El PP ha sacado el bulldozer aún antes de haber recibido las llaves de prácticamente todo el poder en España (En la UE que nos destruye ya lo tiene también).
Tras el acoso a la educación pública (a la educación no mediatizada ideológicamente y dentro de lo que cabe porque el conservadurismo marca tendencia en nuestro país) añade ahora los hachazos a la cultura. Fuera el Festival de Cine de Valencia, mientras se mantiene un circuito de F1 pagado con dinero público. Un Alvárez Cascos desgajado del PP se carga el Centro Niemeyer en Asturias. Y es sólo el principio.
“La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, escribe Javier Pérez de Albéniz en Reacciona.
En el mismo libro, los científicos Carlos Martínez y Javier López Facal plantean varias ideas altamente interesantes:
“En el ranking Scimago de universidades del mundo, figuran seis universidades alemanas entre las doscientas primeras, frente a una sola española”.
“Alemania produce el 41% de patentes solicitadas ala Oficinade Patentes Europeas, frente al 1,2% de España”.
“No es una extravagancia propia de ricos ociosos, el hecho de que los países de mayor producción tecnológica y mayor dinamismo económico sean también los que más invierten en investigación básica. Se trata más bien de que los países son ricos porque investigan, no investigan porque ya son ricos”.
“Conseguir el nivel educativo y el nivel científico de Finlandia y Suecia no es imposible: es una cuestión de diseño estratégico, de consenso político y social, de reformas en la arquitectura institucional y de esfuerzo económico sostenido”.
¿Y la información? Aquí me remito a José Luis Sampedro: “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.
España arrastra un castrador retraso en estas materias esenciales. En valentía también pese a cacareados mitos patrios. El alcalde de Nueva York cita al 15M para explicar las protestas estadounidenses contra los bancos, sí, pero una amplia mayoría esta acogotada en un rincón viendo cómo, de venir mal dadas, salva sus propios muebles. Entretanto quienes se comprometen en la defensa del bien común sufren un auténtico asedio de requerimientos a pronunciarse y participar más allá de sus fuerzas (léase el caso del citado José Luis Sampedro). Y no es justo, ni siquiera digno. Como dijo alguien en este blog, la pasividad es otra forma de violencia contra el conjunto de la sociedad.
El camino de cercenar educación, cultura e información es el peor escenario posible para solucionar nuestros problemas pero hay que sumar fuerzas para combatirlo. Y usar la cabeza. Y la dignidad que, seguro, reposa en algún lado. ¿O tiramos todos la toalla? Muchas veces dan serias tentaciones de hacerlo.

Recurro de nuevo a la foto de las prohibiciones de paso sobre un muro de cemento. ¡Es la propiedad privada, señores! La de unos pocos a la que protegen con los instrumentos del poder las políticas conservadoras.

Hotel abandonado en Alhama de Aragón (Zaragoza)








