El gobierno da el golpe de gracia a TVE

No, no habéis leído mal, en realidad éste es el titular correcto. El desmantelamiento paulatino de la televisión pública en España, llega a su meta hoy cuando el Consejo de Ministros ha decidido que la cadena estatal no emita publicidad a partir del año próximo. Bien estructurada, sería una medida acertada, ninguna televisión debería inundarnos de publicidad, ya lo expliqué un día aquí: la publicidad es spam. Pero resulta que es la que paga y todo se hace en función de ella, consagrando el modelo: la sociedad de consumo. El mecanismo adoptado para la teórica supervivencia de TVE es que contribuyan a su mantenimiento las cadenas privadas –que también parece lógico dado que, aunque lo olviden, están definidas como servicio público y son las que buscan el beneficio como objetivo prioritario-. También los teleoperadores que se han apresurado a decir que nos lo repercutirán en la factura.

En consecuencia, la medida suscita un profundo rechazo. En las privadas porque, a pesar de lograr su reiterada petición de que TVE redujera su publicidad -para ganar aún más-, van a tener que aflojar el bolsillo. En las compañías de telecomunicaciones –Telefónica, Vodafone y demás-, que braman aunque anuncian que lo pagarán los ciudadanos… y algo más: amenazan con despidos en sus plantillas, la obscena forma de presión de los empresarios. Y en los españoles porque tampoco quieren costear un servicio que no les gusta, o no les ofrece una oferta demasiado diferenciada. Todos descontentos ¿qué queda?… El autor de este modelo es Nicolás Sarkozy, que tiene poco de socialista.

D. Quijote de la Mancha, los Gozos y las sombras, Fortuna y Jacinta, Historias para no dormir, Doce Hombres sin piedad, el Rinoceronte, Eloisa está debajo de un almendro, La cabina, El asfalto, Historias de la frivolidad, Un dos tres, Escala en hifi, Mariona Rebull, la Sra. García se confiesa, la bola de cristal, la mandrágora, metrópolis, la edad de oro, Érase una vez el hombre, El hombre y la tierra, La clave, Informe Semanal, En portada… retransmisiones, todos los eventos deportivos importantes, todos los hechos noticiables ocurridos en el mundo vistos en directo, desde la llegada del hombre a la luna al 11-S norteamericano… Para hacer esto hace falta dinero. Y las privadas no lo invierten porque es caro.

Cada uno compondrá la propia historia de sus recuerdos de TVE hasta hacerla exhaustiva. Algo hizo bien la televisión pública a pesar de las muchas agresiones sufridas. Entre ellas, la mala gestión en muchas épocas –incluso corrupta- y la manipulación política. Había que cambiar el rumbo pero ¿mermando su influencia a favor de las privadas?

UN POCO DE HISTORIA.

Tras la puesta en marcha de canales autonómicos en 1983, el monopolio estatal de televisión se rompe definitivamente con la ley de 3 de Marzo de 1988 que liberaliza el mercado televisivo. A principios de los noventa empiezan a emitir Antena 3 y Telecinco, antes de acabar el año lo hará Canal Plus, de pago por visión, salvo los informativos y algún programa. Más adelante entran en el juego Cuatro y La sexta.

El primer día de Antena 3 ofrece, desde las 8 de la tarde, la presentación de su director general Manuel Martín Ferrand, luego noticias con José María Carrascal, la picota, la ruleta de la fortuna con Mayra Gomez Kempt, Y con el bebé son cinco, la tarántula de Antonio Herrero, un show de Juanjo Menéndez y videoclips hasta la despedida y cierre.

Telecinco se estrena el 3 de Marzo, media hora más tarde, a las 20,30. Con una gala inaugural, la película En busca del arca perdida, y boxeo.

No creo que nadie con espíritu democrático quiera el monopolio en televisión. Sólo lo conservan países como China, Cuba,Corea del Norte o Libia. La mayor parte de los de nuestro entorno tienen un régimen mixto de televisiones privadas y públicas. Y suele ser el Estado quien hace concesiones a las empresas privadas. La BBC británica –siempre el modelo- se financia por subvención estatal y por un canon que pagan los ciudadanos. Las privadas se agrupan en la ITA, que también es un organismo estatal y quien contrata a las empresas que gestionan la privada. Estas se nutren exclusivamente de la publicidad. Ambas variedades tienen una gran independencia financiera.

España va a tener entonces un régimen diferente. Desde que en 1983 se retira la subvención estatal para RTVE, se vino financiando sólo con publicidad. Se trabaja en realidad como soporte de los anuncios, como van a hacer las televisiones privadas. Pero ahora la archiconocida tarta se reparte y hay que atraer a las audiencias que… ven anuncios. Ésa es su prioridad. Como dice Ramón Colom, ex director de TVE, “no se programa para los espectadores, se programa para las agencias de publicidad”. Y eso necesariamente ha de cambiar los mensajes.

Hay seis potentes grupos mediáticos en España y todos están o han pasado por las televisiones privadas, en las que también participan todos los que mueven la economía, incluidos los bancos, por supuesto. En Junio de 1997 el Partido Popular privatiza, también, Retevisión, la red de difusión de la señal, que era una empresa pública -de todos los españoles por tanto- actuando en régimen de monopolio. La base que creó RTVE para que todos emitieran. No conozco a quien haya seguido la pista de esta empresa y sus beneficios. Las autonómicas están controladas por los poderes políticos locales.

Muchos de quienes se sientan ante el televisor a ver un partido de fútbol, un telediario, una película, ignoran el entramado de intereses que se esconde tras la pantalla. Poderosísimos grupos financieros, entrecruzados, participados unos por otros. Su forma de hacer va a ser distinta. El catedrático Ramón Gubert, lo definió con claridad: “Habían empujado mucho sus peticiones invocando la libertad de información, luego hemos visto que lo que invocaban de verdad era el derecho a la libertad de negocio”.

La televisión ha cambiado desde comienzos de la década de los 90. Es un fenómeno mundial que también sobreviene por los cambios tecnológicos. Los sociólogos no se ponen de acuerdo en si ha sido la televisión la que ha transformado a la sociedad o al revés: si ha sido la audiencia la que ha pedido otros contenidos. Cada cual puede sacar sus conclusiones. Yo creo que la televisión es «la madre del cordero», una de las principales causantes de la degradada sociedad actual. La televisión es ahora exclusivamente un negocio y por tanto exige costes baratos y más audiencia para vender lo que anuncia la publicidad. Proliferan los programas de entretenimiento sobre la información o la formación, nace y se expande la telebasura.

¿Qué fue primero la tele o la sociedad? El hombre y la mujer modernos quieren ahora, según los expertos, imágenes fácilmente digeribles y situaciones que les hagan vibrar y reaccionar, como la violencia, la sangre y el sexo. Y rechazan casi todo lo que les haga pensar. Es una sociedad hedonista, hija del aparente bienestar económico, pero en realidad cada vez más desequilibrada en la diferencia entre ricos y pobres, que ha olvidado el revulsivo de la Segunda Guerra Mundial y no parece conmoverse con los conflictos bélicos aislados que no les tocan de cerca, ni con el hambre y las injusticias que otros soportan. Ni casi con los suyos propios. Han logrado desactivarla por completo. No recibe información de calidad, no tiene opinión madura, se deja manejar y no reacciona.

4.150 trabajadores, algunos altamente cualificados, nos vimos obligados a marcharnos de RTVE -¡menos mal con lo que habría de venir!-, como les ha pasado a muchos otros compañeros de ya casi todos los medios informativos. El periodismo está en crisis pero ése es otro debate, o quizás el mismo. La consecuencia, insisto, es que la sociedad no está bien informada. Y no le importa.

   Los jóvenes ya no ven televisión, ha quedado para un reducto envejecido y escasamente formado, que son los únicos que la ven con asiduidad. Aunque para ellos es su principal fuente de información y de entretenimiento. Masa amoldable para ser aún más manipulada.

Era necesaria una televisión pública fuerte, de calidad, porque sería la única cuyo fin principal no fuera el lucro, sino el viejo axioma: informar, formar y entretener. Con un presupuesto de subsistencia y con todo el entorno en contra, imbuida de la moda -nada ingenua- de la trivialización  ¿qué futuro le espera? Y ¿qué necesidad había de anularla? La respuesta es ya un clamor y, en mi opinión, costituye uno de los más graves errores de Zapatero. Él sí se ha atrevido a realizar la tarea exigida que, sin duda, hubieran acometido los populares, aunque beneficiando a otros grupos distintos.

Nuevo contrato social del siglo XXI

No estamos solos.

(Aconsejo suprimir el sonido o leer más abajo)

Este Contrato Social es un acuerdo tácito que firmamos cada mañana, simplemente, no haciendo nada. Destaca los efectos de nuestra innegable predilección por la comodidad, la indiferencia, la ceguera, la sumisión y la idiotez de todos nosotros.

Nuestro Contrato Social dice:

1.- Acepto la búsqueda desesperada del beneficio propio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como la máxima realización de toda la vida humana, aunque soy consciente a veces de que este funcionamiento engendra dolor, frustración y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.

2.- Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles, porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites y ellos deben quedar excluidos.

3.- Acepto que tiremos diariamente toneladas de comida para que los precios e índices bursátiles no se derrumben, en vez de repartir esa comida a los necesitados e impedir que millones de personas mueran de hambre.

4.- Acepto el dominio del petróleo en nuestras economías, aunque sea una energía costosa, sucia y contaminante; y estoy totalmente de acuerdo en impedir todo intento de sustituirlo por otras mejores fuentes de energía. Si se descubriera un medio gratuito de producir energía, es evidente que sería nuestra perdición.

5.- Acepto que se divida a la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que tendrán como pasatiempo la pelea entre ellos, haciéndome creer de esta manera, que el sistema está mejorando y avanzando.

6.- Acepto que la idea de «la felicidad» se reduzca a la comodidad; acepto que «el amor» se reduzca al sexo; y acepto que «la libertad» se reduzca a la satisfacción de todos los deseos, como me repite la publicidad cada día. Consumiendo sin desmayo contribuyo al sano funcionamiento de nuestra economía.

7.- Acepto que el valor de una persona sea siempre proporcional a su cuenta bancaria y que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades.

8.- Acepto que se premie exageradamente a los deportistas famosos y a los actores taquilleros y se recompense con suma prudencia a los profesores y médicos encargados de la educación y la salud de nuestras futuras generaciones.

9.- Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores, cuya experiencia y sabiduría en absoluto necesitamos puesto que somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo).

10.- Acepto que se me muestren las noticias más negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así yo pueda apreciar cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en nuestros espíritus es realmente beneficioso para todos nosotros.

11.- Acepto que los industriales, militares y jefes de Estado celebren reuniones regularmente para que, sin consultarnos, tomen decisiones que comprometen el porvenir de la vida, la salud y el bienestar del planeta y de todos nosotros.

12.- Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz. Acepto gustoso la muerte de todos aquellos seres humanos que los gobiernos decreten que son mis enemigos.

13.- Acepto también que el primer gasto de los Estados sea el de defensa y que los conflictos se creen artificialmente para deshacernos del enorme stock de armas y así poder renovarlo y hacer que la economía mundial siga avanzando.

14.- Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren más armas para combatir. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos en conflicto para así estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible, con el fin de poder arrebatarles finalmente sus recursos si no pueden devolver los préstamos recibidos.

15.- Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, pues que ya es una suerte para ellos que los hagamos trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en esos países pobres para hacer trabajar a los niños en condiciones inhumanas, miserables y precarias. No nos está permitida ninguna injerencia en los asuntos privados de esos países en nombre de los derechos humanos.

16.- Acepto que los grandes laboratorios farmacéuticos y los industriales agroalimentarios vendan, en los países más empobrecidos, los productos experimentales, los caducados o los que contengan substancias prohibidas en Occidente.

17.- Acepto que el resto del planeta, es decir más de siete mil millones de individuos, puedan pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar ni a compartir sus creencias y nociones filosóficas primitivas en nuestra casa.

18.- Acepto la lenta pero segura destrucción de los bosques, la extinción de especies animales y la casi desaparición de la vida en nuestros ríos y océanos. Acepto el aumento de la polución industrial y de la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza, como algo necesario y natural.

19.- Acepto toda esta situación porque creo y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla. Acepto ser tratado, a diario, como ganado, porque también lo aceptan todos los demás y porque definitivamente pienso que las mayorías deciden y lo hacen con enorme sabiduría y razón.

20.- Acepto este nuevo Contrato Social con los ojos cerrados, sin plantear ninguna objeción, porque siempre he preferido ver la realidad de las cosas tal como el sistema me las presenta y además porque estoy demasiado ocupado con mi subsistencia y con el resto de mis preocupaciones.

Líderes políticos del mundo:

Sé que todos ustedes sólo actúan por mi bien, por el de todos,

y por el del sistema. Por eso les doy las gracias.

Nuestro silencio es nuestro suicidio.

La peor enfermedad

desamor

Pálida, con los ojos enrojecidos de llorar. No duerme, ni come. Y siente un agudísimo dolor general que no sabe determinar. Sólo con mirarla se estremece y se le llenan los ojos de lágrimas. Tiene poco más de treinta años y acaba de romper la relación con su novio. Una pesada hipoteca le ha hecho pensar al muchacho que quién le mandaba a él asumir tantas responsabilidades. Mi amiga piensa ahora cómo afrontará sola los pagos, ya pesados incluso para dos. Pero sobre todo que ha tirado a la basura cinco años y que se diluye la idea de formar una familia. “Nunca más”, dice. Pero volverá a caer.

Esta eternamente repetida historia me inspira hoy ternura y una enorme solidaridad. Le digo que se lo tome como una enfermedad, porque lo es, y que apenas tiene paliativos. Dice ella que jamás le ha dolido nada tanto. Y así es. Pero se pasa: con el tiempo. Arañando, cercenando, con cada hachazo un corazón que termina siendo insensible a los cantos de sirena del amor. Sólo ésos –que no es poco- son los efectos secundarios de una dolencia que no mata, pero lo parece.

52 sustancias se liberan en el cuerpo, como mínimo, en el trasiego entre el amor y el desamor. Es algo real y tangible. Parece que el chocolate calma alguna de ellas, pero no gran cosa. No han descubierto medicinas eficaces. José Antonio Rodríguez me contó que en un pueblo africano muy primitivo, la gente iba pidiéndole al hechicero “algo para el dolor del alma”. Quizás el sabio africano supiera de mayores remedios que los que ofrece el mundo civilizado.

En mi primer libro, descatalogado, “Diario de una mujer alta”, escribí mucho sobre el tema.

“Me quiebro cada día un poco más sedienta de ti. Vivo. Vivo, sí. Y otros hombres me buscan, posiblemente mejores que tú. Pero yo llevo el luto en las venas y me rompo por una luna llena que sale a traición, por una música que me asalta en una esquina imprevista y huyo mordiéndome los labios hasta refugiarme en casa. “Nuestra casa”, decías, aunque siempre estuviste de paso. Te vi latir en mi mundo, es imposible que no fuera cierto. Pero “il luomo e Mobile” y cambia o alterna los mundos femeninos sin problema de conciencia alguno. Sin ti mi reino no tiene cabeza e impera la anarquía. No hay comida, ni horas para comer, no hay sueño, ni sueños, ni rigor, ni orden, y se debilitan las esperanzas.

Pero ¡tú no construiste nada!, lo hice yo antes de conocerte. Te di un regalo que no merecías. Dimito de mí misma por un viajero sin maleta que atravesó mi vida, que llegó y se fue cuando quiso. Es absurdo. Son las horas bajas nada más. Las 52 sustancias huérfanas de dosis que se rebelan y atacan mi cuerpo. Nadie que se va merece una lágrima. Quien huye no es digno de una estatua. El desierto nunca se volvería vergel con ráfagas aisladas de lluvia artificial. Y sólo eso eras”. (…) “Sigue la rueda. Y hay que pararla. ¡Hay que pararla! Nunca volveré a decirte que te quiero. Y alguna vez será verdad. Plena y rotunda, de todas las horas, no te querré”.

¿Cómo se puede escribir esto y, pasado un tiempo, no sentir absolutamente nada por quien lo provocó?

Lo resumí en el epílogo:

“Tengo la impresión de que el diario de una mujer -alta o baja, esforzada luchadora o mueble receptor, diría que hasta de cualquier país o cultura- siempre tiene nombre de varón. Ocurre aún cuando ni siquiera se plasme en palabras escritas. Atávicos recuerdos de las cavernas cuando nuestro único y caro óvulo fecundo precisaba de la millonaria riqueza en espermatozoides del hombre para procrear. Algunas mujeres arrastran los flecos del título grabado en su diario de por vida. No es mi caso por fortuna”.(…) “Ninguna tormenta descarga sin haberse formado antes los nubarrones de lluvia. Aunque la ensoñación suba por encima de ellos la cabeza, si uno es alto -y no un loco sin raíces racionales-, ha de mirar forzosamente hacia abajo de vez en cuando, y también los percibe. Yo veía cómo se arremolinaban las tensiones, pero no hice caso. Quizás pensé que mirando hacia otro lado se disolverían. ¡Qué tontería!”.

 ¿Merece la pena tanto dolor? Creo que no. Al final, una termina por tomar un té con pastas –ya os lo conté- sin edulcorante específicamente masculino –o cualesquiera que sean las preferencias sexuales-. Amando a la vida y a los seres humanos, luchando por valores más sólidos. Pero a mi amiga le queda un largo camino por recorrer. Y lo lamento por ella, aunque también se crece en el empeño.

Con todo cariño a I. y a quien se encuentre en su situación.

Y perdón por este post o entrada a quienes piensen que la vida no se compone también de estas cosas.

Cauces para la libertad de expresión

Múltiples voces alertan hoy sobre la pérdida de la libertad de expresión, en el Día Mundial que las Naciones Unidas señalaron, ya en 1993, para reivindicar la Libertad de Prensa. No estoy muy segura de que ambos conceptos sean sinónimos: expresión y prensa. La prensa sería el cauce de la expresión -como algo organizado que termina siendo empresarial- de una libertad que atañe a todos los ciudadanos.

Estoy totalmente de acuerdo, total y apasionadamente, con el principio que inspiró a la ONU: “fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática». Comparto también con muchos compañeros las noticias y opiniones que hoy hablan de los periodistas muertos en el ejercicio de la profesión –reales, fallecidos y enterrados, no entelequias-, de los encarcelados, de los cercenados y autocensurados, de las trabas –económicas sobre todo- que padece el periodismo actual, de la precariedad laboral, pero pienso que eso no es todo.

Porque nunca ha habido en la sociedad mayor libertad de expresión que ahora, un más intenso deseo de comunicar ideas y sentimientos por todos esos medios que consagran las pautas legales en teoría. Veamos:

Articulo 20.1.D Constitución española: Derecho a comunicar o recibir información veraz por cualquier medio de difusión. (Acotado, en el 20.4, a  derechos de otros).

En la conservadora y aún no aprobada Constitución Europea, se estipulan menos límites, sin embargo, y resalto que “no permite injerencia de autoridades publicas”, ni fronteras. También respeta “la libertad de medios de comunicación y su pluralismo”.

¿Se cumplen estos preceptos? No demasiado. Veraz y libre no es precisamente buena parte de la prensa. Y el poder siempre va con la guadaña y las vallas restringiendo y encerrando en un reducto lo que se le escapa de las manos. Pero apenas lo logra. Miles, millones, de páginas en Internet nos cuentan noticias, reflexiones, todo ciudadano puede abrir un hueco para decir lo que piensa. Y los intentos oficiales por acallarle no prosperan, ni creo que lleguen a hacerlo porque el fenómeno es imparable, por mucho que se empeñen –que lo hacen-. Si una columna es censurada, como acaba de ocurrir, Internet la publica y la difunde.

Causa y consecuencia, los medios tradicionales son hoy emporios financieros dedicados a ganar dinero como objetivo prioritario, el periodismo en ellos es secundario, podrían fabricar embutido de igual manera. Pero la libertad de expresión se escapa por todos los resquicios que deja el sistema.

En realidad estamos sobreinformados. Y muchas veces sin rigor, porque el periodismo sigue siendo una especialización, no todo el mundo puede operar a corazón abierto sin formarse, no todo el mundo puede informar a los otros, pero sí expresarse como le venga en gana. Aunque, insisto, estamos sobreinformados. Apenas se leen, en realidad, otra cosa que los titulares por tanto, casi no hay espacio en el día para tanta noticia, tanta opinión. Los medios tradicionales ofrecen media docena y repetida hasta el aburrimiento. Internet diversifica hasta la anécdota. Se precisa una brújula (o un periscopio 🙂  ) para orientarse en la gran Red.

Ése es el fenómeno a estudiar. Hay mucha más información que nunca, mayor libertad de expresión que nunca, más ganas de ella, pero ya no tiene cauces mayoritarios. Esos siguen perteneciendo a las grandes corporaciones que, por reacción y por interés, trivializan las noticias. Nunca, aunque parezca paradójico, ha estado la sociedad menos informada en realidad, menos comprometida. Justo lo que deseaba el poder.

Un ejemplo. Reparo en la noticia más leída esta mañana en El mundo. Prometedor titular: “Poesía, rendición y sentencia”. ¿Se ha vuelto loco el mundo?, me pregunto ¿ha despertado?… poesía… rendición… sentencia… ¡Hablan de fútbol!

Todo el sistema mundial está en crisis y no creo que los parches solucionen el problema. Una guerra como sucedió tras los esparadrapos que no curaron las heridas del crack del 29, una pandemia auténtica que se nos lleve a la mitad de los humanos, hoy más que nunca sería necesario el periodismo. Crítico, documentado, de investigación, movilizador, pero se escurre por los agujeros del colador, nos escapamos, sí, pero hacia el sumidero. Y apenas sólo queda la masa: el sistema tan cual es, tal como lo quieren desde arriba quienes se benefician de él.

¿Libertad de prensa? Sí, desde luego, totalmente. Pero sobre todo: libertad de expresión, que nos engloba a todos. Encauzada. ¿Quién lo hará? ¿Se puede hacer? Habría de ser con otras estructuras para no acabar en lo mismo. A situaciones nuevas, nuevos métodos. Y que la sociedad que tanto busca, profundizara, abriera los ojos y reaccionara. Lo tiene difícil, la verdad. Pero lo necesita.

La estratégica importancia de un país llamado Tuvalu

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25 kms cuadrados y 11.800 habitantes, Tuvalu es un país insular de la Polinesia, a mitad de camino entre Hawai y Australia. Lo descubrió en 1.568 un español, casualmente: Álvaro de Mendaña y Neyra. Este leonés se topó con Tuvalu en el primer viaje que realizó al Pacífico pero, al parecer, dedicó mucha mayor atención a Perú, país del que partió su segunda expedición. La escueta información nos habla de viajes de traficantes de esclavos y balleneros en aquella época al pequeño Tuvalu –todo indica que los esquilmaron-, pero no cómo acabó siendo un protectorado británico. Llegaron misioneros -¡cómo no!-, protestantes en este caso, que pasaron lo suyo para evangelizar a aquellos pocos infieles, porque tardaron más de medio siglo en conseguirlo.

Con una economía agrícola de subsistencia y apenas sin entender la riqueza del marisco de sus aguas, todo cambió para Tuvalu en el año 2000. Tuvalu es su nombre y tuvaluano su idioma que comparten con el inglés, y ninguno de los dos hechos había nacido ayer. Pero fueron decisivos: su sigla en Internet es tv, la televisión en casi todos los idiomas. ¿Qué ocurrió? Que cedió sus letras de matrícula a una empresa estadounidense que le paga un millón de dólares cada tres meses y le ha dado el 20% de sus acciones. Con esa importante inyección económica, Tuvalu gestionó su ingreso en la ONU, a la que pertenece desde 2001 –haciendo oír activamente su voz, además-, construyó carreteras y prosperó. Porque todos los numerosos dominios que terminan en tv han de estar registrados en Tuvalu.

Parece que nunca la felicidad es completa, porque Tuvalu tiene un grave problema: su altura máxima son 5 metros sobre el nivel del mar –la menor después de las Maldivas, con 2 m-. Lo peor es que Tuvalu sufre frecuentes tornados y ciclones y, por si faltara poco, se está hundiendo porque el océano allí actúa como sumidero. A dos por tres sufre ya inundaciones que salinizan y destruyen las cosechas. Su primer ministro clama en la ONU contra el cambio climático, se pregunta porqué tienen que pagar ellos lo que otros destruyeron. Porque ya hay un plan de evacuación. Tendrán que marcharse a Nueva Zelanda o Niue, abandonar su tierra y dejar de ser un país.

Es una monarquía constitucional, perteneciente a la Commonwealth, pero sin partidos políticos como tales, aunque parecen regirse por un sistema bastante democrático de familias o clanes con la sabia voz de los ancianos y los respetados por la comunidad. Las campañas electorales se basan en el prestigio personal o del clan. “Cada familia –copio- tiene su propia tarea, o salanga que llevar a cabo para la comunidad, como la pesca, la construcción de viviendas o de la defensa. Las habilidades de una familia se transmiten de padre a hijo”. No parece mal sistema, su presidente se ha revelado de lo más avispado e idóneo. El 100% de la población está alfabetizada y dedican especial cuidado a la educación.

Palmeras, paradisíacas playas, tan lejos del mundanal ruido que disuade a los turistas, comiendo marisco, cocos y frutas, con música y cultura autóctonas… y van a desaparecer, tragados por el mar. Pero con ellos se hunde también la marca tv en los dominios, la de la televisión, creando un grave problema al mundo globalizado que aún no sabe cómo resolver, pero que le preocupa seriamente.

2 de Mayo de revoluciones épicas, suciedad en el ambiente a todos los niveles. Os he querido traer la novelesca historia de Tuvalu (gracias David) para abrir los horizontes de nuestro diminuto y cerrado mundo. El paraíso está muy lejos y el mar, la mano del hombre –de otros hombres- que han cambiado el clima, lo empuja al abismo hasta hacerlo desaparecer. Que con él se volatilizara también mi antaño amada televisión, no sería el problema más grave, sería incluso deseable. Pero creo que el día que Tuvalu se hunda definitivamente todos seremos un poco más pobres.

La imagen del miedo

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   Lo escuché en una película tonta para crías: «Puede que los valientes no vivan mucho, pero los cobardes no viven… nunca».  La he recordado al ver en Público, esta foto de EFE/Franck Robichon.

Juguetes con ideología

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Hacía tiempo que no me veía en el trance de comprar juguetes. Pero una nueva amiga me invitó al cumpleaños del séptimo cumpleaños de su hija. Ni conozco demasiado a la madre, ni había visto a la niña.

 Indagué en Internet sobre tiendas especializadas. No vi gran cosa. Y se hizo la víspera del evento sin adquirir el regalo, que se mezclaba con la preparación del acto de presentación de Europa en Suma. Una compañera, con la que salí a imprimir papelería, me llevó a una tienda de juguetes «de madera»,» esos que gustan a algunos padres pero ni un pijo a los críos», me advirtió. Lo mismo debió pensar la dueña del establecimiento porque el surtido que ofrecía era el de cualquier juguetería. A punto de marcharme, me retuvo. «¿Qué busca? ¿le puedo ayudar?» Le expliqué que algo educativo para una niña de 7 años.

Me ofreció juegos de maquillaje para prepararlos una misma, una especie de química aplicada al embellecimiento artificial temprano. Ante mi negativa, me llevó hasta una mochila. Rosa fosforescente con muchos lazos y adhesivos -era para una niña-. No me convenció y salí. «Has hecho bien», me dijo Marigel que aguardaba en el coche, las mochilas tienen que ser de marca y las que estén de moda, en caso contrario no aciertas».

Tras nuestras gestiones, emprendimos carrera -dado que estaban a punto de cerrar- por una calle céntrica donde había leído estaba la juguetería más antigua de Madrid. Un vistazo urgente al traspasarla no me iluminó. El vendedor se ofreció a aconsejarnos.

«Lo que se lleva son juegos de princesas», nos dijo. Y nos sacó cajas con profusión. Para disfrazarse, para jugar a serlo. Yo seguía sin verlo claro. ¿Y arquitecturas o algo así que sea más creativo? Aventuré. ¡Playmobil!, dijo él viendo una luz. El viejo juego ha sido adaptado a las niñas. Existen casas con todas sus habitaciones. En una, la muñequita plancha y lava, con sendos útiles. En otra, se sienta en el salón con un muñequito. Separados. En otra, un dormitorio con dos castas camas. La sagrada familia.

El reloj corría y yo no me decidía. Al fin, opté por la sala de lavado y plancha y el dormitorio -sólo uno me parecía un regalo pobre-. Y el señor se bajó al almacén a buscarlos. Otro dependiente, viendo que no hacían la venta, avanzó unas cuantas páginas y me mostró un dormitorio más suntuoso: era ¡el de una princesa! Con una sola cama, no sé si para ella sola -que la merece más grande- o para compartir. Y claudiqué: «Mire Vd., la sala de labores domésticas y el dormitorio principesco. Y así pensamos en una evolución más basada en la realidad. »

«¿Y cuál?, apunto Marigel, ¿va de súbdita a princesa o al revés?

Los dependientes, ya con sus cajas, nos miraban pensando que estaban ante dos peligrosas locas, rojas y feministas. Y yo seguía sin estar conforme. En un último intento husmeé por las estanterías y encontré una caja registradora, rosa por supuesto, que por lo menos llevaba una calculadora dentro. Y eso fue lo que compré. A riesgo de convertir a la cría en una capitalista desaforada, activa representante de la sociedad de consumo. Pero es que no encontré ni uno sólo sin ideología.

 La niña era despierta y muy movida. Lo que más le gustó del juguete fue el micrófono para decir: «el siguiente», e indagó con vertiginosa rapidez todos los mecanismos del ingenio. Tenía muchas muñecas de princesa. Y un precioso juego para saltar y bailar.  Cualquiera de los juguetes que vi le hubiera gustado más que aquél que compré.

 Sigue, por tanto el rosa y el azul, el consolidar los papeles adquiridos durante siglos, los modos tradicionales de vida. ¿La escapatoria? Ser princesa. Consorte. En la niñez se cimenta nuestra vida y nadie parece apostar aquí por mover ni un solo milímetro.

La gran casualidad: Tamiflú y Rumsfeald

El mundo es un pañuelo, una aldea global en la que siempre un par de nombres, tres o cuatro, se juntan en la misma esquina. Medio mundo aterrado por la gripe porcina -el otro medio sufre a diario realidades peores- y resulta que la mejor medicina se llama Tamiflú y que la produce una empresa de la que es accionista el ex secretario de Estado de Defensa norteamericano en época de Bush, Donald Rumsfeld. Son los grandes ganadores de esta pandemia de miedo. Por segunda vez en este siglo, sus acciones se disparan y sus beneficios son millonarios.

 Roche incrementó sustancialmente la producción de Tamiflú en 2005, cuando algunos países asiáticos sufrieron la gripe aviar con el llamado Síndrome Respiratorio Agudo (SARS). La farmacéutica cuadriplicó sus beneficios en sólo un año -de 2004 a 2005- alcanzando más de 1.000 millones de dólares de superávit.

El Tamiflú es uno de los medicamentos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha considerado como efectivos para reducir los efectos de la influenza o gripe y cuya patente fue desarrollada por Gilead Sciencies Inc -empresa de la que es accionista  Donald Rumsfeld- y que firmó contratos con la subsidiaria estadounidense F. Hoffman-La Roche Ltd para fabricar y distribuir el producto hasta 2016.  España le compró diez millones de dosis. Roche controla el 90 % de la producción mundial de anís estrellado -que está en China- y que es la base de su antiviral.

En 2004 y 2005 hubo mucha controversia en Estados Unidos por un estudio publicado en la revista Nature y otras revistas científicas estadounidenses, donde contaban que un grupo de científicos, todos del Departamento de Patología Molecular del Instituto de Patología de la Fuerza Armada estadounidense, examinaron y obtuvieron el genoma completo del virus de la gripe española. Nada que objetar, el ejército tiene derecho a investigar enfermedades que afectan a la sociedad… ¿O no? En su día, sin embargo, esto generó preocupación, dado que el genoma podría ser usado con facilidad, haciendo unas pocas modificaciones, para construir armas biológicas basadas en nuevas variaciones del virus.

En todas las tragedias humanas surgen teorías conspirativas sin base real -la aspiración humana de explicar lo inexplicable-. Apunto, simplemente, lo que algunos medios están comenzando a esgrimir, sobre todo en México, el país más afectado: la enorme y productiva casualidad que lleva a conocidos -y no siempre para bien- nombres de la esfera mundial a estar perfectamente situados cuando se produce una inoportuna epidemia nociva para la salud, el bolsillo o cualquier mal generalizado que produzca beneficios. La gripe aviar se saldó con inmensas ganancias para las farmacéuticas y con asumibles daños personales, esperemos que ahora suceda lo mismo. Lícito en una economía de mercado, digo yo, que por seguridad igual también habría que controlar, supervisar, a quienes tienen influencia tan decisiva sobre nuestra vida y nunca dicho con mayor propiedad. La vacuna contra la malaria que el colombiano Manuel Elkin Patarroyo ha cedido gratis a la OMS -y que estará por fin disponible a finales de este año- parece ofrecer mejores caminos y más garantías, al no estar mezclada con el lucro.

¿Qué gripe es ésta?

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Acaban de contarme que un joven mexicano -de familia informada e inmensamente rica- ha muerto como consecuencia de la gripe, no sé si mal llamada porcina. A los primeros síntomas fue enviado a recibir tratamiento a Huston y no pudieron hacer nada por él. A lo largo de la exhaustiva información que estamos recibiendo, sabemos ya varios datos alarmantes:

  • A este joven no le sirvieron los retrovirales, como suele suceder con las complicaciones de todas las gripes.
  • El paciente cero, una mujer de 39 años de Oaxaca, en la que primero mutó el virus, vivía en un núcleo urbano sin ninguna relación con cerdos.
  • Los primeros síntomas se detectaron, al menos, el 2 de Abril. Es decir, el virus lleva casi un mes en el aire.
  • Se han encontrado en él ingredientes de gripe humana, porcina y aviar.
  • La OMS ha elevado el nivel de alerta de 3 a 4, sobre un máximo de 6.
  • Ya se ha extendido por todo el mundo. Cada enfermo infecta a otros. Y éstos a muchos a su vez. Ya no hay quien lo pare.
  • Sólo hay muertes en México, por el momento. ¿Por qué?
  • No hay datos tan exhaustivos sobre el hambre que mata cada año a 35.000 personas. Éste si es un virus conocido.
  • El turismo y los negocios de México, como decía en la entrada anterior sobre el tema, van a sufrir pérdidas incalculables.
  • En Guatemala -en muchos otros lugares- no disponen de médicos cerca, como nos ha dicho un comentario. Eso sí es preocupante.
  • Nos sigue aterrando lo impredecible, el temor a la muerte, pero el miedo es el peor de los virus. Y hay una pandemia. Necesitamos un ranking de atemorizados. Para aplicarles antivirales.
  • Las mascarillas para el cerebro, apenas sirven para el miedo ¿servirán las otras?

             ¡Carpe diem!

Bancos: cierran sucursales… porque sobran

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La importancia de los antecedentes es básica en el periodismo, cuyo fin debe ser informar al ciudadano. Nos cuentan  que están cerrando oficinas bancarias. 300 se propone eliminar el Popular. Sigue la tendencia de otros bancos. «¡Es la crisis!» pensamos alarmados. Pero ¿sabemos cuál es la situación real, de dónde partimos?

   España es el país con mayor número de oficinas bancarias por habitante del mundo (casi 96 por cada 100.000 habitantes), más del doble de la media europea. Nuestra red de cajeros automáticos por otro lado, es la más extensa del continente y casi del mundo (sólo superada por Canadá): 126 cajeros por 100.000 habitantes.

El ladrillo dio cifras récord de beneficios a los bancos. Porque no comprábamos con la entradita guardada bajo una baldosa sino endeudándonos desde el primer euro del costo. Y produjo el aumento del negocio y, de ahí, del número de sucursales. Las entidades se vieron obligadas a aumentar también su plantilla en un diez por ciento. Y eso hay que explicarlo cuando se da la reducción de sucursales. No es lo mismo cerrar sucursales por la crisis, que cerrarlas poque sobran y siempre sobraron. He vistado algunos pueblos (por ejemplo Avión, en Galicia), donde había más bancos que panaderías o carnicerías.

 Hablaba del excesivo consumo español en la entrada anterior. Arrostrando una fuerte reticencia al cambio de costumbres, España se reajusta a su realidad. No estaría de más aprender la lección para el futuro si llega mejor, que habrá que verlo. Pero lo lógico es pensar que, de una forma u otra, la crisis pasará. Lo improbable es que regrese lo mismo que teníamos antes: consumo desorbitado, alegre endeudamiento… y deberíamos estar preparados.