Obama, reelegido

Obama ha vuelto a ganar. El “empate técnico” del que hablaban los sondeos y, con tanto énfasis, resaltaban los medios, se ha traducido en una abultada mayoría de 303 votos electorales sobre 202 conseguidos por el candidato republicano Mitt Romney. También ha ganado Obama el voto popular, aunque más ajustado y perdiendo apoyos respecto a 2008.

En el triunfo de Obama ha sido determinante el apoyo de la sociedad real: latinos, afroamericanos, jóvenes, los no millonarios. De quienes no votan contra sus intereses, enfadados por logros a medio gas. El globo neoliberal hinchado al completo es siempre mucho peor.

Lejos queda -y se puede palpar la diferencia con las palabras de Obama hoy- aquel discurso encendido con el que inició su mandato:

“Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro, nuestras escuelas han fallado a demasiados y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerza a nuestros adversarios y amenaza a nuestro planeta.

Éstos son los indicadores de una crisis, según los datos y las estadísticas. Menos tangible pero no menos profunda es la pérdida de confianza en nuestro país, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.

Hoy les digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente”. (…) “Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política”.

Cumplió muchas de sus promesas, no todas, y además se añadieron serios errores.

Obama se puso en acción de inmediato. Sin aguardar a los balances de los cien días de gracia, en diez formula importantes decisiones. En primer lugar ordena el cierre de Guantánamo en un año y también prohíbe la tortura y las cárceles secretas. Corría enero de 2009, hoy… Guantánamo sigue abierto, como herida sangrante en su credibilidad.

Obama, en cambio, sí rompe moldes al utilizar nuevos métodos de acercamiento y participación ciudadanas, o al abrir una brecha importante en el arraigado mito del racismo. Entre sus primeras medidas, levantar la prohibición para investigar con células madre, viviendo en su tiempo y no en la Edad Media como su antecesor. Promover la igualdad salarial entre mujeres y hombres y restaurar a los sindicatos. O reducir las emisiones de CO2 y buscar una menor dependencia de los combustibles fósiles.

Da muestras de gran realismo. Apuesta por el equilibrio multilateral en lugar de por el imperialismo. Tiende la mano a los musulmanes, expresando la necesidad de “escuchar antes que imponer”. El nuevo lenguaje con el mundo islámico se afianza en un histórico discurso que en junio dicta en la Universidad de El Cairo. Nunca había hablado igual sobre el tema ningún presidente norteamericano. Llamando a acabar, sin temor a las palabras, con la “tensión”, el “miedo” y la “desconfianza” mutuas.

En enero de 2009 avanza además la financiación de un programa de ayudas que dará cobertura médica a cinco millones de niños estadounidenses sin seguro. Está comenzando a sentar las bases del proyecto estrella de su mandado: la reforma sanitaria, algo que nadie había podido lograr en el país. Consiguió su aprobación, aunque parcialmente descafeinada, en marzo de 2010. Con enorme tenacidad persistió en conseguir al menos mayor cobertura para los estadounidenses a pesar de que —asombrosamente para los europeos—, sólo el 40 por ciento de la población está de acuerdo con la medida y casi el 50 por ciento la rechaza abiertamente. Sus inversiones en el sector público frente a la austeridad neoliberal europea, ha proporcionado mejores resultados económicos que en esta UE hundida en la recesión interminable.

Temprano Premio Nobel de la Paz, procede a la ejecución sumarísima de Ben Laden que ni siquiera le dio mayores réditos electorales. Y sus buenas intenciones en muchos campos chocan con la realidad, esa realidad que nos imponen un reducido grupo de personas a todos los ciudadanos.

La opción de cambio era el partido republicano, «reorganizado» apenas un año después de llegar Obama a la Casa Blanca para lanzar un mensaje ultraderechista y populista a través del Tea Party en pugna con sectores más moderados. No era Romney su peor candidato, demasiado “centrista” para muchos. Hoy esa ideología ha sido derrotada por los norteamericanos y hemos de felicitarnos.

Deseo mucha suerte a Obama por el bien de todos. Espero que ahora “sí pueda”, sí podamos.

Estratosférico aumento del presupuesto en antidisturbios

Privatizan la sanidad, recortan ésta, la educación, los servicios públicos. El Estado –es decir, el Estado del Bienestar- sobra a los gobiernos del PP, central y autonómicos. También al catalán, no nos olvidemos. De él solo quieren mantener el poder de decisión sobre arcas y haciendas… y lo que llaman Seguridad. Para ser precisos, el aparato de reprimir cualquier protesta social por los atropellos causados a la ciudadanía.

El periodista Javier González, en El Mundo, ha escudriñado los presupuestos y ha encontrado estos desproporcionados gastos:

El gasto en antidisturbios y material de protección pasará de 173.670 euros en 2012 a 3,26 millones en 2013 .

El presupuesto a cinco años vista se dispara de 759.330 euros a 10 millones de euros.

Disminuye, entretanto, la partida destinada a Seguridad Ciudadana.

El gasto en reponer la totalidad del material policial pasará de 1,6 millones de euros anuales previstos en los anteriores presupuestos a 4,4 millones en los nuevos.

Se congela, en cambio, el gasto en reposición y nuevo equipamiento de la Policía Científica.

¿Cómo interpretáis estas medidas?

Por cierto, 128.000 personas más en el paro registrado en el INEM.

 

Los desahucios invisibles

El periodista Ignacio Escolar escribe hoy en El Periódico de Cataluña un artículo con datos impresionantes. Por fin hemos encontrado a la «mayoría silenciosa» en la que dice sustentarse Rajoy. Malo es perder la casa, pero achantados por la vergüenza eleva el drama a cotas seriamente preocupantes.

«La mayoría de las familias que son desahuciadas en España por no poder pagar su hipoteca no lo cuentan. No se atrincheran para aguantar ante la policía que llega con la cruel orden de desalojo. No llaman al 15-M ni tampoco a las cámaras de televisión. No se resisten ni luchan. «Les mienten a sus vecinos, les dicen que se mudan a otro barrio o a otra ciudad, que les ha salido un trabajo fuera, que ya escribirán», me cuenta un abogado que conoce de cerca esta tragedia. «Piden al banco entregar las llaves en el juzgado o en la sucursal para evitar que nadie más se entere. No quieren pasar por el oprobio de que la gente les vea como fracasados. No quieren afrontar su derrota».

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¿Una plaga de termitas?

Las termitas son insectos. Se agrupan en nidos y se alimentan de la celulosa contenida en la madera. Con enorme constancia y eficacia, horadan su objetivo –un árbol, por ejemplo- hasta dejarlo hueco y muerto, aunque exteriormente parezca que sigue vivo. Saben infiltrarse con gran discreción. Pueden devorar una viga completa atravesando incluso el hormigón, sin que sea perceptible hasta que se cae. Una organización, perfectamente jerarquizada y dividida en castas, les ayuda en sus fines.

 Quienes viven realmente bien son, claro está, los jefes: las reinas y los reyes, como les han llamado los científicos. Son los únicos que se solazan en la labor de reproducirse y no hacen otra tarea para la colectividad. Las termitas obreras realizan todo el trabajo. Construyen y mantienen el nido y los túneles, los limpian también. Comen para ellas y para los demás. Como son las únicas que pueden digerir el alimento, se lo pasan ya deglutido a las otras castas: los reyes y los soldados.  También los cuidan y hasta los acicalan. La mayoría son ciegas. Las pobres tienen un cuerpo poco esclerotizado, poco duro. Y eso cuenta en la especie. Porque el de los soldados sí es esclerotizado. Y mucho. En particular su enorme cabeza. Poseen potentes mandíbulas para morder al enemigo o repelerle con chorros de una secreción viscosa y tóxica.

Hay 3.000 variedades de termitas que se conozca. Lo mismo que existen un millón  de categorías descritas de insectos, especie a la que pertenecen las termitas, y que es la de mayor éxito biológico de la tierra; pero los científicos estiman que podrían existir hasta 30 millones más todavía sin identificar. De momento, al menos. Dado que muchas veces se constituyen en plagas –que destruyen cuanto tocan buscando lo que les interesa- modestamente propongo a los investigadores que evalúen algunos datos de otra variedad que estamos experimentando los humanos.

Son aquellos que se infiltran por el Estado del Bienestar que disfrutábamos en Europa. Con discretas pero firmes dentelladas van engullendo la sanidad, la educación, los transportes públicos, la ciencia y la investigación –por ahí igual les animamos a iniciar el estudio si inicialmente no lo ven claro-, la cultura, el empleo, los subsidios para los parados, las pensiones, la ayuda a la dependencia, a la  cooperación, los derechos de los ciudadanos –del país e inmigrantes-. Los precios asequibles. Los del medio ambiente, en costas, aguas y aire. Todo. Un sistemático y constante triturado en todas las direcciones.

La variedad española del fenómeno, ataca, además, el progreso logrado en múltiples aspectos esenciales. La educación que empezaba a acercarse a Europa y ahora regresa medio siglo atrás. La sanidad que era modelo ejemplar en el mundo. La justicia. Las libertades. A la función pública con la fruición de una colonia de roedores enfebrecidos. Con especial virulencia corroe los derechos de las mujeres, que habrán de volver a pedir permiso y esgrimir justificaciones para comportarse como tales en algunas circunstancias en las que como seres humanos decidían. Los de quienes, en circunstancias más favorables, se embarcaron en comprar la titularidad de una casa que en realidad tenía el banco. Y este banco es alimentado, cuidado y acicalado con los impuestos de la gente, mientras los hipotecados pierden su hogar.

 Se infiltran sin que buena parte del conjunto se dé cuenta, afanados en su tarea cotidiana. El Estado del Bienestar luce con su corteza más o menos impoluta, pero por dentro se está vaciando. Al paso que vamos, por completo. Atraviesan el duro hormigón de muros que parecían sólidos e infranqueables, los engullen y los pudren sin remedio. De ser un mueble de madera maciza se ha convertido en una pila de serrín, aunque parezca conservar su fachada.

 La casta que les sustenta, que construye, trabaja, ordena, asea y protege, es mayoritaria, pero parece tener dificultades de visión o de criterio. O estar permanentemente distraída intentando olvidar sus zozobras. O pensar que “así ha sido toda la vida” y no hay más qué hacer. De una forma u otra, colaboran en la tarea devastadora. No todos. Hay quienes sí se dan cuenta y corren de un lado a otro alertando. Protestan, pero les mandan los soldados a morder y emponzoñar, si es preciso, dado que han pasado a ser considerados sus enemigos. El Estado carcomido solo refuerza lo que llaman seguridad, la capacidad de usar la caja, o la de recaudar impuestos cada vez más elevados y con menos contraprestaciones.

 ¿Son termitas? Los científicos pueden ayudarnos a identificarlas y tratar el problema, estoy segura. Las dimensiones del fenómeno no pueden pasarles desapercibidas. Y urge tomar medidas. Caso de serlo, las termitas, una vez que empiezan, nunca dejan de acribillar sus objetivos para usarlos en su provecho.

*Publicado en eldiario.es