El acto del 29 de Octubre

Por supuesto que nadie ha entrado en el Congreso de los Diputados como cuenta el imaginario popular que hizo el General Pavía el 3 de enero 1874 para acabar, de facto, con la I República española sin cumplirse ni un año desde su promulgación. En realidad Pavía exigió el desalojo de la Cámara por medio de una nota y, ante la negativa de los diputados, fueron soldados y guardias civiles a sus órdenes quienes disolvieron el Congreso. Pavía alteró el orden constitucional pero ni siquiera admitió haber dado un golpe de Estado, propuso que aquello pasara a la historia como «el acto del 3 de enero».

Por supuesto que no se puede llamar golpe de Estado, como hacen algunos, a la serie de hechos que han desembocado en que este 29 de octubre Mariano Rajoy, el líder del partido más corrupto de la democracia, haya revalidado su cargo como presidente del gobierno español. Los diputados han sido elegidos mediante sufragio universal y votan o se abstienen de lo que creen conveniente para el fin que se proponen. En este caso dar al candidato del PP la mayoría simple para gobernar. Para no repetir por tercera vez las elecciones, añaden quienes lo han hecho posible.

El problema son los hechos que jalonan el proceso. Muy preocupantes. Crucial ha sido el golpe de mano producido dentro del PSOE, una jugada clave en fondo y forma para el desarrollo de los acontecimientos. Parte de la intención de descabalgar al secretario general Pedro Sánchez, partidario del No a Rajoy y constituir un nuevo poder. Y cuenta con la serie de reuniones bajo mano inscritas en los manuales de la conspiración. O la inenarrable sesión para tomar el mando, a costa de perder fuerza en el partido. Así, cinco millones y medio de personas que dieron su voto a la formación para que NO gobernara Mariano Rajoy han hecho posible que siga en La Moncloa.

«No podemos abstenernos porque sería un fraude y una traición a nuestros 5 millones y votantes, que han depositado su confianza en nosotros, no lo vamos a hacer por lealtad a la palabra dada, no es no», repetía sin descanso Antonio Hernando, portavoz del PSOE. La persona que escenifica el giro del partido, quien llena las hemerotecas con declaraciones grabadas defendiendo todo lo contrario de lo que ahora dice. Su exposición en la tribuna del Congreso fue un estriptis  descarnado como pocas veces se han visto.

El otro Hernando, Rafael, portavoz del PP, compareció para dejar clara la situación: la batalla es frontal y con armas ocultas en el calcetín si es preciso. Con su habitual actitud tabernaria llegó a usar un informe falso que ningún juez ha admitido para acusar a su rival político, Pablo Iglesias, de venderse a dictadores. Como en una tertulia, como ésas en las que personajes de su calado expanden dossiers de clara intencionalidad difamatoria. Olvidando, por otro lado, todo cuanto de hipocresías se esconde por amadas dictaduras del mundo.

La presidenta que Rajoy ha colocado en el Congreso como tercera autoridad del Estado se está revelando como una profunda disfunción. Su incapacidad para el cargo, para el solo hecho de dirigir sesiones, es manifiesta. Y, sobre todo, parece actuar al servicio de los intereses de su partido. Negarle la palabra a Pablo Iglesias, calumniado por Hernando, fue uno de los hechos más graves que se ha producido en mucho tiempo.  Y marca la legislatura. No va a ser limpia.

Hay un fuerte choque ideológico, de personalidad incluso, entre los dos bloques fundamentales que van a formar este Parlamento. De un lado los que se llaman a sí mismos constitucionalistas –aunque un par de ellos no tuvieron empacho en modificar el decisivo artículo 135 de la Carta Magna – y del otro la izquierda de Unidos Podemos.

El bipartidismo –y su añadido con la formación de Albert Rivera– no entiende las formas de los recién llegados. Cada palabra, cada tono, cada gesto, les indigna. Es otro lenguaje, más de la calle, de la vida real. Sin contar, desde luego, que el contenido de las denuncias de Unidos Podemos –con drásticas verdades– puede resultarles muy irritante. Hablar de «potenciales delincuentes» cuando en ese mismo hemiciclo estuvo sentado hasta hace nada Gómez de la Serna, por citar solo alguno, no es ningún disparate. Pero, sobre todo, se nota la incompatibilidad absoluta de lo que cada bloque representa. Y, por los indicios, el que presta apoyo a Rajoy estaría mucho más cómodo sin los que parece considerar advenedizos. Estaban muy tranquilos antes de que la sociedad se indignara con sus políticas.

Rajoy afirma ya que no permitirá la derogación de sus leyes estrella. No tiene ninguna necesidad de hacerlo, vista la debilidad en la que el PSOE se ha situado y la escasa fuerza de Ciudadanos. Y hay leyes muy lesivas para los intereses de la ciudadanía. Mientras se desarrollaba el debate de resultados ciertos, se conoció la fecha del juicio contra el profesor Jorge Vestringe (68 años), para el que la Fiscalía pide una durísima pena por participar en una manifestación republicana y presuntamente agredir a un policía. Tres años y medio de cárcel. Son las consecuencias de las leyes y códigos Mordaza con los que se pertrechó el PP.

La mezcla de política sucia y autoritarismo es letal. Viene una legislatura bronca, en la que las fuerzas de gobierno apuestan por defender su posición sin reparar en métodos, por lo que ya se ve.

Y hay un factor concluyente a añadir: la prensa generalista, los medios generalistas. De nuevo portadas fuera del eje de la información, fotos editoriales y artículos sesgados. Varios medios destacan en titulares las falsas acusaciones de Rafael Hernando contra Podemos sin añadir precisión alguna. Se lleva a la consideración de noticia las declaraciones de políticos en sus ataques a adversarios, es decir, se da cancha a la propaganda. No es fácil encontrar la queja por la actuación de Ana Pastor al frente del Congreso, que sí trae eldiario.es. Rajoy cuenta con grandes soportes. Y así va a ser cada día hasta… no sé sabe hasta cuándo y cómo.

La demonización de las protestas es otra de las piezas fundamentales de este nuevo orden. La atribución de culpas también. Concepción Dancausa, la que fuera presidenta de la Asamblea del «Tamayazo», dice que los organizadores de la manifestación Rodea el Congreso, prevista para la sesión final de la investidura de Rajoy «trabajan para Podemos». Sin pruebas. Sale gratis. Rentable, en realidad.

El 10 de marzo de 2007, Rajoy salía a la calle para protestar contra la política antiterrorista del Gobierno del PSOE.  Era la decimotercera vez que el PP se manifestaba para rechazar leyes o actuaciones del Ejecutivo nacido en 2004. Varias de ellas, junto a la Conferencia Episcopal. Todas en contra del PSOE que hoy facilita su Gobierno. En su discurso final, Rajoy dijo: «Volved a vuestras casas y contad a todo el mundo lo que ha pasado aquí, lo que habéis hecho, lo que habéis sentido. Que os vean en pie, con la cabeza alta y fuertes como yunques. Orgullosos de ser españoles que no se resignan». Y tras el mensaje mesiánico, la democracia siguió su curso tal como estaba.

Es el mismo Rajoy, otro PSOE, nuevas fuerzas que les han hecho atrincherarse, en lugar de abrirse a la realidad de una sociedad que ha cambiado lo quieran ver o no. Pero la travesía augura fuertes tempestades. Y una guerra desigual. Y víctimas.

La idea de Pavía de poner una etiqueta con la fecha sin más a aquello que hizo, no es mala en tiempos difíciles. Prudente y aséptica. Podemos pues concluir que «el acto del 29 de Octubre» marca un tiempo plagado de peligrosas turbulencias.

*Publicado en eldiarioes

El PSOE no parece calibrar a qué condena a la sociedad española

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Javier Fernández, presidente de la Gestora del PSOE

Puede que, sin el golpe que derribó a Pedro Sánchez,  no habríamos captado en toda su dimensión lo que escondía el PSOE. Pero se han abierto en canal para mostrar una realidad preocupante en el partido que pasaba por ser el lado progresista del bipartidismo. No es que no diera señales de deterioro desde hace tiempo -de ahí la pérdida de votos-, sin embargo, muchos nos negábamos a considerar la existencia del PPSOE, que PP y PSOE fueran exactamente lo mismo.

Y no hace ni un mes descerrajaron con dinamita la caja de los truenos y nos sorprendieron dejando al desnudo un grave quebranto. Con una degradación de tal calibre que admite pocas reparaciones, al menos con sus actuales protagonistas. Todo el proceso aboca a la misma conclusión. En el PSOE se ha impuesto el virus de la  mediocridad, el que extrae las «posibilidades más ruines», como escribía Francisco Ayala acerca de la repercusión de las tiranías.

El expresidente Felipe González, metido en negocios de alto capitalismo y baja exigencia social, que coge las riendas y el silbato para desencadenar el derrocamiento del secretario general, Pedro Sánchez. De la mano de su amigo, Cebrián, factótum de emporios mediáticos venidos a menos y afectado de la misma soberbia que el colega. Se trata de llevar al poder a Susana Díaz, la presidenta andaluza y a su corte de fieles, más proclives a sus intereses.

Y el golpe triunfa, pero no en forma de paseo triunfal como esperaban: todo lo contrario. En los restos de la carnicería se lee bastante más que en los posos del café. Son análisis clínicos, casi una autopsia. Todas las miserias que se achacaban a la política esclerótica sobre la camilla, demostrando la razón que pide su relevo. Porque su daño, nos afecta a todos. Se descabalga un partido que concurrió a las elecciones como centro izquierda y su ruina sirve para cimentar al PP.

Ahí andan los barones más responsables pidiendo abstenerse un poco solo en lugar de un mucho para quedar dignamente. Olvidando que el nuevo mando ex

ige el pringue de todos.  Y que al final la abstención es como el embarazo, o sí o no. Rajoy será presidente gracias al PSOE. Ése es el hecho.

Primera ofuscación de una serie en la que vemos a prominentes líderes del PSOE mirar de tal forma por sus intereses, con tal impudicia, que se diría que no son conscientes de cuanto está viendo toda España.  Añaden al «abstenerse no es apoyar», el evidenciar su rechazo frontal a las políticas de Rajoy  votando no en la primera ronda para luego darle el Gobierno con su abstención, o el júbilo por la situación en la que quedan: «Ahora sí van a poder hacer oposición», ahora sí que Rajoy se va a enterar, «lo van a crujir vivo».

El presidente de Aragón, Javier Lambán, –que gobierna con apoyos– no se corta al evidenciar la máxima aspiración para el PSOE en estos momentos. « El PSOE liderará la oposición y que ninguna otra fuerza piense que lo va a poder hacer«. Lo mismo que Fernández, el presidente de la Gestora. Difícil entender ese conformismo y que encima presuman de él.

Porque hay quienes sí se creen una parte de su historia. No toda, evidentemente. Están regresando casi con furia a las antiguas tácticas que han destruido la confianza de los ciudadanos en la política. Un cinismo similar al que despliega el PP de continuo. Echando culpas a otros –a Podemos– empecinados en ocultar todas las evidencias, mirando para otro lado, a su ombligo, a su silla.

Los dinosaurios en pleno apogeo mediático para mayor gloria de las audiencias. Corcuera insultando a la diputada por su partido Margarita Robles con el tópico machista de la peluquería. El ministro de la patada en la puerta a una jueza. Como él, Rodríguez Ibarra persiguiendo catalanes y rojos. Desde el PSOE andaluz, uno de sus portavoces da mensaje cuartelario: Yo obedecería las órdenes del partido.  De hecho crece la idea de echar al Grupo Mixto a quienes voten que no. José Blanco, ascendido de nuevo a los altares, les dice que ahí tienen la puerta. Llevaban intención de no abstenerse entre 18 y 22 de los 85 diputados. Más debilidad para el PSOE de Susana Díaz, que va a concentrar las esencias de una inequívoca derecha nacionalista española y  de la política al servicio del aparato.

Soraya Rodríguez, exportavoz del PSOE en el Congreso, aportó, sin quererlo, las claves que les ocupan y preocupan. Ha pedido a quien está en contra de abstenerse que no falten al respeto para explicar sus razones. Está hablando a los suyos, sin pensar en los millones de personas a los que faltan al respeto al posibilitar un Gobierno de Rajoy. En particular, a quienes votaron sus promesas de cambio. Ésas de las que hoy se desdicen sin la más leve preocupación.

Un partido juzgado por corrupción al que solo apoyaban sus fieles poco escrupulosos con este asunto, emprende nueva legislatura. Con sus recortes, su autoritarismo, la manipulación de los medios públicos, con todo lo que ha convertido a España en uno de los exponentes de la mayor desigualdad y una pocilga ética en estamentos fundamentales. Dar el Gobierno a Rajoy –que no tiene mayoría por si se olvida– es un escándalo. Rajoy no es el mal menor, como tampoco lo es este PSOE. Son males superlativos.

Da la impresión de que el PSOE no es consciente del daño que se ha hecho a sí mismo y a la ciudadanía. Hoy más que nunca, el bipartidismo evidencia la carcoma que le corroe. El PSOE se lleva la peor parte al quedar subsumido al PP por la caótica ascensión del Susanato. ¿De verdad no se han enterado que van a comerse sus promesas y que están al albur del PP por su torpe maniobra?

La decadencia, cuando apura sus fases, acaba en descomposición y colapso. Ojalá estén a la altura quienes priman ocuparse de las personas, convidadas de piedra en esta guerra de intereses personales y mala política. La travesía va a ser dura.

*Publicado en eldiarioes

El golpe en el PSOE retumba en toda España

Lo publiqué hace unos días en eldiarioes, estaba claro. Este domingo se ha dado un paso más y en una semana tenemos a Rajoy de presidente del gobierno de nuevo.

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La operación está a punto de concluir. Con esa quemazón de los lazos que nos atan y atan fuerte en España. La investidura de Rajoy como presidente del gobierno, gracias al PSOE salido del alucinante motín del 1 de octubre, tiene mucha más envergadura aún de la que parece. El cambio de rumbo supone avalar a un partido anegado por la corrupción y condenar a la sociedad a unas políticas que el PSOE rechazaba. Así lo hicieron creer a sus votantes y no votantes.

Volverá a gobernar Rajoy. A ese fin se montó la defenestración de Pedro Sánchez. No hay alternativa, dicen, se trata de ir a terceras elecciones o abstenerse en favor del PP. No hay alternativa, desde luego, para una posición férreamente conservadora y aposentada que es la que se ha hecho con los mandos del PSOE. Y no por el método más airoso.

Nunca existió la posibilidad de un gobierno progresista. Por más que se llenen la boca de exculpaciones e inculpaciones numerosos miembros del PSOE. No lo hubieran consentido, como se ha visto ahora. Probablemente Pedro Sánchez intentó al suscribir el acuerdo con Albert Rivera distraer y apaciguar a quienes preferían pactar con el PP o con el diablo antes que con Podemos. Pensó, quizás, que Pablo Iglesias se sumaría con una abstención con tal de echar a Rajoy, no a lo que representa. Sánchez, además, parecía sintonizar con Rivera. Pero Ciudadanos tenía una labor que anunció reiteradamente: el pacto había de ser con el PP, jamás con Podemos, ni luego con Unidos Podemos.

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Felipe González también avisó. El expresidente tomó de alguna manera las riendas pocos días después de las primeras elecciones del 20D. Como ahora son múltiples las portavocías mediáticas de «la gran coalición»; en enero lo contó La Razón. Había que buscar a las viejas glorias para que frenarán a Sánchez no fuera a ser que se desmandara. Y parece ser que Sánchez sí pensó en serio al final en un gobierno progresista porque era su única salida. Susana Díaz lo quería fuera, en cualquier circunstancia.

El País se convirtió en este periodo en un órgano de presión y tutelaje del candidato y del propio PSOE. Ya se dice, con acierto, que deberá estudiarse lo que un periódico ha llegado a hacer con un partido político. Se marcaron las pautas, se alabó y se censuró. Se llegó a insultar a Pedro Sánchez y reiteradamente. En el cúmulo de improperios se le acusó de tener «un partido secuestrado», o aquel terrible «insensato sin escrúpulos» que señaló su derrocamiento. Ningún saqueador de las arcas públicas ha recibido ese trato. Hubo también un sobrecogedor final de editorial del 4 de septiembre: « Hay que evitar la repetición de elecciones a cualquier precio«.

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Y el miércoles 28 de septiembre Felipe González acude a la Cadena SER y se duele de haber sido engañado por Pedro Sánchez. Le dijo que se iba a abstener y no lo hizo. Y hay que abstenerse, no lo puede dejar más claro. Por la tarde le presentan a Pedro Sánchez 17 dimisiones en la Ejecutiva. El sábado, solo 4 días después, en una bochornosa sesión, Sánchez pierde ante los amotinados. La triunfadora es Susana Díaz, quien ha decidido por fin dar el salto a Madrid. El presidente asturiano Javier Fernández es colocado al frente de una Gestora con sobradas atribuciones.

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La maniobra se ha desarrollado ante nuestros ojos. Con menor pudor cuanto más colaba la osadía. Puede ser lícito que, de existir una mayoría en los órganos de decisión, se cambie a la persona que ocupe la Secretaría General sin cumplir los plazos y procedimientos. Pero no es eso lo que ha ocurrido, o no en la forma. Sánchez fue nombrado en primarias y le echa el Comité Federal, tras la declaración de guerra de la Ejecutiva. Lo hemos visto todos. El método para desbancar a Sánchez fue impresentable. El golpe de un sargento chusquero como lo calificó el socialista Josep Borrell. Ahora, el golpe en sí ha quedado en un segundo plano informativo. Y es clave en la historia.

La Fiesta del 12 de Octubre brindó múltiples pistas. La jefa -sin coronar aún- fue la estrella. Y hubo movimientos a amplias bandas. Sonrisas, parabienes, celos, algún crujido de sapos saltando en el estómago. Un cierto tufo a conchabeo en las cumbres. Susana Díaz deja el trabajo duro a otros –dicen que es su especialidad– y, ante el requerimiento de declaraciones, afirma: «Ya os cansaréis de oírme». Da por hecha su ascensión. ¿Adónde? ¿A la Presidencia del gobierno? Mucho tiene que llover para eso. O no, visto lo visto. O sí, visto lo visto.

Varias voces en el PSOE, escasas, son conscientes de lo ocurrido. De su gravedad también. Pero el conocido como Susanato, o Sultanato, agrupa –con la presidenta andaluza y su círculo de apoyo–, a barones territoriales de su mismo corte: se asemejan mucho a la figura del cacique español que conoce bien el sustento de redes clientelares.

Los estamos viendo pronunciarse y defender la inevitabilidad de un gobierno de Rajoy. Las declaraciones tras la reunión de este martes, con sus acatamientos y excusas, producen sonrojo y casi dolor ajenos. El presidente de la Gestora insiste en que «abstenerse no es apoyar» y que «la democracia directa no está en la cultura del PSOE». Varios barones se pronuncian en el mismo sentido. El portavoz de la Gestora, Mario Jiménez, declaró que « investir a Rajoy servirá para ‘sanar el daño’ que hizo el PP».  Y hay quien ya se consuela con la oposición tan constructiva que va a hacer el PSOE que igual consigue comisiones de investigación.

La división en el PSOE apunta indicios de ser traumática, y ocasionar la ruptura y separación de algunas federaciones como el PSC y la pérdida de figuras fundamentales. O puede que incluso también se diluya. Los objetivos de los amotinados son inapelables. En realidad solo necesitan brindarle a Rajoy, a lo que representa en el Sistema, 11 abstenciones, un «Tamayazo» amplio.

Esta crisis fue largamente preparada y, sin embargo, se ejecutó con torpeza extrema. Como en un ataque de urgencia o de soberbia que se precipitara eludiendo los cauces previstos. El «nuevo» PSOE ha quedado en tal situación de debilidad que no puede ni exigir contrapartidas a su apoyo. Corre el riesgo de que Rajoy les convoque elecciones y les mande al pozo del que no les salvarán las complacientes encuestas. La faena trae a la memoria la Ley de Clark, formulada, en su despido, por un científico de la NASA: «La incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad».

Todo está pasando ante nuestros ojos para quienes quieran verlo. Gracias a los procesos por corrupción que se están desarrollando, hasta los menos informados pueden ver el montaje de hilos entrelazados y se van afinando algunas de las figuras que los mueven. Podemos intuir más. Es la punta del iceberg. Algunas nunca las conoceremos. Ni tampoco los papeles de quienes gestionan la difusa urdimbre que mueve más de lo que muchos creen nuestras vidas. Los países menos o nada corruptos se libran de esta lacra.

Facilitar el gobierno a este PP es escandaloso, sin atenuantes. No solo por la corrupción, con ser letal e intolerable; son las políticas para la desigualdad, el aumento de la pobreza de todos los días, la demagogia impenitente, las trampas sonrojantes, o el peligroso autoritarismo que ha caracterizado el gobierno del PP con sus Leyes y Códigos Mordaza en vigor. Apoyarlo es sustentar todo esto. Y su continuidad. Rajoy no ha brindado ni una concesión a sus socios. Teatrillos habrá con el juego de minorías pero lo fundamental está atado.

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Dicen que durará poco la legislatura pero, mientras no haya una conciencia ciudadana responsable, el entramado opera a sus anchas. Y si han sido capaces de hundir al PSOE para que nada cambie, ¿qué más cabe esperar de este tiempo que se avecina?

*Publicado en eldiarioes

González, Cebrián y la monarquía tailandesa

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Cebrián, González y García-Margallo a su llegada al foro ‘Venezuela: una reflexión sobre el presente’, en junio de este año. FLICKR CASA DE AMÉRICA

Acaba de morir el Rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, tras 70 años en el trono. Tenía 88. Se han decretado 12 meses de luto y a quien no llora adecuadamente por él  le obligan incluso a golpes y arrastrado en público escarnio ante la multitud. Desde mayo de 2014 la figura fuerte en el gobierno del país es el general Prayuth Chan-ocha, autor de un golpe de Estado contra la entonces primera ministra Yingluck Shinawatra. A partir de entonces gobierna una junta militar. El objetivo, se dijo, era incrementar el poder de la monarquía.

Al cumplirse un año del golpe, Chan-ocha reunió a la prensa local y a los corresponsales extranjeros, unos 200 periodistas, para darles un cursillo sobre cómo hacer preguntas que no le ofendieran. No nos facilitaron detalles del temario. La población también recibió directrices. Fue creado el Consejo Nacional para la Paz y el Orden destinado a lograr la felicidad de los tailandeses. Por las buenas o por las malas. El propio Chan-ocha compuso una balada titulada  «Devolviendo la felicidad a Tailandia». Más les valía cantar y dar saltos de alegría, el descontento sería castigado con los llamados “ajustes de actitud”. Numerosos críticos, académicos y prensa entre ellos habían sufrido sus rigores: arrestos y represión por esas desviaciones que no gustaban a la Junta.

Los tailandeses, por tanto, están obligados a ser felices por decreto y también a sentir enorme dolor por la muerte de su monarca. Un sinvivir.

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Chan.ocha se postra ante el Rey ahora fallecido

Indudablemente, los guardianes de las esencias de un país, una sociedad, cuanto viven y quieren, su felicidad, su tristeza, creen estar en posesión de la verdad. No hay nada como sentirse un ser excepcional para indicar, imponer si se da el caso, las conductas correctas.  La realidad a veces les contradice. De forma flagrante incluso.

Se levanta España sobrecogida a golpe de periódico, prensa y radio, porque este miércoles un grupo de 200 estudiantes, alborotadores, o lo que fuera, protestaron en la Universidad Autónoma de Madrid ante el expresidente del gobierno y del PSOE, Felipe González, y el presidente del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián. Iban a dar una conferencia y los manifestantes se lo impidieron.

Ya estamos de nuevo con portadas, editoriales, escritos desde la “efervescencia” –ahora les cuento esto-, en donde se compara la protesta de la Universidad con el 23F y, sobre todo, se culpa de la revuelta… a Podemos. Decían lo mismo que Pablo Iglesias en el Parlamento, argumentan. Hablaban de cal viva y eso no se toca, ni se desentierra. La cal viva existió y algún día este país deberá enfrentarse a ello, hay asuntos que por su desmesura se empeñan en sacar la mano de la tierra que los sepulta. De hecho, hasta José María Aznar se lo refregó a González en 2004, con lo que él tiene que callar.

Por supuesto que no es la mejor actitud obligar a suspender una conferencia. Tampoco situar en la precariedad y falta de futuro a los jóvenes –y no tan jóvenes- por las políticas que estas dos personas se empeñan en avalar en la práctica. La violencia tiene muchos caminos y matices, pero, categóricamente, no es lo mismo una protesta en una Facultad universitaria que estas portadas y artículos señalando dianas.

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Dicen que hay que atar corto a las redes sociales, ¿A la sociedad? ¿A los desacuerdos? ¿A las justas reivindicaciones de esta ominosa época? Desde los púlpitos mediáticos, nos dan clases como en Tailandia. Algunos las llevan bien aprendidas de casa.  Chirría escuchar a periodistas censurando la crítica que es consustancial a nuestra profesión. Y escandaliza este salto a la primera fila del  lavado de ofensas cuando tanto se ha callado y acallado.

El papel de Felipe González y de Cebrián en el motín dentro del PSOE es visible. Les hemos oído y leído. Son ya numerosas las voces que no dan crédito a lo que, especialmente, El País, un diario de referencia, está haciendo. Y el giro en el PSOE Supone un cambio drástico en las expectativas para un cambio de políticas. Tampoco ha sido nada airosa la forma. La maldita casualidad hizo que el mismo día de la protesta en la Autónoma, Infolibre publicara la carta que el director de El País, Antonio Caño, ha enviado a los suscriptores que se han dado de baja, disconformes con la línea editorial del periódico. Caño atribuye los editoriales incendiarios y cargados de insultos a la “efervescencia” que se produce en algunos momentos en este tiempo en que “los ánimos están exaltados”. La dirección de un medio puede perder los papeles, soltar exabruptos, pero no unos jóvenes muy enfadados y con razón.

Este jueves la prensa y en particular El País vienen sobrados de burbujas. Con espadachines varios, siempre dispuestos a salir valedores del sol que más calienta. Mientras no languidezca, que deben venir bien duras cuando Caño manda cartas para ver de salvar los muebles anegados.

En los palacios de oro no dan crédito a la osadía de los estudiantes. ¿Ha podido ocurrir algo en España más grave que una protesta contra dos personalidades tan relevantes que, además, han acreditado de tal forma su prestigio con el tiempo? ¿Gurtel y todas las corrupciones? ¿El ascenso a la troposfera de la Deuda Pública?  ¿El vaciado de la Hucha de las pensiones? ¿El incremento del número de pobres? No, desde el 23F, no ha habido nada similar a la protesta en la Autonóma contra González y Cebrián. Desde la Batalla de las Termópilas probablemente. Y hay que pronunciarse. Pasan lista de fidelidades y de “desajustes de actitud”. Se estudian castigos. De entrada, el señalamiento público arbitrario.

Jóvenes descarriados –no solo un poco, mucho- beben en las fuentes que les mandan desde Podemos. Igual que una parte del PSOE díscolo, antes oficial.  Huecas sus cabezas, se dejan dirigir por cantos de sirena con coletas. Eso dicen. En primera fila, el portavoz de la Junta, perdón, de la Gestora, que un día se ve redimiendo al PP de sus culpas y otro acusa sin pruebas.  Son las caras del Susanato, del tiempo que viene. La teoría -que la prensa conservadora y periodistas aposentados comparten- da idea de su concepto de la información y de la propaganda. Igual llega el día en el que los periodistas no complacientes con el poder nos veamos obligados a recibir clases de trato a los que mandan.

Son momentos difíciles que pagarán los de siempre, porque los de siempre así lo han organizado. Hoy no es día de ser felices por decreto. Hoy es día de llorar y rendir pleitesía a los próceres agraviados y de mandar a galeras a esos poderosos, sibilinos e inmundos seres que se introducen en mentes endebles, no cómo otros que no lo logran del todo aunque lo intenten profusamente. La felicidad ya llegará con el futuro gobierno que aglutina voluntades en pensamiento único de trono tan longevo. Ése que va a proporcionar tanto alivio a los que saben lo que nos conviene a todos.

*Publicado en ctxt.es

¿Cómo resistir a esta obscena manta de miserias?

 

“¿Cómo transmitir a tus hijos que existe la Justicia, que el esfuerzo recompensa, que el mal se castiga… cuando vives lo contrario?” Las preguntas en Twitter de Lore Beltz, una joven madre aparentemente, son las que se hace cualquier persona dotada de conciencia. Y es cierto que la obscena manta de miserias que nos está cayendo no permite apenas ni recuperarse tras cada andanada. Allí tenemos vomitando corrupciones a los imputados de la trama Gürtel y otras tramas, en las que siempre está el Partido Popular. Y ves a sus portavoces eximiéndose de responsabilidades con un cinismo que excede todos los límites imaginables. Las mismas personas que se disponen a gestionar otra vez los asuntos de todos, apoyados por un poderosos y turbio sector del colega PSOE.

Oír a Francisco Correa, la cabeza visible de la Gürtel, es entender en qué terminó convertido el bipartidismo español. Y hiere tanto el saqueo, como la desvergüenza con la que se cuenta. Y la conspiración política a la altura de cómo se argumenta. ¿Se puede declarar sin sonrojo como ha hecho el portavoz de la Gestora del PSOE que “investir a Rajoy servirá para “sanar el daño” que hizo el PP”?  Modistos y curanderos por el mismo precio.

Produce indefensión comprobar que, cuando más ansias de cambio se pedían y se precisaban, vuelve a triunfar esa concepción de la política que consiste en sacar provecho de la sociedad que te ha dado las llaves del poder, sin el menor escrúpulo en saquearla. Y pensar que a unos cuantos millones de personas les da absolutamente igual que nos roben a todos.  Y que emigrar empieza a no ser una opción porque puedes toparte con la Raza Brexit que no te deje ni entrar en su paradisiaco país o que también te lo impidan en el resto de países que abrazan con igual ceguera la ultraderecha o, con más precisión, reeditan los fascismos.

Habrá tiempo de analizar el Golpe de Octubre en España que está a punto de mandarnos otra vez a la historia de la infamia, lo importante ahora es salir de la ira y el estupor para volver a preguntarse si ser decente vale la pena. Si buscar el bien común tiene algún futuro.  Si mantenerse en pie es preferible a la técnica para avanzar en el poder que definía Heinrich Mann en “El súbdito!: “Para arriba encorvarse, para abajo pisotear”. Estos días, el festejo del día 12 en particular, nos dejó pruebas hasta gráficas de ello.

“La resistencia es, seguramente, ese descubrimiento. Así que todas las apelaciones al desastre total, corrupción endémica y demás no suelen contribuir a la resistencia, sino que consolidan la reacción y niegan la posibilidad de oponer fuerza a la violencia del otro. Pero la resistencia no debe formar parte de la duda. Incluso si se cree que las cosas no tienen remedio, existe la obligación de estar decidido a cambiarlas”, escribía aquí la periodista Soledad Gallego Díaz en un estimulante artículo apelando a los “veranos invencibles”. (Puedes leerlo aquí).

No es solo cuestión de dignidad –que también-, pero no son solo valores éticos los que han de ser invocados. Las sociedades desiguales e injustas funcionan peor que las igualitarias y libres. En las primeras aumentan las tensiones sociales,  las enfermedades, los problemas mentales. Se reduce la esperanza de vida. Crece la violencia.  Las sociedades con mayor respeto a los derechos sociales, a los derechos en general, responden mejor a las crisis. Son incluso más competitivas.

Desde ese punto de vista pragmático, una sociedad más abierta permite desarrollar el potencial  de distintos modelos de creatividad, es más plural y rica. Las monolíticas -y más si  el grupo dirigente es como el que se dibuja ahora en España, ultraconservador y muy cerrado en ideas- se vuelva en crear zotes. Ese pavoroso prototipo de la mediocridad que rechaza la diferencia con la represión y la trampa.  No renta apostar por la injusticia. Basta ver las consecuencias de estar gobernados por personas con alma de general o sargento chusqueros.

¿Dónde estaríamos sin aquellos cuyo esfuerzo hizo avanzar a la Humanidad? Desde Copérnico a Darwin, a Newton, a Fleming si se quiere, a quienes siguen avanzando en el conocimiento científico. Algunos de ellos se dejaron más que la piel en su batalla contra la intolerancia. Que se lo digan a Hypatia de Alejandría. ¿Y dónde sin todos aquellos que prefirieron la firmeza de sus convicciones, el valor, a bajar la cerviz y tragar? Rosa Parks cuando se negó a bajarse de aquel autobús para blancos en Montgomery. Sin quienes cada día hoy siguen dando ejemplos de dignidad y de coraje en los mares de la vergüenza europea y todos los campos de la codicia.

¿El mal gana siempre? Muchas veces, demasiadas. Aunque no todo el que se arrastra consigue levantar al final la cabeza del barro. La maldad, la bajeza, la trampa, no vacuna contra la caída. A veces todo lo contrario, siempre habrá alguien más rastrero dispuesto a auparse sobre quien sea sin escrúpulos.

Nos acaban de hacer Nobel de Literatura a Bob Dylan. Nos lo han hecho en particular a aquellos que crecimos en varias primaveras de sueños de libertad, resistentes y fructiferos como los veranos invencibles. Sembrando bajo los adoquines las raíces de la posibilidad. Porque una cosa es retroceder, como está haciendo está sociedad, y otra regresar a las ideas que nos sustentaron en tiempos de avances. Ya son de todos. De los que tengan vista y coraje. Para volver a convencerse de que los tiempos están cambiando y  sumergirán como una piedra a los que se niegan a nadar con todos.

La respuesta existe. Vuela libre en el viento. Y pensar que no solo hay héroes y tiranos, la mayoría son simplemente arrastrados por la corriente.

*Publicado en ctxt.es

Despejando algunas X

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Francisco Correa ha testificado en el juicio que se sigue contra él que la gran obra pública del gobierno de Aznar escondía comisiones del 3% para el PP. Se refiere en particular a «carreteras, autopistas y obras del AVE», el símbolo del progreso de aquellos tiempos en los que se nos decía: «España va bien». Correa no podía adjudicar obras por sí mismo. Como escribe Ignacio Escolar, «en la cadena de la gran corrupción, los principales eslabones son dos: el constructor que paga y el político corrupto que adjudica. Y ni Correa ni Bárcenas fueron ninguno de esos dos».

La abundante documentación disponible permite saber que, además, buena parte de esas infraestructuras –las radiales de Madrid en cabeza– sobredimensionaron sus estudios de viabilidad y que los contratos se firmaron con cláusulas que favorecían a las empresas. De ahí que haya que rescatar también las autopistas que sufrieron un importante agujero en pérdidas.

De confirmarse el testimonio del conseguidor de la Gürtel, Francisco Correa, se habría cobrado «mordidas» por la adjudicación de algunas autopistas. Y está probado que se erró en los cálculos y se estipuló que, en la práctica, las pérdidas acabaran siendo pagadas con dinero público.

Un poco de historia:

Corría el año 2001 cuando al PP le entró la fiebre constructora con Francisco Álvarez Cascos recién llegado a Fomento desde la vicepresidencia del primer Gobierno de Aznar. Correa lo ha exculpado, sin embargo, explícitamente, y sin que la Fiscalía le preguntara por ello. En aquellos días tan activos, el gobierno popular ya había aprobado la liberalización absoluta del suelo –fruto de los desvelos de Rodrigo Rato y el propio Aznar–, ya se inflaba con gozo la burbuja del ladrillazo y además parecía haber algunos compromisos que solventar. Mariano Rajoy formaba parte de ese gobierno: era ministro de Interior.

La R2 por ejemplo que une Madrid con Guadalajara, pasando por Yebes, con una estación de AVE  –que igualmente promovió el PP– a 8 kilómetros de la ciudad, sin conexión con Cercanías, y cuyo taxi sale más caro que pagarlo desde Madrid. Yebes iba a ser un pulmón para la capital, con una urbanización modelo edificada en terrenos vendidos por familiares de Esperanza Aguirre. No lo ha sido.

Autopistas y AVE, la fórmula mágica que denuncia Correa para el pago de comisiones dado el costo de las obras. España es el segundo país del mundo con más kilómetros de AVE por habitante y el de menor número de viajeros. Son infraestructuras caras. Para hacernos una idea cada kilómetro del AVE entre Madrid y Barcelona costó 14,4 millones de euros. Lo peor es que la factura final supuso un 31,4% más del precio por el que se adjudicaron los trabajos, según el Tribunal de Cuentas. La línea cuenta con 804 kilómetros.

Construidas en tiempo récord y con los habituales sobrecostes que se dan en España, las autovías y radiales de la era Aznar/Cascos fueron inauguradas con todo boato a partir de 2004. De pago y con otras ofertas disponibles, los viajeros no acudieron.

El fiasco se veía venir. «Desde el Gobierno temen que, en caso de bancarrota, la Administración acabe en el juzgado y tenga que hacerse cargo en cualquier caso de la deuda. Hay argumentos legales para ello: las concesiones se hicieron sobre cálculos de tráficos que jamás se cumplieron, la ley del suelo de Aznar disparó los costes de expropiación de los terrenos y las cuentas, por tanto, jamás salieron»,escribe Ignacio Escolar en 2012 .

En efecto, los estudios de viabilidad de Fomento fallaron tan estrepitosamente que registraron  un 85% menos de tráfico del previsto. De forma que incluso se incrementó la cifra de pérdidas calculada inicialmente. Hablamos ahora de 4.600 millones de euros. El Estado está obligado a pagar en caso de liquidación.

Las empresas constructoras y concesionarias del conjunto de las autopistas quebradas son Acciona, ACS, Abertis, Cintra, Sacyr, FCC, Ferrovial, OHL o Globalvía. Y además participaron en su día varias cajas de ahorros: Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar.

En su declaración de este viernes Correa, por la razón que sea, ha decidido poner nombres a algunas X. Correa acusa a OHL, ACS y Dragados (esta última entró a formar parte de ACS en 2002). Es decir, habla de los grupos controlados por Florentino Pérez (con la familia la March y los conocidos como los «Albertos», Cortina y Alcocer) y el Marqués de Villar Mir. Ambos han anunciado querellas contra el procesado.

También cita Correa a los que, en sus palabras, habrían cobrado las «mordidas»  entregadas por las empresas.  De «varios ministerios» dice, mencionado a Fomento (Alvárez Cascos, aunque Correa dice que no se refería a él con las siglas PAC) y Medio Ambiente, en donde vuelve a aparecer referido en trama de corrupción Jaume Matas hasta 2003. Le sustituyó a partir de entonces Elvira Rodríguez, que pasaría ser en el gobierno de Rajoy presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, CNMV.

En estas revelaciones surtidas a gusto del encausado, Correa obra en favor de sus objetivos particulares y su defensa. Da algunas X; de ser ciertas, aún siguen faltando. Los datos de la regla de tres están en la pizarra.

X de un tiempo con muchas obras, en muchos ámbitos y con muchos Correa, como él mismo afirmó. Un tiempo enquistado en la vida pública española, al que le salen valedores hasta debajo de las piedras para cimentarlo. La gran X que entrega la principal condena a los ciudadanos.

*Publicado en eldiario.es

La Ley de la Selva

Doce adolescentes, de entre 12 y 14 años, propinan una descomunal paliza a una niña de 8, compañera de colegio, según el relato de la agredida y de testigos. Doce adolescentes se habrían dirigido así –probablemente a la voz de uno, dos o tres líderes– a secundar una agresión de extrema crueldad sobre una criatura a la que ya han derribado al suelo. Y la patean y crujen a golpes. Sin que nadie mueva un dedo por ella. Hay que ponerse en la mente de todas y cada una de estas alimañas para hacerse idea de la escena.

La pequeña vuelve a clase. Pasará más de una hora allí sentada. También es necesario situarse en su lugar, su dolor y sentimientos. Cuando la madre la recoge han de ir al hospital. El parte médico refleja múltiples daños: el más grave, desplazamiento del hígado. Parece ser que no es un riñón como se dijo en principio, sino el hígado, órgano esencial para la vida. No añade ni quita grados a la salvajada.

Los datos afirman que se ha producido un sensible incremento de los casos debullying en los colegios, y que muchas víctimas no lo cuentan en casa. Temen, probablemente, mayores represalias. Los agredidos son preferentemente niños que por cualquier circunstancia –peso, procedencia– son diferentes al conjunto. La tribu, insegura, ordena la homogeneidad.

Y ahora, en la ceremonia habitual, toca aumentar o restar importancia al caso, eludir o incrementar responsabilidades, responder al puño de hierro con más mano dura, llenar horas de palabrería de consumo, si es el caso.  Son muchos los casos de hecho.

Los adolescentes son espectadores de violencia en las pantallas, argumentan en descargo. Como siempre. Y a los 12, 13 y 14 años, incluso a los 5 si se apura, se sabe que patear entre doce a un ser humano notablemente menor que cada uno de ellos produce efectos desastrosos. Para eso lo hacen. Sin apenas motivo. Para desahogar el odio y el miedo. Lo que no es atenuante alguno.

Estos 12 bárbaros opositan a maltratar en grupo de mayores y subir sus fechorías a la Red. Javier Gállego, Crudo, se refería a estos asaltos en manada, de los que todos somos responsables. Unos más que otros, sin duda.

No es la violencia que se contempla en las pantallas, ficticia o real, el mayor problema. Es la violencia como sistema, la violencia estructural que se está imponiendo en nuestras vidas. El ver triunfar el matonismo con todas sus trampas y zancadillas. Apoyado. La justicia cuando actúa de parte. El desprecio y perversidad con los débiles, como en los grupos menos evolucionados. Termina dejando una raza de cafres.

Cuántas heridas han causado ya las políticas para la desigualdad y las consecuencias que acarrean. España lidera esa brecha en Europa. Reiteradamente. En particular desde que gobierna el PP. Con alarmantes cifras de pobreza infantil o desprotección social. Cuántas secuelas deja y dejará la pobreza inducida. Cuántos niños, jóvenes, adultos y ancianos apaleados contabilizamos desde todos los flancos de la injusticia. Menos mal que ya se puede pedir un Jet privado como quien llama a un taxi con una APP estupenda.

La ley de la selva empieza a definir nuestro mundo de nuevo, reeditando la historia de la barbarie. El Reino Unido, que aprobó un Brexit entre la ira y el desconocimiento, empieza a pensar –ahora– cómo ponerlo en práctica con temibles sesgos de xenofobia. La raza Brexit se afirma por boca de su presidenta Theresa May cuando muestra cierta comprensión a las agresiones a inmigrantesporque quitan el trabajo a los locales, en pura demagogia de la peor especie. Pensando en elaborar listas hasta de escolares extranjeros, los inmigrantes se convierten en moneda de cambio para la negociación de una salida ventajosa de la UE.

May declara que solo admitirán en el país «a los mejores». Hitler no lo hubiera dicho mejor. Y es la avanzadilla insolente de lo que está ocurriendo en Europa. La vida de miles de refugiados es ya para muchos, para los dirigentes en la práctica, calderilla.

¿Violencia en las pantallas o en la vida? A poco que descuidemos su protección emocional, nos encontramos con el hígado destrozado por la bilis de ver al partido más corrupto de la reciente historia de España a punto de volver a formar gobierno. Podría estar listo antes de que acabe el mes. Apoyado por un obsceno golpe en las filas del PSOE cuyos extremos dejan con la boca abierta y sapos en el estómago. Y por ese devenir de periodistas y medios cómplices. No llegan a ocultar noticias de intolerables atropellos desde el buen periodismo, sin embargo. La Cátedra de Corrupción que tenía instalada el PP, según El Mundo, se suma con sus cutres «powepoint» a este continuo sinsentido.

No es para espíritus sensibles ver los panegíricos que montan al «hombre tranquilo» designado por Susana Díaz –otra incomprendida, leo– como gestor con mando en plaza. Y produce un absoluto empacho de inmundicia oír a Javier Fernández, tan respetuoso con la corrupción del PP,  nuevas alusiones a la cal viva –ahora arrojada sobre Podemos–, que este PSOE haría mejor en guardar si realmente fuera prudente.

La ley de la selva pero más puerca y rastrera. No se sale inmune de su ponzoñoso follaje.

La pobre niña brutalmente apaleada en un colegio de Mallorca ha de apechugar con sus dolores, sus secuelas, y las que en el carácter deja la atroz injusticia. Ojalá encuentre caminos de salida y crecimiento. Los energúmenos que se ensañaron, presuntamente, con ella enfrentarán su papel en la paliza, liderazgo para el mal, servilismo cómplice y dañino. Guardan dentro serias lesiones en el ser de humanidad. No es una chiquillada.

Faltan los que miran. Los que miran y callan. Los que miran y golpean, con manos y pies o con su silencio.

*Publicado en eldiarioes

Las tribus de la Sociedad del Espectáculo

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Van de sorpresa en sorpresa. De conmoción en conmoción. Si hace unos meses fue el Brexit británico, ahora es el Plan de Paz del gobierno colombiano con la guerrilla de las FARC. Tras 54 años de conflicto, 250.000 muertos y 6 millones de víctimas, ha acudido a votar solo el 37% de la población y por unas décimas ha ganado el NO. Los ejemplos se suceden y nos queda mucho más por ver. Son consecuencias, en mayor o menor medida, de la Sociedad del Espectáculo.

Hay numerosas. En España acabamos de asistir a la representación completa de la tragicomedia del PSOE –televisada, radiada, escrita e interpretada– de cuyo cómputo de víctimas destaca sobre todas la credibilidad. Y empieza el juicio de la Gürtel que será manufacturado según convenga. Mejor que no se vea mucho que igual alguien considera una desvergüenza tener y apoyar para que repita el gobierno de un partido procesado por corrupción. A qué punto habrá llegado esta sociedad para que tal aberración este ocurriendo.

La frivolidad es la característica dominante de esta nueva comunidad de adictos a hacer de la vida un show. Cada vez se lee menos y se profundiza menos en los análisis. Parecen haberse sustituido por opiniones ajenas de confrontación, a ser posible, surtidas de lo que llaman –sin ninguna inocencia– «rifirrafes» y «zascas». Se evidencia pereza para siquiera elaborar los argumentos que les sirven precocinados. Y, sobre todo, para seleccionar el grano de la bazofia. Borrado de la memoria por la sucesión de impactos que llenan el disco duro de los cerebros. Y pasión por el espectáculo.

En el caso de Colombia, vemos a dos políticos que afrontan de muy diferente forma el problema del terrorismo. Álvaro Uribe con mano dura y acción militar, Santos negociando. El expresidente Uribe –a quien se llamó el Aznar de Colombia y mantiene excelentes relaciones con Felipe González– ha hecho campaña por el NO. Con todo el argumentario clásico: con el sí se daría pie a un gobierno del «castrochavismo» y se haría presidente a un terrorista. Ocho años lleva repitiéndolo a diario Uribe, dos meses mostrando Santos los pormenores y ventajas del trato. Un acuerdo de paz  no es fácil, presiones y errores se añaden; lo que no se puede es abordarlo superficialmente y manipulado.

En el Reino Unido ocurrió esta misma simplificación. El aspecto más destacado por analistas serios fue la extrema frivolidad con la que se presentaba algo de tal trascendencia como la salida del país de la Unión Europea. Con cuanto implica desde todos los puntos de vista. Después, siempre, la sorpresa. ¿Y si repetimos votaciones hasta que salga de nuestro gusto? Es que mucha gente no se enteró o no se enteró bien.

En poco tiempo, los ciudadanos pasaron a ser consumidores y ya se han convertido en espectadores. Muchos de ellos se agrupan en tribus gregarias –o grupos fijos de abonados– de efectos negativos para el bien común. Los departamentos comerciales les eligen candidatos con los que puedan identificarse. Lo que esté de moda en el momento. Ahora se llevan los modelos de madres amantísimas de sus electores, buenas perversas, impúdicos sabelotodo, mucho cortesano, cínicos de toda la vida, y escasa cultura para dar cercanía a la baja exigencia. Despunta en tendencia el hombre gris y presuntamente sensato y moderado. Siquiera para animar el cartel, el argumento y los protagonistas amenazan con ser idénticos. Las tribus apuntalan los cimientos del teatro, no se saldrán del guión.

La tribu de los idiotas

Idiota no nació como insulto, pero es así como se llama desde la antigua Grecia a «aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses particulares». En Atenas, su desinterés y aislamiento llevaban al idiota a perder derechos que le correspondían. De ahí que el idiota terminara por ser a asimilado a un ignorante que renuncia por voluntad propia a la política que le afecta. Son los que repiten: bastante tengo con ocuparme de buscar el sustento, atender a mis hijos y qué menos que distraerme con el fútbol o lo que echen por la tele. Y por tanto se inhiben de cualquier responsabilidad social.

La tribu de los «a mí»

Son vástagos de los anteriores. La diferencia apenas radica en que sí prestan atención a los asuntos de la vida pública, pero situándose en el centro de todo argumento. «A mí’ no me han bajado el sueldo. «A mí» que me arreglen lo pedí, «a mí» la calle. «A mí» me atienden en hospitales muy limpios y bonitos. Y un sinfín de visiones absolutamente egoístas que no contemplan ni el daño ni el bienestar de otros.

La tribu de los cuñados

Mucho más definida y popular. Son los que todo lo saben, dan argumentos pueriles y, sin embargo, se dicen y se creen sapientísimos. Sin rastro de pudor para mostrar bien alto su ideario. Con osadía infinita.

*La variedad Hater nos presenta a un cretino integral que no se cortaría en discutir e increpar, sintiéndose en el mismo nivel, al reciente premio Nobel de Medicina sobre su hallazgo: la autofagia. La especie abunda en Twitter y en el periodismo de zascas.

La tribu de los «así ha sido toda la vida»

El voto conservador se nutre de ellos en particular. Amantes de las tradiciones, llama la atención que hayan permanecido impermeables a los cambios y avances que se producen en un mundo en constante evolución. De Heráclito ya, ni hablamos. Ajenos a los hechos que han mutado y obligan a otras respuestas. Incrustados en el blanco y negro, tras varias décadas desde que llegó el color a la televisión. Pueden salir a votar con el rosario en la mano a quienes condenan a la pobreza y la desesperanza a muchos seres humanos y roban el dinero de todos. Son capaces de afirmar –por miles, por millones–  que, el PP, por ejemplo, « al margen de la corrupción lo hace bien«.

Al margen, como si pudiera deslindarse, en el caso de ser cierto ese «hacerlo bien» para el conjunto de la sociedad. Es de suponer que en la planificación de sus cuentas del mes incluyen un apartado para la «mordida» que se llevan los corruptos.

Alas de mariposa

Tendríamos que hablar de muchas otras tribus. Etiquetas para una sociedad cómoda que no sabe prescindir de ellas. Del «me gusta» y «no me gusta» como base de decisión en asuntos trascendentales para la convivencia de todos. De los serviles y de los que siempre apuestan a caballo ganador aunque caigan bajo sus herraduras. De quienes se fían de toda la pléyade de predicadores del ultraliberalismo que pueblan ya las pantallas; idiotas para idiotas, en la terminología griega. Y de los manipuladores. Y de los Jockers para odiar y vender más.

De ese público que se apasiona, apuesta, sufre y se divierte con la realidad hecha ficción y festejo. Piensas: no se comprarán un coche o un piso con tan poco criterio. En la práctica sí, más: confían su salud y la de su familia, la educación de sus hijos, el futuro de todos, guiados por el político o tertuliano que les cae bien. O por cualquiera que les diga lo que quieren oír para justificarse: « que otros lo harán peor». Odian más a quienes les señalan, aunque ni le conozcan, que a quien les hace daño.

El problema es grave. No ha hecho sino aumentar desde que se dieron las primeras voces de alarma. No lleva camino de frenarse salvo que los propios ciudadanos tomen conciencia de lo que está ocurriendo. La Sociedad del Espectáculo, creada a conciencia, se ha hecho un monstruo incontrolable. Pero la principal responsabilidad es de quien la traga. Cuesta entender que seres adultos se sienten a dejarse hacer tinte, champú y corte con sus cerebros.

Los hechos tienen consecuencias. El Efecto Mariposa, con aquel suave aleteo que provocaba tornados al otro lado del mundo, es cosa de niños al lado de la destrucción que está causando ya la Sociedad del Espectáculo.

*Publicado en eldiarioes

El triunfo de la España sucia

 

Amanece con el campo sembrado de cadáveres. Los sublevados se han retirado momentáneamente del escenario y solo la prensa amiga permanece enarbolando la cabeza del derrotado en una pica. Cronistas varios dan su versión de los hechos. Demasiados, somos demasiados tal vez. Numerosos mercaderes se mezclan en la confusión para vender sus productos. Hay quien aplaude, quien come palomitas aún, o pizzas, quien elige culpables en la oferta para aminorar dolor o responsabilidad. La gente sensata está sobrecogida ante lo que la España sucia es capaz de hacer.

La historia de las hostilidades empezó mucho antes pero se desencadena en las navidades del año pasado. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, siempre tan ocurrente, decide fijar elecciones para el 20 de Diciembre a ver si con los villancicos ya sonando, se le anticipa el premio de la lotería que no viene asegurado. Pero no, después de tanto esfuerzo, de encuestas como espoletas, los abusos pasan factura. No demasiada, pero sí la suficiente como para que los votos no le permitan seguir en la Moncloa sin apoyos.

Rajoy le dice al Rey que no se presenta a la investidura, que para perder ni se molesta. Pero Pedro Sánchez, el líder del PSOE, la segunda fuerza más votada casi con el mismo porcentaje que Podemos, se anima a intentarlo. Está muy condicionado –siempre lo estuvo- por la derecha de su partido, o si se quiere, por los más acomodados. Firma un pacto sorprendente (o no) con Ciudadanos que no le aporta los escaños necesarios.

A Pablo Iglesias se le ha ocurrido abreviar trámites y le ha ofrecido formar gobierno. El único error en mi opinión: hacerlo en rueda de prensa y no al propio interesado. Los dioses del PSOE montan en cólera ante la osadía. Temen sin embargo que el secretario general caiga en tentaciones inconvenientes. Y una de las portavocías del Poder, el periódico La Razón, avanza en portada, que Felipe González va a tomar las riendas: “reunirá a la vieja guardia antes del Comité Federal para frenar a Sánchez”. Es 24 de enero.

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El País apoya por la retaguardia en su encantador intento de impulsar a Albert Rivera. El político más valorado, dice, aunque cada vez se desinfle más en las urnas.

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Muchos avatares después, muchos fracasos, muchos llantos y rabias; unas segundas elecciones en Junio, una investidura de Rajoy fracasada por la firmeza de Sánchez en el No a un gobierno corrupto, múltiples editoriales cuajados de insultos, un hartazgo notable en el electorado, llega la hora de la verdad. Los cuatro días del asalto. Largamente meditado y ensayado. Ahora nos dicen que hasta el gobierno lo sabía.

A estas alturas ya casi nadie ignora el pistoletazo final de Felipe González el miércoles en la Cadena SER. E inmediatamente las dimisiones, el desembarco del PSOE andaluz en Madrid con la enviada de la jefa, Susana Díaz, que en insólita escena se proclama “única autoridad”, sin que ni el tío Tato de Rajoy le haga el menor caso. Un patético recorrido que ha dejado boquiabierta a la ciudadanía.

Y el sábado, 1 de Octubre, el día en el que (1923) Fernando VII abolió todas las leyes progresistas del Trienio Liberal y reinstauró la Inquisición, el día que las mujeres obtuvieron el voto en 1931, el que Franco fue proclamado Jefe de Estado, los ejércitos y las libertades en el 36 tras el golpe de Julio o el día en el que se aprobó, en 2004, el matrimonio homosexual, se desencadena la batalla definitiva en Ferraz.  De nuevo una guerra televisada, radiada, escrita y comentada, manipulada, protestada. Con lloros, gritos, desconcierto, mala vid. Y por encima de todo, un puro bochorno, una vergüenza para un país europeo del Siglo XXI.

Sánchez pierde la votación para hacer un Congreso y dimite. El País le dedica una portada, una edición, desde el rencor y la revancha. No cabe más, ni la caverna mediática oficial llega a tanto. Todos los partidos socialdemócratas europeos pierden apoyos. El descenso no se inició con Pedro Sánchez, lo hizo con Rubalcaba. En las últimas municipales, el PSOE de Sánchez duplicó las alcaldías. Pero todo eso da igual. Lo importante es que gobierne Rajoy, que gobierne el PP y nada cambie.

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Se hace cargo de la gestora el presidente de Asturias, Javier Fernández, un señor que se declaró en campaña “español por los cuatro costados” y al que aterra cualquier posibilidad de referéndum en Cataluña. Cualquier persona informada, bien informada, sabe cuánto porcentaje hay de teatrillo en eso del “España se rompe”. Para los negocios y trapicheos no se rompe ni en broma.

Y gana Susana Díaz y sus autoridades (Verónica, autoridad única, o Micaela, la presidenta de fidelidades mutantes). Y el extremeño Fernández Vara, y el manchego García Page, y el aragonés Lambán, y el asturiano, claro. Y también Rubalcaba, y Felipe González y  Cebrián. Y los resentidos.

Y pierden Pérez Tapias, y Miquel Iceta, y Josep Borrell, y Odón Elorza, y advierte y se duele en serio Javier Solana. Comparen resultados.

Ni Pedro Sánchez es el frasco de las esencias socialistas, ni el PSOE ya un partido imprescindible. Al paso que va puede volverse irrelevante de hecho. Si los planes no cambian, tendremos gobierno de Rajoy que se permite desde el primer minuto exigir contrapartidas por su abstención al partido quebrado. Y gracias que no le convoque terceras elecciones y lo deje en la cuneta. Cambios ni uno: a peor. Con más fuerza por el aval. El PP se aprovecha. La prensa pestilente dice que es Podemos e Izquierda Unida quienes lo hacen. Que no se apartan a una esquina a esperar que el PSOE se recomponga, si puede.

El tiempo, el progreso y la realidad caminan en su contra. La realidad sobre todo. De lo sucedido, del viacrucis que queda por recorrer a los ciudadanos, lo peor es que por encima de los vencedores aparentes –con problemático futuro- el gran triunfo ha sido el de la España sucia.

*Publicado en ctxt.es

Sánchez, el hombre que creyó ser líder del PSOE

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«Todos los hombres del Rey» (2006)

El candidato, Willy Stark, interpretado por Sean Penn, habla con su asistente cuando entra en el compartimento del tren la jefa de campaña:

-Willy no será gobernador, lo sabe- le comenta a la recién llegada.

-¿Se lo has contado?- pregunta ella. Pero no, no se lo ha contado, ha sido su propia deducción –aún con ilusiones, como aguardando que le rebatan-. El candidato era el único que todavía desconocía su papel de figura de paja, para dar aires de renovación, pero no quien el sistema quería para el puesto.

“Todos los hombres del Rey” es un libro de Robert Penn Warren, escrito en 1946, y que recibió el Premio Pulitzer. “El político” la recreó para el cine en 1949 y, con el titulo original, se rodó de nuevo en 2006. Es un clásico. De gran éxito popular. El candidato que vive en la ignorancia de ser utilizado y que, en la ficción, reacciona logrando el puesto y usando también las trampas y suciedades del sistema.

Estupefactos ante el espectáculo que nos está brindando el PSOE -aunque viniera anticipado por múltiples datos- vemos que la obra de Penn Warren cobra enorme actualidad. La política en sí misma se está convirtiendo en espectáculo. El periodismo también. Es fácil distinguir ya candidatos y candidatas de diseño. En  Ciudadanos, surgidos casi de la nada, claramente. Hasta el PP se ha apuntado a salpicar de modelos más estéticos su inamovible ideología y concepción de a qué se dedica su partido: prioritariamente a la búsqueda de sus propios intereses con amplitud de licencias. Podemos supo utilizar a su favor el modo de hacer que hoy se lleva –muy volcados en la televisión- para lograr un cambio y mayor justicia social.

Pedro Sánchez, elegido secretario general del PSOE, no llegó a comprender lo que se quería de él. Es quien más se parece a esa primera fase de Willy Stark.

El PSOE es hoy una amalgama de “sensibilidades”, como gustan decir, y muchos rostros de cemento. Arrastra una deriva común a gran parte de la socialdemocracia europea. Tras la caída del Muro de Berlín, ya no hacía falta ofertar un Estado del Bienestar para competir con el comunismo soviético. Su derechización se ha llevado por delante al partido socialista italiano, tiene en mínimos a los franceses, debilita al de los países nórdicos aunque aguante algo mejor, y prácticamente solo resiste en Portugal en donde incluso gobierna. El PSOE español empezó a hundirse cuando Zapatero sucumbió a los recortes que le pedía Bruselas en 2010 y con la reforma de la Constitución para dar “prioridad absoluta” al pago de las deudas, al cumplimiento del déficit.

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La elección de Sánchez, en competición con Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, parecía optar por el candidato menos a la izquierda y más moldeable. Su físico, del que entonces hacía gala con profusión, también le situaba en el modelo candidato de hoy. Se avino a utilizar y ser utilizado por la presidenta andaluza Susana Díaz. Ella le ayudó a desbancar a Madina que era el favorito. Se dice que a cambio de dejarle el sitio para cuando decidiera saltar a la política nacional. Sánchez no cumplió con su parte.  Más aún, se atrevió a tomar decisiones por sí mismo.

Tras 9 meses sorteando las cortapisas para no pactar con Podemos y los nacionalistas, creciendo el acoso de la prensa –El País en particular-, Pedro Sánchez mantiene el NO y abre la puerta a su ya única salida: intentar ese gobierno progresista. El candidato se les ha ido de las manos. Se acabó la fiesta.

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La secuencia que vivimos en las últimas trepidantes horas muestra todos los pasos del golpe. Felipe González se va a la Cadena SER y revela un trágico secreto: Sánchez le engañó. ¡A él! Parecía que iba a abstenerse en la investidura de Rajoy para darle el gobierno y osó no hacerlo. Ya estaba bien de florituras. El PSOE ha vuelto a perder votos con Sánchez a pesar de cómo le han arropado… a palos. Y lo ha hecho en el País Vasco, donde antes les votaban “a pesar de las cosas que hicimos allí, papapa”, dijo González sin empacho, helando la sangre de muchos.

Felipe González es el Capitán del Grándola vila morena, pero al revés. No da la señal para llenar de claveles y rosas el futuro sino para derechizarlo.  Piezas claves están en la jugada, incluso la impulsan. Desde Andalucía, Susana Díaz, generosa ella, anuncia su disposición a trabar donde se le requiera: la Secretaría general, naturalmente. Y se plantan 17 dimisiones en la mesa de Ferraz para echar a Sánchez. ¿Son suficientes? Bueno hay más vacantes, murió el gran Pedro Zerolo. Puede servir.

Tiras y aflojas, opiniones, programas especiales, palomitas dicen. Sin pañuelos para llorar por tanto inmundicia. El País lleva a portada su editorial sin acabar el día con un entresacado. Muy duro, comentan, llama a Sánchez “insensato sin escrúpulos” saturando el saco de sus bilis. Ni los políticos más corruptos han recibido ese trato.

El jueves continúa igual, con la ruptura hecha. Tenemos el privilegio de conocer a la enviada de Susana Díaz, criada a su sombra. Es una mujer resoluta, Verónica Pérez, que afirma: “en estos momentos la única autoridad en el PSOE soy yo”.  Ha sido un descubrimiento impactante para el resto de España. Nos ha dado auténtica seguridad en el futuro, si es ése el que se marca.

Han desempolvado a Corcuera y a Bono que habla de tener “decoro” y marcharse. Hay también, por supuesto, voces sensatas y preocupadas. Desde Fernández Tapias a Odón Elorza, desde Javier Solana y Borrell a Miquel Iceta. Pero el mando tiene bien agarradas las riendas.

Susana Díaz culmina entre aplausos del PSOE andaluz la faena. Toda la culpa es de Sánchez. Bueno, y de Podemos de quien, dice, les hará como a Izquierda Unida. Ella que les echó a cajas destempladas cuando le habían brindado su apoyo imprescindible para gobernar. Creyó que podría ganar con mayoría absoluta, pero no, perdió votos y se quedó en remojo varias semanas. El problema del PSOE es mucho más profundo.  Un discurso el de Susana Díaz de otro tiempo, sin un ápice de autocrítica, manipulando datos, absolutamente alejado de la realidad que viven millones de personas. Pide un Congreso… después de que haya gobierno. Por tanto no cabe otra opción que la de Rajoy.  Para ella y para el resto de los amotinados.

No querían esto de Pedro Sánchez. Muchas personas sueñan con cambios y no viene mal darles un poco de cuerda, pero todo ha de seguir igual. Poderos intereses en juego, en España y en la Europa de mando neoliberal. En realidad, todo está muy atado y la soga para moverse es corta. Fernández Díaz acusa al Parlamento ¡Al Parlamento!, la representación democrática de la voluntad popular, de “hacer el trabajo sucio al independentismo” por querer investigar las grabaciones que le implican precisamente en juego sucio. Y García-Margallo sale con voz de catacumba a meter miedo y quién sabe si algo más. Habla de una “auténtica emergencia nacional” por el “desafío catalán” y la crisis del PSOE. Un pestilente olor a tenebroso pasado nos inunda.

Pedro Sánchez no supo ver que no se le quería para cambiar nada.  Lo peor es que limpiar toda esta podredumbre es nuestra única esperanza.

*Publicado en CTXT.es 

Y mientras sigue este sábado el bochornoso espectáculo. Relatan desde dentro de Ferraz que hay gente llorando y casi se ha llegado a las manos. Susana Díaz ha llorado lo cual es el colmo.  Los amotinados en torno a ella no quieren ni votar la celebración de un Congreso. Han recogido firmas para presentar una moción de censura contra Sánchez al cual no recogen. Patético todo.

Finalmente, Sánchez ha perdido la votación y ha dimitido. A otra cosa. A dar el gobierno al PP. Los daños en el PSOE van a ser probablemente irreversibles.