Consumir en tiempos de crisis

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Termina el día de Aragón. Son las 12 de la noche. Un nuevo emporio comercial -con todo lo que se precie de serlo dentro- abre sus puertas a esa hora en Zaragoza. Se llama Puente Venecia. La estrella del lugar: Media Markt aunque ya tiene otro centro en la ciudad. Tres mil personas aguardan en la puerta. Han tenido que dejar el coche incluso a dos kilómetros que han recorrido con nocturnidad y pasión.

 El comercio franquea la entrada. Los consumidores se abalanzan hacia el interior. En una de las ofertas venden televisores de plasma, descatalogados, a 300 euros. Testigos presenciales me cuentan que hay personas que se llevan incluso tres unidades que acarrean como pueden. La tienda está autorizada a permanecer abierta 24 horas seguidas. 22.000 personas -en una ciudad de 666.000- acuden a comprar. En las cajas saturadas se tarda hora y media en pagar. Hasta las 3 de la madrugada se registra esa demora. Horas extras, quitadas al sueño, para consumir. Los televisores de plasma no se comen. Pierden el valor que se ha pagado en el momento mismo que uno sale del centro. ¿Qué les pasaba a mis paisanos?

España tiene fama en Europa de consumir sin tino, de endeudarse por consumir. La crisis y los cuatro millones de parados, el desempleo que amenaza -sin indemnización y sin subsidios como anuncian los probables futuros inquilinos de la Moncloa-, parece no arredrarnos. En las vacaciones de Semana Santa -de las que pocos de los que suelen disfrutarlas se privaron-, nos contaron que ya no se pagaban 4, 5, y 6 euros por hamaca -que es una auténtica barbaridad-. Los veraneantes se bajaban sus acomodos playeros los días que el sol se dignó salir. Pensé al escucharlo que suecos u holandeses -más «austeros» que el baile típico de Madrid- se traerían la hamaca desmontada en la maleta y, adiestrados en la materia por IKEA, la montarían en el apartamento u hotel de tres estrellas como máximo. Hablo del común de la población.

Los españoles destinamos más del veinte por ciento de nuestros ingresos a alimentos, ligeramente por debajo de nuestros primos hermanos italianos, que ocupan el primer lugar en la lista de todos los habitantes de la eurozona. Y nos situamos en cabeza, junto a los portugueses, en salir a restaurantes y a tomar café, destinando más del 8% de nuestras rentas a ese fin, el doble que la media europea. Y este tipo de establecimientos, son ya tan caros como en todas partes. Comemos mucho mejor que buena parte de nuestros vecinos europeos. Nuestro consumo de carne se ha duplicado desde la Transición, y se ha reducido a la mitad el de pan. Las pescaderías de mercados y grandes superficies rebosan género todos los fines de semana, y nunca falta el marisco, en todo el año, a pesar de la crisis, que, quizás, es un poco excesivo. En el norte de Europa se contentan con un plato, no con dos como nosotros, y engañan el hambre con pan untado en mantequilla. Gastan poco en el placer gastronómico. Quienes menos, los holandeses que dedican tan sólo un 15% de su presupuesto familiar a este fin. Es decir, que si ellos ganan de sueldo medio unos 2.300 euros, gastan 345 en comer todo un mes. No muy lejos andan algunos de los países nórdicos.

Probablemente el punto medio es más sensato y más placentero. Y una cosa es comer, y otra ver la tele en un aparato de plasma, o escuchar música en el MP4 más moderno y más «de oferta». Ni la crisis parece frenarnos. Ah, claro, que estamos deprimidos y tenemos que premiarnos para no cortarnos las venas. Miles de zaragozanos nos han dado ejemplo. ¿Consumir en tiempos de crisis? No nos cortamos un pelo. Mala educación, falta de principios, de previsión, no me cansaré de decirlo a ver si alguien hace algo.

Felipe González: Una mirada de altura sobre la crisis

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Habló sin hacer ninguna alusión ni a partidos ni a ideologías políticas ni, prácticamente, a elecciones europeas. Felipe González dio una lección magistral el miércoles ante el foro de Europa en Suma que nacía ese día. Sus ideas fueron recogidas por algunos medios pero no con la profusión de  las expresadas por otro ex presidente, José María Aznar, quien llena páginas al decir por ejemplo: «Conmigo no se hubiera producido esta crisis». Correligionario y uno de los pocos defensores de George W. Bush – máximo responsable político de la economía del desastre a la que hemos sido abocados-, de la lluvia de sus políticas en España vinieron estos lodos que enfangan nuestros pasos. Y que su sucesor en la Moncloa, Rodriguez Zapatero, no ha sabido remediar, enfrentado a una de las peores crisis económica de la historia.

 Las palabras de González nos permitieron elevarnos sobre la visión local que implanta orejeras distorsionadoras, para comprender algo más de lo que nos sucede. Allí, en primera fila, estaba Eduardo Madina y me produjo una cierta sensación de alivio. Un joven político que no desecha la experiencia altamente fundamentada y detallada.

Felipe Gonzalez insistio en el carácter global de la crisis. «Si se han volatizado 60 trillones de dólares -que así ha sido- ¿la responsabilidad es de Zapatero o de Esperanza Aguirre? Vd. puede hacer propuestas para aprovechar los márgenes disponibles a nivel local para frenar el efecto de esta pandemia, pero la crisis es global». De hecho, por otro lado, «el 80% de los trabajos del Parlamento español son transposiciones de normativas de la UE«, como había apuntado Juan Cuesta de Europa en Suma.

 
Le preocupa a González que el ciudadano sólo ve datos aislados que no tienen sentido ni orientación y piensa que difícilmente en la campaña electoral se abordará qué papel puede hacer el Parlamento Europeo en la crisis global y en el futuro de Europa. Y eso que la eurocámara es «el escenario mínimo para respuestas coordinadas con EEUU, Obama reconoce que solos no pueden, Europa tampoco puede sin EEUU», vino a expresar el hoy Presidente del «Comité de sabios» de la UE. Hay que coordinar el esfuerzo, arrimar el hombro, y el horizonte nacional es insuficiente para una resolución de la crisis y una definición de un horizonte de futuro.

Una crisis global nacida de una falta de gobernanza ante los ciclos del capitalismo, la caída del Muro de Berlín que trajo la desintegración de los bloques, con su antagonismo y competencia, y-atentos- la revolución tecnológica que cambia la realidad mundial. La crisis ha puesto en evidencia carencias arrastradas desde hace mucho tiempo, «Europa lleva 20 años distraída» y hasta ahora las reacciones han sido nacionales, «un puñetero reino de taifas». Quiero destacar, sin embargo, un apartado que me pareció raíz de muchos de nuestros problemas: el anquilosamiento de Europa.

Decía Felipe González que a la Comisión -el órgano ejecutivo- se le quita iniciativa y el Consejo Europeo -el organismo político formado por los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros de la UE, más el Presidente de la Comisión, que fija las orientaciones políticas generales-, carece de esas iniciativas. «Hace declaraciones de intenciones y de estados de ánimo, no iniciativas. Leemos: el consejo europeo «muestra su preocupación» por no sé qué cosa. Yo pienso que cuando está gravemente preocupado, el Consejo europeo tiene que relajarse, ir a tomarse una copa y cuando se le quite la preocupación decirnos lo que van a hacer con el problema a, be o ce

 El problema viene de muy atrás y no mejora -¿quizás empeora?-. «Llevo 30 años en temas europeos y les aseguro que hay un 30% de las siglas que utilizan, sin desglosarlas, que no sé lo que son. «Ayer me reuní con el BEPA«… si yo no sé lo que son como lo van a saber los ciudadanos europeos, el tío que lo está pasando mal». Nos contó que las ayudas a proyectos innovadores vienen en un lenguaje tan complicado que se precisa un despacho de abogados de altísimo nivel -carísimo- para traducirlas. ¿Qué sucede? Que sólo tienen acceso a ellas quienes pueden pagarlos y muchas veces ni siquiera se adjudican esas ayudas, quedan en el aire porque no se presentan suficientes peticiones. «¿Fallos de comunicación? Si no somos claros comunicando cómo nos van a entender«, concluía González.

Ganamos con nota a EEUU en el sistema educativo y el sanitario, pero si nos preguntamos cuál ha sido ha sido la movilidad del mundo empresarial en EEUU y en Europa desde 1980, nos encontramos sorpresas. González lo explicó así: «Si me ponen una transparencia con las 30 primeras empresas del año 80 EEUU y las del 2009 -que además están en los primeros puestos mundiales-, observo que al menos la mitad han sido sustituidas por algunos pavos que salieron de un garaje -su concepto de PYME no existe-, y que han sido competitivos, imaginativos y han desplazado a los grandes monstruos perfectamente instalados –como ahora se está viendo-. Veámos ahora el mismo cuadro comparativo en Europa ¿Qué hay? los que eran son y seguirán siendo. Y las iniciativas imaginativas, emprendedoras, valientes, competitivas, si surgen ¡hagamos un esfuerzo corporativo entre todos por aplastarles la cabeza! No vaya a ser que desplacen a las grandes corporaciones. Por tanto: tenemos en Europa una rigidez de trasfondo cultural que nos hace funcionar como una corporación, con un corporativismo de intereses en los que se cruzan las élites politicas, empresariales y sindicales».

 Ése problema de rigidez cultural afecta a nuestro sistema educativo. Tenemos a jóvenes con una formación de una calidad y cantidad de conocimientos que nunca tuvieron, pero o no saben o no les dejen transformar esos conocimientos adquiridas en ofertas que añadan valor a los demás. Salen con una titulación muy buena, pero siguen siendo demandantes del Estado, de la Comunidad de Castilla-La Mancha… o de Botín: un trabajo seguro y para toda la vida. Tenemos escuelas de empresariales donde el 78% de los titulados no quieren hacer una empresa, si tuviéramos escuelas de medicina en el que el 78% de los licenciados no quisieran hacer medicina la cerraríamos ¿verdad?», aclaró el ex presidente socialista.

 ¿Su receta? Hacer un pacto social, económico y político entre todos los agentes, elaborando propuestas para aguantar los márgenes de esta pandemia que es la crisis financiera actual. Un nuevo pacto social del Siglo XXI. Transferido a Europa, habrá que despertarla, dinamizarla, y, dentro de ella a España, quitarle las orejeras, para todos «recuperar (¿adquirir?) nuestro papel como potencia económica-tecnológica» que demanda la realidad de los tiempos. Con una cohesión social que se derivará inexorablemente, para ser sostenible, con la capacidad de añadir valor (que reviertan en los demás) a esa economía competitiva en el mundo globalizado». Nada de cambiar el sistema capitalista, parece decir González: «El Estado del bienestar sólo es posible si la economía funciona».

Esto y mucho más dijo Felipe González. Estoy segura de que muchas de sus ideas irán saliendo en sucesivas entradas. Pero quería resaltar, en este largo post, el carácter global de la crisis, el anquilosamiento de Europa que la agrava en nuestro entorno, y el rumbo equivocado de la España enzarzada en minucias disuasorias, mientras miles de personas cada día se suman al paro en un mundo que nos deja escasa capacidad de maniobra.

Gracias, hoy en especial, por prestarme atención, si has llegado hasta aquí.

Felipe González propone un pacto contra la crisis

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Lleno a rebosar, dieciséis embajadas representadas -mirad las cabelleras de la Europa de más arriba en la primera fila- , Felipe González nos ha presentado esta tarde-noche Europa en Suma.  Elaboraré mis propias reflexiones -ha sido enormemente interesante-, pero os dejo, como anticipo, algunas ideas de urgencia reseñadas -muy bien- por la Agencia EFE.

Felipe González ha propuesto hoy un pacto social, económico y político entre todos los agentes de la Unión Europa (UE) para hacer frente a la crisis global. González, actual presidente del «Comité de Sabios» de la UE, ha resaltado que este pacto debería incluir un primer paquete de medidas anticíclicas y una reforma del sistema financiero.

El pacto, a juicio de González, también debería abordar una «revisión de la agenda de Lisboa» para hacer frente a la pérdida de la competitividad, a las rigideces del sistema y al retraso relativo en la incorporación a la sociedad del conocimiento.

González ha estimado además que el pacto tendría que propiciar «una verdadera revolución energética» en Europa para responder al desafío del cambio climático.

En su intervención, González ha asegurado que si no existiera Europa, habría que inventarla y algunos de los Veintisiete Estados miembros estarían buscando espacios comunes de colaboración para hacer frente a los retos actuales.

Paradójicamente, «tenemos un espacio compartido y cada día lo utilizamos menos», según el ex presidente, quien ha opinado que cada vez hay una tendencia mayor hacia la nacionalización o renacionalización de determinadas políticas o una acción intergubernamental en detrimento de las instituciones, que representan el motor de la construcción europea.

Ha lamentado que, cuando queda más de un mes para las elecciones europeas, difícilmente se debatirá sobre el papel que puede desempeñar el Parlamento Europeo en la crisis global y en la definición del futuro de Europa, que es el escenario mínimo para encontrar una respuesta coordinada con Estados Unidos frente a la crisis.

Ha resaltado que Estados Unidos, a través de su presidente, Barack Obama, ha reconocido que no pueden solos ni contra la crisis financiera, ni contra la crisis de seguridad, ni en la lucha contra el cambio climático.

«Es hora de decir que sin Estados Unidos, no podemos. Ellos solos no pueden, pero sin ellos no podemos», ha dicho González, quien ha subrayado la importancia de coordinar los esfuerzos y no esperar a que «tire del carro» Estados Unidos para ver si en el cuarto trimestre del año hay algún signo de repunte en la crisis.

El ex presidente ha considerado que la UE tiene que intentar corresponsabilizarse y «arrimar el hombro», al considerar que el espacio local nacional es «insuficiente» para ofrecer respuestas a la crisis.

Actualización 23 de Abril. La noticia en otros medios:

Europa press: Felipe Gonzalez propone un pacto europeo para coordinar políticas anticíclicas y «corregir» la agenda de lisboa

El Plural: Felipe González cree “decepcionante” la respuesta de Europa a la crisis y reclama más “coordinación” e “iniciativa”

ABC: Felipe González pide a la Unión Europea una auténtica política anticíclica y un marco regulatorio por la crisis

Estrella Digital: Felipe González «El Estado de bienestar sólo es financiable si la economía funciona»

El Confidencial: González en contra del despliegue del escudo antimisiles en Europa del Este

De espaldas a una Europa en crisis

Los europeos no tienen interés por Europa. Entre ellos, los españoles se han convertido en uno de los mayores euroescépticos. Aquí, sólo el 27% de los ciudadanos manifiesta que votará en las elecciones que van a celebrarse entre el 4 y el 7 del próximo mes. Son datos del eurobarómetro que acaba de hacer público el Parlamento europeo. Más aún, el 75% de los españoles nos saben ni cuándo están llamados a las urnas.

 El proyecto de Europa ha ido perdiendo interés paulatinamente entre los 27 países que componen la UE. Quizás, los nuevos adscritos contemplan el euro como un paraguas que les protegerá en la crisis que les afecta más que a otros territorios. A pesar de que tampoco están masivamente decididos a ir votar, algunos observadores estiman que sí lo harán condicionando la composición ideológica de la Eurocámara. Lo cierto es que las instituciones comunitarias nadan entre el descrédito popular que se han ganado a pulso: han dado muestras de un invalidante anquilosamiento. Adolecen también de los males de las políticas locales, elevados a la potencia de una inmensa extensión de más de cuatro millones de kilómetros cuadrados donde habitan casi 500 millones de personas. Y de una difícil amalgama: diferentes lenguas, historia, desarrollo, educación y un lema común, más deseable que real: unidos en la diversidad. El Partido Popular Europeo es el mayoritario en la Cámara, seguido del socialista.

España ingresó en la que sería la Europa de los 15 en 1986 de la mano de Felipe González. Franco lo había intentado con ahínco para homologar su régimen, pero Europa precisó ver consolidada la democracia con la alternancia de poder. Y, probablemente, con la credibilidad de un presidente brillante que sabía estar en el mundo. Llegaron entonces las carreteras, las autopistas, los fondos comunitarios que costeaban nuestra expansión, y, sobre todo, la apertura de horizontes.

Pero, en el 2009 de la crisis globalizada, los ciudadanos prefieren mirar a su ombligo -he dedicado todo un libro a ello-, y no informarse o no querer enterarse de que la UE es una realidad que toma decisiones que afectan a nuestra vida.

Tenemos una moneda común: el euro. Las políticas económicas se dictan desde Bruselas. Ya no podemos devaluar la peseta, como hicimos con profusión durante la transición para aquilatar nuestro presupuesto, aunque fuera a costa de perder hasta un 20 y un 40% del valor de nuestro dinero personal. Si ahora el Estado sobrepasa las inversiones -el gasto en una palabra- para solucionar la crisis interna, Bruselas reprende y no lo tolera. Los tipos de interés de nuestros créditos los fijan fuera. El Banco Central Europeo dirige su cuantía, fijando los tipos de interés. A partir de ellos, la Federación Bancaria Europea establece lo que conocemos como «Euribor», que influye decisivamente en nuestras hipotecas.

  Y aún no hemos ahuyentado por completo la directiva europea que permitiría la jornada laboral de 65 horas semanales. Bruselas dicta también políticas de inmigración.

Marta Cartabia, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Milán-Bicocca, lo resumía en una entrevista: «La mayoría de las leyes nacionales -señala la profesora Cartabia- son ya ejecuciones de normativas europeas, en muchos casos los jueces nacionales aplican directamente el Derecho europeo y cada vez más el Parlamento Europeo se pronuncia sobre asuntos sociales. Europa, de una forma u otra, sienta principios que después pesan -y mucho- a la hora de decidir si se reconocen las parejas de hecho, se aprueba la eutanasia o se mantienen los crucifijos en los colegios».

«No es la Europa que soñaban los padres fundadores», añade Cartabia, es una Europa técnica que, sin embargo, no se limita a cuestiones técnicas, puesto que interviene en terrenos reservados a la vida de las personas».

Hoy mismo, salen a la calle los ganaderos españoles a protestar por su asfixia con sólidos argumentos: «El tejido ganadero español se ha atrofiado desde 1993, cuando la Unión Europea impuso el sistema de cuotas que ha limitado la producción española a seis millones de toneladas anuales de lácteos.Aquel año había 173.000 explotaciones en España, y ahora hay 24.000». Igual sucede con el aceite y numerosos productos agrícolas.

     Un somero y aleatorio paseo por recientes actuaciones de Bruselas nos presenta, para bien y para mal, este panorama:

  • simplificar los trámites necesarios para que las pymes accedan a la financiación comunitaria. Entre las novedades destaca que las entidades con ayudas inferiores a 25.000 euros tendrán que aportar menos documentación y que se reduzca la exigencia de avales bancarios
  • acelerar la autorización de medicamentos contra enfermedades mortales.
  •  elevar las ayudas a la exportación de pollos
  • suprimir los aranceles a la exportación de cereales
  • mantener seis meses más la veda de la anchoa
  •  aprobar el P2P, reforzar la seguridad y la protección de las libertades fundamentales en Internet y rechazar que los gobiernos corten el acceso a Internet como una forma de imponer sanciones.
  •  extender las normas comunitarias de protección de datos a las redes privadas de comunicación en Internet.
  • eliminar progresivamente las bombillas incandescentes.
  • criticar la aplicación errónea en todos los países de la UE de la directiva que regula el derecho de los ciudadanos europeos y de los miembros de sus familias a circular y residir libremente en los Estados miembros y exigir castigos para los países infractores
  •  autorizar la comercialización de una vacuna intradérmica para la prevención de la gripe estacional de adultos y mayores de 65 años que, de forma pionera, presenta un sistema menos invasivo que las de aplicación intramuscular al administrarse con una micro-inyección intradérmica de manera sencilla, segura y fiable (esto hoy mismo).
  • … o condenar el urbanismo español.

     ¿Podemos así eludir el compromiso de votar en las elecciones europeas? ¿Y pensar en políticas locales? ¿Y no elegir a los candidatos de los que  estemos seguros van a defender nuestros intereses en Europa y construir un espacio común y mejor para todos?

     Van a cobrar en breve 9.000 euros al mes  -actualmente 7.000-, más dietas,  por trabajar de lunes a jueves. Viajes pagados en clase business. Colaboradores personales auto asignados -sin prohibir taxativamente el parentesco directo-, cuyo sueldo pagamos los contribuyentes europeos. Jubilación a los 63 años con pensión oficial asegurada, con sólo 3 años de trabajo.

     La UE, el Parlamento europeo sobre todo, palidece quizás porque se suele enviar allí a viejas glorias, a compromisos por una razón o por otra para becarlos con una jugosa regalía. Y lo que Europa necesita es savia nueva, jóvenes, políticos combativos. Y sobre todo una sociedad comprometida que precisa informarse adecuadamente y saber lo que vota.

    Desde Europa en Suma queremos impulsar una Europa de ciudadanos que se conozcan y que trabaje unida. A los españoles nos hace mucha falta.

Más críticas a la corrupción española

Dos artículos confluyeron estos días en El País hablando de la corrupción española. Uno era mío y el otro de Victor Lapuente, profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Lapuente mantenía que oír noticias de corrupción en España «no representa ninguna sorpresa». Para él, la razón última está en el clientelismo político:

«En España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas».

 Frente a la situación española, en otros paises ocurre al revés: «En muchas ciudades europeas sólo tres o cuatro personas son nombradas por el partido ganador» o «En EE UU el alcalde no puede colocar a mucha gente. El Ayuntamiento lo gestionan profesionales». Estados Unidos, nos cuenta, tenía similares niveles de corrupción, pero lo solucionaron a finales del siglo XIX, principios del XX, evitando, precisamente, que los políticos extendieran sus tentáculos sobre la Administración y otros centros de poder, nombrando a sus afines.

Vemos en España que hasta las Cajas de Ahorros están dominadas por políticos, con mayoría según el resultado de las urnas. Esto explica lo sucedido en Caja Castilla La Mancha, o las peleas fratricidas en torno a Caja Madrid, entre facciones del PP, que pueden atentar frívolamente contra su estabilidad financiera.

La sanidad y la educación -temas de Estado- también dependen de las mayorías políticas en las Comunidades Autónomas. La neoliberal Esperanza Aguirre opta por la privatización, y poco hay que hacer. Intentar remendar el desaguisado si un día deja de ocupar ese puesto. Algo extremadamente difícil, rehacer las presas derribadas exige un doble esfuerzo. Me contaba un médico porqué con un ejemplo práctico:  «si has externalizado la lavandería, a ver cómo ahora la vuelves a meter en el Hospital». Todo esto, no ocurre en Europa.

La corrupción española ha merecido también el dudoso honor de ocupar un espacio en el The Economist británico. Un fluido debate se ha desencadenado en el foro.

«La corrupción en España y sus descendientes culturales es bastante fácil de explicar. La tradición en forma de la presencia de la Iglesia Católica, y la herencia romana, donde la corrupción es socialmente aceptada. La otra razón es la falta de información sobre el funcionamiento del Estado».

Otros hablan de las calificaciones de Transparency International -que yo citaba- donde recibimos un notable entre los países menos corruptos. Pero esta organización basa sus estudios en opiniones de expertos y no en datos.

Alguien con nombre español, duda de que el periódico El País sea el mejor diario español como asegura el semanario británico, y sacando a colación hasta los trajes de Camps que ascendien -dice-  a 13.000 euros, concluye:

  «Que una carrera política pueda estar en peligro a causa de tal crimen dice mucho del nivel de exigencia que se requiere en estos días a una posición política en España».  (¿Existe ese nivel de exigencia en la sociedad? ¿Está la carrera política de Camps en peligro a requerimiento de la sociedad?)

Con todo, se incluye en el foro de The Economist, también, este terrible pensamiento que aún persiste:

«¿España? Monarquía, el catolicismo y los toros. ¿Qué se puede esperar? Sólo su proximidad geográfica lo califica para ser miembro de la comunidad europea. Por lo que su nivel de corrupción no debe sorprendernos».

A mí se me cae la cara de vergüenza. Pero no se trata de taparlo o mirar para otro lado, como han hecho políticos y numerosos medios de comunicación con la condena al urbanismo español por parte del Parlamento europeo. O de sacar nuestro orgullo patrio y asegurar que en nuestra isla vivimos como nos place y que todos los demás tienen porqué callar. Algo -o mucho- de verdad hay. Tenemos que cambiar actitudes y limpiar nuestra imagen. Las luchas entre partidos por el poder restan tiempo, esfuerzo y medios, a las tareas esenciales.

Europa en Suma

Ha nacido Europa en Suma. Después de meses de darle vueltas y crear ilusiones, ayer tuvimos la Asamblea Constituyente. El núcleo de esta asociación lo formamos un grupo de trabajadores de RTVE, apartados del empleo por un ERE que decidió que no les éramos útiles al tener más de 50 años. «Somos viejos -¿tanto?, me pregunto yo-, pero no cansados» como me resumía el multicorresponsal Daniel Peral. Lo mejor de la profesión se fue en ese expediente de regulación de empleo. Junto a Dani, Luís de Benito, Rosa María Calaf o Enrique Peris, por citar los nombres de excelentes periodistas que veíamos con asiduidad en pantalla. Pero también se llevó a realizadores y cámaras «pata negra» que crearon una imagen con sello propio. Pero eso fueron otros tiempos, empezamos de nuevo.
Europa en Suma ha salido del granero que creó Isabel Martínez Reverte con los Descartes -«descartes», además del filósofo que inclina al pensamiento, son las imágenes que no sirven al montar una pieza en televisión-. Mantenemos tertulias interesantísimas, otro día os hablo de ellas. Ése es el núcleo pero algunos amigos de la Universidad o de la publicidad, de la cultura en general, se están apuntando.
EEUU bulle en estos momentos, mientras Europa dormita, mucho más con una Presidencia -la checa- que se ha propuesto «amargarle la golosina a Europa», según rezan sus carteles. Esa presidencia -prima hermana de Aznar- es europea a su pesar, sin que nadie les obligue a formar parte de la Unión.
Abrir fronteras abre la mente. Y la suma tiene más fuerza que la división. Apostamos por Europa. Aprisionados en el Sur, hemos vivido -en la práctica- un poco de espaldas a ella, y eso tiene que cambiar. Por nuestra supervivencia, por el progreso. Los grandes avances de España -espectaculares desde la llegada de la Democracia- no pueden hacernos olvidar que aún andamos rezagados respecto a países de nuestro nivel.
   Con datos contrastados, se puede asegurar que trabajamos más horas que muchos de nuestros vecinos, con menor productividad, pagamos un nivel medio-alto de impuestos -a cambio de menores prestaciones que en otros países-, hemos de afrontar elevados precios de consumo, y, sobre todo, cobramos mucho menos que otros. Sólo tienen un menor salario griegos y portugueses -dentro de la llamada Europa de los Quince- pero… no son «la octava potencia mundial». Un enorme escollo, porque nadie apuesta por subirnos los sueldos ¡Todo lo contrario! la tendencia es, exactamente, la opuesta: ante la crisis, todas las voces exigen moderación salarial.
Los impuestos costean prestaciones. Las suecas pueden acogerse a más de un año de baja maternal, una parte con el 67% del sueldo. Y en muchos países las administraciones pagan las gafas y el dentista, que no son un lujo. El gasto social, aún habiendo subido con Zapatero, está en poco más del 19%. Por debajo, sólo Malta, Eslovaquia, los países bálticos y Chipre.
Fomentar Europa puede enriquecer de contenidos a todos sus miembros. Y ayudar a erradicar posiciones extremas en lo político, a beber de una democracia que en nuestros vecinos no ha sufrido tan graves alteraciones como en España. La hoy conservadora Francia condenó al ultraderechista Jean Marie Le Pen, ayer mismo, a tres meses de cárcel -exentos de cumplimiento- y a 10.000 euros de multa, por minimizar el nazismo. Había dicho tan sólo que la ocupación nazi de Francia «no fue particularmente inhumana». Jaime Mayor Oreja declaró que la dictadura de Franco trajo «una placidez extraordinaria a Euskadi». Y el PP… le presenta de candidato a defender nuestros intereses en Europa. Esas diferencias habría que limar. Limpiar y airear el gran pozo de caspa que aún nos impregna.
Y, sobre todo, acercarnos y, al tiempo, mostrarnos a los ciudadanos de Europa, a los de a pie, a quienes todos olvidan. Para construir algo juntos, para sumar, como dice nuestro nombre.
Hemos dado un primer paso decisivo al constituir la Asociación, tenemos planes, ilusión. No sé si podrá con nosotros el virus burocrático que enferma a este país, pero estamos decididos a dar la batalla por Europa. Moderna, creativa, imaginativa, dialéctica, profunda e incluso lúdica. Con este espíritu, al menos, afronto nuestro futuro.