¿Quiénes son los responsables?

Un hombre lleva a una niña herida en el ataque con armas químicas en un hospital de Jan Shijún, Siria.
Imagen sobrecogedora consecuencia del ataque con armas químicas en Siria AP

La imagen es de las que perturban el sueño. Y abundan similares. Quizás por eso las ha aprovechado Donald Trump para lanzar más de medio centenar de misiles contra una base militar del gobierno sirio, a quien culpa de haber desatado un ataque con gases químicos contra la población. Ni se ha molestado en esperar autorización de la ONU. Apenas dos meses y medio después de su llegada a la presidencia de los Estados Unidos, Trump emprende la tarea prevista de «hacer grande América otra vez», unilateralmente, por las bravas, autoproclamándose gendarme del mundo.

Putin, desde Rusia, denuncia «agresión contra un miembro de la ONU». Bashar Al Assad al mando, no es precisamente un gobernante modélico. Rige en Siria, en presidencia hereditaria, habiendo llevado a una cruenta guerra y miles de desplazados las protestas de aquella primavera árabe de 2011 que, literalmente, machacó. Luego llegó la degeneración. La comunidad internacional, en conjunto y por partes, le apoya y le ataca, según intereses. Añadamos los coros de las primeras filas, las retransmisiones. Hemos entrado ya, por supuesto, en la guerra de opiniones que disuaden la reflexión. Lo que se puede afirmar es que hoy no estamos más seguros, ni se ha parado conflicto alguno, sino todo lo contrario. Que esas atrocidades han de acabar, pero no lo harán a bombazos.

La imagen es abrumadora. El cuerpecillo inerte y desmayado de la niña. El hombre –muy probablemente su padre- que expresa dolor, rabia y desolación a partes iguales. Los sanitarios, derrota. Intensa y larga. Hemos visto ya esas miradas y esos rostros. En los campos de refugiados, de quienes huyen de Siria sin ir más lejos. Niños vivos que consuelan a sus progenitores. Niños que lloran o que ya no lloran siquiera. Bebés, sin vida, arrojados en las playas. A Aylan –cuya intolerable muerte iba a cambiarlo todo-  le ha salido tanta competencia por el favor de los medios y de la audiencia que ya nada conmueve más allá de unos días o unas horas.

Ya no se trata de si la mano ejecutora ha sido la del autócrata sirio o las de los rebeldes. Ambas, probablemente. Y quien colabora en la distancia, de una forma u otra. Trump no es inocente y menos con su ataque interesado. Ni Putin por supuesto. Ni la inoperante UE que, para una vez que se moja, lo hace entendiendoel bombardeo y el papel asumido por Trump. Ni cada uno de sus países. El gobierno español, por ejemplo con sus parabienes. Luego nos hemos enterado de que los barcos que han participado en el ataque tienen su base en España, en Rota, Cádiz, como parte del  escudo antimisiles de la OTAN. Otra vez,  colaborando en una acción ofensiva sin el paraguas de la ONU. 

 Comprensión tibia con la democracia y que no atisba el peligro potencial para la ciudadanía de Trump despidiendo su alocución con un « Dios bendiga a América y al mundo entero«, siendo el primer presidente que extiende al mundo esa invocación.

Del tinglado forman parte importante los que comercian con la vida de las personas. O con el miedo y la presunta seguridad. ¿Quién te libra de un ataque químico? ¿Los misiles de Trump? ¿No sería más efectivo, racional, prudente, seguro, humano, acabar con el mal en origen? Las armas químicas son consideradas de destrucción masiva –estas sí- y están prohibidas por el derecho internacional y todas las convenciones. Ah, calla, que es la maldad humana, apuntan quienes se lavan las manos ayudando a que todo siga igual. Por más que la seguridad total no existe, no es posible bombardear camiones para que no atenten en nuestras ciudades como acaba de suceder en Estocolmo.

Es hora de señalar que son muchos más quienes llevan muerte, hambre, injusticia, dolor, a todos los conflictos, los cruentos y los incruentos. Aquel experimento que demostró en los 90 cuántos ciudadanos apretarían el botón destructor -para lograr un beneficio personal- si las víctimas estuvieran lejos, no las vieran y no les acarreara responsabilidades es de plena vigencia. Se hace a diario. Textualmente.

Hay múltiples acciones que conducen a esta degradación en la que tenemos situado al mundo. No es independiente apoyar políticas que priman la codicia sobre la justicia, con el aumento de la desigualdad. Es como abrir un grifo cuando el depósito está lleno. No se puede tolerar la corrupción, las trampas y la mentira y pensar que no tiene consecuencias. Directas son.

Cada paso torcido en el camino de la justicia, de la política, del bien común, de la verdad, nos acerca a las insufribles debacles. Y se aceptan los rostros de desolación como efectos tolerables.

Cada sapo que se traga en aras del bienestar propio, o de la complacencia con el poder indigno, o del total esto no se notará, de la autoexculpación en definitiva, lleva a ese universo de injusticia que produce tantos desmanes.

Cada titular que se afina, cada manipulación que se asume en obediencia conveniente, contribuye a la desinformación, y ésta a rumbos equivocados. Cada intoxicador que se alienta para disuadir la verdad en aras del espectáculo, va en el mismo sentido. Hay entretenimientos menos dañinos para la colectividad.

Considerar normal que el 1% de la humanidad acumule un patrimonio equivalente al que posee el 99% restante, no es inocente. Pero ha habido una senda, un contexto, que lo ha hecho posible. La ignorancia no exime de responsabilidad, y menos la buscada.

Y están quienes se inventan palabras, como «buenismo», para justificar la barbarie e intentar convencer de que la barbarie no tiene solución. Quienes, desde posiciones interesadas, enfangan la crítica para sembrar confusión.

Los que aplauden al sheriff de América y a todos aquellos que ya ponen y pondrán sus botas sobre las sociedades de distintos puntos del mundo, aprietan botones que propulsan daños.

Se puede hacer algo, mucho, para borrar el dolor y la impotencia de los rostros y el corazón en Siria, en el Mediterráneo, en la América grande y la pequeña. En España, en Madrid, en Jaén, en Santiago, en La Palma, dondequiera que mires los encontrarás.

Lo realmente difícil de entender es que cuele un mundo basado en el salvajismo. Y que la estafa masiva a la que llamaron crisis haya alumbrado tal cosecha de fanáticos sin escrúpulos, barra la libre para todas las vilezas. Pueden que sea porque cuentan con un ejército disciplinado de colaboradores, que se apuntan sin siquiera saberlo, y no saben ver más allá de un palmo.

*Publicado en el diarioes 

José Luis Sampedro, antídoto contra el ruido

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Cuatro años hace ya, este 8 de Abril, que nos dejó José Luis Sampedro.  Tras cerrar un largo y fecundo ciclo vital. Este 2017 hubiera cumplido 100 años, se quedó en 96 sin perder facultades esenciales. Con esfuerzo y mucho amor, se le recuerda ahora en los actos de su centenario. En uno de ellos, en la Biblioteca Nacional, en el mismo lugar que se celebró el primero tras su muerte, retomé la sensación de que José Luis Sampedro era, es, un antídoto contra el ruido. Y siempre estará ahí para servirlo y demostrarlo.

De nuevo, José Luis congregaba a familiares, amigos, admiradores espontáneos, trozos de su vida y compromiso como los trabajadores de SINTEL a quienes acompañó, con Olga Lucas, su mujer, en su acampada reivindicativa. Siempre es así, amor del bueno, suma de matices diversos.

Guardé dos textos de los que fueron recordados.

El primero lo leyó una de sus grandes colaboradoras, Gloria Palacios. Antecesora de Amaya Delgado que hoy preside la Asociación Amigos de José Luis Sampedro. Es un fragmento de “Monte Sinaí”, publicado en 1998, cuando el autor tenía 81 años. Narraba en él, su estancia en el afamado hospital neoyorquino, donde hubo de ingresar de urgencia por una grave dolencia cardíaca. El médico que le atendió era otro español: Valentín Fuster que dirigía el servicio.  José Luis hizo en este libro una profunda reflexión sobre el sentido de la vida.

“¿Para qué vivir? es una buena pregunta y mi respuesta es vivir para hacerse, pues hacerse es vivirse y no solo estar vivo ni, menos aún, vegetar. Pero aún importa más otra pregunta: ¿Para quién vivir? pues ni se hace uno solo ni se vive a solas. Quienes contribuyeron a hacernos, dándonos vida con ello, lo hicieron y hacen para ellos, pero también para mí. Siempre a solas nadie llegaría a ser humano y todos, ellos y yo, somos juntos lo que somos.

El abrazo del náufrago me reveló que la maga me necesita tanto como yo a ella (…) tan pronto me sentí despierto y consciente de mi estado enmendé mi pasividad (…) y me uní a mis salvadores. Pensé en quienes me han querido y me quieren y me querrán aunque me vean abatido, herido por el rayo, quizás ciego y necesitado de ojos y manos ajenas para todo. Me necesitan para quererme…

El otro texto que pedí para guardar, con las anotaciones personales, fue el que leyó el periodista Fernando Olmeda y pertenece al libro “La senda del drago”. Publicado en 2006. Sampedro nos remite a un buque imaginario en un mar nutrido de tendencias en el que el protagonista va constatando… el ocaso de la civilización. Pero de nuevo es la palabra que ahuyenta el ruido, la de ese momento en el que apenas amanece y se ve mejor la realidad más honda.

“Se desmorona la noche. Empieza la tiniebla a diluirse. Asoman promesas de luz. (…)  Renazco cada día, subiendo al alba, para vivir este intervalo augural, entre dos tiempos, el ayer y el hoy. En esa división, vislumbro mejor lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente.  Recibo a la luz naciente, que llega lenta, imponiéndose al fin en las alturas, pisando las movedizas nubes. Ya no me extraña ver, sobre mi cabeza, cordajes colgantes de un truncado mastín cruzado por una verga rota: ya me han dado la explicación de este viejo residuo de impensable coexistencia con la rítmica trepidación de la poderosa máquina en marcha bajo las planchas metálicas que piso. Lo que abajo me corroe, y a ratos me atosiga, se hace aquí insignificante, entre la infinidad celeste y el abismo marino. Entre esos dos polos y en la cesura del tiempo soy serenidad expectante”.

Antídoto contra el ruido, ya digo. Para ver lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente. Cuánto le echamos de menos. Aunque siempre estará en sus libros. Y en nuestros recuerdos.

 

 

 

 

Tiempos de derecha, tiempos de gasto militar

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Dolores de Cospedal pasa revista a las tropas como ministra de Defensa.

Imaginen a un padre de familia, abogado de formación, toledano, 51 años, sentado en el salón de su casa ante esta reflexión: «¿Y si alguien quisiera ponerle a mi hija un burka, qué haría? Enviarle a las Fuerzas Armadas». ¿Como escudo humano y blindado para que no se le acercaran los hombres que colocan burkas por la calle a las mujeres con las que se cruzan? ¿Quiénes son esos hombres? Musulmanes, una comunidad de unos 1.200 millones de personas distribuidas por numerosos países del mundo. Pues así piensa Agustín Conde, el actual secretario de Estado de Defensa nombrado por la ministra Cospedal. Con esa mentalidad dispone de capacidad para, en efecto, hacer uso de aquello a lo que le impelen sus creencias. Y el Gobierno del que forma parte acaba de dotar a su Ministerio con un 32% más de presupuesto.

Conde es uno de los numerosos prototipos de la derecha más extrema que gobierna España por medio del PP. Sus exponentes son múltiples. Mariano Rajoy los ha situado en ministerios clave: Interior, defensa, justicia, empleo, educación y sanidad en algunos momentos, y bastantes perlas sueltas en otros puestos. Nos detendremos hoy solo en Defensa, premiada con un plus en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

A Agustín Conde lo encontramos ya en 2005, durante una intervención en el Senado, cuando se mostró partidario de que las parejas homosexuales no adoptaran hijos. Sin el menor rubor, ni base que es mucho peor, expuso los graves problemas que, en su opinión, aquejaban a esas criaturas que conviven con gays. Aseguró que sufren un enorme riesgo de ser violados por sus progenitores, cuantificado en el 29%, mientras en el caso de los heterosexuales el porcentaje se reduce al 0,6 %. Siempre en su línea, acusó –en un tuit, vaya por dios– a Yolanda Álvarez, entonces corresponsal de TVE en Oriente Medio, de ser «activista de Hamás». Sin cortarse. Álvarez fue devuelta a Madrid. Añádanle unas puertas giratorias, una empresa energética no declarada o la defensa jurídica del Banco de Santander en casos de hipotecas impagadas.

Alférez de Fragata del Cuerpo General de la Armada en la Reserva Voluntaria, Conde declaró que ser secretario de Estado era «el cénit de su carrera profesional». Y que María Dolores de Cospedal es quizás la persona por la que siente mayor admiración y respeto intelectual. «Como político», concepto que incluso incluye a mujeres.

Cospedal, la ministra que tan sobradas muestras ha dado, en diferido, de su capacidad intelectual, es la gran gestora de ese desorbitado aumento del presupuesto de Defensa, un 32% sobre 2016. Es cierto que se ha visto obligada a aflorar, por mandato del Tribunal Constitucional, una herencia de su predecesor, Pedro Morenés, que utilizaba créditos extraordinarios aprobados por Real Decreto para comprar armamento. El programa que él aprobó asciende, por cierto, a 30.000 millones de euros de los que restan por pagar 20.000 millones. Aun así el presupuesto real aumenta y en algunas partidas de forma desorbitada, hasta un 442%.

Cospedal es la ministra idónea para los nuevos tiempos. Ha nombrado además un nuevo jefe del Estado Mayor del Aire que, según declara, «procura tener a Dios presente en todas sus decisiones». Ha destinado precisamente a Morenés, exministro y vinculado a empresas de armamento, como embajador en Washington aunque no pertenece a la carrera diplomática. La misma ciudad donde reside Donald Trump. La también secretaria general del PP es la persona que definió perfectamente su ideología al declarar: «Lo primero que necesita un país es seguridad. Si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad, da igual tener garantizado el subsidio de desempleo, la sanidad pública o la mejor educación«.

Lo mismo practica la actual administración estadounidense. El ya mayor presupuesto militar del mundo va a experimentar  un aumento del 10%, 54.000 millones de dólares que el magnate llegado a presidente detraerá de partidas sociales. Trump quiere «volver a ganar guerras», dice. Trump quiere potenciar la muy lucrativa industria de la guerra. De hecho Trump pidió al PP aumentar también el gasto en defensa, y el PP lo hace. Por cumplir con el ultraconservador mandatario y, como él, por vocación.

Algo cambió cuando los Ministerios de la Guerra pasaron a llamarse Ministerios de Defensa: los eufemismos de la neolengua. Y de la propaganda y siembra de miedo que prende en los ciudadanos más indefensos mental o emocionalmente. Hasta hacerles temer más un hipotético atentado que la precariedad que mata todos los días. Los daños que ocasiona la pobreza y la injusticia son infinitamente superiores a los que causa la acción terrorista de los fanáticos. E incalculables los efectos nocivos de la demagogia. Pero la jugada actual es ésta. Algo huele inmensamente a podrido cuando se confirma la reunión para propiciar un canal secreto de contacto entre Trump y Putin y es el fundador de Blackwater quien la dirige. La empresa de mercenarios, contratada profusamente por George W. Bush, y que fue condenada por asesinato deliberado de civiles en Irak en 2007. ¿De qué seguridad y para quiénes hablan?

Conviene, pues, contrarrestar con información la propaganda de las portavocías mediáticas del PP cuando destacan un aumento del gasto social en estos presupuestos. Al margen de que sería una inversión, no un gasto. La mayor partida se la llevan las pensiones. Por el compromiso ineludible que se contrae al  pagar impuestos durante la vida laboral para disponer de un retiro. Al margen de las trampas –muy propias del personal que nos ocupa– para enmascarar que los presupuestos bajan, haciendo parecer que suben, la distribución de los fondos responde a la filosofía genuina de esta derecha.

Echen un vistazo al dinero que se dedica en verdad a educación, sanidad, cultura, ciencia, a la dependencia o la pobreza infantil y vean cuánto de sociales son los presupuestos del PP. Pagar los intereses de la Deuda Pública, incrementada a nivel de récord por Rajoy, se lleva más del 9% de los presupuestos: 32.447,7 millones. Es uno de las principales apartados y verán que no se destaca en los medios. Para la Hucha de las Pensiones (que el PP ha dejado en telarañas) van a emitir Deuda Pública. A devolver con intereses, ya saben. La pirámide fatal del endeudamiento. Y eso que Rajoy «nos ha sacado de la indigencia».

Unos presupuestos absolutamente ideologizados, de derecha aguda y extrema. Para completar el dibujo van cero euros para la aplicación de la Ley de Memoria histórica, y un aumento de 43.000 en el presupuesto directo de la Casa del Rey, que la pobre llevaba algunos años congelada.

Y los presupuestos saldrán adelante con la colaboración de políticos tan conservadores y mercantilistas como el PP. Y  Rajoy seguirá mandado con ese equipo dotado de singular mesura, razón y capacidad intelectual. Y la corte mediática les hará la ola.

Cada vez son más los excluidos de su mundo, sin embargo. En ese limbo que no se quiere ver hay amplios sectores en los que abunda el suicidio, la droga y la muerte temprana, como contaba la economista Ann Pettifor sucede en Estados Unidos. Ocurre en lugares mucho más cercanos y va a más. Esta vez muchos votaron a Trump y similares. ¿A quién buscarán después? ¿Qué harán después

*Publicado en eldiarioes

Muere el poeta ruso Yevgeny Yevtushenko

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No sabía ni que todavía estuviera vivo, aunque fue uno de mis escritores favoritos.  Nacido en Siberia hace 84 años, Yevtushenko, fallecido hoy en Denver, EEUU, fue un excelente poeta que abordó con espíritu crítico tanto la Unión Soviética de Stalin como las atrocidades nazis de la Segunda Guerra Mundial. En particular la masacre perpetrada en Ucrania en la campaña de Hitler contra la URSS. Su poema  Babi Yar  causó un gran impacto rompiendo tabúes. Este poema pone voz a la Sinfonía nº 13 de Dmitri Shostakovich.

Su obra fue traducida a 70 idiomas. Y se barajó su nombre para el Premio Nobel de Literatura. Mantuvo una intensa relación con Latinoamerica, traduciendo libros en ambos sentidos, ruso y español. Leo que fue profesor universitario e incluso actor y director de cine.

En 2011 me reencontré con él de alguna manera, con el libro suyo que me había fascinado especialmente, y lo escribí en mi blog.

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Hace unos días tuve el inmenso gozo de recuperar algo así como un trozo de mi vida. En realidad era un libro de escaso tamaño que leía en mi juventud con tal intensidad que aprendí algunos de sus poemas. Luego lo perdí. He recordado con cierta frecuencia algunos de sus textos. Un librero de Jerez me ayudó la semana pasada a encontrarlo en Madrid, en una tienda de viejo de Malasaña, gracias a una pregunta en Twitter. “Entre la ciudad SÍ, y la ciudad No” de Evgeni Evtuchenko, un poeta ruso nacido en 1933 y que por lo visto aún vive. Un tipo interesante que lo mismo hablaba de Edith Piaf que de un melancólico tren en Moscú (ése realmente me estremece). Polémico, porque era evidentemente un espíritu libre.

Lo que me cuesta hacer comprender es lo que sentí al ver la portada idéntica de “mi libro”, desgastada como yo la tendría y la tuve. E intactos sus poemas. Éste que no acierto a entender por qué me atrapó cuando yo, desde luego, esgrimía sin decoro mis “tiernos puñitos”. Creo que Evtuchenko también cuando lo escribió. Y que igual ahora, como yo, sigue protestando, con la piel más trabajada. Debió ser por anticipación, por prevenir las realidades del futuro, lo que tampoco arregla mucho la realidad. Sólo sé que cuando veo hoy a algunos jóvenes (no a los del #15M sino quizás a otros más aposentados), no puedo evitar recordar a Evtuchenko.

¡Ánimo, muchachos!

Evgeni Evtuchenko

Yo era cruel,

Desenmascaraba con brío,

Sin preocuparme de mis propios defectos.

Me parecía

Que a la gente enseñaba

Como hay que vivir

Y que la gente aprendía.

Pero empecé a perdonar…

¡Signo alarmante!

Y cierta vez, en una intervención mía,

Una encantadora ayudante de laboratorio con gafas

Me dijo que yo veía las cosas con liberalidad.

Vienen muchachos

Altivos y autoritarios.

Apretando sus tiernos puñitos,

Con el sofoco del placer supremo,

Intrépidamente desenmascaran

Mis debilidades.

¡Ánimo muchachos!

¡Ánimo!

¡Sed firmes!

Sencillamente, soy mayor que vosotros en saber,

Al dejar de ser crueles con los demás,

Dejamos de ser jóvenes.

Avergonzado,

Me doy cuenta de que soy más listo.

Vosotros sois menos razonables,

Pero no es nada malo,

Porque hasta en vuestra injusticia

Sois justos a veces.

¡Ánimo muchachos!

Pero sabed que cuando seáis mayores

Y juréis no volver a equivocaros,

Os cansaréis de vuestra propia crueldad

Y poco a poco seréis más bondadosos.

Otros muchachos

Altivos y autoritarios

Vendrán

Apretando sus tiernos puñitos

Con el sofoco del placer supremo

Y arremeterán

Contra vuestras debilidades.

Y

Os profetizo

Que sufriréis,

Y llegaréis a enseñar los dientes de rabia,

Pero, a pesar de todo,

Conseguiréis tener el valor de decir,

Por mucho que os cueste:

“¡Ánimo muchachos!”

(Por cierto, veo que esto lo escribió Evtuchenko con 35 años. Así cualquiera)

 

 

Susana Díaz y el regreso a la España del 92

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Como si de un Fernando VII redivivo se tratase, hemos sido testigos de la peripecia que ha convertido a Susana Díaz, presidenta de Andalucía, en candidata al gobierno de España por el PSOE, si así se decidiera en primarias. De sus dudas o tiempos medidos, de las voces que corrían pregonando su advenimiento, de la entronización el domingo en Madrid haciendo gala de antiguas glorias del partido y de la unidad del aparato. Por fin, la deseada, se decidió, y la sala y la prensa oficial estalló en júbilo.

Y, sin embargo, cuesta entender dónde se encuentra el carisma de la política andaluza. Ni por su gestión, ni por los votos menguantes, ni por la enjundia de su discurso. Algunos elogios a su persona, como los de su colega aragonés Javier Lambán, le hacen un flaco favor, pero apenas logran explicar la causa de esa apuesta indubitativa por Díaz, como la salvadora del PSOE.

Susana Díaz es, sin duda, la imagen que la derecha y todo el establishment tienen de lo que debe ser el socialismo del siglo XXI. Conservadora, católica y sentimental, y colaboradora con el sistema por muchas que sean sus injusticias. El mal menor, el eterno mal menor que ha hundido a la socialdemocracia en toda Europa. No hay más que ver los resultados de Holanda, en donde –tras apoyar al gobierno de derechas– han pasado de 38 escaños a 9. El que llamaron «efecto Schulz» en Alemania, también ha enfriado las expectativas por el momento.

Lo que sí se observa es una empecinada confusión entre deseo y realidad. En todos los casos. Ignorando o queriendo ignorar los dramáticos resultados de esa ofuscación –para la sociedad, naturalmente– y sobre todo su papel en la gestación del desastre mundial que tiene a la ultraderecha en franca escalada. Un papel estelar compartido con los conservadores.

El PSOE llevaba varios años huyendo hacia adelante y ahora ha decidido huir hacia atrás. El Susanato se ha presentado como si creyera que es posible recuperar los esplendores –hoy cuestionados– de la España de 1992, simbolizada en esa Fila 0 de la proclamación. Hubo avances, desde luego, pero sin faltar esa eterna característica patria de emporcar cualquier logro.

En la España del 92 siempre parecía verano. Sevilla inauguraba la Exposición Universal como evento de proyección que traería un progreso, riqueza y empleo que no llegaron. Una espléndida fiesta lúdica en la que se invirtió cuantioso dinero público, se saldó con pérdidas, y dejó languidecer sus restos por desatención. Cuando creímos que Felipe González era socialista y los Borbones una familia moderna y feliz. Susana Díaz era, entonces, una joven adolescente que ingresaba en las filas de las Juventudes Socialistas para desarrollar toda su carrera profesional en el PSOE.

Siempre parecía verano. Como en las Olimpiadas de Barcelona, el estallido de luces en el que el clan Pujol vio la oportunidad de asentar su ingente fortuna, amasada entre comisiones y maletines viajeros. Cuánto se nos ha robado en España desde entonces. Cuánto se ha engañado a la sociedad.

Fue un año, bisiesto, en el que se conmemoraba el quinto centenario del descubrimiento de América. Entró en vigor el Tratado de Maastricht, de esta Unión Europea a la que se le escapan los países y la democracia. Desaparecida la URSS, Rusia vivía un golpe de Estado del efímero Boris Yeltsin. E Italia veía caer abatidos por las balas al juez Falcone y al fiscal anticorrupción Paolo Borsellino, en atentados perpetrados por la Mafia, la italiana.

Nosotros nos distraíamos con la consola Super Nintendo y prometíamos ser Amigos para siempre. Mientras se preparaba la  Macarena de Los del Río que fue éxito mundial al año siguiente. La España de la fiesta y el deporte estaba de moda.

En febrero, las protestas por la reconversión industrial llegaron en Murcia a la Asamblea Regional a la que, literalmente, prendieron fuego los manifestantes, pero de eso apenas nos enteramos. Al tiempo, se inauguraba el AVE –en el trayecto Madrid-Córdoba–, que ha convertido a nuestro país en el segundo del mundo en implantación, tras China.

El Papa Juan Pablo II beatificaba al español José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, e inspirador de la ley Wert de educación que este mismo martes de 2017 defendía su autor en el Congreso desplazado desde París, ciudad en la que le tenemos becado por la gracia del PP.

Los huracanes Andrew e Iniki causaban enormes daños, hoy sopla el Debbie y el presidente estadounidense Donald Trump desmantela los programas medioambientales contra el cambio climático. Son muchos los dirigentes, los países que van hacia atrás.

La España del 92 no es la de ahora, el mundo tampoco. Por mucho que así lo sueñe el bipartidismo y sus soportes. La codicia desencadenó una crisis que pagan los más débiles. A un alto precio en muchos casos. La corrupción enmaraña nuestro presente como pesadilla interminable. Susana Díaz y sus seguidores creen que todavía se puede decir, sin rubor, que es « respetar la democracia» hacer posible el gobierno del partido más corrupto de la democracia. Demasiadas concomitancias en los oscuros sótanos. O hacer creer que no sucedió la expulsión y linchamiento del secretario general elegido en primarias, Pedro Sánchez, porque se oponía a sus planes. O que se puede seguir confundiendo el bien de la sociedad con el beneficio propio.

Desde las altas torres no llegan a saber el malestar de una gran parte de la sociedad, su desencanto, la agresividad palpable ya fruto de la impotencia, las expectativas que van cayendo. Esa España insalubre y desvergonzada que se ha ido gestando parece una condena a cadena perpetua que aplasta cuanto crece. Seguir engrasando las cerraduras parece la peor opción.

*Publicado en eldiarioes

La hoja del olmo no es perfecta

 

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La hoja del olmo no es perfecta. Por fortuna. La búsqueda de la perfección a cualquier coste ha sido fuente de no pocas tragedias según se deduce de la lectura del libro de Javier López Facal. Coautor del mítico Reacciona, si se me permite calificarlo así, López Facal es un prodigio de saberes que  hilvana con brillantez e ironía. Un regalo estimulante y más necesario de lo que la mayoría de la gente piensa. Una explosión de cultura, de inquietudes y preguntas,  que entra por los sentidos con enorme facilidad y que resulta un antídoto para, por ejemplo, esas inmundicias que saltan por las pantallas en horas de máxima audiencia.

La búsqueda de la perfección ha tenido dos escenarios en los que se ha cebado inmisericorde: la religión y la política. Así partimos del antiguo Egipto para ver el día en el que la milenaria religión politeísta pasa a ser regida por un solo dios. Los distintos dioses gozaban de épocas de especial fama –lo que resultaba muy rentable a sus sacerdotes- aunque desde hacía siglos Amón era el favorito, el principal. Sin embargo, había ido prosperando otro: Atón. El faraón Amenofis IV decide encumbrarlo –y de paso restar poder al sector mundano de Amón-. Hasta se cambia el nombre para pasar a llamarse Ajenatón. Ya puestos, termina asumiendo toda la representación divina en la tierra. Y haciéndose un descomunal obelisco.

Ajenatón fue un tipo peculiar. El marido de la adorada Nefertitis que tuvo la mala fortuna de perecer antes que su esposo. El faraón entonces elevó al rango de “Gran esposa real” a una de sus hijas. Supongo le daría silla en el equivalente al despacho oval de la época como hacen ahora sus similares.

El experimento del dios único fracasó. Ajenatón no le dotó de imagen. Algo muy etéreo, como un rayo de luz nada más. Lo que quitó trabajo a los escultores y pintores y, sobre todo, le restó popularidad en el pueblo. Alguien sin rostro resulta muy poco cercano. Y no era el único problema. Cuenta Javier López Facal que los egipcios estaban acostumbrados a pedir la intercesión de los dioses según sus necesidades cotidianas. Se sentían así protegidos. Pero “¿Cómo iba uno a molestar nada menos que a Atón para que le ayudase a encontrar algún objeto perdido o a conseguir el amor de una persona deseada? nadie entre nosotros recurriría en casos semejantes por ejemplo al Espíritu Santo pero si a figuras más cercanas como a san Antonio de Padua o a san Cucufato”.

Muerto Ajenatón, la religión egipcia volvió a su cauce, pero la semilla del monoteísmo estaba sembrada. Y germinó en particular en el pueblo judío que había sido también politeísta. El dios único dio paso a la ortodoxia, la ortodoxia a la herejía, y está a unas rafias importantes a los infractores. Por los métodos más expeditivos. El ortodoxo entiende que la ejecución, con sadismo o sin él, resulta muy efectiva para el mantenimiento de sus postulados.

López Facal sitúa el precedente del concepto “ortodoxia” en el “concilio” de Jerusalén del año 49. Debatían si el Cristianismo debía predicarse solo a los circuncidados o podían ser invitados también los gentiles, tema que enfrentaba a las distintas tendencias. San Pablo zanjó el debate en la Epístola a los Gálatas repartiendo simplemente la clientela entre todos. Fue san Ireneo, obispo de Lyon, el que definió, en el año 189, la “ortodoxia”, como las ideas que él mismo y los suyos compartían. Sus rivales teológicos pasaron a ser herejes.

Seguramente es «herejía» simplificar, como lo hago, el delicioso relato de Javier López Facal, su portentosa y documentada erudición. Entiendo que pretende por encima de todo mostrar la génesis de las ideas y costumbres que nos trajeron hasta aquí. Y lo lleva a cabo sin sacralizaciones reverenciales, esa pura racionalización que conduce a observar con ironía ciertos pilares de la historia. Por eso, quizás me he atrevido a usar este tono.

Los miles de asesinados por motivos religiosos son casi una anécdota al lado de  los que cayeron abatidos por fanatismos políticos. Y aquí sí entramos en el drama que las ortodoxias y sus castigos causan a los que no piensan como quienes tienen el poder y las armas. Nacionalismos excluyentes, imperialismos, la elevadísima capacidad de “imponer una ortodoxia incuestionable y de perseguir a los discrepantes”. El recorrido que Javier hace por la historia de los conflictos del Siglo XX arroja millones de muertos. Guerras civiles, religiosas, de intereses siempre.

López Facal analiza en profundidad el fascismo y el racismo como su germen, concepto que no aparece hasta el siglo XX, aunque se practicara. Esos afanes por afirmar la superioridad de unos sobre otros en razón de su nacimiento. Desconocía yo -y lo cito como anécdota, instructiva sin embargo-  la existencia de la teoría de la “Raza de Bronce”. La aventuró el filósofo mexicano José Vasconcelos (1882/1959). Pensó englobaría a los hablantes de español y portugués de América y  estaría llamada a facilitar la aparición final de la “raza cósmica”. El español y el portugués, lo primero. Hagamos al portugués y al español grandes otra vez. Y así siempre.

Lo peor es cuando estas cabezas se aposentan en grandes centro de poder como está ocurriendo ahora.

Ya ven, todo por buscar la perfección, o la simetría –como prefiere llamarla López Facal-, algo que no tiene la hoja del olmo. No, no es perfecta. Es hermosa.

Publicado por Clave Intelectual, en el libro tienen cabida otras imperfecciones. El número pi y otros desconciertos. La regulación de las emociones estéticas. La analogía y anomalía en el lenguaje. En capítulos que tengo pendientes de leer y que sin duda despertarán sensaciones e ideas como ha ocurrido con el grueso del texto.

 

PD. Algo más quiero reseñar. Javier López Facal se ha jubilado y noto escribe más a gusto aún que de habitual. Es profesor emérito del Centro Superior de Investigaciones Científicas, de los que puede dar alguna clase, si quiere. Acudí a la presentación del libro en una de las grandes aulas del CSIC y allí encontré a numerosos científicos como él, algunos coetáneos. Compartiendo los pormenores del libro y cuanto sugería como en una charla abierta. Llenos de vida e ilusiones, de conocimiento, de libertad. Añadiré en la completa irreverencia de este artículo que, al día siguiente, fui a un concierto de The CredenBeat en la Sala Galileo, Madrid, en la que tantas veces rodé cierres del telediario. Un grupo de personas que, a edad tardía, cumple sus sueños de siempre, un Tributo a su grupo favorito, y el de muchos otros: Creedence Clearwater Revival. Y que nos hizo bailar hasta la emoción.

Hay una edad tercera, o cuarta, o quinta, que no se retira. Que no se deja. A la que le resbalan los convencionalismos, los clichés, las etiquetas, los controles. En definitiva, la perfección, la ortodoxia… Y oxigena sentirlo así.

 

Un país al que llamaremos H

rajoy.soraya.aplausos

Hay un país en el que viven numerosos políticos y periodistas consolidados, incluso jóvenes aspirantes a entrar en el paraíso de sus mayores. En ese país la economía funciona y crece como hierba en campo fértil. Sus gestores se sienten muy orgullosos de su obra y se dan parabienes de continuo. Aseguran que cualquier cambio de rumbo supondría un experimento condenado al fracaso, un disparate. Siempre cuentan con periodistas que aplauden sus políticas y rebaten hasta el mareo de la audiencia los datos que contradicen la euforia. Y con medios que les contratan al efecto.

Es un país en el que ha aumentado la pobreza, con especial incidencia en la infantil. Un exhaustivo informe de la OCDE señala al empleo precario, la temporalidad y los sueldos bajos como causantes. Es decir, los efectos buscados por la Reforma Laboral que así troceaba y repartía los puestos de trabajo que no se llevó la crisis, aquello, esto, nunca atribuible como culpa a los ciudadanos. Son vidas de personas que no quitan el sueño a los altos mandos del clan, los ven como simples anotaciones contables. De hecho, otra noticia alerta del grave costo de la depresión en la Unión Europea: 92.000 millones al año. No de la brutal extensión de la traumatizante enfermedad, sino de lo que cuesta a las arcas de sus empleadores. Pero esos dramas ocurren fuera del ámbito de felicidad que rodea a los que mandan.

Porque ese país, el suyo, es sin lugar a dudas un Estado de Derecho donde el imperio de la Ley se cumple a rajatabla. Sin excepciones. Todos son iguales ante los sagrados mandamientos que de la forma más ecuánime se promulgan, gracias a la iniciativa del Gobierno, con la aprobación de las Cortes legislativas y el riguroso cumplimiento de los tribunales de justicia, algunos nombrados por el propio Gobierno o sus socios. Su único objetivo: lograr el bien común y el respeto a todos y cada uno de los ciudadanos, sin discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Lo de una vivienda digna para todos, sanidad y educación sin restricciones y algunos otros derechos se ha dejado un poco de lado porque cuesta dinero y hay otras prioridades a atender: sea rescatar bancos o autopistas que, con su buen hacer, terminan sosteniendo a la nación o a los que saben qué hacer con ella. Sea dar subvenciones, publicidad institucional, o meter la mano en la caja si la carne es débil y la cara muy dura. Ellos se organizan. Es de sentido común. La mayor parte de la sociedad lo entiende porque vivimos tan bien y nos compramos tantos aparatos electrónicos en cuanto aparecen en el mercado que compensa carencias, como las que cuenta la OCDE. De algunos de hecho, no de todos. Así que tampoco es mayor problema.

Una democracia consolidada en definitiva, que se respeta con pulcritud desde los más altos estamentos del Estado. Escrupulosamente sensibles al menor deseo de los ciudadanos, incluso cuando se expresa en críticas.

Tal es la armonía que los partidos que saben de esto, de su democracia, y los periodistas y medios de su círculo no tienen más remedio que plantar cara a quien llega en sus quejas al punto de querer cambiar algo. Se cogen las noticias, editoriales y lo que haga falta y se ataca y se venera, estratégicamente, para mantener el tinglado. Es ley de vida, el mal menor, siempre certero, hagamos el Sistema grande otra vez, faltaría más.

En ese país muchas personas siguen sin poder encender la luz o el fuego para cocer lo poco que brinda su despensa. A los niños los tienen masificados en el colegio, sin clases de apoyo, pagando algunos la maldad parental de insistir en llevarlos a la enseñanza pública. Algunas personas han ido suspendiendo sus tratamientos de enfermedades graves, cardíacas, desde que impusieron el copago para ahorrar. En vidas. Pero no los ven, estos se ven poco en los altos despachos y en las redacciones de élite.

En ese país se está deteniendo, encarcelando, llevando a juicio y condenando a muchas personas por protestar. O por sacar las urnas a la calle y preguntar. O por escribir tuits y cantar textos inconvenientes, o hacer teatro con marionetas. Son malos, escoria del sistema. Sí, algunos le llaman Sistema a esto.

Tampoco se trata de ser exhaustivos. No vaya a ser que no alcancemos el Nirvana, lugar en el que por lo visto se disfruta de gran confort. Claro que, en ese país, una anciana se planta ante el nigeriano emigrante que pide a la puerta del supermercado y le cuenta, pues lo normal, sus enfermedades. Y otra se va a la peluquería del chino, de esas que han puesto tantas y que peina estupendamente por 7 euros, y enebra monólogo:

— Pues yo trabajaba en el Instituto Nacional de Previsión, sabe usted.

— ….

— Oiga, le digo que si sabe usted qué era el Instituto Nacional de Previsión.

— Sí, le responde el peluquero, en una de las pocas palabras que conoce en nuestro idioma.

— Estaba en Conde de Peñalver. ¿Sabe usted dónde está Conde de Peñalver?

— Sí.

Y no le saca de ahí. Espitas de soledades y frustraciones. Siempre mejor que el anciano que aporrea el techo del coche que le ha cedido el turno en el paso de cebra, porque algo no fue de su gusto. O el joven sentado en el metro en un tintineo constante de piernas, pies y dientes. No pertenecen al club de los satisfechos aunque quizás votan para mantenerlos.

Ese país que vuelve a apalizar homosexuales porque es vital saber con quién se mete cada uno en la cama y prohibir y condenar. Ese país que sigue matando y cada vez más a las mujeres. Con saña, por derecho autoconcedido del ancestral machismo.  Ese país que lucha por volver tanto al pasado que hasta obliga a cambiar la Plaza de la Igualdad por su antiguo nombre de Divisiones azules de apoyos nazis y por ende franquistas. Ese país en el que la ultraderecha ya vuelve a respirar fuerte en clima amigo.

Ese país está en Europa, en la Unión Europea, que aprueba normas, hace reuniones, muchas reuniones, emite comunicados, insta a diferentes cosas. Y deja que la alcaldesa de Calais, Francia, del partido de Los Republicanos, el de Sarkozy y Fillon, en un estado gobernado por los socialistas de Hollande, condene, a muerte quizás, a miles de personas, dado que ha prohibido bajo sanción que nadie lleve comida a los refugiados. Como ese otro país, Hungría, que cobra 1.200 euros a los refugiados para cambiar de un campo de concentración miserable a otro algo menos miserable. Ese continente, que les deja vagar solos, sin atención, sin protección, que les deja morir solos, que les empuja a morir. Y que nos tiene en vilo no vaya a ser que nos coloque en Holanda a otro fascista.

Pues a esto le llaman Sistema, como digo. El país en el que viven los aposentados y la mayoría desconoce. O Casta o Trama, según las versiones, que es algo que enfada mucho a los que disfrutan del Sistema precisamente, y les lanza a escribir fieros artículo, de esos cargados de «presuntos» y «según ellos».

Igual a ese país hay que llamarlo H. Mudo, sin función, a lo sumo marco para el suspiro, para el lamento. Ése que a base de aspirar en quejido da forma a la jota, la más rotunda de las letras.

*Publicado en eldiarioes

¿Y la responsabilidad de los periodistas?

La condena radical de la APM al que dio por sentado como un acoso de Podemos a los periodistas ha suscitado un apasionado debate entre los profesionales. Una especie de terapia de grupo pública con una descripción de nuestra profesión que tiene a gran parte del auditorio atónito. En algunos casos confirma sus peores presentimientos. Supimos que «la APM» –que encabeza su comunicado calificando de   «totalmente incompatible con el sistema democrático» la actitud de Podemos– se limitó en la práctica a la presidenta Victoria Prego y su mano derecha, el vicepresidente Nemesio Rodriguez López, que se basó en las acusaciones sin pruebas concretas de una decena de informadores, de los cuales no dieron nombres, y sin preguntar siquiera a los denunciados de Podemos.

 La «carnaza» estaba servida, como a propósito. A partir de ahí, volvieron a desatarse las portadas, editoriales, páginas y páginas, voces y voces, de alarmados notables. Periodistas y columnistas que se han comido con cucharón las graves presiones a muchos de sus propios compañeros en los medios, los despidos y las manipulaciones, saltan ofendidos como si hubieran nacido esa misma mañana libres de todo error. «Sin pecado original» en la gráfica versión de la Biblia.

Como a propósito. Basta contrastar la condena a Podemos, con la versallesca petición de una televisión pública independiente y profesionalizada, sin mencionar las reiteradas denuncias de manipulación, con redacciones paralelas al efecto,  constatables y verificadas, en respuesta a la petición de «medidas urgentes» requeridas por 2.225 trabajadores de RTVE. Arréglense ustedes –les instamos–. Para la APM no es «totalmente incompatible con el sistema democrático» hacer creer cada día a más de dos millones de seres que siguen los telediarios que viven en la arcadia feliz y apartar precisamente a profesionales independientes que darían una información más ajustada a la realidad.

Otros periodistas, los menos, se muestran escandalizados y destacan –en la Zona Crítica de este diario tienen numerosos y muy razonados ejemplos– la doble vara de medir que han empleado la Asociación de la Prensa de Madrid y sus palmeros en lo que es una trayectoria infame de acoso efectivo a periodistas. Iñigo Sáenz de Ugarte hizo un buen repaso de los últimos tiempos. En el pasado hubo también sus presiones, pasillos, traslados y humillaciones. Y, sin duda, quienes se plantaron a las llamadas de políticos. Jefes incluidos. Recuerdo el caso de Ramón Colom en Informe Semanal de TVE ante el Ministerio de Educación del PSOE, en una larga huelga de la Universidad, que daría para un tan lamentable como jocoso relato.

Todas estas reflexiones han aparecido estos días, lo que cuesta encontrar es una mención a la responsabilidad de los periodistas sobre lo que firman, sobre lo que firmamos. Se diría que nuestra profesión es la única que no admite crítica. Se da por hecho que las acusaciones de la APM son ciertas cuando no goza de especial prestigio. Y, por lo que voy leyendo y oyendo, se dibuja a esos «redactores de base» poco más que como un apéndice del teclado del ordenador o un disco mecánico que compone la voz para la noticia. De ser cierto ese papel, no hubieran expulsado a valiosos periodistas de El País, a Jesús Cintora de Cuatro, devuelto a Madrid a la que llamaron «polémica» corresponsal en Oriente Medio de TVE, Yolanda Álvarez, y a tantos recordados estos días que afrontaron sus informaciones.

Tienen razón quienes dicen que « en ningún trabajo, va en el sueldo de un currante que le traten mal«. Cierto. La violencia es intolerable. Y hay relaciones que pueden llegar a rozar hasta la puerilidad por ambas partes como lo de «mirar con cara de odio» como ha dicho alguno de los denunciantes de Podemos. Pero no se puede olvidar que algunos trabajos acarrean especial responsabilidad. Y los hacemos y los avalamos al estampar la firma.

A nadie se le escapa que ha habido –y hay– artículos y titulares que mezclan información y opinión (cuando es regla del periodismo hacer una nítida diferencia). Acusaciones a miembros de Podemos que resultaron falsas. Titulares y artículos altamente sesgados. No solo contra Podemos y, dentro de la formación contra Pablo Iglesias en particular, Pedro Sánchez también sufrió durísimos rigores antes de ser defenestrado de la Secretaría General del PSOE, sin que los autores del golpe interno recibieran ni el mismo tratamiento, ni prácticamente críticas. Reparemos en las fotos editoriales de los líderes que quieren dejar en mal lugar, publicadas en sus peores tomas. Algunas veces rozan el esperpento. Esas expresiones agrias, desmejoradas. Hasta canas despeinadas pusieron a Iglesias en una portada. Pero es que ¿hace falta demostrar la deriva de buena parte de la prensa, radio y televisión en España? ¿No vemos sus manipulaciones y en definitiva su servicio al poder sin reparar en métodos? Las hemerotecas están llenas.

La firma es importante. Rubrica lo que hacemos. En los contratos mercantiles, tiene consecuencias. Hasta penales en incumplimientos. Cómo será que la propia Victoria Prego dijo en Los desayunos de RTVE que no hacía falta otro nombre que el suyo para demostrar la veracidad de los hechos. Decir Victoria Prego era suficiente. Con una encomiable autoestima para su bienestar personal, que olvida pasajes bien negros de su trayectoria. Aquel silencio en la conspiranoia emprendida por Pedro J. Ramirez en el 11M que hoy se conmemora. La propia publicación de su entrevista a Rajoy en aquella jornada de reflexión con sus «convicciones morales» sobre la autoría de ETA. O el episodio de Suárez y el referéndum a la Monarquía por citar solo algunos de los más relevantes.

Indudablemente vivimos tiempos en los que la precariedad condiciona voluntades. Esta penosa circunstancia no es ajena a haber falseado u ocultado datos que la sociedad precisaba para tomar decisiones. Ni a la banalización de los contenidos. Pero cuando firmamos algo, cuando ponemos nuestra cara, voz y palabras, estamos contando a la audiencia lo que honestamente hemos visto, lo que necesita saber. No cabe la obediencia debida. Se observa una tendencia a exonerar al periodista de los contenidos que firma, como si fuera algo al margen de las directrices de su medio y, en su  caso,  intereses políticos.

Comparémoslo con otras profesiones. Medicina, ingeniería, conducción, lo que quieran. Y apliquen el método. Por ejemplo, si vender comida adulterada ocasiona problemas, imaginen lo que provoca  la información manipulada. Tiene consecuencias. Muchas más que una gastroenteritis. Los datos de la propia APM fueron categóricos: el 75% de los periodistas dijeron sucumbir a la presión de los jefes, y más del 75% se autocensura, es decir no informa de lo que en conciencia cree debería informar.  La audiencia no tiene la culpa.

En absoluto, digo sea el caso de los denunciantes dado que ni sabemos quiénes son, pero el hecho existe y es muy grave. ¿Estamos seguros, en esas condiciones, de que cumplen el servicio público a la sociedad que es nuestra misión? ¿La denuncia de la APM y de todos nosotros no debe ser la de saber y acabar con esa situación? ¿No es esto lo realmente «incompatible con el sistema democrático»? Nuestra vida puede ser muy triste, pero más lo es la de quienes sufren las consecuencias de una información con «verdades alternativas». Es como poner los pies en un pantano cuando te han dicho que la explanada era de cemento.

*Publicado en eldiarioes

11M, aquella aguas turbulentas

Marzo de 2004. Cuatro días infinitos. Madrid es el corazón del mundo. Desde el último confín se sobrecogen con nuestra tragedia. A partir de la terrible madrugada del jueves 11, hemos estado pendientes de cada detalle. Sangre, muerte, dolor, llanto, gritos, solidaridad absoluta. Imágenes para saturar la emoción. Uno tapa al otro con una cazadora, el que puede andar arrastra a quien no logra hacerlo. Empezamos a ver duras escenas de orfandad tan densa y enorme que se convierte en universal. Los rostros inolvidables de quienes se quedan para soportar el vacío agudo de la ausencia sin retorno. Tras volcarse en ayudar sin miedo a nada, los ciudadanos han regresado a sus casas y la ciudad se sume en el silencio. Luego, el grito sordo de condena de más de 11 millones de personas en un viernes que llueve por toda la eternidad.

Portadas prensa internacional. De mi libro 11M-14M, onda expansiva (2004)

¿Quién ha sido? ¿Por qué tuvo que mezclarse la sospecha de la trampa en tan inmenso dolor, en tan firme resolución de condena? El domingo hay elecciones. Las encuestas dan ganador al Partido Popular que presenta a Mariano Rajoy. Perderá, frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Por la ostentosa política de ocultación de la autoría de los atentados que ha desarrollado. Esa inusitada rapidez en atribuirlos a ETA descartando toda duda, ese empecinamiento. Por manipular hasta forzar condenas a ETA en la ONU de las que la ONU se arrepiente porque jamás había obrado con tal precipitación y sin pruebas contundentes. Lo dicen los medios extranjeros.

La portada de Libération al día siguiente de las elecciones no pudo ser más expresiva: “El precio de la mentira”, sobre Aznar votando. En Le Monde, el presidente saliente de España apareció dos veces con nariz de Pinocho.

New YorK Times escribe: “Al parecer, Al Qaeda ha conseguido derribar a su primer gobierno democrático. Por supuesto ha estado ayudado por la actitud furtiva, asustadiza e inepta con la que el gobierno de Aznar ha manejado la investigación de los atentados del pasado jueves. En el desesperado intento por mostrar que el terrorismo vasco de ETA era el responsable, ofendió a muchos votantes que se sintieron manipulados”.

El Financial Times británico tituló un artículo el 26 de Marzo: “Un día en la historia de la infamia”.  En él afirmaba que el Gobierno de Aznar puso en riesgo a Europa por retener información e insistir en la falsa autoría de ETA.

Nunca nos habíamos visto los españoles tan observados, tan analizadas nuestras actitudes. En un flujo de cuerpo único, España también irradiará hacia el resto de los países los matices y controversias del momento en que vivíamos. Reciente la invasión de Irak, políticas conservadoras, neoliberales y belicistas tras los atentados del 11S. Las extrapolaciones hacia Europa y EEUU de lo ocurrido en España no se cumplieron: nada se movió. En lo político no, pero el islamismo  terrorista sí golpearía Londres un año después.

Sobre los cadáveres y heridos del 11M, sobre el inmenso dolor de un pueblo, la eterna derecha española demostró que en su ideario solo figura gobernar o maniobrar para seguir gobernando. Es entonces cuando se inicia la etapa dura de la manipulación mediática llegada al extremo en nuestros días. Barra libre, todo vale. Un presidente de gobierno –José Mª Aznar- que cambia titulares de grandes y sólidos medios –como lo era entonces El País-. La ignominia de El Mundo inventando una conspiranoia como medio de influencia y lucro. Impunemente.  Una encarnizada batalla mediática sobre quién tiene la culpa… de la derrota del Partido Popular, según parece a la postre. Curiosamente, La Razón, sobria, todavía no ha entrado en el terreno del ridículo al que le ha llevado su director desde 2008. La SER –tan denostada por la propaganda conservadora- brinda informaciones esenciales. Contra los intentos de desactivarlas. Aquellos días se vivió una auténtica lucha por la información.

Es entonces también cuando al Cuarto Poder le sale un vástago que hoy crece vigoroso. Como en los viejos tiempos, hemos tenido que informarnos fuera de nuestras fronteras, pero dentro existe ya el periodismo de Internet. Un blog que he descubierto poco tiempo atrás –Escolar.net- está contando otra cosa diferente a los medios oficiales y enfoca lo que interesa. Y radiocable.com. Por allí también anda guerraeterna.com.  E Iblnews que, al contrario de los otros, no tardaría en perder el pulso.

La gente también ha tomado las riendas. Enorme coraje y sensatez en todo el convulso drama. Dimos ejemplo al mundo de valentía y solidaridad, como fue ampliamente resaltado. Gran pueblo cuando se le necesita y pierde la abulia y el miedo. Modélico, frente a la bajeza del gobierno y algunos medios.

Como cada semana, un periódico nacional ofrecía a sus lectores el domingo 14 de Marzo un compacto. Aquél, era el viejo disco de Simon & Garfunkel, “Puente sobre aguas turbulentas”. Su letra, escrita desde cualquier tiempo y lugar, nos confirma que, por mucha que sea la desolación, por mucho que encenaguen todos los presentes, siempre hay una vía para salir… un puente que se despliega, hasta con tintes de consuelo, abriendo el horizonte.

*Publicado en eldiario.es el 11 de Marzo de 2014

*También incluimos el capítulo de mi libro 11M-14M, onda expansiva, sobre la insólita jornada de reflexión del 13M. Me limité a ir anotando sin mayores aditamentos, es decir, una crónica. Creo que es muy revelador hoy.

*Este artículo lo publiqué en el blog el año pasado. Y cada año tiene su vigencia en la comparación del presente con cuanto nos ha sucedido.

 

Adoctrinamiento neoliberal desde el colegio

libro.economia.eso

El artículo (de Mario Saavedra en Economikon) es  modélico. Documentado, con testimonios. El resultado nos sitúa ante una realidad muy preocupante: están abduciendo a los niños desde los 15 años para entregarlos al neoliberalismo más desaforado. La enseñanza en España estrena asignatura de Economía, a raíz de un Real Decreto del Gobierno del PP de enero de 2015. Optativa para Ciencias Sociales. En Formación Profesional cuentan con otra llamada «Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial», cuenta Saavedra. De ella, aún no tenemos noticia. Distintas editoriales se han puesto a la tarea de cumplimentar el mandato del gobierno. El mensaje está claro.

  •   Hay que ir pensando en un plan de pensiones privado desde la temprana adolescencia.

“Son muchas las razones para contratar un plan de pensiones cuanto antes”, se lee en el libro de economía de 4º de ESO de McGraw Hill, una de las editoriales más reputadas en España. “Un caso especial es el de las mujeres, que necesitan planificar mejor la jubilación”, dice el texto para chavales de 15 años, coordinado por Anxo Penalonga»,  añade Saavedra.

  • El gasto social daña el crecimiento económico. No aclaran de quién. Yendo mucho más allá que hasta ahora en esa senda que considera «gasto», algo lesivo por tanto, a lo que es inversión en los ciudadanos.
  • El “paro se produce porque el mercado de trabajo no funciona libremente” y si “los salarios fueran flexibles para bajar o subir en función de la oferta y la demanda, no habría paro”. Escribe otra de las editoriales, dando una de los no muy diferentes versiones del problema.

El artículo, excelente como digo, ha consultado a profesores de distintos colegios. Algunos tratan de compensar el profundo mensaje ideológico con otros datos de la realidad. Con los efectos secundarios que no figuran en los textos. Pero eso depende del profesor por lo que vemos y en desequilibrio: no es lo mismo un libro homologado que recortes de prensa. Y merece la pena leerlo completo aquí, viendo las ilustraciones. Vuelvo a enlazarlo 

En este mundo que se deshace en desigualdades y crueldad, sus gestores han dado un salto cualitativo de envergadura: instruir a los niños en las presuntas bondades del neoliberalismo. En su «sálvese quien pueda» que tantos beneficios produce a unos pocos.  Y tanto daño a muchos más. Basta leer los postulados de la nueva asignatura. Al final, pagaremos impuestos solo para sustentar políticos y fuerzas de seguridad.

¿Realmente saben los ciudadanos lo que están haciendo con los niños? Un gobierno del PP, votado por 8 millones de personas, y apoyado por Ciudadanos y PSOE con su abstención, lo hace posible. Con el impagable -o sí- apoyo de una abrumadora mayoría de medios y periodistas a su favor.