Se acabó la fiesta

He vuelto a escuchar la frase otra vez esta mañana, casi en sueños, en la voz de Francisco Granados, un señor que manda mucho en el PP de Madrid. Adornada además con detalles de cómo a tal hora «cerraron la barra para las copas«, textualmente. Se dirigía a los sindicatos y profesores de Madrid que quieren preservar la educación, ese bien superfluo, cuya carencia permite contar con ciudadanos sin criterio. El mismo Granados -que goza estos días de gran elocuencia-, amenazó ayer con crear una policía autonómica en Madrid a ver si se vuelve a ese “Estado de Derecho” tan precioso que tenemos y se acaba con la auténtica lacra que nos aqueja: “el 15-M ha degenerado en un movimiento radical y antisistema de izquierdas, que la delegada, el Ministerio y el PSOE han dejado crecer de manera premeditada«.

Se acabó la fiesta. Cada vez que escuchó la palabra se agitan peligrosamente mis jugos gástricos. La fiesta es perenne y las copas de champán francés para los privilegiados del sistema. La población de millonarios ha crecido desde que se desencadenó la crisis un 8,3%, e igualmente el monto de sus ingresos . Son ahora 10,9 millones de personas que acumulan una riqueza disponible de 42.7 billones de dólares, con un crecimiento anual de 9,7 por ciento. Superior al que tenían en 2007. En el mismo período han perdido su trabajo 27.6 millones de personas que pasan a engrosar la intolerable cifra de 205 millones de desempleados. En los datos confluyen Merryll Lynch-Capgemini y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Pero no, estos últimos no están invitados a jolgorio alguno.

Sigue la fiesta para quienes no pagan impuestos. Para los que los evaden a paraísos fiscales, hacen trampas legales, y cuentan con el favor de los gobernantes. Esos que en España, durante los gobiernos de Aznar y Zapatero, vieron como se les rebajaron lo que tienen a bien declarar un 38%, mientras solo los disminuían en poco más de un 2% a las clases medias.

Se acabó la fiesta en cambio para la educación y la sanidad públicas, la de cualquier servicio público. Vengan al casino, apuesten, jueguen, que el festejo solo es para quien pueda pagarlo, con los mimbres de privilegios que anteceden. Y les vamos a exprimir para que cada cual se apañe como mejor le venga.

Se acabó también la fiesta de la democracia. De ella solo permanece el sublime gozo de depositar el voto cada cuatro años, abocados legal y mediáticamente al bipartidismo. Porque la mayoría parlamentaria permite ya reformar la Constitución en un tiempo récord, a pachas entre dos partidos. Y para consagrar que los políticos españoles no deciden nada que no hayan ordenado previamente los mercados y su portavoz en esta Europa nuestra que es la UE neoliberal. Mediocre fiesta, y encima somos convidados de  piedra.

Se acabó la fiesta también de rebelarse sin permiso, como contaba El Roto los días del 15M. “Les enfants de la patrie” de hecho pusieron una instancia al Rey Luis XVI a ver si podían hacer la revolución. Apalea en nombre de la moralidad Cameron en Gran Bretaña, y en Madrid si se tercia, y más que habrá porque no hay nada mejor que la violencia para la resolución de conflictos.

Se acabó la fiesta para quien engulle que eso es cierto y, asustado en su mediocridad, acusa de demagogia a quien les sitúa en la ventana de sí mismo. Ya lo decía Chomsky, la especialidad del poder, del mediático también porque viene a ser lo mismo, es hacer sentir a la sociedad que es culpable de los males que le aquejan. Se acabó la fiesta. Recojamos los bártulos que esto no es para nosotros.

Elrich. El País

Queremos ser pobres franceses

En Francia están alarmados porque se han encontrado con 8,2 millones de pobres. De los 66 millones que viven allí. Nosotros también contamos con una cifra similar de pobres, para mucha menor población. La diferencia fundamental reside sin embargo en que en Francia es pobre quien vive con menos del 60 % de los ingresos medios, es decir, con un máximo de 954 euros al mes. El Instituto Nacional de Estadística de nuestros vecinos se ha mostrado sobresaltado por estas cifras que, además, han aumentado un 0,5% respecto al año anterior. 954 euros marcan el límite de la pobreza y del sobresalto oficial en Francia.

La mitad de los asalariados españoles gana mil euros o menos. Somos todos pobres franceses, millones y millones. Y a ello hay que añadir los casi cinco millones de parados con tan dudoso futuro. Aún con gobiernos conservadores, el país que está detrás de los pirineos, es uno de los que más dinero dedica a la inversión (aquí se le llama “gasto”) social. España uno de los que menos.

Y aún hay más. Durante los últimos 15 años –gobiernos completos de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero- se han rebajado los impuestos casi un 38% a las rentas altas… y un 2,3 % a la clase media.

En la eterna pescadilla que muerde su cola ocurre que si se resta inversión a la educación –como está haciendo flagrantemente la Comunidad de Madrid en particular y España entera- se crían ciudadanos zotes. Los que han permitido a lo largo de la Historia estas abrumadoras diferencias entre un país y otro separados solo por unas montañas. Aunque no, también y sobre todo, por una muy diferente formación y criterio. Las personas que piensan relacionan conceptos y no se distraen mirando sonajeros, hojas de rábano o zanahorias políticas. Más aún, tras la elaboración de los datos, obran en consecuencia. Aunque esto exige una labor continuada para que funcione, y me temo que vamos por el camino contrario. Con nacientes y esperanzadoras excepciones.

Visto lo visto, sin embargo, creo que -como punto de partida- debemos reivindicar ser pobres franceses, pero ya.

Además nuestro voto sería mucho más útil. El «vicecanciller» de la UE es con la jefa Merkel quien decide qué tiene que hacer el gobierno español.

Tiempos borrascosos por Manuel Castells

 Es uno de los mejores textos que he leído en mucho tiempo, y de una valentía digna de encomio. Así comienza Manuel Castells su descripción -que comparto- de los «Tiempos borrascosos» que vivimos:

Tamizados por un difuso sopor vacacional llegan los crujidos de un mundo en quiebra. Hechos disconexos pero que juntos componen una nueva trama de vida. Arde Londres, la xenofobia masacra en Noruega, las bolsas se hunden, el euro se avergüenza, la ficción europea se desvanece, Estados Unidos en bancarrota, la crisis financiera corroe ahorros y devora empleos, los políticos se esconden para capear el temporal, las revoluciones árabes siguen removiendo el mundo entre heroísmo ciudadano y violencia de tiranos irredentos, movimientos sociales hechos de una mezcla de hastío y esperanza extienden la indignación de España hasta la India, pasando por Grecia e Israel. Pinceladas de un lienzo de historia en trance de ser. Y aunque no lo parezca hay un hilo conductor.

En la raíz, es la crisis de un modelo. No sólo de un modelo económico dominado por un capitalismo financiero especulativo que hizo de la economía una ficción, enredando al mundo en una virtualidad de valores bursátiles, sino de un modo de vida centrado en buscar sentido en un consumo sin sentido. Dependiendo de un trabajo, cualquiera, para vivir de prestado. Hasta que calla la música y aparece el vértigo del vacío interior. En esa soledad hija de la competitividad. Y cuando lo cotidiano se cae se buscan culpables. Porque nuestra cultura está hecha de culpabilidad. De los otros. Y los más otros de los demás son los que se detectan como distintos. Esos que buscaron trabajo y refugio en países europeos incapaces de hacer niños y remilgados de la faena dura. El chivo expiatorio es la más antigua lámina en el archivo de lo atroz. Puestos a desollarlo, empecemos por sus cómplices, los que abren las puertas a los que no son verdaderos noruegos o finlandeses o daneses u holandeses o catalanes de pura sangre…

Seguid leyendo porque, si cabe, lo mejor es el final… http://bit.ly/pbneXq

Federico Mayor Zaragoza: No tengáis miedo

¿A qué viene esto?

La reforma constitucional pactada entre PSOE y PP no va a incluir cantidad en el techo de gasto. Se fijará por ley orgánica y los dos partidos mayoritarios quieren que no exceda del 0,4% del PIB… a partir de 2.020.

 ¿Puede alguien explicarme a qué obedece la urgencia extrema (en contra de la lentitud a la que nos tienen acostumbrados) de acometer algo tan serio como una reforma de la Constitución para semejante acuerdo? Si es para contentar a Merkel ¿Qué pasará si la canciller alemana dice que “así no le gusta”? ¿Volverán a correr por los pasillos los políticos españoles para ver cómo lo apañan? ¿Por qué no se puede consultar en referéndum una modificación que parece una declaración de intenciones -de malas intenciones- y que entra en vigor… dentro de 9 años? ¿Por qué ensuciar la Constitución con una declaración económica que consagra de cualquier forma el neoliberalismo? ¿Por qué se aparcan otros cambios imprescindibles como acabar con la arcaica norma que establece la prevalencia del varón en la sucesión al trono?

Debajo de la alfombra aparece un suelo corroído que no va a mejorar remendando la alfombra para taparlo mejor. Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa”.

José Luis Sampedro en Reacciona.

 

Debajo de la alfombra

“Debajo de la alfombra aparece un suelo corroído que no va a mejorar remendando la alfombra para taparlo mejor. Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa”.

José Luis Sampedro en Reacciona.

¿Os suena la UE? ¿Y la chapuza de la reforma constitucional?

Pablo Neruda ¿Y ése quién es?

Lo cuentan de momento varios periódicos conservadores. Villamayor de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real con poco más de 600 habitantes, ha decidido cambiar varios nombres de las calles de la localidad. Con mayoría del PP, los nombres que les sobraban eran –según estos medios- esencialmente ilustres socialistas como Pablo Iglesias o Tierno Galván. También el del poeta Pablo Neruda, premio Nóbel de Literatura. La principal argumentación ha sido que son personas poco conocidas y que no han hecho nada por el pueblo. O que levantaban fobias.

En su lugar han puesto nombres como “Plaza de la Selección Española de Fútbol”, “Canto de los Mayos” o “Borriquito”.

Leo que tenían una Iglesia del Siglo XVI, la de Santa María de la Visitación, pero que por deterioro fue derribada completamente en los años 70 y construida nuevamente. Espero que no con materiales de acero inoxidable y metacrilato.

La presidenta Cospedal les envía saludos electorales en esta página. Sabía que el nuevo alcalde iba a dejar a Villamayor de Calatrava a una gran altura en toda España. Y diría que en eso no se ha equivocado.

¿Cambiar el mundo deciáis? ¿El neoliberalismo en la Constitución express y sin referéndum representa algún problema? ¿La crisis quizás? ¿El paro? ¿El hambre en el mundo?

Entre las ímprobas tareas a realizar, casi dan ganas de decantarse por ésta, a llevar a cabo desde luego lejos de la Plaza de la Selección española de fútbol, que una tiene su dignidad….

La investigación, subordinada al mercado

Carlos Martínez Alonso y Javier López Facal, mis queridos científicos coautores de Reacciona a los que cada día me alegro más de haber tenido el privilegio de conocer, escriben un maravilloso artículo en El País. Quiero con él despegarme un poco de la basura que nos circunda…

Empieza así:

Durante los primeros siglos de la ciencia moderna, su cultivo solía corresponder a caballeros de posibles, bien por su patrimonio familiar o por algún generoso mecenazgo. Ocurría también que el sabio podía obtener alguna sinecura regia, que le permitía dedicarse a su pasión secreta de escudriñar lo desconocido e inexplicado.

A medida que la ciencia se fue desarrollando y empezó a descubrir fenómenos y objetos que podían reportar alguna utilidad e incluso algún beneficio económico, la actividad de los sabios dejó de ser una ocupación de excéntricos visionarios para convertirse en una posible fuente de soluciones a problemas reales y en una herramienta útil a la sociedad y al poder.

Cuando Galileo presentó su recién construido telescopio al senado de la república de Venecia, en 1609, a los senadores les impresionó tanto que desde el campanile de San Marcos se pudiera ver Murano como si estuviese al lado, que lo hicieron fijo en su cátedra de Padua y le doblaron el sueldo. No es que a las autoridades venecianas les interesase mucho el estudio de los planetas del sistema solar, pero aquel artilugio tenía un evidente interés militar para la defensa de la República Serenísima.

Obviamente, el interés de las autoridades fue a más durante aquel siglo, que vio nacer las primeras academias y sociedades científicas, y se fue incrementando a lo largo del siglo XVIII, cuando prácticamente todos los monarcas ilustrados crearon reales gabinetes, jardines botánicos y museos, financiaron expediciones científicas, fundaron academias, observatorios astronómicos y centros de estudios superiores especializados.

Así, cuando Wilhelm von Humboldt creó la Universidad de Berlín en 1810, en un palacio donado por el rey Federico Guillermo III de Prusia, le propuso ya la doble misión de la enseñanza superior y la investigación, e introdujo en el currículo académico materias como la química, la física, las matemáticas o la medicina, además de las materias clásicas, habituales en todas las universidades. Esta universidad habría de servir de modelo a todas las que se irían creando en Europa y en América durante el siglo XIX, y de su eficacia como institución de enseñanza superior e investigación puede dar cuenta el hecho de que entre sus alumnos se encuentran 29 premios Nobel, entre ellos Albert Einstein o Max Planck. El siglo XIX, así pues, vio cómo la actividad de los científicos se convirtió en un asunto de interés general, para los gobernantes y los empresarios, que constataban que de su cultivo se podían obtener ventajas competitivas y negocios saneados.

En ese siglo, la ciencia empezó a llegar incluso al gran público y a los escritores, que crearon un género nuevo, la ciencia ficción. Cuando Mary Shelley publicó en 1818 su Frankenstein o el moderno Prometeo, no solo estaba inaugurando un género literario, sino también sentando las bases para la concepción popular, todavía ampliamente extendida, del científico como persona desequilibrada y potencialmente peligrosa para la sociedad.

El siglo XIX fue testigo de cómo la investigación científica se convertía en una actividad de interés público y, por lo tanto, en una cuestión política….

Completo aquí.

¿Una Constitución neoliberal sin referéndum?

Zapatero se despide a todo lo grande. Acaba de proponer reformar la Constitución para fijar en ella un techo al déficit público. Es lo que mandaron Merkel y Sarkozy y, lógicamente, Rajoy está de acuerdo. Esto implica consagrar el neoliberalismo en nuestra Carta Magna, segando el camino a cualquier progresista que pueda llegar en un futuro al Gobierno. Es un error monumental que ni siquiera la “Biblia” neoliberal, el Wall Street Journal, consideraba que fuera posible en la vieja Europa: pretender fijar en las Constituciones un tope de endeudamiento es una medida de derechas que difícilmente aceptarán los Parlamentos de “las 17 democracias” –decía- afectadas por su pertenencia al euro.

Pero, más papista que el Papa en cuestión de neoliberalismo, nuestro derrotado presidente se dispone a ponerlo en marcha de inmediato. Los países que guardan el espíritu de la vieja democracia europea –su inventora- que hagan lo que quieran, pero España ya acata… y siega el futuro. ¿No estamos viendo que las políticas que siguen no funcionan? Estamos cayendo en una nueva recesión. Da que pensar que sea precisamente lo que buscan. No pueden estar tan ciegos. Pero es preocupante que esto coincida con la aplicación de la “mano dura”, como ha hecho Cameron en Gran Bretaña o… la policía española estos días sin ir más lejos.

Pero una reforma de la Constitución en un sentido tan grave no se puede hacer sin un referéndum como ha propuesto Gaspar Llamazares. No podemos consentirlo. Y arbitrando información adecuada a los ciudadanos para que no se dejen embaucar en la política del sonajero, que tan genialmente describe hoy Jesús Mota.

¿Qué desarreglo psíquico ha podido llevar a Zapatero a formular semejante propuesta para cuatro días que le quedan? ¿Cómo no le dimite el gobierno en pleno y cualquier militante del PSOE al que le quede una brizna de socialdemocracia en la sangre?

Está bien claro que la sociedad tendrá que tomar la iniciativa ante tanto desbarajuste: tenemos que exigir un referéndum, repito. Y arbitrando medidas para que exista información veraz. Traer incluso a Stiglitz y a Krugman a hablar en el Parlamento y en “prime time” de la televisión pública. Que expertos de todo tipo muestren las evidencias de los datos. Se diría que Zapatero ha perdido la razón, incluso la vergüenza.

Actualizo: Puede no tenerlo tan fácil como cree: «Si el Gobierno español decidiera asumir la exigencia franco-alemana, el camino para una reforma express se antoja casi imposible: solo con que se oponga una décima parte de los diputados, habría que disolver las Cortes y convocar referéndum«.

Lo urgente es que nadie se deje embaucar.

Otra actualización:

  Como entiendo que algunos vaís de buena fe (salvo el premio nóbel que dice ser economista más abajo), enlazo un artículo de Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de Economía auténtico:  «Un contagio de malas ideas».

 Por otro lado, como dice Ángels,  en Reacciona está bien clara la explicación de por qué limitar el techo del endeudamiento es… «una mala idea». Una idea neoliberal que nos está llevando a todos a una nueva recesión mundial sin salir de la anterior. ¿O es que los datos tampoco sirven?

Otro artículo. Paul Krugman. Premio Nóbel de Economía. La falsa ilusión de la austeridad. Pero veo que la política del sonajero funciona de maravilla para tergiversar lo que sea menester. Tenemos que rebelarnos a eso cada día más. Nos jugamos mucho.

Actualización 20.15. Nuestra amiga la economista Ángels Martínez Castells explica muchas cosas, y muy claras, en El Tratado de Lisboa, la reforma golpista y el referéndum necesario.

La política del sonajero

Jesús Mota publica en El País digital un artículo de opinión que va a dar mucho que hablar. Analiza cuál va a ser la política del PP, cuál fue, y cuáles sus consecuencias. Comienza así:

«Los dirigentes del Partido Popular (PP), procedentes en gran número de sectas católicas de extrema derecha y de la burbuja del ladrillo, ya echan cuentas de las prebendas públicas a su alcance cuando gobierne Mariano Rajoy, ese intelecto aristocrático que se autodestruye cuando entra en contacto con la realidad. El retorno al Gobierno del PP es un acontecimiento que entusiasma a sus afiliados, pero no deja de provocar escalofríos a quien recuerde la gestión de la economía durante los dos mandatos de José María Aznar y eche un vistazo a las fatuas propuestas económicas de Mariano Rajoy. Aznar, soplado con vanidades de estadista, infló una burbuja inmobiliaria que fundamentó el crecimiento en la mano de obra barata hasta que estalló y se llevó por delante más de dos millones de empleos; desmanteló la estructura fiscal del Estado, reduciendo impuestos al buen tuntún solo por creer a pie juntillas en los prospectos de propaganda económica de la extrema derecha de Reagan y Thatcher; oscureció o mutiló estadísticas; privatizó de boquilla empresas públicas con el resultado de que la gestión privada ha degradado sus resultados y cotizaciones respecto de las empresas públicas originales; y dejó para las generaciones venideras otros cadáveres en descomposición, como Aves trazados sobre socavones o arenas movedizas, autopistas radiales en curso de quiebra por los cálculos chapuceros de sus impulsores y un mercado eléctrico en situación de déficit crónico.

Es de temer que el retorno del PP al Gobierno de la nación traiga nuevas raciones de economía vudú y misticismo de garrafón, tipo “el milagro económico soy yo”, frase inmortal de José María Aznar para describir una tendencia a la recuperación económica que se explicaba mejor por el descenso de los tipos de interés en España (que él no decidió) y por la relajada política monetaria primigenia en la zona euro. Hay signos ominosos que confirman la vuelta de este tipo de curanderismo económico que tanto gusta a la extrema derecha (en versión republicano estadounidense o en la modalidad thatcherista continental). El primero de estos estigmas es la creencia de que, con solo su presencia en el Gobierno, el santero Rajoy y sus ayudantes expulsarán los demonios del paro y las empresas volverán a crear cientos de miles de empleos. “Cuando gobierna el PSOE, sube el paro; cuando gobierna el PP sube el empleo, y eso volverá a pasar”, proclama Rajoy como el que enuncia de carrerilla el principio de Arquímedes. Igual que los súbditos del rey de Francia creían que el roce del manto del monarca curaba las escrófulas, Rajoy sostiene que su aura presidencial acabará con el crash financiero mundial. Los mistagogos populares canturrean por toda España el gorigori “lo hicimos (en 1996) y lo volveremos a hacer”.

  ¿Y cómo se tapa el fiasco? Con la política del sonajero como, con otras palabras, suelo decir. Seguid leyendo, seguid…