La política del sonajero

Jesús Mota publica en El País digital un artículo de opinión que va a dar mucho que hablar. Analiza cuál va a ser la política del PP, cuál fue, y cuáles sus consecuencias. Comienza así:

«Los dirigentes del Partido Popular (PP), procedentes en gran número de sectas católicas de extrema derecha y de la burbuja del ladrillo, ya echan cuentas de las prebendas públicas a su alcance cuando gobierne Mariano Rajoy, ese intelecto aristocrático que se autodestruye cuando entra en contacto con la realidad. El retorno al Gobierno del PP es un acontecimiento que entusiasma a sus afiliados, pero no deja de provocar escalofríos a quien recuerde la gestión de la economía durante los dos mandatos de José María Aznar y eche un vistazo a las fatuas propuestas económicas de Mariano Rajoy. Aznar, soplado con vanidades de estadista, infló una burbuja inmobiliaria que fundamentó el crecimiento en la mano de obra barata hasta que estalló y se llevó por delante más de dos millones de empleos; desmanteló la estructura fiscal del Estado, reduciendo impuestos al buen tuntún solo por creer a pie juntillas en los prospectos de propaganda económica de la extrema derecha de Reagan y Thatcher; oscureció o mutiló estadísticas; privatizó de boquilla empresas públicas con el resultado de que la gestión privada ha degradado sus resultados y cotizaciones respecto de las empresas públicas originales; y dejó para las generaciones venideras otros cadáveres en descomposición, como Aves trazados sobre socavones o arenas movedizas, autopistas radiales en curso de quiebra por los cálculos chapuceros de sus impulsores y un mercado eléctrico en situación de déficit crónico.

Es de temer que el retorno del PP al Gobierno de la nación traiga nuevas raciones de economía vudú y misticismo de garrafón, tipo “el milagro económico soy yo”, frase inmortal de José María Aznar para describir una tendencia a la recuperación económica que se explicaba mejor por el descenso de los tipos de interés en España (que él no decidió) y por la relajada política monetaria primigenia en la zona euro. Hay signos ominosos que confirman la vuelta de este tipo de curanderismo económico que tanto gusta a la extrema derecha (en versión republicano estadounidense o en la modalidad thatcherista continental). El primero de estos estigmas es la creencia de que, con solo su presencia en el Gobierno, el santero Rajoy y sus ayudantes expulsarán los demonios del paro y las empresas volverán a crear cientos de miles de empleos. “Cuando gobierna el PSOE, sube el paro; cuando gobierna el PP sube el empleo, y eso volverá a pasar”, proclama Rajoy como el que enuncia de carrerilla el principio de Arquímedes. Igual que los súbditos del rey de Francia creían que el roce del manto del monarca curaba las escrófulas, Rajoy sostiene que su aura presidencial acabará con el crash financiero mundial. Los mistagogos populares canturrean por toda España el gorigori “lo hicimos (en 1996) y lo volveremos a hacer”.

  ¿Y cómo se tapa el fiasco? Con la política del sonajero como, con otras palabras, suelo decir. Seguid leyendo, seguid…

La vida en la Edad Media

Los poderes…

Los mercados…

La educación…

Desequilibrios sociales…

 Fuerzas  para mantener los poderes y el sistema…

   Versión mediática para la sociedad y la Historia…

Exijamos votar en las elecciones alemanas

Si Berlín no viene a Europa, vayamos nosotros a Berlín. Todos. Españoles sin faltar uno, portugueses, y así hasta Suecia. Hay razones fundamentadas para ello. La política de la UE la decide quien ocupa la cancillería alemana (la Bundeskanzleramt o, para los amigos, Kanzleramt, que debemos ir aprendiendo conceptos elementales que nos serán útiles).

La deuda de nuestros tormentos se fija con la alemana como patrón y dios. La alemana es cero, los demás suben y bajan con respecto a ella. Alemania fue quien dictó en su día cómo debía ser la UE, el euro y toda la política monetaria. Y así continúa. Ahora, se ha reunido con el “vicecanciller”, Sarzoky, y han acordado que de unión real la mínima. Sí dan ambos su permiso a la tan esperada –cerca de 20 años, los que van desde el Tratado de Maastricht- política económica común. Lo primero que harán será un organismo, con un presidente, el cuarto ya de los oficiosos (la presidenta real es Merkel). Es decir el del Gobierno económico, el de la Comisión (Durão Barroso), el del Consejo (Van Rompuy) y el de turno rotatorio. Les ha gustado Van Rompuy para el nuevo cargo, especialista en haikus (versos cortos japoneses), porque ya habrán pensado en otro para sustituirle en la presidencia virtual de la UE. Ese gobierno diseñado por Merkel y Sarzoky se reunirá ¡dos veces al año!

Y, eso sí, van a pedir reformar las Constituciones europeas para incluir la obligatoriedad de un límite del déficit público. Es decir, consagrar el neoliberalismo en todas las Cartas Magnas para que nadie posterior se salga del carril y le de por inversiones públicas de esas que generan riqueza, según la experimentada doctrina de Keynes. Han hablado también de la Tasa a las Transacciones Financieras a la que llevan mareando desde hace tiempo. Pero como todo hay que negociarlo, igual se queda aparcada… una vez más.

En estas condiciones, creo que es exigible que todos nosotros votemos en Alemania. Como mal menor en Francia, pero preferiblemente en Berlín. Va a ser la única manera de que nuestro voto –tan bonito, tan “fiesta de la democracia”- tenga valor para decidir nuestro futuro. Y a lo mejor lograr un cambio porque la UE y Europa se van a pique. No tenemos más que mirar los datos económicos. Y es que sus políticas no funcionan.

La imagen de los semáforos de Berlín. Verde, rojo. Abierto, cerrado. Humano.

Un contagio de malas ideas

Joseph Stiglitz

La gran recesión de 2008 se ha transformado en la recesión del Atlántico norte: son principalmente Europa y EE UU, no los mercados emergentes más importantes, los que se han visto afectados por el lento crecimiento y alto desempleo. Y son Europa y EE UU los que marchan, juntos o separados, hacia el desenlace de una gran debacle. La explosión de una burbuja condujo a un estímulo keynesiano masivo que evitó una recesión mucho más profunda, pero también impulsó déficits presupuestarios importantes. La respuesta -recortes masivos del gasto- garantiza que los niveles de desempleo inaceptablemente altos (un vasto desperdicio de recursos y un exceso de oferta de sufrimiento) se prolonguen durante años.

La Unión Europea finalmente se ha comprometido a ayudar a sus miembros en dificultades financieras. No tenía opción: la agitación financiera amenazaba con extenderse desde países pequeños como Grecia e Irlanda a otros grandes como Italia y España, y la propia supervivencia del euro afrontaba peligros crecientes. Los líderes europeos reconocieron que las deudas de los países en problemas serían inmanejables a menos que sus economías pudiesen crecer, y que el crecimiento no se lograría sin ayuda.

Pero si bien los líderes europeos prometieron que la ayuda estaba en camino, reforzaron su creencia de que los países sin crisis deben recortar sus gastos. La austeridad resultante retrasará el crecimiento europeo y con ello el de sus economías con mayores problemas: después de todo, nada ayudaría más a Grecia que el crecimiento robusto de sus socios comerciales. Y el bajo crecimiento dañará la recaudación tributaria, socavando la meta proclamada de consolidación fiscal.

Seguir leyendo…. Sobre todo la conclusión:

     Pero el problema real surge de otro tipo de contagio: las malas ideas cruzan fácilmente las fronteras, y las nociones económicas equivocadas a ambos lados del Atlántico se han estado reforzando entre sí. Esto será también válido para el estancamiento que esas políticas conllevarán.

Verano de 2011

 Zapatero, Berlusconi, Cameron y Sarkozy (por el momento) han suspendido sus vacaciones. Están de un gas, que no veáis….

 En realidad preparan que los ciudadanos de a pie, con «ajuste» tras «ajuste»,  no vuelvan a tenerlas más.. ¿Podría ser?

Y al cuarto intento ¡Han llegado a Sol!

No ha habido policía para impedirlo…

Mal mes para ponerse enfermo

Portada de Público…

Elecciones el 20 de Noviembre

… Para acabar en la ultraderecha

  Javier Valenzuela escribe hoy «Del antisemitismo a la islamofobia»… para acabar, pues eso, en la ultraderecha que asusta menos. Dice Javier:

La doble matanza perpetrada en Noruega por el ultraderechista Breivik no es un suceso aislado, es una espantosa manifestación del ascenso en Europa y Estados Unidos del odio al musulmán como bandera de enganche de los que reivindican la mítica pureza de la aldea primigenia occidental, aquella dominada por el campanario. Heredera de la reacción del siglo XIX y el fascismo del siglo XX, esta visión va acompañada, por supuesto, del rencor contra la izquierda ilustrada y universalista, «cómplice» hoy de los musulmanes como ayer lo fue de los judíos.

No es solo que partidos de ultraderecha obtengan buenos resultados electorales en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Austria, Francia, Hungría e Italia; es que su agenda de satanización de los inmigrantes musulmanes impregna crecientemente a los partidos conservadores del establishment. Incluso en España, los avances de grupos abiertamente islamófobos en Hospitalet, Santa Coloma, Mataró, Silla o Alcalá de Henares, la simpatía por el populismo xenófobo de votantes de las derechas españolista y catalanista tradicionales y los ladridos matamoros de esos que José María Izquierdo llama cornetas del Apocalipsis, siembran serias dudas sobre el dogma de que nuestra democracia está inmunizada contra la ultraderecha. Es significativo que diarios españoles presenten estos días a Breivik como «un loco aislado», a la par que piden que «no se criminalicen sus ideas».

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¿Es éste «el sistema» que queremos conservar?

Se trataba y se trata, nos dicen,  de mantener “el sistema”, son “demasiado grandes para caer” y podrían desequilibrarlo. Los gobiernos europeos han destinado 3,7 billones de euros (37 millones de millones) de dinero público para sostener a sus bancos. Una cifra superior, por ejemplo, al Producto Interior Bruto de la poderosa Alemania, según un documento elaborado por la Unión Europea. Las ayudas a los bancos norteamericanos no son en modo alguno menores.

Las medidas puestas en marcha por los distintos gobiernos para reanimar el sector bancario no sólo superan el PIB de la primera economía europea, sino que han incrementado el déficit presupuestario de la unión desde 2008 hasta su nivel máximo en tres años. Ello, en su opinión, obliga a reducir el gasto a costa de los ciudadanos. A destrozar la sanidad pública catalana, por ejemplo. Con riesgo para la vida. Y a vivir pendientes de «la deuda», de las agencias de calificación y «los mercados».

    Entretanto, el Cuerno de África se muere de hambre. Abandonado absolutamente a su suerte, en la zona, Somalia es lo que llaman un «estado fallido». Los alimentos como arma de guerra tribal, la sequía como problema y excusa, la especulación alimentaria. El caso es que el goteo de víctimas es incesante por no poder comer. 

La FAO ha «comprometido», dicen,  350 millones de euros para ayudas «de urgencia» a los afectados.  A los muertos de hambre, se une la malnutrición aguda, un 30% de los niño, por ejemplo, la padecen. 13 millones de personas de todas las edades  que necesitan meter algo en el estómago ya, hoy. Y no es cuestión de caridad sino de justicia solucionarlo.

Echad cuentas. Vergara las ha echado ya, como algunos de nosotros. ¿Es éste «el sistema» que queremos conservar? ¿Quiénes lo quieren conservar? ¿A beneficio de quién?

Vergara. Público.