Devuélvannos nuestra vida

A unos más, a otros menos, pero a la mayoría de los españoles nos ha cambiado la vida en estos cuatro años oficiales de crisis y con una insoportable aceleración en la debacle durante los últimos meses.

La UE envía ya comida a España para paliar el hambre de los más necesitados. No ocupó grandes titulares la noticia de que este año se invertían a este fin 80 millones de euros. Un auténtico escarnio ético en uno de los principales países de Europa.

Cada vez se ve más gente en las ciudades pidiendo para comer. En Internet ha tenido gran audiencia el, dramático y hermoso, relato de un hombre en su blog que comienza así:

La semana pasada tocaron a la puerta y fui para allá. Siempre echo un vistazo por la mirilla y al hacerlo he pensado que se trataba de una vecina, pero al abrir la puerta he encontrado delante a una señora que rozaría los 70 años, bien vestida, aseada, educada en las formas …

Resumiendo mucho, me ha dicho que agradecería mucho algo de comida, que sus hijos están en paro y que es ella quien tiene que mantenerlos con su pensión. Que no le da para alimentar a toda la familia y que ha decidido ir casa por casa tocando a las puertas y ver si de esa manera podía llegar a finales de mes porque tenía la nevera vacía (estábamos a día 20 y los pensionistas cobran el día 25)”.

Los “colchones” familiares que con tanto ahínco propicia el PP comienzan a  ser insuficientes para acoger el récord de paro del mundo desarrollado. Además de injustos y tercermundistas. Los derechos sustituidos por la benevolencia y la beneficencia.

150.000 emigrantes se quedan sin asistencia sanitaria desde el sábado, a no ser que la paguen a “precio de mercado”. Y también españoles. El periodista Antonio Maestre -de quien enlazaba ayer mismo un trabajo magnífico de investigación- se ha quedado sin tarjeta sanitaria, al estar ahora en el paro, a pesar de que ha trabajado desde los 16 años.

Amigos míos, enfermeras, profesores, funcionarios de la Administración, han visto reducido de forma drástica su nivel de vida. Víctimas del mayor ensañamiento de los gobiernos del PP (destinado a acabar con el sector público), no llegan a los compromisos contraídos al haber contado con unos ingresos que, sin más, se han visto mermados.

Con las subidas de impuestos y los re-pagos la mayoría de la sociedad se ve afectada y tiembla y guarda si puede porque se presume que llegarán tiempos aún peores. Lo harán con seguridad si no cambian las políticas que se están llevando a cabo.

Toda la responsabilidad por el mal que nos aqueja, es vivir en una sociedad en la que una minoría decisiva ha votado a políticos plegados a los poderes financieros -causantes de todo el problema-. Y que, en el caso español, no eligen como prioridad el bienestar de la sociedad a la que representan, porque comparten esa religión ideológica en la que todo está basado en el lucro de unos pocos.

Mientras crece en España el sector del lujo (un 25%) algunos políticos tienen la osadía de presentarse a hablar de mermas, incluso de los derechos humanos, sonriente y con la piel casi abrasada por el sol de unas sabrosas vacaciones. 

Ana Mato y los consejeros de sanidad del PP

No causamos la crisis… y la pagamos. Muy duramente. El daño ocasionado por esos políticos y sus electores nos afecta a todos.

Alguien tendrá que afrontar el hecho. Así no podemos seguir. Tienen que devolvernos nuestras vidas. No fuimos nosotros, fueron otros los que nos han traído la ruína y la incertidumbre.

Me desperté en una noche silenciosa, no escuché ni un ruído, los maletines saltaban en la oscuridad, y trajeron la ruina a mi ciudad“, canta Springsteen, anunciado lo obvio: que siguen aquí y… volverán a continuar sus tropelías.

Cuando comer es un lujo

Éste es un texto desagradable, de los que no gusta leer, ni oír su contenido. Hay 2.200.000 niños en España, el 26% de todos ellos, que viven bajo el umbral de la pobreza. En la tasa de alta pobreza, la que computa familias con 4 miembros cuyos ingresos no alcanzan los 11.000 euros anuales, se sitúa el 13% de los niños. Es la cifra más alta de la UE, solo tras Rumania y Bulgaria, esos países que nos mandan emigrantes, vaya por dios; ante los que muchos españoles se sienten superiores,  igual pronto nosotros tendremos que ir a Ghana que está creciendo. El número de hogares con niños con todos los miembros adultos sin trabajo ha crecido un 120%. El informe de UNICEF cita también que los niños por primera vez superan a los ancianos como víctimas. De cualquier forma, en ese sector también encontramos a un 21,7% bajo el umbral de la pobreza. Y estos hecho no constituyen una emergencia nacional.

Esto ocurre en el país en el que el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, considera “una miseria” gastarse en hoteles de lujo en la Costa del Sol, 18.000 euros, y la Fiscalía General del Estado archiva la denuncia porque este señor no tiene por qué justificar sus gastos. El mismo en el que vemos desfilar por los juzgados desde al yerno del Rey, Iñaki Urdangarín, a presidentes de comunidades autónomas como lo fue Jaume Matas, y otros muchos políticos, imputados por el robo de cantidades obscenas de dinero público. Y, también, en el que ni siquiera todos “desfilan” por los Juzgados. El mismo en el que se entrega dinero de nuestros impuestos a los bancos: 110.000 millones de euros confesos. En el que quiebran las Cajas y se premia con millones a sus gestores. El mismo en el que se castiga duramente a quien ose protestar contra las decisiones injustas. Ése en el que –con unas cifras económicas de desastre- vemos a los políticos trajeados, viajando en primera clase, en coches estupendos, con modelitos y joyas magníficos algunas de las damas, comprándose lujosas casas (buscad el chalet que acaba de adquirir Cospedal)… y comiendo de lujo en sus reuniones de alto rango. Ah, perdón, que esto es demagogia. Pero resulta muy impúdico en situaciones de emergencia ver esos despilfarros en el Olimpo, y que 2.200.000 niños, un montón de ancianos y muchos adultos no se alimenten convenientemente en el mismo país, lo es. Y no precisan caridad, ni siquiera que unos cuantos repartan su dinero, es una cuestión de estricta justicia.

Los datos facilitados hoy por UNICEF sobre el alarmante aumento de la pobreza en España, un 10% de 2007 (crisis alimentaria, hipotecas basura, las hedge funds, el preludio del derrumbe financiero) a 2010, son hasta ese año. A partir de entonces muchas más personas –personas, recalco- se han quedado sin empleo, han sido desahuciados de sus casas y se acaba de dar un tajo mortal a las posibilidades de educación y de salud de quien no pueda pagarlas. Hablo de salud, de ese iceberg del que solo vemos la punta como insiste Àngels Martínez Castells. No alimentarse bien condicionará su salud posteriormente.

Comer. En uno de los países con mayor número de obesos, en el que triunfa tanto ahora la gastronomía de alta alcurnia, representa un problema para mucha gente. He leído también que la Asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estudia penalizar la comida basura para evitar el sobrepeso. Subir los impuestos a estos productos un 20% para que sea efectiva la disuasión. A veces me quedo pensando ante las estanterías de los supermercados: la comida barata es más insana. Cuesta más el cerdo ibérico que el común lleno de grasa. Cuesta menos la panceta, las salchichas, que la carne magra. Hace falta mucho menos dinero para comprar una pizza (también algunos alimentos más saludables pero escasamente nutritivos como pasta, pan, patatas o arroz) que proteínas. Pues vamos a subirles los impuestos para que los que no sean pobres de solemnidad guarden la línea y vivan más sanos. Los otros ya no cuentan.

La pobreza es una cuestión ante la que buena parte de la sociedad huye siquiera de enterarse, dada su inmensidad. Es el “daño colateral” del sistema que con tanto ahínco defienden la mayoría de los políticos, sus fuerzas de seguridad y de propaganda, gran parte de los principales medios de comunicación y los ciudadanos que miran para otro lado. Pero ha llegado aquí, a España. Y crece. Con la cabeza debajo de la almohada, la amenaza, la realidad, igual seguirá creciendo.

Pero hay que evadir la rabia ¿No? Por eso nos gusta tanto el jubilado griego de Salvados que… nos exorciza. Por cierto, en este excelente programa, un experto dijo: “el rescate es para salvar a los países, ah, a las personas no”, respondiendo a la pregunta del gran Jordi Évole.

Pero mucho más nos alienta nuestro Federico Mayor Zaragoza, porque poder, podemos…

La libertad de comer

La sonrisa de este niño ilumina el día. Es el mismo, que en la parte izquierda de la composición, agonizaba por desnutrición cuando llegó al campo de Refugiados de Dadaab (Kenia), procedente de su Somalia natal. Se llama Minhaj Gedi Farah y tiene 7 meses. Las ONG que le atendieron de las múltiples enfermedades que desencadena el hambre (hasta matar), han invertido 6 semanas y el equivalente a 50 euros en recuperarle. Minhaj ha tenido suerte, muchos otros niños y adultos no.

La foto muestra la diferencia entre comer y no comer, tarea en la que se afanan en mayor o menor necesidad dos tercios de la población de la mundial. La “libertad” de mercado –hoy más que nunca, la de lucrarse sin medida- priva de otras libertades elementales como la de nutrirse. Cierto que influyen desgobiernos tan a menudo propiciados por Occidente, o la Naturaleza que desencadena sequías e inundaciones, pero sobre todos los factores está la barra libre de la especulación. En 2010 los alimentos han registrado un 39% de aumento de media. En cereales, aceites y grasas, la subida ha superado el 71%. Ocho empresas controlan el 80% de los alimentos en el mundo. Y la vida (ajena a la de sus propietarios desde luego) juega, entre otros lugares, en la Bolsa de Comercio de Chicago (Chicago Board of Trade, CBT). Allí, los alimentos tampoco se libran de “productos financieros” de esos que compran y venden sin recibir mercancía alguna. Sólo títulos, anotaciones contables, que condenan al hambre a millones de personas.

Sus víctimas no son seres exóticos y alejados, las mermas han inundando ya a la sociedad del Primer Mundo. Y, mientras, escuchamos sin pudor decir a la UE “no necesitan elecciones, sino reformas”. Se refieren a Italia, pero ya está cundiendo la especie de que los “mercados” prefieren gobiernos “técnicos” –tecnócratas procedentes de las instituciones neoliberales como el BCE. FMI o Goldman Sachs-. En realidad, la última vuelta de tuerca se ha dado desde que Papandreu osó mencionar que iba a consultar al pueblo griego sobre las condiciones de la UE y sus secuaces. Lo echaron sin contemplaciones y el nuevo gobierno de unidad griego -presidido naturalmente por un miembro de la élite neoliberal-, ha incluido al menos a un miembro de la extrema derecha.  El futuro que diseñan “las alturas” no puede ser peor. Para nosotros, para los ciudadanos de a pie.

Repasemos otra vez la foto de Minhaj. Neoliberalismo es la parte izquierda. La derecha la suerte que – cercana a la caridad – le tocó con la obra de esforzadas ONGs. No secundemos ni un día más, ni con un voto más, la “libertad” del enriquecimiento extremo de una minoría que anula tantas libertades a los demás.

Navidades de paz y amor

 

Lo cuenta mi querido amigo Juan José Aguirre en su blog:

“Llueve con fuerza, así que nos acercamos al mercado de San Miguel, junto a la plaza Mayor. Una hermosa muestra de la llamada arquitectura de hierro con crestería de cerámica en sus cubiertas, construido a principios del S. XX. Con la última remodelación en mayo pasado dejó de ser un mercado popular para convertirse en un centro comercial elitista, con tiendas de gourmet y exquisiteces. Un lugar de lujo y refinamiento, digno de ser visitado.

Ya digo, llueve como no suele llover en esta ciudad. Deambulamos por entre los puestos, observando las instalaciones, los productos, los precios… Hay mucha gente, turistas con cartera generosa y clase media con la paga extra recién estrenada y con ganas de darse algún capricho. Todo perfecto, hasta que vemos junto a uno de los accesos a un empleado del mercado que forcejea con un tipo desarrapado. El desarrapado blande una muleta y se empeña en que le dejen entrar. El empleado, joven, le sujeta los brazos y le empuja hacia la salida. El desarrapado se resiste a los empujones del hombre joven, hasta que llega corriendo otro empleado y entre ambos lo tiran a la calle. Lo tiran, no lo sacan. El pobre de pedir sale volando sin tocar los cuatro o cinco escalones que hay desde el mercado a las baldosas de la calle, y cae al suelo agarrado a su muleta. Cuando todavía no hemos sido capaces de reaccionar, sale corriendo otro empleado, éste además de joven es fuerte, salta los escalones y le propina dos patadas en la espalda al desarrapado de la muleta que está tirado sobre el pavimento. Este ni grita ni se queja; se levanta y se va renqueando a un portal donde hay dos pobres más guareciéndose de la lluvia.

Algunas de las personas que estamos allí, por fin, somos capaces de reaccionar y le gritamos al héroe que le está dando las patadas al mendigo. Le amenazamos con llamar a la policía y denunciarle, y de algo sirve: sólo han sido dos patadas. Le grito mi protesta al individuo de las patadas: a ver si, porque el otro es pobre y mísero, él tiene algún derecho a darle una paliza. El héroe de los patadones en la espalda del mendigo se pierde entre el remolino de gente y dice al pasar junto a mí: “pues llame a la policía”. La impunidad está asegurada.

Nos acercamos al portal donde los mendigos. El que ha recibido la paliza se ha dejado caer sobre unas bolsas, junto a sus dos compañeros. Observo que tiene varios dedos de la mano derecha vendados; una de tantas heridas en la lucha por sobrevivir. Ahora, posiblemente, tenga además, alguna costilla astillada o rota. Teresa le pregunta, él ni responde; apenas se lamenta un poco, tirado sobre las bolsas. Intentamos un diálogo con los otros dos, pero nos observan con indiferencia. Ante la insistencia de Teresa, uno de ellos responde que ya le había advertido a su compañero que no intentase entrar. El otro saca un par de cigarrillos y le tiende uno al que se ha molestado en hablarnos”.

Esto sucedió ayer en Madrid. En Granada –también con alcalde del PP-, el Ayuntamiento acaba de aprobar una “Ordenanza de convivencia ciudadana”. Destaco algunas de las normas:

Prohibida “toda manifestación de arte espontáneo”: mimos, pintores, cantantes, guitarristas y otros músicos tienen negado su derecho a tocar en la calle sin un permiso del ayuntamiento y una licencia bajo riesgo de multa y requisación de instrumentos, material y ganancias.

– Prohibido “cualquier trabajo o relación monetaria entre personas en la vía pública”.

– Prohíbido dormir en la calle, cualquier petición de limosna y, en definitiva, toda actividad que se asocie a “pobreza y mendicidad“, por supuesto, con multas asociadas.

– Prohibida “toda muestra de actividad sexual, dejando la valoración de qué es “actividad sexual” al Policía Local.

Ocurre en Navidad, los días de paz y amor, y también a partir de ahora durante todo el año. Y eso que Berlusconi sólo ha llegado a la cadena de televisión Cuatro. Y eso que Franco lleva 35 años muerto.

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