Lo único importante es cazar ratones

“Gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones”‘. El proverbio lo aprendió Felipe González en 1985  del entonces líder supremo chino, Deng Xiaoping. El mandatario español no dejó de repetirla en todo el viaje oficial al país asiático. Hombre de notable inteligencia, González aprendió pronto las lecciones del peculiar pragmatismo que iba a imponerse. El que nos ha traído hasta aquí.

Podemos hablar de la vergonzante foto del rey emérito Juan Carlos I con el príncipe heredero saudí. Del brexit británico, del declive de la UE, de los fastos con sordina para recibir a Xi Jinping, presidente chino. De la mujer de 65 años que este lunes se suicidó en Madrid cuando iba a ser desahuciada de su casa por no pagar el alquiler. Todo se rige por esa misma prioridad práctica de la vida, trufada de egoísmo y laxitud ética.

La visita de Estado – al más alto nivel– de Xi Jinping es “clave para los intereses económicos españoles” y el Gobierno  ha activado un dispositivo con centenares de agentes para evitar movilizaciones y manifestaciones de protesta. Ocurre que China es una dictadura comunista nominal y capitalista de facto, no respeta los derechos humanos y hay gente a quien le molesta. No a los grandes mandatarios y empresas que extienden alfombras rojas para recibir a sus dirigentes y firmar acuerdos comerciales.

China es la primera potencia mundial oficial u oficiosa y, como preveía, ha formateado a la sociedad a su imagen.  Imponiendo su modelo de éxito, basado en la precarización laboral y en reprimir toda protesta. A costa de sus ciudadanos, obligados al algo es mejor que nada. Sin prisa y sin pausa, China logró entrar en el mercado mundial el 1 de enero de 2005. Se había preparado a fondo, aguardando a que se le abrieran las puertas que sobre el papel le cerraba su forma de gobierno. China entró en tromba, abarató los precios de los productos que fabricaba en serie, a niveles irrisorios, y cambió las leyes del comercio mundial. El balance de los tres primeros meses de ese primer año arrojaba, por ejemplo, una destrucción de mil empleos diarios en el sector textil español.

Son datos de un reportaje que propuse a Informe Semanal. Y que reveló aspectos realmente dramáticos. No ya por las condiciones de trabajo, bien duras, sino por la  remuneración de los trabajadores.  “El impacto del coste laboral en empresas como ésta no es tan grande. Aquí representa un 1%. A nosotros nos afecta mucho más un incremento en los precios de la electricidad en la provincia”, declaró con soltura el portavoz de una fábrica en Turpan Ezquel, Xinjiang (China).

Algo habrá cambiado desde 2005. Pero ahí siguen sus ya casi 1.400 millones de habitantes, no menos de 850 millones de personas en edad laboral , una quinta parte de la de todo el mundo. Con China, antes y después  otros países en desarrollo  componen la “fábrica del mundo” en condiciones muy parecidas. Y  no abundan los empresarios que quieren pagar más cuando pueden pagar menos, si legislaciones altamente permisivas se lo autorizan. Todavía en Europa el porcentaje de los salarios en los costes laborales supera el 40%, según estos datos. Pero cae en picado de día en día. Casi un  2% de poder adquisitivo perdieron los españoles en 2017, la cifra peor tras Grecia.

Lo importante es cazar ratones.

¿Y qué me dicen del funeral europeo por el brexit británico? Siempre fue un socio influyente y privilegiado, nunca sintió en su corazón el proyecto europeo. Pero igual es preferible hablar de la Unión Europea en ruinas, de Europa en ruinas. Ya apenas tiene influencia internacional. Se lo ha labrado con sus políticas neoliberales, con su paquidérmica burocracia, y con un conservadurismo que ha abierto la puerta a la ultraderecha, a través de una insoportable tolerancia que venían avisando desde lejos.

Los EEUU de Trump rivalizan con Europa, sin respeto, y le han puesto la proa. China acerca posiciones en esa misma pugna por el control del tablero global. El mundo ya no necesita a Europa, mientras sus dirigentes y sus ciudadanos no se enteran o no quieren enterarse. El mundo necesita al dinero venga de donde venga. La mayor parte de la deuda europea, norteamericana y de países con problemas  está en manos de China. Adquiere recursos naturales en Latinoamérica y África, levanta infraestructuras, compra y compra. Lo llamativo es la escasa difusión que se da a su enorme expansión e influencia.

Cazan ratones. Sobre todo en las alturas donde habitan las peores cloacas en diversos países y continentes. Con el tiempo, a veces en un muy breve espacio de tiempo, gobernantes con intenciones iniciales positivas van entendiendo el tinglado y se unen con fervor a este pragmatismo. Tsipras en Grecia le dio un auténtico abrazo de oso. Algo vemos por aquí también, con nitidez.  Voces muy engrasadas ayudan. Van creando climas de opinión favorables y desfavorables a los intereses de sus eufemísticamente llamados  think tank. Lo primero es lo primero. Pronto veremos, como avisa el periodista Enric Juliana, la presión para una alianza de gobierno entre PSOE y Ciudadanos.

Juan Carlos I saluda al Príncipe  saudí Ben Salman
Juan Carlos I saluda al Príncipe saudí Ben Salman

Juan Carlos I lo sabe bien. Por eso se hizo una foto con el Príncipe heredero saudí Ben Salman, MBS, a quien la CIA acusa de ser el instigador del asesinato y descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi.  Anda de gira lavando su imagen y Juan Carlos y Cristina de Borbón se apresuraron a dársela, a domicilio en Abu Dhabi. Se diría que entraron los tres juntos en el túnel de limpieza.  Ni viaje privado, ni casual, como dice la Casa Real y miembros del gobierno, dado el cargo que ocupó y ocupa Juan Carlos. Sabía que no tendría consecuencias relevantes. No por el momento, aunque todo va socavando la imagen.

Por cierto, la participación de Arabia Saudí en la guerra de Yemen, en la masacre de su población, es conocida. Las miles de vidas arrasadas son tan importantes como la de Khashoggi, sin duda, la diferencia radica en que matar a un periodista es apagar la voz que informa de todas las demás muertes y desmanes.

En este escenario encaja perfectamente –eso sí, en una esquina de la parte de atrás la mujer de 65 años que este lunes se suicidó tirándose por la ventana antes de ser desahuciada. No es la primera, ni será la última por desgracia.

Por todo ello, resultan bastante patéticos los patrioterismos de hojalata, las medias verdades, las falsas polémicas, los millones de incautos, y la mala gente perenne. Sería hora de multilateralismo y cooperación. De priorizar lo importante. De ver el fondo con el que arropan las mentiras y las trampas. De levantar las puertas que cierran las rejas de las jaulas, porque igual los ratones cazados no están en lejanas montañas.

 

*Publicado en eldiarioes 27/11/2018 – 

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1 comentario

  1. Paco

     /  9 diciembre 2018

    Es terrorífico saber que millones de chinos viven bajo tierra, “Cuando China despierte el mundo temblará” (Napoleón)

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