El agujero de las subvenciones públicas

Público da cuenta hoy de cómo la CEOE mantiene una red de asociaciones para captar ayudas públicas. Miles de abogados, técnicos, secretarias y profesores viven del entramado de más de 5.000 agrupaciones que dependen de la patronal, dice. Las ayudas van desde 20.000 euros a 20 millones según el tamaño. Por cada autonomía existe otra patronal que reúne a tantas subpatronales como provincias. No hay duplicidades, aseguran todas las consultadas. Está plenamente justificado que Confemetal, por ejemplo, una de las agrupaciones más fuertes de la CEOE, esté formada a su vez por 15 asociaciones nacionales y 68 regionales. Y que dentro de estas, la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia (Asime), por ejemplo, esté formada por otras nueve agrupaciones más.

Hace más de un año que dediqué a esa hemorragia de nuestro dinero un post. Desde entonces he ido recopilando más datos. Además de todas estas instituciones de las que habla Público, de Fundaciones al amparo en buena parte de poderosas empresas, calculo que en España puede haber como mínimo medio millón de asociaciones «sin ánimo de lucro«. Solo entre Andalucía, Cataluña y Madrid se contabilizan cerca de 150.000. Todas son susceptibles de obtener una buena provisión de fondos para sus actividades.

Hace poco reseñé el millón de euros que se lleva FAES por difundir su ideología, en tiempos en los que la “crisis” obliga a duros ajustes a los trabajadores y pensionistas. La fundación Ideas para el progreso del PSOE, saca también más de 900.000 euros. Y cantidades menores otros partidos. Digo yo que, con la que está cayendo, podían esperar un año al menos a «estudiar» lo que sea, o pagárselo ellos. Y no hablemos ya de las mil y una asociaciones pro-vida por ejemplo que, a manera de racimo como el entremado de la patronal, se diseminan por España. Ni sabemos si esas emisoras de TDT que tanto pontifican de la mañana a la noche reciben alguna ayudita, y así hasta el infinito.

Mi propia experiencia me remite a que propongo a un grupo de compañeros que salieron conmigo de RTVE por el ERE crear una asociación europea que piense en los ciudadanos lejos de los cauces oficiales. Que plantee los problemas que nos atañen y no los que manda “Bruselas”. Tras un brillante acto de presentación con Felipe González, me echaron de forma aparentemente ortodoxa. La principal discrepancia con un grupo de compañeros era la obtención de ayudas públicas que yo rechazaba. Y el lucro personal en nombre de la asociación. El resto apoyó a los disidentes. Ya tienen esas ayudas del Estado. Para reunirse una docena de personas, una vez al mes, en una sala que nos les cobra nada.  Para mantener una página web en la que siempre escriben dos o tres incluso con pseudónimos para que no se note. Para hacer, con alguna excepción, seguidismo de la UE oficial.

Al calor de esta experiencia, descubrí el entramado de los que viven de la idea europea, recibiendo subvenciones públicas que les dan para despacho y secretaria,  y cobrando personalmente por sus conferencias. Hay un profesor universitario que está en al menos cinco asociaciones en diferentes cargos. Dios me libre de afirmar que no es legal, pero algo raro sí suena. Y si esto existe para Europa, multiplicad por intereses varios de los españoles.

Lo peor en este caso es que, al mismo tiempo, grupos que realizan una labor encomiable no reciben ayudas, o no las suficientes. Eso es lo terrible.

En el post de hace un año, hubo un primer comentario extraordinariamente interesante porque provenía de alguien con profundo conocimiento de causa. Extraigo algunas ideas.

«Bajo el epígrafe de asociaciones o Fundaciones, lo que llamamos ONG se compone de forma masiva por instituciones que toman a su cargo responsabilidades que el Estado no quiere atender, y que se convierten al hacerlo en formas amables de privatización. A veces inconscientemente… hasta que llegan otras “fundaciones” (algunas enlazadas en este post) a ofrecerles servicios “profesionales”. Y hablan de “profesionalización”, de responsabilidad… pero nunca hablarán de comités de empresa, y cuando lo hacen es -caso de la Cruz Roja en 2003- cuando la situación de sus trabajadores es insostenible.

En algunos casos, empresas privadas, farmacéuticas, bancos, cadenas de comida rápida y ETT patrocinan o promueven auténticas OPAs sobre asociaciones o Fundaciones con el propósito de desgravar, cuando no de blanquear dinero. O imagen.

En otros, Universidades envían a sus estudiantes a trabajar gratis como becarios en estas instituciones: ya ocurre en el ámbito privado, pero se da el caso de que organizaciones que hacen campañas para respetar los derechos de los cafetaleros de Nicaragua, por ejemplo, tienen becarios haciendo el trabajo de profesionales, o contratan via ETT a recaudadores o captadores de socios en plena calle.

Y todo esto, de forma legal.»

   Toda esta falta de clarificación y control crea un profundo descrédito en asociaciones y movimientos que sí pretenden y que sí logran hacer algo por los demás. Como en tantas otras cosas el «todos son iguales» es una peligrosa arma.  Y, con ser muchas las irresponsabilidades generalizadas, ésta es una de sus consecuencias más perversas. Se carga labores efectivas y generosas que nadie más realiza. Vean las administraciones también qué hacen dando dinero a patronales destinadas a lograr beneficios privados. Ponga orden el Estado en esta maraña. Orden y rigor en el uso de nuestro dinero.

De los altramuces a la lechuga y el caramelo envenenado

Postre de El Bulli

Seguramente uno mira, escucha, comparte, vive, para nutrirse y deleitarse. Y volver a comunicar a otros, quizás, las mejores recetas que logren alimentarle y darle fuerza. La lectura de la prensa de la mañana, de toda la información de estos días, me ha llevado a curiosas asociaciones.

Dieta rigurosa nos exige el Papa de la iglesia más mimada de la historia española, hoy más que nunca, como resume a la perfección Juan González Bedoya. Ásperos garbanzos recocidos sin esperanza. Altramuces. Borrajas lavadas. Un hueso de tocino. La aceituna vacía. Y el mandato inapelable de la obligada ingestión hasta dejar el plato limpio. La purga diaria.

Los gatos cocinados –pobrecitos míos- bajo el epigrama de liebres que nos brinda la economía. El arroz y el maíz a palo seco, sin costosas proteínas, que nos preparan para igualar a la sociedad en la pobreza que renta desorbitados beneficios particulares. La anorexia que detiene la garganta ante la mesa, la bulimia que se desencadena ante el estragante menú de obligada deglución.

También he recordado los caramelos al leer la excelente entrevista de Millás a Felipe González -las buenas entrevistas son las que logran respuestas-. No sabría precisar el mecanismo. Un caramelo que entra suave y apetitoso, pero que no siempre responde al contenido enunciado. Uno precisa endulzar sus días por encima de todo. Pleno de sabores –meloso, agridulce, picante, exótico y narcótico-, con la promesa de ricos nutrientes que, a veces se catan en esencia, hasta embriagar, los de mayor calidad contienen veneno –parece casi imposible la perfección del dulce sin tropiezos-. Sutil, bajo el brillante envoltorio y las sustancias que atrapan. Paladear un caramelo -aún envenenado- si no mata, con soportables efectos secundarios, estimula a vivir. ¿En la cuerda floja?

Cuando se ha probado, y se ha consumido, y  duele el estómago en el recuerdo, solemos emplear la razón para elegir una alimentación saludable. Verduras y hortalizas, proteínas sin grasa y a la plancha, fruta, algunos derivados lácteos, todo light, por supuesto. El BOE con toda su información. Mucho más sanos, se puede llegar a sentir que los días se arrugan como las lechugas e incluso ver que la crisis merma las ofertas y restringe cantidad y calidad del menú.

Sin imaginación, nunca llega el presupuesto. Mi sopa de calabaza de hoy lleva ajo, cebolla, puerro, acelga, apio, patata, sal y pimienta, y, sobre todo, generosa ración de cilantro. Sin él no sabe igual. Los jarretes de cordero que enriquece y contrasta con alcachofas la cocina aragonesa. Uno es lo que come. Para vivir. Para comunicar y compartir. Es mi receta. A falta de los sabrosos postres soñados que, sin duda, están en el mercado.

No tiene nombre

Con todo lo que está cayendo –y hablamos a diario- y anda el personal revolucionado por la osadía del gobierno socialista de marras que quiere acabar con la primacía del apellido paterno cuando nace un retoño. Hierven las tertulias, las portadas de los periódicos, los señores con bigote amantes de la tradición en las encuestas callejeras. Con Belén Esteban, no se habla de otra cosa.

Mi estupefacción se desborda. Desde 1999 rige en España una ley que autoriza a inscribir a las criaturitas con el apellido del padre o de la madre indistintamente. Aquí tenéis el texto. Gobernaba el PP y Rajoy era ministro. Ocurría, tal como argumenta la ley en su exposición de motivos, que la ONU en persona y el Comité de Ministros del Consejo de Europa habían tirado de las orejas a España por no haber erradicado las políticas sexistas en este punto. Y se hizo la ley, sí señor. Pero, al parecer, se sembró el terreno de trabas burocráticas. Y, en caso de discrepancia de los progenitores, se imponía el apellido paterno.

La modificación actual de la ley pretende aparentemente que se cumpla algo más la letra de la anterior. Y punto. El orden alfabético es sólo para casos de discrepancia. No se van a perder por tanto los apellidos con las últimas letras del abecedario. Si todas las parejas se pusieran a discutir por ello más valdría que se separaran. Y-lo que es más sorprendente- se lleva tramitando desde Junio sin que nadie haya dicho ni media palabra. ¿Por qué tras 5 meses de deliberaciones –que ya les vale- y sin haber concluido éstas se monta ahora semejante ruido? Los caminos de la venta de periódicos y de obtención de votos son inescrutables.

Ante la masiva ignorancia ciudadana, periodística y política, los críos podían llevar el apellido de mamá desde hace 11 años ¡Qué osadía! España no es un país machista, ni sexista, ni nada ¡qué va!, nos cuenta El Mundo que «Destacados intelectuales apoyan un manifiesto en defensa de Sánchez Dragó». Son unos 15 – no me he molestado en contarlos-, bastante trasnochados y retirados. Es muy entrañable su manifiesto en tono panfletario. No a la quema de libros. Dicen –como la Presidenta de Madrid que da trabajo a Sanchez Dragó en la cadena pública de televisión- que lo que cuenta el escritor es literatura, entendiendo por ella ficción cuando se trata de un ensayo. Pues ha dado detalles en varias ocasiones. No solamente se aprovechaba sexualmente de niñas, sino que luego las ponía a fregar. Servicio completo.

Los gobiernos nacionales tienen poco margen de maniobra. Los “ajustes” sociales se los impone el FMI, Bruselas, y hasta Obama –sin aprender la lección- al teléfono. Los cuatro millones de parados no son un problema sino un proyecto… para convertirnos en China, como dice mi sabio hijo. Pagar, pagamos en buena parte a ayuntamientos y comunidades autónomas, y a las empresas privadas de lucros privados a las que entregan nuestros servicios. ¿En qué pueden entretenerse el gobierno central y el parlamento? ¿y los medios informativos? ¿Y los políticos que de tanto salir en las teles ya no parecen tener casi de qué hablar? En la semántica.

Parodiando el viejo chiste, en esta inmensa taza de té en la que vivimos, lo que está ocurriendo no es que no tenga apellido, lo que no tiene es nombre.

En el eterno día de la marmota

Imagen encontrada en http://www.librodenotas.com

Siempre me ha fascinado el funcionamiento de esa masa blanda, llena de conexiones, que se ubica en la caja craneal y que rige nuestra vida en todos sus extremos. Hasta el corazón está en el cerebro, por supuesto. Los avances en investigación no han logrado conocer más que un 10% de sus mecanismos, y así lo repiten una y otra vez los expertos.

La memoria, como función esencial. Años leyendo sobre ella, e incluso trabajando -modestamente- en su análisis y divulgación de alguna manera, quizás porque he visto perderla a mi alrededor. Los humanos no somos nada sin memoria porque es lo que nos permite conocer la génesis del presente y permite diseñar las pautas del futuro.

Es cierto que nuestro cerebro, al igual que el disco duro del ordenador fabricado a su imagen, no puede almacenar los recuerdos de toda una vida, y selecciona para conservar lo que le parece, sin que apenas se sepan los criterios de su elección. Normalmente, parece que se fijan más los ligados a emociones, o a la importancia que les hemos dado en el momento de experimentarlos. Y, como cualquier órgano del cuerpo, el cerebro, la memoria, se mantiene en mejor estado si se ejercita.

La más grave afección neurodegenerativa –no la única- es el Alzheimer. Se acumula en el cerebro una cantidad anormal de la proteína beta-amiloide, como una masa informe que corroe o fríe el cerebro –permítaseme la licencia- y termina por extenderse y afectar prácticamente todas las funciones. No se conoce la causa.

Obama tendrá que cambiar de conducta, ha sido un chico muy malo. No lo suficiente, con seguridad. Pero defraudó a sus votantes que no parecen conocer las dificultades del mundo en el que vivimos, y los indefensos desmemoriados creen que arreglarán sus problemas los causantes de la crisis, precisamente ésos. Ha comenzado ya la rehabilitación de nuestro amigo George Bush. Y se conseguirá, vaya que sí. Como se consiguió la de otro admirado y entrañable pariente, José María Aznar. Un millón de euros le hemos dado de nuestros bolsillos para extender su ideología. Y eso que tiene un buen sueldo del emporio mediático que sustenta la “revolución” conservadora estadounidense, y, que decide con sus calculados mensajes sobre nuestras vidas y haciendas. Textualmente. Cada día reescribimos la historia.  Como una beta-amiloide artificial, degenerada, inyectada, inducida y desbocada. Llega un momento –y no muy tarde- en el que los enfermos de Alzheimer no saben dibujar un reloj, precisamente. Triste metáfora. El tiempo les ha ganado la batalla. Han perdido su identidad, el recuerdo de sabores, olores, afectos, miradas, paisajes. Cada día se nace a la vida, aunque no para vivirla. Una fría araña teje torcidas las redes del cerebro.

¿Y si lo contamos en un reality show?

 Me pregunto si la historia funcionaría en forma de docudrama o reality show, con actores o personajes populares. Es tan obscena que arrasaría y solo parece fallar la fórmula de su presentación al público. Alguna empresa -honrada- debería patrocinarnos para distribuir palomitas al personal y que se encuentren más cómodos mientras contemplan el espectáculo.

   Recordémoslo una vez más. Hace 2 años el sistema financiero cae por sus muchos excesos, tras dar el aviso un año antes con las hipotecas subprime y sin que nadie haga nada. Las grandes torres se desintegran, pero los gobiernos democráticos acuden solícitos a ayudarles entregándoles el dinero de los ciudadanos para que se mantengan. Convierten en pública su deuda privada. Este gráfico muestra cómo se ha invertido más en ayudar a los bancos que en todo el gasto de todas las partidas juntas. La parte en color ocre es lo que hemos regalado al «sistema» para afianzarlo.

   Había llegado la hora de la política nos dijeron. Pero no. Había llegado la del asalto definitivo al poder. Ahora los gobiernos deben millones a los bancos a consecuencia de su desembolso para ayudarles -es decir, les debemos los millones que les hemos prestado ¡y con intereses!- , y el gran poder financiero –con sus soportes mediáticos- es quien dicta las normas. La ciudadanía debe empobrecerse para que ellos sigan obteniendo cuantiosos beneficios y hasta comprándose bancos de otros países. Y la sociedad no se entera. O no actúa.

    Los republicanos han ganado el midterm. Javier Valenzuela nos cuenta que esto ya ha pasado otras veces sin que tenga grandes consecuencias. La diferencia, quizás, es que el triunfo conservador se debe al irresistible ascenso del Tea Party, un movimiento deleznable pero que provocaría risa si lo juzgara una sociedad con criterio. Los «belenesestebanesperanzasaguirresrojoyesmayoresorejastorquemadas» de la política. Merecería la pena ir asignando papeles para nuestros reality show.

Dice Javier Valenzuela:

 “¿Qué se puede hacer frente al hecho de que millones de norteamericanos se hayan creído lo de que Obama es musulmán y comunista, el cambio climático no existe y los ricos y las grandes empresas pagan demasiados impuestos? Definitivamente, Estados Unidos es «a country of believers». Basta con pensar que allí muchos creen que Elvis vive, los marcianos se aparecieron en Roswell (Nuevo México) y la teoría de la creación de la Biblia es absolutamente cierta. No debe extrañar que se crean lo del Tea Party”.

   Obama, como Zapatero, minusvaloraron al poderoso enemigo. Tenían que haber actuado con un radicalismo extremo para desmantelarlo. Para mantener la dignidad del mandato que les habíamos conferido, por el que fueron elegidos. Probablemente ya no hay remedio, ellos ya no lo tienen. Pero resulta paradójico que se entregue todo el poder al mismo neoliberalismo que provocó la crisis y que nos mantiene en tan precaria situación. Sigue diciendo Valenzuela:

   “Sin la intervención enérgica de Obama es muy probable que Estados Unidos hubiera caído en una depresión de caballo, como la que tuvo que remontar Roosevelt. Pero muchos de sus votantes de 2008 no son conscientes de ello porque nadie se lo ha dicho alto, claro y constantemente. Al contrario, muchos progresistas han ido asociando a Obama con el salvamento de un Wall Street nada agradecido. Y no poca gente se ha quedado con la copla neoliberal del incremento del déficit público, olvidando dos cosas: que ha sido por una buena causa y que el republicano George W. Bush, que heredó superávit de Clinton, dejó las arcas públicas hechas unos zorros con las aventuras militares de Afganistán e Irak.”

   Se habla ya en EEUU de desencadenar una guerra con Irán “para reactivar la economía”. Yemen tampoco anda muy lejos del punto de mira. Surge una más que sospechosa epidemia de bombitas supuestamente terroristas. El manual aplicado en todos sus extremos. La xenofobia y el conservadurismo más atroz se extienden por el mundo como mancha de aceite. Escuchamos  declaraciones de una pornografía intelectual y moral, incluso en España, que ofende el gusto y la inteligencia, sin inmutarnos. Algunos aplauden. Y los líderes europeos ya preparan también unos acuerdos” de armamento nuclear. Paso a paso, hasta la tercera guerra. De ésa, no saldremos vivos.

    Un líder republicano estadounidense decía esta mañana que «van a devolver el poder a los ciudadanos» -que les ha quitado al parecer Obama extendiendo la sanidad a quien no puede pagarla, por ejemplo-. Los ultras neoliberales adelgazarán el Estado. Rajoy también. Sí, devolverán, acrecentarán el poder de unos ciudadanos sobre otros, no cabe duda. El Estado somos todos, nos lo están robando, nos lo estamos dejando robar.

No basta con indignarse o resignarse al «viva las caenas«. Educación e información son el antídoto a todo esta barbarie. Repetir, por ejemplo, cada día el mensaje de Network, abriendo con él todos los telediarios libres y responsable, si los hubiera.

Y, sin embargo, hay soluciones. Empezamos a buscarlas…

Network: lo habían avisado

«Network» es una mítica película estadounidense, dirigida en 1976 por Sydney Lumet y en la que Peter Finch realiza una interpretación memorable –por la que recibió un Oscar, de los 4 que tiene el filme-. Pasados los años, no hace mucho, en 2006, «Network» fue elegido como uno de los 10 mejores guiones cinematógrafios de todos los tiempos.

Han pasado 34 años desde 1976. España amanecía a la democracia sin limpiar el subsuelo de reaccionarias bombas de relojería. En Chile, tras la muerte de Salvador Allende, se encontraba en todo su apogeo la puesta en práctica de las doctrinas neoliberales de los Chicago Boys. Rusia y sus satélites permanecían impertérritos tras su telón de acero y ni por asomo se vislumbraba su caída. Aún tenía que soltar su podredumbre fuera de sus límites para enfangar la socialdemocracia. Por entonces la URSS era el “malo” oficial. Siempre lo hay. Y, eso sí, los televisores más grandes tenían 21 pulgadas.

Iba a llegar un mundo perfecto. De accionistas. Dirigidos naturalmente desde las secretas mesas de los consejos de administración. Howard Beale, el personaje interpretado por Peter Finch, pasa de ser un presentador de noticias profundamente harto a casi un predicador más harto todavía, pero ya utilizado por la cadena para obtener beneficios, dada su alta audiencia. Hace 34 años.

Tan embobados como entonces, contemplamos hoy cómo el PP se dispone a vender a manos privadas lo poco que nos queda del Estado, nuestro, de todos. Y embobados les votarán. Claman los demócratas estadounidenses ante el imparable ascenso de un Tea Party ultraderechista, inculto y folclórico, tratando de recordar a los desmemoriados que fue el neoliberalismo de Bush y antecesores el causante de la crisis que padecen, que votarles es atar las manos para reformas. No pueden tampoco hacer mucho los gobernantes progresistas: el Network, la Red de los negocios, es losa ineludible y rige nuestros destinos. Ya lo avisaban. Hace 34 años.

Hoy al tubo catódico se le suman muchos más tubos impresos o digitales. El periodismo que colabora, el que no denuncia, como gran culpable. Atado y bien atado nuestro presente y futuro, 34 años después. Y qué enorme coincidencia. Había crisis. Tremenda.

El periodista Howard Beale concluye su alegato en un grito de previsible final. Un oportuno terrorismo de diseño calla su voz. Y –no se ve ya en el vídeo- la secuencia de su muerte se ofrece a la audiencia mezclada con anuncios. Y aplauden. Zombies, aplauden. Network es una red. La única esperanza es que hoy tenemos otra red de ciudadanos que –aún- no controlan absolutamente.

Pero hay más alternativas…

Gracias a Piezas por los apaños, y a JA por su rica conversación que trajo este recuerdo.

Españoles, cada día más europeos

  Mi viejo sueño de que los españoles seamos tan europeos como solían serlo los ciudadanos del lado norte pirenaico –antes de que llegara la UE con la guadaña azul-, está más próximo a cumplirse. La crisis de los no ricos ha cambiado nuestros hábitos de consumo. Ahora invertimos más en todo lo que implica estar en casa –gastos corrientes de luz y electricidad-, alcohol y tabaco… y eso sí, telefonía. Nos quedamos en el dulce hogar pero llamando a otros ¿para paliar la soledad? ¿el hastío que produce la convivencia quizás? Al mismo tiempo ahorramos en comida –que en los españoles es algo contra natura- y en salud y educación que ya se sabe son cosas superfluas.

   Veo grandes paralelismos con los más arraigados europeos. Ellos también prefieren permanecer al cobijo de sus paredes, sobre todo por no gastar. Tampoco derrochan en comida. Los holandeses por ejemplo emplean en esa partida el 15% de sus ingresos, mientras nosotros hemos llegado a dilapidar la mitad de lo ganado en viandas. Le dan a la bebida más que nosotros por lo general, en contra de la fama extendida. Para ellos educación y salud sí son prioritarios. Y se comen sus soledades y frustraciones, con unos buenos lingotazos o con pastillas, en lugar de llamar por teléfono que es caro.

 

    Claro que esta casa en Lund, Suecia, de tres plantas, con este jardín…

Cuesta 400.000 euros. Y ganan el triple que nosotros. Ese prototipo europeo nos interesa ¿a que sí? Mirad la frutería. Hace 2 años, pero los tomates costaban el equivalente 2 euros. El kilo naturalmente.

   En su empeño de homologarnos a los europeos, el futuro inquilino de la Moncloa casi por mayoría absoluta ha elegido el modelo británico de Cameron. No tiene muy claro cuál es ese modelo pero le suena bien, declara que «da confianza». De acuerdo, aceptamos los recortes de los ingleses, pero por favor queremos todo el paquete completo. también ellos ganan el triple que nosotros, ni un subaltero cobra menos de 1.000 euros, y así se aceptan de mejor grado los ajustes.

   Puestos, hasta no nos importaría ser como los franceses, que ganan el doble, con una inversión cercana al 30% en gasto social (frente al 21% español), y que se jubilan –para su irritación- a los 62 años, tras el duro ajuste decretado por Sarkozy.

   Rajoy medita nuestro futuro, entre lo que sabe y no sabe, dice y no dice, pensando por encima de todo en la moral de nuestros ancestros. En eso España es y debe ser diferente, reserva espiritual del mundo entero. ¡Matrimonio homosexual!, ¡no, no, eso no puede ser!, esas cosas se hacen a escondidas. Y aquí le vemos sonriendo dulcemente en su despacho, atesorando esa foto tan tierna a su izquierda que preside la estancia.

Otoño 2010: programados para la melancolía y el miedo

Pues sí, ha amanecido nublado y esta pobre España en crisis ve cómo millones de personas que nunca se van de puente -nunca jamás, es que jamás se va nadie de puente- lo van a pasar entre lluvia y viento. Para colmo de males, nos cambian el horario y –leo en un titular- “una hora más que da paso a la melancolía…”. Y como las desgracias no vienen solas, es noche de muertos, masificados y caricaturizados ahora por costumbres foráneas. Muertos al fin y al cabo.    

Y cosas más serias. Se ha ido un hombre coherente y muy bueno, y ha dejado a una viuda hermosa y sólida que parece resumir la historia de la mujer en España. Y recordamos, en el centenario de su nacimiento, al Miguel Hernández de todos los tiempos. Al que cantó a los «vientos del pueblo» pero también a la pasión y la derrota presentidas desde que uno descubre que su corazón late algo más deprisa que los de la prudente mediocridad.

Como el toro te sigo y te persigo,

y dejas mi deseo en una espada,

como el toro burlado, como el toro”.

Y ni siquiera acaba aquí la tragedia. En el ordenamiento social de la codicia, la desfachatez, la opresión y la conformidad, llega el cíclico temor al terrorismo. El miedo como excusa perfecta para apretar tres agujeros más el yugo en el cuello. Nunca el terrorismo ha ocasionado un cambio de régimen, a no ser los provocados por reacción a manos del orden establecido, como sucedió tras el 11S. Y hasta por contaminación se producen más víctimas que por atentados (16.000 al año en España). Mas, a todos los niveles, mientan el miedo para provocar el silencio, la inacción. Nos programan para la melancolía y el miedo, nos programan simplemente.   

 No nos engañemos, dentro de 100 años, todos muertos. La fecha es casi una anécdota. “Es posible que los valientes no vivan mucho, los cobardes no viven nada”, escuché en una película no especialmente sesuda. Y en otra (Out of Africa): “Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias”. Si la luz no entra diáfana por la ventana, fuerte y rotunda, es que nació viciada. Evita las componendas. Y alégrate cuando los dioses te perdonan. Ya lo has hecho otras veces.    

 Por lo demás ¿Es posible encontrar una estación más bella que el otoño? El de toda la gama cromática. En la naturaleza que crece o en el sol que pasa del blanco al dorado fuego, iluminando, calentando, sin quemar. El que trae día grises para la reflexión y lluvias apaciguadoras. El que permite mirar al año vivido y al futuro que aguarda. Para saber que somos nosotros mismos quienes componemos nuestra propia vida.

 

PP: la ciega viga en ojo propio

Rajoy comienza, por fin, a avanzar el programa que piensa aplicar cuando llegue a la Moncloa. Preocupados por las pensiones –como todos o casi todos- los populares proponen una serie de recortes para poder aumentarlas un 1%. Se precisan 1.500 millones de euros, las cuentas del PP alcanzan solo a la mitad 750 millones. ¿De dónde los saca? Reduciendo las ayudas al desarrollo, ciencia y RTVE. 

Leía ayer que Irán va a reprimir la enseñanza de Filosofía, Derecho, Ciencias Políticas, Estudios de la Mujer o Derechos Humanos. Ya no se abrirán nuevos departamentos, y los ya existentes “tendrán que adaptar sus contenidos a los principios islámicos”. Es lo que tienen los fundamentalismos.  Nosotros vivimos en el neoliberal. La ayuda –o restitución en justicia- a los desfavorecidos del sistema no es rentable, y la ciencia y la información libre de intereses privados resulta peligrosa a los postulados del libérrimo mercado. Lo peor -peor aún- es cuando los fanatismos tan extremos conviven. El día que seriamente explote el polvorín nos vamos a enterar. Nosotros.

   El líder del PP planea también adelgazar el Estado de las autonomías –labor en la que encontrará gran número de seguidores- porque “tenemos una administración excesiva”, y profundizar en la senda de las privatizaciones con laliberalización” de aeropuertos y trenes.

   Su predecesor en el gobierno conservador de España, José María Aznar, se ventiló las llamadas 5 joyas de la corona que había empezado a privatizar Felipe González, aunque conservando siempre la mayoría y titularidad del Estado. A saber, ENDESA, Tabacalera, REPSOL, Telefónica y Argentaria (ahora dentro del BBVA que sólo este año que ha ganado «poquito» se ha llevado más de 3 mil millones de euros y lleva bastante más de una década privatizado). Con ellas, y otras menudencias, obtuvo 30.000 millones de euros. ¿En qué se invirtieron?  ¿en el milagro económico? ¿el que mantuvo los 8 millones de pobres en nuestro país hoy elevados a 9 millones? Las arcas públicas han perdido desde entonces las cuantiosas ganancias –hoy privadas- de estos suculentos negocios. Pero hay que privatizar más. Los aeropuertos y los trenes. ¿El metro y los transportes públicos? La realidad va más deprisa que la ficción.

   Ahora bien, resulta que Madrid –con  alcalde del PP- disfruta del ayuntamiento más endeudado de España, a pesar de que la basura se amontona en las calles por otras prioridades del presupuesto (túneles, ciudades deportivas fantasmas para un 2016 que se esfumó). Y la Comunidad –gestionada también por una mayoría popular- ha disparado un 9% sus «austeros» presupuestos. De dinero público, recuerdo. De autonomías a restringir. De administraciones del PP que critica despilfarros.

Unos y otros se aplican sin embargo en fortalecer a esas empresas privadas que se nos van a llevar nuestro patrimonio, para ingresar en sus cuentas privadas los beneficios. La CEOE  mueve 587 millones al año y de cada diez euros que ingresa siete son de subvenciones públicas.  Hay que mermar la ayuda al desarrollo, a la ciencia, a sindicatos y partidos, pero no a los empresarios.

    Y el colmo de la desfachatez: la FAES de Aznar, altavoz del neoliberalismo más extremo, ha recibido más de un millón de euros para difundir su ideología en el exterior. Lo cuenta El Plural, que incluye el enlace al BOE. Poned en la búsqueda del PDF FAES y ahí tenéis el presupuesto concedido por el gobierno a la organización: más de un millón de euros. Está clarísima la subvención que le damos -nosotros- a FAES para que «promueva SUS libertades«. ¿Este derroche no lo critica el PP?

   En consecuencia, solo de las «ayudas» a empresarios y a FAES sale el mantenimiento de las pensiones, sin recortar en ciencia y demás. Pero repasad la lista de regalías por la que se escapa nuestro dinero y no os cortéis las venas que hay mucho trabajo por hacer.

Un ERE para los políticos

 

Pues sí, a grandes males, grandes remedios. María Dolores de Cospedal ganó el año pasado 241.480 euros, la mayoría de origen público. Ha hecho una auténtica carrera, duplicando sus abultados ingresos en muy poco tiempo, lo que le ha dado para adquisiciones y cancelaciones de deudas que sus representados no pueden afrontar. Lo sabemos porque en Castilla-La Mancha existe la posibilidad de conocer esas cuentas, al igual que en la mayor parte de los países democráticos. Del resto de nuestros políticos apenas tenemos datos. De ministros y del presidente del gobierno que a estas alturas parece casi el peor remunerado de nuestros próceres con 91.982,40 euros anuales.

   Nuestra Constitución –como todas las democráticas- consagra que la soberanía reside en el pueblo. El pueblo, a ver, tú y yo, la sociedad, la gente: los políticos son nuestros representantes. Y cobran por su función y de los partidos políticos que también sostienen nuestros impuestos –como debe ser en un sistema de libertades-, las reducidas cuotas de los militantes,  y  donaciones particulares que no sé yo si regalan a fondo perdido o cómo –aunque ésa es otra historia-.

   Bien, estaréis conmigo en que no podemos permitirnos mantener esta nómina. Tenemos que hacer una reducción de plantilla –a todas luces está sobredimensionada para empezar-. Sin duda, ajustar los emolumentos de quienes decidamos mantener. Restringir sus gastos. Facilitar su despido. Congelar sus pensiones –en muchos casos asignadas de por vida-.

   Y aún planteo ir más allá. Entendámonos, no se trata de atentar contra los fundamentos de un Estado de Derecho basado en la representación popular, en la toma de decisiones a favor de la mayoría. No, ni mucho menos, todo lo contrario. De hecho, sucede que esta empresa común parece incluso haber desviado sus objetivos. El colmo de la estupidez es pagar a nuestros gestores para que beneficien a los mercados, empresas e intereses privados, y esquilmen a la mayoría de la población, mermando logros que parecían consolidados. A pesar del adocenamiento inducido y generalizado de la ciudadanía, nuestro personal –los políticos- se ha constituido como problema fundamental de los españoles. Se impone estudiar un Expediente de Regulación de Empleo.

   Lo explicaré de una forma didáctica. Cuando uno no se puede pagar una asistenta, se lava, se friega y se plancha por sí mismo. Yo no puedo seguir costeando a buena parte de nuestros asistentes políticos. El sueldo de Cospedal –por poner el ejemplo más comentado estos días- debe estar basado en su excelencia y eficacia, no me cabe duda. Me perdonaréis la inmodestia pero probablemente yo, como muchos de vosotros, nos expresamos mejor que ella, usamos alguna neurona más, buscamos el bien de una mayoría “mayor” que los intereses privados que ella y su partido defienden (o que hoy mantienen la mayoría de los partidos), somos bastante menos retrógrados, y, si el truco consiste en mentir y manipular, la inteligencia permite aprender, siquiera dejando a un lado la ética. Un ratito aunque sea. Y hoy ya no insisto en cómo, además, un grupo significativo de ellos nos roban a manos llenas.   

    Mi propuesta no es subversiva. Está basada en la lógica y en la eficacia que mandan en el libre mercado (del que solo combato sus excesos). Y voces muy autorizadas y poco sospechosas de ir tirando piedras a los escaparates andan en la misma línea. Mi querido José Luis Sampedro comentaba el otro día –con 93 años- que, en el actual desarrollo tecnológico, los parlamentos masivos están obsoletos. Una docena de personas –elegidas, por supuesto- y asistidas por una buena red de expertos con ordenadores que muestren, al momento, los fundamentos y resultados de cada decisión, harían una función mucho más eficiente.

   Y elegir a los mejores y más preparados como manda la democracia desde los griegos. Estos dispendios, insisto, no nos los podemos permitir. ¿O sí?