Andalucía decidirá el papel de la ultraderecha en España

La noticia de la noche electoral en Andalucía será Vox, se dice. Si ha conseguido o no escaños y cuántos en su caso. Las encuestas siguen en el tablero fijo de opciones. Las urnas solo cambiarán, si así se cumplen, los porcentajes, sorpassos en su caso, y ese comodín de la ultraderecha nata a la que unirán sus fuerzas PP y Ciudadanos que compiten con ellos en esa banda extrema. Una forma de coronar la degradante imagen de la política que ha mostrado la campaña, esencialmente en la derecha. Es cierto que sí se dilucida en Andalucía el papel de la ultraderecha, del fascismo -no seamos melindrosos- en España. En el sentido de que se extrapolarán los resultados logrando en contagio la profecía autocumplida.

Apenas cabe más que ver al candidato del PP pidiendo el voto a una vaca.  Moreno Bonilla se ha soltado el pelo para emular a los altos cargos del PP. Y todos ellos han hecho una campaña de dejar boquiabiertos. Un puro insulto a la inteligencia de los votantes, a la  mínima sensibilidad también. Un continuo disparate. La corrupción que enfanga las siglas se ve ahora adornada por el esperpento.

Por cierto, las jornadas de reflexión no existen ya de facto. Hasta el mismo domingo la prensa afín, la aún  conocida como grandes medios, seguirá haciendo campaña por los suyos. Se juegan mucho. La sociedad también: su futuro.

El ideario, común a los tres partidos de derecha, lo ha resumido Rafael Hernando en un tuit. El antiguo portavoz ( portacoz  para los amigos) ha quedado como un sesudo ideólogo al lado de la nueva dirección del PP.  Se trata de sintetizar en un párrafo los tópicos base: aliados de independentistas, destruir España,  viejos amigos de la ETA,  comunistas y bolivarianos.  Y hay humanos que se lo tragan. Y políticos capaces de soltar este discurso sin sonrojarse.

Rafael Hernando

@Rafa_Hernando

No votar al PP el domingo es facilitar que sigan gobernando en Andalucía tras cuarenta años los “sociolistos”. Aliados en Madrid de los independentistas que quieren destruir España, de los viejos amigos de la ETA, y asociados a los comunistas bolivarianos de Podemos.

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Catalunya ha sido clave en la campaña. Pieza fundamental en los debates. Ciudadanos ha colocado en su bus electoral a Puigdemont y a Junqueras. Hasta ese punto. Cargos electos por Catalunya como Rivera y Arrimadas utilizan su propia comunidad para, desacreditándola en parte, conseguir votos en Andalucía. Arrimadas es andaluza y catalana según donde esté y no descarten que ande preparando maletas para Madrid.

Ciñéndonos a Andalucía, las dos candidatas, Susana Díaz y Teresa Rodríguez, han dado veinte vueltas a sus opositores varones. De forma llamativa en los debates. Cuarenta años del PSOE en el poder son muchos años, y habría que airear las alfombras. Pero difícilmente va a ocurrir con el nuevo triunfo del PSOE previsto. La frescura y fuerza de Teresa Rodríguez le ha hecho ganar muchos puntos, pero tampoco es previsible que se haga con una mayoría. Todo puede pasar, sin embargo. Para eso se vota.

Aquí estamos hablando de la amenaza que representa la ultraderecha sentada en centros de poder, como ya lo hace en parlamentos de Europa. La UE de los negocios la ha dejado crecer tratando después de contener sus recortes de derechos y libertades con sanciones mínimas. A Hungría y Polonia por ejemplo. Varios otros están en espera.

El PP y Ciudadanos ya solo hablan de represión. De recentralizar, de aplicar el artículo 155 en la Catalunya de sus obsesiones para cortar y reprimir. De endurecer leyes. Hasta la ley del menor. Se diría que, en concreto Pablo Casado, no tiene la educación entre sus usos y costumbres prioritarias.

Y Vox. Aventuran la posibilidad de que logre escaño en varias provincias. Ya veremos. En Almería parece más probable. El discurso xenófobo contra la emigración cala en sectores de la sociedad que han usado malamente esa mano de obra para sus viveros. Será que quieren mandar a sus hijos, padres y abuelos –ya saben, la jubilación tardía que propugnan- a cocerse bajo los plásticos donde se cultivan hortalizas por sueldos mínimos.

La ultraderecha crece en las crisis cuando no se usa la razón para el análisis sino las vísceras revueltas. Los medios han hecho mucho por darla a conocer y hasta por lavar la imagen en algunos medios. Un espectáculo de Revista Mongolia ha sido inicialmente suspendido en Valencia por amenazas fascistas. La delegación del gobierno dice que garantiza su celebración y sí lo habrá. Pero la ultraderecha coacciona, decide. En impunidad. El gobierno precisa mucha más firmeza en este terreno. Ya pasa factura. Y lo que queda. Claro que ya vemos lo que sigue pasando en la justicia.

El fascismo ya está aquí. Rivera dice que no lo ve, aunque tenga delante cincuenta banderas con aguiluchos franquistas, porras y gritos. Déjenme que lo repita una vez más. Aunque sepa que apenas servirá para nada si los ciudadanos no toman conciencia del problema. El fascismo no es una ideología, no es comparable a ninguna otra -ni al comunismo como quieren asimilarla los propios ultraderechista-.

El fascismo es un virus letal, una estrategia para acabar con la democracia, con derechos y libertades. Propugna la represión y la desigualdad, porque cree en la superioridad de unos seres humanos sobre otros. La de ellos mismos. Lo que no deja de ser curioso  en múltiples especímenes fascistas. Lean, estudien, apaguen las teles viciadas. Vean, al menos, películas de la Segunda guerra mundial, oigan las canciones de la resistencia francesa al nazismo, por ejemplo. No es diferente ahora.

Karl Popper, un filósofo austriaco que vivió casi todo el siglo XX con sus tragedias incluidas, formuló la paradoja de la tolerancia que encaja perfectamente con el momento actual. Popper concluyó que, aunque parezca paradójico, para mantener una sociedad tolerante, hay que ser intolerante con la intolerancia. Porque, de no hacerlo, la capacidad de ser tolerante finalmente será reducida o destruida por los intolerantes.

Irak: los muertos secretos del CNI

Se cumplen 15 años de la emboscada fatal a dos coches del CNI español en Latifiya, al sur de Irak. Siete agentes murieron, uno logró escapar con vida, otro más había sido asesinado a las puertas de su casa veinte días antes. Son muertos de la guerra que nunca existió para quien metió a España en ella: José María Aznar. Cualquier país les hubiera rendido honores, en EEUU hubieran hecho películas con su odisea, aquí se les tapó desde el primer momento. En este aniversario redondo ya solo quedan algunos ecos.

Llama la atención el resurgimiento de Aznar, dando lecciones hasta de constitucionalismo –cuando ni siquiera votó la Carta Magna- y excluyendo del concepto a PSOE y Podemos. Sus prósperos negocios en paraísos fiscales manejando millones de euros. La verborrea y altanería de su ministro de Defensa entonces, Federico Trillo, cuando por enésima vez se exculpó en el Congreso de toda responsabilidad y toda caja B hasta en el Yak 42 y en la Guerra de Irak cuando  le preguntaba Noelia Vera de Podemos. Porque ahí está su desastrosa gestión con las fuerzas que defienden la seguridad del Estado, bien con el que se llena la boca toda derecha, casualmente.

El periodista  Fernando Rueda no deja de recordar estos días el aniversario, en las Redes, en su blog, en sus programas. Uno de los pocos. También Gervasio Sánchezcon un hilo en Twitter pleno de datos. Es todo, prácticamente.  Pero la historia de esta tragedia, sus fatídicos e impunes errores, sus silencios, se ha ido tejiendo con los años pese a todo.

La invasión ilegal de Irak, gestada en las Azores, sin amparo de la ONU, se inicia el 20 de marzo de 2003. El 8 de abril es asesinado por fuego norteamericano el cámara de Telecinco José Couso que se encuentra en el Hotel Palestina junto con otros periodistas como Olga Rodríguez. Su muerte sigue impune. El 29 de Noviembre caen los agentes del CNI, en el mayor desastre contra los servicios de inteligencia españoles.

Han tenido que improvisar dos equipos al decidir Aznar el envío de 1.300 soldados como contribución a la invasión de Irak. El día de autos, cuatro de los agentes acaban de llegar para relevar a otros compañeros. Falta la preparación y el entrenamiento conjunto requeridos. Viajan en todorrenos sin blindaje. Y sin escolta. Así lo ha decidido el gobierno en Madrid.

Se añade otro grave error. Alberto Martínez González es conocido en Irak, él y su trabajo. Estuvo con los periodistas incluso en la muerte de Couso. Junto a su compañero José Antonio Bernal, ha enviado un informe afirmando que no hay armas de destrucción masiva. Ambos quedan muy expuestos con la radical postura del gobierno de Aznar. Más aún, Alberto Martínez consigue el traslado que ha venido pidiendo pero le obligan a regresar a Irak en agosto.  Olga Rodríguez tuitea indignada  cuando escucha a Aznar, ante una comisión del Congreso, decir que España no participó en la guerra.

El resto es una encerrona mortal. Llamadas sin respuesta pidiendo helicópteros de evacuación a la base. A Madrid, que no son recogidas. Más de una hora de tiroteo. Y las imágenes grabadas por SkyNews dan la vuelta al mundo haciendo una cierta elipsis sobre España. Los cadáveres sufren un tratamiento denigrante, son pisoteados por una turba, hasta por niños. Al traductor Flayeh al Mayali, iraquí de 58 años, profesor de castellano en la Universidad de Bagdad, le espera un calvario de interrogatorios y amenazas. Del que sale libre y sin cargos.

Alberto Martínez González, Pravia (Asturias), 1960, tenía 43 años. El resto edades similares. Carlos Baró Ollero, Madrid, 1967. José Merino Olivera, Madrid, 1954. José Carlos Rodríguez Pérez, Zamora, 1962.  José Lucas Egea, Madrid, 1961. Alfonso Vega Calvo, Stuttgart, 1962. Luis Ignacio Zanón Tarazona, Quart de Poblet (Valencia), 1967. José Antonio Bernal que fue asesinado, a domicilio, veinte días antes, tenía 34. Y todos tenían además familia, hijos pequeños entonces, vida. José Manuel Sánchez Riera salió con vida y graves heridas visibles e invisibles.

Tiempo después, los periodistas Monica G. Prieto y Javier Espinosa encuentran al comando que reivindicó el asesinato de los agentes españoles. No confirmado. Mónica y Javier incluyen el relato en su libro “La semilla del odio”.  Allí, a continuación, dicen, vieron nacer al Estado Islámico. El ISIS, sí.  Aquella invasión tuvo un elevado precio.

Nada se escucha hoy al patrioterismo de hojalata sobre este trágico episodio. Ni a los mandos de entonces, ni a sus herederos ideológicos. Aunque andan estos días electorales con España en la boca y una seguridad a su medida. Su España. Estos son muertos secretos, molestos. Inolvidables para sus familias, para sus compañeros, para quienes los mantienen vivos en el recuerdo y las imágenes.

Tremendo e injusto caos que lleva a un desastre. Murieron con una enorme dignidad de la que carecen quienes les fallaron. Quienes lo siguen haciendo. Su vida fue un enorme gesto de generosidad hacia el bien común. No todos pueden decir lo mismo.

Lo único importante es cazar ratones

«Gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones»‘. El proverbio lo aprendió Felipe González en 1985  del entonces líder supremo chino, Deng Xiaoping. El mandatario español no dejó de repetirla en todo el viaje oficial al país asiático. Hombre de notable inteligencia, González aprendió pronto las lecciones del peculiar pragmatismo que iba a imponerse. El que nos ha traído hasta aquí.

Podemos hablar de la vergonzante foto del rey emérito Juan Carlos I con el príncipe heredero saudí. Del brexit británico, del declive de la UE, de los fastos con sordina para recibir a Xi Jinping, presidente chino. De la mujer de 65 años que este lunes se suicidó en Madrid cuando iba a ser desahuciada de su casa por no pagar el alquiler. Todo se rige por esa misma prioridad práctica de la vida, trufada de egoísmo y laxitud ética.

La visita de Estado – al más alto nivel– de Xi Jinping es “clave para los intereses económicos españoles” y el Gobierno  ha activado un dispositivo con centenares de agentes para evitar movilizaciones y manifestaciones de protesta. Ocurre que China es una dictadura comunista nominal y capitalista de facto, no respeta los derechos humanos y hay gente a quien le molesta. No a los grandes mandatarios y empresas que extienden alfombras rojas para recibir a sus dirigentes y firmar acuerdos comerciales.

China es la primera potencia mundial oficial u oficiosa y, como preveía, ha formateado a la sociedad a su imagen.  Imponiendo su modelo de éxito, basado en la precarización laboral y en reprimir toda protesta. A costa de sus ciudadanos, obligados al algo es mejor que nada. Sin prisa y sin pausa, China logró entrar en el mercado mundial el 1 de enero de 2005. Se había preparado a fondo, aguardando a que se le abrieran las puertas que sobre el papel le cerraba su forma de gobierno. China entró en tromba, abarató los precios de los productos que fabricaba en serie, a niveles irrisorios, y cambió las leyes del comercio mundial. El balance de los tres primeros meses de ese primer año arrojaba, por ejemplo, una destrucción de mil empleos diarios en el sector textil español.

Son datos de un reportaje que propuse a Informe Semanal. Y que reveló aspectos realmente dramáticos. No ya por las condiciones de trabajo, bien duras, sino por la  remuneración de los trabajadores.  “El impacto del coste laboral en empresas como ésta no es tan grande. Aquí representa un 1%. A nosotros nos afecta mucho más un incremento en los precios de la electricidad en la provincia”, declaró con soltura el portavoz de una fábrica en Turpan Ezquel, Xinjiang (China).

Algo habrá cambiado desde 2005. Pero ahí siguen sus ya casi 1.400 millones de habitantes, no menos de 850 millones de personas en edad laboral , una quinta parte de la de todo el mundo. Con China, antes y después  otros países en desarrollo  componen la “fábrica del mundo” en condiciones muy parecidas. Y  no abundan los empresarios que quieren pagar más cuando pueden pagar menos, si legislaciones altamente permisivas se lo autorizan. Todavía en Europa el porcentaje de los salarios en los costes laborales supera el 40%, según estos datos. Pero cae en picado de día en día. Casi un  2% de poder adquisitivo perdieron los españoles en 2017, la cifra peor tras Grecia.

Lo importante es cazar ratones.

¿Y qué me dicen del funeral europeo por el brexit británico? Siempre fue un socio influyente y privilegiado, nunca sintió en su corazón el proyecto europeo. Pero igual es preferible hablar de la Unión Europea en ruinas, de Europa en ruinas. Ya apenas tiene influencia internacional. Se lo ha labrado con sus políticas neoliberales, con su paquidérmica burocracia, y con un conservadurismo que ha abierto la puerta a la ultraderecha, a través de una insoportable tolerancia que venían avisando desde lejos.

Los EEUU de Trump rivalizan con Europa, sin respeto, y le han puesto la proa. China acerca posiciones en esa misma pugna por el control del tablero global. El mundo ya no necesita a Europa, mientras sus dirigentes y sus ciudadanos no se enteran o no quieren enterarse. El mundo necesita al dinero venga de donde venga. La mayor parte de la deuda europea, norteamericana y de países con problemas  está en manos de China. Adquiere recursos naturales en Latinoamérica y África, levanta infraestructuras, compra y compra. Lo llamativo es la escasa difusión que se da a su enorme expansión e influencia.

Cazan ratones. Sobre todo en las alturas donde habitan las peores cloacas en diversos países y continentes. Con el tiempo, a veces en un muy breve espacio de tiempo, gobernantes con intenciones iniciales positivas van entendiendo el tinglado y se unen con fervor a este pragmatismo. Tsipras en Grecia le dio un auténtico abrazo de oso. Algo vemos por aquí también, con nitidez.  Voces muy engrasadas ayudan. Van creando climas de opinión favorables y desfavorables a los intereses de sus eufemísticamente llamados  think tank. Lo primero es lo primero. Pronto veremos, como avisa el periodista Enric Juliana, la presión para una alianza de gobierno entre PSOE y Ciudadanos.

Juan Carlos I saluda al Príncipe  saudí Ben Salman
Juan Carlos I saluda al Príncipe saudí Ben Salman

Juan Carlos I lo sabe bien. Por eso se hizo una foto con el Príncipe heredero saudí Ben Salman, MBS, a quien la CIA acusa de ser el instigador del asesinato y descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi.  Anda de gira lavando su imagen y Juan Carlos y Cristina de Borbón se apresuraron a dársela, a domicilio en Abu Dhabi. Se diría que entraron los tres juntos en el túnel de limpieza.  Ni viaje privado, ni casual, como dice la Casa Real y miembros del gobierno, dado el cargo que ocupó y ocupa Juan Carlos. Sabía que no tendría consecuencias relevantes. No por el momento, aunque todo va socavando la imagen.

Por cierto, la participación de Arabia Saudí en la guerra de Yemen, en la masacre de su población, es conocida. Las miles de vidas arrasadas son tan importantes como la de Khashoggi, sin duda, la diferencia radica en que matar a un periodista es apagar la voz que informa de todas las demás muertes y desmanes.

En este escenario encaja perfectamente –eso sí, en una esquina de la parte de atrás la mujer de 65 años que este lunes se suicidó tirándose por la ventana antes de ser desahuciada. No es la primera, ni será la última por desgracia.

Por todo ello, resultan bastante patéticos los patrioterismos de hojalata, las medias verdades, las falsas polémicas, los millones de incautos, y la mala gente perenne. Sería hora de multilateralismo y cooperación. De priorizar lo importante. De ver el fondo con el que arropan las mentiras y las trampas. De levantar las puertas que cierran las rejas de las jaulas, porque igual los ratones cazados no están en lejanas montañas.

 

*Publicado en eldiarioes 27/11/2018 – 

La impunidad del fascismo en España

Cuarenta y tres años después de muerto Franco, el general golpista y dictador por cuatro décadas más, su figura mantiene una fuerte presencia en nuestro país. Se celebran homenajes y misas en su aniversario. Varios medios continúan publicando sus esquelas y artículos lavando su imagen. En ningún otro lugar que haya padecido esta lacra sucede lo mismo. España parece tener, tiene, una repugnante permisividad con el fascismo. A la vista de todos, sin ningún complejo, sin ningún temor a ser coartada.

La familia Franco sienta sus reales y se permite exigencias. La Iglesia católica sigue manifestando en algunos de sus centros de culto similar concomitancia con el genocida que tuvo durante la dictadura. El Cabildo de la Basílica del Pilar de Zaragoza ha vestido con un manto de Falange a la Virgen del Pilar, capitana de la tropa, como dice la jota. A petición del partido ultra, según han confirmado ellos mismos. En El Pilar lo atribuyen «a un error». Todo esto no ocurre por casualidad.

La Virgen del Pilar con un manto de Falange
La Virgen del Pilar con un manto de Falange

Se incomoda la ultraderecha española por la anunciada intención de exhumar los restos del dictador. Y crece, como venía creciendo ostensiblemente durante el gobierno del PP, amparada de alguna forma. Una  manifestación en Moncloa la otra noche. Aterradora. Se acerca a tomar fotos nuestro compañero Moha Gerehoude eldiario.es, un oscense de piel negra, casualmente, y la policía le pide la documentación a él porque «podía estar generando conflicto», le dijeron. Él. En Valencia, los fascistas se suben al metro para anunciar las tinieblas.

Y así llegamos a la concentración de la plaza de Oriente, la de los grandes discursos del Caudillo, e irrumpen en protesta tres mujeres, activistas de FEMEN. Una panda de energúmenos salvajes, fascistas y machistas inequívocos,  las zarandea y agrede. Les pegan patadas mientras están en el suelo, les insultan y las quieren llevar a la hoguera. Las imágenes han dado la vuelta al mundo. Ya todos saben, vuelven a saber, qué pasa en España con el franquismo, con el fascismo. Con su impunidad.

¿Por qué? 43 años de gobiernos elegidos en las urnas y no se ha resuelto el problema. Una terrible anomalía democrática. No solo aquí, en Europa también como la califica el hispanista Paul Preston. Este 20 de noviembre era también el aniversario del primer juicio de Núremberg en 1945. Los fascismos fueron expulsados y castigados. En España nunca se fueron. Están en el fondo, según vamos viendo, de la putrefacción de las instituciones. Ocurre que nunca se dirimieron responsabilidades como se debió y como hacen los pueblos a los que cae semejante tragedia. Y que buena parte las familias del franquismo siguen siendo puntales de la España actual.

Ese sedimento forma parte de los bochornosos espectáculos a las que ya nos vamos acostumbrando. Con el PP, sus cajas B que ya llegan hasta la cocina, y su presumible mano en la justicia “desde atrás”. El jefe de la policía política que se montó Rajoy, así lo dijo en un ‘whatsapp’ Cosidó -que sigue en activo como portavoz del PP en Senado- se refería a la Sala II y a numerosos nombramientos. “Ha sido una jugada estupenda que he vivido desde la primera línea. Nos jugábamos las renovaciones futuras de 2/3 del TS [dos tercios del Tribunal Supermo] y centenares de nombramientos en el poder judicial, vitales para el PP y para el futuro de España”. Según  recoge Ignacio Escolar de unas palabras que explican, con diáfana claridad, el tinglado judicial.  Marchena se hace el digno y dimite de un nombramiento que aún no tenía pero le daba el bipartismo.

Altas esferas que rezuman una intolerable podredumbre. Justicia, como vemos. Fuerzas de seguridad. Las  amistades del monarca y familia que van desde la Casa Real Saudí al compiyogui, Javier López Madrid, que no pierde ocasión de aparecer en escenarios comprometidos. Empresarios corruptores tampoco faltan. En negocios que se adivinan estupendos por los montos denunciados.

Y los medios. Se han cansado de llevar a sus tertulias a lo más florido de la ultraderecha. A sembrar odio a diario. Los términos que emplean son granadas incendiarias. “Ya no va a humillar al ejército” dice este martes mismo, 20 de Noviembre, ABC, a toda portada.  Por haber pensado que no estuviera con presencia propia en el salón de la Enseñanza de Barcelona.  Los votantes de Vox no son los pobrecitos unos nazis, qué va. Nos los lavan y perfuman cada día. PP y Ciudadanos pugnan por ser más y más de extrema derecha para competir con el VOX inflado a conciencia. Hasta crear una costumbre que lleva a algún comunity manager a considerar «una ciudadana» a esta harpía franquista que golpea a la activista de FEMEN.

Fotografía EL PAÍS

@FotografiaPais

Fotos: La protesta de Femen en un acto de la Falange, en imágenes. Una activista es agredida por una ciudadana durante la protesta Foto @agarciacoronado http://bit.ly/2RYn29P 

La mayoría de los ciudadanos son demócratas, no ultraderechistas, pero se van haciendo a la idea, normalizando el concepto. Los mensajes calan cuando son tantos, tan organizados y frecuentes. La gota malaya.

Y si hay algo positivo en este emplasto es que el escándalo se ha desbordado de tal forma que nos ha explotado en la cara. Los miembros de esa ralea siguen andando y sonrientes  aunque con los pies podridos.

Un Gobierno democrático, un parlamento democrático, una justicia plenamente democrática, tiene mecanismos para acabar con esta permisividad que nos ahoga como país. Hay que soltar mucho lastre, eso sí, dejar caer a mucho indeseable oculto.  Tal como piden las instituciones europeas, se trata de prohibir legalmente el fascismo y sus asociaciones. El Parlamento Europeo ha señalado a la Fundación Francisco Franco, Falange y Hogar Social. Con el voto en contra del PP, por cierto. Es hora de hacer cuentas con la iglesia que recibe nuestro dinero y muchas otras prebendas y propiedades, si empacho de mantener comportamientos tan dudosos. Sirve también para los medios. Cierren el grifo de una vez. Si van a multar el odio, que sea el odio verdadero, no las canciones y comparsas.

Salgan de la tibieza. Despréndanse del miedo. Este gobierno y este parlamento tiene la obligación de exhumar de una  vez el franquismo de España.

 

* Publicado en eldiarioes 20/11/2018 – 

Andalucía ¿para qué sirven las viejas campañas?

Comienza la campaña para los comicios en Andalucía con la única duda de cómo serán las pequeñas variaciones del tablero fijo. España vive en una campaña electoral perpetua. Por todos los medios, por todas las trampas. Con todos los sondeos y todas las interpretaciones. Los ciudadanos debe expresarse, por supuesto. Pero sería bueno que llegaran a las urnas con menos ruido y más reflexión. A estas alturas de la comunicación y la multiplicidad de fuentes, las campañas sirven para poco. A veces, para deteriorar imágenes.

Susana Díaz elige a Felipe González para el pistoletazo de salida. A ese ex presidente que se ha dejado a jirones la leyenda de su prestigio. Elige, sobre todo, al pasado, al establishment, a un recuerdo que se deteriora. Demasiados vídeos, barcos, casas y negocios equívocos, demasiadas declaraciones estentóreas. Dice en Doñana que –frente a la petición de Podemos, siempre Podemos, la fijación perenne- “prefiere la actual jefatura del Estado, incluso la anterior”.  La jefatura, que no el jefe, es una Institución. La monarquía es la actual, con dos reyes sucesivos. La anterior fue la dictadura franquista, aunque seguro que González no quiso decir eso.

Hay otra incógnita más a despejar en la campaña: ¿cuántos y de qué calibre serán los despropósitos que oiremos? Han vuelto desde luego todos los tópicos. Líderes nacionales, de presente y pasado, “arropan” a los andaluces. En algunos casos, puede que en la mayoría, el abrigo supletorio parece más un peso que un cálido capote. Y una prenda reversible: en la permanente contienda desde cualquier punto se lucha también por la Moncloa.

Pablo Casado y Juanma Moreno. Foto: Iñigo Anduriz
Pablo Casado y Juanma Moreno. Foto: Iñigo Anduriz

Pablo Casado entra fuerte: Reivindica el voto útil al PP en al arranque de campaña frente a las «SS» de Pedro Sánchez y Susana Díaz. ¡Las SS!  Con toda probabilidad  no se refiere al brazo armado del nazismo que él no utilizaría como insulto. Igual le suena más al código postal SS de Southend en el Reino Unido. A un manga japonés de su adolescencia. Y, con más probabilidad, al Chevrolet SS deportivo, o al SS Cars Ltd de Jaguar en 1945, cuando el mundo hizo alguna otra gesta que, seguro, él admira. El líder PC del PP dice cosas a las que hay que buscar el sentido. Y eso que, de todos, es quien más  se juega su liderazgo en estas elecciones.

Villergas, Imbroda y Arrimadas
Villergas, Imbroda y Arrimadas

Arrimadas, ejerciendo de andaluza de toda la vida, y Rivera de catálogo del flamenco para los remedos de almanaques siguen la Cruzada de la reconquista, ahora en competición con Abascal que emprende la tarea a caballo y con traje de señorito. Almería, según los sondeos, dará a España la lacra de meter la ultraderecha declarada en un parlamento. Un hecho gravísimo, «porque normaliza un discurso tóxico para la democracia«, como escribe Ignacio Escolar.  Eso sí, es la única capital a la que ni siquiera llega el tren. Si es el caso, Ciudadanos pactará con el PP. Se lo ha ofrecido Rivera.

Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo. EFE
Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo. EFE

Teresa Rodríguez, candidata de Adelante Andalucía, domina la precampaña en Twitter. Según un estudio de la agencia Innn, tiene la misma repercusión que sus tres rivales juntos. La tarea es ingente y hace falta mucho peso, aunque cueste verlo en cualquier dirección.

Antonio Maíllo, de IU, es un buen y digno integrante de la candidatura. Un político insólito: habla idiomas y se le ocurrió traducir  a Platon al castellano y, más aún, declarar que “es uno de los ejercicios intelectuales más placenteros que he hecho”.

Un vídeo de un programa de Canal Sur irrumpió poco antes del inicio de la campaña en las redes. Como un mazazo. Producido en 2015, lo reemitieron el sábado 3 de este noviembre. Menuda noche, se llama, y está basado en la participación de niños. En él contemplamos a Alejandro, 9 años, ahora tendrá 12, rindiendo pleitesía al señorito, a Cayetano Martínez de Irujo, Duque de Salvatierra.  Acompañado a la guitarra, entre oles, reverencia al aristócrata iniciando un horripilante discurso rodilla en pie. Ante la sonrisa  condescendiente y un punto incómoda del homenajeado. Ni media palabra han dicho quienes acusan a TV3 de adoctrinamiento.

Video insertado

Strambotic@Strambotic

Antología del Vasallaje: hoy, el repelente niño Alejandro loa a Cayetano de Alba (y olé).

El resto del programa presenta niños casi igual de redichos. Aquí pueden comprobarlo. Andalucía no se merece un programa de televisión así.

Poco cambiarán las elecciones. Nuestros humores al afrontar la campaña con sus muy previsibles zancadillas.  Una de ellas es apelar al victimismo de una España que insulta la cultura andaluza, tema en el que se ha especializado la presidenta Susana Díaz. Andalucía es Séneca, y Trajano, y Averroes. Y Góngora y Castelar. Y Lorca. Me lo recuerda esta lista en la que no hay má mujeres que las cantantes Lola Flores y Rocío Jurado.

Tuvo que rescatar de las cunetas del olvido a andaluzas decisivas el Tren de las Mujeres. A algunas, la historia las tapó como a tantas otras. María Zambrano, Mariana Pineda, Maria Bellido, Zenobia Camprubí. Y las hay y los hay que lucha cada día, ahora mismo, desde labores diversas, por una sociedad mejor.

El siglo XXI, cuando ya han caído las fronteras para el conocimiento, debería desterrar los tópicos. Ésa es la primera medida para abordar un futuro prometedor. Suerte y atentos.

Crónica perpleja de la España en cueros

Flota en el aire un descrédito de la política que suele resaltarse más cuando no gobierna la derecha de todas las letras. Potente. Va por barrios e intereses. Por ojos tuertos, de los de mirar. Hay cronistas, solventes además, a quienes molesta que la nueva generación de políticos sean guapos. Tal cual. Otros espantos más responsables indican que algo pasa. Personalmente estoy experimentando la sensación de conectar la tele, una radio o una web y ver a Pablo Casado pongamos por caso, no solo, y sentir que me hacen engullir una tarta de merengue con chantilly después de haberme comido un pavo entero relleno de salchichas.

Puede ser peor. Abrir la puerta y encontrarse al propio Pablo Casado con su sonrisa Colgate vendiéndonos la Biblia de los testigos de la España franquista.  Ha anunciado su intención de ir casa por casa buscando el voto, no invento nada. Mientras su fiel Teodoro García Egea nos hace una demostración de lanzado de huesos de aceituna al tiempo que recita poemas épicos de la dictadura: «España es el limpio orgullo de la historia de la raza», «el Padre Nuestro que rezas por la mañanas y el rojo y gualda que pone ese nudo en tu garganta».

Pedro Sánchez entretanto se desdecirá de algo. Y, ya puestos, aconsejará a Theresa May que repita el referéndum del “brexit” a ver si ahora sale bien. Posibilidad que será cortesmente rechazada, incluso no tan cortesmente: «Londres responde a Pedro Sánchez que « nunca aceptará un segundo referéndum sobre el Brexit«.

La venta de la regeneración de los órganos del Poder Judicial recorre todo lo  que llaman el espectro y empiezo a entender –a estas alturas- porqué. Desde que es un CGPJ escorado a la izquierda a que los hábiles gestores han logrado una mayoría progresista. Han  elegido ya hasta al presidente. Adivinando el sentir de los vocales todavía ignotos que tendrán como primera misión decidir que el jefe sea precisamente ése.  Y va y se cae la magistrada Victoria Rosell que iba por Podemos. O la tiran. Se dice que Marchena ya tiene ese poder y que lo habría ejecutado vía PSOE, lógicamente, ya que figuraba en su cupo. De nuevo. Mire no, es un pufo. Seguimos en las mismas. Con algo menos de peso de togas con telaraña y látigo justiciero que igual no es lo mismo que justo.

La izquierda, o sea Podemos en este caso, aprovecha que puede rentabilizar algunos logros de política sensata y que se acercan unas elecciones para tirarse los trastos a la cabeza en zonas sensibles de las cúspides. Con gran despliegue informativo. Es conocida esa especial sensibilidad de gran parte de los medios por dar cuenta de cuánto hace mal Podemos. Exhaustivamente.

A Artur Mas y otros ex consejeros de la Generalitat les condenan a pagar lo que estiman fue el coste de la consulta del 9N de 2014. Lo ha evaluado el Tribunal de Cuentas, al que Soraya Saénz de Santamaría encomendó el trabajo. Y por esa vez el organismo obró con celeridad para que no hubiera prescripción –como con las privatizaciones de Aznar, caso de interesar-. A Esperanza Aguirre nadie le pide que devuelva los  100 millones de euros que dilapidó en la Ciudad de la Justicia. Ni todo lo demás. Un catálogo que incluye hasta campos de Golf urbanos. De los pufos de la M30 de Gallardón tampoco sabemos nada. De los fastos de las relaxing cups olímpicas de Botella –perdón por lo tosco de la coincidencia- ni media palabra tampoco. Ni del aeropuerto de Castellón. Ni de tantas cosas. Del Castor del bipartidismo ni hablamos. Que al menos se le pagó -rápidamente- a Florentino Pérez para que no siguiera provocando terremotos en Levante y  es una tranquilidad.

Inés Arrimadas hace de Inés Arrimadas en la televisión autonómica que tanto detesta: TV3. Y es que para sentarse ante el periodismo no sirven los guiones traídos de casa. Albert Rivera continúa salvando España de los malvados y desayunando cada día, alternativamente, con las reinas del sensacionalismo televisivo. Y el otro, al que andan publicitando con ahínco, cabalga por las llanuras reconquistando Andalucía. Como El Quijote de Cervantes. ¿O será de Kant? ¿De Francisco Franco tal vez?

Al fascista que quería atentar contra el presidente del gobierno lo tenemos bien protegido, a punto de ser canonizado. A la Audiencia Nacional, de tapadillo. Dos artistas se enfrentan a penas de cárcel por grabar en la cripta del Monumento a los Caídos de Pamplona para un documental sobre las catacumbas del franquismo. A 14 personas detenidas en la noche el 15 de mayo de 2011 en Madrid, les piden la pena máxima prevista en la legislación, hasta 6 años en algunos casos. Un duro varapalo para un movimiento que dio la vuelta al mundo y que algunas perspectivas cambió.

Cruzan el aire, como cometas, los sobres en el PP, los sobornos, las escuchas, los chóferes dobles y hay quien sigue viendo el cielo nítido por alguna rendija. En el terreno inmobiliario, es mucho más noticiable un chalet comprado en hipoteca con dinero propio, que una  casa presuntamente regalada con dinero público de los fondos reservados, según denuncia un lenguaraz comisario encarcelado. Todo depende de los inquilinos. Entre Inda y Villarejo se lo guisan y su prensa compra y distribuye. Ay, Felipe de mi vida.

El rey sonríe, por fin, en Perú. Y ofrece al país andino apoyo para luchar contra la corrupción. Sobran las palabras, sobra todo.

La capacidad de contemplar la venta de motos online on air y en papel de toda la vida para leer en los bancos al sol de las mañanas, me satura. Y es que todavía asombra que algunos planteamientos lleguen siquiera a formularse. Y que cuelen. Si a mí, que tengo verdadera pasión por el periodismo, se me cierra el píloro para tragar una más de estas noticias, de la desfachatez mayúscula que se ha adueñado de este país, qué no será a los demás. Cómo lo llevan epiglotis menos curtidas.

 

  • Publicado en eldiarioes 13/11/2018 – 

El «efecto llamada» del fascismo

El ultraderechista detenido con un arsenal de armas, tras declarar su intención de matar a Pedro Sánchez, «era un buen deportista y una buena persona». Nos lo cuenta un medio, citando fuentes de su entorno”. Suponemos que también saludaba a los vecinos. Con el brazo en alto. Los presidentes de gobierno del PSOE son como las mujeres asesinadas por el machismo: algo habrán hecho. Exactamente igual. Buenísimas personas las matan como  correctivo a lo que merecen. Una tertuliana, ex subdirectora de informativos de Antena 3, entendía en RTVE la reacción del francotirador. Al sujeto le encendía que vayan a ser exhumados los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos.  Fátima Iglesias dijo, como pueden ver y escuchar esto: “Al final decisiones como ésta (…)  lo que despiertan es mucha crispación y cosas que estaban dormidas. Y cuando pilla a un señor que tiene problemas psicológicos y que tiene el permiso de armas porque se dedica a la seguridad…» ocurre esto, sí.

Problemas psicológicos, la gran coartada que sería aplicable a buena parte de la derecha mediática entonces. Desde Carlos Herrera y sus tertulianos a Jiménez Losantos que siempre tiene dispuesta la lupara con total impunidad. Están tan crecidos, de hecho, que este viernes Losantos ha cargado contra la denunciante del francotirador, una dirigente de Vox. Supone que la expulsarán del partido «por lerda», según informa El Plural. Lo describía a la perfección Carlos Hernández en eldiario.es en un artículo del que suscribo hasta las comas. Quiero pararme precisamente en la reflexión ante las reacciones de los medios y buena parte de la sociedad: “Mientras callamos, ellos hablan; mientras hacemos como que no existen, ellos siguen creciendo”. Empecemos pues con el relato como es.

Manuel Murillo Sánchez, 63 años, planeaba atentar contra el presidente como venganza por la orden de exhumación de los restos de Franco. Fue detenido en su domicilio de Terrassa, por la denuncia en efecto de una dirigente de Vox a quien pidió ayuda para la operación en un chat. Disponía de un arsenal de 16 armas de fuego, incluidos rifles de alta precisión y un subfusil de asalto. Todo ello, según la exclusiva de Público. Buscar ayuda para la comisión de un atentado es intentar crear una cédula. Terrorista. De terrorismo fascista. Pretender atentar contra un presidente de gobierno técnicamente es un magnicidio. Si así lo considera la justicia tras la evaluación de los hechos, por supuesto. Blanquearlo es otro problema. El tipo carecía de permiso para esas armas, nadie con presuntos problemas psicológicos debe tener permiso de armas. Cuatro rifles con alcance de 1,5 Km no son ninguna anécdota. Pero así se lo han tomado quienes blanquean el fascismo cada día como quien echa leche al café.

Y otra complicación que arrastramos, la justicia. Aunque inicialmente se dijo que la Audiencia Nacional rechazó el caso, lo que se explicó después es que no se le dio traslado. Pero, en un nuevo giro, ha terminado reconociendo que sí lo supo. Para no reponerse del bochorno, se argumentó que el arsenal de armas y la intención manifestada por el detenido no era una amenaza terrorista. Solo una «proposición de homicidio de autoridad». Solo. Espeluznante figura jurídica cuya existencia ignoraba.

Imaginen la situación en otras personas. Es de suponer que la “proposición de homicidio de autoridad” se aplica por igual tanto para Pedro Sánchez como para Felipe VI pongamos por caso. O para cualquier líder de un partido de derechas. Especulemos con qué hubiera pasado si este tipo hubiera manifestado la intención de matarlos y dispusiera de semejantes medios para hacerlo.  Cambiemos de autor.  Imaginemos que, en lugar de un franquista, fuera un catalán partidario de la independentista con problemas psicológicos. Un árabe. Alguien de cualquier minoría. El tratamiento sería completamente distinto. Los gritos y portadas atronarían los medios. Pero no, la bula es para el terrorismo de extrema derecha. Siempre es la misma coartada. Siempre.

Y no nos hace falta ninguna imaginación para saber que han sido considerados reos de terrorismo tuiteros y raperos. Ni para asistir a las campañas de acoso y amenazas a cualquiera que incomode al franquismo y la derecha más reaccionaria. Hasta logran que se quite publicidad a programas como ha sucedido con El Intermedio.

Hace años que se ve venir. Lo sabe quien lo justifica diciendo que está dormido y presume que es mejor no despertarlo y vivir bajo su amenaza permanente. Ha habido múltiples casos, pero quiero destacar uno que cumplió todos los pasos del ritual.

En julio de 2011, un joven noruego, Anders Behring Breivik, siembra el terror en un país que jamás había conocido el terrorismo, paradigma de la democracia y el Estado del Bienestar. 77 personas murieron a sus manos gracias a la potente bomba que colocó. Después fue tiroteando, uno por uno, a los supervivientes que se encontraban en un campamento de juventudes socialdemócratas en la isla de Utoya. La mayoría de las víctimas tenía entre 14 y 19 años. En los primeros momentos la prensa occidental atribuyó el atentado al islamismo radical. Localizado Breivik, resultó ser un hombre alto, rubio, blanco, cristiano… y de extrema derecha. Entonces el discurso cambia: se trata de un loco aislado, un lobo solitario. Lo resalté en un libro publicado en 2011. Desde entonces los nuevos fascismos, fascismos de siempre, han crecido de forma exponencial. Se sientan ya en los centros de poder de numerosos países. Alentando en jauría a sus lobos solitarios.

Con esta justicia no vamos a parte alguna. No regenerar a fondo los órganos de poder, repartiéndose la composición entre PSOE y PP, parece seguir en la misma senda. Con la impunidad de los medios que se dedican con fruición al “Efecto llamada” del fascismo tampoco se abordan soluciones. Cierren el grifo de una vez.

Con unos dirigentes incapaces de ver la amenaza que supone el fanatismo de ultraderecha estamos vendidos. No se trata de personas, no, toda la sociedad es rehén. Esa, precisamente, compuesta “por buenas personas”. Aquellas a las que vio venir Martin Luther King cuando dijo para los tiempos que se avecinaban: «No nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas». No me cansaré de repetirlo. El gran activista de los derechos civiles lleva 50 años muerto,  tras haber sido asesinado, mientras en su país manda Donald Trump, por votación en las urnas. El que envía tropas contra los desesperados, separa a los niños de sus padres, y ha convertido la verdad en un inmenso fake. Las mujeres le están poniendo coto, algo está cambiando, pero el gran ejército de apoyo al fascismo es una decisiva barrera ya en la mayoría de los países desarrollados. Se le minimiza, se lava.

Cabaret (1972) es para mí una inolvidable película. Se desarrolla en Berlín durante la República de Weimar, en 1931, y refleja el auge del nazismo. Esta secuencia es especialmente significativa. El mañana nos pertenece, cantan. Un anciano ladea con preocupación la cabeza. Los americanos se preguntan ¿Y aun creéis que podréis pararlo?

¿Y ahora, aún creemos que se puede parar? ¿Quieren? Frente al efecto llamada, está el efecto rechazo.

Su única patria es el dinero

Todo se resume en esa máxima absoluta. El dinero, como prioridad. Su patria, su nación, su emblema. Sucio. Desmedido hasta lo innecesario. A cualquier precio, por encima de quien sea. Parece el hilo conductor de la actualidad, de sus grandes atropellos. El dinero. El poder que da acceso a obtenerlo bajo mano, a torcer la ley, a comprar voluntades. El poder en sí de mover los hilos, de atar con ellos. La vida limpia late a otro nivel. Tan anulada en las decisiones que a veces sucumbe y se rinde.

Durante décadas la seguridad del Estado ha albergado en su seno, sin problemas, a un comisario  –al menos uno que sepamos- que utilizaba su cargo para extorsionar por voluntad personal o por encargo con fines lucrativos, según se deduce de la acusación que lo mantiene en prisión a la espera de juicio. La lista de relaciones de Villarejo cuenta con nombres sonoros de la vida pública. Era el villano que encaja en esa España tramposa. Grabó a potenciales clientes, contactos, “confetis” de alto rango, que se soltaban la lengua como si no supieran con quién trataban.

La difusión dosificada del arsenal de bombas conspiratorias de Villarejo forma parte de la misma operación. Aquí de periodismo no hablamos. Sí, en posteriores investigaciones y análisis.  No, de nuevo, en esas cortes de exculpaciones y paños calientes que se prodigan. Villarejo tuerce el Estado, argumentan. Viene ya bien torcido. Pero no se pueden paliar con nada –ni comparar con otro caso- las conversaciones en el filo de la navaja de la número dos del partido en el Gobierno entonces con un comisario inequívocamente conocido. Asistida por su cónyuge y empresario en calidad de tales, y avanzando la connivencia de la jefatura de esa empresa llamada PP.  El dinero. El poder. La familia. Tan amplia y bien colocada en lugares estratégicos.

Cuando se descubre a un miembro que se ha dejado la piel o la cara en la organización, se le deja caer. Mejor si no hubiera sucedido, mejor cuando todavía no ha sucedido, mejor trabajar porque nunca suceda, pero lo básico es mantener el proyecto.

La justicia española pasa por Estrasburgo

Todo en línea. El Tribunal Supremo anula su propia sentencia y  dicta a favor de los bancos. Había bajado la bolsa. Tras dos jornadas discutiendo sienta el precedente histórico de echar para atrás su decisión y beneficiar a la banca en el litigio: los clientes deberán pagar los impuestos de sus hipotecas. En la excepción española, junto al IBEX debería anotarse el TS como nuevo indicador de referencia bursátil. La justicia europea ya obligó a la banca a devolver todo lo cobrado por ‘cláusulas suelo’. Habrá que volver a su amparo. Los afectados lo anuncian. El descrédito de la alta justicia española registra un nuevo hito.

 Estrasburgo va a precisar una sección para nuestro país. Como el Tribunal Superior europeo –que lo es-  se está encargando de expurgar las sentencias españolas de la ideología que las contamina, de las salvedades no válidas en el sistema judicial. Lo ha hecho con la sentencia de Arnaldo Otegi. Los condenados de antemano del procés catalán se verán libres allí probablemente, aunque tras años de prisión.

Un ático de 10 millones de euros

El dinero. Me había quedado con ganas de comentarles, con esto de las prisas apagafuegos que nos gastamos en el convulso día a día, un tema desengrasante. Han venido en Madrid un ático por 10 millones de euros. En el complejo Canalejas de Madrid, que permanece aún como zona cero en obras que disuade el paso y la respiración. Este artículo es entrañable en los datos que nos aporta. Aquí tenemos a OHL, del amigo Villar Mir, y al millonario canadiense-israelí Mark Scheinberg de constructores. Las viviendas -22 de las que ya hay prevendidas 16- tienen un precio de 14.500 euros por metro cuadrado. Pero no los venden sueltos para colocar una minitienda de campaña con saco de dormir y camping gas pongamos el caso. No sería ninguna tontería porque los residentes disponen de los servicios del hotel adjunto si lo desean. “Pueden solicitar ropa de cama y mantelería, mayordomo, chófer, chef privado, llenado de la nevera, personal shopper, asesor de imagen, cuidado de mascotas” entre otros.

¿Y a que no saben quiénes están invirtiendo en esos pisos tan estupendos? Pues, según leo en las informaciones, la familia de Henrique Capriles “líder opositor venezolano” se encuentra en ellos y también detrás de varios complejos de viviendas de lujo de Madrid. Tienen todo el derecho, por supuesto, pero ¿a qué vamos atando cabos de las pasiones políticas de algunos ultranacionalistas españoles? Con suerte, Albert Rivera y Pablo Casado no tendrán más que cruzar un par de calles y la Puerta del Sol para consolar a su amigo, azote de Maduros.

Las élites

¿Y el pobre Mario Vargas Llosa, miembro destacado de las élites? Pues que Hacienda le reclama dos millones de euros impagados y, mientras litiga, ha tenido que embargar “su mansión en Madrid” a nombre de una compañía holandesa. Lo cuenta Vanitatis que es la publicación idónea para  un premio Nobel de literatura, neoliberal de extremo centro, españolista en naranja.

No deja de ser curiosa la fijación de los patriotas más activos y entusiastas por el dinero y el poder, por el amor a las grandes fortunas y a los grandes afortunados. Por la evasión si se tercia. En ese Olimpo van entrando todos. Ya está Trump. Y Bolsonaro para, como los demás, despojar de sus bienes públicos a los ciudadanos.  Alabados por sus medios. Por sus empresas. Por la Unión Europea que le felicita sin matices. Y está Macri. América se está llenando de ellos. Y, aquí,  afilan los dientes en la banda Rivera y Casado, si no le tumban los trapicheos familiares. Por el bien de la derecha sería. Que una decente ayudaría.

A la familia le llegan refuerzos desde Francia. Manuel Valls declara: “ Soy el candidato de las élites”, para responder con aparente ironía a sus críticos. De todas. Económicas, sociales, políticas y culturales. Con su ser mayestático. Nadie como las élites para ocuparse de las necesidades de la ciudadanía. Luis XVI y sus homólogos lo hacían de forma sin igual.

Dos años después, en Monessen, Pensilvania,  los obreros que, desencantados, votaron a Trump ya saben que  su ciudad no lleva el menor camino de ser “grande otra vez”. Lecciones que se pagan en ruina y dolor.  Otros siguen soñando u odiando. Mientras la ciclópea resistencia a la destrucción intenta abrirse paso. La que sabe y practica que la sociedad con la que convivimos,  poblada de personas,  es nuestra patria.

Defender la democracia con absoluta firmeza

El 31 de Mayo de este mismo año, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, presentó una moción de censura a Mariano Rajoy que, con el concurso de 180 votos, le llevó a la presidencia del gobierno. “Esta moción nace de la evidencia de que no queda otro camino para defender el prestigio de instituciones gravemente dañadas”, dijo en su discurso el candidato. De ahí que invitara a los diputados, a los españoles a los que representan, “a que abran una ventana de esperanza desde la convicción de que, entre todos, podemos construir una España distinta. Con una democracia sana. Fuerte. Ejemplar”.

Bien, pues, no la veo, no la vemos, seguimos sin verla. Cinco meses después.

Es cierto que el gobierno del PP fue nutritivo caldo de cultivo de toda involución, alimento de una ultraderecha impune, de las cruzadas mediáticas. Y que la corrupción constituyó la sustancia, el hueso y el tuétano de esta pócima nociva. Pero esto no se arregla añadiendo zanahorias al caldo, ni una patata que absorba los excesos. Hay que actuar con firmeza.

Catalunya, para empezar. El proces. El descomunal problema con el que hoy nos encontramos. Hijo directo de un Rajoy que antepuso sus perspectivas electorales a la cordura, a la política de hecho.  Tenemos hoy todos los datos, las reuniones, los desacuerdos, la festiva campaña de firmas, el recurso de inconstitucionalidad al Estatut. Porque esto viene de lejos. Por supuesto, que el soberanismo ha cometido errores, el primero no calcular con quién trataba. Y, desde luego, embarcar a los ciudadanos en un camino de improbable final satisfactorio.

El hecho es que allí, en Catalunya, donde había un PP residual han venido a pacer muchos otros para quienes la unidad de un territorio y una sola bandera es el único objetivo político confeso. Ya nos conocemos todos mucho para saber que eso es más bien el reclamo. Viejos resquemores, un punto de xenofobia, desataron el virulento “a por ellos”.

Pueden añadir matices, aportar explicaciones, distintos puntos de vista, pero el hecho es que la Fiscalía del Estado, haciendo suyas las tesis del cuestionado juez Llarena, acusa de rebelión a Junqueras, los ‘Jordis’ y Carme Forcadell. Y les pide penas de entre 25 y 16 años. Por la consulta del 1 de Octubre de 2017 y antecedentes. Por haber puesto urnas para votar. Todos ellos, y algunos otros ex consellers, llevan en torno a un año de prisión preventiva.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional  acusa a Trapero y a sus superiores de rebelión también, y les pide 11 años de prisión.  Un delito que la justicia europea no ve aplicable a lo sucedido en Catalunya. De hecho ha negado la extradición de los políticos huidos, demostrando que si todos los acusados se hubieran marchado, estarían libres. No hubo ningún golpe de Estado, los golpes de Estado no son así. En España sabemos de eso, por desgracia.

La abogacía del Estado se inclina por el delito de sedición y pide la mitad de las penas. Enorme agravio para los medios que van a su guerra. El Mundo como ejemplo destacado hoy.

Rosa María Artal💜@rosamariaartal

De esta guisa viene la Caverna mediática. El «A por ellos» en toda regla.

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¿Claudicar es pedir sedición en lugar de rebelión? El abogado Gonzalo Boye, que logró internacionalizar la persecución de los líderes del procés, no lo ve así precisamente.

Gonzalo Boye

@boye_g

Acusar por sedición, en lugar de por rebelión, no es un gesto sino una trampa para legitimar un proceso judicial impropio de cualquier estado democrático. El 20-S y el 1-O solo se produjeron hechos que toda democracia debe tolerar… libertad de expresión, reunión y manifestación

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Estos terribles sucesos forman parte de la contienda de fondo. Las dos Españas siguen ahí. Quienes  socavaron “el prestigio de instituciones gravemente dañadas” lo siguen haciendo.

Pasemos si no a ese PP que en el que su secretaria general entonces, Dolores de Cospedal maniobra y negocia con un comisario regente de una organización criminal, según la acusación que le ha llevado a la cárcel.  Con ayuda de su marido, Ignacio López del Hierro, activo participante en las reuniones,  a quien sepamos nadie eligió para esa función. Lo que estamos conociendo es flagrante. No traten de equipararlo con ningún otro caso. La número dos del partido en el gobierno en reuniones clandestinas. Sabiendo de la destrucción de pruebas de corrupción. Haciendo encargos mafiosos.

La democracia española está seriamente pervertida. Lo vemos a diario en múltiples manifestaciones. A salvo de algunas disfunciones, el Parlamento no. Y a ellos compete preservar la acción de un gobierno que no puede pararse en buenas intenciones. Es cuestión de supervivencia. De la democracia. De la decencia incluso. Y con ellas del futuro de toda una sociedad.

La justicia española no puede ser una excepción de la propia Justicia que se gana unas mayúsculas. Lo que humilla a España -que tanto preocupa en sus acusaciones  a Casado y Rivera y sus voceros- es el ridículo internacional de pedir rebelión y sedición por poner unas urnas. Y apalear a los votantes, no lo olvidemos. Todo el mundo lo vio. Apliquen la justicia homologada y saquen a estos políticos de la cárcel de una vez.

Una justicia independiente se miraría muy en serio las andanzas del PP para poner en marcha los procesos pertinentes que limpiaran semejante historial de corrupción. Pero, en este y otros casos, difícilmente puede lograrse cuando el poder judicial se elige “a dedo”. El libro de Ignacio Escolar y Joaquim Bosch lo demuestra claramente. Existen pues mecanismos que eviten tentaciones de parcialidad.

Las subvenciones camufladas a una prensa que no informa sino que manipula y que incita al odio deben terminar. Cierren el grifo hasta que ejerzan el periodismo.

Si la jerarquía católica se empeña en permitir que nos incrusten los restos del dictador Francisco Franco en el centro de la capital de España, revisen el concordato. Cierren el grifo si no cumple los estándares democráticos en este punto.

Cierren el grifo a las organizaciones fascistas y filofascistas como ya pide el parlamento europeo. ¿Qué pito tiene que tocar en España lo que opinen los Franco? Hasta de respeto se ha oído a hablar.

La  Guardia Civil escribe en twitter lo que debemos hacer con la bandera de España. Añadiría una reflexión a las críticas. La bandera no es lo que mueve al orgullo y es susceptible de ofensa. Los valores de paz y libertad están en la sociedad, o deben estarlo. A mí no me cabe la menor duda de que hay gente que se esfuerza por defender esos valores hasta con riesgo de su vida. Desde el Mayor Trapero a muchos otros.

La Sexta retira el vídeo de El Intermedio que ofendió a los que ven España solo en una enseña de tela.  TVE se disculpa con la Falange a quien se ha faltado al respeto en OT.  Léanlo dos veces quienes no lo sepan. ¡al respeto!  ¡A Falange! Y no es lo más grave. Los continuos ataques de la derecha política y mediática se van notando en los telediarios. Acaben con los cupos, con las declaraciones opinativas, los espectadores precisan información. Claro que aquí atacan los medios con igual virulencia hasta con campañas de difamación en las que tienen larga experiencia. Sus víctimas poblamos los ceniceros de sus ganancias.

Miren Brasil, como último ejemplo. Con paños calientes no se soluciona este conglomerado. Este tipo de adversario emplea los usos del maltrato clásico.  Contemporizar les supone un avance. Ceder solo es la antesala de ceder más.  Dijo Pedro Sánchez : “una época de la que hay que pasar página”. No se ha pasado. Atiendanel gobierno y sus apoyos. Miren a la sociedad. Actúen. Con firmeza. “Todos, podemos construir una España distinta. Con una democracia sana. Fuerte. Ejemplar”, sí. No hay excusa. En España siempre hay ruido de sables y de sobres. Hasta que el potente sonido de la democracia los apague con fuerza atronadora.

¿Cómo tratar a los votantes suicidas?

Van cayendo, una tras otra, las bolas de esa lotería que entrega el poder a los nuevos, eternos, fascismos. Brasil es la más reciente. 58 millones de seres han elegido un presidente, Jair Bolsonaro, que se propone destruir hasta las bases de la democracia. Incluso dañar, vender, parte del pulmón del mundo, la Amazonía, que cayó en su territorio. Nadie debería sorprenderse puesto que lo ha anunciado, pero hay un ingente número de personas que creen en la imagen que se han forjado del personaje  y obran por sentimientos sin utilizar la lógica. Sin dar la importancia esencial que tiene la razón en el comportamiento humano.

Brasil es el último ejemplo, pero otros 62 millones de electores entregaron su confianza a Donald Trump y ahí sigue bastante estable. La lista en Europa empieza a ser larga, desde el húngaro Viktor Orbán y el polaco Andrzej Duda, pasando por Austria, Eslovaquia, hasta la Italia de Salvini. O la desnortada derecha española. La temible peste ultra avanza sin pausa impulsada por una población –cuesta llamarla ciudadanía- que vota con una obcecación impropia de seres racionales. No hay excusas. No son ideologías del juego democrático.

Me dirán, y estoy de acuerdo, que partimos de democracias imperfectas. En muchas de ellas, el peso de la corrupción altera todos los esquemas. Por cualquier campo que se indague –escribí del  narcotráfico en el artículo anterior – vemos el dedo que duele en cuanto toca. Y que hay circunstancias, quizás consecuencias, diferenciales en este momento histórico.

La impunidad viene instalada en la esencia del capitalismo pervertido ya en la anterior crisis del 29. No hay ni en Tulsa, ni en parte alguna, a quien reclamar por Las uvas de la ira.  La crisis actual ha ahondado las desigualdades, ha expulsado del sistema a muchas personas, las ha abandonado. Y las ha manipulado a niveles desconocidos. Sí, siempre hubo quien ejerciera esa labor. Pero ahora, se multiplican los púlpitos mediáticos plegados al poder, los mensajes uniformes y masivos, y las fake news operan con inusitada fuerza.

Es indispensable marcar la diferencia, cada vez con mayor rotundidad, entre el periodismo y la propaganda. Los medios a los que ataca Trump, por  ejemplo, son los que cumplen su labor de informar. El magnate norteamericano supo utilizar esa baza para identificar el descontento ciudadano con los medios críticos. Les llama “los enemigos del pueblo”. Según contó Almudena Ariza, corresponsal de RTVE en Nueva York, “en un sondeo reciente de CBS, el 91% de sus “strong supporters” opinan que la información que Trump proporciona es precisa. Y solo el 11% cree en los medios como fuente fiable”.

Trump ha usado las fake news a discreción en su campaña y en su ejercicio de gobierno. Bolsonaro le ha imitado, con éxito. En España hace tiempo que funciona la estrategia contra la izquierda. Hay millones de seres dispuestos a creer cualquier falacia malintencionada, siempre que conecte con algo que anide en sus intestinos. A creer cualquier explicación simplista. Insisto en que las tribuswasaperas están teniendo una influencia decisiva en la involución. Se tragan y difunden lo que sea como si fuera verdad absoluta.  Creen. Quieren creer. Da más trabajo pensar.

Hay razones para el descontento. El error se da al abordar las soluciones, cegados por influencias que no descartan ni el odio. Lo priorizan. El rechazo al Partido de los Trabajadores de Brasil ha llevado a muchos de esos 58 millones de votantes a creer que sus problemas los arreglará un régimen fascista. Así sucede en otros países. Así pasó ya en la trágica Europa de Hitler y Mussolini. En España, se impuso por las armas.

Toda la historia de la filosofía se puebla de esa incógnita por la que algunas personas obran en contra de sus propios intereses. Es una de las primeras definiciones de la ignorancia. Siempre acompañada de osadía y autosatisfacción.  El caso es que la irracionalidad gana terreno. Y vuelven las críticas a lo que no ha sabido hacer la izquierda. A que no convence. Explorando causas y soluciones,  llegamos a la conclusión de que insultar a los votantes de Trump no sirvió de nada. El país de los 200 millones de habitantes, algo más abajo, se entrega a Bolsonaro. Igual todas son tácticas fallidas.

España elige un líder de la derecha oficial, el PP, que produce sonrojo. Su desfachatez, su incultura, sus mentiras descomunales. Los discos sin fin con las cuatro ideas repetidas de los líderes de Ciudadanos se inscriben en similar contexto.  Y ya no nos falta más que la promoción de la ultraderecha neta con ese cortejo de los horrores con el que aumenta sus filas. Y todo ello alentado, y al menos lavado por buena parte de los medios.

Al ciudadano que se siente a gusto con esta situación le molestan las críticas. Es consciente de su poder. Existe, en ese sector y en la izquierda exquisita, una autentica apología de la ignorancia que acusa de clasista cualquier apelación al conocimiento. Siempre recuerdo a José Luis Sampedro cuando hablaba de los votos tan condicionados como para pervertir su sentido. “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”, concluía.

A este ser escasamente lógico, los datos contrastados le sobran, le convencen más los mensajes emocionales, viscerales. Lo  que mejor funciona, decían los expertos, es ganarse su confianza y desplegar la persuasión, con múltiples cautelas para que no se replieguen.

A la ultraderecha troglodita que alcanza el poder le basta con mentirles y decirles lo que quieren oír. En algunos casos, hundidos en la miseria, les seguirán creyendo. Se trabajó y se trabaja mucho para que así sea. Tenemos un problema grave y creciente.  Porque perturba la convivencia de todos. El futuro.

La condescendencia tampoco funciona. Poner la otra mejilla nunca resultó para las víctimas. Hay que enfrentar la verdad, decir las cosas claras, y mover las teclas con efectividad.  “Es hora de aullar», dijo José Saramago hace 14 años. «Se presentan tiempos de oscuridad, el fascismo puede regresar y llegar a la paradoja de que  -por ejemplo, en la Unión Europea-  haya un país en el que el pueblo decide elegir un gobierno fascista. ¿Qué vamos a hacer después?».

¿Qué vamos a hacer antes, ahora, cuando aún hay tiempo para nosotros?