Economía ¿Una ciencia medieval?

La historia del progreso ha sido la del esfuerzo por encontrar soluciones, a base de recorrer un largo camino. Hemos visto hasta en libros y películas, cómo los precedentes de la arquitectura y la ingeniería se afanaban en levantar estructuras (catedrales, puentes, edificios) con resultado incierto: si acertaban tenían la obra perseguida, si no, se les hundía. Meditaban sobre cuál podía haber sido el error u errores, y trataban de subsanarlo para la próxima vez.

En medicina ocurría algo similar: los especialistas probaban tratamientos y pócimas. Si daban en el clavo el paciente sanaba, pero no siempre ocurría así, y en la búsqueda de remedios quedaban muchos bien averiados, cuando no difuntos. 

Afortunadamente la investigación logró establecer claves y parámetros, fundamentarse en datos y resultados, para que no fuera aleatoria la resolución de los conflictos que se planteaban. Se establecieron premisas seguras para actuar.

La economía no ha seguido la misma senda. Nos argumentan que es una “ciencia social” (pero ciencia al fin y al cabo) y que “sus afirmaciones no pueden refutarse o convalidarse mediante un experimento en laboratorio y, por tanto, usan una diferente modalidad del método científico. Por otra parte, el sujeto de estudio es altamente dinámico, por lo que es arriesgado aventurarse a predecir sus conductas con precisión”. No sé si tan variable como el comportamiento de los virus mutantes, pero con ellos la ciencia se emplea con mayor rigor.

Añadamos que hay y ha habido un sin fin de escuelas económicas, vinculadas en muchos casos a la filosofía o a los iluminados de esa ilusa teoría que nos contó que “el libre mercado se regula solo” y que es la que impera. Sobre todo, que todo depende del ojo que lo mire, aunque nosotros comamos y vivamos todos los días y tengamos la peregrina idea de querer un futuro sólido.  Joaquín Estefanía nos habla hoy de los tecnócratas, ese furúnculo (esperemos que no cancerígeno o que se pueda atajar) que nos ha salido en la democracia, decretado por una única corriente: el neoliberalismo. Tecno, viene por cierto del griego «Techne» que significa “el que sabe lo que hace”. Estamos listos.

Los economistas (salvo honrosas y notables excepciones entre las que cito sin ir más lejos a nuestra amiga Àngels Martínez Castells cuando en el nacimiento del euro avisó de los problemas que iba a acarrear), no han dejado de dar palos de ciego. La mayoría, la economía dominante, ni se enteró de que llegaba la crisis y no dejan de aportar soluciones erróneas, con un empecinamiento digno de expulsión sin indemnización. Asombrosamente, por el contrario, se les premia con gobiernos en los que van a aplicar los mismos mecanismos equivocados. Aunque ¿para quién son equivocados? Unos pocos se enriquecen cada día más, a costa de la población en general. Eso es lo que cuenta.

La economía parece una ciencia medieval. En el momento en el que su objeto de estudio, el dinero, (aunque con más propiedad sería el estudio comportamiento económico destinado a satisfacer necesidades de la sociedad), es el dios por el que todo se rige. Se nos caen catedrales y las garrapatas y sanguijuelas nos sangran sin que experimentemos mejoría. Lo peor es que esta economía dominante, la de los brujos (que, en confianza, parece que no tienen ni repajolera idea de lo que hablan) nos está conduciendo también a la Edad Media, a los señores feudales que sientan sus reales sobre la plebe. Caída Grecia y Roma –decimos jocosamente en twitter aunque con amargura-, llega en efecto el Medioevo. Ya está aquí, salpicado además de invasiones bárbaras.

 

Que nos pille confesados como «dios manda»

Rajoy en Valencia. Foto: EFE

Rajoy en Valencia /13/11/2011) Foto: EFE

El programa del PP explicado por el Presidente balear José Ramón Bauzà (visto por rinze y escolar)  

 <a href=


Preferimos a los clásicos. De entre las muchas sugerencias, opto por la de Pablo Gómez.  

La libertad de comer

La sonrisa de este niño ilumina el día. Es el mismo, que en la parte izquierda de la composición, agonizaba por desnutrición cuando llegó al campo de Refugiados de Dadaab (Kenia), procedente de su Somalia natal. Se llama Minhaj Gedi Farah y tiene 7 meses. Las ONG que le atendieron de las múltiples enfermedades que desencadena el hambre (hasta matar), han invertido 6 semanas y el equivalente a 50 euros en recuperarle. Minhaj ha tenido suerte, muchos otros niños y adultos no.

La foto muestra la diferencia entre comer y no comer, tarea en la que se afanan en mayor o menor necesidad dos tercios de la población de la mundial. La “libertad” de mercado –hoy más que nunca, la de lucrarse sin medida- priva de otras libertades elementales como la de nutrirse. Cierto que influyen desgobiernos tan a menudo propiciados por Occidente, o la Naturaleza que desencadena sequías e inundaciones, pero sobre todos los factores está la barra libre de la especulación. En 2010 los alimentos han registrado un 39% de aumento de media. En cereales, aceites y grasas, la subida ha superado el 71%. Ocho empresas controlan el 80% de los alimentos en el mundo. Y la vida (ajena a la de sus propietarios desde luego) juega, entre otros lugares, en la Bolsa de Comercio de Chicago (Chicago Board of Trade, CBT). Allí, los alimentos tampoco se libran de “productos financieros” de esos que compran y venden sin recibir mercancía alguna. Sólo títulos, anotaciones contables, que condenan al hambre a millones de personas.

Sus víctimas no son seres exóticos y alejados, las mermas han inundando ya a la sociedad del Primer Mundo. Y, mientras, escuchamos sin pudor decir a la UE “no necesitan elecciones, sino reformas”. Se refieren a Italia, pero ya está cundiendo la especie de que los “mercados” prefieren gobiernos “técnicos” –tecnócratas procedentes de las instituciones neoliberales como el BCE. FMI o Goldman Sachs-. En realidad, la última vuelta de tuerca se ha dado desde que Papandreu osó mencionar que iba a consultar al pueblo griego sobre las condiciones de la UE y sus secuaces. Lo echaron sin contemplaciones y el nuevo gobierno de unidad griego -presidido naturalmente por un miembro de la élite neoliberal-, ha incluido al menos a un miembro de la extrema derecha.  El futuro que diseñan «las alturas» no puede ser peor. Para nosotros, para los ciudadanos de a pie.

Repasemos otra vez la foto de Minhaj. Neoliberalismo es la parte izquierda. La derecha la suerte que – cercana a la caridad – le tocó con la obra de esforzadas ONGs. No secundemos ni un día más, ni con un voto más, la “libertad” del enriquecimiento extremo de una minoría que anula tantas libertades a los demás.

La energía liberada en Asuntos Propios de RNE

Aquí se puede escuchar.

Merkel acaba con la UE

visto en andyross.net

Parece que por fin Angela Merkel va a conseguir dinamitar la UE. Tras haber impuesto –con ayuda de su acólito Nicolás Sarkozy- una política de restricciones que, con seguridad, estaba condenada al fracaso –y a las pruebas podemos remitirnos-, ahora, según algunas informaciones, se dispone a impulsar una UE de dos velocidades –la rica y la pobre-, echando del euro a quien la pareja determine. Los medios neoliberales saludan el globo sonda elogiando el objetivo al que presumen un –manipulador y falso- resultado de mayor competitividad. Lo cierto es que Alemania que dictó hasta los programas de convergencia en Maastricht, que se ha lucrado y lucra con la UE, busca ahora mayores rendimientos propios a costa de jerarquizar la Unión. Su ministerio de finanzas niega esa intención, pero la otra pata del tandem -Sarzoky- lo confirma y, sobre todo, los hechos demuestran que esa división ya se está dando. Y así lo apunta también, otro neoliberal, el portugués Durão Barroso que hace como que manda en Bruselas.

Esta mujer, hija de un pastor luterano, nacida en la RFA, pero criada por los destinos profesionales de su padre en el totalitarismo y las carencias que en la práctica supuso el comunismo de la RDA, ha tomado las riendas de un colectivo que agrupa a 500 millones de personas. Necesita un bastón y coartada y ahí tiene a Sarkozy, el resto de los líderes asienten mudos e impávidos.

En mi libro “La energía Liberada” titulo un capítulo “UE, tenemos un problema: la falla de Bruselas a Estrasburgo”. Esta unión ha costado mucho, los primeros pasos se dieron en 1950, cuando desde Francia se pensó en una comunidad interestatal, la Comunidad del Carbón y del Acero, precedente de la actual UE, basada en lo que denominaron “la solidaridad de los hechos”, en conceptos como “calidad”, en mejorar las condiciones de los trabajadores de ambas industrias, pero, por encima de todo, en que esta unión alejaría la posibilidad de otra gran guerra.

Siempre primó la unión económica, se rechazó sistemáticamente la social e incluso la fiscal que hubiera logrado equilibrios más armónicos. La senda se tuerce definitivamente desde 1999 cuando los conservadores logran la mayoría en las instituciones. Como ningún movimiento es aislado en la gran hecatombe que nos asola, este ascenso coincide con la desregulación, con la separación de la banca financiera de la comercial que, desde EEUU, impulsa el demócrata Bill Clinton. El asalto neoliberal ha triunfado en el mundo occidental, llevando en la mochila ya auténticos descalabros tanto en América Latina como en África.

Sólo quiero añadir unas cuantas ideas de las conclusiones de ese capítulo:

Europa no es la UE, de entrada la componen 49 países y no 27, tan neoliberales o más para ser precisos. Pero sí existe aún. Porque bajo la superficie oficial aún late profunda el alma de sus ciudadanos, forjada en siglos de experimentar la democracia —en mayor o menor grado—. El espíritu cívico que busca el bien común parece mantenerse todavía a pesar del egoísmo que consagra como ideal el liberalismo.

Quienes amamos a Europa contemplamos con tristeza en qué se ha convertido la UE. “Europa está en coma, como así lo demuestra su apatía ante los grandes problemas”, escribía José Luis Sampedro en Reacciona.. “Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa”, concluía al respecto.

“¿Cómo los europeos, que inventaron el espíritu de las Luces y la creencia en la razón y en los derechos humanos, podrían aceptar pasivamente lo que corre el riesgo de ser el fin del modelo occidental, es decir, de la asociación del progreso científico y el técnico, la destrucción de los privilegios y el reconocimiento de los derechos fundamentales de cada cual?”, se pregunta también Alain Touraine, el sociólogo francés, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.

¿Pueden acabar con todo eso —y mucho más que cada uno lleva en su imaginario— los burócratas y los mandos neoliberales de Bruselas y Estrasburgo? No. Sin duda. Pero la placa tectónica en el subsuelo presiona, oprime, fricciona. Empuja y nos empuja por un camino que no nos merecemos. Que a nadie le extrañe la erupción de la energía liberada.

La energía liberada: entresijos

“De la mano de Rosa Maria Artal recorremos países gravemenente amenazados (Grecia, Portugal, Letonia) países que se levantan (Islandia) y países fantásticos que se enseñorean de nuestro paisaje mental (Equidistán) para que el discurso público de los medios se hunda y confunda en un tremolo amedrentado: por el contrario, su discurso vibrante nos previene de los tono monocordes que hace indistinguibles las verdades de las mentiras. Rosa Maria Artal quizás pueda equivocarse en algún extremo, pero su valentía y honradez intelectual hacen todavía más próximo y oportuno el texto que ahora nos ofrece. De hecho, “la energía liberada” ayuda también a vernos en la historia como sociedad que avanza, desde muy antiguo… y se humaniza civilizándose, asumiéndose en su pluralidad, respetándose en su autonomía y forjando redes de solidaridad”.

Forma parte de un texto, éste, que Ángels Martínez Castells ha dedicado a mi libro, con mucho cariño que ha volcado en afinar una crítica con gran calidad literaria. Ángels supervisó los conceptos económicos. ¿Algún “pero”? Mínimo. Solo que a una profesora de larga trayectoria le hace gracia que utilice expresiones de “andar por casa” en economía.

Sí, hoy se publica mi libro “La energía liberada”. Ha sido una tarea dura pero apasionante. Zambullirme en los datos, hurgar en mis propios archivos, y sacar conclusiones que en muchos casos me sorprendían. Eso es lo más gratificante: buscar relaciones sin saber adónde van a conducir ¡y dar en la diana!

Veréis, los 9 de Noviembre parecen ser bastante especiales para mí. Hoy hace 22 años que iniciaba una jornada en Berlín Este, de asombro en asombro, y que concluiría con la apertura del Muro de Berlín, ante los únicos ojos informativos de un equipo de Informe Semanal que yo conducía. Sentí que era un hecho histórico, que iba a cambiar el curso de la civilización.

Tantos años después –y acosados por el asalto neoliberal que se desató a partir de esa fecha- descubro que el Consenso de Washington —el instrumento clave para su triunfo— parte de un documento elaborado con premura extrema precisamente el mismo mes de noviembre de 1989 por John Williamson. “Pensado inicialmente para América Latina –escribo en el libro-, su título no puede ser más evidente: “Lo que Washington quiere decir por política de reformas”. Al cónclave para aprobarlas acuden políticos y altos funcionarios, la Reserva Federal, el Banco Mundial y el FMI. Le sigue el Consenso de Bruselas para Europa que comienza a aplicarse a partir de 1990. Sus líneas básicas van a constituir el manual de actuación a partir de entonces: recorte del gasto público, reforma fiscal para favorecer a los más ricos, liberalización del comercio internacional, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, privatizaciones o desregulación». La táctica ha sido aplicada con machacona similitud en todos los países, primero fueron los que menos «se notaban» y ahora ya han llegado a Europa. Siempre exactamente igual.

Ha habido varios hallazgos de estos. Como descubrir la “masacre” perpetrada en Letonia por la UE y el FMI. Pertenece a nuestro selecto club, pero nunca hemos oído a los portavoces de Bruselas expresar “preocupación” alguna por ellos. No deben ser “sistémicos”. Ahora bien, han llegado a cifras de paro del 22%, mayores que España, que sin embargo no figuran ni en las estadísticas que nos cuentan.

Los dobles raseros también que me permiten entender hoy por qué el que a Alemania le salga casi gratis financierse multiplica la prima de riesgo del resto de los países, como explica esta noticia del día.

¿Hay soluciones a esta locura? Las hay. Si queremos y creo que inevitablemente. La energía ya se ha liberado, por múltiples puntos del planeta.

Os voy a pedir un favor por último: si pensáis que el libro os puede interesar id pronto a por él, porque una salida “fuerte” ayuda a su difusión. Al final una aprende de todo 🙂

El futuro ya está aquí, por eso prefiero recordar la vuelta a un Berlín que ya no tenía fronteras. Hemos de limpiar los cimientos podridos de este otro lado del Muro. Cuento con vosotros.

Aquí exactamente se abrió el Muro. Foto: Patricia Sevilla

Inaplazable: hay que tomar las riendas

“Hay dos clases de gente: los que van a alguna parte y los que no van a ninguna”, Lee Marvin concluye así la aventura fallida de “La leyenda de la ciudad sin nombre”, una de las mejores metáforas del capitalismo embutida en película del Oeste (gracias Alecrin por recordarla esta mañana). Esa sensación de derrota y escepticismo, de pragmatismo también, nos ha quedado a muchos tras el Debate electoral entre los candidatos de los dos partidos mayoritarios.

Según los «mass-media» (permitidme que les llame así porque hoy más que nunca les cuadra la denominación), la charla la ganó Rajoy a los puntos. En sociología las encuestas flash tienen un margen de error del +_10% y ni siquiera nos facilitan la muestra utilizada que podría ahondar en su escasa fiabilidad. Pero eso ya ni importa, Rajoy es el triunfador volitivo y ya está. Con la parafernalia que invita a seguir, perdonar, no ver, no juzgar… al que gana. Un sentimiento –no razón- de los menos edificantes para una sociedad: arrimarse al sol que más calienta.

El candidato del PP estuvo rematadamente mal. Llamó dos o tres veces “Rodríguez” Rubalcaba a su oponente, abrió desmesuradamente los ojos… para mirar 585 veces a lo largo de la noche sus papeles, frente a 48 Rubalcaba (según contabilizó F. Peregil), no conoce su programa, atribuyó (presumiendo de su dominio de los pueblos de España) a Cádiz dos poblaciones de Sevilla, y desgranó sus argumentos de vecino de escalera sobre “el sentido común” y el “todo el mundo”. Era el señor de los hilitos en su más pura esencia. El que repetía sin cesar “inshidias” hasta para rechazar que Esperanza Aguirre haya acusado a los profesores de vagos. Y lo ven ganador del Debate y la clá aplaude.

 

Rubalcaba tiene mucha más talla dialéctica, pero salió al ruedo tan derrotado que durante toda la primera parte daba por hecho su descalabro y preguntaba a Rajoy como inquilino de La Moncloa. El problema –uno de los problemas- es que no podía oponer una confrontación ideológica. El programa -oculto y diáfano- del PP ofrece todas las fallas del neoliberalismo que nos ha llevado a la terrible e interminable crisis que padecemos pero Rubalcaba no podía desenmascararle, dado que el PSOE ha llevado justo esa política, sobre todo –aunque no únicamente- desde el histórico 12 de Mayo de 2010, cuando Zapatero sucumbió… “a los dioses mercados” y a sus representantes en la tierra encabezados por la UE. Esa UE donde manda, decide y marca políticas el Partido Popular Europeo. Un candidato de izquierda hubiera fumigado a Rajoy.

Pero no estaba allí sentado. Porque lo bonito son los debates a la americana en donde realmente si hay solo dos partidos. Aquí se evita por todos los medios arbitrar resquicios para que esa situación cambie. Existen, varios de ellos lastrados por errores pasados, pero no cuentan para un sistema empeñado en defenderse a sí mismo, aunque se haya corrompido a niveles escalofriantes.

Los poderes económicos están derrocando gobiernos, en Grecia, en Italia. Consultar a la ciudadanía se ha convertido en una grave afrenta. Seriamente ¿Alguien imagina a la pléyade de derrochadores, machistas y/o manipuladores que van para ministros del PP como panaceas de nuestro futuro? ¿A los que SÍ inflaron la burbuja inmobiliaria? ¿A los que dirigían grandes instrumentos neoliberales cuando todo se fue al carajo?… ¿A Rajoy plantándose ante esos poderes., cuya ideología comparte, por el bien de los españoles?

El Debate ha corroborado lo que ya sabíamos, que ha llegado la hora inaplazable de que la sociedad, pacífica y democráticamente, tome las riendas de su vida porque el barco va a la deriva. ¿Algún adepto del PP puede decirme, racionalmente, que contempla con ilusión el porvenir tras escuchar a Rajoy? Se puede cambiar este negro panorama, más aún es inevitable, inaplazable, porque sí sabemos adónde vamos. No por este camino.  Hay que darle la vuelta a un destino que no es inexorable.

He visto cosas que no creeríais

Me sacan hoy un Dominio Público. Empieza así:

Hace un año andaba enfrascada en una novela sobre la corrupción que luego aparqué por asuntos más perentorios como la preparación de Reacciona. No faltaba inspiración en la realidad para pergeñar los zafios personajes que saquean las arcas públicas españolas, su casposa parafernalia. En la escalada que provocara el interés del lector, buscaba el hito culminante en la trama capaz de causar tal estupor que les desenmascarara definitivamente, fueran encausados y se desatara la indignación popular. La privatización de Metro y de RENFE me pareció por entonces el colmo al que podían llegar nuestros políticos. Y ya están aquí. Gallardón “no descarta” que se privatice el suburbano de Madrid. Lo piden, además, los empresarios de la CEOE, con los colmillos afilados a ver si en el paquete cae también la red de ferrocarriles cuando el PP tenga también esa llave en sus manos. Mi novela, de haber seguido por ese camino, hubiese sido un fiasco. Ni inspirándome en Milennium y salpicando el relato con intrigas de ultraderechistas, xenófobos, homófobos, racistas y machistas, hubiera hecho mover un músculo a los lectores en este país que los tolera con tal desparpajo.

Estamos viendo cosas que nunca hubiéramos creído…

Aquí completo.

Campaña electoral ¿Es esto lo que interesa a los ciudadanos?

  Gritan, difaman, insultan. O, en el caso de varias mujeres, utilizan una presunta dulzura coqueta (de la odiosa cuerda «femenina-mujer-mujer«) para vilipendiar y mentir. Ver aparecer a algunos políticos en un telediario lleva a apagar el televisor  y dejar de ver el resto de las noticias. Estomagan, logran que siente mal la comida. ¿Cabe en una mente sensata pensar que es esto lo que interesa a los ciudadanos y lo que va a resolver sus problemas?

Añadamos que esta sucesión de invocaciones a crear mala sangre a todo el país se produce con cuantiosos gastos que hipotecan a los partidos –en su más amplio sentido de la palabra- con los bancos, dado que ellos costean hasta un 67% de los recursos del funcionamiento de los partidos, según un informe del Tribunal de Cuentas.

El sociólogo José Juan Toharia explica que los españoles comparten la insatisfacción de los indignados con cómo se está ejerciendo la política. Y que ese descontento —que califica de “profundo” — explica el 15M. “Ocho de cada diez españoles los perciben aquejados de “autismo político”: encerrados en una torre de marfil sellada a cualquier aire que provenga del exterior, tal y como ahora se organizan y funcionan no pueden atraer ni reclutar a personas competentes y preparadas”. La impresión ciudadana es que “la actual clase política (en general y con contadas excepciones) prefiere tratar de “calentar” a la ciudadanía en lugar de aliviar sus tensiones, sus preocupaciones o sus problemas desde la negociación y el entendimiento con el adversario. Resultado: los españoles han acabado pensando que su propia clase política es uno de los principales problemas del país”. Lo cito así, textualmente, en “La energía liberada”.

 Sin entrar en muchas más profundidades (sobre las causas reales de la crisis por ejemplo), es cierto, como decía este domingo María Dolores Cospedal, secretaria general del PP (que acusa –imagino que con ironía- de “rencor” al PSOE sin escuchar aquella viga de su ojo que gritaba “a por ellos, oe” o que se presenta como un «futuro»… anclado en 1996, si no un poco más allá), que en “estas elecciones se dilucida el futuro de décadas”. Y en eso tiene razón,  décadas de neoliberalismo extremo, de mermas, de aumento de las desigualdades, de profundización en la crisis, van a encontrar su justificación en el voto ciudadano. Así que a alguien parece que le funciona la crispación provocada. O la desesperación, uno ya no sabe.

  Pero el hartazgo que esta degradada política causa en la sociedad –corroborada por estudios serios como vemos- indica también que, tome la forma que tome, y mientras no se produzcan cambios en el ejercicio de la política, la pésima opinión ciudadana sobre el asunto seguirá existiendo. Y muchos no se limitarán a rumiarla a solas, o a soportar tantos insultos a la inteligencia. Que los hechos irritantes terminarán por pasarles una seria factura. A ellos, no así a quien intente reconducir la cordura y encontrar de una santa vez las soluciones que los ladridos políticos no brindan.

 

La energía liberada

  El miércoles estará en las librerías mi libro «La energía liberada». He hecho una apuesta fuerte de trabajo para intentar explicar lo que nos está sucediendo y que, día tras día, escala grados que hubieran podido parecernos antaño insoportables. 

   Tres planos:

   -las fuerzas ocultas que actúan concatenadas alterando nuestros cimientos. Muchas y variadas.

   -la superficie donde aparentemente no ocurre nada y en la que sigue instalada gran parte de la población.

   -y la energía liberada, la que como consecuencia de los grandes movimientos telúricos no ha tenido más remedio que erupcionar para no ahogarse y, sobre todo, para restablecer, o mejor iniciar un nuevo equilibro social con espacio para todos. Es múltiple, se comunica entre sí y cabe esperar mucho de ella.

En los tiempos que vivimos no es fácil publicar este tipo de libros, ni tampoco hacerlos «visibles». Por eso agradezco doblemente el apoyo inicial que estoy notando, incluso antes de que salga el libro…

El economista y coautor de Reacciona, Juan Torres López, ya ha esbozado una crítica del libro. 

Y en la revista literaria «ojos de papel» me han dado un amplio espacio. Así se inicia…

Tras el ignominioso espectáculo de una crisis provocada por las instituciones financieras que se salda a favor de ellas, en perjuicio de la población en general y con el apoyo de políticos —divorciados de la soberanía popular—, sustentado el tinglado por un periodismo que ya es el Tercer Pilar del sistema —con el económico y el político— en lugar de aquel viejo Cuarto Poder (el contrapoder al servicio de la sociedad), se han venido sucediendo conatos de rebeldía social, buscando un equilibrio.
Los motivos del descontento parecen evidentes. Sin embargo, la causa última se ubica más allá y más abajo, en la profundidad del germen. Un cúmulo de fuerzas concatenadas, de movimientos ocultos cuyos efectos se notan y se sufren. Principios altamente activos: están cambiando el curso de la civilización….