Las fiestas versallescas de los hijos de Ana Mato

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Publicaba hace unos días El Mundo que Ana Mato consideraba su mejor momento del día “por la mañana, cuando veo cómo visten a mis niños”. La policía ha encontrado una serie de documentos relacionados con la trama Gürtel entre los que se encuentran facturas de los viajes, regalos y coste de las fiestas de cumpleaños y comuniones que regaló –presuntamente- a la hoy ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad -que tiene su ironía- y a su entonces marido Jesús Sepúlveda, ex alcalde de Pozuelo de Alarcón imputado –hasta las pestañas- en esa red corrupta. No faltaba un detalle, como veréis. Una fiesta digna de príncipes versallescos.

 Esta mujer es la que ha quitado la sanidad a los emigrantes condenándoles en muchos casos a una muerte segura. La que hace pagar por ambulancias, sillas de ruedas, medicamentos. Este presupuesto es para un solo día de agasajo a alguna de las criaturitas de Mato a la que visten otras personas. Para que os hagáis una idea, había seis puntos para lanzar confetti. Como éste. En ello se pulveriza nuestra salud… y nuestra dignidad. Por aguantarlo.

Todo es falso menos algunas cosas o sea todo es total y absolutamente falso

Una breve comparecencia en Berlín para repetir lo que dijo el sábado a través de un monitor. Con esa riqueza léxica y de expresión que le caracteriza. Merkel abría y cerraba los ojos estupefacta pensando que tenía que despedir al traductor. Pero se inhibió. Incluso apoyó a Mariano Rajoy que tan bien cumple con sus bancos. La canciller alemana tiene vía libre para aconsejar y aun imponer sus directrices económicas en España, pero la sospecha de corrupción no es cosa de ella. Nuestras vidas y haciendas sí le competen, la integridad e incluso el dinero que se nos va por distintos latrocinios es asunto interno. Algún día habría que pedirle responsabilidades. Aburrida, cumplió el trámite de sustentar al colega. Tan ausente y plana como él.

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Autor: @arma_pollo

Tan transparente como el fondo de un pantano

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Foto de Raquel P. Ejerique. De Terra, que ha asistido a la «rueda de prensa».

Rajoy ha hablado de ofrecer “la máxima transparencia para que todo quede claro”… en una sala de prensa en la que los periodistas seguían su monologo a través de un monitor. Como en Fahrenheit 451. Y, claro está, sin la posibilidad de hacer preguntas.

Lo ha negado todo. “Nunca he recibido ni repartido dinero negro. Nunca. Es falso. Todo lo que se ha dicho es falso”. Ha añadido por cierto: “Lo estoy leyendo para no alzar la voz”. Como si nunca nos hubiera mentido.

Ha anunciado que va a presentar declaraciones de la Renta y del patrimonio. Como… si en ellas figurara –de existir- el dinero negro.

Ha denunciado una campaña  de «acoso y derribo » contra el PP por unos papeles que él considera “apócrifos” (Fabuloso, supuesto o fingido, según la RAE). En este sentido afirma, por ejemplo, que “la cuenta en Suiza no tiene nada que ver con el PP”. Solo era el ex tesorero del partido con despacho aún en él cuando sus cuentas y el presunto tráfico de sobres fue publicado.

No piensa ni dimitir ni variar un ápice su discurso. «Si piensan que al PP se le puede amedrentar con técnicas de agitación, están equivocados. Hay que agitarnos mucho». O “Si creen que voy a abandonar la tarea que los españoles me han encomendado, se equivocan”. Anuncia por tanto que ni una cuadrilla de percebeiros experimentados logrará arrancarle de la roca a la que se ha asido.

Reivindicado la calidad de la política Rajoy ha dicho sumiéndonos en la perplejidad: “Yo sé ganarme la vida, yo he trabajado fuera de la política”. 

Convendría recordar hoy, respecto a la transparencia y colaboración para esclarecer las sospechas de corrupción que han afectado al PP, cómo actuaron respecto al entonces Juez, Baltasar Garzón. El magistrado fue quien inició el proceso por la trama Gürtel que tiene hoy casi un centenar de imputados.

 La investigación se produce a raíz de la denuncia de un concejal del Partido Popular en Majadahonda que tenía relación con el cabecilla,  Francisco Correa.  Garzón, ayudado de los investigadores policiales y judiciales,  logró ya desentrañar una compleja red de favores, obsequios interesados, cajas B, adjudicaciones ilegales de contratos, valijas volando a paraísos fiscales, y altos cargos enfangados (del PP), que, presuntamente,  habían robado dinero público. El delito es real, perdón por la obviedad, solo faltaba el juicio para atribuir responsabilidades y penas.

 Fue Garzón quien metió en la cárcel a Correa y quién implicó en la trama a Luis Bárcenas.  Por los indicios que creyó observar ordena grabar las conversaciones de los presos encausados por la trama con sus abogados. Fueron avaladas por la Fiscalía,  las continuó otro juez sin ser denunciado por ello y,  escuchas del mismo  tipo, en el caso de Marta del Castillo, por ejemplo, no recibieron ni una objeción de la judicatura.

Desde el mismo momento en el  que el Baltasar Garzón abrió en la Audiencia Nacional las investigaciones del caso, el PP intentó, sin éxito, recusarlo como instructor alegando «enemistad manifiesta contra el partido». Presentó su propia querella por prevaricación.  Y saludó en un comunicado la denuncia que llevaría a la inhabilitación del Juez y su expulsión de la carrera judicial.

La cúpula policial que investigó la trama fue cesada por el PP, inmediatamente, nada más llegar al poder.  Y poco después el jefe y 6 inspectores de Hacienda que habían llevado el caso Gürtel. Por cierto, esta nueva cúpula también fue cesada por, en este caso, investigar el ático en la Costa del Sol de Ignacio González, el presidente –heredado- de la Comunidad de Madrid, según confirmó Interior.

 La comparecencia de un monitor en una sala de prensa debería llevarnos a los periodistas a no decir ni media palabra del discurso de Rajoy. Pero es válido como información y testimonio de la grave equivocación del presidente del Gobierno de eludir toda responsabilidad e ignorar a una ciudadanía altamente indignada.  Ha añadido, aferrándose al cargo respecto a la recuperación: “Estamos en el camino. Sé que todavía no se ven los frutos. Ya se verán”. Una caótica gestión económica ofrece como señuelo un acto de fe. Un día se arreglará. Y mientras viscosas sombras de inmundicia se tapan con soberbia y una losa tan transparente que parece nunca más podrá volver a poder penetrar el sol. Si tanta es la transparencia… ¿por qué tantos obstáculos? Y algo que nos afecta a todos el PP incluido ¿Qué hubiera sido del caso Gürtel y sus ramificaciones de haber continuado Baltasar Garzón en el cargo? Hubiéramos ganado tiempo y muchos de los presuntos delitos… no hubieran prescrito.

*Publicado en eldiario.es Aquí con añadidos posteriores.

Negación, censura y ventilador

Tres reacciones llaman la atención en las nuevas revelaciones sobre el caso PP.

 La primera no sorprende en absoluto: lo niegan todo. Es asombroso, eso sí, que cualquier persona acusada de un grave delito o daño –desde la corrupción a cualquier tipo de crimen- pretenda que se crea su palabra. Que alguien no deduzca que pueda mentir cuando se le acusa de hacer daños mayores. Dicho esto como reflexión general. Pero hoy no hablábamos de rumores: hay papeles y la confirmación de uno de los “anotados” Pío García Escudero de que sí pidió un crédito al partido de 5 millones de pesetas y sí lo devolvió. El resto es mentira, dice Cospedal. ¿De no haber respondido afirmativamente a preguntas de El Pais el presidente del Senado también hubiera sido mentira para la secretaria general?

Muy interesante la reflexión de Pedro J. Ramírez, director de El Mundo que fue el primero en publicar lo de los sobres, sin aportar las pruebas que sí ha conseguido El País.

 Pedro J. Ramirez ‏@pedroj_ramirez  Sabía que si pedía prisión provisional para Bárcenas, los papeles se los daría a otro que lo tratara mejor. ¿Qué habríais hecho vosotros?

Le he comentado: Así que la historia os la contó Bárcenas. ¿Y por qué? No ha contestado.

Segunda: intentar coartar o anular el derecho a la información. Dice Cospedal que van a emprender acciones legales contra todo aquél que reproduzca o difunda las informaciones publicadas por El País. Pueden empezar pues por la prensa internacional, y seguir por “media España”, o el 90% de ella, que se está haciendo eco del asunto. Como no podía ser de otra forma. ¿En qué tiempos cree o desea vivir la secretaria general del PP para amedrentar con castigos por la difusión de noticias?

 Y tercera: la sociedad. La indignación ya se corta. Por todas partes que uno vaya la misma conversación. Pero hay un sector de “apolíticos” peperos que está difundiendo el lema “todos son iguales”. Esta mañana entrevistaban en la SER a una quiosquera, a la que se le llevaban El País de las manos, diciendo que estaba harta “Tanto de un partido como del otro”. Hoy. Como si que otro robe –si fuera el caso- represente algún eximente.

 Todo esto ya no va de comparecencias, declaraciones o auditorias internas. Ha de actuar la Justicia de forma urgente y extremadamente rápida. Como habréis visto –también en la prensa internacional que enlazo- este escándalo está hundiendo el país.

Actualización:

Algo está cambiando. La petición de change.org para que dimita la cúpula del PP ha batido todos los récords de la organización. Mundiales incluso. Por ejemplo, el de rápido crecimiento. Ha logrado 300.000 adhesiones en menos de 24 horas y sigue en ascenso. Puedes firmar tú también: Aquí.

Mi factura de gas y electricidad se ha duplicado desde 2007

Con creces la duplica. Como muchos de vosotros, acabo de recibir la factura de gas y electricidad de los dos últimos meses. Mi casa tiene 3 habitaciones, salón y 2 baños, todo ello de parco tamaño. La calefacción es de gas natural, disponemos de distintos electrodomésticos –no demasiado sofisticados- y pasamos bastante tiempo en el domicilio. Aunque, proporcionalmente, lo mismo que entonces. Pues bien, me toca pagar 529,47. Venía subiendo mucho el costo, pero en esta ocasión casi me ha dado un síncope. ¿Hay salario o pensión que soporte este coste? 

En el mismo período de 2007, pagué 140,68 de gas y 70 de electricidad. Ahora el consumo de gas cuesta 207,96 y el de la luz 170,30. Ha subido muchísimo pero además es que el resto de la factura son impuestos. Por ejemplo de IVA, 90,35 euros.

Y no acaba ahí. Veo que en gasolina gasté 90 euros y entonces trabajaba y usaba el coche a diario. Ahora, suelo pagar unos 130 euros conduciendo mucho menos. 

Desgraciadamente aún fumo. Quiero dejarlo pero me cuesta mucho. Ahí los precios se han triplicado prácticamente. En la comida no puedo calcularlo, también invierto menos en ese concepto. Sé que ganaba más dinero y aún pagaba hipoteca y me llegaba. Ahora es más complicado. Hay que elegir. Yo aún puedo.

Mi caso, sí, es casi de privilegio al lado de esos 4 millones de españoles que han entrado en pobreza energética y ya no pueden mantener la casa caliente, como ha denunciado Cruz Roja. Pienso difundir mucho este dato sangrante. O de los niños que hacen una comida al día y van al colegio con hambre. Con el aumento del paro y el resto de los ataques econòmicos ahora serán más que cuando se emitió este reportaje, de hecho la tasa de pobreza infantil ha aumentado en España. O las familias que ya consumen carne o pescado cada dos o tres días.

 Y, mientras, asistimos al rosario de corrupciones innumerables. A los despilfarros como esa Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia que costó 400 millones de euros y que, como buena parte de las obras de Calatrava, se está desconchando. Tiene 12 años. Los asesores a dedo. Al fraude fiscal tolerado.

 ¿Con qué resultados? La economía española se ha despeñado con la gestión del PP: ha caído un 1,37% en 2012, fruto de la bajada récord del consumo, los recortes y subidas de impuestos. ¿Qué queréis que os diga? Por mí ya bastante tengo con engullir la factura, decidlo vosotros.

Puede haber algo peor que Rajoy

Es cierto que busca estar permanentemente en los medios y crear polémica, y que solo mencionarla es caer en su juego, pero cuando ella da una puntada jamás lo hace sin hilo.Se encuentra oficiosamente en campaña para la presidencia del Gobierno desbancando a Rajoy y, dada la deriva que está tomando el gobierno del PP, debe considerar maduro el asunto de ir soltando pildoritas que preparen sus fines plenos. Lo ha hecho este lunes en ABC y lo reproducen varios medios, dado que no aparece en la web del periódico conservador. Con unas ideas y una redacción muy de mujer-mujer conservadora, va contando lo que le gusta y no le gusta de monarquías y repúblicas. Le preocupan mucho las banderas republicanas que se ven en las manifestaciones, nada dice ni ha dicho jamás de las del aguilucho, dios la libre. La pobre, cuando las ve – las republicanas por supuesto-, piensa “que o no saben qué es lo que reivindican con esas banderas o, si lo saben, quieren lo peor para España y para los españoles”.

 Y ya lanza la tesis que ha preparado:

 “No hay que ser un historiador avezado, basta con ser un lector mínimamente crítico de los libros de Historia, para saber que la II República fue un auténtico desastre para España y los españoles”, en una de sus frases mejor construidas por cierto.

 La puntada siguiente la hilvana así:

 “…muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas —en muchos casos, absolutamente totalitarias— a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo. El resultado fue una guerra salvaje que algunos quieren que siga influyendo en la vida política de hoy”.

Repito lo que escribe: “El resultado fue una guerra salvaje”. Parece que no había más remedio que dar un golpe de Estado. Y que le siguieran 40 años (¡40 años!) de Dictadura fascista y que no se dirimieran jamás responsabilidades. Si así hubiese sido gente que defiende esa ideología jamás hubiera podido volver a tener poder democrático en este país.

Porque, olvidando –maldita sea qué memoria- el Golpe de Estado, los 40 años de Dictadura fascista, la impunidad por estos gravísimos delitos, etc.. atribuye a la República esto:

“Por eso me preocupa y me entristece ver el entusiasmo, no sé si ingenuo o malvado, con que se exhibe la bandera que simboliza uno de los periodos más nefastos de nuestra Historia, en el que se enconaron los odios, se despreció al adversario político hasta llegar a su eliminación física y las libertades estuvieron constantemente amenazadas”.

 Con la corrupción (presunta) principalmente de su partido, en un empobrecimiento social constante manipulado con declaraciones para súbditos de mentes poco elaboradas, mermados seriamente los derechos por leyes que suscitan la crítica hasta del Poder Judicial, con su propia gestión y los edificantes herederos que ella misma nos ha dejado en herencia en Madrid, esta mujer camina hacia su objetivo. Y le ríen las gracias. Es tan campechana. Tanto como el Rey que habrá visto hoy -dirigiendo la vista a otro lado- cómo su colega la Reina de Holanda abdica en su hijo en la arcaíca institución. No sé si esto “le gusta o no” a la aspirante al gobierno de España. Pero si estamos en un lodazal lleno de alimañas, el futuro puede ser aún mucho peor… Si cabe, ya lo sé. Cabe.

 

 

 

 

Qué diría hoy Saramago

 

¿Qué diría José Saramago de lo que nos está tocando vivir? Cabe preguntárselo ahora que nos van faltando referentes y el silencio se adueña de muchos que podrían hablar. Hace poco más de dos años y medio que nos falta y su figura crece –si cabe- en su obra viva, pero si quieren realmente sentir a Saramago, premio Nobel de Literatura, escritor, político, hombre, idea, nada como visitarle en la Fundación que lleva su nombre en Lisboa.

 Árbol y Casa dos Bicos, Lisboa. / Rosa María Artal

Árbol y Casa dos Bicos, Lisboa. / Rosa María Artal

Las cenizas de José Saramago están enterradas en plena calle, a la puerta de Casa dos Bicos donde, desde unos pocos meses, funciona la Fundación en su memoria. Bajo un olivo centenario traído de Azinhaga, su aldea natal. Y con tierra de Lanzarote, la isla canaria donde vivió porque vientos de incomprensión por su obra le habían alejado de Portugal.  En particular por El Evangelio según Jesucristo (1991). Una frase de Memorial del Convento fija en el suelo un lema simbólico: “No subió a las estrellas porque pertenecía a la tierra”. Y ahí está. Con todo aquél que se acerque.

La viuda de José Saramago, Pilar del Río. / Rosa María Artal

2. Pilar del Río, Presidenta de la Fundación José Saramago. / Rosa María Artal

Pilar del Río, su viuda, desciende acogedora por las escaleras de la Casa dos Bicos, donde subir es leer palabras del escritor. Mujer de fuerza y determinación envidiables, preside la Fundación y, sobre todo, la cuida y la mima. Acude de guía espontánea para los visitantes, entre reunión y reunión para mantener un proyecto que no cuenta con ayudas públicas, salvo el edificio cedido por el Ayuntamiento. Y es tal su dedicación que puede coger una bayeta para limpiar unas motas de polvo en el escritorio de Vasco Gonçalves, general de abril, Presidente de la República, companheiro do povo, que también está ahí con todas sus cosas. Junto al auditorio y la biblioteca.

Pilar del Río, en el escritorio de Vasco Gonçalves. / Rosa María Artal

Pilar del Río, en el escritorio de Vasco Gonçalves. / Rosa María Artal

La inmersión en Saramago permite pasear por sus libros, sus manuscritos, entrevistas, fotos, o el mágico momento de la entrega del Nobel, otorgado por “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Cuando José recordó: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”, su abuelo… descalzo. Una vida dura que se inicia en el seno de una familia campesina sin tierras y sin estudios. Como tantos otros portugueses y españoles, Saramago no pudo ni finalizar el colegio por falta de medios. Recuerdo que a mi inteligente padre también le ocurrió. A mi madre, como mujer, tanto o más. Pero el coraje, a veces, ayuda a remontar. Desde el colegio su ideario se labra en tres valores: responsabilidad, esfuerzo, trabajo. Minuciosidad también, la misma de Pilar, la que se observa en los detallados diarios del escritor.

 Diarios de José Saramago. / Rosa María Artal

Diarios de José Saramago. / Rosa María Artal

Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez, La balsa de piedra, La caverna, El hombre duplicado, El viaje del elefante, Memorial del convento, Historia del cerco de Lisboa (donde a través de la ciudad se encuentran Pilar y José), Caín, la última y todo lo que se quiera. Las ideas magníficas, con frases brillantes y rotundas, que, como él decía, están escritas “para desasosegar”. Y también para iluminar y elevar. Toda la obra, analizada, detallada, con los manuscritos originales. Como éste de una más de sus obras míticas: El año de la muerte de Ricardo Reis hablando de otro gigante: Pessoa.

Manuscrito de "El año de la muerte de Ricardo Reis". / Rosa María Artal

Manuscrito de «El año de la muerte de Ricardo Reis». / Rosa María Artal

¿Qué diría hoy Saramago? Lo dijo ya en toda su obra y declaraciones. Plenamente vigentes, anticipatorias. “Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”. “Vivimos una crisis moral”. O, apelando a la lucidez, que las soluciones partirán de la sociedad, nadie nos salvará de otro modo. Y los caminos, tomados sabiendo que “El pensamiento correcto es un veneno social”.

Periódicos. / Rosa María Artal

Periódicos. / Rosa María Artal

Zambullirse de nuevo en José Saramago vuelve a ser un revulsivo de conciencias, pero también aporta el sosiego de asistir a una obra plena y culminada. Pilar, la mujer casi alada en felicidad que acompañó al Nobel en Estocolmo, sigue ahí, a pie de tierra, cultivando una labor única. Seguramente en la misma paz. “Nuestra única defensa contra la muerte es el amor» dijo un día de 2005 Samarago. Pude comprobar cómo esa frase cierta se engrandece en la Casa dos Bicos, en toda Lisboa.

Grafiti. / Rosa María Artal

Graffiti con José y Pilar. / Rosa María Artal

Rajoy confunde Perú con Cuba… hablando en Perú.

El cámara abre el plano y se vé al presidente peruano turbado pero, muy educadamente, no dice ni palabra.

 

Y eso que, como siempre, leía un papel. Este señor dice que sacará a España de la crisis (doblemente agudizada por su gestión).

 

Yo me sacrifico, tú te sacrificas, él nos sacrifica

 Últimamente ese corifeo que forman -en distintos tonos y timbres- el gobierno y los altos mandos del PP, repiten que nos han “pedido” sacrificios. Les confieso que yo siempre me quedo perpleja. Si es una solicitud, implica que podemos negarnos. E incluso responder: sacrifícate tú. En todo caso, sacrificarse siempre es voluntario, porque de ser otros los que te inflingen “sacrificios” se trata con mucha más propiedad de tortura.

Veamos. El concepto se las trae. Habla de “ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad” en la primera acepción de la RAE. ¿Los mercados directamente o sus representantes en la tierra FMI, UE, BCE e incluso Angela Merkel o el propio Mariano Rajoy y todos los actores y beneficiarios del neoliberalismo? La primera reflexión fundamental es saber quién ha establecido esa jerarquía, tan drástica e incontestable que impone perjuicios y privaciones al resto.

“Poner a alguien o algo en algún riesgo o trabajo, abandonarlo a muerte, destrucción o daño, en provecho de un fin o interés que se estima de mayor importancia”, aclara el diccionario. Y se ajusta a la realidad. Ya vimos y vemos que cada vez se nos hace pagar más por menos servicios, y es evidente que esos dolores y quebrantos se practican “en provecho” de algo superior a nosotros, el común de los mortales. La divinidad propiamente dicha. De “matar reses u otros animales, especialmente para el consumo”, empezamos, por tanto, a no estar muy lejos (entiéndase el consumo de la deidad). ¿Quién ha elegido y aceptado esa superioridad de algo o alguien por la que se sacrifica a los demás?

La Real Academia de la Lengua ofrece también dos acepciones más concordantes al siglo XXI, sin dioses ni nada. Para ellos, sacrificio es igualmente: “Sujetarse con resignación a algo violento o repugnante”. A las pruebas me remito sobre las arcadas que nos producen a muchos –diría que hasta a la masa ameba- las medidas políticas, sociales y económicas que nos están aplicando. Pero de “resignación” en buena parte de los casos ni un ápice, más bien nos generan indignación y hasta exacerban bajos instintos. Hay quien sin embargo se tapa la nariz y los ojos, al parecer, y acepta el suplicio seguramente basado en otra definición: “Renunciar a algo para conseguir otra cosa”. ¿Qué? ¿Ser cada día más pobres y más desgraciados? Ah, la divinidad asegura y las protozoos creen que será la recuperación económica, el empleo y el maná en lluvia profusa. Pero la gente que piensa y saca conclusiones ya sabe que esto no va a suceder y que -el lejano día en el que por este camino cuadre alguna cifra- será a costa de unos ciudadanos altamente “sacrificados” de vida y futuro. ¿Quién gobierna realmente y para quiénes se gobierna? ¿Creen que oleremos siquiera el botín que, a nuestra costa, se han reservado?

De cualquier forma, usar la palabra “sacrificio” en política, lo mismo que el “gobernar implica repartir dolor” de Gallardón, es concebir la vida pública como una religión. Como la católica para ser más precisos que lidera (con el judaísmo) el uso de la tristeza, el daño, el castigo, la resignación, la culpa y la pena entre todas las existentes hoy. Ya sabemos que los “sacrificios”, incluso humanos, sí se practicaban en las épocas previas al conocimiento, o en las que quisieron apagarlo. Aceptar esa directriz en el lenguaje, no es inocuo: se interioriza en la mente. Y hace aparecer el sacrificio como algo bello y esforzado. Para algunos al menos. Nunca el lenguaje es inocuo.

Siempre he imaginado al PP metido en una cámara de criogenización, en la que entraron cuando la dictadura franquista se encontraba en pleno apogeo, a conservar su naturaleza. Algunos, por edad, debieron nacer incluso dentro de ella. Alimentados todos ellos con las esencias de Torquemada y otros ilustres antecesores que aún deben levitar sobre las cápsulas. Salían, descongelados temporalmente,  a esparcir declaraciones. Ahora ya, con el poder en las manos, hacen daño y destruyen como manda el sacrificio. A otros.

Pero que no nos engañen, esto no lo sufrimos por propia voluntad. Yo no me sacrifico. Tú tampoco, creo. Nos sacrifican. Y, a veces, aún dicen que “no les gusta” hacerlo. Nadie nos “ha pedido” nada, es impuesto. Y sacrificar a otros viviendo uno, además, divinamente –nunca con más propiedad- tiene un nombre bastante menos bucólico: tortura y, en todo caso, privación de bienes.

No queremos ganarnos el cielo que es asunto muy personal, queremos una sociedad real, moderna y avanzada en la que se busque el bien de todos los ciudadanos. Compuesta -precisamente- por ciudadanos, no por feligreses. Y en la que un mandato de gestión no implique creerse una divinidad. Mal andamos, por cierto, si estos personajes son nuestros dioses.

Enrique Meneses, espíritu libre, periodista único

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Decía que “por su sangre corría tinta… y un poco de whisky”, en sus últimos años discurrieron también los bits de Internet, siendo uno de los pocos periodistas de su edad que se apuntó con pasión a la tecnología. Ha muerto Enrique Meneses, la concepción más romántica y esforzada de nuestra profesión y un espíritu luchador y libre como pocos he conocido.

«La vida profesional de Enrique Meneses englobó en un solo periodista dos eras de un oficio: la antigua época de las máquinas de escribir y la contemporánea de las tecnologías de la información. Su primera nota la escribió en aquellos tiempos pretéritos, en 1947, el día de la muerte de Manolete. Y sus últimos textos y comentarios periodísticos los rubricó en pleno siglo XXI en su blog personal y en su cuenta de Twitter«, dice su necrológica en El País. Todas hablan, desde luego, de aquel arrojado español que se plantó en Sierra Leona en 1958 para cubrir la revolución cubana al lado de Fidel Castro y el Ché Guevara. De sus múltiples hitos que pasaron por las revistas Life, Paris-Match, por TVE, donde creó el mítico programa de reportajes “A toda plana”. Pero una vida como la de Enrique Meneses no cabe en ninguna reseña.

Impulsó hasta última hora nuevos proyectos con periodistas jóvenes. Javier Barrera y Rosa Jiménez Cano a la cabeza de su admiración y apoyo. “Enrique Meneses fue una persona indómita. Completamente indomable. “No recuerdo haber ido jamás a una rueda de prensa en sesenta años de profesión”, nos explicó más de una vez a los 1001 Medios, laboratorio que contribuyó a formar desde el primer momento, en 2009”, escribe con un nudo en la garganta Javier. Por ese contacto y entrega de Enrique Meneses a mantener el espíritu del periodismo auténtico, muchos le conocen cuando sus coetáneos le olvidaron y sobre todo beben en las fuentes de lo que debe ser esta profesión de servicio público. Sin cesar invitaba a emprender aventuras, a no acomodarse en una silla y un ordenador. A salir a la calle, ver y contar.

Pero, de cualquier edad, conocerle era… amarle y admirarle. Georgina Cisquella, colega de RTVE, impulsó un magnífico documental sobre su vida, cuyo título no nos gustaba (ni a ella, ni a él) pero plasmaba a la perfección quién era este hombre único: Oxígeno para vivir. De la generación Mágnum a la generación 2.0.

Porque, sí, demasiado tabaco nubló sus pulmones y llevaba 12 años atado a las botellas de oxígeno y a una silla de ruedas. No por ello dejaba de viajar y dar conferencias, siempre brillantísimas. Encandilando a la audiencia. Aun con  el cáncer que llegó después, años de tandas de quimioterapia que decidió suspender. Nunca perdió las apasionadas ganas de vivir, solo comprendió al final que había perdido esa partida.

Inteligente, agudo, chispeante, un punto coqueto, acogedor, indómito –como escribe Javier-, divertido, su vieja casa de la Ciudad de los Periodistas en Madrid se llenaba mil veces de cables para seguir difundiendo cómo veía el periodismo y la sociedad. De charlas jugosas con periodistas de todas las edades. Su blog es una fuente de conocimientos.

La última vez que hablamos y le anuncié que pronto iría a verle, me dijo: Como tardes mucho, me habré muerto. Y no le creí. Me dolía infinito verle en esas penurias aunque a él no le doblegaban. No estaban a su altura. Se va un día de niebla espesa. Con un país que se desmorona y nos encoge aún más el corazón. Él tuvo una vida plena. Contra la corriente. Contra la adversidad. A favor de la vida, del periodismo que cuando atrapa impregna cada poro de cuerpo, piel y neuronas. Él fue feliz: le llenaba lo que hacía. Y hay algo en la tristeza por su muerte que se alivia pensando que Enrique Meneses hizo lo que quiso hasta el final.  Prefiero recordarle con una sonrisa. Fue un privilegio conocerle y aprender de él.

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