Venciendo al «kippel»



“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” es una novela corta de ciencia ficción, escrita en 1968 por el norteamericano Philip Kindred Dick . Una versión libre de ella dio origen a la imprescindible película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott en 1982. Por cierto, la precariedad en la que viven esos androides prefabricados -tan similares a los humanos- que les obliga a huir de su planeta, se parece mucho más al futuro al que nos abocamos que al «Mundo Feliz» de Adouls Huxley y sus contemporáneos.

    Tengo la teoría de que mi casa engulle ciertos objetos. Al vivir más personas en ella, parecería que alguna activara el desagradable mecanismo, pero no, hace poco me explicaron que aquí se me ha instalado el «kippel«. Limpios como los cuidadores de patenas, con todo en apariencia de orden, somos absolutamente inocentes de la ocupación de ese desagradable ente. Termina por no ser basura en sentido estricto, sino mucho peor: cuerpos que han perdido la función que les dábamos y que toman vida propia. A saber:

“Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado la última, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (…) el kippel expulsa el no-kippel (…) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado» escribieron en su día en www.microsiervos.com citando la novela aludida.

    Pues bien, en este extraño día de lluvia persistente, de intentar no hacer nada en absoluto, parecería que el «kippel» haya sido vencido por el «no-kippel» y han comenzado a aparecer los objetos perdidos. De hecho, yo me encuentro en total relax y me llaman uno por uno, acudo a su voz y allí están. El problema es que esa propiedad de reproducirse subterfugiamente del «kippel«, oculta cosas valiosas.  Y lo mejor es que, como diría cualquier colega de los medios actuales, el prodigio “no ha hecho más que empezar” (les gustan mucho los tópicos). Ahora voy a estar más atenta a los sonidos de lo que queda por volver a hacerse presente.

   Esto me ha llevado a una segunda reflexión, mucho más decisiva. Han vuelto a revivir en consecuencia CDs por ejemplo y, para escucharlos, he conectado, tras mucho tiempo sin hacerlo, el equipo de música, más cerca del sofá reparador. Es un ejemplo. Resulta que los seres humanos somos producto de una trayectoria y, sin embargo, solemos quedarnos con lo último que llega, arrinconando buena parte de lo anterior. Me refiero a las personas que mantienen sus ojos abiertos, no a los del “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Errores y aciertos nos labran y solidifican, multitud de recuerdos renacen para volver a latir y matizar el conjunto. Nefasto mirar sólo a un inicio como suelen hacer en todos los aniversarios, incompleto quedarse únicamente con lo nuevo, somos un todo, y es eso lo que nos sustenta. Debe ser ese error, precisamente, lo que desencadena el «kippel«. Es una teoría no refutada, claro. Sabe uno de este modo que tanto la felicidad como el dolor pasan, ya los conocemos, ocurrió otras veces. Y desde esa altura, se puede usar con igualdad facilidad la firmeza y la condescendencia. Incluso para uno mismo.

   Tengo la impresión de que el “kippel” que se instaló en mundos imaginarios, habita, desconocido, en el planeta Tierra.  Ahí debe estar la raíz de lo que nos ocurre. Hay que apagar los ruidos y encender la realidad para escuchar el orden natural, su contrario, y sacarlo a la luz. Lo está pidiendo, ya os digo.

A los periodistas que han nacido hoy

 

Mahatma Gandhi, esa gran mujer pacifista”. Lo dicen en RNE, y lo recoge Isaías Lafuente en la SER. Sin comentarios. Hace poco, falleció “Tony Curtis, ese gran actor cómico”… para los que sólo vieron, al parecer, “Con faldas y a lo loco” del centenar de películas que hizo. Un afamado presentador de televisión, se acogió en 2005 al tópico que rodea a los Nobel de Literatura y dijo: “Harold Pinter, un escritor desconocido”. Cercano a la cincuentena, este año el periodista no habrá tenido problemas en reconocer a Vargas Llosa, eso está bien. O una solvente redactora de cultura llamando «Nessun Dorna» al aria final del Turandot de Puccini, y eso que es una de los temas más famosos de ópera.

   Podríamos encontrar ejemplos a diario, buena parte de quienes hablan o escriben en los medios (me parece una forma precisa de calificar lo que hacen), creen que el mundo nació el mismo día que ellos. Y es eso lo que transmiten. A la sociedad. Los fallos en cultura “sólo” acarrearían la profusión de solemnes orejas de burro, pero es que mis amados parlantes y «escribidores» también lo hacen con noticias de política, economía o lo que se tercie. Lo anterior no existe. No existen tampoco las hemerotecas, archivos de todo tipo, ni los libros y enciclopedias. Da trabajo. El fuego de la trivialidad y la pasividad ha arrasado nuestra  «Biblioteca de Alejandría«.

Y se llevan unas sorpresas descomunales. Un día estalla un volcán y resulta que tenía dentro una cosa llamada lava, surgida espontáneamente diez minutos antes. O esa gente tan mala que pone bombas ¿por qué lo hará? La vida es un espectáculo. 

   En la era de la excesiva información cada vez sabemos menos, si no nos molestamos en buscar. Los primeros, parece, quienes difunden informaciones. En el periodismo –como en la vida quizás- es esencial la curiosidad. Si voy a escribir y titular sobre Tony Curtis, dado que ha venido un urgente diciendo que se ha muerto, y eso parece ser importante ¿no me sale de dentro saber quién es y qué hizo?   

   Es peligroso alumbrar el mundo cada día y borrar el pasado: nos condenamos a cometer muchos errores y en toda la gama de calibres. «La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido«. Milan Kundera.

    Os dejo con Pavarotti y Nessun Dorma –ninguno duerma-. La adoro y más. Es un fragmento del reportaje que hicimos desde la corresponsalía de Londres para Informe Semanal. Pavarotti en el Hyde Park de Londres. Verano de 1991. Concierto nocturno y gratuito, al aire libre como se deduce. Una inmensa multitud la coreaba. Se habló de 350.000 personas. Muchos de ellos asistían a la ópera en directo por primera vez en su vida. Nunca se la oí cantar mejor.  

Camps y el sexo

    Francisco Camps –como decíamos ayer- ha retirado, temporalmente, la educación sexual de los institutos. Ya avanzó que quería «rediseñar su contenido«. Ahora vemos que la medida coincide con una petición del Arzobispado de Valencia que, de hecho, pondrá a disposición de los colegios concertados y privados durante este curso, un texto alternativo. El arzobispado ha declarado que se están  «ultimando los detalles» de este programa contrario a la masturbación, los anticonceptivos, el aborto o el inicio de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Evidentemente todos los miembros del Arzobispado –supuestamente célibes- son auténticos expertos en el tema.

   Siempre me ha desconcertado la obsesión por reprimir el sexo del ultraconservadurismo. Una –a pesar de todo- amiga quiere enviar a Bibiana Aído a la cárcel por haber entrado en las procelosas aguas de lo innombrable. Tras más de 30 años de democracia, la educación sexual sigue siendo un tabú en los colegios españoles, tanto públicos como privados, según se ha denunciado reiteradamente. Depende, en gran parte, del signo del  centro, en algunos es una quimera. El peso de la Iglesia se deja notar y, hasta en la educación pública existe una mentalidad conservadora latente que sigue considerando el sexo algo a esconder. De esta forma, buena parte de los niños españoles continúan informándose a través de amigos y con los medios de comunicación. Los ardorosos adolescentes valencianos –casi todos lo son a esa edad- se toparán ahora con la sotana que les dice que no forniquen y, si lo hacen, sin preservativo para traer muchos votantes al mundo, aunque luego se mueran de hambre.

   Es asombrosa la permisividad con el resto de los llamados mandamientos de la ley de dios. La reiterada malversación de fondos públicos se trata como pecadillos veniales, amarse es un delito mortal, si no cuenta con la bendición de algún célibe sacerdote.

   Entre todas las disquisiciones que se disparan acerca del papel de un dios en la creación del mundo –frente a los racionales hallazgos de la ciencia-, lo más incomprensible es que ese Ser –distinto en cada religión- se haya molestado en ordenar con quién y cómo debe uno meterse en la cama.

   Paradójica también la obsesión de los dirigentes valencianos, de tan «dudosa» sexualidad, por imponer el hombre-mujer y bajo sacramento en las relaciones sexuales.

   El desarrollo científico, tecnológico, cultural, no ha ido parejo en absoluto con el progreso humano. Si nuestros antepasados prehistóricos se zurraban con garrotes y piedras, ahora lo hacemos igual, solo que con sofisticadas bombas. No sólo es necesaria la formación sexual -para sacar mucho más provecho de ella y no cometer errores evitables-, se hace indispensable educar en los afectos, terreno en el que no se ha avanzado nada en milenios. Amarse con emoción, a la luz del día, sin oscuras sotanas que nos oculten. Al fin y al cabo, es uno de los pocos placeres que todavía no cotiza en bolsa.

Corrupción española: bien de interés cultural

En vista de la encendida defensa que hace el PP para declarar los toros bien de interés cultural y patrimonio protegido por la UNESCO, es de suponer que actuará en consecuencia cuando llegue al poder como le vaticinan las encuestas, dado que ya lo ha hecho en las comunidades que gobierna. Pero todavía nos pueden deparar muchas más sorpresas. Por ejemplo, lograr la misma calificación para la corrupción española. Así Cospedal (y el resto de los ecos) no tendría que salir a atacar el Estado de Derecho cada vez que la policía entrulla a miembros de su partido por malversación de fondos públicos, cosa que ocurre con cierta frecuencia. Hay cosas que no deben exponerse a la vista pública. Se lavan o se ocultan en casa, como toda la vida.

Declarar la corrupción española bien de interés cultural, de interés turístico también, y patrimonio protegido de la UNESCO, se asienta en profundas razones que no pueden verse obviadas.

  • La tradición. Desde el gran éxito editorial de Anónimo, con el Lazarillo de Tormes, sabemos que forma parte de nuestras más arraigadas costumbres. Cuatro siglos ya de la obra y no hemos hecho nada por reivindicar nuestra insuperable aportación al mundo. Se apoyaría también en refranes populares como el que dice “Abierto el cajón, convidado está el ladrón”. Grandes y pequeños, nobles y villanos, reyes y presidentes han robado a manos llenas el dinero público. España puede acreditar una gran tradición en esta práctica, y las tradiciones hay que conservarlas. ¿Qué haríamos sin tradiciones? La corrupción es “un componente especial de la cultura española”.
  • Trato dado a los corruptos. Como los toros antes de la corrida, los corruptos españoles gozan de grandes prebendas, superiores a los humanos honestos. Y a diferencia de los astados que palman en sangre, nuestros corruptos a gran escala, suelen salir casi indemnes de la cogida. Buenos y caros abogados, lentitud de una justicia que no siempre es del todo ciega, apoyo solidario de unos con otros, e incluso de desconocidos que quieren medrar sin escrúpulos. Muchos españoles llevan un corrupto dentro.
  • La estética. La corrupción española no es un deporte ni un sacrificio ritual, no, es una mezcla de baile, arte y virilidad. Embutidos en trabillas italianas a costa de los contribuyentes, danzan ante nuestros ojos, con un par de bemoles, amariposados y señoras (por cierto hay menos porque menores son sus cargos públicos probablemente) incluidos. Sus capoteos mediáticos nos embelesan, nos marean.
  • La trascendencia. Contemplar la corrupción sirve para descargar colectivamente sentimientos positivos y negativos, algo enormemente saludable según los expertos. Es una lucha casi religiosa entre el bien y el mal. Irritados algunos, complacientes otros, vemos que triunfa el mal, a diferencia de lo que ocurre en las corridas de toros, y nos preparamos para la realidad de la vida.

Declarar la corrupción de interés turístico e incluso fiesta nacional, nos traería valores añadidos. Podríamos llevar a nuestros turistas a contemplar los ladrillos del litoral que han edificado millonarias fortunas particulares, el cemento del interior, los campos de golf, los vertederos de basuras, o incluso las administraciones de lotería donde compra Fabra sus boletos. Incontables puestos de trabajo en guías turísticos y una incalculable riqueza para el país.

No olvidemos los souvenirs. Talonarios, sobres bajo mano, chapas, camisetas, jarras, llaveros con la efigie de las estrellas de la corrupción. Beneficio seguro. Una auténtica industria al servicio de «la fiesta».  Y, como apuntan los comentarios, congresos y aulas de corrupción donde aprender la carrera.

La corrupción española protegida como patrimonio de la Humanidad en la UNESCO, homologaría además a los grandes malversadores y especuladores mundiales. Agradecidos, «los mercados» dejarían de atacarnos. No se ven más que ventajas.

La sabiduría práctica, la inteligencia emocional, no está para luchar contra los elementos, sabe navegar con el viento a favor y sacar provecho de su patrimonio. Hay que subvencionar –más aún- a los artistas de la corrupción española, no dejar que la fiesta muera. Con rigor y sin apoyos, estos bravos ejemplares desaparecerían. España sería otra. Honesta, responsable, culta.

Por cierto, Camps ha retirado temporalmente la educación sexual de los institutos porque tiene que «rediseñar» sus contenidos (la abejita y el polen, me han apuntado como posibilidad). Y un informe internacional sitúa a los jóvenes españoles a la cola de Europa en innovación y competitividad. Lo atribuye a que aquí no se cultiva la inteligencia. Según los expertos, eso lastra el desarrollo económico y social de los países. ¡Qué sabrán ellos! Aquí les va divinamente a unos cuantos. Y más que les irá. Estamos en el buen camino. ¡Corrupción, fiesta nacional, bien de interés turístico, cultural y patrimonio protegido por la UNESCO!

Aznar, uno de los 5 peores ex presidentes del mundo

 José María Aznar ha sido considerado por la revista Foreign Policy como uno de los cinco peores ex presidentes del mundo. El título lo comparte con el ex canciller alemán Gerhard Schröder (“vendido al dinero de Gazprom”), el nigeriano Olesegun Obasanjo (un corrupto cum laude que fue presidente de Nigeria entre 1999 y 2007), Joseph Estrada, presidente de Filipinas entre 1998 y 2001 (otro acreditado malversador de fondos públicos) y Thaksin Shinawatra, primer ministro de Tailandia entre 2001 y 2006, a quién se acusa de ser instigador de los “camisas rojas” y de haber violado los derechos humanos durante su mandato. La inclusión del español Aznar, es por su extremismo retórico, fruto de su extremismo ideológico, añado. Ya sabemos el profundo nexo de unión entre ambos.

José María Aznar, ostenta el número 2 de la lista de los peores ex presidentes del mundo,  por su versión de los atentados del 11M, en donde “trató de culpar de los atentados en Madrid a ETA, cuando en realidad fueron extremistas islámicos los que perpetraron los atentados con la esperanza de castigar a España por su apoyo a la profundamente impopular guerra de Irak”.

La revista da un repaso a la actividad de Aznar desde su salida del Gobierno en 2004, tras 8 años de mandato. Y destaca que “dirige un grupo de reflexión y se sienta en la junta de News Corporation de Rupert Murdoch”.

 Ya ex presidente, Aznar no ha cesado de hacer gala de su extremismo.  “Aznar -dice la revista- se ha unido al presidente checo, Vaclav Klaus, al llamar al calentamiento global una nueva religión”. Las declaraciones de Aznar sobre los ecologistas, a los que llamó “abanderados del calentamiento global que tratan de restringir libertades en nombre de una noble causa como hicieron los comunistas«, apoyan esta crítica. Foreign Policy recuerda la contradicción del Aznar actual con lo que hizo en el pasado: “no importa que España firmara el protocolo de Kioto para combatir el calentamiento global bajo el mandato de Aznar”.

Foreign Policy critica también la petición de Aznar de que los musulmanes se disculparan por la invasión de España, su opinión sobre el diálogo interreligioso (al que calificó de “estúpido”) y sus peculiares observaciones sobre la elección de Barack Obama como presidente de EEUU (“un exotismo histórico y un previsible desastre económico”).

Se destaca, asimismo, su defensa de la bebida incluso si se va a conducir, en contra de todas las campañas de tráfico del mundo, y a su actual “amistad” con Israel.

Estos son los motivos argumentados por la publicación para incluir a José María Aznar como uno de los presidentes que “no han hecho nada”, frente al resto, que dedican su vida a hacer “algo bueno” por el mundo o, al menos, “ desvanecerse en el olvido”.

Que me lo arreglen otros

Las desmesuradamente aireadas primarias del PSOE en Madrid han revelado que en toda la Comunidad hay 18.000 afiliados a este partido y que ni siquiera todos acudieron a votar para tomar una decisión significativa. Cuenta Miguel Ángel Aguilar –alarmado por la misma cuestión- que los militantes con carné del PP han llegado a los 90.000 en Madrid. Que son 700.000 en toda España, frente a los 360.000 del PSOE y los  55.000 de Izquierda Unida. Las cuotas de los socialistas representan 6 euros al mes, dice Aguilar, salvo los cargos públicos que cotizan en función de sus ingresos (aunque parece que no pagan más de 20 euros mensuales).

Ignacio Escolar encontró hace poco un informe de la Comisión Europea en donde se mostraba que España es uno de los países con menor afiliación sindical (el 15% frente al 25% de media con más del 70% en Suecia y Dinamarca) y con mayor número de empresas inscritas en las patronales (el 72%).

De estas canteras se nutren los cargos (políticos, sindicales o empresariales). Todo ello explica muchas de las situaciones que padecemos. Sus picos significativos son éstos, en mi opinión:

  • Escasísimo compromiso de los españoles por las cuestiones de todos.
  • Mayor en la derecha y en la patronal que en la izquierda o las uniones de trabajadores.
  • Peligrosa endogamia.

Puede que hayan sido los males seculares de España…

  •  40 años, uno tras otro, de tutela franquista que nos trató como súbditos con debilidad mental, creando una inercia que tardará en irse.
  • La recurrente falta de educación de la ciudadanía que induce actitudes profundamente egoístas.
  • Ver la obsoleta y jerárquica estructura de las organizaciones que disuade de participar en ellas. Salvo, como vemos, en las empresas.

En las formaciones de izquierda aparecen como grupúsculos (comparados con los votantes) que se guisan y se comen –sin duda echando sal a los dulces, y azúcar a los salados por fastidiar al rival- un pastel que debiera competernos a todos. Todo fruto de la endogamia. Apenas 500 votos han separado a Tomas Gómez de Trinidad Jiménez y el hecho ha ocasionado un terremoto que hace temblar los cimientos de La Moncloa. Poco más de 7.000 personas han tomado una decisión que termina afectando a todo el país. Aunque siempre sea mejor a que lo haga una sola persona, una camarilla o los miembros de una ejecutiva.

Los movimientos vecinales están prácticamente muertos. Proliferan en cambio minoritarias asociaciones eufemísticamente llamadas –en muchos casos- “sin ánimo de lucro”, ávidas de subvenciones públicas, para reunirse de vez en cuando y hacerse chapitas y carteles con su nombre. Como casi todo lo que ahora sucede, esta situación ha sido promovida desde los poderes varios, pero la sociedad no se libra ni mucho menos de culpa. Huímos del compromiso, por las razones que sea, dejando en muy pocas manos lo que se dispone para todos. Es decir, la antítesis de la democracia.

En otros países no sucede lo mismo. La implicación en los destinos del conjunto de la sociedad es mayor. Y se nota.

  Entono la primera el «mea culpa», no tengo inconveniente. Jamás he estado afiliada a un partido o sindicato. Creía que el ejercicio asalariado del periodismo e incluso el no remunerado, me impedía suscribir una militancia que condicionaría mi independencia. Y los sindicatos están adscritos a partidos. En el fondo, ocurre también que soy más bien ácrata. Participo en algunas asociaciones, las que he encontrado más acordes con mis ideas y más efectivas en el marasmo que os contaba. Por ejemplo, ATTAC, Amnistía Internacional (ninguna de las dos recibe subvenciones públicas, se costean con cuotas), o varias ONGs de «medicina del mundo«. De la Europa en Suma que creé me echaron para convertirse en sucursal de la UE oficial.

  Os animo a empezar por algo. Pero la solución final es que nos impliquemos más, que cambiemos las estructuras del sistema con la masiva participación en sus cauces. O creemos nuevos si encontramos viciados los que existen. No son de recibo estos datos de los que hoy hablamos. Insisto en que no es así en otros países que han logrado mayor bienestar del conjunto, todos los ciudadanos se benefician. El patriotismo es eso, no lo que nos cuentan.

Queridos y queridas lectores y lectoras

Queridos lectores y lectoras. Perdón, queridos y queridas lectores y lectoras. Perdón, queridos y queridas lectores y lectoras, altos y altas, bajos y bajas, rubios y rubias y morenos y morenas y pelirrojos y pelirrojas, delgados y delgadas, gordos y gordas, con el peso y la pesa ideal, jóvenes –vaya-, maduros y maduras, viejos y viejas, listos y listas, buenos y buenas, pacientes e impacientes -o pacientas e impacientas-, sensatos y sensatas, vecinos y vecinas de Madrid, catalanes y catalanas, navarros y navarras, vascos y vascas, asturianos y asturianas, gallegos y gallegas, castellano-leoneses, y castellanos-leonesas, castellano-manchegos y castellanos-manchegas, riojanos y riojanas, aragoneses y aragonesas, valencianos y valencianas, baleares –¡mon dieu!-, extremeños y extremeñas, murcianos y murcianas, andaluces y andaluzas, canarios y canarias, ceutís –mira por donde- y melillenses –my god-. ¿Se leerá esto fuera de España?… sí, seguro, pues tendré que saludar también a los y las canadienses, franceses y francesas, italianos y italianas, suecos y suecas… Sólo que llevo casi medio artículo y aún no he empezado a desarrollar la idea.

A lo que iba, compañeros y compañeras, amigos y amigas: la muletilla se ha implantado y ya no hay acto público donde no se utilice lo que llaman lenguaje inclusivo. Saludar a las discriminadas mujeres en paridad a los varones. Con toda seguridad tienen un origen machista tantas atribuciones de términos masculinos al neutro del español. Hemos vivido y vivimos en el país que ya sabemos. Pero lo que hay que cambiar son las actitudes y no las palabras. O buscar nuevas que solucionen el problema, como sucedió con el ingenioso hallazgo de los tropecientos, admitidos ya por la RAE. Ni para ti, ni para mi ¿compañeris va bien?

Nunca se llegará a la completa descripción de un auditorio, ni de una situación por este método, nos cuenta, entre otros argumentos, este artículo de FUNDÉU. Veamos un par de frases. Ella y él están casados o Es normal equivocarse: somos humanos. ¿Qué decimos para ser progresistas? Ella está casada con él, y él está casado con ella; Es normal equivocarse: somos humanas y humanos.

  Porque lo paradójico es que esta situación llega cuando la sociedad está economizando (y empobreciendo a mi modo de ver) el lenguaje hasta límites espeluznantes. Ya no hay fines de semana, sino “findes”. Llaman a un edificante programa de televisión “Dónde estás corazón” y termina por ser conocido como “DEC”. El “que”, apenas es ya más que q o k. Nos ahorramos dos dígitos. Tiene que caber en los SMS, en el twitter.

Apasionada por twitter, por su rapidez y variedad de fuentes, alerto del peligro de que lo eleven a los altares como el nuevo periodismo (ya lo han calificado así algunos expertos). No se pueden reducir las noticias a titulares, ni las ideas pueden caber necesariamente en 140 caracteres.

Pero ¿cómo es posible que, al mismo tiempo, se hayan impuesto esas retahílas extremas de saludo? Algunos oradores se confunden y dan la bienvenida dos veces a los compañeros (olvidando a las compañeras) y viceversa. Debe ser difícil guardar el hilo del discurso que se va a exponer con esa barrera inútil de enumerar a tanta gente. Palabras huecas. Esta civilización que se despide, no deja de degradarse en cada supuesta innovación, en cada cambio. Se mire por dónde se mire, lo que llega es peor que lo anterior, y lo que permanece se deteriora. Por lo general. Con excepciones.

No tenemos tiempo que perder, el lenguaje también se rige por la avaricia. Si esta rácana y perezosa época nos raciona las palabras, no las desperdiciemos en redundancias, bastantes gratuitas. Saludemos, por ejemplo, a entusiastas, idealistas, generosos, éticos, vibrantes, creativos, nombremos al abedul y a las escafandras, a la libertad (de la buena) y a los etcéteras, a la sabiduría y el tesón, a las mandrias de mi tierra que convierten en renqueantes las mañanas. A la esperanza siempre, a la realidad siempre. Os aseguro que una plaza llena de compañeros y compañeras despertaría más del tedio (bonita palabra también, fea idea) llenándola de sugerencias que con manidas muletillas. Hasta el moño estoy de los “compañeros y compañeras”, “ciudadanos y ciudadanas”. No sé si se nota.  Y no olvidemos que la lengua envilecida, a quien realmente daña es a las ideas. La moda del lenguaje corto, sintético, y del manido, edulcorado y vacío, nos está modelando a su imagen. Palabras huecas, ideas huecas.

Y para no confundir las témporas con lo que sea, Lila Downs 

La vida debería ser una tarde de domingo

 De mi primer libro (Diario de una mujer alta, 2001) este texto para un domingo otoñal. Mucho tiempo 9 años. ¿Se muta?

La vida debería ser una tarde de domingo, con gripe, el teléfono mudo y las pasiones enjauladas en el televisor. Imprescindible que el día sea domingo y no sábado, que no ofrezca muchos estímulos para salir de casa, tiendas y museos cerrados, cines demasiado abarrotados y bares -al menos por la tarde- desiertos. Desde luego, ese domingo habría de pertenecer al otoño o al invierno con el frío ahuyentando las ganas de ir a dar un paseo o hacer el esfuerzo de ir a ver a algún amigo, y con una única y máxima atracción: arrebujarse en el sofá incluso enrollados en una manta.

La gripe ayuda. Una sensación de calma, de nube, de excusa para no hacer absolutamente nada. El teléfono en silencio para que nadie contamine con sus ilusiones o sus desánimos la paz que nos invade, para no sentir que existe otra vida que la que late entre nuestras cuatro paredes.

Se enciende el televisor, por un día no pasa nada, y hermosos muñequitos de celuloide luchan y se desesperan. Aman y sufren. Les ocurren muchas cosas en dos o tres horas, nacen, se casan, mueren, vuelven a nacer y casarse y morir. Cometen los mismos errores generación tras generación, si se tiene la suerte de encontrar una saga norteamericana. Experimentan pasiones perfectas. Enamoramientos de por vida, imposibles de llegar a término por supuesto, por la cerrazón de alguno de los implicados y que no por eso merman la pasión del contrario. Si alguien contrae un matrimonio equivocado le espera la infelicidad perpetúa, sin paliativos. No hay becarias que alivien el camino. Y el que odia, prostituye y domina suele encontrar, al final, un instante de arrepentimiento.

Todo eso ocurre a 2 ó 3 metros del sofá, detrás de un cristal y uno se puede levantar a la cocina y dejarles solos amándose u odiándose. Puede apagarlos y sustituirlos por música. Y volverlos a encender o cambiarlos por otros que corren montados en coches con sirenas, que se pelean y se matan. Es igual de verdad. Igual de mentira.

Sí, la vida debería ser esto, una tarde de domingo en otoño o invierno con ciertas miasmas que nos aturdan suavemente, con los sonidos que elegimos, apenas sin pensamientos, atenuados los sentimientos. Sin ansiedad, sin prisas, aparcados los problemas y hasta las esperanzas. Con las gatas dormitando en el salón, con luces indirectas y objetivos aplazables. No importa que la vajilla se apile en el fregadero, no la vemos desde el sofá. Nada es urgente, nada.

No sé porqué tiene que llegar el lunes. Salir a la calle, afrontar el trabajo con el cuerpo renqueante por la gripe, notar el silencio del teléfono, añorar el sonido del teléfono y sentir. Sentir sin excusas, sin pausa, sin posible apelación, sin escapatoria. Luchar y desesperarse, amar y sufrir, experimentar pasiones imperfectas, vivir entre pasiones imperfectas, vivir entre situaciones perfectamente soportables para todos los demás. ¡Y no poder apagarlas! E ir con tu corazón a la cocina y fregar los platos ¡y no poder echar lejía a tus sentimientos!

Corren las gatas contagiadas de mi prisa, suena música con palabras, suenan palabras que me obligan a sentir y tampoco puedo callarlas porque cantan dentro de mí. ¡Quiero que lluevan tardes de domingo vestidas de otoño o invierno sobre mi vida !…. no verme obligada a salir, ni a ver, ni a escuchar, no verme obligada a sentir… no verme condenada a vivir… sin él. Sin él, o sin el amor que teñía los días de gloria y no distinguía entre la primavera y el otoño. El amor que convertía en domingo de verano cada día del año o envolvía el invierno en cálidas mantas donde abrazarse juntos. Sin televisor. Con una pasión que desplazaba pasiones ajenas, con un amor vivo que no convertía en obligación terapéutica mirar y vivir por otros. Y el enamoramiento -frágil milagro- instalado en un proyecto de eternidad sin esfuerzo alguno. Era igual de verdad. Igual de mentira.

Una tarde de domingo, de limbo. Por amor he subido y bajado en ascensor vertiginoso del cielo a los infiernos. ¡No más! Aunque el limbo tenga el suelo transparente y esté más cerca del dolor.

Una tarde de domingo, de quietud, ausencia total de movimientos. Por amor he tomado, sin dudar, trenes y aviones apremiantes, he cruzado medio mundo para vivir una noche. Y he despertado en un vehículo en movimiento que me alejaba dolorosamente de mis sueños. Ya no. ¡Quiero dormir despierta en el sofá, quiero vivir en el sofá!

Una tarde de domingo, sin sentimientos propios. Por amor he estallado en huracanes de fuego, he llenado la plenitud, he ensanchado la plenitud, he desbordado la plenitud. Pero al final duele. Duele mucho. Y sin amor me he secado, he muerto, me he desintegrado, me he borrado, no he existido. ¡Nunca más! ¡Rechazo sentir, vibrar, latir fuera de las 72 pulsaciones del manual! Ver sólo, ajena, espectadora, cómo lo hacen los otros en el televisor. Mentira con apariencia de verdad, ceremonia de estar en el mundo.

Se trata de esperar. Acabará el lunes, y el martes, y el miércoles, y toda la semana. Llegará el domingo. Cada 7 días llegará el domingo. Se pasarán pronto la primavera y el verano. Y cada 7 días llegará el domingo. Cada 7 días vendrá un domingo de paz, como yo lo quiero.

Pero ¿y eso cómo se consigue ?… Volviendo a nacer quizás. No podré. No puedo. Batalla perdida, soy irrecuperable. Dentro de nada, despertaré y me desperezaré, sacudiré las neuras y volveré a empezar. Abriré la jaula y me zambulliré en las pasiones. Sí, ya sé que me espera el ascensor, los trenes y los aviones, los huracanes, la sístole y la diástole del corazón que me lo dejan como un globo, o como una pasa. ¡Qué pereza! Pero qué bien se está cuando se está bien. Y qué mal cuando se está mal… Y qué bien cuando se está bien….

Creo, no sé, que despertaré al sol para que luzca en las tardes de domingo del más crudo invierno y abriré las ventanas para que entre y me llene de oxígeno. Y saldré a la calle a buscar la vida. Y volveré al sofá para seguir viviendo la vida, sucesión de días de todos los colores. Con tardes de domingo, como descanso para tomar fuerzas. Un soplo de paz, eso sí.

Sergio Makaroff – La Próxima Vez

¿Nos mudamos al «Hijo de Gliese»?

Astrónomos de EEUU han descubierto el primer planeta fuera del Sistema Solar que cumple con las condiciones de temperatura y gravedad para ser potencialmente habitable. Es muy parecido a la Tierra, y aún está sin fastidiar (no hay superiores seres racionales todavía que se sepa, y eso ayuda). Dispone de atmósfera, creen que de agua, incluso de algún lago ¿Mar no? Temperatura entre 0 y 40º que es una banda muy soportable, mejor incluso que la nuestra. La gravedad es un poquito mayor, más fácil, por tanto, mantener los pies en el suelo. Lo consideran un planeta rojo, además. Una auténtica joya.

El mayor problema reside en que se encuentra a 20 años luz de nosotros. Tiempo desmesurado de viaje. O descubren algo para trasladarnos más deprisa o nos localizan otro planeta más cerca. Los científicos están en ello. Y ya conocen una serie de ventajas de las que podríamos beneficiarnos. Según la «paradoja de los gemelos«, llegaríamos a destino más jóvenes que los que se queden. Tiempo que se va, tiempo que vuelve.

Debo reconocer que hoy la verdad que asoma por las ventanas de la actualidad –incluso la que no asoma ni de broma porque no la dejan pero existe- me ha tumbado un tanto. Por cualquier lado que se mire, esto es un purito caos. Perdonaréis que no me moleste en recordarlo porque ya lo hacemos casi a diario. Las noticias y no noticias de la mañana no hacen sino ratificar esta impresión.

Sé que somos unos cuantos (cada vez más) los que queremos impulsar otros fines y otros métodos. Pues, tal como lo veo ahora, lo que tenemos que cambiar es… de mundo. No al mundo… de planeta. Este nuevo parece una buena opción, si nos aceleran un poco el viaje.

La gran peculiaridad del “Hijo de Gliese” –le han puesto un nombre muy feo, con número, prefiero éste, y uno en su casa hace lo que quiere-, es que apenas gira sobre sí mismo. Por tanto, una mitad vive prácticamente siempre de noche y la otra de día. Si lo miramos bien, aquí también sucede: hay quienes jamás salen de la oscuridad y quienes de continuo aparecen como favoritos privilegiados del sol –que es nuestro “astro rey”, como sabéis, allí tendremos otro-.

Pero parece que no puedo librarme de un cierto germen positivo y racional: algo así también sucede en Suecia. Entre el viaje largo, llevarse a las gatas 20 años en un cohete espacial, pobrecicas, avituallamientos rancios, habrá que optar por el realismo: Suecia, insisto. Partir de una base algo más sólida. Echar, con los votos, a los fascistas de su parlamento, que aún son pocos y los suecos tienen larga tradición democrática y progresista, y una conciencia cívica ejemplar. Y empezar de nuevo. Yo de esta España y de casi todo el resto del planeta me apeo. Al menos a esta hora. Unas buenas persianas para los días eternos, y potentes luces para la oscuridad del invierno, paliarán los principales inconvenientes. Con la vista puesta en el “Hijo de Gliese”. Por si acaso.