Las máquinas sexuales, Zoido y la empatía

Dicen que el ser humano se aplicó pronto a buscar la ficción como forma de evadirse de la realidad o buscando la creatividad que la engrandeciera o ambas cosas. Ahora, una nueva vuelta de tuerca, apuesta por vivirla en sus estadios más prosaicos. Apremian a la mujer para que alquile su útero a quien pueda pagar el que le geste y alumbre un hijo. Apremian a fondo, de la mañana a la noche. La mujer probeta del mercantilismo comparte portada estos días con las robots para el sexo y el afecto, según leemos, oímos y vemos también sin cesar. Las «Loves dolls», nos dicen, son capaces de ejecutar hasta 50 posturas sexuales y dar la sensación de respuesta que evoque sentimientos. Las robots. No hablan de penes vibradores con extensión corpórea capaces de abrazar como un oso, que es una de las aptitudes más cautivadoras de la pareja. Para estas cosas del placer y el uso siempre suele empezarse por la mujer. Aunque haya «Lover dolls» no exclusivamente femeninas y adultas.

Argumentan que servirán –como las hinchables– para tímidos y para ancianos. Así lo he escuchado. Y para desfogar conductas sexuales ilegales, lo que abre espeluznantes figuras a la imaginación. Y a modo de muñecas afectivas, con la de seres vivos que traen los sentimientos incorporados de serie. Y, hasta que lleguen a fabricarlas los chinos si es el caso, para usuarios de alto poder adquisitivo: cuestan entre 5.000 y 15.000 dólares. Sucedáneos en cualquier caso, con la mirada eternamente perdida, con emociones de silicona, con abrazos mecánicos. Un juguete descorazonado como todos, pero probablemente más descorazonador.

El avance de la robótica viene prestando grandes servicios al progreso. Faltaba avanzar en la idea, obvia, de su empleo idealizado para el placer sexual y la ilusión del amor. De hecho la promoción prioriza el «placer sentimental» al sexual. La idea es recurrente en la literatura y el cine. Lubitsch filmó The Doll ya en 1919, basada en el Ballet Coppélia de Lèo Delibes (SXIX). El español Luis García Berlanga lo abordó en Tamaño natural, de 1973. Pero es quizás Blade Runner (1982) de Ridley Scott la que  sitúa el tema en su más inquietante dimensión al mostrar a replicantes capaces de más empatía y menos hipocresía que los humanos. El director británico iba más allá que el autor del cuento original en el que se inspiró, ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’, el estadounidense Philip K. Dick. Concretamente ahondaba en esa potencialidad de sentir, más probable en los androides de Blade Runner. Nada que ver con las muñecas para el sexo en pleno lanzamiento.

La empatía es la característica humana definitoria. Pero los humanos de Blade Runner no se conmovían con el dolor ajeno, como les ocurre a millones de individuos de hoy. Ven cómo sufren y mueren miles de personas en la pobreza de los días, en el mar y en la tierra de la huida, y mucha gente prefiere mirar a las figuras que en, distintas pantallas, desvirtúan los gritos de la realidad. Tragando un anzuelo tras otro, el mayor el de su propia tibieza y egoísmo. Son legión. ACNUR denuncia que barcos mercantes y militares apagan el radar en zonas críticas del Mediterráneo para evitar verse obligados a atender las llamadas de socorro de los emigrantes.

¿Es Zoido, ministro del interior, un humano o un replicante? Si la principal diferencia teórica es la empatía, no podríamos asegurar que la albergue en su ser. En concreto el ministro no la siente por las personas que arriesgan su vida en el Mediterráneo ni por quienes luchan por salvarles. Durante este año han muerto 1 de cada 45 personas que han intentado cruzar ese mar que fue de la esperanza. Culpar a las ONG de llamarles y contravenir los planes del Gobierno es no tener un latido de afecto o consideración por ellos.

Zoido, Báñez, Catalá, Saénz de Santamaría, De Guindos, Cospedal, Rajoy,  Casado, Rivera, Girauta, todos aquellos responsables directos de la situación que vivimos… ¿Se mueven por empatía? Si se les observa detenidamente en sus gestos y en sus hechos, no demuestran sentirla por el género humano sino por la tribu de sus propios intereses. Como más arriba y más abajo en todas esas dimensiones del poder incapaces de mover un músculo sinceramente por sus congéneres, que más ricos o más pobres nacimos y morimos como todos los demás.

Esos 900.000 niños que pasan los días viendo a todos los adultos en casa, sin salir a trabajar, existen para todas las conciencias. Los que, por el contrario, regresan solos al hogar porque sus padres han de multiplicar los contratos para traer dinero a casa. Los que no cobran ni salario, ni subsidio a pesar de la feria del empleo emprendida por la propaganda. El presidente de la patronal –otro con la empatía bajo el callo del metatarso– avanza generosamente a estas alturas de la tijera que no se puede llegar a final de mes con 800 euros de sueldo. Pues los hay que se quedan en 300 euros al mes (el 22%, 1 de cada 5), y pensiones que siguen sin sobrepasar gran cosa los 300 al mes. ¿Humanos o replicantes quienes así gestionan?

¿Qué sentimiento hacia los demás, hacia sus víctimas, puede albergar quien roba el dinero de todos aprovechándose de su cargo público? ¿Y quienes obstaculizan la justicia? ¿Y quienes apoyan el repulsivo manto de corrupción y forman parte de él manipulando la verdad? ¿Y quienes, no solo no miran, sino que votan para que sean humanos de corazón piedra pómez quienes dirijan los destinos de todos? A la postre, mantener a tantos miserable en puestos de poder se debe siempre el estruendoso silencio de las «buenas personas».

Nadie sueña ya con ovejas eléctricas, quizás con ficciones que enmascaren su realidad. Buscando salidas hasta con la muñeca de mirada ausente y silencio eterno que se deja hacer. Con vivir al abrigo de cuantos se dejan hacer. Si el mundo sigue adelante no es por ellos. Es porque también hay gente que salva a otros, que abraza al desvalido, que lo ve. Gente que se pone en el lugar del otro. Voluntarios, ONGs, periodistas freelance incluso, que se desesperan en impotencia ante lo que contemplan. Personas que se afanan en luchar por el bien común.  Personas que se rebelan ante la injusticia. Incorruptibles.

Vivimos, sin embargo, entre demasiados sucedáneos. Sucedáneos de la política, de la información, de la decencia. Quizás la posmentira está llegando demasiado lejos si ya no estamos seguros que sean verdad la justicia o los derechos. Que no sea cierta la humanidad y no sea verdad ni el amor. Veo cosas que no creeríais.

El dedo señala al «procés» mientras peligra la democracia

Cuesta creer que haya personas en España que se levanten por la mañana angustiadas porque Catalunya quiera hacer un referéndum. De independencia o no. Incluso que la unidad de España afecte sus vidas mucho más que los grandes atropellos que se suceden en ella. Ni las políticas que los provocan. Las encuestas del CIS no reflejan en absoluto esa inquietud: en el último Barómetro publicado, de mayo, citan la independencia de Cataluña como problema el 0,9% de los encuestados. Menos aún de lo habitual. Todos ellos deben tener un puesto en alguna tertulia en el o staff directivo de un medio.

El ‘procés’ pasará a la historia como uno de los más grandes errores de la intransigencia de Rajoy y la huida hacia delante de Artur Mas. Alguien algún día habrá de buscar cauces a la realidad, fuera de intereses, como aconsejan hasta desde el New York Times. Por citar a algún medio que contrarreste a la cerrilCaverna española.

Lo realmente preocupante es la sistemática y acelerada cruzada contra la Democracia que se observa en el mundo desarrollado. Donald Trump tiene a la Democracia como un calzoncillo sucio que es imagen adecuada al interfecto. Tal como avisó, podría  plantarse en la Quinta Avenida disparando a la gente que no le pasaría factura. Es inaudito que se tolere lo que está haciendo y en el Partido Republicano, el auténtico cáncer ultra, su gestión es aprobada por el 80%. El astrofísico Stephen Hawking afirma que Trump puede hacer un daño irreversible a la Tierra: «Convertirla en Venus con temperaturas de 250º y lluvia de ácido sulfúrico». La mirada corta, estúpida y sin escrúpulos es lo que tiene.

La deriva en suelo patrio también es alarmante. El consejero Jordi Baiget es expulsado del Govern por dudar del referéndum. Homs, su compañero del PDeCat, se manifiesta harto hasta donde los hombres como él sitúan el nivel de hartazgo: más o menos por la mitad del cuerpo, vista frontal. Y los medios nos lo cuentan sin descanso. Como las cada vez más esperpénticas metáforas que asemejan el procés a un globo pinchado que –oh, maravilla– conserva el poder de «golpear cosas». Rajoy crea estilo en el PP.

Punto y aparte merece la invocación al ejército de Cospedal, al frente de Defensa, emulando a Margaret Thatcher en ese desestabilizador retorno al involucionismo. O las censuras, menos guerreras sin duda, como la que expresó el Ministro Íñigo Méndez de Vigo. Porque, veamos, los independentistas catalanes se proponen redactar una Constitución que, en la versión de El País para la edición nacional, es «bolivariana», y «asamblearia» en la dedicada a Catalunya. Terrible para ellos, en cualquier caso. El ministro de Educación, Cultura y Deportes dice que tal procedimiento es propio de «otras latitudes», señalando con el ojo oculto a Latinoamérica. A la de Maduro, no a la Temer en Brasil, como suelen hacer nuestros clásicos.

La aversión por la Democracia se está extendiendo. Recojo a menudo manifestaciones que evidencian rechazo a las urnas por lo que traen de incertidumbre a los negocios que tantos de nuestros políticos y medios representan. Estemos alerta a lo que prepara Macron en Francia porque apunta a una Tecnocracia de nuevo cuño. El  mensaje general que se está mandando es que sobre la democracia directa hay una «aristocracia» que sabe más que nosotros, los implicados.

Méndez de Vigo, por su cargo actual y sus puestos anteriores en Europa, debería saber que Islandia elaboró su nueva Constitución de forma asamblearia. Es cierto que son «otras latitudes», al norte y de Europa. Esa zona que suele gustarnos tanto. Y lo hicieron al convertirse en la primera víctima de la estafa neoliberal que llamaron «Crisis del 2008». El fraude y la corrupción de sus gestores –que suelen venir unidos– les dejaron en completa bancarrota. Y con deudas a pagar a sus bancos –como nosotros, los españoles– y además a sus acreedores británicos.

Pasaron de ser el país número 1 en Índice de Desarrollo Humano a perderlo todo. No podían vivir dentro y su dinero no servía fuera, suspendida su cotización. Dicho para desmemoriados. Se negaron a pagar los fiascos de sus bancos, lo negociaron, los encausaron. Juzgaron también a sus políticos. Por eso su Constitución es resultado de un movimiento asambleario, hubieron de tomar las riendas. Y aun así tienen que quitarse de vez en cuando a presidentes pringados en Paraísos Fiscales.

A los españoles no se les ocurre citar la independencia de Catalunya como problema pero muchos son sensible a las directrices de los jefes de pista en el circo mediático. A las alharacas por el empleo récord que se crea y se alaba la propia ministra Fátima Báñez. A «la economía» que tapa la corrupción, aunque las facciones del PP estén ya a navajazos ante nuestros ojos. Pero no mire, no escuche. O sí.

Es una cantinela constante desde que despunta el día a la noche. La mañana de este martes me ha deparado esta pesca textual radiofónica: Puigdemont, como un burro amarrado en la puerta del baile, deporte sí pero tomando Flexium, Montoro investiga a los tertulianos, ahora y en la hora de nuestra muerte amén, la Generalitat y muchos otros cargos de la Generalitat, todavía hay mucho humo me están diciendo mis compañeros porque tengo que estar aquí y no lo veo, así se lo hizo saber al club merengue, llama al 902, quiéreteme, quién se resiste a un 40% de descuento, Puigdemont, Homs, Baiget, Manuel Benítez, el cordobés, era un torero viva la vida, Manolete era un torero viva la muerte.

Trump, los Republicanos, los votantes de Trump. El PP, sus socios, los votantes del PP y de sus socios. Los corruptos, sus voceros, sus tramposos. La convivencia social supeditada a intereses empresariales. La política ejecutiva, la justicia ilícita. La censura, la pérdida de derechos y libertades. La moral desaprensiva. La mirada corta y estúpida.

Gracias a la Democracia, están destruyendo la democracia y no tienen derecho a hacernos esto a los demás. Ustedes verán.

El anquilosado aniversario de las elecciones del 77

Sinceramente, Groucho Marx, Elvis Presley, María Callas o Charles Chaplin, fallecidos en 1977, están más vivos hoy que el espejo que el Parlamento ha mostrado para conmemorar las primeras elecciones generales tras la dictadura de Franco. El gran acontecimiento que España vivió aquel mismo año ha determinado sin duda nuestra historia, pero sufriendo una curiosa evolución. El propio festejo, hierático y con aires trasnochados, no se parece, ni en lo más remoto, al empuje que caracterizó aquella época. Cuando hubo que reconstruir todo lo que los franquistas destruyeron, el macabro legado que desde hace tiempo quieren dulcificar.

Echen un vistazo a la celebración del aniversario. A la encorsetada presidencia, a los discursos, a cuanto la rodeó, a la realidad que vivimos, y vean en qué se asemeja a aquella tarea que emprendimos con la ilusión del que va hacia adelante.

Sí fue una fecha decisiva. A partir del 15 de junio de 1977  hubo que reedificar el Estado de Derecho desde los cimientos. Restablecer todos los derechos civiles: libertad de expresión, de reunión, de asociación. Suprimir la censura. Legalizar los partidos políticos y sindicatos, hacer andar un Parlamento elegido por los ciudadanos con las leyes que rigen en los países democráticos y elaborar –en tiempo récord y con consenso– una Constitución.

Hubo que restituir a la mujer su condición de ciudadana adulta. Aunque hasta 1978 no se abolió el delito de adulterio que las castigaba en particular. La píldora anticonceptiva tardó en ser de libre venta en las farmacias otro año más, el 79. El divorcio, derecho de hombres y mujeres, se alcanzó en 1981 con la férrea oposición de los conservadores, precedentes del PP. Su exigua representación en las Cortes hizo inútiles sus esfuerzos.

Hubo que ajustar a la realidad una economía tramposa, lo que implicó grandes sacrificios y mermas. Y todo ello en un clima de tensión casi insoportable. Hay que admitir que se logró mucho más de lo que cabe predecir negociando bajo la égida de los franquistas. Las circunstancias, se dijo, no permitían el borrón y cuenta nueva, y eso es lo que pagamos. Unas figuras se engrandecieron –Adolfo Suárez– mientras otras empequeñecían. Hemos visto a un padre de la Constitución defendiendo la inocencia por amor de una infanta de España en un caso de corrupción de altos vuelos y bajos instintos.

Pero que nadie se confunda. Escucho dar las gracias por lo conseguido y no hay nada que agradecer, no es una concesión: lo normal es vivir en libertad y con derechos.

La estampa de esta semana en el Congreso demuestra cómo las élites se encuentran fuera del tiempo, de la realidad que viven la mayoría de los ciudadanos. El Rey Felipe VI se refiere a la dictadura como dictadura, 40 años después de terminada. El gran avance del aniversario. Poco a poco, vamos siendo adultos para oír ciertas cosas. Llama la atención que unas personas de la edad y preparación de los Reyes mantengan ese discurso paternalista, aunque en realidad es el que de antiguo se dirige a súbditos, no a ciudadanos.

Como el esfuerzo por una equidistancia imposible que equipare a los tiranos con las víctimas. Comparto el magistral artículo de Olga Rodríguez, absolutamente documentado. Demuestra que el franquismo persiguió casa por casa acabada la guerra. Y que las heridas que no se cierran desembocan en estados de podredumbre como el que denunciaba el New York Times en 2014: «Hoy en día, la política, los negocios y la ley en España están salpicados de personas con vínculos directos o indirectos con Franco». Colaboradores de sus actos por tanto. Y evidenciando que lo edificado en terreno cenagoso, se tuerce. Ayer, hoy y siempre. Para la colectividad, por supuesto.

La fiesta de los 40 años nos brindó la oportunidad de ver la Infinita insolencia de un Martín Villa que se cree superior a quienes le exigen responsabilidades. Está tranquilo  el hombre «viendo a quienes le acusan». No le llegan a la suela del zapato a quien, tras la dictadura, siguió ocupando cargos de relevancia en el sistema: desde la presidencia de ENDESA, o la SOGECABLE de los Polanco y PRISA, a una Consejería en el SAREB que le dio De Guindos. A Martín Villa se le considera corresponsable de la matanza de 5 trabajadores en Vitoria en 1976. Las grabaciones de la policía confirmando la masacre –que entonces corrían clandestinamente y que volvimos a escuchar gracias al periodista Iker Armentia– muestran un episodio difícil de obviar.  Y esta semana Martín Villa ha recibido una medilla del Rey en el Congreso. El Parlament de Catalunya al día siguiente anulaba los juicios sumarísimos del franquismo contra 64.000 represaliados. La primera ley en el Estado español que lo hace y por unanimidad. Una sensible diferencia.

Rígidos, envarados, tiesos como palos, vestidos como para una boda, con más de un gesto momificado en la tribuna presidencial, era diáfano lo poco que se parecen estas élites a la sociedad a la que representan por ley. Menos mal que ha entrado algo más de la normalidad de la calle en las Cámaras en las recientes elecciones, por mucho que les moleste a los establecidos.

Los Reyes en el centro. Diría que la nueva generación de la monarquía inglesa con su pompa y circunstancia tiene más frescura y naturalidad que la española. Lo diría, a salvo de las leyes Mordaza que se encargaron de preservar la Institución hasta de las críticas. Lo que no parece una medida acorde con los tiempos. El temor no llama al afecto.

Han pasado 40 años y, de hecho, la España de hoy ha reeditado la censura con las leyes restrictivas del PP que siguen en pie, tras meses de un Parlamento más plural y de numerosas protestas nacionales e internacionales. O la economía tramposa que vende como recuperación las cifras macro que favorecen a unos pocos. El récord histórico de Deuda Pública o el saqueo de la Hucha de las Pensiones, son grandes evidencias. Y puede que la mayor diferencia se dé en los medios. Hace 40 años fue la explosión del periodismo, en número y fiabilidad, se iba a los quioscos con avidez. Ahora buena parte de ellos son apéndices del poder, de los que venden precisamente sus realidades paralelas.

Se seguirá hablando durante días de por qué no invitaron a Juan Carlos I al homenaje. Tuvo un papel importante, debía haber estado. Pero a estas alturas no es difícil intuir el argumento. El rey de la Transición fue demasiado lejos en sus devaneos sexuales y, sobre todo, en las consecuencias que de ellos se derivaron. La caída en Botsuana marcó el «ya no va más». Peligraba la institución y abdicó. Renació la armonía en los nuevos monarcas, tras tiempos tensos. Ahora, se consolida la ausencia del rey anterior. Juan Carlos I queda para cumpleaños y bodas. Y no le gusta ese papel. Con lo que él ha sido y verse relegado «hasta por las nietas de la Pasionaria», como ha dicho. O por Martín Villa, como no ha dicho.

Lo que nos hace levantar cada mañana y emprender la vida con ilusión no ese tedioso escenario de lo oficial, que solo parece mostrar pasión por entregarse a la obsolescencia. Lo apasionante es que siguen existiendo hallazgos y sorpresas, hechos y afectos a mantener y universos por descubrir.

Una de las ideas más sugerentes de los últimos tiempos es la que ha desarrollado el historiador y escritor Yuval Noah Harari: ¿Por qué los humanos gobiernan la Tierra? Por la capacidad de imaginar. Eso es lo que nos hizo vencer a otras especies. Cuando miro los fastos de la España oficial siento que buena parte de sus actores, que nos venden el pasado remozado, no son capaces ni de imaginar el futuro. El desarrollo camina contra las rémoras.

1977 fue el año de La Guerra de las Galaxias y hace décadas que conocemos la identidad de Darth Vader . El mundo ha dado demasiadas vueltas para mantener esta querencia por las formas de una realidad tan lejana a la que se vive a diario.

El PP tiene la conciencia tranquila

Dice Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación del PP, que tiene la conciencia tranquila, él y su partido tienen la conciencia tranquila. Ese delito del que usted me está hablando, la corrupción, es algo extensamente desconocido. Rajoy vuelve a ver manos inquisitoriales en quienes intentan indagar y atribuir responsabilidades a uno de los más grandes saqueos de las arcas públicas que ha podido darse en un país formalmente democrático. Pero, como dirían algunos de los escribidores del periodismo oficial, hay al menos dos formas de verlo.

El PP no se ha financiado ilegalmente durante décadas tal como contó su tesorero Luis Bárcenas –cuando hablaba– y confirmó con múltiples pruebas documentales la investigación judicial.  El PP no ha recibido donativos de empresarios a muchos de los cuales entregó luego obra pública. Ellos lo hacían por cariño y a quién mejor dar negocio en justa compensación.

No hubo sobres en B, ni cajas de puros llenas de billetes en B. No se cargaron los discos duros del ordenador de Bárcenas, borrándolos 35 veces, donde había aún más pruebas. Los SMS de Rajoy, presidente del Gobierno, fueron solo otra prueba de afecto. El propio Bárcenas pasó de ser un apestado a quien cargar las culpas, a un colega que defiende los intereses del PP en la Comisión investigadora del Congreso con la prepotencia que lo haría cualquiera de sus portavoces. Repartiendo culpas y responsabilidades fuera. Y callando cuanto dijo. Sopla el viento de otro lado, trayendo silencio. Nadie nunca supo nada, ni recordó, ni le constó y si alguna desviación mínima se produjo es atribuible en exclusiva a otro tesorero, Álvaro Lapuerta. Incapacitado actualmente por demencia sobrevenida. En el umbral  de los 90 años y tras haber sufrido una caída que le mantuvo en coma, es el único responsable de los deslices. Inimputable, tras una trayectoria marcada al servicio de la derecha ya desde el franquismo.

No hay Gürtel, ni Púnica, ni Lezo, ni Taula, ni Canal de Isabel II, ni el abecedario casi completo de la corrupción que ha podrido los cimientos de España los últimos años. Nadie en el PP se ha enriquecido sacando dinero hasta de los colegios, a costa de mandar a los niños a barracones prefabricados. No ha habido ni cacerías ni volquetes de putas para festejar la faena. Todo lo que usted creyó ver y sufrir no sucedió. El PP tiene la conciencia tranquila.

No se han cambiado a conveniencia jueces y fiscales, no hay trato de favor jamás. Las buenas gentes nombradas para presidir tribunales decisorios lo son por puro merecimiento. Moix no existió, Catalá es un ministro ejemplar.

España no se encuentra en la cúspide del crecimiento de la desigualdad en Europa. Los datos del aumento de la pobreza infantil no nos los creemos,  porque nosotros (ellos) nos creemos lo que queremos. Los votantes del PP tienen la conciencia tranquila. Crece el empleo con unas remuneraciones suficientes y somos las estrellas de la recuperación. Eso sólo podía hacerlo el PP que se encontró un país en bancarrota por sus Comunidades Autónomas que gestionaba en su mayoría dirigentes del PP. Y por la soga al cuello de la burbuja inmobiliaria que andan inflando otra vez. Si usted es prudente, sabrá apartarse.

Nunca hubo un Soria, ni un Wert. De Guindos se desvive por nuestros intereses económicos lo mismo que el presidente del Banco de España. El ministro de las amnistías fiscales siempre sabe lo que hace y ahí sigue. Y esa vicepresidenta que con tanto tino controla todo. Y, cuando se dice todo, es todo.

Rajoy sí existe, es el presidente que necesita España. La España de esta gente. Aunque si un día cesa, tendrán otro presidente de derechas a quien necesitar.

¿No leen ustedes los periódicos, escuchan las radios y ven las televisiones? No hay problema en el que se encuentre el PP, no digamos problema, no hay atisbo de duda, presunción de presunta posible implicación en algún indicio de principio de presunto delito, que no tenga ahí a unos servidores de la información prestos al quite. Con la conciencia muy tranquila.

Los periódicos de papel ya casi no editan portadas, editoriales, precisas columnas de opinión de los más fiables periodistas, sin un fin o dedicatoria específicos. Anegados en lágrimas o rabia además por la incomprensión que sufren.

Se notan voces molestas por ver entorpecida la labor del PP.  Que si una comisión parlamentaria, que si unas críticas por haber perdido 60.600 millones de euros de nuestro dinero en el rescate a los bancos (cosa que no pasó en otros países) o por la gestión de paraísos como el Parque Natural de Doñana que acaban entre llamas. Las urnas las carga el diablo, esto lo dicen de vez en cuando. Conllevan una pérdida de tiempo lamentable para quienes tan bien conocen lo que nos conviene. El Parlamento decididamente es un incordio.

Estos días andan abriendo (poca cosa) las cloacas de Interior, las cloacas del Estado. No terminamos de saber por qué ahora y así. En los bajos fondos se libran batallas por el poder, y producen movimientos. Las cloacas del Estado con sus dosieres, presiones, amenazas,  aparecen a nuestros ojos ahora con alguna mayor nitidez. Como una red subterránea, podrida de cavernas, que comunica emporios y palacios, búnkeres y desagües, intereses particulares y mucho dinero.

Las víctimas de este país, de sus poderes más insanos y sus cómplices, merecerían que unos cuantos de ellos se buscaran la conciencia, a ver si la han extraviado por algún sumidero. Y que ofrecieran alguna compensación. La mejor sería que depusieran las trampas y empezar a hablar de responsabilidades.

CETA, barómetro para saber quién manda aquí

Hay días en los que la calculadora da la suma exacta y la última pieza encaja en el puzle. La reacción al tenue cambio de postura del PSOE de Pedro Sánchez respecto al CETA (Tratado de Libre comercio de la UE con Canadá) termina de demostrar quién manda aquí. Una piña a favor del poder no elegido en las urnas, del poder financiero y aledaños, que mueve todas las teclas sin permitir ni una nota suelta.

Las razones invocadas por el PSOE no dejan lugar a dudas: «CETA penaliza a los estados miembros que adopten decisiones que perjudiquen a los inversores», CETA no garantiza «el equilibrio entre la protección jurídica de los inversiones y el interés general de los derechos sociales, laborales y medioambientales». En definitiva: CETA no es la gloria de la globalización como lo presentan sus defensores, sino un paso más –y decisivo– en dar prioridad a las empresas sobre el Estado y, en consecuencia, los ciudadanos.

La postura del PSOE es testimonial, no alterará el resultado. El CETA será aprobado en el Parlamento español, como ya lo fue en el europeo. La pregunta que toda persona responsable debería hacerse es por qué sabiendo lo que saben y pensando como piensan van a limitarse a la abstención. Seguramente, porque son conscientes de quién manda aquí y lo difícil que resulta darle a esa tecla sin que las furias del sistema caigan encima. Personas menos condescendientes afirman que siguen en el papel que ha caracterizado las últimas etapas de la socialdemocracia: denunciar y consentir.

Tiene un punto de utilidad nada desdeñable, sin embargo. El cambio de postura del PSOE ha servido para que personas que no se plantearon jamás una duda sobre lo que manda el poder reparen en que existe el CETA y les interese saber más. Y no es poco cuando nos movemos entre semejantes ataduras.

Ese cambio testimonial ha desatado una notable ofensiva, y es trasfondo crucial a tener en cuenta. Se ha venido a España el comisario europeo Moscovici a hacer «reflexionar» al PSOE. A invitarle a que se sume a «los que sí están concienciados con la globalización» y el Libre Comercio. El uso y abuso de las personas, la obtención del lucro por encima de los derechos, la precarización del trabajo, el levantamiento de muros y fronteras, es lo estos llaman Globalización y Libre Mercado.

Moscovici, socialista francés, dice que él no hubiera votado el TTIP pero al CETA sí, cosa que no hizo el socialismo francés en el Parlamento Europeo. Da igual, Canadá, con su Trudeau tan aseado es un buen anzuelo. Al TTIP nos lo vendieron igual, exactamente igual, y con Tratados sellados se puede terminar a los pies de los caballos de un Trump o de quien sea. Ni siquiera eso, se vive a diario bajo el mandato de los intereses comerciales sin trabas.

La piña ha hecho horas extraordinarias estos días para defender el fuerte. Saltaron PP, Ciudadanos y miembros del PSOE con objetivos muy nítidos. De Guindos cree que Sánchez va contra «el sistema que triunfa en todo el mundo», el mundo que aumenta las desigualdades sociales. Rajoy dice que el PSOE va a «hacer el ridículo» porque el presidente del partido enfangado tiene muy claro que «hacen el ridículo» quienes no siguen los mandatos del poder. Y por eso están en ese lado todo el PP, Rivera y Elena Valenciano.

Y, por supuesto, se han desplegado los periodistas por noticiarios, tertulias, titulares, editoriales, tuits y cuanto tienen a mano. Los defensores del CETA relatan sus maravillas, los aranceles que se suprimen, lo que va a aumentar el mercado de bienes de consumo. Entonces, se dicen ellos mismos en sus resúmenes, ¿por qué hay gente que se opone a algo tan estupendo? Es que no quedan garantizados los derechos de los ciudadanos. Nada es perfecto.  Y, ya se sabe, que querer garantizar los derechos es peligrosamente izquierdista.

A mí me resulta llamativo el «dicen» de supuesta objetividad cuando apuntan la postura contraria (al poder). Verán, han tenido años para saber qué es el CETA y el TTIP, informes, iniciativas populares europeas. Su obligación como periodistas es saber y contar si lo que «dicen» es verdad o no. Y esto sirve para todas las cuestiones que nos afectan como sociedad. Son muchas, cada día asistimos a nuestros atropellos. Echen un vistazo a la lista de morosos, a la nueva y tercera lista de morosos: pone los pelos de punta. En el fondo, lo viciado es la raíz.

No dejo de preguntarme cómo se puede dar como noticia lo que no lo es. Cómo se hurtan datos fundamentales que afectan al futuro de muchas personas, de los hijos de quienes las ocultan o manipulan. La respuesta de moda es: «El miedo, el hambre y la hipoteca son libres». Discutible frase, de entrada. Quede claro al menos que no es libre dañar el presente y el porvenir de toda una ciudadanía.

¿Han visto la reacción de los trabajadores de RTVE a la llegada del Consejo de Informativos con una televisión pública bajo el brazo que deja de ser de partido, del PP, de los intereses espurios del PP? Un estallido de alivio, como si hubieran sido liberados de un campo de concentración. En cierto modo es una metáfora del momento que vivimos. Dentro, con algunas espitas de alivio. De momento.

Los grandes intereses de la economía sometidos a la política, con la justicia como departamento comercial de la empresa. Eso es CETA, por mucho que lo adornen. Una concepción del mundo bajo esos parámetros remite, en efecto, a una globalización: la de la codicia y la injusticia.

*Publicado en eldiarioes. 23/06/2017 – 20:17h

¿Se lo han contado a sus hijos?

ni.a.cosiendo

Imagen de archivo que suele mostrar el trabajo infantil.

No te quejes, que hemos venido aquí porque es tu cumpleaños.

No, si no me quejo.

La conversación, entre tres chicas adolescentes, se produjo en pasillos surcados de camisetas a 4 euros, bragas a 4 el pack de 3 y similares baratijas cualquier sábado en un templo de la ganga. El gran festejo para conmemorar la llegada de la joven al mundo se iniciaba de compras a bajo precio. Cada cual sabe cómo prefiere celebrarlo.

La incomodidad debía proceder de la aglomeración. Mucha gente se afanaba en la tarea y, entre ella, numerosos niños. Los niños pueblan los centros comerciales aprendiendo desde muy temprana edad la diversión del mundo creado para ellos. Ojean, buscan, opinan, dicen «quiero» esto o lo otro, «me lo pido».

Filas de camisetas idénticas, en distintos tonos. A 2, 3 y 4 euros. Con su tela, su corte, su ensamblaje, su cosido puntada a puntada, planchado, etiquetado, almacenaje, distribución, colocación. 2, 3, 4 euros. Me dijeron los vendedores que, con prendas algo más caras –8, 10 y 12 euros– pegan otra etiqueta de precio inferior. Los bajos fondos del consumismo. Con niños por doquier.

Niños, adolescentes, como los que en el Instituto Neil Armstrong de Valdemoro (Madrid), han sufrido golpes de calor y crisis de ansiedad porque el centro, sobrecargado, sufre graves deficiencias. Aún andan, siglo XXI, con aulas prefabricadas que se recalientan. La educación física se practica en la calle porque no hay gimnasio. Si enferman por el calor, como esta semana, los llevan al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Los abanicos de papel que les aconsejó el consejero de Sanidad de Cifuentes no bastaron para temperaturas en torno a los 40º.

¿Qué podía salir mal? Votan al PP y a Ciudadanos, derecha. Un par de sus alcaldes, Granados y Boza andan entre rejas por corrupción o saliendo con permiso. Algún otro, investigado. Al IES le pilló de lleno la trama Púnica que se enriquecía con colegios a costa de los escolares. Y Valdemoro siguió votando derecha. Ahora está algo más repartido el voto, pero prevalece la derecha.

Niños. Como los que han caído Bajo el Umbral de la Pobreza y que sitúan a España en el puesto número 28 de los 41 países más ricos que forman la OCDE. Tampoco está tan mal, ¿eh? En Europa incluso nos encontramos en situación algo mejor que Lituania, Rumanía,  Malta y poco más.

Tenemos a más de 2,5 millones de niños pobres, según este informe de UNICEF, organización de la ONU vituperada en particular por el autor de la Amnistía Fiscal a los amigos ricos, que ha considerado inconstitucional el TC. Montoro, aún ministro. El Gobierno confirma la cifra de todos modos. El 30%, 1 de cada 3 que gustan decir para que se entienda mejor. En 2012 nos echábamos las manos a la cabeza porque eran más de 2 millones. El informe señala, además, que España es uno de los países con mayor desigualdad y con menos ganas de acabar con esa lacra. La España de Rajoy invierte casi la mitad de la media europea en la protección social de los niños, destaca el estudio. Entretanto se rescata a los bancos con nuestro dinero y el Banco de España da por perdidos 60.600 millones de euros, hay que saber quién manda y para qué se gobierna.

La noticia del informe sobre pobreza infantil en la Cadena SER comenzaba diciendo « Tirón de orejas de UNICEF al Gobierno de Rajoy«. El Parlamento se lo estaba dando bien al rechazar la moción de censura de Unidos Podemos planteada básicamente por corrupción y, sin duda, por sus consecuencias. Le dieron tirón con orla y cuatro vueltas al ruedo los socios del PP, mientras la prensa aplaudía a unos niveles de sumisión que enrojecían de vergüenza solo con ojearlos. En el instituto de Valdemoro se ve con claridad la cadena. Se empieza por robar de los centros educativos, se acaba en barracones y de ahí al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Este final no lo hubiera firmado ni Berlanga.

Pero parece que hay gente que piensa que esto lo arreglará el bocazas machista que responde al nombre de Rafael Hernando en la manada. O la vicepresidenta de risa floja cuando insultan a una portavoz «enemiga» que lo está haciendo muy bien. O Rajoy, el dios a preservar por la derecha mediática. O Rivera que ya ha confirmado lo que supimos desde el minuto 1, que él pondrá cuantas trabas sean precisas para que nadie desbanque a Rajoy de la Moncloa. O Cifuentes que lanza también a su jauría para atacar a Lorena Ruiz-Huerta, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, a la que no puede soportar.

Todos estos se lo van a arreglar. Fíense de Susanna Griso, tan presta a lavar lo que tenga Hernando por cara. O a criticar lo que ocurre lejos de España para que veamos la suerte de contar aquí con el PP. O de Inda y Marhuenda. O de Caño y Cebrián. En TVE también hay unos cuantos que les van a sacar las castañas del fuego. Todos estos lo van a solucionar. Porque la culpa de todo la tiene el 15M, y Podemos, Iglesias, y sobre todo, ahora, Irene Montero con la que no contaban.

Aquel sábado en el templo de la baratija y la ganga corrían tropezándose con los adultos –que es una nueva costumbre infantil– unos cuantos niños con el aire de suficiencia del primer mundo. Y por un instante sentí que veía aquellos mismos pasillos con las tejedoras en serie y aquellos niños españoles, sentados, cosiendo, encorvados. Se ha denunciado que las fábricas que surten a los grandes comercios occidentales emplean a críos de su edad. Cuánta explotación hace falta para cobrar 2 euros por camiseta, y menos en las próximas rebajas. Cuánto sufrimiento.

El derecho a progresar ha de erigirse sobre condiciones laborales, humanas, más justas. 85 millones de niños en el mundo trabajan a la fuerza. Una de las más grandes explotadoras es Ivanka Trump, a cuyo padre o dinastía han aupado a puestos de decisión estelares unos cuantos millones de seres inanes que no piensan o quieren fastidiar. «Los salarios son tan bajos que algunos no pueden vivir junto a sus hijos, mientras colocan etiquetas con precios que equivalen a semanas de trabajo». El marido de Ivanka, por cierto,  construyó un edificio de lujo con fondos para barrios pobres. Una familia muy compenetrada en sus objetivos. No es la única.

Lo peor es que explotadores y embaucadores no andan en lejanas montañas. Los escenarios desoladores se construyen trabajando la injusticia y la irreflexión, en cualquier parte. La globalización del abuso es un hecho. Aquel sábado, como este y muchos más, me pregunté si aquellos padres habían contado a sus hijos quiénes y cómo elaboran esos productos. Si les habían advertido que, por el camino que vamos, un día pueden verse igual, en el otro lado de la fortuna. Hacen falta muchas manos para vender a 2 euros; muchas, para saciar la codicia aquí de tanto ladrón. ¿Se lo han contado a sus hijos?

Moción de censura: Nunca tantas cosas estuvieron tan claras

Nunca se había oído algo igual en el Parlamento español. Una descripción ajustada de la corrupción del partido que preside Mariano Rajoy y gobierna España y que justifica una moción de censura. Irene Montero, portavoz de Unidos Podemos, la ha desgranado durante dos horas con datos inapelables. Un trabajo exhaustivo de documentación. Y si, ni en los más convulsos días de nuestra historia se había escuchado algo similar, es porque nunca, en democracia, un partido osó llegar tan lejos en el saqueo de las arcas públicas, la utilización de las instituciones y la ostentación de la impunidad.

Nunca ha sido tan evidente el sólido soporte con el que el PP cuenta para sus actividades. «Para ustedes la política es el adjetivo pero lo sustantivo son los negocios», dijo a poco de comenzar Irene Montero. Y es diáfano que en esa empresa el PP se ve muy apoyado, política y mediáticamente. Nunca ha quedado en mayor evidencia ese equipo, ese ejército desplegado por sectores fundamentales, que sostiene a Rajoy y al PP. Incluso a sus socios. No hay más que oír, ver y leer reseñas en las que se destaca y se silencia con precisión.

Hemos visto con más rotundidad que nunca las dos Españas, la real y la oficial que hoy forman ese concepto. El PP ha desplegado la estrategia de mostrar, como ya hiciera el de Cifuentes, un profundo desprecio hacia los diputados electos de Unidos Podemos. Muestran lo que sienten, en lo más profundo de su clasismo y prepotencia. Doblemente al tener enfrente en el inicio a Montero. El ninguneo era hiriente y se vuelve contra sus autores. En burla y protesta, para dificultar la exposición de las causas. Cabizbajos mirando el móvil o libros de soporte para escenificarlo, cabizbajos ante la batería de hechos consumados que jalonan las dos legislaturas de Rajoy.

El menosprecio se evidenciaba de nuevo en la decisión de Rajoy de salir a contestar a Irene Montero, personalmente, con un texto que traía escrito para Pablo Iglesias –con el fin de descolocarle dicen que dicen en el PP–. El enésimo intento de despreciar, hasta en alusiones, a Irene Montero. A la primera mujer que ha salido a defender una moción de censura en el  Parlamento. Lo que ha hecho con razón y coraje. Con un alegato feminista añadido que tampoco había resonado en la Cámara en décadas.

Pablo iglesias no se descolocó, claro. Once medidas urgentes para proteger la democracia, combatir la corrupción, proteger la independencia judicial y derogar leyes autoritarias. Búsqueda prioritaria de la justicia social. Programa y propuestas de una moción que sale rechazada pero ha sido reveladora. Iglesias ha hecho un llamamiento al PSOE para echar a Rajoy, con un acuerdo sin Ciudadanos, que fue lastre fundamental el año pasado. «Asumo los errores que pude cometer. Pido que asuman los suyos y trabajen con nosotros», ha dicho el líder de Podemos. Destacados miembros de la nueva dirección del PSOE siguen estancados en el mantra de por qué no es Pedro Sánchez presidente. Igual deben preguntárselo de nuevo.

Lo peor es que esa ruptura absoluta entre la España real y la oficial es la que tenemos. La que jalea al PP y al degenerado sistema que representa. En el Congreso y en los medios, insisto. Habrá quien no escuche otra cosa. Los insultos que han sido la base del «argumentario» en las filas de PP y Ciudadanos, mientras Irene Montero hablaba sin dejar resquicio a las incontables deficiencias que jalonan la España de Rajoy. Las tramas de corrupción enumeradas una a una, el dinero que se han llevado sus protagonistas, citados por su nombre, que «no es suyo». No se puede zanjar esta acusación documentada en que son casos aislados y de personas que pertenecieron en un remoto día al PP.

«La moción de censura no es contra España, es contra usted», tuvo que recordar a Rajoy la portavoz de Unidos Podemos, dado que es evidente que Rajoy y cuanto representa creen que España es suya, que son España. Hoy nos demuestran una vez más que las víctimas de sus políticas o de sus negocios no les importan lo más mínimo. Ni los empleos precarios de los que presumen, ni el aumento de la pobreza infantil cuya cuantía insoportable el propio Gobierno confirma: más de dos millones y medio de niños. Nada, de los daños colaterales que arroja su actividad.

Montoro, el autor directo de la Amnistía Fiscal, considerada por el TC anticonstitucional, se ha reído cuando Pablo Iglesias ha mencionado a las víctimas de la llamada pobreza energética. Comprobamos de nuevo que no pisan ni huelen la calle desde las sucias alfombras con las que tapan sus trapicheos. El montaje incluye a quienes seguirán metiendo la basura bajo la alfombra, hasta que ya no quepa más y asome por los bordes, como escribía en 2011 José Luis Sampedro.

Con los datos conocidos, estamos ya muy lejos de tener que dilucidar si la corrupción del PP es cierta o no, si miente o no. Es un cúmulo de evidencias atronador. Y abarca un conjunto decisivo, graves desviaciones, las elecciones dopadas, las cloacas del Estado con unas extensiones que ponen los pelos de punta. La desvergüenza en la información privilegiada que despluma a los pequeños accionistas del Banco Popular, mientras grandes fortunas e instituciones sacaban el dinero el día anterior. Por citar lo último que siempre con el PP es lo penúltimo. Y ese tono de casino provinciano franquista, de telaraña consolidada, de perfume rancio, para negar y negar, leído y leído, e intentar que pase la tormenta con las complicidades bien amarradas. Su consecuencias nos sitúan ante millones de víctimas que se tragan el anzuelo mientras les roban la cartera y los derechos.

Nunca antes se escuchó en el Congreso lo que hemos oído. Con ese sentir que palpita en los ciudadanos de a pie, tan directo. Algunas individualidades en el pasado, partidos minoritarios, sin duda. El PSOE no cumplió ese papel exactamente, por los problemas internos o por lo que fuera. Por su apuesta por un papel institucional. Llegado el enorme deterioro de la crisis fue la causa para ser incluido en el No nos representan. Su abstención ahora no tiene excusa. Aunque el mismo entramado les jalee y lo justifique. Nunca estuvimos en una situación como ésta. La experiencia propia y ajena debería hacer reflexionar a un partido maduro sobre tácticas electorales. Vean Reino Unido y Francia, las actitudes marcan la diferencia entre la recuperación y el hundimiento.

El insulto a los millennials de Navalón en El País tapó el artículo que había que leer de Joaquín Estefanía, director del diario en tiempos dignos. Hablaba de ‘Corbyn y las promesas rotas‘. Las promesas rotas a unos jóvenes, millennials en particular, a los que el abuso del capitalismo que llamaron crisis les ha cambiado la vida. Para mal. Estefanía citaba un estudio de la Fundación Felipe González, casualmente: Millennials Dialogue, elaborado en 21 países. Los jóvenes españoles son los más críticos con los políticos y con el capitalismo. « Y –atención– creen que el partido político que mejor les entiende (porque es más creíble, porque tiene las ideas correctas, porque es más abierto y honesto) es Podemos«, escribía Joaquín Estefanía.

Saben perfectamente lo que ocurre pero intentan desactivarlo. De un lado con una impostada nueva lucha generacional. Son las gentes como Rajoy y cuantos le sirven de pedestal los que viven fuera del mundo en el que están, estamos, los demás sea cual sea nuestra edad. Del mismo modo que hay un profundo regusto a antiguo y caduco en numerosos miembros del Congreso y en los intérpretes de la actualidad. Y, desde luego, trabajando por la negación de la realidad y la descalificación de quienes se la enfrentan a la cara. Unidos Podemos en la moción de censura a Rajoy. Más castigados que los corruptos por los adalides del sistema.

«España ha ganado, ustedes han perdido», concluía Rajoy su primer discurso. De momento. Lo ocurrido este martes 13 de junio de 2017 tiene trascendencia. «Nosotros nos hemos podido equivocar, pero nosotros no robamos ni damos aire a los corruptos», concluía Pablo Iglesias. Y así queda escrito para el futuro. La España de estas élites precisa una desinfección intensa, es cierto. De momento, Rajoy ha ganado… rellenen los puntos suspensivos con la conclusión.

*Publicado en eldiarioes 13/06/2017 – 21:16h

*Actualización:

La moción salió derrotada como estaba previsto.  Dicen que salió el portacoz Hernando haciendo el ridículo. no hay estómago para verlo. Poco se estiman quienes votan a un partido que tiene a este individuo como voz y coz. Los medios letizios enjuiciaron la primera sesión como una piña con Rajoy. A estos niveles.

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Por lo demás, el hemiciclo  sigue de esta guisa cuando hablan quienes salen menos en plano.  Por ejemplo Alberto Garzón que ha tenido una intervención bien interesante. Todo un símbolo de lo que apoyan y rechazan sus señorías.

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 Y, como un símbolo, a la misma hora en la que se votaba para rechazar la moción de censura por corrupción salía de la cárcel Francisco Granados, PP Madrid, amenazando con querellas a las fuerzas que les investigaron. 
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El triunfo en derrota de May y Cifuentes

Theresa May adelanta elecciones para contar con más respaldo y pierde la mayoría absoluta que le dejó Cameron. Anuncia que dimitirá si queda con 6 escaños menos, se deja el doble en las urnas y se dispone a formar gobierno. Liar, liar, le canta la canción. Esa pasión común de la más cerril derecha por hacer de la mentira su asidero de gobierno.

A Trump le ha plantado cara James Comey, el director del FBI que destituyó cuando indagaba en la presunta trama rusa. Acusa al presidente de mentir y de difamarle a él y a la agencia. El bravucón queda empequeñecido y al descubierto por un hombre que le pasa dos cabezas, en el más amplio sentido de la palabra. Soplan ciertos aires de cambio y estos ejemplares de la política de la involución no se enteran o hacen como que no se enteran.

Menospreciaron a un Corbyn que ha recuperado la cifra récord de 31 escaños para el laborismo. Le atacaron a fondo la derecha política y la mediática. Aún siguen en la tarea: las elecciones son un error… cuando no salen a gusto del mando. Todavía rezuma aquel artículo que hermanó a  Corbyn, Hamon y Sánchez, en el abismo. Y la manía de la gente de quejarse cuando le roban la cartera, el futuro y los derechos. Eso a lo que llaman «populismo», insuflado en las almas descarriadas  que no se conforman en votar como el que va a misa. O al fútbol. ¿Saben cómo bautizaron a la prensa de esta tendencia en la web ‘ La página definitiva‘? Los letizios, mucho más fashion que compi-prensa.

España, el reducto de las esencias conservadoras y alguna cosa más. El laboratorio para probar y testar. O para enfrascar y ensuciar si nos apartamos de lo conveniente. Por fin los letizios y la Caverna en general tienen a su Puigdemont, su referéndum, su fecha y su pregunta, y meses para machacar con ello. Votar es tan peligroso. Y el cielo informativo se cubre de un manto que no deja ver el sol de cualquier otra noticia. Los robos, las amnistías fiscales, los ministros en la cuerda y esas menudencias.

Ni a Cifuentes. La moción de censura que le presentó Podemos no pudo ser más útil: mostró a la presidenta de la Comunidad de Madrid y al PP que preside en toda su crudeza. Una derecha prepotente, rancia, manipuladora y agresiva, de la peor especie y época. El hábito de modernidad, de tenerlo, no ha hecho al monasterio al completo.

Una derecha tan original que ataca los informes, documentados, de la Guardia Civil. Los que implican a Cifuentes en los delitos de «prevaricación continuada y cohecho». No son a vuela pluma o inventados como los quiere hacer pasar.  Vean el análisis de Ignacio Escolar que lo explica.

Cifuentes se sentó en su escaño a evidenciar el profundo desprecio que le inspiran los representantes electos de Podemos, en particular Lorena Ruiz-Huerta, su portavoz. La presidenta de la Comunidad de Madrid se permitió estar charlando y riendo con sus compañeros, mirando el móvil ostensiblemente, tirando los papeles que le entregaban, y rebuscando en sus bolsas depositadas en el suelo. Ni todos sus afeites disimulaban su mala educación.

Desde la altura en la que ella se ve, no se dignó responder a la moción. Lo hicieron un par de portavoces. El primero, Ángel Garrido, lanzó un alucinante tratado sobre cómo se ponían de largo las jóvenes ricas de la época franquista que debe sonar a cuentos del abuelo a media España de hoy.  Era «con su primer traje de etiqueta», en un baile que suponía «su consagración como señorita». Apostilló que eso ocurría, sin embargo, a una edad que Ruiz-Huerta había sobrepasado con creces. Cifuentes en declaraciones a la prensa –con la que sí hablaba– alabó la «fina ironía de su portavoz que no todos comprenden». Fina ironía de ForoCoches. O de ForoTartanas.

Garrido se alternaba con Enrique Ossorio quien acusó a los miembros de Podemos de ser «todos pederastas, abusadores sexuales, defraudadores, nazis y narcotraficantes», entre otros graves delitos. Paradójico. Ossorio formó parte del Consejo de Administración del Canal de Isabel II. Y se sintió muy ofendido, junto a todo el grupo del PP y la misma presidenta, cuando Ramón Espinar les dijo que aplaudían a corruptos. Su dignidad herida les hizo abandonar en pleno el hemiciclo. Madrid no se merece un gobierno así.

Para los amantes del periodismo letizio, alguien de Podemos dijo «Cristina I, la loca», lo que llevó a ser destacado en la misma proporción. En el curso de «rifirrafes» bochornosos a partes iguales. Lo que ocurrió fue que otro portavoz de Podemos,  Jacinto Morano, remitió al «no ha pasado nada» de Jorge III cuando se firmó la independencia de EEUU en 1776. Dado que era conocido como el Rey loco, anunciaba el mismo paralelismo con Cifuentes. 

Con todo el historial del PP de Madrid, sus tramas de corrupción múltiples, los episodios flagrantes como los que rodean al Canal de Isabel II o el escándalo de la Fiscalía, una política prudente se hubiera comportado siquiera con más humildad. Cuando ya se sabe de las subvenciones ideológicas –o de grupo de intereses– del PP a la prensa afín. Cuando profesionales de la sanidad pública madrileña han de rogar medios, incluso en UCIs pediátricas, la arrogancia de Cifuentes y su trasnochado coro de ofensores son un puro chirrido. Produce desazón pensar en qué manos estamos.

El PP de la manipulación informativa. Telemadrid no retransmitió la moción de censura a la presidenta de la Comunidad. Por la tarde emitió dos westerns, Las pistolas del Norte de Texas y Duelo en santuario, según su escaleta. Ambas producidas en los años 60′ del siglo XX, tiempo en el que parecen vivir en el PP de Madrid. Dio avances en La Otra, segunda cadena, que cuenta con 0,7% de audiencia.

Ciudadanos votó en contra de la moción de censura como estaba previsto. Su apoyo al PP siempre está previsto. Y el nuevo PSOE se abstuvo porque no era el momento ni el modo de la moción, dicen. Y así este PP sigue al mando de asuntos de trascendencia para la ciudadanía. Hay veces que no se entiende que a esto le llamen política.

Trump empieza a estar tocado. May tiene los días contados, ni su partido le perdonará la debacle. Con la negociación del Brexit de por medio podrían ser necesarias hasta nuevas elecciones. Y hay una alternativa laborista en Corbyn que se ha fortalecido, a pesar de las zancadillas.

Los ultraderechistas de UKIP han quedado fuera del Parlamento británico. El Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia, sigue noqueado. El PP español aguanta en sus incontables soportes. Algunos de ellos poco defendibles. A no ser con la teoría expandida por las pantallas de que es preferible un corrupto a un «comunista», que en la terminología patria es cualquier no conservador.

La dirección del viento cambia de rumbo. Y nunca se sabe si la nave que se va, volverá a pasar.

Se cambia una May, un Trump, un Rajoy por políticos racionales

El jueves los británicos mueven pieza en el tablero de una partida global. Cada vez son más parecidos los problemas y las soluciones en los no tan distintos países. Hablar de Theresa May es, en cierto sentido, hablar de Trump o de Rajoy. La alternativas no son tan similares, lo positivo es que las hay.

Theresa May cumplirá 61 años en octubre pero, en esa tijera que tienen por cabeza los conservadores de hoy, no se le ocurrió otra cosa que añadir a última hora en su programa un copago sanitario a los jubilados. Y no uno cualquiera: se trataba de que costeasen sus enfermedades incluso vendiendo su piso, caso de tenerlo. Pretende además gravar con más intensidad las dolencias crónicas, sobre todo artritis y demencia senil. De ahí que se le haya bautizado con el nombre de «impuesto a la demencia». Lo corrigió en parte por la auténtica escandalera que se formó entre jubilados, pobres y ricos. Solo en parte.

Fue el 17 de Mayo y May, la primera ministra que no fue directamente elegida en las urnas, cayó en picado en las encuestas. 23 puntos, mientras su rival el laborista Corbyn ganaba 11. El atentado maldito del sábado en Londres ha servido para dejar al descubierto también su gestión como ministra del Interior desde 2010 a 2016. Su drástico recorte de medios y la supresión de 20.000 policías. Lo peor es que ha culpado a la política antiterrorista de los atentados (dos en poco tiempo), como si no tuviera ninguna relación con ella en lugar de haber sido su principal responsable.

Como dicta el manual, May aplicaría recorte de derechos a la población. Más aún, acaba de declarar que «está preparada para debilitar las leyes de protección de los Derechos Humanos para luchar contra el extremismo».  Pero desde luego seguiría el doble juego de apoyar tácitamente a Arabia Saudí. Al punto de silenciar, como ha hecho, un informe sobre la financiación de los grupos yihadistas en el Reino Unido que apunta directamente a la poderosa autocracia de la Península arábiga, con tan hipócritas relaciones en Occidente. Lo contaba muy bien Iñigo Sáenz de Ugarte. No se pierdan el último número, de intereses y propaganda, de la monarquía saudí y sus vecinos Emiratos, Bahréin y Egipto rompiendo relaciones con Qatar «porque apoya el terrorismo». Trump acaba de firmar con Arabia Saudí un contrato de venta de armas por valor de 100.000 millones de dólares. Y otros acuerdos que triplican con creces esa cantidad.

Son tan parecidos los dirigentes de este modelo.

Por muchas razones, por su inconsistencia de la que ha dado sobradas pruebas en la campaña, por su ideología fuertemente conservadora, May es la Trump británica. La diferencia más notoria es que ella no hace muecas infantiles de continuo, ni «pucheros» cuando se enfada, ni se pelea con cuantos se encuentra a su paso como el presidente estadounidense. Tampoco juega May en Twitter tanto como Trump. En ese sentido se parece más a Rajoy, huyendo de los periodistas y de debates que la comprometan. Le ha restado simpatías, en el Reino Unido esa actitud importa.

El capitalismo ha ido demasiado lejos. En su crisis y en sus soluciones. Y ha desembocado en el alumbramiento de estos especímenes políticos tan escasamente presentables. Hay más. Pásense por Hungría, por Polonia… Voces de peso en el laborismo piensan que esta situación ha llegado al límite y se van a producir cambios. Las políticas seguidas han traído aumento de la desigualdad y el ascenso de la extrema derecha e incluso el fascismo. « Todo el mundo sabe que el barco se hunde«… «y vamos a ver la luz», dice la escritora y columnista de The Guardian, Michele Hanson.

Jeremy Corbyn, el líder laborista más a la izquierda en décadas, al que ni su partido valoraba demasiado, crece ante el descenso de May. Que la canción superventas en el Reino Unido sea ‘Liar, liar’ llamando mentirosa a la candidata tory no es una anécdota. Muchos británicos empiezan a atar cabos y ven la diferencia entre las promesas de los conservadores y los estragos que han causado. Por ejemplo en el Sistema Nacional de Salud al que Cameron dejó exhausto y hoy se considera prácticamente desahuciado.

Y ahora el copago extra. No faltaba más que, después de pagar impuestos toda una vida, los «trastos inútiles» que no producen ya, los jubilados, las personas de la edad de Theresa May en adelante, tuvieran que deshacerse hasta de su casa para pagar las enfermedades que acometen con los años. ¿Unirán los británicos hechos con consecuencias? Los españoles mayores de 65 años parece que no. Han quedado con el egoísmo al aire ante el CIS. Es el tramo de edad en el menos preocupa la corrupción, que ha registrado una meteórica subida de más de 12 puntos en un mes. Solo al 13%, frente al 25% de quienes tienen entre 35 y 44 años. Más o menos, al revés que las pensiones. Más drástico, el 0,9% en los más jóvenes, 25,7% los mayores. De ganar May, los jubilados van a aprender una dura lección.

Y puede ir a más. El ultraliberalismo ataca de antiguo en la calvinista Inglaterra. El dios católico era menos mercantilista antes de sus sucesivas interpretaciones. Desde los años 80, desde Thatcher, se empezó a hablar de restringir tratamientos de la salud pública. Primero fumadores y obesos. A Thatcher por cierto la derribó un impuesto arbitrario: el Poll Tax. No saben ustedes dónde dejaron la flema los británicos para luchar contra la irracionalidad que expurgaba sus bolsillos. Los británicos y todos los demás ciudadanos deben saber, saben ya muchos, que volverán a la carga hasta el despoje final si así lo estiman.

Corbyn ha pedido la dimisión de May, ¿dimisión como candidata? Ella habla de la seguridad que nunca podrá garantizar y mucho menos usando la tijera de los recortes. Pero es cierto que, en estas circunstancias extremas, el Reino Unido podría dar un giro no previsto antes de que May empezara a patinar. No es lo que se prevé, se dilucida en los votos de la Inglaterra profunda, aunque se espera un fuerte aumento del voto joven. Está en el aire.

El giro que sí dio Portugal, gracias quizás a la mano izquierda de los socios de gobierno. El que se esperaba en España y no ha logrado aún ser más fuerte que la poderosa maquinaria de intereses y corrupción que se aferra a que nada cambie. La que ve cómo se desbordan las Cloacas del Estado –y esta semana ya llegan a marear tantos vapores fétidos– y sigue apoyando al PP.

Imaginen nuevos vientos en Europa. Los británicos tienen ahora la palabra.

El PP actúa como si tuviera un seguro de impunidad

Dejas unos pocos días sin meter un artículo sobre corrupción y le cae encima unas cuantas paletadas inmensas que parecen tapar todo lo anterior, que lo envejecen al menos. Hoy tenemos un escandaloso episodio vinculado a las Cloacas del Estado, concretamente a las de Interior en la época de Fernández Díaz.

La doctora Pinto reconoce al comisario Villarejo como el hombre que la apuñaló

Así lo cuenta Público que ha padecido en sus carnes esa oscura policía que llamaron polítca:

La doctora le ha reconocido «sin ningún género de dudas» nada más entrar a la sala donde se ha celebrado esta diligencia judicial. Acusa a Villarejo de ser el autor de uno de los dos apuñalamientos que sufrió, en concreto el del 10 de abril de 2014. Ha costado tres años llegar siquiera a esa rueda de identificación. Ha sido dentro de la causa que investiga al empresario Javier López Madrid por acoso sexual, amenazas y agresión contra la dermatóloga. El empresario, yerno de Villar Mir, investigado en tramas de corrupción del PP y al que la Reina Letizia envió un SMS  de apoyo llamándole «Compi-Yogui».

Ahora ya podemos entrar en materia de cuanto representa lo que está sucediendo en España.  Hace 4 días estábamos con esto.

rajoy.congreso.capturaice el ex fiscal jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, obligado a dimitir por su insostenible situación, que «se ha inmolado para proteger a su familia y a la Fiscalía». La Razón, el diario de director y consejeros dudosos, lleva esta sentida declaración a portada. Maza, el fiscal general del Estado, declara: «Sería de justicia que Moix siguiese ejerciendo el cargo». Lo dice en una comparecencia en la que, como describía detalladamente Ignacio Escolar, era difícil mentir más. El ministro Catalá vuelve a ponerse de perfil  invocando exquisitas independencias y, ahora, censurando la empresa offshore de Moix. Rajoy califica estos escándalos de «chismes» que dificultan su alta misión, y diversos cargos intermedios sacuden aquí y allá para distraer. Por favor, un poco de pudor siquiera, que les oyen personas adultas e incluso decentes.

Semejante dolo no impide al PP ver cómo va a hacerse cargo de varias de las causas judiciales en las que están inmersos justo el juez favorito de Ignacio González y del PP en definitiva. Hay que sustituir al juez Velasco que deja el delicado puesto, vía ascenso. «Si se confirma el regreso a la Audiencia Nacional de Manuel García Castellón, unos cuantos en el PP de Madrid dormirán mucho mejor«, explicaba también el director de eldiario.es. Muchos nombres de peso en el partido se encuentran en esta circunstancia. Algunos pierden el sueño. O los nervios, como Cifuentes y el PP de Madrid. En el caso de García Castellón renunciaría a un destino más cómodo y mejor pagado. Otro gran sacrificado.

Nos faltan palabras para expresar el desgarro que ocasiona el deterioro ético al que ha llegado la España del PP. Ningún argumento por sí solo explica cómo se sostienen sus niveles de desfachatez. Y sin que ni siquiera afecte al Gobierno de Rajoy, el primer presidente que habrá de testificar en un caso de corrupción. Hay una respuesta clara: porque pueden. Y pueden porque hay muchos colaborando en la empresa. Y en el PP lo saben. Están sufriendo más incomodidades que en otras épocas pero la seguridad con la que despliegan una y otra vez sus ardides evidencia que no sienten ninguna intranquilidad. Lo que bien pensado es lo que más intranquiliza. No temen cambios. Existe como un seguro de impunidad. ¿Han visto el respeto que infunden las críticas en RTVE?, siguen en su tónica como si nada ocurriera. Por citar un ejemplo.

Se aprecia una labor conjunta de los medios conservadores, que son casi todos. Muy visible en televisión y prensa se complementa en la radio como una auténtica gota malaya. Un ejército compacto: se apoyan unos a otros, citan sus artículos y frases, se emplean entre sí. Un rastreo por las distintas emisoras, por la mañana en particular, ofrece una machacona rueda de ideas base para afianzar las posiciones del PP y el descrédito de sus rivales. La consigna actual es que lo sucedido con la Fiscalía es una treta de los fiscales díscolos que quieren ir por libre. Difunden sin cesar la versión de Moix como un mártir que se ha inmolado por el acoso «de la oposición». Y hay quien se lo cree o se lo quiere creer. Lo enlazan, invariablemente, con la bondad de haber aprobado los presupuestos del PP. Un veterano periodista decía: «Hoy hemos dado una lección al mundo de estabilidad, responsabilidad y credibilidad». Precisamente. En la orla de la transparencia y la ética mundial estamos.

El PP sabe que sus escándalos se tapan con otros nuevos, gracias a esta ayuda indispensable. Con la gente que se niega a saber que apenas queda resquicio en el que políticos corruptos no se hayan enriquecido metiendo la mano en el dinero de todos. ¿Se han enterado de lo de ADIF? Pues también se mojó,  defraudó a Hacienda casi 5 millones de euros. Es como una orgía de latrocinio en la que se mezclan nombres y tramas. ¿Que hay gente decente en todos los sectores afectados? Por supuesto.

La caja fuerte del erario público ha dado mucha publicidad y muy precisa a algunas empresas de comunicación. El dinero negro de las Cajas B les aportó medios de promoción superiores al resto de los partidos para encarar las elecciones.  Trampas que alteran resultados.

Falta la política. Con la caja fuerte de nuestros impuestos el PP ha compensado a nacionalistas vascos y canarios el voto a su política, a la del PP, a sus recortes y el estado de putrefacción que nos envuelve. Los desequilibrios que pueden existir, que sin duda existen, se solucionan por la vía recta preferiblemente. Con un gobierno decente que se ocupe del bienestar de todos, sin privilegios a cambio del voto. Eso no es política, es una transacción. Y el «aprovéchate» que tanto se oye en los mercadillos de saldos contribuye a la Marca España más nefasta.

El PP de Rajoy gobierna y desgobierna, corta, manipula y teje las redes que le convienen, sin grandes escrúpulos, porque puede y le dejan. Porque le apoyan Ciudadanos, nacionalistas y el PSOE con su abstención. Albert Rivera y sus Ciudadanos han hecho trizas su credibilidad, por más que se lleven a Rivera al Club Bilderberg, Cebrián, Ana Patricia Botín y De Guindos. El PSOE que ha cercenado la investigación parlamentaria de las Cloacas de Interior no tiene excusa. Y si la tiene debería aportarla.  Igual debe negociar con el núcleo duro que le echó por tener tan clara como tenía su postura hacia Rajoy. Pero el tiempo pasa y el problema hoy en el PP no son ramas podridas, es el árbol el que está enfermo.

¿Alguien conoce alguna razón presentable que justifique el apoyo al PP?

*Publicado en eldiarioes   02/06/2017 – 20:26h