Nacionalizar los bancos

Casi 200.000 parados más, ya son 3.300.000 y se preve que, en poco tiempo, la crisis se lleve por delante un millón más. Pero no todo son malas noticias: los cinco grandes de la banca -Santander, BBVA, Caja Madrid, La Caixa y Banco Popular- ganaron 2 millones de euros a la hora en 2008, 17.590 millones de euros. Tampoco están contentos porque han registrado un descenso del 18,5% respecto a sus ganancias -repito, ganancias- del año anterior. Por eso, necesitan ayudas, y el gobierno se las da, les «avala» en palabras del Presidente del Gobierno. Caja Madrid, por boca de su presidente Miguel Blesa, admite que el dinero de los gobiernos no era sólo para prestar, sino un salvavidas para algunas entidades. Es decir, que han cogido el aval y han saneado sus cuentas, en lugar de facilitar el crédito. Y Miguel Martín, presidente de la Asociación Española de Banca, nos advierte que aún debemos estar contentos: «la economía no se hunde más porque la banca es capaz de sostenerla». Dice más, la culpa es nuestra porque nos hemos endeudado a lo loco. Cosa en la que, en parte, tiene razón, pero es que los países desarrollados ya no se componen de ciudadanos, sino de consumidores. Es a lo que nos acostumbraron. Ése era el diseño pergeñado desde los poderes.

Leo, sin embargo, que a Cristina de Holanda, hermana de la reina, la han sorprendido guardando su dinero en un paraíso fiscal, la Isla de Guernsey -se ha apresurado a trasladar sus millonarios ahorros a su país, antes de que boten a la familia, dado que votarla no pueden-. Y leo más en los consejos de los grandes creadores de opinión. Editorial de El País, por ejemplo, entre otros muchos: «los Gobiernos han de evitar caer en la tentación más inquietante: el aumento del proteccionismo. Eso fue lo que transformó una mera crisis en el periodo más adverso de la historia económica, con consecuencias trágicas. Las políticas de «perjuicios al vecino», como las devaluaciones competitivas u otro tipo de obstáculos al comercio resultaron fatales para todos».

Es que vienen más cumbres de esas internacionales, la del G20, a la que volverá a estar invitado Zapatero. Ellos lo van a arreglar, de hecho en cada una de ellas solucionan los grandes problemas de su temario, el hambre en el mundo, como hablábamos el otro día de la de la FAO. Estamos salvados.

Creo que ha llegado la hora de tomar las riendas que otros abandonaron: la soberanía residen en el pueblo ¿recuerdan? El sensato Presidente Obama advierte que algunos bancos caerán con la crisis. Y no pasa nada. Igual no hay lugar para todos. Somos más y nos asiste la razón. No sabemos de economía, eso sí, pero la sufrimos. Primera medida que hemos de pedir con toda vehemencia: nacionalizar los bancos. Dado que todos los experimentos fracasan, no costaría nada probar a ingresar en las arcas del Estado casi 18.000 millones de euros al año cuando vienen mal dadas y poner estas entidades al servicio de los ciudadanos.

José Luís Sampedro cumple 92 años

José Luis Sampedro, Olga Lucas y Carmen Balcells

José Luís Sampedro, Olga Lucas y Carmen Balcells

Llovía intensamente en Málaga este 1 de Febrero, en el que el escritor y economista José Luis Sampedro cumplía 92 años. Desde la ventana de su apartamento alquilado en Cala de Mijas, el mar azul del día anterior se había trocado en turbio y amenazador chocolate. La Costa del Sol parecía el cantábrico.

Testigo de casi un siglo, José Luis Sampedro ha visto llover y escampar muchas veces. Y desde la serenidad con la que contempla hoy la vida, ve el cielo de nuestro sistema social plagado de nubarrones que terminarían por disiparse también si se aplicaran las fórmulas que pensaran en los individuos.

Conocí a José Luís hace más de una década a través de mi amiga Olga Lucas, aquella entrañable y entusiasta idealista que soñaba con encontrar un día al escritor, cosa que terminó sucediendo por azar. Habían nacido el uno para el otro: ambos han permanecido limpios, y poseedores de la denostada ingenuidad -que comparto con ellos- a pesar del sin fin de avatares sufridos. Ella le insufló vida y él el aliento de un objetivo práctico por el que merece la pena luchar: andar cada día haciendo algo útil por los demás.

Siempre digo que lo menos importante de José Luís Sampedro es que sea economista y escritor -profesiones y ambiciones nada desdeñables en los tiempos que corren-. Podría haberse dedicado a la biología y la arquitectura, y seguiría siendo igual de excepcional. Lúcido, apasionado, comprometido, creador de ideas que no impone aunque las exprese con vehemencia. Es capaz de pedir disculpas por su discurso temiendo que resulte pesado. O de levantarse a ayudar a colocar el abrigo a una dama, porque por algo nació casi en el XIX.

La comida de cumpleaños fue en uno de esos restaurantes de playa que parecen ir a buscar al mar el pescado en lugar de al frigorífico. Su agente, Carmen Balcells, había venido desde Barcelona para acompañarle. Le regaló una bata de casa, que José Luis se colocó para comer, dado el frío reinante. Carmen, otro personaje al que es un privilegio conocer, brillante, organizadora, personalidad aplastante. E Isabel Sampedro, hija del maestro, llegada desde Nueva York. Y el editor Ángel Lucía, y mi viejo amigo Juan José Mardones al que Sampedro adora. Y el taxista de Barcelona que trajo a la Balcells. Y Olga pendiente de cada detalle.

Bromas familiares en la comida. Una carrera al televisor para ver el triunfo de Nadal en el Open de Australia, «ese chico tan interesante, tan sencillo, que confiesa haber tenido miedo de pequeño en casa si se iban sus padres», dicen José Luis y Olga. Y una vibrante conversación a los postres. El liberalismo se ha refundado varias veces en su historia, dice Sampedro. En el siglo XIX fue la explosión del individuo y la libertad. «Cada hombre, un voto. Hoy es, cada euro, un voto». Ya no es liberalismo, es oligocracia, plutocracia. La globalización ha consistido en transferir al poder financiero, el poder político. ¿Hay que consumir como nos piden los políticos? «Primero, si se puede, dada la crisis. Segundo, si lo que compramos nos enriquece, pero como seres humanos. Fuera la llamada innovación que sólo busca cambiarnos el móvil por otro igual pero más caro. Abracemos a la que crea. «O la llamada investigación farmacéutica que buscar prolongar la enfermedad más que curarla, para seguir consumiendo», apuntilla Balcells. Discrepamos o no, conversamos, sobre las causas y salidas a la crisis. Balcells llama la atención sobre ese 40% de capital que está metido en bolsas y cajas fuertes y de zapatos, el que ha creado unos nuevos ricos que trafican con armas, drogas y seres humanos en la prostitución.

José Luis Sampedro ha pasado un buen 92 cumpleaños. Agradece -con una efusión que inspira ternura- una compañía que algunos nos sentimos honrados -privilegiados- de poder prestar. Todo lo que hace es POR algo, no PARA algo -quizás por eso no le han concedido ninguno de los premios literarios más importantes de España-. Olga le ha dado fuerzas, el Sur le alimenta, está sereno y tranquilo, escribe cada día, pero si no puede acabar lo emprendido, ahí se quedará, no hay problema. «No me falta nada esencial», concluye.

Le regalé un apenas útil calendario perpetuo, estético sin embargo. Me parecía un símbolo. Tiempo medido e imperturbable, caminando cada día y un hombre que ha sabido utilizarlo para dejar en muchos una huella indeleble.

¿Modifica españa la Jurisdicción Universal a petición de Israel?

La ministra de exteriores israelí, Tzipi Livni, ha declarado hoy, tras reunirse con Miguel Ángel Moratinos, que su colega español le ha comunicado «la decisión de España de cambiar la legislación que permite aplicar la Jurisdicción Universal con el fin de que organizaciones políticas no puedan presentar cargos contra ciudadanos israelíes y de otras nacionalidades». La noticia -y en esta ocasión es una auténtica noticia- la ha dado RTVE en el telediario de las 9, no la recoge aún ningún periódico y sólo he encontrado una nota de Europa Press, en cuyo texto -sin destacar- se lee la misma información, recogida hoy con alborozo en medios de prensa israelíes.

 Fuentes del Gobierno han informado a RTVE que no se va a terminar con la Jurisdicción Universal -que permite juzgar en nuestro país crímenes contra la Humanidad-, vigente en nuestro ordenamiento jurídico desde el siglo XIX y que «en todo caso» las modificaciones no tendrían carácter retroactivo y no se podrían aplicar al caso que instruye el Juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu.

El embajador israelí en España se ha referido al asunto que investiga Andreu diciendo que «podría afectar a las relaciones» entre ambos países.

Apenas me voy a limitar a dejar ahí los datos. El «en todo caso» las modificaciones no tendrían carácter retroactivo es altamente revelador. Sólo dos paises -Venezuela y Turquía- han osado levantar la voz ante las matanzas de Gaza perpetradas por Israel. La muerte de 1.300 personas, los cuantiosos heridos, la ONU pisoteada, y demás vulneraciones de los derechos humanos y de convivencia internacional, caen en el manto del olvido ante el inmenso poder de Israel.

Si España baja la cerviz, «modificando» la Jurisdicción Universal a petición de Israel -o para «desagraviarle»-, será una lamentable y trascendental noticia para el mundo.

Actualización 23,30. Ya lo publican ABC y 20 minutos. Aquí dicen que Moncloa desmiente a Israel. Así lo «desmiente»:  «el Gobierno español ha desmentido las palabras de Livni y ha matizado que estudia hacer ajustes procesales en el principio de jurisdicción universal, pero que no lo limitará. Asimismo, ha comunicado que esta reforma en ningún caso tendrían carácter retroactivo y, por tanto, no afectará al caso abierto por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu». Ya estamos con los eufemismos.

El Supremo avala Educación para la ciudadanía

Derechos Humanos, instituciones y principios democráticos, convivencia entre culturas, igualdad entre hombres y mujeres, globalización e independencia, consumo racional y responsable, circulación vial, participación en la vida pública, valoración crítica de los prejuicios sociales, racistas, xenófobos, antisemitas, sexistas y homófobos. Este es el «peligroso» temario de una asignatura, Educación para la Ciudadanía, que un sector de los conservadores españoles rechaza. La Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a la cabeza, animó a los colegios a objetarla. Pero el Supremo acaba de decidir -tras demasiado larga deliberación- que no hay lugar para la objeción de conciencia que reclamaban los padres jurídicamente. 22 votos a favor y 7 en contra, en el alto Tribunal.

Nacida de una recomendación del Consejo de Europa en 2002, todos los colegios católicos y laicos del continente la imparten, sin problema alguno. Pero España parece seguir siendo una excepción, incluso en una Europa cada vez más retrógrada. En nuestro país, dado el rechazo frontal suscitado, Educación para la Ciudadanía se ha aplicado en fases y con una holgada manga ancha para que los centros «adapten» la asignatura a su «ideario». En las comunidades bajo mandato del PP, no se estudia ni la homofobia, ni la valoración crítica de los prejuicios sexistas o la utilización del diálogo y la mediación para abordar los conflictos. Al punto que el Gobierno ha presentado recurso contra Madrid, Murcia, La Rioja y Castilla y León.

Ni eso les basta a los prelados, ni a la ultraliberal Aguirre, quien retó al gobierno central aprobando un -ahora ilegal- reemplazo de Educación para la Ciudadanía por trabajos sustitutorios. Al dictaminar  los tribunales la legalidad de la asignatura, los alumnos objetores suspenderán. O al de la Comunidad valenciana que hizo la gran charada de impartirla en inglés. Ni a algunos padres. Pocos. Sólo un 1% de los estudiantes ha objetado Educación para la Ciudadanía en Madrid.

Los argumentos conservadores -jaleados sobre todo por los Obispos-, se basan en que el Estado carece de atribuciones para dictar normas morales. Textualmente dicen: «El Estado no tiene competencia para definir el bien y el mal moral; debe ser neutral». Sorprendente razonamiento para una Institución, la iglesia católica, que insiste con reiteración en que la religión tiene que ser asignatura obligatoria y que es subvencionada con tres mil millones de euros anuales en un país aconfesional.

Si los niños españoles, esos que quieren ser famosos sin dar un palo al agua, que no entienden lo que leen – como dice el último Informe PISA-, y suspenden masivamente en matemáticas -así sucede en concreto en la comunidad de Madrid-, grabaran en su mente y en sus conciencias Educación para la Ciudadanía, tal vez adquirirían responsabilidad para estudiar otras materias. Terminarían por erradicar la picaresca, el pelotazo, el ladrillo, la chapuza, la intransigencia, la doble moral, el machismo, el racismo… que nos asolan. Mi padre recordaba, en ocasiones, una frase del poder: «Cuanto más burros formemos, mejor iremos a caballo».

Los padres objetores, los gobernantes que les animan, deberían estudiar Educación para la Ciudadanía, también, de forma coactiva, al punto de no cobrar la mensualidad si no aprueban –siguiendo, por un bien superior, técnicas católicas-. Todo minuto perdido es un atraso en el desarrollo ético y formado de un país en el que algunos de sus gobernantes no piensan en el interés real de los ciudadanos, y en el desarrollo de España. Dar Educación para la Ciudadanía en fascículos, de regalo con los periódicos deportivos, en el prime time de las televisiones, en todos los colegios -desde luego- debería ser una prioridad inexcusable.

29-Enero

    Dicen los padres que no acatarán la sentencia y que irán al Tribunal de Estrasburgo si es preciso. A hacer el ridículo… y a poner a España -de nuevo- en ridículo. Las comunidades de la Rioja y Madrid -sorpresivamente-, sí, aceptan el fallo del tribunal. Valencia no. Y un alto cargo del PP ha dicho que que, cuando lleguen al Gobierno, suprimirán la asignatura. Más ridículo. Les ayudan eso sí buena parte de los «equidistantes» periodistas. Apenas nadie cuenta los antecedentes: No es un «invento de Zapatero». Se da sin problemas en todos los colegios de Europa, laicos y religiosos.  Son demasiados los españoles -adultos- que precisarían estudiar Educacíón para la ciudadanía.

La ciudadanía despierta

Saludé, con alborozo, los primeros «Tengo una pregunta para Vd.» porque parecían la ocasión de que los políticos se bajaran de su torre de marfil y hablaran con aquellos a quienes representan y deben su poder. Pero eché en falta siempre a un periodista -en activo- que repreguntará y precisara con datos. Ahora, la ciudadanía ha aprendido por sí misma, bien es cierto que acuciada por la crisis. Ya no pregunta por el precio del café, sino por lo que les duele de verdad.

 Andan revueltos esta mañana los analistas políticos. Casi sólo les falta por decir «nos están quitando el pan». Se asombran de que la política ha cambiado y -como ya sucediera en la campaña electoral americana- desciende a «historias personales» -en la SER, un señor muy culto lo ha dicho en inglés-. Ojala fuera cierto que la política hubiera cambiado, porque lo que no funciona precisa modificaciones. En el programa de TVE los ciudadanos demostraron que saben dónde les aprieta y que no se conforman con frases hechas. La primera reflexión la dirijo, por tanto, a los políticos, y la segunda a los periodistas -a algunos, a muchos- que TAMBIÉN se están alejando de la sociedad. Es lo que tienen las élites.

Más de seis millones de audiencia, notable en aceptación popular y aprobado -como mucho- entre los comentaristas. Se destaca, eso sí, la valentía de Zapatero para enfrentarse a preguntas sin guión con la que está cayendo.

Los ciudadanos se enfadan mucho cuando se les miente, y así lo demostraron anoche en varias ocasiones. El presidente arguyó error en lugar de falsedad, pero no convenció a todos de que eso fuera cierto. En mi opinión, hay un pequeño fondo de verdad en la justificación de Zapatero. Sólo unos pocos avisados predijeron en su día la magnitud de la catástrofe, incluso se quedaron cortos. Pero las causas añadidas de la crisis en España apenas se tocaron. Una referencia de pasada a la quiebra de la construcción. Y nada sobre el turismo, la industria. Ahí sí hubiera hecho falta un periodista.

Una buena aclaración acerca de que no se entrega dinero a los bancos, sino avales. Pero nadie afronta el tema de fondo: ¿no es el sistema lo que ha quebrado? Predecir cuando terminará la travesía del desierto es una pura especulación, sino se aborda el cáncer del sujeto. El liberalismo no funciona, y mal arreglo tiene transfundirle sangre, como ya hemos hablado estos días.

La política se muestra atada de pies y manos ante los poderes fácticos. Pregunta reveladora la de un granadino sobre la venta de armas de España a Israel. «Sólo es un millòn de euros», «pero todas las armas matan» -insistía el hombre implacable-, «las nuestras no»…  ¡por dios!…  Un presidente pacifista sin duda ha de sucumbir a la incroguencia, a la hipocresía, como la calificó el granadino. De nuevo vemos que es el sistema el enfermo, lo que hay que cambiar.

¿Quién lo hará? La ciudadanía despierta y yo me congratulo. La democracia es como el amor humano: hay que cuidarla cada día para mantenerla por lo menos, para que crezca.

Zapatero no tuvo más que palabras de comprensión y condolencia ante los ciudadanos parados o en crisis que, con gesto serio y preocupado, le preguntaban qué les pondrían a sus hijos en los platos. Y para eso hay pocas respuestas cuando son los cimientos los carcomidos. Zapatero estuvo más cercano y humano que nunca. Pero siempre echaré de menos que un político sepa acercarse, aún más, a aquellos que, insisto, le han dado el poder. En efecto, cuando el dinero no llega para las necesidades básicas huelgan las explicaciones y hasta las dudosas promesas. Quiébrate con ellos, abrázales siquiera simbólicamente y lucha porque, de verdad, cambien las estructuras. Si persistimos en el empeño, los políticos se verán obligados a hacerlo.

Mari Luz, su padre y la impunidad.

Juan José Cortés, padre de Mari Luz, -la niña asesinada en Huelva- declara hoy en La Razón: «estos días he oído decir desde las asociaciones de jueces que se ha usado el caso para llamar la atención pública. Utilizar la muerte de una pequeña para que los medios presionen al Gobierno y lograr así sus objetivos, en este caso económicos, me ha puesto los pelos de punta. Es una canallada. Lo sospechaba pero me negaba a creer que todo lo que están haciendo sea una maniobra para plantear públicamente sus pretensiones laborales. Y mi hija muerta por culpa de un error judicial, ¿dónde queda? Hemos levantado la alfombra de la Justicia».
Olas de cierta solidaridad se levantan alrededor de este hombre dolorido y justo, pero no temporales para derribar la impunidad que nos asola. En el desgraciado caso del profesor Jesús Neira -que quedó en coma tras ser agredido por un hombre al que increpó por maltratar a su pareja-, se dieron todos los ingredientes que indican cuándo una sociedad está enferma. Neira, con todo su valor y honestidad, entra en un hotel para llamar a la policía y detener la paliza. Le persigue el agresor de la mujer y le golpea salvajemente. Nadie en el hotel se mueve para impedirlo. La mujer apaleada no denuncia a su pareja. Dice incluso que es «una bellísima persona» y acude a programas de televisión -de Telecinco, seamos concretos-, cobrando por su miseria y siendo escuchada por espectadores sin escrúpulos -en caso contrario, sin audiencia, no la hubieran contratado-. Pero hay más, el juez deja en libertad al delincuente. Ante la alarma social, creada tan sólo por la respuesta activa de la esposa de Neira que lo denuncia ante los medios, el maltratador es detenido en una playa de Alicante, adonde se ha ido a disfrutar sus vacaciones. Los médicos de la seguridad social de Madrid -varios en distintas visitas- dejan ir sin tratamiento a Neira porque no le practican las pruebas pertinentes. Ni una radiografía, ni un scanner, ni un TAC. El profesor sufre un derrame cerebral. En Octubre de 2007, pocos meses antes, Daniel Oliver, un estudiante de 23 años de Valencia, actuó de la misma forma que Neira. Un hombretón pateaba en el suelo a su novia y trató de impedirlo. Se acercó a defender a la mujer y el hombre le golpeó en la cabeza. El resto de los presentes no actuó. Murió una semana después. Nadie le ha recordado. Ni los periodistas. David y Jesús fueron la excepción en el caos. Actitud encomiable que pagaron muy cara. Algunos más están reaccionando, pero no se ha producido una marea de indignación.
Nos echamos las manos a la cabeza por las chapuzas políticas -muy graves sin duda- pero aquí hablamos de vidas humanas y de poderes que no las protegen, de disfunciones de un sistema, de la pasividad ciudadana. También necesitamos millones de Juan Josés y de Neiras.

Aguirre y el espejo de la cara

La tensa sonrisa del botox que detiene el movimiento natural de los músculos. Ironía, desafío, burla, sin embargo en la expresión. Ni una mácula en el caro traje con el que se viste. La mirada es la que lo dice todo: fría como noche de lobos en Siberia. Un punto desalineada. Cínica. Torva.  Huellas de ojeras delatan, sin embargo, algún desasosiego. No es -en principio- el rostro de una víctima. Dice en ABC que «caminamos a pasos agigantados a un paro del 22%» -no en las empresas privadas a las que ha encomendado nuestros servicios, supongo-. Y, en otro titular del periódico, que -a pesar de las abrumadoras pruebas, opongo- (en el asunto del espionaje)… «todo acabará en nada». Sobre Esperanza Aguirre, la portada del periódico anuncia que regala «Apocalipsis Now Redux». Hasta los espiados confesos como Alvaro Lapuerta -«criticó algunas adjudicaciones en Madrid porque las creyó sospechosas», argumenta como sospecha para ser seguido y fotografiado-, la exoneran. Pocos Apocalipsis pues son esperados, en un asunto flagrante que apesta y daña la democracia. Pero ya pasó -casualmente- en el «tamayazo».

Del milagro económico a la gran crisis

3.200.000 parados, 620.000 empleos destruidos, en el mayor ritmo de pérdida de puestos de trabajo de nuestra Historia. Se baja del nivel de los 20 millones de personas trabajando de los que tanto ha alardeado el Gobierno. 820.000 familias tienen a todos sus miembros parados. El PP dice tener la receta para salir de la crisis.
Durante meses, años incluso, he estado atesorando datos y leyendo opiniones ilustradas de todo signo para publicar «España, ombligo del mundo» y creo que he sido testigo de excepción de cómo se gestaba el problema.
Durante la primera legislatura socialista se crearon, en efecto, esos 3 millones de empleos, y en el primer trimestre de 2007 se asistió a un espectacular 4,1 de crecimiento. Los nuevos países europeos y la prensa internacional hablaban de «el milagro económico español».
Se desata entonces la gran crisis financiera, económica, internacional. Prácticamente sin precedentes. Desde mi modestia de lega en la materia, aprecio que ni siquiera en el 29 llegó a quebrar el sistema -al menos no se cambió-. Porque las medidas adoptadas son cuidados paliativos. Siguiendo el simil conviene recordar lo que dijo hace meses Josep Stiglitz, Premio Nobel de Economía -y asesor de Zapatero, por cierto- sobre las medidas que se estaban -y están- adoptando «es como poner transfusiones a alguien con hemorragia interna». Y ahí estamos.
España partía de una situación más desfavorable por sus graves defectos estructurales. Los principales, haber sustentado la economía en la construcción y el turismo, y mucho menos en la industria.

 Burbuja inmobiliaria.

Fuente de enriquecimiento fraudulento en muchos casos, sajó a España de norte a sur e islas, con casos de corrupción. Las alertas eran dramáticas. Hasta la Comisión Europea elaboró un informe -publicado- con los más gruesos apelativos hacia lo que se estaba haciendo en España.

Trataré de sintetizar:

• Cada día se transformaba en España una superficie de suelo equivalente a 45 hectáreas -los famosos (45) campos de fútbol-.
• La superficie edificada aumentó un 40% en los últimos diez años.
• En 2005 se levantaron más de 800.000 viviendas que equivale a las edificadas durante el mismo período en Reino Unido, Francia y Alemania juntas, aunque estos países suman cinco veces la población de nuestro país.
• En 2006 se aprobaron planes para construir millón y medio de viviendas y más de 300 campos de Golf. Suponían un récord absoluto en la historia de España.
• La tercera parte del primer kilómetro de litoral mediterráneo está construida.
• Desde la Ley 6/98 del Partido Popular, el suelo urbanizado de vivienda libre se encareció un 200% hasta 2.004.
• España cuenta con el mayor parque inmobiliario de la UE, hasta hace poco con el ritmo de construcción más alto, y -punto importante- el acceso a la vivienda más difícil.
Los españoles, además, se embarcaron con demasiada alegría a hipotecarse casi de por vida, con intereses variables y por un porcentaje de su sueldo que desafiaba las leyes de prudencia económica.

Turismo.

Baja el número de visitantes. Y la razón es diáfana. A través de grandes zonas urbanizadas en los últimos años, se ha formado un paisaje anárquico, abigarrado. Ha brotado una maleza de cemento, donde hubo quizás un jardín, o una playa limpia. Si a eso añadimos, que ya no somos amables con los visitantes como cuando llegaron a traernos el maná, porque «somos mejores que ellos» y «nos sobra el dinero» y, sobre todo, que España resulta tan cara como sus propios países, no hace falta tener una bola de cristal para adivinar el futuro. Atraerán, por mucho tiempo, nuestros magníficos monumentos, las ciudades y pueblos con sabor, pero para vacaciones de playa, las tienen más baratas y acogedoras en Punta Cana (República Dominicana), en las pequeñas islas griegas, en Túnez, y en muchos otros lugares.

Debilidad de la industria.

Sólo el 5% de los empleos creados en la bonanza económica han sido en este sector que aporta un tejido más sólido.

Competitividad exterior.

Algunas empresas españolas triunfan fuera -Zara, Telefónica, los Bancos y los Clubes deportivos- pero apenas hay un centenar reconocidas internacionalmente, nuestras estrellas económicas representan un 2% de las marcas mundiales. Sólo hay tres entre las 100 grandes compañías mundiales. La primera en aparecer en la lista Forbes, es el Banco de Santander, que figura en el puesto número 58. Telefónica está en el 76 y Repsol YPF, en el 92. El déficit exterior, por otro lado, -la diferencia entre importaciones y exportaciones- alcanza los 100.000 millones de euros que equivalen al 10% del PIB.
Cuestión aparte son los grandes beneficios obtenidos por todas ellas -escalofriantes- que parecen estar guardándose bajo llave.

¿Las recetas del PP nos servirán? Son abaratar el despido, rebajar -aún más los sueldos, ver datos en Europa en Suma más abajo-, o recortar el gasto social. ¿Liberalizar el suelo, quizás? Viene en el programa electoral de Rajoy, y fue esa primera ley de 1998 la que disparó el problema. Hoy -hoy mismo- Aznar, el deseado, sigue apostando por el Mercado y el liberalismo para acabar con la crisis.

¿Soluciones? Se hace precisa una actuación más enérgica del Gobierno, más imaginativa. Prácticamente, dar la vuelta al guante de todo cuanto nos lastra. Pero el enfermo neocon -esqueleto de todo el sistema- sigue arrojando sangre debido a su hemorragia interna, en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Islandia.. España, sin duda, en todas partes. Vosotros veréis, políticos incluidos.

Necesitamos un millón de Obamas

El mundo vive un inusitado momento de euforia con la llegada de Obama. Anoche estuve en la fiesta que los demócratas españoles dieron para celebrar su llegada y no se puede contemplar algo más cercano a la felicidad. La misma que se veía en los rostros de los presentes en la ceremonia de Washington. Algo parecido sucede en medio mundo -no creo que en Gaza, aunque cabría pensar que también allí se respira un atisbo de esperanza-.
Algunos empiezan a advertir, sin embargo, silencios y medidos excesos. No sin razón. Hay que dar cien días de margen, pero algo se vio en el propio discurso de aceptación. Coincido plenamente con el análisis de Nacho Escolar en su blog. O los demasiados patria y dios que agobian a Javier Pérez de Albeniz, y que, sin embargo, saluda con alborozo la COPE. ¿Cómo desconfiar de alguien que habla de Constitución, patriotismo, y lucha contra el terrorismo… como -dice- en tiempos de Áznar?
Para mí, lo más relevante hoy -en aras del pragmatismo- es pensar con que vehemencia precisa la gente una ilusión. Y, sobre todo, porqué. La política nos ha fallado. Ha hecho, claramente, dejación de sus derechos a favor del Mercado, y es -sino la causante- la responsable de la crisis que padecemos. Les encomendamos que cuidaran nuestros intereses, y miraron para otro lado.
Hay miles de ejemplos. En mi último libro, «España, ombligo del mundo», recojo las palabras de Jean Ziegler, relator especial de la ONU, en un reportaje imprescindible de Vicente Romero y Mariano Rodrigo para Informe Semanal: «8 empresas controlan el 80% de los alimentos en el mundo. Es muy fácil lograr un acuerdo entre ellas sobre los precios». Esas empresas no estuvieron presentes -ni en las palabras- en la cumbre de la FAO, que se celebró en aquellos días en los -sin saber porqué- los productos esenciales subieron hasta resultar prohibitivos. Fue flagrante que los gobiernos callaran y ni mentaran este dato que conocen, ni le pusieran remedio. Así ha sido todo. La batalla la ganó el liberalismo. Y aún lo sigue naciendo. Ni una sola estructura ha cambiado ni cambiará de momento, con Obama y sin Obama.
Necesitamos de tal manera que algo sea diferente a como es -hoy también, a pesar de todo-, que nos aferramos al histórico relevo en la Presidencia de los EEUU que no deja de ser la Presidencia… de EEUU.
Pero nuestros políticos deberían aprender la lección. Queremos dirigentes -y opositores- cercanos, que no se peleen, que vivan en el Siglo XXI tecnológico, que nos hagan creer -si quiera por unos días- que algo va a cambiar. Necesitamos un millón de Obamas.

¿Tibieza o compromiso?

Tengo un amigo que ha dedicado su vida, entre otras cosas, al trabajo en un medio informativo. Pero no siente el menor interés por el periodismo, ni siquiera aprecio, cree que incluso lo detesta porque encuentra prepotencia en muchos de sus representantes. Sigue la actualidad a diario, pero como alguien que no hubiera hecho de ella su profesión durante tantos años. Dice ahora  que «hay vida fuera de los blogs», cuando manifiesta su voluntaria ignorancia por casi todas las nuevas tecnologías y formas de comunicación.
Ha desempeñado variedad de facetas relacionadas con los medios informativos y ha ocupado cargos de responsabilidad. Pero desconoce formas y personas que laten en el mundo actual. Juega al squash y al golf, se manifiesta prácticamente siempre prudente en sus comentarios y atesora una gran cantidad de amigos. Es una persona muy valorada y apreciada. Entre otras, por algunos que han hecho del compromiso social una razón de vivir.
Mi amigo opina que «deprime leer los periódicos» y trata de minusvalorar -no sé si conscientemente- mi nueva ocurrencia del blog. Comparte conmigo la opinión sobre que el mundo marcha mal. Pero rebate que hay muchos luchando por convertirlo en algo mejor, desde la medicina, la abogacía o multitud de actividades y que, incluso, tiene amigos que se van con alguna ONG a Mozambique a ayudar a quien lo necesita.
No veo obstáculo en ser médico y comprometido, ser enfermera y comprometida -como otra de mis amigas- y alabo a quien posee el coraje de irse a echar una mano al hambre y la desesperación en condiciones muy incómodas. Muchas de esas necesidades perentorias se solucionarían cambiando el rumbo en el origen. Pero sin duda es más lento.
Mi amigo hace gala de la tibieza o, al menos, la valora tanto como la dedicación a tratar de cambiar la sociedad por medio de las palabras. Diría más: infravalora el periodismo, y, si lo miro, así lo ha confesado. Yo creo que su planteamiento vital es egoísta.
El poeta Manuel Celaya escribía hace muchos años, en tiempos difíciles -no se sin tan difíciles como estos-: «porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser, sin pecado, un adorno: estamos tocando el fondo». «Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse».
En el extremo opuesto está el genial personaje de la película «Mr. Chance» -que fue la única que otro tibio histórico, Peter Sellers, protagonizó con cierta pasión-. Alguien cuyo lenguaje desconcertante hablando sólo de jardinería, es interpretado como pensamientos profundos causando un gran impacto no sólo en su entorno, sino mediático al más alto nivel, e incluso un cambio social.
¿Son variados los caminos para llegar al mismo fin? Mi «filosofía» de andar por casa busca que la gente, las personas olvidadas y no, se involucren en el proyecto de cambiar la sociedad. Quienes tienen en sus manos nuestro destino lo están haciendo muy mal. Incluso que se eche al ruedo este tibio amigo, calido sin embargo en los afectos. Me gustaría abrir un debate sobre ello. ¿Tibieza o compromiso? Y también: ¿El periodismo es un gran fraude, el más injustamente valorado canto de sirena? Yo no lo creo. ¿Y tú?
Pero mira más abajo y hoy… no dejes de obamizarte.