La semana pasada, y les prometo que fue sin querer, me convertí en gasto público. Algo que hoy equivale a decir que eres un peligro público. Entré en un hospital para un asunto menor y acabé recorriendo varias plantas durante una semana. Me convertí en gasto público desatado, un arañazo en los presupuestos, varias milésimas más de déficit.
No me dieron la factura “en la sombra” ésa que ya reparten en algunos sitios, pero si me hubieran echado la cuenta sería cuantiosa, pues fue una semana de barra libre, atención médica a todo trapo, entre pruebas diagnósticas (con esas máquinas carísimas), estancia (a pensión completa, imagínense), tratamientos y tantos trabajadores pendientes de mí (y para colmo eran muy atentos, incluso cariñosos, en vez de limitarse a cumplir con lo mínimo, que el tiempo es oro). Tumbado en la cama, imaginaba que me colocaban sobre el cabecero un contador digital que sumase euros a medida que pasaban las horas.
Y en esto que, mientras estoy ingresado, oigo que Esperanza Aguirre inaugura en Torrejón un hospital 100% privado (“de titularidad pública”; qué consuelo cuando hasta el personal médico está en manos de una empresa). Y mientras recorre las instalaciones, Aguirre ve en cada habitación un juego de sábanas para la cama del acompañante, y exclama eufórica: “Eso es lo que quiero. Que en las públicas la gente esté igual que en las clínicas privadas.”
Me contuve la carcajada no fuera a ser que se me soltasen los puntos y acabase generando más gasto. Aunque en realidad es para llorar. Aguirre quiere (y lo está haciendo ya en los nuevos centros) que los pacientes estemos en manos de empresas cuya prioridad, por mucha propaganda corporativa que hagan, nunca será nuestra salud sino ganar dinero. Que estemos al cuidado de médicos sometidos a presiones laborales, como ya ocurre en algunos centros. Que nos curemos en hospitales donde la factura no quede en la sombra, sino en la mesa de un contable preocupado por gastar menos para ganar más.
Yo lo tengo claro: el trabajo impresionante del personal sanitario (y aprovecho para dar las gracias de corazón a todos los de Vascular, Cardiología y UCI Coronaria del Ramón y Cajal), que mantiene el tipo entre presiones y recortes, hace que vea el deseo de Aguirre como una amenaza, y los tijeretazos presentes y futuros como una declaración de guerra.
Mariano José de Larra (1809-1837) pasa por ser uno de los primeros y más grandes periodistas españoles. Su artículo más famoso: “Vuelva Vd. mañana”. El bueno de Larra no tuvo que convivir con la presunta objetividad de los medios en este siglo XXI. De haberlo hecho, hubiera tenido que escribir así su obra cumbre:
“Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal , SEGÚN ÉL, a la pereza. Nosotros, que ya en uno de nuestros artículos anteriores estuvimos –SEGÚN NOSOTROS- más serios de lo que nunca nos habíamos propuesto –EN NUESTRA OPINIÓN-, no entraremos ahora en largas y profundas investigaciones acerca de la historia de este –A JUICIO DE ALGUIEN- pecado, por más que conozcamos que hay pecados que –DICEN- pican en historia, y que la historia de los pecados sería –A JUICIO DE ALGUNOS- un tanto cuanto divertida -EN OPINIÓN DE SUFICIENTES PERSONAS-. Convengamos solamente en que esta institución ha cerrado –SEGÚN ELLOS- y cerrará –EN OPINIÓN DE ALGUIEN- las puertas del cielo a más de un cristiano.
Estas reflexiones hacía yo casualmente no hace muchos días, cuando se presentó en mi casa un extranjero –SEGÚN ÉL- de estos que, en buena o en mala parte –SEGÚN YO-, han de tener siempre de nuestro país una idea exagerada e hiperbólica –A SU JUICIO-; de éstos que, o creen –EN SU OPINIÓN, NATURALMENTE- que los hombres aquí son todavía los espléndidos, francos, generosos y caballerescos seres de hace dos siglos –SEGÚN LAS OPINIONES QUE SE TIENEN DE LOS SERES DE HACE DOS SIGLOS-, o que son aún las tribus nómadas del otro lado del Atlante –A JUICIO DE ALGUIEN SIN DUDA-: en el primer caso vienen imaginando –DICEN, IGUAL PORQUE LO PIENSAN- que nuestro carácter se conserva tan intacto como nuestra ruina –SEGÚN ELLOS-; en el segundo vienen temblando –A SU JUICIO- por esos caminos, y preguntan si son los ladrones que los han de despojar –EN SU OPINIÓN- los individuos de algún cuerpo de guardia establecido precisamente para defenderlos de los azares de un camino, comunes a todos los países –SEGÚN ELLOS-“.
A mí me extraña mucho, de forma creciente, que cada vez que algo contradice al pensamiento oficial, le incrusten un “según ellos” y similares. Todo cuanto diga el 15M por ejemplo es “según ellos”. Los periodistas -en mayor o menor grado- no saben si es cierto que hay recortes en sanidad, educación y demás servicios públicos, por eso nos brindan generosamente la opinión de manifestantes (cuando son muchos) añadiendo que lo que aseguran es “según ellos”.
No, no, la objetividad de la buena -pata negra cum laude- obligaría a que cada vez que hable un portavoz de la UE, del FMI, del gobierno español, de la oposición y asimilados nos informen también que sus postulados son “según ellos”. El modelo que propongo de Mariano José de Larra creo que es el más apropiado, y que ya debería empezar a estudiarse en las Facultades de Periodismo.
La reforma constitucional pactada entre PSOE y PP no va a incluir cantidad en el techo de gasto. Se fijará por ley orgánica y los dos partidos mayoritarios quieren que no exceda del 0,4% del PIB… a partir de 2.020.
¿Puede alguien explicarme a qué obedece la urgencia extrema (en contra de la lentitud a la que nos tienen acostumbrados) de acometer algo tan serio como una reforma de la Constitución para semejante acuerdo? Si es para contentar a Merkel ¿Qué pasará si la canciller alemana dice que “así no le gusta”? ¿Volverán a correr por los pasillos los políticos españoles para ver cómo lo apañan? ¿Por qué no se puede consultar en referéndum una modificación que parece una declaración de intenciones -de malas intenciones- y que entra en vigor… dentro de 9 años? ¿Por qué ensuciar la Constitución con una declaración económica que consagra de cualquier forma el neoliberalismo? ¿Por qué se aparcan otros cambios imprescindibles como acabar con la arcaica norma que establece la prevalencia del varón en la sucesión al trono?
Debajo de la alfombra aparece un suelo corroído que no va a mejorar remendando la alfombra para taparlo mejor. Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa”.
Pero, más papista que el Papa en cuestión de neoliberalismo, nuestro derrotado presidente se dispone a ponerlo en marcha de inmediato. Los países que guardan el espíritu de la vieja democracia europea –su inventora- que hagan lo que quieran, pero España ya acata… y siega el futuro. ¿No estamos viendo que las políticas que siguen no funcionan? Estamos cayendo en una nueva recesión. Da que pensar que sea precisamente lo que buscan. No pueden estar tan ciegos. Pero es preocupante que esto coincida con la aplicación de la “mano dura”, como ha hecho Cameron en Gran Bretaña o… la policía española estos días sin ir más lejos.
Pero una reforma de la Constitución en un sentido tan grave no se puede hacer sin un referéndum como ha propuesto Gaspar Llamazares. No podemos consentirlo. Y arbitrando información adecuada a los ciudadanos para que no se dejen embaucar en la política del sonajero, que tan genialmente describe hoy Jesús Mota.
¿Qué desarreglo psíquico ha podido llevar a Zapatero a formular semejante propuesta para cuatro días que le quedan? ¿Cómo no le dimite el gobierno en pleno y cualquier militante del PSOE al que le quede una brizna de socialdemocracia en la sangre?
Está bien claro que la sociedad tendrá que tomar la iniciativa ante tanto desbarajuste: tenemos que exigir un referéndum, repito. Y arbitrando medidas para que exista información veraz. Traer incluso a Stiglitz y a Krugman a hablar en el Parlamento y en “prime time” de la televisión pública. Que expertos de todo tipo muestren las evidencias de los datos. Se diría que Zapatero ha perdido la razón, incluso la vergüenza.
Como entiendo que algunos vaís de buena fe (salvo el premio nóbel que dice ser economista más abajo), enlazo un artículo de Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de Economía auténtico: «Un contagio de malas ideas».
Por otro lado, como dice Ángels, en Reacciona está bien clara la explicación de por qué limitar el techo del endeudamiento es… «una mala idea». Una idea neoliberal que nos está llevando a todos a una nueva recesión mundial sin salir de la anterior. ¿O es que los datos tampoco sirven?
Otro artículo. Paul Krugman. Premio Nóbel de Economía. La falsa ilusión de la austeridad. Pero veo que la política del sonajero funciona de maravilla para tergiversar lo que sea menester. Tenemos que rebelarnos a eso cada día más. Nos jugamos mucho.
Antoni Domènech y Daniel Raventós, catedrático y profesor, respectivamente, de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, firman en El País una apasionante tribuna que titulan «Cuestión de alternativas». Entre otras cosas, ambos son miembros del Consejo Científico de Attac-España y redactores de la revista política SinPermiso
«En el debate sobre el estado de la nación se repitió una vez más el viejo mantra: no hay alternativa a las suicidas políticas procíclicas de austeridad fiscal neoliberal impuestas a los pueblos y a los Parlamentos europeos por los mercados financieros internacionales y la incompetente troika del BCE, el FMI y la Comisión Europea. A despecho del afán por desmarcarse de las políticas que llevaron al PSOE a la catástrofe electoral del 22 de mayo, el nuevo candidato, Rubalcaba, no pudo menos repetir la misma cantilena: en lo fundamental, no había otra opción. ¿Es verdad?
Supongamos que lo fuera. Eso significaría, por lo pronto, que todas las revueltas y protestas sociales presentes y venideras, pacíficas o violentas, que están creciendo aceleradamente en todo el continente -acampadas, manifestaciones, huelgas generales-, estarían condenadas a estrellarse contra una pared inamovible. Y significaría que cualquier posible decisión parlamentaria contraria al dictado de la troika se estrellaría contra la misma pared.
Quedaría, a lo sumo, tratar de «explicar» al pueblo doliente, y pretendidamente ignorante, la idoneidad de esas políticas sin alternativa posible; «hacer pedagogía», como les gusta decir de consuno a tertulianos y políticos de orden, esos de los que, como diría nuestro fallecido amigo Manolo Vázquez Montalbán, nunca se sabe de dónde sacan pa tanto como destacan.
¿Qué hay que explicar? Que la política sin alternativa es ella misma, y por sí misma, y por eso mismo, una amenaza a la pervivencia de la democracia en Europa, como acaba de advertir el nada alarmista premio Nobel de Economía Amartya Sen desde las páginas del diario The Guardian el 22 de junio de 2011. Que la sola idea de una austeridad fiscal «expansiva» es una ignorante ilusión nacida de la destrucción de la teoría macroeconómica acometida por académicos a sueldo y cabilderos varios en las tres últimas décadas, ese «periodo oscuro», de olvido premeditado y banderizo de conocimientos sólidamente adquiridos por las generaciones anteriores, como han repetido hasta la saciedad otros dos premios Nobel, Paul Krugman y Joseph Stiglitz.
En suma: que la política económica «sin alternativa» no es propiamente una alternativa creíble -ni siquiera desde sus propios supuestos normativos-, sino una ofensiva en toda regla contra la soberanía y el bienestar de las poblaciones trabajadoras europeas e incluso, posiblemente, como ha advertido la ONU a propósito de Grecia, contra los derechos humanos tout court. Una ofensiva que no puede sino traer consigo ruina, dolor, desigualdad y conflictos sociales de creciente pugnacidad y consecuencias imprevisibles»….
Hace 37 años ¡Éramos tan jóvenes! Portugal se levantaba en paz contra su larga dictadura. España tardaría un año más en ver morir, en la cama, a Franco, que es una sensible diferencia. Los claveles de la liberación nos inundaron a muchos aquí de esperanzas. La nostalgia solo ¡y nada menos! da calor –o frío- al corazón, lo que cuenta son los hechos que cimientan el futuro. Rabiosamente jóvenes nos inventamos un presente con las herramientas del esfuerzo y la ilusión.
Apalean hoy a Portugal los especuladores. Grecia, la tercera (con España), en el triunvirato de “los sueldos más bajos”, “el menor gasto social” nos muestra de qué sirven los “rescates” de la UE, FMI y asimilados: más y más recortes hasta asfixiar. Hoy dicen que igual cae como Lehman Brothers. Un país entero en bancarrota. Con ciudadanos dentro que en modo alguno causaron la crisis, y mucho menos cuando cobraban “los sueldos más bajos de Europa” y la larga coletilla de la desigualdad. Los manipuladores -como saben que hablan para desinformados- atribuyen la culpa al gobierno socialista griego que se encontró el pastel neoliberal en su reciente llegada al poder. Y ni siquiera es completamente así: el causante final es el sistema degenerado con la UE, FMI, “mercados” y familia al frente, y sí, los neoliberales en los gobiernos nacionales.
De vez en cuando al «atado y bien atado» se les cuela un gesto ante el creciente malestar popular. El Parlamento Europeo aprobó, a primeros de marzo, instaurar la Tasa a las Transacciones Financieras (TTF) en la UE, Es decir, que ese dinero que se mueve en el mundo destinado fundamentalmente a la especulación (sólo el 10% sella acuerdos comerciales o de producción) pague un porcentaje mínimo, 0,05%, para luchar contra el subdesarrollo, el desorden climático y la pobreza.
Los portugueses son sensatos, buena gente. No sé si volverán a florecer en protestas, pero, de entrada, se han irritado con la oposición conservadora por querer sacar tajada electoral del secuestro de los “mercados” –sí, llamemos a las cosas por su nombre-. Gane quien gane las próximas elecciones el resultado es el mismo, sin embargo. El cáncer está en Bruselas, FMI y el resto del equipo. Es algo que se cambia con los votos. Masivos. Recordemos una vez más que nuestro representante más votado en Europa es… Jaime Mayor Oreja. Así nos va.
El Grandola vila Morena sigue siendo, tantos años después, un motor para ponerse en marcha.
Algo muy trascendental está ocurriendo. Pase que los árabes pobres se levanten contra sus dictadores, y que la evolución de algunos de los conflictos –no de todos por fortuna- esté llevando a los peores escenarios que cabía prever –léase Libia-. “Si puedes hacerlo mal ¿para qué te vas a molestar?” debe decirse la “comunidad internacional”. En esa guerra de cómodas opiniones que nos enfrenta aquí, por cierto, es tremendamente difícil mantener posturas unilaterales e inamovibles, porque la materialización de los acuerdos no depende de nosotros. Casi nada parece depender de nosotros, los europeos.
Pase que el África negra también cruja y Costa de Marfil arroje asimismo la cara más abominable que puede presentar un problema: el poder ganado en las urnas ha de dilucidarse a tiros, con centenares de víctimas, ensartados en codiciosos intereses económicos. Ramón Lobo helaba la sangre el otro día al escribir una terrible verdad: «África necesita desgracias grandes para lograr titulares pequeños». Seguid leyendo para entender los entresijos de este conflicto, si no los sabéis.
¿Pase? Cada drama es un mundo y el de todos se convulsiona y apenas parecemos tener tiempo de engullir los acontecimientos. ¿Nada va con nosotros?
Ahora bien, lo que me hace pensar que nos encontramos ante los estadios finales de un sistema que traerá un cambio es… algo tan simple aparentemente como un artículo del Wall Street Journal. Sí, ése diario al que llaman “la Biblia neoliberal”, en liderazgo compartido con el “Financial Times” británico. El WSJ nos ha dictado doctrina sin cesar. A todos. A España en particular, dado que tienen a Aznar de asesor. Zapatero pasó a visitarles para “tranquilizarles” en su visita a EEUU en Septiembre de 2010. Mientras Salgado se iba al FT en Londres para lo mismo.
«O los ricos comienzan a pagar impuestos o se enfrentarán a una revolución», ha escrito Paul B. Farell, uno de sus prestigiosos columnistas. El artículo del que informa El País no tiene desperdicio de principio a fin. Entresaco un párrafo, pero es digno de que no le sea perdida ni una coma.
«Sigan soñando», apunta Farrell, que avisa de que el 93% de lo que se oye acerca de los mercados, las finanzas y la economía «son conjeturas, ilusiones y mentiras con el único fin de manipular en la toma de decisiones para sacar el dinero de los bolsillos» de la gente. «Ellos se enriquecen diciendo mentiras sobre los valores. Odian a las normas de la SEC [regulador de la Bolsa de EE UU] que les obligan a decir la verdad». Y pone un dato como ejemplo: en los últimos 10 años, el 20% de los fondos de pensiones de los trabajadores -10 billones de dólares- se ha esfumado en Wall Street”, describe Ramón Muñoz.
Es decir, hasta los más recalcitrantes advierten que “los mercados” y los políticos que los sustentan –prácticamente todos- se han pasado, como se dice en España, tres pueblos. Y hasta en el EEUU, decepcionado por Obama, hay ya corrientes “revolucionarias” ¿o le quitamos las comillas?
En Europa, como vemos, lo que hay por el momento son movimientos… literarios. Rajoy sigue paseando su patético discurso neoliberal indeciso, o claro, pero indefinido en su concreción, mediocre hasta el sonrojo ajeno, y la ciudadanía continúa enzarzada en el dilema de los “galgos o podencos”. A todos los niveles. Desde Madrid o Barça, el uso manipulador del terrorismo, o las pugnas de candidatos.
En tanto se dedican horas a hablar de asuntos que deberían resolverse informativamente en 30 segundos (posibles candidatos políticos y el resto del dilema “canino” –galgos o podencos-), el mundo se está levantando. Si un neoliberal que trabajó para Morgan Stanley, Farell, alerta nada menos que desde el Wall Street Journal -estos chicos no dan puntada sin hilo-, que o cambian o la codicia les va a explotar en el gaznate -«¿Cuánto tiempo resta para que el resto de los países ricos estalle como Egipto?, pregunta- es que estamos ya en las puertas de un cambio.
No en Europa, parece. Ciego y sordo dormita el paquidermo azul de la UE. Peor en España que se dispone a profundizar en la barbarie neoliberal de la mano de políticos bien poco edificantes. No sé cuántos se salvan, de todos modos, de esa consideración. Alguno habrá. Que pida ayuda desde la cárcel de sus “aparatos”, igual deberíamos ayudarle. Empieza a urgir que alguien se mueva en la dirección correcta. O que se mueva al menos.
“La Historia no admite vacíos: imparable la Vida los llena. Todo ocaso ofrece una ocasión”. Lo dice José Luis Sampedro en Reacciona. Circunstancias similares se dieron tras el crack del 29, entonces el vacío lo llenaron los «itsmos»: fascismo, nazismo, y la revitalización del comunismo totalitario… y una guerra. No tiene por qué suceder lo mismo ahora. Algo o alguien llenará el vacío. Que sea la cordura, la justicia, la democracia.
(Llevo cerca de 40 años escuchando esta canción y creyendo que un día será posible. Algo cambió entonces. Un poco.)
(Aunque hay otras formas de verla ¿Más realista? ¿Hacía qué cambio vamos?)
Aunque creo que se intenta con denuedo y a veces se consigue, me parece interesante este artículo, «No se puede borrar la historia», que firma en Público, Robert Reich es Exsecretario de Trabajo de EEUU. Catedrático de Políticas Públicas en la Universidad de Berkeley. Autor de ‘Aftershock’:
El gobernador de Maine, Paul LePage, ordenó a trabajadores públicos que retiraran del vestíbulo del Departamento de Trabajo de ese Estado un mural de 11 metros que describe la huelga de 1937 en Auburn y Lewiston. También recoge la imagen icónica de Rosie la Soldadora, quien en la vida real trabajó en Bath Iron Works (uno de los mayores astilleros de EEUU, situado en Maine). Un panel del mismo mural muestra a uno de mis antecesores en el Departamento de Trabajo de EEUU, Frances Perkins, quien fue enterrada en Newcastle, Maine.
La Administración LePage también se encuentra en el proceso de rebautizar salones que han llevado los nombres de líderes históricos del movimiento obrero, como lo fue la exsecretaria Perkins.
El portavoz del gobernador ha explicado que el mural y los nombres de las salas de conferencias “no se ajustan a los objetivos del Departamento en favor de los negocios”. ¿Estamos en Estados Unidos?
Esto era en lo que andaba y ando. Lo cuenta hoy, muy bien, Público:
De la indignación a la acción. Hace un mes salía a la venta en España ¡Indignaos!, un librito que se levantaba contra la indiferencia de los ciudadanos ante el retroceso de las democracias modernas, un llamamiento ante la pasividad: «La peor actitud es la indiferencia», pedía a los más jóvenes el autor del panfleto, Stéphane Hessel, de 93 años. Y como si cogiera el testigo, un nuevo libro trata ahora de dar un paso más a favor del grito de guerra, más allá de llevarse las manos a la cabeza: se trata de Reacciona, que Aguilar editará en unas semanas.
Reacciona es una obra coral, coordinada por la periodista Rosa María Artal, en la que han participado representantes de diferentes generaciones y ámbitos profesionales: José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, Juan Torres López, Àngels Martínez i Castells, la propia Artal, Ignacio Escolar, Carlos Martínez Alonso, Javier López Facal, Javier Pérez de Albéniz y Lourdes Lucía. Como dice Hessel, encargado aquí de prologar el tomo, «es tiempo de democracia genuina»; «es hora de actuar».
El sistema está enfermo
Los convocados tenían un objetivo: «Dirigirnos a la sociedad en general, y a los jóvenes en particular, intentando concienciar y provocar una reacción frente a las medidas neoliberales impuestas como única salida posible a la crisis», escribe Sampedro. Arma de doble uso, Reacciona mezcla el lenguaje didáctico con uno más práctico que apela al lector y le da herramientas para enfrentarse a unas medidas que afectan a su calidad de vida. Porque «es una falacia hablar de crisis financiera únicamente. La crisis es política. La crisis es del sistema de vida occidental». Según Sampedro, «estamos viviendo en pleno ocaso del mundo en que vivieron nuestros padres», debido a «un afán de saqueo propio de las hordas bárbaras» de manos de los financieros culpables de la crisis. Como dice Artal, «el sistema en el que vivimos está gravemente enfermo». El resultado es demoledor.
En el Reino Unido se están planteando gravar con impuestos la comida basura, el fast food. Lo más curioso es la razón: argumentan que quien ingiere estos alimentos de baja calidad tiene peor salud… y es más costoso para la sanidad pública.
El truco secreto para el éxito de estos comestibles es su bajo precio. Dudo que alguien prefiera una hamburguesa a un solomillo. Regularmente, otra cosa es hacerlo de ve en cuando por variedad o capricho.
¿Y por qué la comida basura es más barata? Perogrullo acude en mi ayuda: porque contiene lo peor del segmento alimentario. Así que los usuarios habituales enferman más y, ¡habrase visto! hay que curarlos con cargo al erario público.
Tengo por ahí un artículo que escribí en 1993. Un tal Harry Elphick fue la primera víctima conocida de la búsqueda prioritaria de la rentabilidad en la medicina, impuesta por Margareth Tachtcher. Ocurrió en Manchester. El hombre fumaba. Y tenía sobrepeso y colesterol alto. Y le dio un infarto, del que sobrevivió. Pero precisaba una operación posterior, y los médicos le dijeron que no lo harían hasta que no dejara al menos de fumar. Y el bueno de Harry murió sin conseguir su empeño. Por aquel entonces la sanidad británica comenzaba a postergar en sus listas de espera a los chicos malos que no practican hábitos de vida sanos. Si uno ingiere hasta el colmo grasas de cerdo de primera, bebe D. Perignon (a más de 100 euros vi la botella el otro día pasando por una tienda de “ofertas”) y esnifa heroína pongamos por caso, para eso tiene médicos privados que le curarán. Y además sin demoras.
En la retina aún el Día de las enfermedades raras. Un día en el año (ellos los padecen los 365) nos cuentan que hay gente por ahí que deambula de médico en médico, hasta que llega a sufrir síntomas incluso invalidantes. Pero no tienen cura. Porque no se han investigado. Les ha tocado en la ruleta rusa que sus males solo afecten a una persona entre 2.000, que tampoco es una nadería. Y no es rentable invertir dinero en buscar soluciones. Se siente.
Palabra que puedo llegar a entender que una empresa farmacéutica privada decida no gastar dinero en fabricar medicamentos con los que no se va a forrar. Es mucho entender, pero intento hacerlo. Ahora bien ¿no hay nadie más por ahí que se ocupe de estos asuntos? Para eso está el sector público que pagamos con nuestros impuestos. Ya, que mientras no me toque a mí… ¿no?
Los ejemplos se multiplican en otros sectores. Leo de vez en cuando que no se investiga en modelos superiores de aviones, por ejemplo, por lo mismo… porque no son rentables. Si el viajero ya vuela, para qué darle mejoras que cuestan dinero. Y los dueños están para ganar cuanto más mejor. Pero ¿no hay nadie más que lo haga? El desarrollo se detiene por el beneficio inmediato.
Y ya llegamos a la honda preocupación de los especuladores (dejémonos ya del eufemismo “mercados”) por las revueltas árabes. Señores, aguántense con su hambre, su humillación y sus dictaduras, que nos fastidian el negocio.
Lo más asombroso es la falta de criterio de una buena parte de la sociedad que todo esto lo ve muy bien. En twitter tengo yo unos “cons” (abreviatura cariñosa de “neocons”) que discuten y todo las bondades del neoliberalismo, de buscar el lucro privado contra viento y marea. Más aún, lo que deje vivo Zapatero del sector público, se lo ventilará en dos días el Partido Popular. Y les votaremos para que lo hagan, y nos quedaremos tan anchos.
No consigo recordar el autor de un cuento que me impactó sobremanera hace muchos años. Era del realismo mágico sudamericano. Creía que de Cortazar pero lo busqué y no lo encontré. La historia hablaba de una ciudad para cuyo obligatorio acceso y salida, para vivir simplemente en ella, se debía atravesar un túnel. Cada cierto tiempo, las compuertas de ese túnel se cerraban y gaseaban a quienes se encontraban allí en ese momento. Todos lo sabían, pero era inevitable atravesarlo. Si te tocaba morir, mala suerte. Cada día pues atravesaban el túnel la mayoría. Y unos cuantos perecían en el intento. Y la cotidianidad seguía. Lo tenían asumido.
Ahora también nos está ocurriendo. Salud, justicia, víctimas de los bancos… al que le toca, con su pan se lo coma. El egoísmo elevado a los altares por el neoliberalismo es la causa. Lo peor es que no sé si todos los sabemos. Si estamos dispuestos a hacer algo por las víctimas, aunque no seamos nosotros mismos o seres queridos. Pero pasen, señores, el túnel de la suerte o la desgracia nos espera.