Día de Europa, algo más que una fecha

9 de Mayo. Día de Europa que, este año, precede a las elecciones. Se celebra desde 1985 en conmemoración de la llamada Declaración Schuman, por la que, en 1950, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores francés daba el primer paso para la creación de una comunidad interestatal, la Comunidad del Carbón y del Acero, precedente de la actual UE. El inspirador había sido otro francés, Jean Monnet. Pensaban en conceptos como calidad e incluso mejorar las condiciones de los trabajadores de ambas industrias, pero, por encima de todo, que esta unión alejaría la posibilidad de otra gran guerra. Como todos los movimientos trascendentales de aquellos años –Declaración Universal de los Derechos Humanos-, nacieron como reacción a la terrible contienda, en el deseo de trabajar porque nunca más se repitiera. Es bueno recordarlo en estos difíciles días.

Desde nuestra modesta Europa en Suma, tuvimos una sesión el miércoles a la que llamamos “La hora europea”, algo así como el Happy Hour anglosajón. Y pudimos constatar una vez más que Europa es para buena parte de sus ciudadanos una idea difusa. No nos conocemos, no queremos o no nos hacen accesible saber qué hacen las Instituciones que tanto deciden sobre nuestras vidas –entre el 70 y el 80% del trabajo de los parlamentos nacionales son transposiciones de directivas europeas-. Hay que empezar por el abecedario, para luego unir letras y aprender a leer Europa, hasta llegar a sus grandes obras. Es una labor ilusionante que precisa de un mayor número de adeptos.

Francisco Aldecoa, Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, es uno de ellos. El hecho de que las circunscripciones electorales sean nacionales o que no decidamos directamente quién va a ser la cabeza visible -el Presidente de la Comisión-, influyen, nos dijo, en que los ciudadanos no nos interesemos por los comicios europeos. Los partidos tampoco lo hacen. Envían viejas glorias o a represaliados a quienes se quiere compensar –y con una realmente sabrosa regalía-. Las campañas se hagan en clave nacional también, dilucidando en realidad quién ocupa o puede ocupar la presidencia del gobierno de cada país.

Asistieron sendos representantes de las embajadas británica y rusa, y una joven alemana que elabora una tesis sobre las relaciones interculturales. En casi todos los países, vimos, ocurre lo que en España. Algo menos en Alemania que se toma más en serio su representación europea. Angels García –que participó, en Bruselas, en la creación de los erasmus– nos contó que en Francia, cuando el referendum de la Constitución Europea, los ciudadanos fueron a las urnas profusamente informados, conocían al detalle el texto y lo habían discutido. Nosotros no sabemos qué votamos.

Pero también bajamos a lo más elemental: conocernos desde el “abecé” entre europeos. Alexander, el representante de la embajada rusa, relató la admiración que causa en su país la situación de la mujer española que en nada se parece a la de la rusa, en detrimento de ésta. Sus telediarios no se ocupan sólo de sí mismos y su entorno, así “abrió nuestros informativos la noticia de que una mujer y embarazada era ministra de Defensa en España”. “Las alemanas son igual que las españolas, los que NO SON iguales son los hombres alemanes y los españoles”, dijo con gran énfasis la joven alemana. Los hombres allí cogen permiso de paternidad y colaboran en las labores domésticas. Los británicos también contemplan expectantes las leyes progresistas españolas. Por cierto, ellos elaboran un informe anual sobre cómo les ven fuera –una interesante iniciativa-. Los españoles lo primero que decimos de ellos es que son ricos, y, después, fríos. William no lo es. Frío.

En nuestra eterna autocrítica nos gustó saber que hay dos cosas por la que España es enormemente valorada en el exterior. Una, es la forma de negociar. Esto también me lo había contado en un reportaje de Informe Semanal un catedrático sueco. Parece que somos de fiar -aunque nos parezca mentira-. Solemos mantener la palabra dada y rara vez se cambia al final como hacen otros.

Y luego está, sí, nuestra rara eficacia en la improvisación. Todos los extranjeros saben que aquí no se planifica con tiempo y se deja todo para el último día, pero les maravilla que se llegue al momento crucial siempre y con brillantez. Se relataron diversas anécdotas. Me quedó con la que contó Angels García: “Trabajaba con dos colegas, uno holandés y otro alemán –creo recordar- y sentía que ellos realizaban mejor que yo su labor por mucho que me esforzara. Pero a menudo llamaban a mi puerta la víspera del evento y, con la cara desencajada decían: Hay un problema. Y yo pensaba: Aquí entro yo, esto es lo mío. Y se resolvía.”. Nadie es más hábil en la improvisación, en la rapidez de soluciones, que los españoles. ¿Adonde llegaríamos si también estructuráramos con antelación, método y medios  los proyectos?

Una hora europea, densa y liviana, que nos divirtió e hizo aflorar nuevas ideas. Conocer otras culturas y formas de pensar ensancha horizontes. Cuantas más fronteras alejemos, más grandes seremos. Y más ricos en lo que de verdad cuenta.

¿Es España un país de profesionales capacitados?

El ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, va a participar como ponente en un curso de verano de la Fundación Universidad Rey Juan Carlos. Se celebrará este verano en Aranjuez. ¿De qué hablará Muñoz? De corrupción. “Periodismo y corrupción política” es el tema del seminario que contará con otros expertos en la materia. Julián Muñoz lo es. La poco dinamizada Universidad española ha tenido esta vez una idea revolucionaria que, por otro lado –o por el principal-, asegura a este curso un éxito mediático: llamar a un perito en corrupción, alguien que lo ha vivido como autor protagonista, conoce sus entresijos, la optimización de los recursos de los que dispone para delinquir. Un auténtico profesional.

 No vivimos en un país de especializaciones, de profesionalidad. Al menos en algunos terrenos fundamentales. Analizemos el atrapado lapsus del Presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, este miércoles. El micrófono abierto ante un millar de empresarios permitió escuchar lo que piensa: el problema de la economía no es «la grave crisis, sino los años de Zapatero» y quien realmente sabe es la ultraliberal Esperanza Aguirre que es “cojonuda”. Díaz Ferrán fue elegido para representar a sus colegas, alma de una economía de mercado. Le son exigibles criterios técnicos y no son permisibles opiniones emocionales. Ésas deben quedar para el café con los amigos. Su frase revela que el presidente de los empresarios ignora muchos puntos fundamentales:

La crisis financiera mundial provocada por sus homólogos del llamado mundo civilizado, incuestionablemente. La génesis de la debacle económica española –con la burbuja inmobiliaria inflada por muchos de los suyos, alentada por la Ley de 1998 del PP, tolerada ampliamente por los gobiernos del PSOE-. Si no ha interiorizado que las economías sólidas se basan en industrias productivas, y no en la fabricación de aire, y eso ataña a las políticas empresariales. Si no sabe que las empresas españolas se sitúan a la cola de Europa en inversiones en innovación y que eso representa el futuro.  Si no ha advertido que ningún país del mundo osa ahondar en recetas neoliberales para paliar la crisis. Si desconoce también que no se puede seguir pidiendo sacrificios a los trabajadores peor pagados de la Europa de los 15, de los que llevan casi un cuarto de siglo en Bruselas, superando en salarios sólo a los de Grecia y Portugal. Si todo eso queda nublado por su pasión política dedicada a aquellos que pueden perpetuar al límite la situación. Pero, a la vez, si no se ha enterado de que las cosas se han llevado a tal extremo que hasta los organismos internacionales alertan de un estallido social sin precedentes… es que no está preparado para el cargo que ocupa. No es un auténtico profesional de la presidencia de un colectivo tan decisivo.

En España tenemos también a periodistas y dirigentes de medios informativos que confunden el periodismo con la propaganda y los intereses económicos. A sacerdotes y obispos que dan mítines políticos en lugar de predicar la doctrina de su fundador, Jesucristo. A jueces y demás profesionales del Derecho que también se guían por criterios emocionales. Políticos como Vidal-Cuadras que optan a repetir en Europa alabando al Berlusconi de las modelos descerebradas porque “dan espectáculo” y Europa, piensa, lo necesita. Si somos el reino de la chapuza en muchos oficios… ¿nos podemos llamar un país de expertos y profesionales? ¿Ofrecemos garantías? ¿Se puede confiar en nosotros? ¿Y en nuestro futuro?

Afortunadamente hay médicos que se dedican a curar, vendedores capacitados, agricultores que se dejan la piel en el campo, jóvenes innovadores, buenos profesionales en muchas materias que, a veces, tienen que luchar en exceso por superar la tendencia general. Ellos son el tejido que argamasa este país. Pero obstaculizando el camino se encuentran quienes ocupan puestos decisorios sin capacitación real para el puesto. La Universidad Rey Juan Carlos ha encontrado para hablar a un auténtico experto: Julián Muñoz. De la corrupción. Ahí si podemos presumir de avezados especialistas. Incluso con fama internacional.

Actualización 8 de Mayo.

   Julián Muñoz no actuará como ponente en los cursos, seguramente ante el revuelo armado. El director del curso Juan Luís López Galiacho, dice ahora la socorrida frase de que se «malinterpretó» y que el ex alcalde marbéllí nunca fue contemplando como ponente. Sin embargo…

 » El dossier de prensa que se entregó a los periodistas que asistieron ese día a la presentación de los cursos, en Madrid, incluía también al ex alcalde de Marbella en el apartado de «otros ponentes» del curso «Periodismo y corrupción política», que se celebrará en Aranjuez entre el 6 y el 10 de julio».

Nuevo contrato social del siglo XXI

No estamos solos.

(Aconsejo suprimir el sonido o leer más abajo)

Este Contrato Social es un acuerdo tácito que firmamos cada mañana, simplemente, no haciendo nada. Destaca los efectos de nuestra innegable predilección por la comodidad, la indiferencia, la ceguera, la sumisión y la idiotez de todos nosotros.

Nuestro Contrato Social dice:

1.- Acepto la búsqueda desesperada del beneficio propio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como la máxima realización de toda la vida humana, aunque soy consciente a veces de que este funcionamiento engendra dolor, frustración y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.

2.- Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles, porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites y ellos deben quedar excluidos.

3.- Acepto que tiremos diariamente toneladas de comida para que los precios e índices bursátiles no se derrumben, en vez de repartir esa comida a los necesitados e impedir que millones de personas mueran de hambre.

4.- Acepto el dominio del petróleo en nuestras economías, aunque sea una energía costosa, sucia y contaminante; y estoy totalmente de acuerdo en impedir todo intento de sustituirlo por otras mejores fuentes de energía. Si se descubriera un medio gratuito de producir energía, es evidente que sería nuestra perdición.

5.- Acepto que se divida a la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que tendrán como pasatiempo la pelea entre ellos, haciéndome creer de esta manera, que el sistema está mejorando y avanzando.

6.- Acepto que la idea de «la felicidad» se reduzca a la comodidad; acepto que «el amor» se reduzca al sexo; y acepto que «la libertad» se reduzca a la satisfacción de todos los deseos, como me repite la publicidad cada día. Consumiendo sin desmayo contribuyo al sano funcionamiento de nuestra economía.

7.- Acepto que el valor de una persona sea siempre proporcional a su cuenta bancaria y que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades.

8.- Acepto que se premie exageradamente a los deportistas famosos y a los actores taquilleros y se recompense con suma prudencia a los profesores y médicos encargados de la educación y la salud de nuestras futuras generaciones.

9.- Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores, cuya experiencia y sabiduría en absoluto necesitamos puesto que somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo).

10.- Acepto que se me muestren las noticias más negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así yo pueda apreciar cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en nuestros espíritus es realmente beneficioso para todos nosotros.

11.- Acepto que los industriales, militares y jefes de Estado celebren reuniones regularmente para que, sin consultarnos, tomen decisiones que comprometen el porvenir de la vida, la salud y el bienestar del planeta y de todos nosotros.

12.- Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz. Acepto gustoso la muerte de todos aquellos seres humanos que los gobiernos decreten que son mis enemigos.

13.- Acepto también que el primer gasto de los Estados sea el de defensa y que los conflictos se creen artificialmente para deshacernos del enorme stock de armas y así poder renovarlo y hacer que la economía mundial siga avanzando.

14.- Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren más armas para combatir. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos en conflicto para así estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible, con el fin de poder arrebatarles finalmente sus recursos si no pueden devolver los préstamos recibidos.

15.- Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, pues que ya es una suerte para ellos que los hagamos trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en esos países pobres para hacer trabajar a los niños en condiciones inhumanas, miserables y precarias. No nos está permitida ninguna injerencia en los asuntos privados de esos países en nombre de los derechos humanos.

16.- Acepto que los grandes laboratorios farmacéuticos y los industriales agroalimentarios vendan, en los países más empobrecidos, los productos experimentales, los caducados o los que contengan substancias prohibidas en Occidente.

17.- Acepto que el resto del planeta, es decir más de siete mil millones de individuos, puedan pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar ni a compartir sus creencias y nociones filosóficas primitivas en nuestra casa.

18.- Acepto la lenta pero segura destrucción de los bosques, la extinción de especies animales y la casi desaparición de la vida en nuestros ríos y océanos. Acepto el aumento de la polución industrial y de la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza, como algo necesario y natural.

19.- Acepto toda esta situación porque creo y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla. Acepto ser tratado, a diario, como ganado, porque también lo aceptan todos los demás y porque definitivamente pienso que las mayorías deciden y lo hacen con enorme sabiduría y razón.

20.- Acepto este nuevo Contrato Social con los ojos cerrados, sin plantear ninguna objeción, porque siempre he preferido ver la realidad de las cosas tal como el sistema me las presenta y además porque estoy demasiado ocupado con mi subsistencia y con el resto de mis preocupaciones.

Líderes políticos del mundo:

Sé que todos ustedes sólo actúan por mi bien, por el de todos,

y por el del sistema. Por eso les doy las gracias.

Nuestro silencio es nuestro suicidio.

La peor enfermedad

desamor

Pálida, con los ojos enrojecidos de llorar. No duerme, ni come. Y siente un agudísimo dolor general que no sabe determinar. Sólo con mirarla se estremece y se le llenan los ojos de lágrimas. Tiene poco más de treinta años y acaba de romper la relación con su novio. Una pesada hipoteca le ha hecho pensar al muchacho que quién le mandaba a él asumir tantas responsabilidades. Mi amiga piensa ahora cómo afrontará sola los pagos, ya pesados incluso para dos. Pero sobre todo que ha tirado a la basura cinco años y que se diluye la idea de formar una familia. “Nunca más”, dice. Pero volverá a caer.

Esta eternamente repetida historia me inspira hoy ternura y una enorme solidaridad. Le digo que se lo tome como una enfermedad, porque lo es, y que apenas tiene paliativos. Dice ella que jamás le ha dolido nada tanto. Y así es. Pero se pasa: con el tiempo. Arañando, cercenando, con cada hachazo un corazón que termina siendo insensible a los cantos de sirena del amor. Sólo ésos –que no es poco- son los efectos secundarios de una dolencia que no mata, pero lo parece.

52 sustancias se liberan en el cuerpo, como mínimo, en el trasiego entre el amor y el desamor. Es algo real y tangible. Parece que el chocolate calma alguna de ellas, pero no gran cosa. No han descubierto medicinas eficaces. José Antonio Rodríguez me contó que en un pueblo africano muy primitivo, la gente iba pidiéndole al hechicero “algo para el dolor del alma”. Quizás el sabio africano supiera de mayores remedios que los que ofrece el mundo civilizado.

En mi primer libro, descatalogado, “Diario de una mujer alta”, escribí mucho sobre el tema.

“Me quiebro cada día un poco más sedienta de ti. Vivo. Vivo, sí. Y otros hombres me buscan, posiblemente mejores que tú. Pero yo llevo el luto en las venas y me rompo por una luna llena que sale a traición, por una música que me asalta en una esquina imprevista y huyo mordiéndome los labios hasta refugiarme en casa. “Nuestra casa”, decías, aunque siempre estuviste de paso. Te vi latir en mi mundo, es imposible que no fuera cierto. Pero “il luomo e Mobile” y cambia o alterna los mundos femeninos sin problema de conciencia alguno. Sin ti mi reino no tiene cabeza e impera la anarquía. No hay comida, ni horas para comer, no hay sueño, ni sueños, ni rigor, ni orden, y se debilitan las esperanzas.

Pero ¡tú no construiste nada!, lo hice yo antes de conocerte. Te di un regalo que no merecías. Dimito de mí misma por un viajero sin maleta que atravesó mi vida, que llegó y se fue cuando quiso. Es absurdo. Son las horas bajas nada más. Las 52 sustancias huérfanas de dosis que se rebelan y atacan mi cuerpo. Nadie que se va merece una lágrima. Quien huye no es digno de una estatua. El desierto nunca se volvería vergel con ráfagas aisladas de lluvia artificial. Y sólo eso eras”. (…) “Sigue la rueda. Y hay que pararla. ¡Hay que pararla! Nunca volveré a decirte que te quiero. Y alguna vez será verdad. Plena y rotunda, de todas las horas, no te querré”.

¿Cómo se puede escribir esto y, pasado un tiempo, no sentir absolutamente nada por quien lo provocó?

Lo resumí en el epílogo:

“Tengo la impresión de que el diario de una mujer -alta o baja, esforzada luchadora o mueble receptor, diría que hasta de cualquier país o cultura- siempre tiene nombre de varón. Ocurre aún cuando ni siquiera se plasme en palabras escritas. Atávicos recuerdos de las cavernas cuando nuestro único y caro óvulo fecundo precisaba de la millonaria riqueza en espermatozoides del hombre para procrear. Algunas mujeres arrastran los flecos del título grabado en su diario de por vida. No es mi caso por fortuna”.(…) “Ninguna tormenta descarga sin haberse formado antes los nubarrones de lluvia. Aunque la ensoñación suba por encima de ellos la cabeza, si uno es alto -y no un loco sin raíces racionales-, ha de mirar forzosamente hacia abajo de vez en cuando, y también los percibe. Yo veía cómo se arremolinaban las tensiones, pero no hice caso. Quizás pensé que mirando hacia otro lado se disolverían. ¡Qué tontería!”.

 ¿Merece la pena tanto dolor? Creo que no. Al final, una termina por tomar un té con pastas –ya os lo conté- sin edulcorante específicamente masculino –o cualesquiera que sean las preferencias sexuales-. Amando a la vida y a los seres humanos, luchando por valores más sólidos. Pero a mi amiga le queda un largo camino por recorrer. Y lo lamento por ella, aunque también se crece en el empeño.

Con todo cariño a I. y a quien se encuentre en su situación.

Y perdón por este post o entrada a quienes piensen que la vida no se compone también de estas cosas.

El virus del populismo

El virus ha llegado ya incluso a la civilizada Suecia. La crisis golpea a todos los partidos en el poder que, en Europa, son conservadores, con la excepción de España, Portugal, teóricamente Gran Bretaña, y ahora Islandia. Domina en las grandes locomotoras –casi sin fuelle en este momento- Francia y Alemania, y en el Parlamento Europeo. En Suecia, tras décadas de la socialdemocracia en el poder, ganaron los liberales. Nunca habían conocido allí tales dificultades económicas, achacables como en el mundo entero en gran medida a la debacle financiera internacional. Y los liberales suecos bajan en intención de voto. Pero también lo hacen los socialdemócratas. Quienes están subiendo son los llamados Demócratas Suecos (SD), un partido populista, nacionalista y de derechas. En la vecina Dinamarca sucede lo mismo, con el Dansk Folkeparti, Partido del Pueblo Danés.

Nacido, como casi todo en política, en la antigua Grecia, el brote poplista mutado con los peores gérmenes, resurgió en America Latina. Según los teóricos hay un populismo positivo y otro negativo, lo cierto es que ideológicamente zigzaguean sin ningún complejo y basan su poder en la manipulación emocional del pueblo, en la más pura demagogia.

Cuando llegó al gobierno de Venezuela Hugo Chavez, yo presentaba el telediario internacional de TVE, donde informábamos a diario de sus hazañas, como de las de todo el continente americano. Me sorprendió que un militar golpista se proclamara de izquierdas, pero me aterré al ver que una de sus primeras medidas fue dar instrucción militar a los niños en los Colegios. No sé si persiste en ello. Y no lo sé porque es extremadamente difícil encontrar información de innumerables aspectos decisivos en el mundo que no sean la media docena que deciden las Agencias de Prensa internacionales.

Un ejemplo. Tras una hora entera de buscarlo, apenas me queda claro cuál es la ideología de Rasmussen, presidente danés, próximo Secretario General de la OTAN y opción de la izquierda europea –a excepción de Zapatero- para presidir la Comisión en pugna con Durao Barroso, que no es poca su potencial influencia, Al final concluyo que es un liberal con tendencias socialdemócratas al estilo británico. Pero no soy capaz de encontrar con quién formó gobierno de coalición en su país, si lo hizo con el populista de derechas. Están ahí al lado y no nos cuentan nada. Pero ésta es otra historia.

Bien, Panamá acaba de elegir a un multimillonario presidente de Gobierno. Es conservador, pero lo primero que ha declarado es que “no es de derechas, ni de izquierdas”. Otro populista.

En España tenemos a Rosa Díez, populista de manual, beneficiándose de la crisis de los partidos tradicionales. Son ellos los culpables de su miseria –que se convierte en la nuestra-, con sus estructuras obsoletas, con sus peleas fuera de la realidad que hastían a los ciudadanos. Se sitúan en una urna de cristal en la estratosfera, de donde bajan para utilizar también técnicas populistas –ejemplo paradigmático: Esperanza Aguirre, pero son muchos los que lo practican-.

La política vendría a ser la forma de afrontar las vías para lograr un fin determinado dirigido a la sociedad, su bienestar y su progreso. Y la hay de izquierdas y de derechas. Más o menos impuestos, mayor o menor gasto público, para afrontar medidas sociales o suprimirlas, primar los intereses de los trabajadores o los de la clase dominante que genera mayor riqueza en el país, son, como todos sabemos, las diferencias.

Nos impregna la política, nos satura, y, sin embargo, no es de política de lo que nos hablan buena parte de los políticos. Por eso triunfa el peligrosísimo populismo.

La Cuarta página de El País hoy nos cuenta, en un artículo esencial, el fracaso de las políticas, el desprestigio del capitalismo, las desigualdades como germen de una auténtica prerevolución en ciernes, y nuestro enclaustramiento en los límites de nuestro propio Estado como causa principal. Así concluye:

“La vida misma ha perdido el control en ese anhelo permanente de obtener cada vez más y más. Ahora cabe preguntarse: ¿dónde están los movimientos sociales que esbozan una modernidad alternativa? De lo que se trata es de cosas tan concretas como de las nuevas formas de energía regenerativa, pero también de fomentar un espíritu cívico que supere las fronteras nacionales. Y de cualidades como la creatividad y la autocrítica, para que temas clave como la pobreza, el cambio climático o civilizar los mercados tengan un lugar central”.

En resumen: el papel de la sociedad no puede ser suplantado por el populismo político -siempre reductor y localista, amén de otros muchos males-. La sociedad, la política y la prensa deben quitarse las orejeras que dirigen la vista al propio ombligo y tener mayor amplitud de horizontes. El nuestro es Europa. Y la política tiene que reaccionar acercándose a los ciudadanos, tratándoles como adultos, y haciendo política, si es que algunos recuerdan ya lo que era. Porque es mucho lo que todos nos jugamos.

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Cauces para la libertad de expresión

Múltiples voces alertan hoy sobre la pérdida de la libertad de expresión, en el Día Mundial que las Naciones Unidas señalaron, ya en 1993, para reivindicar la Libertad de Prensa. No estoy muy segura de que ambos conceptos sean sinónimos: expresión y prensa. La prensa sería el cauce de la expresión -como algo organizado que termina siendo empresarial- de una libertad que atañe a todos los ciudadanos.

Estoy totalmente de acuerdo, total y apasionadamente, con el principio que inspiró a la ONU: “fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática». Comparto también con muchos compañeros las noticias y opiniones que hoy hablan de los periodistas muertos en el ejercicio de la profesión –reales, fallecidos y enterrados, no entelequias-, de los encarcelados, de los cercenados y autocensurados, de las trabas –económicas sobre todo- que padece el periodismo actual, de la precariedad laboral, pero pienso que eso no es todo.

Porque nunca ha habido en la sociedad mayor libertad de expresión que ahora, un más intenso deseo de comunicar ideas y sentimientos por todos esos medios que consagran las pautas legales en teoría. Veamos:

Articulo 20.1.D Constitución española: Derecho a comunicar o recibir información veraz por cualquier medio de difusión. (Acotado, en el 20.4, a  derechos de otros).

En la conservadora y aún no aprobada Constitución Europea, se estipulan menos límites, sin embargo, y resalto que “no permite injerencia de autoridades publicas”, ni fronteras. También respeta “la libertad de medios de comunicación y su pluralismo”.

¿Se cumplen estos preceptos? No demasiado. Veraz y libre no es precisamente buena parte de la prensa. Y el poder siempre va con la guadaña y las vallas restringiendo y encerrando en un reducto lo que se le escapa de las manos. Pero apenas lo logra. Miles, millones, de páginas en Internet nos cuentan noticias, reflexiones, todo ciudadano puede abrir un hueco para decir lo que piensa. Y los intentos oficiales por acallarle no prosperan, ni creo que lleguen a hacerlo porque el fenómeno es imparable, por mucho que se empeñen –que lo hacen-. Si una columna es censurada, como acaba de ocurrir, Internet la publica y la difunde.

Causa y consecuencia, los medios tradicionales son hoy emporios financieros dedicados a ganar dinero como objetivo prioritario, el periodismo en ellos es secundario, podrían fabricar embutido de igual manera. Pero la libertad de expresión se escapa por todos los resquicios que deja el sistema.

En realidad estamos sobreinformados. Y muchas veces sin rigor, porque el periodismo sigue siendo una especialización, no todo el mundo puede operar a corazón abierto sin formarse, no todo el mundo puede informar a los otros, pero sí expresarse como le venga en gana. Aunque, insisto, estamos sobreinformados. Apenas se leen, en realidad, otra cosa que los titulares por tanto, casi no hay espacio en el día para tanta noticia, tanta opinión. Los medios tradicionales ofrecen media docena y repetida hasta el aburrimiento. Internet diversifica hasta la anécdota. Se precisa una brújula (o un periscopio 🙂  ) para orientarse en la gran Red.

Ése es el fenómeno a estudiar. Hay mucha más información que nunca, mayor libertad de expresión que nunca, más ganas de ella, pero ya no tiene cauces mayoritarios. Esos siguen perteneciendo a las grandes corporaciones que, por reacción y por interés, trivializan las noticias. Nunca, aunque parezca paradójico, ha estado la sociedad menos informada en realidad, menos comprometida. Justo lo que deseaba el poder.

Un ejemplo. Reparo en la noticia más leída esta mañana en El mundo. Prometedor titular: “Poesía, rendición y sentencia”. ¿Se ha vuelto loco el mundo?, me pregunto ¿ha despertado?… poesía… rendición… sentencia… ¡Hablan de fútbol!

Todo el sistema mundial está en crisis y no creo que los parches solucionen el problema. Una guerra como sucedió tras los esparadrapos que no curaron las heridas del crack del 29, una pandemia auténtica que se nos lleve a la mitad de los humanos, hoy más que nunca sería necesario el periodismo. Crítico, documentado, de investigación, movilizador, pero se escurre por los agujeros del colador, nos escapamos, sí, pero hacia el sumidero. Y apenas sólo queda la masa: el sistema tan cual es, tal como lo quieren desde arriba quienes se benefician de él.

¿Libertad de prensa? Sí, desde luego, totalmente. Pero sobre todo: libertad de expresión, que nos engloba a todos. Encauzada. ¿Quién lo hará? ¿Se puede hacer? Habría de ser con otras estructuras para no acabar en lo mismo. A situaciones nuevas, nuevos métodos. Y que la sociedad que tanto busca, profundizara, abriera los ojos y reaccionara. Lo tiene difícil, la verdad. Pero lo necesita.

¿Somos Europa?

  DINAMARCA

    Sin duda es una iniciativa simpática para llamar la atención y lograr mejor el objetivo, pero resulta ilustrativa. Los policías daneses de la ciudad de Aalborg abrazan a los ciclistas que no usan casco y, a continuación, les regalan uno.

   Este complejo se encuentra en Austria. Tras ver las fotos hay que adivinar a qué fin se dedica.

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La última foto da la mejor pista por las rejas: es una cárcel.

Tercer y último ejemplo: Alemania

  Una potencia económica fuerte -no basada en el ladrillo especulativo sino en la industria- que a pesar de todo registra ya un índice de paro del 8,6%, en crecimiento, que preocupa mucho a los ciudadanos.

 Alemania potencia la reducción de jornada contra el paro, y puede que por la calidad de vida. «El gran recurso contra el paro se llama «Kurzarbeit». Se trata de la reducción de las horas de trabajo de los empleados de una empresa, con la consiguiente rebaja de sus honorarios. El gobierno federal apoya esta medida como medio para reducir los costos de producción de las empresas. Pueden acogerse aquellas que hayan perdido más del 10% de sus ingresos mensuales como consecuencia de la crisis. Si un empleado trabaja el 40% de las horas habituales, la empresa le paga sólo el 40% de su sueldo. El estado paga al empleado cierta cantidad en concepto de complemento de sueldo y también parte de sus contribuciones e impuestos sociales. El sistema está limitado a 18 meses, pero el Ministro de trabajo Olaf Scholz va a ampliarlo a 24 meses. En el sistema de «Kurzarbeit», el total percibido por el trabajador es siempre inferior a su sueldo habitual, pero es mejor que quedarse sin trabajo. Hay 700.000 alemanes insertos en este sistema, pero se han recibido 1,7 millones de solicitudes, por lo que pronto afectará a más de dos millones de trabajadores».

  Más información sobre las medidas alemanas aquí.

  Los hay que están peor que nosotros, pero yo al menos es a esta Europa a la que me quiero parecer, con sus inconvenientes, que los tiene. No os deprimáis, que se puede… remendando unas cuantas cosillas. Sólo llevamos algunos años -¿siglos?- de retraso y ya hemos hablado mucho de porqué. Las elecciones son el 7 de Junio.

(Gracias Concha y Camino)

La estratégica importancia de un país llamado Tuvalu

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25 kms cuadrados y 11.800 habitantes, Tuvalu es un país insular de la Polinesia, a mitad de camino entre Hawai y Australia. Lo descubrió en 1.568 un español, casualmente: Álvaro de Mendaña y Neyra. Este leonés se topó con Tuvalu en el primer viaje que realizó al Pacífico pero, al parecer, dedicó mucha mayor atención a Perú, país del que partió su segunda expedición. La escueta información nos habla de viajes de traficantes de esclavos y balleneros en aquella época al pequeño Tuvalu –todo indica que los esquilmaron-, pero no cómo acabó siendo un protectorado británico. Llegaron misioneros -¡cómo no!-, protestantes en este caso, que pasaron lo suyo para evangelizar a aquellos pocos infieles, porque tardaron más de medio siglo en conseguirlo.

Con una economía agrícola de subsistencia y apenas sin entender la riqueza del marisco de sus aguas, todo cambió para Tuvalu en el año 2000. Tuvalu es su nombre y tuvaluano su idioma que comparten con el inglés, y ninguno de los dos hechos había nacido ayer. Pero fueron decisivos: su sigla en Internet es tv, la televisión en casi todos los idiomas. ¿Qué ocurrió? Que cedió sus letras de matrícula a una empresa estadounidense que le paga un millón de dólares cada tres meses y le ha dado el 20% de sus acciones. Con esa importante inyección económica, Tuvalu gestionó su ingreso en la ONU, a la que pertenece desde 2001 –haciendo oír activamente su voz, además-, construyó carreteras y prosperó. Porque todos los numerosos dominios que terminan en tv han de estar registrados en Tuvalu.

Parece que nunca la felicidad es completa, porque Tuvalu tiene un grave problema: su altura máxima son 5 metros sobre el nivel del mar –la menor después de las Maldivas, con 2 m-. Lo peor es que Tuvalu sufre frecuentes tornados y ciclones y, por si faltara poco, se está hundiendo porque el océano allí actúa como sumidero. A dos por tres sufre ya inundaciones que salinizan y destruyen las cosechas. Su primer ministro clama en la ONU contra el cambio climático, se pregunta porqué tienen que pagar ellos lo que otros destruyeron. Porque ya hay un plan de evacuación. Tendrán que marcharse a Nueva Zelanda o Niue, abandonar su tierra y dejar de ser un país.

Es una monarquía constitucional, perteneciente a la Commonwealth, pero sin partidos políticos como tales, aunque parecen regirse por un sistema bastante democrático de familias o clanes con la sabia voz de los ancianos y los respetados por la comunidad. Las campañas electorales se basan en el prestigio personal o del clan. “Cada familia –copio- tiene su propia tarea, o salanga que llevar a cabo para la comunidad, como la pesca, la construcción de viviendas o de la defensa. Las habilidades de una familia se transmiten de padre a hijo”. No parece mal sistema, su presidente se ha revelado de lo más avispado e idóneo. El 100% de la población está alfabetizada y dedican especial cuidado a la educación.

Palmeras, paradisíacas playas, tan lejos del mundanal ruido que disuade a los turistas, comiendo marisco, cocos y frutas, con música y cultura autóctonas… y van a desaparecer, tragados por el mar. Pero con ellos se hunde también la marca tv en los dominios, la de la televisión, creando un grave problema al mundo globalizado que aún no sabe cómo resolver, pero que le preocupa seriamente.

2 de Mayo de revoluciones épicas, suciedad en el ambiente a todos los niveles. Os he querido traer la novelesca historia de Tuvalu (gracias David) para abrir los horizontes de nuestro diminuto y cerrado mundo. El paraíso está muy lejos y el mar, la mano del hombre –de otros hombres- que han cambiado el clima, lo empuja al abismo hasta hacerlo desaparecer. Que con él se volatilizara también mi antaño amada televisión, no sería el problema más grave, sería incluso deseable. Pero creo que el día que Tuvalu se hunda definitivamente todos seremos un poco más pobres.

Decisiva intervención de Rajoy en Europa

rajoy

No le gusta viajar al extranjero, nos dicen, porque no habla idiomas y se siente incómodo. Pero se fue a la capital de Polonia para perfilar con otros lideres de la derecha -entre ellos 13 Jefes de Estado y de gobierno y el Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso-, las estrategias para las próximas elecciones. Le permitieron expresarse únicamente durante 2 minutos. Y los aprovechó a conciencia: para plantear un panorama desolador de la economía… española.

Rajoy habló del “descontrolado” gasto público, del número de parados. Sin ninguna autocrítica a sus propias responsabilidades en la gestión anterior. Como suele hacer Aznar, salió de España con el único objetivo de criticar al gobierno español. Algo que no suelen practicar otros políticos europeos.  Ni de ningún país serio. Obama está desmantelando la política de Bush pero ¿le ha oido alguien decir una palabra en su contra dentro o fuera de EEUU? Probablemente -en el caso del auditorio de Rajoy-,  influye que mandan en sus respectivos países, pero no es sólo eso. Europa vota conservador y en el Parlamento europeo domina el PPE.  Pero dado que la circunscripción electoral es de cada Estado, no hacen campaña fuera y piensan en el bien de su propio país. Esa táctica de oposición nacional en el exterior  jamás la ha hecho tampoco ningún dirigente socialista fuera de España. Zapatero llegó a defender a Aznar ante Chaves y un gran número de dirigentes latinoamericanos en el episodio que dio lugar al famoso ¿por qué no te callas?

Gracias a sus asesores –Jorge Moragas sobre todo- Rajoy logró, sin embargo, que el Partido Popular Europeo aprobara por unanimidad una durísima resolución contra Zapatero, por la que todos los miembros del PPE, incluidos Angela Merkel, Nicolás Sarkozy o Silvio Berlusconi, «consideran inaceptable la pasividad del Gobierno español ante la alarmante cifra de paro en España (17,5%) y deploran el fracaso de las políticas socialistas». Misión cumplida.

  ¿Sirve esto para algo más que para llevar la lucha partidista nacional a Europa?  Curiosa aportación española a la comunidad.

¿Genera confianza en nuestro país o todo lo contrario?

¿Ha entendido el PP que Europa es un territorio común donde prima más la ideología de quien ostenta el poder que los intereses nacionales? ¿O no se ha enterado de que había salido de su pueblo?

En definitiva…

La imagen del miedo

avion

   Lo escuché en una película tonta para crías: «Puede que los valientes no vivan mucho, pero los cobardes no viven… nunca».  La he recordado al ver en Público, esta foto de EFE/Franck Robichon.