciados para crear nuevos feligreses. El Papa ha cometido la tremenda irresponsabilidad de atacar los beneficios del uso del preservativo en la prevención del SIDA en África, continente que se desangra por la enfermedad y la falta de medios para atajarla. Y como siempre sin ningún fundamento científico, negando los que se conocen. La fe y el fanatismo son contrarios a la razón por definición. Pero héteme aquí que ABC titula hoy así: «El Gobierno provoca a la Iglesia tras los consejos del Papa y envía preservativos a África». ¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Qué autoridad legal tiene el Pontífice de una iglesia sobre nuestras vidas?

Los seguidores de los mandatos del Vaticano son otro curioso espécimen. El inefable Federico Trillo argumentó que «las opiniones del Papa no eran vinculantes para un católico» a raíz de las manifestaciones de Juan Pablo II sobre la guerra de Iraq, que su partido, el PP, contribuyó a iniciar. Se desgañitó la derecha contra le ley del divorcio y algunos de sus más preclaros representantes la abrazaron después con fruición como Álvarez Cascos que se divorció dos veces. Frente a estos fariseos -por adecuarme a su terminología- hay católicos sinceros, absolutamente abducidos por la secta, que no ven más allá de sus mandatos y no reflexionan sobre hechos probados. La fe les nubla la razón.

El gobernador de Nuevo Méjico acaba de derogar la pena de muerte en ese estado norteamericano, con lo que ya son 15 los que rechazan el terrorismo de Estado al aplicar la privación de la vida como castigo a sus ciudadanos. Jamás la Iglesia católica ha condenado la pena de muerte. Ni sale a la calle, la española, para denunciar los desmanes del poder en la génesis y mantenimiento del hambre en el mundo, como si hicieron los anglicanos el verano pasado en Londres. La vida sobre la tierra no preocupa a la jerarquía católica cada vez más alejada de los postulados de su fundador, Jesús de Nazaret. Nuestro país, con Italia, se ha convertido en su reducto sagrado, e intentan imponer unas conductas que «permiten» en otros países, en todos los demás, salvo en la atrasada Latinoamerica, y ahora en el campo virgen de África. La connivencia del gobierno en esta situación es clara.

Se les vacían las Iglesias, merman las vocaciones, y es por su discurso antidiluviano, al margen de la sociedad -sólo y exclusivamente por eso-. ¿Qué diferencia hay entre los postulados actuales de la Iglesia católica y el Islam talibán? Voces autorizadas en el Vaticano -el cardenal Martini por ejemplo- llaman al cambio. Pero no son escuchadas.

Estudiando la desgraciada historia de España, su atraso secular, se suman dos y dos para encontrar un cuatro de la altísima responsabilidad del catolicismo en nuestra falta de educación. En gran parte de los desmanes acaecidos. Jamás salió un cura católico a detener los fusilamientos de la guerra, y llevaron al dictador Franco bajo palio.

Son, por supuesto, libres de dictar peregrinas doctrinas pero el Estado no debería contribuir con dinero y privilegios a su mantenimiento. En una acción desesperada por el ostracismo al que le ha conducido su mala cabeza, la iglesia española apremia con nuevas campañas. Y, el gobierno permite que las paguen con nuestros impuestos.

La vida es otra cosa. Es eso que saludas alborozado cada mañana por las inmensas oportunidades que puede brindar, que quizás desfallece por las noches cuando las esperanzas se han frustrado. Pero que vuelve a resurgir día tras día. Es respirar, sentir, pensar, disfrutar, huir del dolor, amar, desarrollarse, dudar, buscar, encontrar, latir. Ninguna experiencia igual a la de alumbrar un hijo querido. Y verlo crecer y recrear todo lo que tú has sentido y sus nuevos descubrimientos. ¿Qué oscura mentalidad cercena las experiencias de una vida digna  a cambio de poner en el mundo, a saco,  más seres humanos abocados muchos a la desgracia por no haber luchado para dotarles de medios? Errático camino el de la Iglesia subvencionada.

Actualización 14,30. Ni el niño es un embrión, ni el lince ibérico es lince ibérico.

Hijos de la picaresca (2)

El Congreso acaba de rechazar una propuesta para que los deportistas «residentes» -para impuestos- en paraísos fiscales no compitan por España. Era una proposición de ley de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) -que suelen ser francamente creativos en su trabajo-, y que sólo ha obtenido el voto a favor de su diputado Joan Herrera. Éste es un ejemplo más de cómo en España no se quiere atajar la corrupción.

Estos días leo también por ahí que lo de Camps, el «presunto», no tendría importancia -caso de confirmarse lo que declara su sastre-. «Total por unos trajes, cómo va a pringarse por unos trajes». Por algo se empieza. Y lo que probaría, precisamente, es una costumbre en aceptar regalos a cambio de algo. Como el coche de Touriño. Nadie dice nada, por cierto, salvo Nacho Escolar, y pocos más, de que el Presidente valenciano se aloje en Ritz cuando viaja a Madrid. Esto viene de antiguo, yo me encontré, hace tiempo, a dos presidentes autonómicos, residiendo en el Hotel Plaza de Nueva York en sus visitas a la «capital» del mundo. Tenía el mítico hotel un bar muy coqueto para tomar copas a media tarde. Y allí los vi en distintas épocas, hablé con ellos y me contaron dónde estaban alojados. Mis amigas y yo nos pagábamos nuestras consumiciones. Estos presidentes manirrotos, tan amantes del lujo, lo hacen con nuestros impuestos.

En el libro recopilo también decenas de muestras que dibujan un sombrío panorama de cómo campan en España la trampa y la corrupción, sin que a nadie le importe -sólo el 2% de los ciudadanos lo cita como problema en las encuestas del CIS-:

Es el país europeo donde circulan más billetes de 500 euros -emblema del dinero negro-. Suponen el 65% del dinero en España. Algún alto cargo extranjero incluso de ha mofado de esta circunstancia.

Un colegio concertado que infla el número y horas lectivas de los profesores para cobrar más subvenciones. Lo hizo el San Isidoro de Granada, y se le multó por ello. Pero, en un país serio, los padres hubieran retirado a sus hijos de un centro sin ética ¿Qué les van a enseñar a sus criaturas? Cómo prosperar en España, sin duda.

Subastas de voto en ebay para las elecciones.

Dueños de pisos que suben el alquiler al saber que el gobierno ayuda a los jóvenes con 210 euros.

Empresarios que contratan a discapacitados para cobrar ayudas y luego no les pagan. De esos hay a decenas.

La comunidad de regantes de un pueblo de Alicante, Villena, que vende 700 millones de litros anuales de agua para embotellar a la empresa Danone, cuando piden, agriamente, al gobierno un trasvase del Ebro para regar. La planta, además, se instala, al menos en parte, sobre unos terrenos propiedad del presidente de los regantes villenenses.

   La mayoría -por ser benevolentes- de las compañías sobre todo las de telefonía, con sus contestadores automáticos y sus «errores» siempre a favor de la empresa.

O minucias para sonrojar. Un portal de reservas de hoteles hace un sondeo entre clientes españoles y británicos, ambos pueblos sustraen objetos de los establecimientos donde se alojan, desde los miserables jaboncitos al eventual albornoz. Los españoles ganan por goleada, casi el 80% lo hace de manera habitual. Hay quien saquea el minibar entero, o el  kit de limpieza de la cocina -en el caso de apartahoteles-, incluyendo el estropajo usado.

Del estropajo usado al ladrillazo, pasando por los trajes y por todo lo que venga. Y lo peor es que la gente se ríe en lugar de indignarse, y algunos dicen: «yo de mayor quiero ser como Fabra».

Mientras no cambiemos de mentalidad no habrá nada qué hacer. Todo esto es lo que no me cupo en la Tribuna de El País. Llevamos siglos así, sin que los poderes públicos intervengan dando la terrible sensación de que muchos forman parte de la misma desidia en torno a la corrupción o de que tienen alguna razón para no atajarla. Lo mismo que periodistas, jueces, es todo el entramado social, mientras el pobre hijo de vecino paga y trata de llevar -o no- una vida decente.

Lázaro de Tormes, el más famoso de nuestros pícaros, acaba -después de padecer a siete amos- de marido tapadera para los refociles de un alguacil arcipreste quien le aconseja: «Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas, nunca medrará. (…) Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu provecho.» Un clérigo. Por ahí comienzan nuestros males.

Hijos de la picaresca

El País me publica hoy una Tribuna con este título. Entresaco algunos párrafos:

«Una conciencia laxa ante la corrupción, la creencia frente a la ciencia y un atraso educativo secular: tres pies para una mesa que cojea por su erróneo diseño. Alcaldes de todos los partidos son acusados de corrupción, ingresan en la cárcel entre llantos, vítores y aplausos, y, en el 71% de los casos, resultan reelegidos, aumentando incluso sus apoyos. ¿Concedemos los españoles mayor permisividad que otros pueblos a la trampa, el robo, la malversación, el cohecho y todas sus variantes delictivas?

Sin duda, somos hijos de la picaresca, un género literario asociado a las letras españolas que nos ha impregnado el alma. O viceversa.»

«El desmesurado peso de la Iglesia católica en el Estado español a lo largo de toda su existencia no es ajeno a la aceptación tácita de la corrupción. Influencia clara, cuando aún intenta impedir en España lo que acepta en otros lugares, como el estudio de Educación para la Ciudadanía o una ley del aborto europea. Partimos de dos premisas fundamentales que constituyen la razón de ser la religión: creencia frente a ciencia y juicio, y limpieza del pecado con una penitencia cómoda y solitaria. Los vecinos que vitorean alcaldes presuntamente corruptos no «creen» que lo sean, de nada les sirven las pruebas, les posee la fe. Muchos políticos también participan de esa actitud. Y sobre todo, demuestran pensar que la contrición privada exime de culpa, al margen de la justicia.»

Aquí podéis seguir leyendo para verlo completo.