La Pepa: la España que pudo haber sido y no fue

Hace 200 años España marcó el camino de lo que pudo haber sido y no fue. El 19 de Marzo de 1812 las Cortes de Cádiz aprobaban la primera Constitución española, y una de las más progresistas de aquél tiempo de inmensos cambios. La soberanía reside en el pueblo, se establece la separación de poderes, el sufragio universal (aunque solo masculino, no andaban los tiempos para alharacas), la instrución para todos… Sigue siendo, sin embargo, un estado confesional católico. Con todo, un hito impensable en un país por el que no se daba un duro fuera. Como recuerda hoy José María Lasalle (Secretario de Estado de Cultura del Partido Popular), el pensador, escritor y teólogo español Blanco White escribió: “Se enuncian y examinan los principios políticos en una nación a quien todavía Europa creía, por larga y continua opresión, ajena enteramente de semejantes investigaciones y sumida en la más profunda ignorancia”.

Una España levantada contra el ejército invasor francés, buscó en Cádiz la salida democrática que los más avanzados países también intentaban con las Constituciones de EEUU o Francia. Había atravesado el siglo XVIII en lucha por abrirse a la modernidad, zancadilleado por coronas, crucifijos, sotanas o caspa que apenas habían dejado entrar la Ilustración por los Pirineos. A pesar de ello también aquí soplaron parcialmente los vientos del progreso. Con coraje y riesgo. La Constitución que hoy celebramos estuvo sólo dos años en vigor porque el «deseado» Borbón Fernando VII se la cargó de un plumazo. Sus autores sufrieron exilio o cárcel, como dios manda.  El involucionismo español jamás ha pasado por esos trances. Más aún, sus desmanes y delitos siempre han quedado impunes. Pero La Pepa aún tuvo una consecuencia positiva más como tal: impregnó al Imperio español que se extendía entonces más allá de la otra frontera del Atlántico: aquí y allá los ciudadanos dejaban de ser súbditos. Y hay avances trascendentales que nunca asisten al retroceso completo. La resucita el trienio liberal (1820-23) -“trienio” y pare Vd. de contar- y después el final de la II República en el 36. Jalonados de dictaduras y hasta golpes de Estado fascistas, del predominio de un conservadurismo atávico, no tuvimos otra Constitución hasta 1978 y con los defectos (entre otros) que señala Enrique Gil Calvo: presidencialismo por parlamentarismo

Es verdad que el Parlamento tiene reservado el poder de elegir al jefe del Gobierno, pero una vez investido este, sus poderes respectivos se invierten, quedando el legislativo sometido al ejecutivo. De ahí que los ministros solo sean responsables ante el presidente que les nombró, quien además dispone de la iniciativa legislativa y de la facultad de disolver las Cortes a discreción. Un reforzamiento del poder ejecutivo que la Constitución de 1978 estableció para evitar la inestabilidad política, pero que se sitúa en las antípodas del modelo liberal de 1812”

Ofende que la derecha española intente apropiarse también de la Constitución de 1812. Manosear las palabras (es decir, las ideas) lleva a pensar que aquellos “liberales” tienen algo que ver con éstos. El colmo de la desfachatez ha sido la nueva boutade de Rajoy al declarar, manipulada e interesadamente, que busca un cambio en Andalucía “como el que supuso La Pepa”. Porque espero que realmente no se crea que las medidas de su gobierno implican alguna senda de progreso.  Aunque él es capaz hasta de eso, de creerse el creador de «un tiempo nuevo», positivo se entiende. De hecho también emplea esa expresión. El colmo.

Doscientos años perdidos, de perseguir y hasta masacrar toda idea de avance. Cierto que al calor de los tiempos llegamos a tener una democracia formal, pero aquella instrucción o educación que siempre se propugnaba en las “primaveras liberales” como defecto y solución de los problemas de España sigue bajo mínimos. Solo así se explica lo ocurre en España.

Si de verdad quieren festejar a La Pepa habrán de cambiar la Ley Electoral para que sea verdad que la soberanía reside en el pueblo como marca la Constitución vigente. Y en aras de esa soberanía que deje de imponerse el criterio del poder económico y la mano dura para reprimir la disidencia hacia las actuaciones arbitrarias de nuestros representantes (que no son otra cosa aunque desde el Olimpo no lo tengan en cuenta). A modo de comienzo. Porque también se precisa mantener y acrecentar la enseñanza pública, y la sanidad pública, y los derechos que ostenta el pueblo soberano que, además, paga y costea a las élites. De entrada, lo mejor es que quiten sus sucias manos de La Pepa: el mejor símbolo de su cutrez y mala intención está en la portada que encabeza este artículo y que el buen gusto me impide reproducir.

¿Es posible aún reconducir este país? Yo creo que sí. Por aquellos valientes demócratas de Cádiz sabemos que, aunque lo parezca, no todo es mugre en España.

Paisajes vividos

La casita que se quedó en esbozo. Está en Madrid. Un capricho arquitectónico.  Tres metros de ancho que arrojan cemento y un solo ventanuco en lo alto. Probablemente el edificio anexo que esperaba se perdió en el camino de la crisis.  ¿Una mirada tras los cristales? No alcanza la vista para saberlo.

Enfrente se ubica un precioso parque: la Quinta de Los Molinos. Con un suelo mullido y árboles en flor temprana. Cálido arco para pasear.

Una ventana. En un diminuto pueblo de los Monegros oscenses: Usón. Árido paisaje  que se abriga en cariño tras las paredes.

Otra ventana. En Alhama de Aragón. Agua, vegetación y calma.  Vivencias en armonía, luces y lucidez.

No sólo hay «venecias» en Italia. Esto es Girona.

El gusanito lector. Una libería con alma. En Sevilla, una ciudad que la rezuma  por los cuatro costados.

San Simón. Pontevedra. Isla Do Pensamento. Un puntito en el océano que brilla. Y mucho. Tranquilo mar en brazo de río.

También hay mar en Altea. Y arte. E indignados llenos de vida. Y cálidos afectos.

Vitoria. El quiosco de las citas amorosas, me cuentan. Nieve. Mucho, mucho calor.

Acabo de cumplir años. No sé si os ocurre a vosotros, pero a veces se elabora una especie de balance vital, estético y sentimental. Faltan muchas imágenes en este recorrido. Son las que están. Y una más que no he tomado con mi cámara pero he vivido, todos lo hacemos: caminos que convergen hasta juntarse y luego se separan. Huellas en la arena que pronto borrará el viento. Porque únicamente lo sólido permanece.

¿Ah, sí? pues yo más

Escalade from Birdo Studio on Vimeo.

Gracias por la alerta @ludens76 🙂

La raza «caspohispanicus» protegida

Nos cuenta uno de los portavoces oficiales del PP, el diario ABC, un par de noticias interesantes. Comencemos con la salud:

Rajoy dará más poder a las mutuas para reducir el absentismo laboral. La reforma posibilita que incluso las bajas justificadas sean motivo de despido objetivo. En el régimen vigente enfermar está penado. Me acaban de contar por ejemplo que ahora preguntan ante una prueba médica si el paciente es “enfermo crónico”, porque “lleva otro protocolo”.

No se trata en realidad de primar la raza aria, dado por otro lado que aquí altos, rubios y de ojos azules hay pocos, aunque aquello no fuera una justificación y la propugnará un señor bajito, moreno y feo; la raza, clase, especie o subespecie que protege el PP es la de los ricos y los superdotados de cualquier condición que aspiren a parecerse a ellos. Han de estar sanos, no suponer una carga para el Estado, aunque hayan pagado la sanidad pública con sus impuestos. Entretanto, los ricos con salud débil se costean ellos solos sus tratamientos médicos. No importa que ellos o sus familias hayan obtenido su fortuna en expolios medievales o especulando y malversando en cualquier época.

La raza “caspohispanicus” se protege a sí misma además. José Ignacio Wert que acaba de cargarse de forma expeditiva la asignatura Educación para la Ciudadanía  recomendada por el Consejo de Europa, porque toda Europa la estudia sin problemas, ya prepara el nuevo texto. Aquél estaba ideologizada, dice. El nuevo texto se está consensuando, nos cuenta ABC, entre Wert y un grupo de empresarios nada ideologizados para quienes “los manuales de la anterior asignatura denigraban la actividad empresarial y el capitalismo”. Es que nos va de ensueño con el capitalismo, sí, hay razones objetivas para resguardarlo. Por encima de todo y sin contrapesos.

Más aún, el Ministro Wert –desplegando una enorme actividad fruto probablemente de su entrenamiento como tertuliano perenne- va a conceder las becas basándose en el rendimiento y la excelencia del alumno. En la línea del pensamiento de Esperanza Aguirre entre otros. Y volvemos así a la “selección natural” de esta raza “caspohispanicus”. El pobre o clase media tonto, no estudia; el tonto rico sí, a base de insistir y pagar consigue un título. Protegida la especie, se propaga. Como en los amados tiempos de Mary Cheatnut hoy redivivos. Ésa es la razón por la que tanto indocumentado –rico o privilegiado- ocupa actualmente puestos de poder. Son sanos y titulados sacando la chequera.

Recupero ahora un viejo post, que se ha venido cumpliendo como si de una apisonadora se tratase. Y, de él, el ideario del presidente del Gobierno, un señor moreno, con poca cultura, defectos en el habla… española, porque otra no conoce. Un ejemplar, en definitiva, prototipo de la raza “caspohispanicus”.

Rajoy no cree que todas las personas sean iguales y tengan la misma capacidad. Para él la desigualdad es consustancial género humano. “Faro de Vigo”, 4 de Marzo de 1983”, Rajoy firma un texto titulado “Igualdad humana y modelos de sociedad”. Y dice: “Ya en épocas remotas se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre (…), era un hecho objetivo que los hijos de ‘buena estirpe’ superaban a los demás“.

Por ello, “todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de la riqueza” tienen como objetivo imponerla y son “radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre (…) y por ello, aunque se llamen modelos progresistas, constituyen un claro atentado al progreso porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es lo que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos”.

Un año más tarde, Rajoy comenta en el mismo periódico un libro “La envidia igualitaria”, de un ilustre -e ilustrado- franquista, Gonzalo Fernández de la Mora. Y describe la desigualdad humana fundada en los genes de mayor o menos calidad: “El hombre es desigual biológicamente, nadie duda hoy que se heredan los caracteres físicos como la estatura, el color de la piel y también el cociente intelectual. La igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político”.

Rajoy traduce la desigualdad en la que cree, al descender al terreno práctico y echarse las manos a la cabeza porque la Declaración de la Renta impone baremos distintos: “¿Por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria”. Es imposible, por cierto, que la cantidad percibida sea la misma. En ese caso se aplicaría el mismo porcentaje. Sospecho que los ingresos globales, los niveles de renta, sí deben ser algo distintos.

Durante siglos sólo las clases privilegiadas tuvieron acceso a la educación. Y no implicaba que fueran más listos. Poco a poco se fue consiguiendo democratizar la enseñanza para brindar oportunidades a todos. El problema es que tampoco estas medidas del gobierno de Rajoy –que implica la recuperación del clasismo- afectará a sus votantes. Ellos, los españoles en general, ya se sienten superiores porque habitan una casa propiedad de un banco durante los próximos 30 años.

Un pacto por la educación es vital para la España analfabeta funcional en que la vivimos. La educación obligatoria hasta los 18…. ¡o los 81! con continuas campañas de reciclaje de los adultos. Y como primera medida para labrar un futuro distinto: Educación para la ciudadanía obligatoria y auténtica –como sucede en el resto de Europa sin problemas- extensiva a los padres que se oponen a que sus hijos la aprendan, y, sin duda, a los gobernantes. La educación actual –y no sólo en España- asiste a una progresiva frivolización tendente a seguir infantilizando a la sociedad. Ése es el camino a abordar. Pero… vamos en dirección contraria.

Los artículos completos de Rajoy aquí.

«Liberalizados» como los norteamericanos, precarios como los chinos

El Banco de España pronostica para España una recesión profunda en 2012 en la que el PIB bajará un 1,5% y no será raro alcanzar los 6 millones de parados. Se une así a la larga serie de organismos neoliberales que dan por segura una catástrofe económica en nuestro país y en otros de nuestro entorno. Ciertamente, aplican los que parecen ser conocimientos básicos en la materia. En el último contrattacando de ATTAC se aportó este dato: cada 10.000 millones de reducción del déficit el Producto Interior Bruto se contrae un 0,67. El premio Nobel Joseph Stiglitz califica la austeridad que decreta la UE de SUICIDIO. Incluso se lo avisó específicamente a Rajoy nada más ganar las elecciones, pero Rajoy tiene otros intereses: los neoliberales. «Bruselas» aplaude sus recortes ¡Cómo no!

Algunos de estos entes dedicados a velar por las finanzas de los poderosos, añaden una coletilla al sombrío panorama, se cumplirá “si no se acometen reformas estructurales”.

El Banco Mundial, organismo de la ONU creado en su día con el objetivo de ser “fuente de asistencia financiera y técnica” para los llamados países en desarrollo, se ha convertido desde la revolución neoliberal al igual que el FMI en una de las principales armas de esta ideología. Pues bien, su economista jefe para Europa y Asia, Indermit Gill, ha encontrado la solución: España «ha de acercarse al modelo de protección social de EEUU», muy inferior al europeo, y ha de liberalizar su mercado de trabajo al estilo de los países asiáticos emergentes, «trabajando más horas, con menos salario y jubilándose más tarde, para no dejar una pesada carga a las generaciones futuras». Mientras, los ricos no pagan impuestos, lo que, como dice Krugman, resulta indefendible.

Hacia eso vamos en carrera vertiginosa ya. Y el gobierno de España, de las autonomías, coautor por su mayoría electoral allí también del diseño en la UE, camina al objetivo con paso ligero. Repiquetean aún en mis estómago los comentarios de mi amiga votante del PP, ya sabe que habrá más paro, y más restricciones, pero mientras gobierne el conservadurismo de la derecha ella levita de felicidad. “De algún lado tendrá que salir el dinero para acabar con la crisis”, me dijo un gasolinero al que comenté que estaba pagando por llenar el depósito el precio más caro de toda mi vida. «¿Qué tal de que los ricos paguen impuestos como nosotros?», le dije. «Ah, eso ya!», respondió como si le estuviera proponiendo subir a la luna en un globo aerostático. Esto va cada vez peor. Con su propia complicidad, similar a la de tantos otros. Por miedo o por desidia, por egoísmo que sólo mira su ombligo sin pensar en el bien común. Por su estupidez que parece no conocer o no relacionar los datos. Ya sé que le manipulan, pero para algo se tiene la cabeza… y la dignidad.

España ya es un país de emigrantes, de los más preparados que se formaron aquí. Muchos vemos ya el exilio como la mejor opción -si uno pudiera- para salir de tanta carroña. Y dejar nuestra tierra, la nuestra, a los de la una, grande y libre, los infames linchamientos a un juez por investigar el franquismo y la corrupción, a los del Gibraltar español irrenunciable y su corte de cooperadores necesarios.

 Hace ya casi un año -cuando otra sociedad empezaba a mostrar su indignación-, con Berlusconi en el poder, Ricardo Mutti saltó en la Scala de Milán reivindicado, con el «Va Pensiero» un país que no fuera el de los esclavos de Nabuco. El fantoche italiano no está ya en el gobierno, no lo tumbó la justicia, sino paradójicamente el neoliberalismo. Ellos siguen ahí. Más fuertes que nunca.

El amor a España

El amor se matiza según sea su objeto pero, seguramente, tanto se destine a un hijo, una pareja romántica, un amigo o una tierra por ejemplo, posee características comunes. Y hasta en eso los humanos lo interpretamos de distinta forma revelando el propio carácter.

Por lo que leo, oigo y veo de insignes exponentes del «amor a España» veo que no coincido en absoluto en sus apreciaciones. Mi idea es que aquello que amo sea libre, dotarle si puedo de instrumentos para que crezca y cuente con un criterio propio sin imponerlos. Que sea adulto, responsable, coherente, ético. Lo quiero valiente, que sepa levantarse cuando cae y reflexione sobre sus fracasos. Le abrazaré si llora o se cansa aunque también intentaré mostrarle el camino de la superación. Para que decida de forma autónoma. Positivo, generoso pero firme. Lo quiero feliz, compartiendo con otros sus sentimientos y sus logros. Que también me quiera, libremente, solo porque le doy amor, bienestar y luz.

El amor a España en España ha confundido sus trazas durante gran parte de la historia con algunas de las peores muestras de las relaciones humanas: paternalismo, posesión e imposición. Como maltratadores de manual, muchos han buscado una sociedad inculta y sumisa a la que manipular y marcar el camino, en una senda a su mezquina manera: los ciudadanos están a su servicio y a su utilidad y se le impone hasta qué pensar. Si se desvía, garrote y represión. Inculcarle por supuesto la culpa. Y dicen… que nos aman, que aman a España.

Desde los confines del tiempo, otros españoles se han empecinado en cambiar el rumbo, sugiriendo cañas de pescar, en lugar de cebos y cestas cerradas en donde aguardar la sartén. Es casi patético contemplar esos intentos que acabaron en nada. El aragonés Joaquín Costa, desde el regeneracionismo iniciado en el Siglo XIX, pedía «Escuela, despensa y doble llave al sepulcro del Cid». La “generación del 98” le secundaba desde la literatura. Con otros mimbres, José Ortega y Gasset se dolió del hombre-masa español, del elogio a la mediocridad. Antonio Machado descubrió que el problema residía en que en este suelo cohabitan dos Españas distintas e irreconciliables.

Lloraba Salvador Espriú al saber que más al norte había una tierra próspera, culta, espabilada y feliz, pero que no podría marcharse muy a su pesar porque él también se sentía tan pobre, ignorante, sometido y desgraciado como se empecinan aquí en educarnos a todos, los que vez tras vez mandan.

Y el caso es que los proscritos, los que terminan huyendo o pagando duros castigos, también amamos a España. Desde el exilio Rafael Alberti escribía un poema al que suelo terminar por acudir. Se inicia así:

“Estampo esta palabra para empezar: España”

España, dulce caña,

Dulce y terrible: España.

Alta y verde espadaña,

Braña,

Entraña,

Cabaña,

Mar, llanura, montaña,

España

Soterraña,

Fina titiritaña,

Ciega aventura extraña.

Dura España terrible,

Temible,

Aborrecible,

Rostro desapacible,

Obstinada infalible,

Irascible,

Insufrible,

España inamovible,

Imposible,

Impasible,

Locura inextinguible”.

En este día en la que la España oficial, la mayoritaria, la acomodaticia, inmadura, necrófilica, acrítica, rebosa su cara, quiero incluir en el post el último párrafo del capítulo “La piel de España” de mi libro “La energía liberada”. Como tantos otros, que desde cualquier rincón y actividad, sentimos un cierto amor atávico por España, aunque no por ésta.

“La sexta España —y puede haber muchas más— solía llorar para alumbrar una vida nueva. Se albergaba en un paritorio. Llevaba siglos allí. Siempre en el crudo momento de las contracciones, las entrañas desgarradas, que, en circunstancias normales, se olvidan por completo con la venturosa llegada del hijo ansiado. Ésta apenas ha llegado a verle asomar la cabeza, pero el bebé que se sueña fuerte y sano se hace esperar. Muchos españoles lo aguardan desde el fondo de la historia. Antonio Machado, por ejemplo, aún debe hacerlo desde su exilio mortuorio francés, en el que —al menos— nunca faltan flores. En 1913, harto de la “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, creyó ver nacer ¡ya! otra: la “del cincel y de la maza”, la “España de la rabia y de la idea”. Quizá sí estaba, quizás ya es un ser real y con futuro”.

Y sin embargo la superficie se mueve…

¿Cómo era —y es— posible que la acumulación de agravios sobre la sociedad no suscite en una decisiva mayoría otra reacción que el miedo o la apatía? La superficie social no se mueve porque tapa sus ruidos. Y por algunos factores que la condicionan.

ATADOS POR LA REALIDAD

El primer factor paralizante está sin duda en los propios hechos. En las facturas que se acumulan, en la cadena cuasi perpetua de la hipoteca, en el sueldo que se adelgaza y no da para vivir, en el temor a perder el empleo o la zozobra de no tenerlo ya, en ver los problemas que aquejan al de al lado y al de más allá, mucho más allá. Mejor no hacer ruido, no vayamos a perder lo poco que tenemos. Sólo cuando la angustia se hace irresistible, cuando las puertas del futuro se cierran o se han abierto mucho los ojos para deducir que las cuentas que hacen desde arriba no cuadran y aún pueden ser mucho peores la consecuencias se pierde el miedo a tomar una postura y a actuar.

POLÍTICOS Y SINDICATOS

Un país que sale de una dictadura ama la política con pasión, pero muchos políticos nos han fallado, son –aseguran las encuestas- el tercer problema de los españoles. Los sindicatos también. Como causa podría hallarse la escasísima afiliación que les resta fuerza. El 15%, una de las cifras más bajas de la UE, frente a la asociación de los empresarios que reúne al 72% de ellos, entre las mayores de la UE. Pero tanto políticos como sindicatos (sobre todo en los mayoritarios) sufren un anquilosamiento que les hace alejarse de la realidad. Eran los cauces tradiciones de reivindicación… y no podemos contar con ellos.

 SIMPLIFICAR EL PROBLEMA HASTA ABARCARLO CON LAS MANOS

Todos los datos que se pongan ante los ojos de los afectos —y los hay en abundancia— chocan con una barrera. Física incluso, se palpa en la mirada que se torna opaca —como un muro— de quien se siente desbordado. Podrían, en ese momento, ser despojados de su cartera, sus zapatos y sus gafas, que permanecerían en su refugio: el reduccionismo. Se excluye la situación global, financiera, política, social, y se aísla a dos partidos, incluso sólo a dos líderes. Llega más adelante inexorable la realidad y, con la sorpresa de la memoria corta, se vuelve a buscar culpable y solución. Sin matices. Ha de ser una materia pequeña que quepa entre los bordes de lo que controlamos.

LA BURBUJA DEL ENTRETENIMIENTO

Acude solícita a quitarnos penas y responsabilidades. Por un momento siquiera. O uno, tras otro, que termina llenando la vida y el cerebro. Hasta la información se plantea hoy como un espectáculo.

El narcótico borra, por encima de todos los ingredientes, la visibilidad de soluciones. Y se consumen de muchas clases, incluso en fármacos, en drogas —en ese consumo masivo de cocaína que nos sitúa a la cabeza de Europa y del que apenas se habla— o en el creciente negocio de las apuestas de todo tipo.

EL MIEDO

Es el supremo instrumento de control. Tras infantilizar a la sociedad se la atemoriza con los males que pueden sucederle si no sigue los cauces establecidos, si siquiera se mueve. Medios, autoridades e, igualmente, ciudadanos se apuntan a la tarea. ¡Antisistema!, etiquetan, como si estar a favor de la degenerada civilización que han creado, no fuera algo de lo que avergonzarse —de analizar racionalmente todos sus extremos—. Y deducciones inducidas: Si protestamos por los recortes, nos veremos como los griegos. ¡Cuidado!, que los mercados se intranquilizan.

Controlados como en un ghetto – es asombrosa la afición del sistema por enarbolar la libertad con la boca y regularlo todo en la práctica-, mucho más solos de lo que creemos, inducidos intensamente al consumo, cada día se nos brindan….

ATAJOS PARA CONSEGUIR EL BIENESTAR

España, por ejemplo, gasta más de 2.000 millones de euros al año en productos milagro que no sirven para nada. Tampoco así nuestra felicidad es plena: la ignorancia no es garantía de su disfrute.

O LA ESTÉTICA

Nos están abocando a una sociedad plástica y plana, como la superficie que vemos, aunque ésta también posea matices. Fuente de fomento del consumismo y de control, nuestra sociedad ha cambiado incluso sus modelos estéticos. A la eterna consigna de la juventud (primordialmente en las mujeres) se une la delgadez extrema. Lo plano, una vez más. Las dietas de adelgazamiento para conseguirlos. Algunas de las cuales podrían ser letales o causar graves problemas de salud tras una práctica continuada, como las que se basan en comer en abundancia… para adelgazar. De nuevo, además, se propugna caminos fáciles para llegar a metas.

LA ROJA

O la blaugrana, blanca, colchonera, o del color que quieran. Como todas las aficiones y las pasiones, el fútbol se plantea como problema cuando se convierte en lo más importante de la vida de una persona fuera de sus necesidades elementales. Muchos vehementes aficionados comparten conmigo una actitud crítica hacia cómo se ha desvirtuado el deporte, primando el negocio.

Si lo pensamos bien, es obsceno volcarse de esa manera por un triunfo deportivo cuando no se mueve un dedo por solucionar asuntos vitales. Aquí no hay riesgo alguno, es verdad. Solo alegría efímera, necesitada de continuas dosis. Y una esperanza: ¿podría España acometer —como lo hace la propia Selección— un proyecto colectivo más útil a nuestro futuro como país? Para edificar desde una opinión consistente labrada con un cierto mayor esfuerzo intelectual del que exige el fútbol. La pasión invita a creer en entelequias. Luego la realidad vuelve a poner los pies en el suelo. El fútbol no es argamasa, sino diversión.

Y MÁS…

Una deficiente educación, un poso de franquismo sociológico que pervive, la tolerancia a la corrupción que nos degrada como sociedad, el machismo, el racismo y el fomento de las desigualdades… éstas son algunas de las características que, ampliadas, cito en La energía liberada como explicación a la inmovilidad de la sociedad (mayoritariamente) frente a los atropellos. Y, sin embargo, la superficie se mueve. Por eso se crearon montañas, cordilleras, ríos y mares. En general, sí, en la superficie se siente vértigo en buscar salidas fuera de los canales prefabricados —con riguroso esmero, bien es cierto, para aportar una presunta seguridad—, pero cada día la propia Naturaleza se desparrama en arroyos y ríos que buscan su propio cauce; algunos, muchos, incluso llegan a alcanzar el mar. Y en libertad.

Una interesantísima tendencia de la fotografía creativa -Timelapses- capta momentos y los acelera. Así se han elaborado hermosos trabajos. Y, en el caso que tratamos, muy instructivos. La superficie se mueve, claro que se mueve -querámoslo o no- , y cada uno puede ser raíz, agua libre o un inútil pedrusco que entorpece los caminos.

Hacia una sociedad medieval

“No es una extravagancia propia de ricos ociosos, el hecho de que los países de mayor producción tecnológica y mayor dinamismo económico sean también los que más invierten en investigación básica. Se trata más bien de que los países son ricos porque investigan, no investigan porque ya son ricos”. Así lo esgrimían, aportando datos, Carlos Alonso Martínez y Javier López Facal en Reacciona. “En el ranking Scimago de universidades del mundo, figuran seis universidades alemanas entre las doscientas primeras, frente a una sola española”, decían también. “Alemania produce el 41% de patentes solicitadas a la Oficina de Patentes Europeas, frente al 1,2% de España”, añadían. “No nos resignamos concretamente a que España no tenga una educación tan buena como la de Finlandia, o una investigación científica tan profesional como la de Suecia”, continuaban. “Conseguir el nivel educativo y el nivel científico de Finlandia y Suecia no es imposible: es una cuestión de diseño estratégico, de consenso político y social, de reformas en la arquitectura institucional y de esfuerzo económico sostenido”. Para concluir: ”O mejoramos de manera muy significativa nuestros niveles educativo y científico, o seguiremos adorando a Zeus, Júpiter, Odín y otros dioses, tan enternecedoramente europeos, como definitivamente anacrónicos”.

Y ni siquiera son ya los románticos dioses griegos, romanos o nórdicos, tan literarios como irreales. El gobierno del PP ha decidido cortar en 600 millones de euros los presupuestos de ciencia y tecnología, mientras entrega medio millón de euros diarios a la Iglesia católica. Como dios manda, dicen, sí, el dios medieval que oprimía a la población y la sumía en la miseria y la ignorancia para mayor gloria de las clases privilegiadas. Exactamente igual que ahora.

«Pero aquí no acabamos de enterarnos de nada de esto. Aquí llega uno a la Moncloa, le dan unas tijeras y se cepilla 600 millones del presupuesto de ciencia y tecnología. Le copió la idea al que le pasó las tijeras. Aquí no se aspira al porcentaje del PIB que invierten en investigación los países más desarrollados (3%), ni siquiera al del montón de la Unión Europea (2%), sino al campante y bajante 1,4% de los colistas profesionales. Aquí el centro que investiga en energía y medio ambiente amenaza cierre por cicatería administrativa, y el CSIC en su conjunto se hunde en el pesimismo. Aquí a los científicos que hemos formado con esmero les decimos lo que Lola Flores a sus hinchas: «¡Si me queréis, irse!». Esto lo escribía en un alarido el científico Javier Sampedro en El País, quien, como es lógico, también aportaba datos:

“El gran arranque de la industria estadounidense solo se produjo en los años veinte, cuando el Gobierno federal y el recién creado National Research Council atizaron a todas sus grandes empresas –Westinghouse, Kodak, Standard Oil, Du Pont, AT&T, General Electric– para que apostaran en firme por la investigación.

Tras la Gran Guerra, las grandes empresas occidentales empezaron a dedicar esfuerzos sistemáticos a la actividad científica, y fruto de ello fue la implantación de la radio, el coche y el aeroplano en la vida cotidiana. Cada país es hoy líder allí donde financia a sus científicos y a sus ingenieros. Estados Unidos puso sus recursos en aeronáutica, satélites y ordenadores, y en ese mundo estamos. Japón los puso en videojuegos, videocámaras y coches, como cualquiera puede ver en su casa”.

Jesús Rubio Malagón. Malagonadas.

Hoy el único dios es el dinero, dirigida la sociedad por mentes conservadoras que se apoyan en el dios primigenio de cuando no había ni carreteras, ni aviones, ni teléfonos, sino masas de dinero a amasar y el más grande desequilibrio social. Por el dinero de unos pocos se corta el progreso, apoyados en el “Efecto Mateo”:

Nuevo Testamento. Mateo, capítulo 13, versículos 11-13

“A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden”.

El amigo Lucas redundaba en el capítulo 19, versículo 26

“Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

Hachazos también por tanto a la cultura, cuyo ministerio desaparece. En peligro el Estado del Bienestar que aporta, entre otras cosas, educación universal y gratuita. “La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, escribía en este caso Javier Pérez de Albéniz en Reacciona. Y concretaba: “Hemos aceptado sin reservas que los líderes políticos transmitan ignorancia. No nos escandalizamos ante la imagen grotesca de altos cargos que no hablan idiomas, se expresa con dificultad, leen como chavales de primaria o se insultan y faltan al respeto”.

Pero es que en el dios casi del Cuaternario, en el medieval, tampoco había televisión ni periódicos. No había presunta “objetividad” y no se apisonaban los datos reales con opiniones disuasorias. “El otro” no era llamado invariablemente a decir lo contrario y llamar a equívoco. Entonces el pueblo malvivía a favor de los protegidos divinos y como mucho se escapaba a escribir anónimamente «El Lazarillo de Tormes», para que generaciones enteras luego justificaran la corrupción y el latrocinio endémicos de la sociedad española.

El progreso lo trajo la ciencia, la cultura, el conocimiento. Todo lo que los adoradores del «dios dinero para unos pocos» -vestidos en España «como para una boda»-  quieren y están consiguiendo cercenar.

Salvaguardando los derechos de los más débiles

Los votantes del PP son muy sensibles con las palabras. Demuestran el éxito de la neolengua que ha venido implantándose desde hace años. Les pueden apretar el cuello –y por su culpa a todos los demás- que siempre que sea dulcemente y con educación no hay problema.

La misma persona que dijo esto hace unos meses, tuvo la desfachatez de dar a conocer los durísimos ajustes del gobierno del que es vicepresidenta y portavoz asegurando que “salvaguardan los derechos de los más débiles”. Parón a la dependencia, supresión de la ayuda al alquiler para los más jóvenes, congelación del salario extra mínimo español (en 641 euros) por primera vez en democracia, subida de impuestos, subida del IBI al 50% de los pisos entre ellos, tijeretazo al futuro: la investigación, y un generoso incremento de las pensiones a “los queridos ancianos” de Rajoy ¡¡¡del 1%!!! que les viene a suponer 6 euros, aunque al pagar más tasas salen perdiendo. Y es solo “el inicio del inicio” de los recortes, dice Soraya. Los funcionarios trabajarán más horas por el mismo sueldo congelado, pero es que son unos privilegiados y nosotros… muy envidiosos y a los ricos no se les toca pero al pobre de al lado sí, a muerte, y además representan a esa cosa horrible que es el Estado que se ocupa del equilibrio social.

Pero estas cosas se dicen y se hacen cortésmente y ya está. Es un “Recargo temporal de la solidaridad”, dice Soraya con un par. Ajustes, trinches, congelaciones, expurgues son solamente eso. ¿Tan difícil es relacionar conceptos y no dejarse engañar?

Ni una palabra de subidas de impuestos a sociedades, ni SICAV ni ninguna, nada de la evasión fiscal, y sí la vuelta de la deducción por vivienda (y con carácter retroactivo). Todo ello evitaría gran parte de los “ajustes”. Además estas mermas nos conducen a una recesión inequívoca y prolongada y a más destrucción del empleo. Con seguridad.

Siguiendo el viejo manual de la manipulación, ahora el PP arrecia en la excusa de que se han «sorprendido» encontrándose un país en bancarrota. Lo mismo que engullen y repiten como ecos sus fieles y poco informados devotos.  Algún datillo tendrían  al regentar las Comunidades más endeudadas de España. Y el Ayuntamiento, Madrid, que está en cima desbordada de gasto.  Y el problema de la deuda pública española son precisamente las administraciones autonómicas. Lo cuenta en portada el New York Times.

“Nos merecemos un gobierno que no nos mienta” ¿recordáis? Pues ved aquí esta profusión de promesas rotas en una sola semana, solo en lo tocante a subir impuestos.  

Y hay más. Rodrigo Rato gana 2,3 millones de euros anuales, un asalariado con el sueldo mínimo necesitaría vivir dos siglos y 60 años para conseguir esos ingresos. Pero siempre ha habido clases ¿no? ¿Tan diferentes?

Podemos tener sueldos dignos, podemos acabar con el paro. Solo hay que hacerlo… absolutamente al revés de lo que propone, ordena y ejecuta el PP. Bastaría apenas con que quienes roban al erario público, amparados por los políticos, sean unos poquitos menos. Venga bah que roben solo el 15% de los españoles, no el 25%.

Personalmente no puedo quejarme del año que se va. Logré reunir en un libro decisivo, «Reacciona», los argumentos de una serie de personas brillantes, comprometidas y libres. Entre otras cosas, mi capítulo «La sociedad desinformada» alertaba de los peligros de la neolengua. Líberate, di mequetrefe, ganado, a quienes solo estiman el lenguaje y no ni su dignidad ni la de los otros. He publicado también «La energía liberada» con todas las claves de lo que hoy estamos viviendo. Porque queríamos y queremos «salvaguardar realmente los derechos de los más débiles»… y de los menos, de todos. Muchos, no aún suficientes. Vi salir –porque también estuve allí- a los ciudadanos que no se conforman, que no engullen sin pensar, que no les tienen miedo a las palabras. Y fue la gloria.

Podemos tener… ¡dignidad! 2011 está siendo calificado internacionalmente como “el año que cambió el mundo”. Lo empezó a cambiar. En España desembocó en la profundización absoluta de la ideología que propició, mantiene y acrecienta la crisis: el neoliberalismo. Pero es cierto que de múltiples esquinas del país salieron personas, inmensamente hartas, a unirse en las plazas y reivindicar un mundo más justo y otra democracia: la REAL. ¿Dónde están ahora? ¿Preguntándose por qué no estás tú también? Muchos, juntos, insistentemente, es el único camino. Y es necesario. Y es urgente.

Mi canción del año fue la vieja You got it de Roy Orbison. La conjuro de nuevo para que dentro de 12 meses como muy tarde podamos cantarla en un país y en un mundo que no duela tanto a la conciencia. Podemos conseguirlo. We will got it¡¡¡

Hoy, en el Puente de Piedra, el hombre de las orejas

Os lo conté una vez. Al comienzo del blog. Cada 30 de Diciembre, aguardaba a que mi padre me contara la historia que me había fascinado desde la primera vez que me la relató: “Hoy es el día en el que si vas al Puente de Piedra con una camisa mojada, verás pasar a un hombre que tiene tantas orejas como días el año”. El 31 se podía asistir al tránsito del “hombre de las narices”, tantas como el año. La propuesta era sumamente sugerente, y aún no sé cómo en mi osada curiosidad no me arriesgué a empapar una camisa y arrostrar el frío y el cierzo de Zaragoza en Diciembre para contemplar aquellos singulares fenómenos. Lo cierto es que un hálito de sensatez se imponía: la condición era suicida y habría de esperar contingencias mejores.

No sé cómo recordará la Historia este tiempo, necesariamente finito, que nos ha tocado vivir. Lo peor es que si, tomando ese vertiginoso tren habilitado, me fuera hoy al Puente de Piedra de Zaragoza, quizás comprobara que ya no acude el hombre de las orejas, porque carece de ellas o las tiene taponadas. Pero aún es una tentación desplazarme. Tal vez… el año próximo… una vez más. Salvo que quieras venir conmigo, que vayamos todos a gritar serenos sobre el Ebro, para reabrir conductos auditivos que trasladan ideas al cerebro.

Porque hoy sé que no hay noche negra que impida crecer libre y fructífero y con ilusiones que nadie puede cercenar.