2 + 2 = 4

Tenemos hoy butaca preferente para asistir a la declaración de Jaume Matas. El ex presidente balear comparece en el Juzgado para hacer frente a las acusaciones por 9 graves delitos y a explicar las virguerías que hizo con los exiguos ingresos que declaró para afrontar fastuosos gastos. No es la primera vez que hablamos de ello. Todavía es presunto. Casi tanto como sus colegas que hicieron de Mallorca un festín –quizás de las islas baleares si incluimos los desmanes de Ibiza-. Hasta en botes de Cola Cao, enterrados en sus jardines, han llegado a guardar el dinero robado a los ciudadanos. El dinero y sus recipientes no son presuntos, sólo hay que dilucidar de donde vinieron y adonde fueron, la mano ejecutora. Eso compete a la justicia que hace lo que hace, que este país no da para más.

La novela negra que nos fascina en papel, sucede en la realidad sin que nos conmueva mínimamente. Porque ante la realidad hay que actuar y eso da trabajo y entraña riesgos. El caso es que Mallorca no es un caso aislado. La bancarrota de ayuntamientos y comunidades autónomas nos alerta de que cómo se enriquecieron –privada y colectivamente- con la ubre de la especulación y corrupción urbanística, hoy agotada. Millones de trabajadores tuvieron con ella un empleo ficticio, a cambio de sueldos en muchos casos miserables, del paro de hoy, y de la vida regalada de un número significativo de nuestros representantes políticos. No era una novela, vaya por dios.

Pasemos a otra cosa, que es la misma. Nos asombra que en EEUU no sea un clamor el derecho de los ciudadanos a la salud, que haya costado un imperio sacar la ley adelante, y que varios estados se apresuren a tumbarla antes de entrar en vigor. Allí asumen como natural que sólo tenga asistencia sanitaria –y con ella vida incluso- quien pueda pagarlo. Aquí el PP, con la mil millonaria consorte Dolores Cospedal, dicen que “la ley de dependencia es una sangría para las autonomías”. Si ella misma enferma gravemente, tendrá a sus disposición los mejores médicos y la mejor asistencia, 3 enfermeras diarias en turnos, pero el pobre que se joda –con perdón-. Es lo que manda la libertad, la libertad de mercado. El Estado no debe injerir en asuntos particulares de toda la vida.

Pero resulta que el mercado no funciona. Que hace un año justo el G20 se propuso regenerar el capitalismo y no han hecho absolutamente nada. A quienes deciden por todos, les va bien. Y no encuentran contestación.

Volvamos a nuestra administración, a nuestros gobiernos. Con el dinero robado, con los botes de Cola Cao apretados de billetes, los palacetes, los gastos suntuosos, se pueden pagar muchos asistentes para aplicar las leyes de dependencia, o para todo lo que implica elevar el precario gasto social español, vergüenza de la Europa civilizada.

España tiene un caos organizativo en su Administración, por la que escapa en fluido caudal el dinero de todos. Otro día habrá que detenerse seriamente en ello. Pero por poner un ejemplo de hoy, tenemos que el Consejo General del Poder Judicial, ése que tiene a su cargo que la Justicia funcione, por ejemplo para que las sentencias no se eternicen, va a enviar a 14 de sus miembros a un congreso en Montevideo (Uruguay). Según informa El Mundo, se van a gastar 80.000 euros en 4 días. Y mientras hay ya 4 millones de parados. Y cada hora –estadística propia- un empresario del mundo occidental contrata a un chino por 2 euros diarios, 6 días a la semana, dejando sin empleo a uno local. La libertad de mercado, ya sabéis.

 La suma es redonda para quien se moleste en ejercer una cualidad que en los humanos es prioritaria: asimilar y relacionar conceptos.

  Ayer Felipe González volvió a alertar sobre lo que viene en una conferencia en Nueva York. Se lamenta de que “no se esté aprovechando la ocasión de la crisis para “poner un poco de orden que permita la reforma del funcionamiento del mercado financiero, que salve a la economía de mercado de implosiones sociales que en el futuro no serán contenibles como esta vez”. En este sentido, ha afirmado que no puede confiarse en la “mano invisible” de soluciona todo por si solo. “La próxima será una crisis de rebeldía destructiva“.

Una vez más, estoy absolutamente de acuerdo con él. Cuando el “criminal” interrumpa la lectura, audición o contemplación de la trama negra llamando a nuestra puerta, igual las cosas cambian. Bueno, así, al menos, lo hicieron los franceses en acontecimiento histórico.

(No os perdáis los comentarios y enlaces de hoy, son especialmente recomendables)

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