Navidades de paz y amor

 

Lo cuenta mi querido amigo Juan José Aguirre en su blog:

“Llueve con fuerza, así que nos acercamos al mercado de San Miguel, junto a la plaza Mayor. Una hermosa muestra de la llamada arquitectura de hierro con crestería de cerámica en sus cubiertas, construido a principios del S. XX. Con la última remodelación en mayo pasado dejó de ser un mercado popular para convertirse en un centro comercial elitista, con tiendas de gourmet y exquisiteces. Un lugar de lujo y refinamiento, digno de ser visitado.

Ya digo, llueve como no suele llover en esta ciudad. Deambulamos por entre los puestos, observando las instalaciones, los productos, los precios… Hay mucha gente, turistas con cartera generosa y clase media con la paga extra recién estrenada y con ganas de darse algún capricho. Todo perfecto, hasta que vemos junto a uno de los accesos a un empleado del mercado que forcejea con un tipo desarrapado. El desarrapado blande una muleta y se empeña en que le dejen entrar. El empleado, joven, le sujeta los brazos y le empuja hacia la salida. El desarrapado se resiste a los empujones del hombre joven, hasta que llega corriendo otro empleado y entre ambos lo tiran a la calle. Lo tiran, no lo sacan. El pobre de pedir sale volando sin tocar los cuatro o cinco escalones que hay desde el mercado a las baldosas de la calle, y cae al suelo agarrado a su muleta. Cuando todavía no hemos sido capaces de reaccionar, sale corriendo otro empleado, éste además de joven es fuerte, salta los escalones y le propina dos patadas en la espalda al desarrapado de la muleta que está tirado sobre el pavimento. Este ni grita ni se queja; se levanta y se va renqueando a un portal donde hay dos pobres más guareciéndose de la lluvia.

Algunas de las personas que estamos allí, por fin, somos capaces de reaccionar y le gritamos al héroe que le está dando las patadas al mendigo. Le amenazamos con llamar a la policía y denunciarle, y de algo sirve: sólo han sido dos patadas. Le grito mi protesta al individuo de las patadas: a ver si, porque el otro es pobre y mísero, él tiene algún derecho a darle una paliza. El héroe de los patadones en la espalda del mendigo se pierde entre el remolino de gente y dice al pasar junto a mí: “pues llame a la policía”. La impunidad está asegurada.

Nos acercamos al portal donde los mendigos. El que ha recibido la paliza se ha dejado caer sobre unas bolsas, junto a sus dos compañeros. Observo que tiene varios dedos de la mano derecha vendados; una de tantas heridas en la lucha por sobrevivir. Ahora, posiblemente, tenga además, alguna costilla astillada o rota. Teresa le pregunta, él ni responde; apenas se lamenta un poco, tirado sobre las bolsas. Intentamos un diálogo con los otros dos, pero nos observan con indiferencia. Ante la insistencia de Teresa, uno de ellos responde que ya le había advertido a su compañero que no intentase entrar. El otro saca un par de cigarrillos y le tiende uno al que se ha molestado en hablarnos”.

Esto sucedió ayer en Madrid. En Granada –también con alcalde del PP-, el Ayuntamiento acaba de aprobar una “Ordenanza de convivencia ciudadana”. Destaco algunas de las normas:

Prohibida “toda manifestación de arte espontáneo”: mimos, pintores, cantantes, guitarristas y otros músicos tienen negado su derecho a tocar en la calle sin un permiso del ayuntamiento y una licencia bajo riesgo de multa y requisación de instrumentos, material y ganancias.

– Prohibido “cualquier trabajo o relación monetaria entre personas en la vía pública”.

– Prohíbido dormir en la calle, cualquier petición de limosna y, en definitiva, toda actividad que se asocie a “pobreza y mendicidad“, por supuesto, con multas asociadas.

– Prohibida “toda muestra de actividad sexual, dejando la valoración de qué es “actividad sexual” al Policía Local.

Ocurre en Navidad, los días de paz y amor, y también a partir de ahora durante todo el año. Y eso que Berlusconi sólo ha llegado a la cadena de televisión Cuatro. Y eso que Franco lleva 35 años muerto.

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