Hoy, en el Puente de Piedra, el hombre de las orejas

Os lo conté una vez. Al comienzo del blog. Cada 30 de Diciembre, aguardaba a que mi padre me contara la historia que me había fascinado desde la primera vez que me la relató: “Hoy es el día en el que si vas al Puente de Piedra con una camisa mojada, verás pasar a un hombre que tiene tantas orejas como días el año”. El 31 se podía asistir al tránsito del “hombre de las narices”, tantas como el año. La propuesta era sumamente sugerente, y aún no sé cómo en mi osada curiosidad no me arriesgué a empapar una camisa y arrostrar el frío y el cierzo de Zaragoza en Diciembre para contemplar aquellos singulares fenómenos. Lo cierto es que un hálito de sensatez se imponía: la condición era suicida y habría de esperar contingencias mejores.

No sé cómo recordará la Historia este tiempo, necesariamente finito, que nos ha tocado vivir. Lo peor es que si, tomando ese vertiginoso tren habilitado, me fuera hoy al Puente de Piedra de Zaragoza, quizás comprobara que ya no acude el hombre de las orejas, porque carece de ellas o las tiene taponadas. Pero aún es una tentación desplazarme. Tal vez… el año próximo… una vez más. Salvo que quieras venir conmigo, que vayamos todos a gritar serenos sobre el Ebro, para reabrir conductos auditivos que trasladan ideas al cerebro.

Porque hoy sé que no hay noche negra que impida crecer libre y fructífero y con ilusiones que nadie puede cercenar.

9 comentarios

  1. Virginia

     /  30 diciembre 2011

    Buenos días Rosa:
    No había leído el relato de tu padre en el puente sobre el Ebro. Que padre más padrazo y literato de tradición popular.Que buen recuerdo para tu memoria amable familiar.En mi caso fue una tata, ella me salvó con sus leyendas de Cabanillas de la Sierra y me secó las lagrimas desasosegadas .
    Las orejas las tendrán, pero la piel de cocodrilo, las telarañas tupidas de revancha pueden más. En otros casos es el miedo que les están inflingiendo, creo. Tienen miedo a perder lo poco que tienen y mal , porque vaticinan el peor de los presagios si se echan a la calle y explotan…les han metido, desde las familias, desde la tele, desde los propios jefes, una catástrofe de cuento chino.No atinan a ver que explotar y decir basta es el primer paso hacia una vida mejor.Y eso que tenemos ejemplos y los das en tu libro…pero…

  2. Zaragoza, Labordeta y las historias que contaba mi padre: tres nodos de mi memoria personal, tres elementos que conforman lo que de bueno puede haber en mi.
    Muchas gracias, Rosa, por hacérmelos presentes.

  3. Ramón

     /  30 diciembre 2011

    Esa imagen del Puente…..A este lado justo del río hay una residencia de la tercera edad. En la tercera planta, la de los enfermos de alzeimer y demencia senil, frente al gran ventanal, los cuidadores dejan una hilera de ancianos en sus sillas de ruedas, una decena de ojos que parece que no ven, orejas que parece que no escuchan. Están horas contemplando esta imagen:

    Al fondo, El Pilar, con sus torres elevando una oración al cielo, donde esta gente depositó y aún, a veces puede que deposite sus esperanzas. En el centro, el Puente, sobre el que la gente pasa fugazmente, con sus preocupaciones y proyectos cotidianos en su cabeza, sin mirar ni escuchar, a salvo momentáneamente del gran río de la vida. De vez en cuando alguien sucumbe, como Labordeta, y cae en ese río, que todo se lo lleva.

    ¿Todo? Quizá no todo se lo lleva, porque para las personas especiales, las que construyeron el puente, las que construyeron el templo, las que nos dejaron un canto de libertad, como Labordeta, o nos mostraron otros caminos de esperanza, aún arriesgando con sus camisas mojadas, frente al cierzo invernal, como tú, con tu blog y tus libros, siempre habrá alguien de entre esos cientos de ojos y orejas que pasan cada día, alguien que se detenga un momento en medio del puente para contemplar y agradecer ese esfuerzo…………en la construcción de un camino de esperanza hacia el país de los sueños.

    Feliz Año, Ramón

  4. Merce

     /  30 diciembre 2011

    Si mi mama me contaba estas mismas historias, y el miedo que me entraba al pensar si me lo podría cruzar por mi pueblo, Ariza. Me imaginaba al señor por la noche de la estación del tren a la fonda que aún quedaba lejos, pero era muy de noche y yo no estaría en la calle.
    Cuando el último tren ya había pasado llamábamos a la fonda a preguntar a mi tío Salvador, si ya había llegado el señor con tantas orejas como días le quedaban al año, y yo me imaginaba a un señor tan feo, las orejas por las piernas, la tripa,…
    Un saludo.

  5. Virginia

     /  30 diciembre 2011

  6. Pues te voy a decir una cosa, has tenido suerte de nacer en la época en la que naciste, porque si es hoy en día a tu padre lo denunciaban por proponerte una actividad perjudicial para tu salud (no te fueras a constipar) o peor aún, lo enchironaban por animarte a participar en “una fiesta” de la camiseta mojada…porque en esto es en lo que el nuevo pensamiento nacionalcatolicista, después de 35 años de educación encubierta, nos ha convertido, a casi todos, en gilipollas.
    Pero también digo una cosa: que les den, ellos se lo pierden

  7. Trancos

     /  31 diciembre 2011

    Yo lo he visto hoy. En la tele. Al hombre de las orejas. Sin necesidad de ir al Puente de Piedra. No tenía muchas orejas. Sólo dos, pero grandotas (¿para oírnos mejor?). La camisa sí que la tenía mojada (yo. Él no sé). De sudores fríos.

    🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂

    “He puesto sobre mi mesa
    todas las banderas rotas
    las que nos rompió la vida
    la lluvia y la ventolera
    de nuestra dura derrota”.
    (Labordeta)

    Feliz Año Mariano, Rosa. Para tí y los tuyos. Y para los asiduos que suelen atracar su nabe en este puerto de la mar del ciberespacio.

  8. Xaquín

     /  1 enero 2012

    No me entusiasma el hilo musical de las casas cuando operadoras como Moviestar escoge la música, pero en esta aún se pueden respirar buenos aires y, además, Labordeta es siempre Labordeta. Bueno, realmente es el y muchos más…porque lo mejor de algunos cantantes es que nunca te dejan escucharlos solo/a…

  9. Fernando

     /  3 enero 2012

    No conocía esta versión, y eso que hace años que vivo al lado del Puente de Piedra. En mi infancia en un pequeño pueblo de la Ribagorza oscense me contaron siempre que si me asomaba a un estrecho camino que bordea el río Ésera a su paso por el pueblo con una camisa mojada y una caña verde en la mano vería a un hombre con tantas narices como días tiene el año. Ganas de acudir no faltaban pero, como en tu caso, ganó la prudencia y la camisa mojada siempre fue el impedimento para ir a verlo.

    A partir de ahora me apropio de la versión de tu padre con el Puente de Piedra y quizá alguna nochevieja me acerque, como tantos días me acerco a ver bajar las aguas del Ebro. Buen año.

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