Que me lo arreglen otros

Las desmesuradamente aireadas primarias del PSOE en Madrid han revelado que en toda la Comunidad hay 18.000 afiliados a este partido y que ni siquiera todos acudieron a votar para tomar una decisión significativa. Cuenta Miguel Ángel Aguilar –alarmado por la misma cuestión- que los militantes con carné del PP han llegado a los 90.000 en Madrid. Que son 700.000 en toda España, frente a los 360.000 del PSOE y los  55.000 de Izquierda Unida. Las cuotas de los socialistas representan 6 euros al mes, dice Aguilar, salvo los cargos públicos que cotizan en función de sus ingresos (aunque parece que no pagan más de 20 euros mensuales).

Ignacio Escolar encontró hace poco un informe de la Comisión Europea en donde se mostraba que España es uno de los países con menor afiliación sindical (el 15% frente al 25% de media con más del 70% en Suecia y Dinamarca) y con mayor número de empresas inscritas en las patronales (el 72%).

De estas canteras se nutren los cargos (políticos, sindicales o empresariales). Todo ello explica muchas de las situaciones que padecemos. Sus picos significativos son éstos, en mi opinión:

  • Escasísimo compromiso de los españoles por las cuestiones de todos.
  • Mayor en la derecha y en la patronal que en la izquierda o las uniones de trabajadores.
  • Peligrosa endogamia.

Puede que hayan sido los males seculares de España…

  •  40 años, uno tras otro, de tutela franquista que nos trató como súbditos con debilidad mental, creando una inercia que tardará en irse.
  • La recurrente falta de educación de la ciudadanía que induce actitudes profundamente egoístas.
  • Ver la obsoleta y jerárquica estructura de las organizaciones que disuade de participar en ellas. Salvo, como vemos, en las empresas.

En las formaciones de izquierda aparecen como grupúsculos (comparados con los votantes) que se guisan y se comen –sin duda echando sal a los dulces, y azúcar a los salados por fastidiar al rival- un pastel que debiera competernos a todos. Todo fruto de la endogamia. Apenas 500 votos han separado a Tomas Gómez de Trinidad Jiménez y el hecho ha ocasionado un terremoto que hace temblar los cimientos de La Moncloa. Poco más de 7.000 personas han tomado una decisión que termina afectando a todo el país. Aunque siempre sea mejor a que lo haga una sola persona, una camarilla o los miembros de una ejecutiva.

Los movimientos vecinales están prácticamente muertos. Proliferan en cambio minoritarias asociaciones eufemísticamente llamadas –en muchos casos- “sin ánimo de lucro”, ávidas de subvenciones públicas, para reunirse de vez en cuando y hacerse chapitas y carteles con su nombre. Como casi todo lo que ahora sucede, esta situación ha sido promovida desde los poderes varios, pero la sociedad no se libra ni mucho menos de culpa. Huímos del compromiso, por las razones que sea, dejando en muy pocas manos lo que se dispone para todos. Es decir, la antítesis de la democracia.

En otros países no sucede lo mismo. La implicación en los destinos del conjunto de la sociedad es mayor. Y se nota.

  Entono la primera el «mea culpa», no tengo inconveniente. Jamás he estado afiliada a un partido o sindicato. Creía que el ejercicio asalariado del periodismo e incluso el no remunerado, me impedía suscribir una militancia que condicionaría mi independencia. Y los sindicatos están adscritos a partidos. En el fondo, ocurre también que soy más bien ácrata. Participo en algunas asociaciones, las que he encontrado más acordes con mis ideas y más efectivas en el marasmo que os contaba. Por ejemplo, ATTAC, Amnistía Internacional (ninguna de las dos recibe subvenciones públicas, se costean con cuotas), o varias ONGs de «medicina del mundo«. De la Europa en Suma que creé me echaron para convertirse en sucursal de la UE oficial.

  Os animo a empezar por algo. Pero la solución final es que nos impliquemos más, que cambiemos las estructuras del sistema con la masiva participación en sus cauces. O creemos nuevos si encontramos viciados los que existen. No son de recibo estos datos de los que hoy hablamos. Insisto en que no es así en otros países que han logrado mayor bienestar del conjunto, todos los ciudadanos se benefician. El patriotismo es eso, no lo que nos cuentan.

Queridos y queridas lectores y lectoras

Queridos lectores y lectoras. Perdón, queridos y queridas lectores y lectoras. Perdón, queridos y queridas lectores y lectoras, altos y altas, bajos y bajas, rubios y rubias y morenos y morenas y pelirrojos y pelirrojas, delgados y delgadas, gordos y gordas, con el peso y la pesa ideal, jóvenes –vaya-, maduros y maduras, viejos y viejas, listos y listas, buenos y buenas, pacientes e impacientes -o pacientas e impacientas-, sensatos y sensatas, vecinos y vecinas de Madrid, catalanes y catalanas, navarros y navarras, vascos y vascas, asturianos y asturianas, gallegos y gallegas, castellano-leoneses, y castellanos-leonesas, castellano-manchegos y castellanos-manchegas, riojanos y riojanas, aragoneses y aragonesas, valencianos y valencianas, baleares –¡mon dieu!-, extremeños y extremeñas, murcianos y murcianas, andaluces y andaluzas, canarios y canarias, ceutís –mira por donde- y melillenses –my god-. ¿Se leerá esto fuera de España?… sí, seguro, pues tendré que saludar también a los y las canadienses, franceses y francesas, italianos y italianas, suecos y suecas… Sólo que llevo casi medio artículo y aún no he empezado a desarrollar la idea.

A lo que iba, compañeros y compañeras, amigos y amigas: la muletilla se ha implantado y ya no hay acto público donde no se utilice lo que llaman lenguaje inclusivo. Saludar a las discriminadas mujeres en paridad a los varones. Con toda seguridad tienen un origen machista tantas atribuciones de términos masculinos al neutro del español. Hemos vivido y vivimos en el país que ya sabemos. Pero lo que hay que cambiar son las actitudes y no las palabras. O buscar nuevas que solucionen el problema, como sucedió con el ingenioso hallazgo de los tropecientos, admitidos ya por la RAE. Ni para ti, ni para mi ¿compañeris va bien?

Nunca se llegará a la completa descripción de un auditorio, ni de una situación por este método, nos cuenta, entre otros argumentos, este artículo de FUNDÉU. Veamos un par de frases. Ella y él están casados o Es normal equivocarse: somos humanos. ¿Qué decimos para ser progresistas? Ella está casada con él, y él está casado con ella; Es normal equivocarse: somos humanas y humanos.

  Porque lo paradójico es que esta situación llega cuando la sociedad está economizando (y empobreciendo a mi modo de ver) el lenguaje hasta límites espeluznantes. Ya no hay fines de semana, sino “findes”. Llaman a un edificante programa de televisión “Dónde estás corazón” y termina por ser conocido como “DEC”. El “que”, apenas es ya más que q o k. Nos ahorramos dos dígitos. Tiene que caber en los SMS, en el twitter.

Apasionada por twitter, por su rapidez y variedad de fuentes, alerto del peligro de que lo eleven a los altares como el nuevo periodismo (ya lo han calificado así algunos expertos). No se pueden reducir las noticias a titulares, ni las ideas pueden caber necesariamente en 140 caracteres.

Pero ¿cómo es posible que, al mismo tiempo, se hayan impuesto esas retahílas extremas de saludo? Algunos oradores se confunden y dan la bienvenida dos veces a los compañeros (olvidando a las compañeras) y viceversa. Debe ser difícil guardar el hilo del discurso que se va a exponer con esa barrera inútil de enumerar a tanta gente. Palabras huecas. Esta civilización que se despide, no deja de degradarse en cada supuesta innovación, en cada cambio. Se mire por dónde se mire, lo que llega es peor que lo anterior, y lo que permanece se deteriora. Por lo general. Con excepciones.

No tenemos tiempo que perder, el lenguaje también se rige por la avaricia. Si esta rácana y perezosa época nos raciona las palabras, no las desperdiciemos en redundancias, bastantes gratuitas. Saludemos, por ejemplo, a entusiastas, idealistas, generosos, éticos, vibrantes, creativos, nombremos al abedul y a las escafandras, a la libertad (de la buena) y a los etcéteras, a la sabiduría y el tesón, a las mandrias de mi tierra que convierten en renqueantes las mañanas. A la esperanza siempre, a la realidad siempre. Os aseguro que una plaza llena de compañeros y compañeras despertaría más del tedio (bonita palabra también, fea idea) llenándola de sugerencias que con manidas muletillas. Hasta el moño estoy de los “compañeros y compañeras”, “ciudadanos y ciudadanas”. No sé si se nota.  Y no olvidemos que la lengua envilecida, a quien realmente daña es a las ideas. La moda del lenguaje corto, sintético, y del manido, edulcorado y vacío, nos está modelando a su imagen. Palabras huecas, ideas huecas.

Y para no confundir las témporas con lo que sea, Lila Downs 

La vida debería ser una tarde de domingo

 De mi primer libro (Diario de una mujer alta, 2001) este texto para un domingo otoñal. Mucho tiempo 9 años. ¿Se muta?

La vida debería ser una tarde de domingo, con gripe, el teléfono mudo y las pasiones enjauladas en el televisor. Imprescindible que el día sea domingo y no sábado, que no ofrezca muchos estímulos para salir de casa, tiendas y museos cerrados, cines demasiado abarrotados y bares -al menos por la tarde- desiertos. Desde luego, ese domingo habría de pertenecer al otoño o al invierno con el frío ahuyentando las ganas de ir a dar un paseo o hacer el esfuerzo de ir a ver a algún amigo, y con una única y máxima atracción: arrebujarse en el sofá incluso enrollados en una manta.

La gripe ayuda. Una sensación de calma, de nube, de excusa para no hacer absolutamente nada. El teléfono en silencio para que nadie contamine con sus ilusiones o sus desánimos la paz que nos invade, para no sentir que existe otra vida que la que late entre nuestras cuatro paredes.

Se enciende el televisor, por un día no pasa nada, y hermosos muñequitos de celuloide luchan y se desesperan. Aman y sufren. Les ocurren muchas cosas en dos o tres horas, nacen, se casan, mueren, vuelven a nacer y casarse y morir. Cometen los mismos errores generación tras generación, si se tiene la suerte de encontrar una saga norteamericana. Experimentan pasiones perfectas. Enamoramientos de por vida, imposibles de llegar a término por supuesto, por la cerrazón de alguno de los implicados y que no por eso merman la pasión del contrario. Si alguien contrae un matrimonio equivocado le espera la infelicidad perpetúa, sin paliativos. No hay becarias que alivien el camino. Y el que odia, prostituye y domina suele encontrar, al final, un instante de arrepentimiento.

Todo eso ocurre a 2 ó 3 metros del sofá, detrás de un cristal y uno se puede levantar a la cocina y dejarles solos amándose u odiándose. Puede apagarlos y sustituirlos por música. Y volverlos a encender o cambiarlos por otros que corren montados en coches con sirenas, que se pelean y se matan. Es igual de verdad. Igual de mentira.

Sí, la vida debería ser esto, una tarde de domingo en otoño o invierno con ciertas miasmas que nos aturdan suavemente, con los sonidos que elegimos, apenas sin pensamientos, atenuados los sentimientos. Sin ansiedad, sin prisas, aparcados los problemas y hasta las esperanzas. Con las gatas dormitando en el salón, con luces indirectas y objetivos aplazables. No importa que la vajilla se apile en el fregadero, no la vemos desde el sofá. Nada es urgente, nada.

No sé porqué tiene que llegar el lunes. Salir a la calle, afrontar el trabajo con el cuerpo renqueante por la gripe, notar el silencio del teléfono, añorar el sonido del teléfono y sentir. Sentir sin excusas, sin pausa, sin posible apelación, sin escapatoria. Luchar y desesperarse, amar y sufrir, experimentar pasiones imperfectas, vivir entre pasiones imperfectas, vivir entre situaciones perfectamente soportables para todos los demás. ¡Y no poder apagarlas! E ir con tu corazón a la cocina y fregar los platos ¡y no poder echar lejía a tus sentimientos!

Corren las gatas contagiadas de mi prisa, suena música con palabras, suenan palabras que me obligan a sentir y tampoco puedo callarlas porque cantan dentro de mí. ¡Quiero que lluevan tardes de domingo vestidas de otoño o invierno sobre mi vida !…. no verme obligada a salir, ni a ver, ni a escuchar, no verme obligada a sentir… no verme condenada a vivir… sin él. Sin él, o sin el amor que teñía los días de gloria y no distinguía entre la primavera y el otoño. El amor que convertía en domingo de verano cada día del año o envolvía el invierno en cálidas mantas donde abrazarse juntos. Sin televisor. Con una pasión que desplazaba pasiones ajenas, con un amor vivo que no convertía en obligación terapéutica mirar y vivir por otros. Y el enamoramiento -frágil milagro- instalado en un proyecto de eternidad sin esfuerzo alguno. Era igual de verdad. Igual de mentira.

Una tarde de domingo, de limbo. Por amor he subido y bajado en ascensor vertiginoso del cielo a los infiernos. ¡No más! Aunque el limbo tenga el suelo transparente y esté más cerca del dolor.

Una tarde de domingo, de quietud, ausencia total de movimientos. Por amor he tomado, sin dudar, trenes y aviones apremiantes, he cruzado medio mundo para vivir una noche. Y he despertado en un vehículo en movimiento que me alejaba dolorosamente de mis sueños. Ya no. ¡Quiero dormir despierta en el sofá, quiero vivir en el sofá!

Una tarde de domingo, sin sentimientos propios. Por amor he estallado en huracanes de fuego, he llenado la plenitud, he ensanchado la plenitud, he desbordado la plenitud. Pero al final duele. Duele mucho. Y sin amor me he secado, he muerto, me he desintegrado, me he borrado, no he existido. ¡Nunca más! ¡Rechazo sentir, vibrar, latir fuera de las 72 pulsaciones del manual! Ver sólo, ajena, espectadora, cómo lo hacen los otros en el televisor. Mentira con apariencia de verdad, ceremonia de estar en el mundo.

Se trata de esperar. Acabará el lunes, y el martes, y el miércoles, y toda la semana. Llegará el domingo. Cada 7 días llegará el domingo. Se pasarán pronto la primavera y el verano. Y cada 7 días llegará el domingo. Cada 7 días vendrá un domingo de paz, como yo lo quiero.

Pero ¿y eso cómo se consigue ?… Volviendo a nacer quizás. No podré. No puedo. Batalla perdida, soy irrecuperable. Dentro de nada, despertaré y me desperezaré, sacudiré las neuras y volveré a empezar. Abriré la jaula y me zambulliré en las pasiones. Sí, ya sé que me espera el ascensor, los trenes y los aviones, los huracanes, la sístole y la diástole del corazón que me lo dejan como un globo, o como una pasa. ¡Qué pereza! Pero qué bien se está cuando se está bien. Y qué mal cuando se está mal… Y qué bien cuando se está bien….

Creo, no sé, que despertaré al sol para que luzca en las tardes de domingo del más crudo invierno y abriré las ventanas para que entre y me llene de oxígeno. Y saldré a la calle a buscar la vida. Y volveré al sofá para seguir viviendo la vida, sucesión de días de todos los colores. Con tardes de domingo, como descanso para tomar fuerzas. Un soplo de paz, eso sí.

Sergio Makaroff – La Próxima Vez

¿Nos mudamos al «Hijo de Gliese»?

Astrónomos de EEUU han descubierto el primer planeta fuera del Sistema Solar que cumple con las condiciones de temperatura y gravedad para ser potencialmente habitable. Es muy parecido a la Tierra, y aún está sin fastidiar (no hay superiores seres racionales todavía que se sepa, y eso ayuda). Dispone de atmósfera, creen que de agua, incluso de algún lago ¿Mar no? Temperatura entre 0 y 40º que es una banda muy soportable, mejor incluso que la nuestra. La gravedad es un poquito mayor, más fácil, por tanto, mantener los pies en el suelo. Lo consideran un planeta rojo, además. Una auténtica joya.

El mayor problema reside en que se encuentra a 20 años luz de nosotros. Tiempo desmesurado de viaje. O descubren algo para trasladarnos más deprisa o nos localizan otro planeta más cerca. Los científicos están en ello. Y ya conocen una serie de ventajas de las que podríamos beneficiarnos. Según la «paradoja de los gemelos«, llegaríamos a destino más jóvenes que los que se queden. Tiempo que se va, tiempo que vuelve.

Debo reconocer que hoy la verdad que asoma por las ventanas de la actualidad –incluso la que no asoma ni de broma porque no la dejan pero existe- me ha tumbado un tanto. Por cualquier lado que se mire, esto es un purito caos. Perdonaréis que no me moleste en recordarlo porque ya lo hacemos casi a diario. Las noticias y no noticias de la mañana no hacen sino ratificar esta impresión.

Sé que somos unos cuantos (cada vez más) los que queremos impulsar otros fines y otros métodos. Pues, tal como lo veo ahora, lo que tenemos que cambiar es… de mundo. No al mundo… de planeta. Este nuevo parece una buena opción, si nos aceleran un poco el viaje.

La gran peculiaridad del “Hijo de Gliese” –le han puesto un nombre muy feo, con número, prefiero éste, y uno en su casa hace lo que quiere-, es que apenas gira sobre sí mismo. Por tanto, una mitad vive prácticamente siempre de noche y la otra de día. Si lo miramos bien, aquí también sucede: hay quienes jamás salen de la oscuridad y quienes de continuo aparecen como favoritos privilegiados del sol –que es nuestro “astro rey”, como sabéis, allí tendremos otro-.

Pero parece que no puedo librarme de un cierto germen positivo y racional: algo así también sucede en Suecia. Entre el viaje largo, llevarse a las gatas 20 años en un cohete espacial, pobrecicas, avituallamientos rancios, habrá que optar por el realismo: Suecia, insisto. Partir de una base algo más sólida. Echar, con los votos, a los fascistas de su parlamento, que aún son pocos y los suecos tienen larga tradición democrática y progresista, y una conciencia cívica ejemplar. Y empezar de nuevo. Yo de esta España y de casi todo el resto del planeta me apeo. Al menos a esta hora. Unas buenas persianas para los días eternos, y potentes luces para la oscuridad del invierno, paliarán los principales inconvenientes. Con la vista puesta en el “Hijo de Gliese”. Por si acaso.

Intento de golpe de Estado en Ecuador

Crónica de urgencia. Intento de golpe de Estado en Ecuador. Policía y Fuerza Aérea. Han bloqueado el aeropuerto de Quito. Rafael Correa está en el hospital herido por botes lacrimógenos. Miles de ecuatorianos salen a las calles para contrarrestar el golpe de Estado.

Aquí la radio ecuatoriana trasmite en directo

Más información.

30S: a plantar semillas

Debo reconocer que me impactó ver casi desierta la Gran Vía de Madrid, pasadas las 12 de la mañana y pese a estar abierta al tráfico. Parecía el amanecer de un primero de Enero. Algo sucedió ayer aunque traten de minimizarlo. Por mi parte, esperaba una casi nula respuesta de esta sociedad adormecida, y quedé gratamente sorprendida. Contemplar la pantalla en huelga de Telemadrid –también lo estuvo la de Canal Sur- como en los mejores tiempos, asistir al paro inicial de transportes, mercados y recogida de basuras resultaba alentador. Por parar, paró, hasta la Casa Real, lo cual es un detalle.

Había menos gente en la calle y calculó que cerraron entre un 20% y un 30% de las tiendas. Entre ellas, ésta que veis más arriba, en la zona alta de Alcalá, de ropa ultrabarata, cosida con dolor y esfuerzo muy lejos de aquí que, al menos, sirve a sus obreros para comer. Ropa china. Los chinos destacaron por sus cierres pactados con los sindicatos. Otro detalle de buena vecindad.

Las mil y una televisiones (hay tanto de todo) preguntaban a los indecisos comerciantes por qué no levantaban la persiana. Dicen los antihuelga que no abrían por miedo. Tuvimos, en consecuencia, un 80% de valientes. Esos que apuestan por el pan para hoy y el hambre para mañana.

Por lo demás, la manida “guerra de cifras” (son tan extenuantemente aburridos). Lo cierto es que fue una huelga suficiente pero que… no cambiará nada. Muchos ciudadanos ejemplares prefieren ser despedidos con 20 días por año trabajado, al albur de la todopoderosa patronal, que perder una jornada de cobro. Y significarse. Y a lo peor ser despedidos de todos modos. En parte tienen razón. El asunto está muy crudo. Cada día más.

Un gran lamparón blanco, supuestamente firmado por anarquistas, se cuela en la Puerta del Sol. Acusa a los sindicatos de inacción previa. La enorme pancarta es descolgada entre aplausos (críticas ni una). La manifestación termina en acto sindical. Algo huele ya demasiado a naftalina y urge drásticos cambios.

La noche termina para mí en ratonera. En la de este Madrid imposible y sus ciudadanos del “yo primero”. Siempre en obras, mal señalizado, enormemente difícil de vivir. Es la capital podrida del reino, caótica, tercermundista. El primer gobernante que se decida a vaciar la casa, airearla, limpiarla con buenos detergentes y colocar otra vez los muebles con criterio, quemando los inservibles, nos sacará de la caspa secular. Ésa que en modo alguno erradicarán  los Trillos y Sorayas, Cospedales, Aguirres, Camps y Rajoyes, porque no lo hacen allí donde gobiernan. Todo lo contrario. Por días sueltan más escamas grasientas de su cuero cabelludo para engrosar el montón.

Si algo valoro del denostado –ahora con razón- Rodríguez Zapatero, es que intentó meternos en Europa. De verdad, modernizando a la sociedad. Las medidas debieron ser mucho más profundas. Ésas, las de poner la casa patas arriba. Además, ya no hay Europa a la que volver. Votásteis –los que lo hiciéseis, yo no- a los azules esbirros de “los mercados” y la regresión. Mi ídolo, Viviane Reding, ha sido derrotada. La UE se achanta ante el xenófobo oportunista Sarkozy, y traga con la expulsión de gitanos. Y en Holanda, pese a las reticencias, la ultraderecha pacta con los conservadores para permitir su gobierno.

En España la prensa ultra ha tomado el poder. Cuenta muy bien por qué, como siempre, Javier Pérez de Albéniz. Ay, el presidente de amigos mediáticos en qué fiasco nos ha metido con la inestimable colaboración de la derecha política que otorga licencias de TDT. Esa prensa habla de fracaso de la huelga, y de los terribles piquetes. TODA la prensa llama “antisistema” a un grupo de gamberros que operaron en Barcelona. Me ofende ¿Qué otra cosa se puede ser que “antisistema” en un mundo que condena al hambre y a la muerte a dos tercios de la población y que ha sometido a los políticos?

En otra de sus inefables portadas, La Razón alude a la violencia de los piquetes… obviando que una furgoneta de la imprenta, donde entre otros se edita su periódico, embistió a un grupo de 4 sindicalistas que trataban de impedir que se distribuyera tan imprescindible diario e hirió de gravedad a una de sus componentes, una mujer de 51 años. Ella, Azucena, tiene una herida en la cabeza que ha requerido 13 grapas, otra en la cadera, y diversas contusiones. Al grito de «dádles, dádles», desde el interior, la furgoneta le pasó por encima. La suerte ha querido que no haya sufrido daños neurológicos. Ella, su familia y amigos, serán quienes más recuerden el 29S durante meses probablemente. Esta portada de La Razón, en estas circunstancias, evidencia unos «bemoles» que ni los del caballo de Espartero.

Hace más de tres décadas, claveles rojos derribaron una dictadura en la vecina Portugal. Ideas nuevas que germinaron en una sociedad unida. Ésa es la clave para, al menos, aflojar la argolla que los poderes confabulados de unos pocos han anudado al cuello de toda la ciudadanía. Prendamos la semilla de una hortensia, de un tomate… de la unidad.

Nuevos tiempos, nuevos métodos

        

Vaya por delante la invitación de ATTAC a secundar el paro del día 29. Que nadie se confunda: la huelga es la respuesta mínima que la sociedad necesita expresar ante los atropellos a los que es sometida. Por más que su calentamiento se haya convertido en el habitual espectáculo circense, trivial y desinformador, hay razones para esa protesta. Sobran. Sus resultados serán igualmente manipulados y desactivados con las subjetivas declaraciones que se adjudican la victoria. El día 30 sabremos que todos “han ganado”. Y apenas sucederá nada. Quien tiene que ganar y ganárselo, es la sociedad.       

Vergara. Público.

 

¿Qué más pisotones precisamos sobre nuestra yugular aprisionada contra el suelo? La inefableBruselas” sigue ejerciendo de meritoria mano ejecutora de “los mercados”. Cruje España en el eterno espasmo de la corrupción que corroe sus entrañas. ¿El juicio sobre “Malaya”? ¿Tantos años después? ¿Con esta justicia que “nos hemos dado” o consentido? El encomiable empresariado español que amenaza con despidos –favorecidos además por el poder político- está presidido por el más ejemplar de los prohombres del sector. Cada día nos enteramos de nuevas actividades en la que fracasa. Por tierra, ¿por mar? y por aire. Ahora resulta que también regentaba autobuses turísticos. Y que, tras aquellos maravillosos créditos concedidos, por la Caja Madrid de la Comunidad autónoma, Gallardón le perdona también medio millón de euros de deuda. Nada en esta España podrida como tener amigos «cojonudos». ¿Hay razones por tanto para protestar contra este empresariado y esta clase política? Todas. Sólo que los sindicatos también se vinieron cosiendo un traje que les vestía como parte del problema. El fin justo no debería nublarse por la menor quizás de las imperfecciones del sistema –dado que prácticamente las acarrea todas del 1 al 999 en escala de 1.000-.       

Ahora bien, éste no es el camino. Nuevos tiempos, exigen nuevos métodos. La sociedad en la que vivimos es mutable e incrementa ese carácter de día en día y a ritmo vertiginoso. Si en 1933 Keynes alertó a Roosvelt sobre el peligro “de arreglar los males de nuestra condición por medio del experimento razonado y dentro del marco del sistema social existente” ¿cuál no será ahora la nueva disyuntiva con la irrupción masiva de Internet entre otros adelantos?       

En una privilegiada charla con José Luis Sampedro este fin de semana, él, con 93 años, fue el primero en asegurar que ya no sirven las respuestas conocidas y que no habrá soluciones, mientras no se comprenda que los nuevos tiempos exigen otras y más imaginativas acciones, aprovechando el poder de la comunicación global. Porque… “esta crisis es peor que la del 29, aquella fue producto de un accidente, ésta ha sido tropezar deliberadamente en la misma piedra”, me contestó Sampedro, poco más o menos.       

Cunde el desánimo entre antiguos luchadores por la justicia y la libertad. Nos circunda una férrea pared, en tanto nuestros pies se asientan en el suelo líquido del cambio. “Señala la piedra y la grieta y vamos, pero no más lucha extenuante en la impotencia”, vienen a decir viejos y nuevos compañeros de batalla. No sé quiénes, pero hay unos cuantos, cada vez más, con la idea y la palabra. Pero, por el momento, obvian el poder de unión de la Red o de lo que sea, de que sí hay algo que aglutina nuestra irritación y la búsqueda de un futuro mejor para la mayoría. Harán falta más argollas en el cuello hincado en el suelo, no sé.       

       

Hoy no hay árboles tras mi ventana, ni el lago cálido a pocos pasos, ni tantas charlas tiernas y estimulantes, pero a ratos luce el sol esplendoroso del otoño sobre el cemento de la casa de enfrente. Valores inmutables en un tiempo cambiante, guías para buscar los nuevos caminos de eclosión. En red, por tierra, mar y aire… limpios.       

Busco pareja

Me han ofertado un intercambio publicitario: yo pongo el enlace de la página “buscar pareja” y ellos anuncian El Periscopio en su web. Andaba preguntándome qué han visto aquí para pensar que esa transacción es posible. Pero algo habrá. Imagino a estos portales con un equipo de prospección de mercado en el que, con seguridad, hay psicólogos. Habrán pensado que cambiar el mundo es una tarea pesada para acometerla sin ciertas compensaciones y han abierto esa puerta. Por ayudar.

El cerebro se usa poco esta temporada, en efecto, como decía un comentario del artículo anterior. Así que rindámonos a los placeres de cuerpo y espíritu. Pero sin abandonar la parte práctica de la cabeza. No necesito ningún portal si ya tengo –para mí y a vuestra disposición- un blog. El otoño es tiempo de arrumacos –siquiera sea por las frescas temperaturas-, están preciosos campos y parques para caminar de la mano, y es buen momento para buscar pareja. Empiezo yo misma, para dar ejemplo.

Premisa principal: pareja siamesa no. A ratos y civilizada. En último extremo se puede estudiar la variable “parejas” incluso, para donde no llegue una, llegue otra.

REQUISITOS A VALORAR (AUNQUE NEGOCIABLES, COMO TIENE QUE SER):

  • Hombre. La edad me es indiferente. Y no pienso pedir perdón por la mía.
  • Inteligente, culto, progresista.
  • Que sepa del mundo en el que vive y le interese lo que les ocurre a los demás.
  • Altura mínima: 180. Atavismos y prejuicios, qué le vamos a hacer.
  • Con que sea monillo o tenga cierta gracia, basta. A estas alturas he moderado mis exigencias.
  • Que no venga con demasiadas taras sentimentales y corra un cierto caudal de sangre por sus venas. Cuanta más, mejor. Tibios y témpanos abstenerse.
  • Preferentemente, que se entere de que luce la luna llena en una cita.
  • Que sepa gozar de todos los placeres que brinda la vida. Desde la buena mesa a la buena cama.
  • La ternura puntúa también alto.
  • Que le guste la música, el cine, la literatura, pintura, escultura, arquitectura, todo (o parte) de lo que implica la cultura en definitiva. y sepa disfrutarlo solo si a una no le apetece compartirlo en ese momento.
  • Gozarán, asímismo, de una particular valoración los científicos, con sus mundos nuevos para mí (siempre que no carezcan del resto de los requisitos).
  • Que sepa conversar. Si es un auténtico estímulo para las ideas, será difícil no rendirse.
  • Que tenga y respete los espacios.
  • Paciente con las manías no compatibles.
  • Que no sufra de alergia a las gatas, ni -por el momento- al humo.
  •  Generoso, nada rácano. De ello se derivan muchas actitudes vitales.
  • Resoluto y que mantenga una cierta coherencia en sus decisiones y no maree con idas y vueltas.
  • Con algunos gramos de locura. Gramos, digo.
  • Con algún recurso “feromónico” por si todo lo que antecede tampoco funciona, as usual.
  • Sentido del humor. Indispensable

Yo me voy con unos amigos muy majos de fin de semana y estaré menos pendiente del blog. Es mejor además, tomar distancia y tiempo ante tan trascendental decisión. Los comentarios o el contacto directo es un buen sistema para estudiar posibilidades y armonizar las propuestas.

En los comentarios  también, podéis -y debéis-  cumplimentar vuestras peticiones de pareja, si la buscáis. Es gratis. Un servicio público y amistoso que, con seguridad, obtendrá más adhesiones que cambiar el mundo. Aunque lo uno, no quita lo otro. Y una vez felices, mucho más felices, se puede emprender con más entusiasmo la tarea. Nos aguarda un futuro prometedor. De cine.

Veremos a Belén Esteban en el Parlamento

Casi a diario hablamos aquí de la peligrosa deriva de la sociedad mundial y del descrédito de la política (como causante siquiera por inacción) que en España ya se sitúa como tercer problema para los ciudadanos. El caos dispone de diferentes formas de aposentarse y se observa una tendencia de cómo lo está haciendo ahora: el «backlash«, «latigazo hacia atrás«, o «patada hacia atrás» como libremente lo voy a traducir.

Explicaban en la BBC, en un debate de altura, porqué los sensatos ciudadanos suecos han votado a la ultraderecha. Ha sido eso, el «backlash». Hartos de la política tradicional, de que la izquierda no se comporte como izquierda, ni la derecha como derecha, han salido por un extremo. Aunque hay un porcentaje que en efecto sí quiere machacar a los emigrantes tomando la justicia por su mano, en ausencia de otro poder real que «los mercados» (a quienes poco les preocupan estas cosas). Como en el Oeste.

En EEUU, el Tea Party adopta la forma más definida de lo que se está cociendo. Una amalgama de ciudadanos con un solo punto en común: el ultraconservadurismo. Aún tienen que concretar un líder pero se apuntan una analfabeta populista republicana, Sarah Palin, o Glen Beck, exitoso presentador de la Fox, poco más que un Jiménez Losantos, aún con más poder.

En la maltratada Islandia, un humorista se hizo con la alcaldía de la capital, Reykiavik. Jón Gnarr desplazó -nos dijeron las reseñas-, a las siglas tradicionales con una formación que se declara abiertamente corrupta y asegura que no cumplirá sus promesas electorales.

En España tenemos a Belén Esteban. Y no es una broma. La sucia máquina de hacer dinero que es Telecinco ha apostado por el experimento. Si se presentara a las elecciones, se situaría como tercera fuerza política en España, obtendría 5 diputados. Verla y escucharla hiere una mediana sensibilidad –yo no puedo soportar la tortura más de un par de minutos-, pero hay quien cree que “dice verdades como puños”. ¿Por qué? Porque la política tradicional nos ha fallado estrepitosamente y. desde el saco de basura en el que se ha convertido esta sociedad, la única salida lógica parece la «patada hacia atrás».

No son hechos nuevos. En la famosa carta de Keynes a Roosvelt (dos peligrosos “izquierdistas” como se verá), el fundador del capitalismo moderno (y humano) le dijo al presidente de los EEUU:

«Usted acaba de convertirse en fideicomisario de aquéllos que, en todos los países, tratan de arreglar los males de nuestra condición por medio del experimento razonado y dentro del marco del sistema social existente. Si fracasa, el cambio racional se verá gravemente perjudicado en todo el mundo y lo único que quedará será una batalla final entre la ortodoxia y la revolución”.

Asomaba ya por la puerta Hitler y todos los fascismos.  Sentaba sus reales en la URSS el comunismo totalitario. La política terminaría por reaccionar. Sin más remedio. La diferencia que hoy se aprecia, a mi modo de ver, es la degradación absoluta de las salidas. La informe basura se desparrama, y da el «latigazo hacia atrás». Tampoco parece que tenga más remedio.

Mientras en España los políticos patrios se enzarzan en Caja Única sí, Caja Única no, en una ETA a olvidar, en tapar las corrupciones algunos con supina desfachatez verbal, mientras siguen ciegos las pautas del «sistema social existente” que decía Keynes, les están invadiendo la casa. Y no se enteran.  Un poderoso grupo mediático, propiedad en parte y no casualmente de Berlusconi, apuesta por dinero, por una descerebrada, vulgar hasta el vómito, con la que un sector de la sociedad se identifica. «Tuiteaban» anoche que en Telecinco, comentaristas de su mismo nivel, la  comparaban ya con Eva Perón. No es de esperar que los políticos tradicionales reaccionen, andan metidos en la endogamia de su propia ineficacia, de la desfasada casta en la que se han convertido, olvidando que  sólo detenta la representación popular. Si no lo hace la sociedad, veremos a Belén Esteban sentada en el Parlamento. Y las televisiones retransmitirán sus intervenciones y la entrevistarán a la salida del hemiciclo. Y comeremos palomitas.

Me hubiera gustado escribir del otoño. Pero, por fortuna, lo vamos a tener aquí tres meses. Vaya un adelanto en imagen sosegadora.