Pablo Neruda ¿Y ése quién es?

Lo cuentan de momento varios periódicos conservadores. Villamayor de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real con poco más de 600 habitantes, ha decidido cambiar varios nombres de las calles de la localidad. Con mayoría del PP, los nombres que les sobraban eran –según estos medios- esencialmente ilustres socialistas como Pablo Iglesias o Tierno Galván. También el del poeta Pablo Neruda, premio Nóbel de Literatura. La principal argumentación ha sido que son personas poco conocidas y que no han hecho nada por el pueblo. O que levantaban fobias.

En su lugar han puesto nombres como “Plaza de la Selección Española de Fútbol”, “Canto de los Mayos” o “Borriquito”.

Leo que tenían una Iglesia del Siglo XVI, la de Santa María de la Visitación, pero que por deterioro fue derribada completamente en los años 70 y construida nuevamente. Espero que no con materiales de acero inoxidable y metacrilato.

La presidenta Cospedal les envía saludos electorales en esta página. Sabía que el nuevo alcalde iba a dejar a Villamayor de Calatrava a una gran altura en toda España. Y diría que en eso no se ha equivocado.

¿Cambiar el mundo deciáis? ¿El neoliberalismo en la Constitución express y sin referéndum representa algún problema? ¿La crisis quizás? ¿El paro? ¿El hambre en el mundo?

Entre las ímprobas tareas a realizar, casi dan ganas de decantarse por ésta, a llevar a cabo desde luego lejos de la Plaza de la Selección española de fútbol, que una tiene su dignidad….

La investigación, subordinada al mercado

Carlos Martínez Alonso y Javier López Facal, mis queridos científicos coautores de Reacciona a los que cada día me alegro más de haber tenido el privilegio de conocer, escriben un maravilloso artículo en El País. Quiero con él despegarme un poco de la basura que nos circunda…

Empieza así:

Durante los primeros siglos de la ciencia moderna, su cultivo solía corresponder a caballeros de posibles, bien por su patrimonio familiar o por algún generoso mecenazgo. Ocurría también que el sabio podía obtener alguna sinecura regia, que le permitía dedicarse a su pasión secreta de escudriñar lo desconocido e inexplicado.

A medida que la ciencia se fue desarrollando y empezó a descubrir fenómenos y objetos que podían reportar alguna utilidad e incluso algún beneficio económico, la actividad de los sabios dejó de ser una ocupación de excéntricos visionarios para convertirse en una posible fuente de soluciones a problemas reales y en una herramienta útil a la sociedad y al poder.

Cuando Galileo presentó su recién construido telescopio al senado de la república de Venecia, en 1609, a los senadores les impresionó tanto que desde el campanile de San Marcos se pudiera ver Murano como si estuviese al lado, que lo hicieron fijo en su cátedra de Padua y le doblaron el sueldo. No es que a las autoridades venecianas les interesase mucho el estudio de los planetas del sistema solar, pero aquel artilugio tenía un evidente interés militar para la defensa de la República Serenísima.

Obviamente, el interés de las autoridades fue a más durante aquel siglo, que vio nacer las primeras academias y sociedades científicas, y se fue incrementando a lo largo del siglo XVIII, cuando prácticamente todos los monarcas ilustrados crearon reales gabinetes, jardines botánicos y museos, financiaron expediciones científicas, fundaron academias, observatorios astronómicos y centros de estudios superiores especializados.

Así, cuando Wilhelm von Humboldt creó la Universidad de Berlín en 1810, en un palacio donado por el rey Federico Guillermo III de Prusia, le propuso ya la doble misión de la enseñanza superior y la investigación, e introdujo en el currículo académico materias como la química, la física, las matemáticas o la medicina, además de las materias clásicas, habituales en todas las universidades. Esta universidad habría de servir de modelo a todas las que se irían creando en Europa y en América durante el siglo XIX, y de su eficacia como institución de enseñanza superior e investigación puede dar cuenta el hecho de que entre sus alumnos se encuentran 29 premios Nobel, entre ellos Albert Einstein o Max Planck. El siglo XIX, así pues, vio cómo la actividad de los científicos se convirtió en un asunto de interés general, para los gobernantes y los empresarios, que constataban que de su cultivo se podían obtener ventajas competitivas y negocios saneados.

En ese siglo, la ciencia empezó a llegar incluso al gran público y a los escritores, que crearon un género nuevo, la ciencia ficción. Cuando Mary Shelley publicó en 1818 su Frankenstein o el moderno Prometeo, no solo estaba inaugurando un género literario, sino también sentando las bases para la concepción popular, todavía ampliamente extendida, del científico como persona desequilibrada y potencialmente peligrosa para la sociedad.

El siglo XIX fue testigo de cómo la investigación científica se convertía en una actividad de interés público y, por lo tanto, en una cuestión política….

Completo aquí.

La vida en la Edad Media

Los poderes…

Los mercados…

La educación…

Desequilibrios sociales…

 Fuerzas  para mantener los poderes y el sistema…

   Versión mediática para la sociedad y la Historia…

Por dios ¡Qué escandalo!

Pues resulta que esta estatua estaba “a la vista de los niños que juegan en la plaza” y, nada menos, que “al lado de una Iglesia”. El ayuntamiento de Arenas de San Pedro (Ávila) ha retirado la obra, realizada por Fernando Sánchez Blanco, en hierro, por 7.500 euros, a cargo del plan E, y recreando el ‘El baño de Ataecina’, que muestra a dos dioses vettones desnudos. Ataecina se bañaba con otro dios: Vaelico, y sin ropa en lugar de con traje de neopreno. El consistorio la ha considerado “de mal gusto, pornográfica y sexista”. Sexista a pesar de que es Ataecina la primera en chapotear mostrando su iniciativa ¡Un respeto!

Los vettones  eran un pueblo prerromano de la cultura celta que habitaba el oeste de la Península Ibérica. Su asentamiento se produjo entre los ríos Duero y Tajo, principalmente en el territorio de las actuales provincias de Ávila, Cáceres, Salamanca, Toledo y Zamora, leo. Ataecina, una de las deidades ibéricas más importantes: la diosa del renacer, la primavera, la fertilidad, la naturaleza, la luna y la curación. Y Vaelico un dios sin wikipedia. Nada menos que cinco siglos antes de la Era Cristiana, dicen que se creía en esto en una España con imaginación. Al menos, gracias al PP, muchos lerdos en la materia nos hemos enterado de su existencia, que se tranquilice el escultor.

 Eso sí, el ojo turbio que todo lo ve sucio tiene ilustres precedentes: Bush y varios republicanos norteamericanos y el gran Berlusconi padecen la misma enfermedad, y también retiraron estatuas, esculturas y pinturas al considerarlas pornográficas. Y en la Edad Media (ésa que en parte de España dura desde su inicio hasta previsiblemente el año 2020 como mìnimo) fue un festín, caparon a un montón de imágenes.

Pero no dejo de mirar la estatua: realmente es un escándalo. La que nos espera, si Ataecina no lo remedia.

¿Y si ponen en su lugar la mantilla y la peineta de Cospedal? igual se las presta por vecindad, común pasado vettón  y afinidad por parte de partido político.

Rompiendo tópicos sobre la inmigración

Con datos. De la OCDE:

El 24% de los inmigrantes llegados a España tienen titulación universitaria, frente al 18% de la población española en general.

Interesante reportaje en El País.

 

 

Reaccionando en la Universidad

  Con esta imagen me saludaba la mañana. El sonido, el golpear de las olas. La Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander nos invitó a dar una conferencia sobre Reacciona. Fuimos cinco autores. Llamo la atención sobre los argumentos de Carlos Martínez, investigador del CSIC, quien, con Javier López Facal, escribe el artículo sobre… la «reacción» en ciencia. No suele participar en las presentaciones y merece mucho la pena atender a su lección magistral. Por lo demás, creo que la conferencia fue de gran altura, incluyendo la presentación del vicerrector, Ángel Pelayo. La Universidad inspira…  

Aquí tenéis el enlace por si queréis echarle un vistazo.  El vídeo duro dos horas, pero se puede parar, adelantar, retroceder…

http://redsocial.uimp20.es/pages/reacciona?xg_source=activity

El camino

No sé si conscientemente o no, -creo que no, que las opciones se daban por igual al iniciar el trayecto y era fácil no distinguir la entrada-, he entrado en un camino que no era la carretera general. Discurría paralelo, eso es verdad. Pero no era tan firme el piso, ni había otros vehículos delante o detrás. No se veían posibilidades de cambiar al carril correcto, zanjas o vallas, canales o riachuelos, lo impedían, era una calzada de segunda fila. Y sin embargo parecía llevar la misma dirección.

Al cabo de conducir un buen rato, he pensado con preocupación que quizás esa especie de arcén incomunicado con la vía principal no tenía salida. Tal vez acabara en un socavón, un muro, un cul de sac. En ese caso ¿cómo regresaría marcha atrás tantos kilómetros? Es una variedad en la conducción que se me resiste.

Sólo al despertar del sueño y la zozobra he encontrado soluciones: llamar a una grúa que, elevándome sobre los impedimentos, me transportara a la senda correcta, a la que con seguridad lleva a alguna parte. Mi hijo ha visto otras posibilidades: que avanzando por donde iba encontrara muchos otros coches, muchas más personas, que también habían elegido -queriendo o sin querer-, una travesía diferente. Cabe dentro hasta de lo probable, por alguna razón alguien habilitó ese suelo firme por el que transitar.

El café y el día me recuerdan que estoy ya en el mundo consciente y la realidad puede tocarse con las manos. Pero sigo preguntándome adónde me llevaba el camino de los sueños.

Reivindicando a Olga Lucas

Olga Lucas acaba de publicar un libro que ha escrito junto con su marido: José Luis Sampedro. También otro del que es autora en solitario: «El vals de las orquídeas«. Ella dice ser consciente y ver lógico que todas las miradas se dirijan hacia José Luis Sampedro, uno de los más grandes y comprometidos pensadores españoles actuales. Lo comenta siempre en público y en privado. Incluso con demasiado énfasis, relegando siempre su papel.

Los periodistas no le preguntan nada a ella sobre “Cuarteto para un solista” que ha llevado años de trabajo de ambos. No es la primera vez. “Escribir es vivir” o «La ciencia y la vida» -en conversación con el cardiólogo Valentín Fuster» son otros ejemplos. 

El ninguneo de Olga llega al insulto al añadir este comentario en una entrevista donde José Luis parece superarse a sí mismo en su brillantez:

“Su esposa, la escritora Olga Lucas, 30 años menor, le sostiene en todos los sentidos. Ella es sus oídos, sus ojos y sus antenas. Pero el que piensa -y el que actúa pensando- es él”. Tampoco es la única perla: “Quisimos verle de nuevo para saber cómo saludaba, por fin, la reacción de los jóvenes. No fue posible. El celo de Olga le protege del mundo. Quizá de más. Pero gracias a ella está vivo, o eso dice él”.

Hace mucho tiempo que quiero escribir sobre Olga Lucas. Somos amigas desde hace 20 años por lo menos. Nos conocimos porque ella llamó al programa “Dos en la madrugada” que hacíamos José Antonio Rodríguez y yo los sábados en RNE. Al igual que este blog atrae a gente muy interesante, en aquel programa casi clandestino sucedía lo mismo. Olga me envío después 3 libros suyos. Dos de poemas y uno de cuentos. Desde ese momento, se convirtió en una de mis escritoras favoritas. Era una pionera en el uso de frases cortas y rotundas… llenas de contenido. Y de ironía y puede que de sarcasmo. De arrolladora vitalidad, de pasión, a pesar de su mala salud. Hasta me corrigió a mí algunos cuentos, con esas directrices indispensables que pueden cambiar tu forma de redactar. Cuatro ojos siempre ven más que dos, y mucho más cuando son sagaces. E igualmente llegó a ser una de mis pocas amigas de verdad.

Llamábamos a menudo a Olga para intervenir en el programa. Y a la maravillosa Luisa Simón que se nos fue hace ya una década sin saber los caminos de nuestas vidas y que tanto le hubieran alegrado. En dos ocasiones al menos –y por más que busco en mis viejas cintas no lo encuentro- Olga dijo que el hombre de sus sueños era… José Luis Sampedro.

Y un día se conocieron. En el Balneario de Alhama de Aragón. En 1997. El verano pasado nos escenificaron el encuentro. Cuando Olga regresó a Valencia, donde entonces residía, ya tenía una carta urgente de José Luis algunos de cuyos párrafos me leyó al teléfono con gran emoción. Imaginad qué puede ser una carta de flechazo de José Luis Sampedro. Se casaron también en Alhama de Aragón en 2003.

Olga nació en Tolouse (Francia). Sus padres, españoles, se conocieron durante la resistencia francesa contra la ocupación nazi, tras sufrir ambos el exilio de la guerra civil. El padre estuvo detenido en el campo de concentración de Buchenwald, junto a Jorge Semprún. Olga pasó buena parte de su infancia en Centroeuropa. Le sirvió para trabajar luego como intérprete de lenguas poco conocidas. En nuestras largas conversaciones (intercambiando ambas confidencias e inquietudes) me relató la larga serie de adversidades que han jalonado su vida, sus ilusiones, desgranando también su rico pensamiento. Yo siempre he visto en ella una extrema generosidad. Es uno de los muchos puntos en los que coincide con José Luis Sampedro.

Olga Lucas, premio Glauka 2010

En Cuenca, el año pasado, la protagonista era Olga Lucas, al recibir el premio Glauka que gana su prestigio en la lista de autores que lo han recibido. Allí habló de cómo trabajaba con su marido en “un proyecto común”. En realidad, el proyecto común es él, José Luis Sampedro. La recompensa de tratarle y recibir y compartir su extraordinaria humanidad, no tiene precio, pero exige en parte una renuncia personal que no todos afrontarían. Él también se siente en deuda y le desagrada que no se reconozca la labor de Olga.

Con altísimos niveles de autoexigencia, Olga se pone en tensión cuando hay un compromiso, intentando que todo salga bien, o mejor que bien. Protege en efecto a José Luis de las continuas demandas que, por su número, se ven obligados a seleccionar. Y eso no resulta “simpático” a los periodistas si no obtienen todo lo que desean en apremiante urgencia. Él tiene 94 años y nada más que demostrar, que ya ha sido y es mucho. Queremos que nos dure. Porque otra obsesión periodística es preguntar a Sampedro por la muerte, cuando en sus labios lo que destaca es el canto por la vida. A quienes le profesamos un inmenso cariño nos duele, tememos el día que ocurra. Pero hay quien vive 100 años y más, y quien, sin saberlo, morirá a cualquier edad mañana. Tan bueno como contar con él, sin embargo, es dosificarle en su propio bien y quizás buscar nuevos filones de brillantez… aunque tengan 30 años menos.

Olga es de una fortaleza poco común, de quienes se esfuerzan en tenerla pese a los elementos adversos, y a la vez, sensible y vulnerable. Tanto ella como él provocan el deseo espontáneo de un abrazo cálido. Son buenos los apoyos.

Otro cuarteto entrañablemente unido: Juan José Mardones, José Luis Sampedro, Olga Lucas y yo

Me gusta especialmente el poema de Olga Lucas “La espera” de su libro “Poemas de andar por casa” publicado en 1993.

Larga espera la vida,

Espera constante y perversa,

Febril, despiadada,

Infatigable y agotadora.

Siempre espero.

A veces, con la molesta extrañeza

De no saber qué espero

Y la temerosa sospecha

De que nada hay que esperar,

Solo la tristeza azul de la noche

Y un penar sin lágrimas

En hondo suspiro de resignación”.

La noche se le inundó después de sol, con nubes y nubarrones a veces, pero privilegiada y esplendorosa pese a todo. No estaría de más que fuésemos algo más justos con Olga.

Los tiernos puñitos

Hace unos días tuve el inmenso gozo de recuperar algo así como un trozo de mi vida. En realidad era un libro de escaso tamaño que leía en mi juventud con tal intensidad que aprendí algunos de sus poemas. Luego lo perdí. He recordado con cierta frecuencia algunos de sus textos. Un librero de Jerez me ayudó la semana pasada a encontrarlo en Madrid, en una tienda de viejo de Malasaña, gracias a una pregunta en Twitter. “Entre la ciudad SÍ, y la ciudad No” de Evgeni Evtuchenko, un poeta ruso nacido en 1933 y que por lo visto aún vive. Un tipo interesante que lo mismo hablaba de Edith Piaf que de un melancólico tranvía en Moscú (ése realmente me estremece). Polémico, porque era evidentemente un espíritu libre.

Lo que me cuesta hacer comprender es lo que sentí al ver la portada idéntica de “mi libro”, desgastada como yo la tendría y la tuve. E intactos sus poemas. Éste que no acierto a entender por qué me atrapó cuando yo, desde luego, esgrimía sin decoro mis “tiernos puñitos”. Creo que Evtuchenko también cuando lo escribió. Y que igual ahora, como yo, sigue protestando, con la piel más trabajada. Debió ser por anticipación, por prevenir las realidades del futuro, lo que tampoco arregla mucho la realidad. Sólo sé que cuando veo hoy a algunos jóvenes (no a los del #15M sino quizás a otros más aposentados), no puedo evitar recordar a Evtuchenko.

¡Ánimo, muchachos!

Evgeni Evtuchenko

Yo era cruel,

Desenmascaraba con brío,

Sin preocuparme de mis propios defectos.

Me parecía

Que a la gente enseñaba

Como hay que vivir

Y que la gente aprendía.

Pero empecé a perdonar…

¡Signo alarmante!

Y cierta vez, en una intervención mía,

Una encantadora ayudante de laboratorio con gafas

Me dijo que yo veía las cosas con liberalidad.

Vienen muchachos

Altivos y autoritarios.

Apretando sus tiernos puñitos,

Con el sofoco del placer supremo,

Intrépidamente desenmascaran

Mis debilidades.

¡Ánimo muchachos!

¡Ánimo!

¡Sed firmes!

Sencillamente, soy mayor que vosotros en saber,

Al dejar de ser crueles con los demás,

Dejamos de ser jóvenes.

Avergonzado,

Me doy cuenta de que soy más listo.

Vosotros sois menos razonables,

Pero no es nada malo,

Porque hasta en vuestra injusticia

Sois justos a veces.

¡Ánimo muchachos!

Pero sabed que cuando seáis mayores

Y juréis no volver a equivocaros,

Os cansaréis de vuestra propia crueldad

Y poco a poco seréis más bondadosos.

Otros muchachos

Altivos y autoritarios

Vendrán

Apretando sus tiernos puñitos

Con el sofoco del placer supremo

Y arremeterán

Contra vuestras debilidades.

Y

Os profetizo

Que sufriréis,

Y llegaréis a enseñar los dientes de rabia,

Pero, a pesar de todo,

Conseguiréis tener el valor de decir,

Por mucho que os cueste:

“¡Ánimo muchachos!”

(Por cierto, veo que esto lo escribió Evtuchenko con 35 años. Así cualquiera 🙂 )

Una ola de dignidad recorre el mundo

Humores varios me recorren hoy. En mi caso, el cansancio intenso suele inclinar la balanza al pesimismo. Para quien quiera pisar una realidad, enlazo –sin más- el vídeo que recoge la bochornosa actitud de una tal Maite Huerta, la candidata del Partido Popular de L’Alfàs del Pi (Alicante), cuando trata de impedir que una discapacitada (y extranjera) vote. Hay unas cuantas cosas más en la actualidad de este tenor.

Pero una ola de dignidad recorre el mundo -mal que les pese a apoltronados varios-  y es lo que prefiero destacar. Mi impagable amigo Paco Altemir (de ATTAC), me envía la reacción del director de orquesta Ricardo Mutti ante lo que a tantos en realidad nos está ocurriendo. Sucedió hace ya un par de meses, pero se está difundiendo más ahora, seguramente porque empieza ya a haber muchas más personas que no se callan.

 Celebrando el 150 aniversario de la creación de Italia como tal, en la Ópera de Roma, con Berlusconi en el palco de honor, mientras caían notas anónimas de protesta a la platea, se pronunció más o menos de esta forma:

« Ya no tengo 30 años, y habiendo vivido mi vida como un italiano que ha viajado extensamente por todo el mundo, me avergüenzo de lo que está sucediendo en mi país. Así que acepto su solicitud de interpretar de nuevo «Va Pensiero». Esto no es sólo por un sentimiento patriótico, sino porque esta noche, cuando yo dirigía el coro cantando » Oh, mi país, hermoso y perdido» , pensé que si nosotros continuamos así, vamos a matar la cultura que ha construido la historia de Italia . En este caso, nosotros, nuestro país será realmente » hermoso y perdido . »

«Va pensiero», el coro de los esclavos de Nabucco, es una canción emblemática en Italia. Aunque se refiere a Babilona, para ellos está unida a la reunificación de su país en lucha contra la opresión de los Habsburgo. La ópera, de Verdi, fue escrita justo en aquella época, 1840, y simboliza la búsqueda de la libertad de las personas.

Avanti Ricardo Mutti, coro… y espectadores, a los que el director italiano invita a unirse para cantar «juntos»…