Yo me sacrifico, tú te sacrificas, él nos sacrifica

 Últimamente ese corifeo que forman -en distintos tonos y timbres- el gobierno y los altos mandos del PP, repiten que nos han “pedido” sacrificios. Les confieso que yo siempre me quedo perpleja. Si es una solicitud, implica que podemos negarnos. E incluso responder: sacrifícate tú. En todo caso, sacrificarse siempre es voluntario, porque de ser otros los que te inflingen “sacrificios” se trata con mucha más propiedad de tortura.

Veamos. El concepto se las trae. Habla de “ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad” en la primera acepción de la RAE. ¿Los mercados directamente o sus representantes en la tierra FMI, UE, BCE e incluso Angela Merkel o el propio Mariano Rajoy y todos los actores y beneficiarios del neoliberalismo? La primera reflexión fundamental es saber quién ha establecido esa jerarquía, tan drástica e incontestable que impone perjuicios y privaciones al resto.

“Poner a alguien o algo en algún riesgo o trabajo, abandonarlo a muerte, destrucción o daño, en provecho de un fin o interés que se estima de mayor importancia”, aclara el diccionario. Y se ajusta a la realidad. Ya vimos y vemos que cada vez se nos hace pagar más por menos servicios, y es evidente que esos dolores y quebrantos se practican “en provecho” de algo superior a nosotros, el común de los mortales. La divinidad propiamente dicha. De “matar reses u otros animales, especialmente para el consumo”, empezamos, por tanto, a no estar muy lejos (entiéndase el consumo de la deidad). ¿Quién ha elegido y aceptado esa superioridad de algo o alguien por la que se sacrifica a los demás?

La Real Academia de la Lengua ofrece también dos acepciones más concordantes al siglo XXI, sin dioses ni nada. Para ellos, sacrificio es igualmente: “Sujetarse con resignación a algo violento o repugnante”. A las pruebas me remito sobre las arcadas que nos producen a muchos –diría que hasta a la masa ameba- las medidas políticas, sociales y económicas que nos están aplicando. Pero de “resignación” en buena parte de los casos ni un ápice, más bien nos generan indignación y hasta exacerban bajos instintos. Hay quien sin embargo se tapa la nariz y los ojos, al parecer, y acepta el suplicio seguramente basado en otra definición: “Renunciar a algo para conseguir otra cosa”. ¿Qué? ¿Ser cada día más pobres y más desgraciados? Ah, la divinidad asegura y las protozoos creen que será la recuperación económica, el empleo y el maná en lluvia profusa. Pero la gente que piensa y saca conclusiones ya sabe que esto no va a suceder y que -el lejano día en el que por este camino cuadre alguna cifra- será a costa de unos ciudadanos altamente “sacrificados” de vida y futuro. ¿Quién gobierna realmente y para quiénes se gobierna? ¿Creen que oleremos siquiera el botín que, a nuestra costa, se han reservado?

De cualquier forma, usar la palabra “sacrificio” en política, lo mismo que el “gobernar implica repartir dolor” de Gallardón, es concebir la vida pública como una religión. Como la católica para ser más precisos que lidera (con el judaísmo) el uso de la tristeza, el daño, el castigo, la resignación, la culpa y la pena entre todas las existentes hoy. Ya sabemos que los “sacrificios”, incluso humanos, sí se practicaban en las épocas previas al conocimiento, o en las que quisieron apagarlo. Aceptar esa directriz en el lenguaje, no es inocuo: se interioriza en la mente. Y hace aparecer el sacrificio como algo bello y esforzado. Para algunos al menos. Nunca el lenguaje es inocuo.

Siempre he imaginado al PP metido en una cámara de criogenización, en la que entraron cuando la dictadura franquista se encontraba en pleno apogeo, a conservar su naturaleza. Algunos, por edad, debieron nacer incluso dentro de ella. Alimentados todos ellos con las esencias de Torquemada y otros ilustres antecesores que aún deben levitar sobre las cápsulas. Salían, descongelados temporalmente,  a esparcir declaraciones. Ahora ya, con el poder en las manos, hacen daño y destruyen como manda el sacrificio. A otros.

Pero que no nos engañen, esto no lo sufrimos por propia voluntad. Yo no me sacrifico. Tú tampoco, creo. Nos sacrifican. Y, a veces, aún dicen que “no les gusta” hacerlo. Nadie nos “ha pedido” nada, es impuesto. Y sacrificar a otros viviendo uno, además, divinamente –nunca con más propiedad- tiene un nombre bastante menos bucólico: tortura y, en todo caso, privación de bienes.

No queremos ganarnos el cielo que es asunto muy personal, queremos una sociedad real, moderna y avanzada en la que se busque el bien de todos los ciudadanos. Compuesta -precisamente- por ciudadanos, no por feligreses. Y en la que un mandato de gestión no implique creerse una divinidad. Mal andamos, por cierto, si estos personajes son nuestros dioses.

Enrique Meneses, espíritu libre, periodista único

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Decía que “por su sangre corría tinta… y un poco de whisky”, en sus últimos años discurrieron también los bits de Internet, siendo uno de los pocos periodistas de su edad que se apuntó con pasión a la tecnología. Ha muerto Enrique Meneses, la concepción más romántica y esforzada de nuestra profesión y un espíritu luchador y libre como pocos he conocido.

«La vida profesional de Enrique Meneses englobó en un solo periodista dos eras de un oficio: la antigua época de las máquinas de escribir y la contemporánea de las tecnologías de la información. Su primera nota la escribió en aquellos tiempos pretéritos, en 1947, el día de la muerte de Manolete. Y sus últimos textos y comentarios periodísticos los rubricó en pleno siglo XXI en su blog personal y en su cuenta de Twitter«, dice su necrológica en El País. Todas hablan, desde luego, de aquel arrojado español que se plantó en Sierra Leona en 1958 para cubrir la revolución cubana al lado de Fidel Castro y el Ché Guevara. De sus múltiples hitos que pasaron por las revistas Life, Paris-Match, por TVE, donde creó el mítico programa de reportajes “A toda plana”. Pero una vida como la de Enrique Meneses no cabe en ninguna reseña.

Impulsó hasta última hora nuevos proyectos con periodistas jóvenes. Javier Barrera y Rosa Jiménez Cano a la cabeza de su admiración y apoyo. “Enrique Meneses fue una persona indómita. Completamente indomable. “No recuerdo haber ido jamás a una rueda de prensa en sesenta años de profesión”, nos explicó más de una vez a los 1001 Medios, laboratorio que contribuyó a formar desde el primer momento, en 2009”, escribe con un nudo en la garganta Javier. Por ese contacto y entrega de Enrique Meneses a mantener el espíritu del periodismo auténtico, muchos le conocen cuando sus coetáneos le olvidaron y sobre todo beben en las fuentes de lo que debe ser esta profesión de servicio público. Sin cesar invitaba a emprender aventuras, a no acomodarse en una silla y un ordenador. A salir a la calle, ver y contar.

Pero, de cualquier edad, conocerle era… amarle y admirarle. Georgina Cisquella, colega de RTVE, impulsó un magnífico documental sobre su vida, cuyo título no nos gustaba (ni a ella, ni a él) pero plasmaba a la perfección quién era este hombre único: Oxígeno para vivir. De la generación Mágnum a la generación 2.0.

Porque, sí, demasiado tabaco nubló sus pulmones y llevaba 12 años atado a las botellas de oxígeno y a una silla de ruedas. No por ello dejaba de viajar y dar conferencias, siempre brillantísimas. Encandilando a la audiencia. Aun con  el cáncer que llegó después, años de tandas de quimioterapia que decidió suspender. Nunca perdió las apasionadas ganas de vivir, solo comprendió al final que había perdido esa partida.

Inteligente, agudo, chispeante, un punto coqueto, acogedor, indómito –como escribe Javier-, divertido, su vieja casa de la Ciudad de los Periodistas en Madrid se llenaba mil veces de cables para seguir difundiendo cómo veía el periodismo y la sociedad. De charlas jugosas con periodistas de todas las edades. Su blog es una fuente de conocimientos.

La última vez que hablamos y le anuncié que pronto iría a verle, me dijo: Como tardes mucho, me habré muerto. Y no le creí. Me dolía infinito verle en esas penurias aunque a él no le doblegaban. No estaban a su altura. Se va un día de niebla espesa. Con un país que se desmorona y nos encoge aún más el corazón. Él tuvo una vida plena. Contra la corriente. Contra la adversidad. A favor de la vida, del periodismo que cuando atrapa impregna cada poro de cuerpo, piel y neuronas. Él fue feliz: le llenaba lo que hacía. Y hay algo en la tristeza por su muerte que se alivia pensando que Enrique Meneses hizo lo que quiso hasta el final.  Prefiero recordarle con una sonrisa. Fue un privilegio conocerle y aprender de él.

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Los méritos perjudican… en España

Iker Casillas es hoy noticia por dos razones: por haber sido considerado –por quinta vez consecutiva- el mejor portero del mundo… y porque el entrenador, José Mourinho, lo deja de suplente en el banquillo. Hoy jugando en el Bernabeu como mayor bofetada. Ni me apasiona el fútbol ni lo sigo, y mucho menos el del Real Madrid, pero algo no cuadra.

Hace poco Javier Gallego, un periodista innovador y pura raza, fue echado de Radio 3, de RNE… y unos días más tarde le fue concedido el Premio Ondas. Tampoco parece lógico. Que le rescindieran el contrato.

Rodrigo Rato está imputado por su gestión en Bankia, entidad hundida hoy y cuyo rescate nos está saliendo por un ojo de la cara a los ciudadanos. Rato, además, salió por piernas de la presidencia del FMI en donde fue ampliamente criticado, y es el autor del decreto liberalizador del suelo que infló la burbuja inmobiliaria que hoy pagamos todos. También fue elegido hace poco uno de los cinco peores directivos del mundo. Y, sin embargo, Telefónica Movistar acaba de nombrarlo consejero asesor para Europa y Latinoamérica. Salvo que quieran destrozar la compañía o hacer lo contrario de lo que proponga, tampoco se entiende esta elección.

Si se analiza más, vemos que quien aparta al gran portero y mejor persona, es un ser humano mediocre enzarzado en peleas turbias. Que a Javier Gallego, le quitaron Carne Cruda, porque molestaba al PP instalado en la radiotelevisión pública. Y que lo de Rato huele a trapicheo clientelista.

Pero hay una cosa clara: los méritos en España no sirven. Por el contrario, provocan envidia y resultan perjudiciales. Abonados al intercambio de prebendas entre mediocres, así tenemos al mando al personal que vemos. A esos Bañez, Mato, Cospedal, González D. Ignacio, Montoro, De Guindos y la larga lista que acaba en Rajoy. Y a los empresarios y demás tropa. Todo es igual, al que destaca a cortarle la cabeza. Y así no hay quien salga adelante.

*Actualización: Han expulsado del campo a Adán y el tal Mou ha tenido que poner a Casillas. Justicia poética. Algún día los mediocres perderán la batalla.

Majestad, España, españoles, conseguido, generación, cosas

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Rafa Cereceda, de Euronews, ha elaborado esta nube de las palabras más repetidas en la -presunta- entrevista al Rey efectuada por Jesús Hermida par RTVE. La publica eldiario.es. Fue una charla absolutamente prescindible en la que el periodista habló más que el entrevistado y ninguno de los dos dijo nada interesante. Una oportunidad fallida de «relanzar» la monarquía -era el propósito- en sus horas más bajas.

«Cosas» fue una de las palabras que más se pronunciaron como vemos. Sí, vimos que el Rey de los discursos tiene poco que ver con la desconocida persona que habita la Institución. Comprobamos que Juan Carlos de Borbón es ante todo… campechano. Y poco más. Conservador también. Muy alejado de la realidad como parecen estar todos los poderes.

Me tocó hacer -a regañadientes- nada menos que dos reportajes sobre el Rey en mi destino en Informe Semanal. Me dicen que los están reponiendo. Dado el rendevou con el que siempre ha de ser tratado el monarca en los medios públicos, al menos no me avergüenzo de ellos. Estaban todos los temas candentes en sus momentos respectivos. Sin cortapisas y sin jabón. Del segundo hace hoy 5 años justos. Cumplía Juan Carlos 70 años. Fue mi último reportaje en la Casa, al salir con un ERE. La nube era de lágrimas cuando, con una tarta en imagen, leí el cierre que había escrito: «Luz para los años vividos, calor para el futuro que llega a partir del próximo segundo«. El Rey en ese momento era lo de menos. Posiblemente, hoy también.

Cuando la dignidad de un país se quema «a lo bonzo»

Apenas saben sino que -dicen- tenía 57 años, nacionalidad magrebí, estaba casado, era padre de dos hijos, y se ganaba unos euros como aparcacoches ilegal. El jueves se prendió fuego “a lo bonzo” frente al Hospital Carlos Haya de Málaga. Acababa de ser atendido en urgencias por una crisis de ansiedad. Al salir, como cada día se compró un paquete de Ducados y –esta vez- un mechero. Pagó 5 euros. Poco después se roció con gasolina y se prendió fuego. Los taxistas que aguardaban frente al centro médico acudieron a socorrerle con extintores. Les dijo: “No tengo ni para comer”. Se abrasó aún así el 80% de su cuerpo. Este viernes ha muerto.

La noticia ha venido teniendo un tratamiento a medio gas por los medios informativos, excepto en La Sexta que incluso ofrecieron imágenes. Perdido en las páginas de otras muchas informaciones, poco a poco se han ido desgranando algunos datos más sobre él. Fue albañil pero se quedó en paro. Sus huellas dactilares quemadas impiden, sin embargo, identificarlo plenamente. Es decir, esta persona a la que conocían en el barrio, que había entrado ya en la indigencia, no tiene ni nombre aún.

Es la historia de la precariedad. Primero se pierde el empleo, después la casa… más tarde la razón por la angustia. La desesperación enciende la mecha final. Muchos, en ese punto, ya han entrado en la indigencia. Ya acarrean el estigma de inadaptados en esta sociedad tan estupenda. La gente de bien no es así. Pero más de cinco millones de personas carecen de trabajo en España, se han practicado 400.000 desahucios durante la crisis, en progresión ascendente. No todos tienen abuelos que cobren pensión para subsistir. Por ley de vida, no todos los tendrán en un cierto tiempo.

Pero hoy – en Madrid por ejemplo – están muy enfadados porque hay huelga de Metro en defensa de su puesto de trabajo y en contra de la privatización de un servicio de todos. Y porque mañana la habrá y algunos padres no podrán llevar a los niños a la Cabalgata de Reyes para que vivan la ilusión de recibir regalos… por segunda vez como mínimo en 3 semanas.

Realmente, con “el bonzo” desconocido se está quemando nuestra sensibilidad y nuestra dignidad como pueblo. No la de todos, claro, muchos están mostrando el estupor absoluto por la indiferencia general. Llegará un día en el que esas llamas abrasarán también las posaderas de los amorfos de variada tesitura. Como decimos tantas veces: ya no habrá nadie para socorrerles.

La gran estafa: pagar más por menos

Desde el 1 de enero, somos aún más pobres. El festín de incrementos de precios de comienzo de año no ha tenido en cuenta las brutales subidas de 2012, y ha vuelto a aplicarse con rigor, corregido y aumentado. La técnica la conocen sobradamente griegos y portugueses a quienes se sigue exprimiendo cuando ya parecía que no pudiesen sangrar más sus bolsillos… y sus vidas. Todo se resume en una máxima neoliberal: hacer pagar a los ciudadanos mucho más, por mucho menores servicios. La cuadratura del círculo, la llaman. Lo asombroso es que se acepte.

Muy notable el incremento de la electricidad (aplazan gas y butano para inducir a pensar en su buena voluntad). Transportes, peajes, correos, teléfono. Madrid y Barcelona suben el agua. Y la capital registra un fuerte recargo del IBI. Se nos aplica también el euro por receta. La gasolina vuelve a las andadas tras el estratégico descenso de noviembre para colarnos un IPC más moderado.  No hay quién dé más. Por el momento, que todo se andará. Insisto, miren a Grecia y Portugal.

 En consecuencia, baja nuestro poder adquisitivo. Significativamente. Porque además, entretanto, los nuevos parados cobrarán menos a partir del sexto mes. Siguen congelaciones y bajadas de sueldo, y se esperan muchos más despidos. Es así aunque De Guindos haya vuelto a sacar la bola de cristal para incautos y diga que como a finales de 2013 se empieza a crear empleo. ¿Cómo si no se reactiva el consumo y es imposible hacerlo con tanta merma? Igual tienen Rajoy y sus huestes alguna explicación que darnos sobre de qué forma se puede comprar cuando falta el dinero, y a qué Virgen o Santo Patrono se han encomendado para que la economía crezca y cree empleo en un país cuyos ciudadanos tienen cada vez menos dinero que gastar.

 Lo que resulta aún más pasmoso es que todas estas subidas dan derecho… a menos servicios. Con incrementos y repagos, cada vez es más difícil acceder a ellos y muchos no van a poder. Algo se ha hecho muy mal –o muy bien según el objetivo- para que con tanto recorte y alzas de precios la deuda pública se le haya disparado a Rajoy del 68,5% que la dejó Zapatero al 77,4% en el tercer trimestre y, a la espera de los datos del cuarto, la previsión del gobierno sea que haya cerrado el año en el 85,3%.

¿La herencia? Todo el “despilfarro” que se atribuye al presidente socialista se centra en el mal diseñado cheque bebé (4.000 millones en 3 años), aunque a muchos vino bien. Y en el Plan E que –si bien es cierto que de plan-ificado no tenía nada tampoco- fue gestionado de muy diversas maneras. Aunque fuera edificando una réplica de la Puerta de Brandenburgo y demás monumentos europeos (como hizo el alcalde del PP de Torrejón de Ardoz), algún albañil, fontanero o pintor se emplearían. Y, en ningún caso, los 12.000 millones (en dos fases) destinados a ese fin justifican los recortes infinitamente más elevados que ha aplicado el PP. Tantos que ya se pierde la cuenta, pero solo en los primeros Presupuestos Generales del Estado de 2012, fueron 47.000 millones y luego siguieron en cadena, con entusiasta colaboración de las Comunidades Autónomas. ¿A quién benefician estos tijeretazos? Es pregunta clave. Y ¡aún así no les llega! Y tienen que seguir cortando.

¿A que va a ser otra cosa lo que pasa? Pagamos la crisis internacional, la “refundación” de la sociedad por el capitalismo –cuando iba a ser al revés-, despilfarros reales y múltiples, la burbuja inmobiliaria con sus corrupciones y pésimas gestiones, o ese rescate estupendo a bancos y cajas enladrillados de 100.000 millones de euros. Pero hay más…

¿Cómo ha aumentado Rajoy la deuda casi 17 puntos en solo un año si esas cifras se mueven tan despacio? Por los intereses. Como no pide el rescate para el país que los especuladores esperan, cobran más caro el préstamo y ellos tienen bula. Ya sabemos que al BCE le prohíbe su religión (o sea su estatuto) prestar a los gobiernos directamente. Así que da dinero, mucho, a los bancos privados al 1% y estos lo cobran al 5% o 6%, incluso a los gobiernos. Además de nuestros amigos “los mercados” que buitrean cuanto pueden.

Rajoy -como todos los neoliberales-, puestos a sacrificar a alguien, lo hace a los ciudadanos que pagan impuestos… y se callan. Los especuladores son intocables. Y salivan al ver que cada vez hay más tajada a la que hincar el diente. La deuda es un gran negocio, una ganga. Ya nos apañamos con Zapatero y Rajoy una reforma constitucional que consagra de por vida –o hasta que se cambie- que ésta sea la ley.  A los mercados –bancos incluidos- que no nos los toquen. Y no hay límite. Como del cerdo, de los ciudadanos se aprovecha todo, hasta el hígado. Y ahora van también a por las pensiones, después de cotizar toda la vida para pagarse un sustento en la vejez.

 A ver, Sr. Rajoy, Frau Merkel y toda su parentela local, nacional e internacional…  El Estado del Bienestar era sostenible hasta que llegaron Vds. a los grandes órganos de poder. No se entiende que saqueen la hucha de nuestros impuestos por muchas explicaciones técnicas que nos inyecten en vena sobre “ el reparto de partidas contables diseñadas” –definición que presto a sus creadores de neolengua– y, encima, cada vez nos den menos a cambio. En una empresa mercantil –y en eso han convertido Vds. los países- lo que están haciendo se consideraría una estafa. Y, en las empresas, cuando los contratados para la gestión –su caso-,  timan, expropian y desfalcan al personal, no cabe otra solución que el finiquito y una denuncia en comisaría.  Una inmensa tela de araña, tejida a propósito, impide que buena parte de los ciudadanos lo contemple así. Pero ¡ay! del día en el que, exprimidos hasta el tuétano de los huesos, el soplo de la cordura aviente esa turbia red y todos -salvo los adocenados sin remedio- lleguen a verlo claro. No tendrán campo para correr. No es la primera vez en la Historia que el poder no advierte el profundo e irreprimible hartazgo que las medidas arbitrarias causan en sus víctimas.

 *Publicado en eldiario.es

Cospedal ganó más (aún) de lo que dice

  El último día hábil para declarar sus ingresos, un 31 de Diciembre que permite que la noticia pase más desapercibida al no publicarse diarios el 1 de enero, hemos sabido lo que -dice- ganó María Dolores De Cospedal en 2011. La cantidad ha causado alarma en quienes pese a todo han logrado conocerla. Lo curioso es que ni siquiera esa abultada cifra parece cierta. Es mayor. Ignacio Escolar se ha molestado en hacerse preguntas y buscar respuestas, indagando en más datos. Éste es el resultado:

Las trampas en la declaración de la pluriempleada De Cospedal

Ignacio Escolar

Como imagino ya sabrán, María Dolores de Cospedal ha declarado ganar 158.388 euros en 2011. Es falso o, al menos, una media verdad. En realidad cobró bastante más: por encima de los 200.000 euros en solo un año. ¿La razón? Que De Cospedal ha cambiado el modelo de la declaración de ingresos de los diputados de Castilla-La Mancha para tapar sus vergüenzas. Hasta hace un año, se declaraban los ingresos íntegros. Ahora son solo los “ingresos netos”, descontando los impuestos. Por eso a los 158.388 euros hay que sumar las retenciones para hacerse una idea más real de la demagogia de esta política que tanto reivindica la austeridad. La de los demás.

La trampa de los ingresos netos permite camuflar algunos datos. El más llamativo: que el año pasado, en plena crisis, el PP pagó a De Cospedal un 65% más. Como lo oyen. Según sus propios datos, De Cospedal cobró en 2010 como secretaria general del PP 153.271 euros brutos, 107.289 euros netos. Si dividimos el sueldo en doce pagas, salen 8.940 euros limpios al mes. Al año siguiente, en 2011, De Cospedal se llevó 88.897 euros netos del PP por medio año, “hasta junio de 2011”. Es decir, 14.817 euros limpios al mes.

A bote pronto hay dos opciones para explicar esta enorme diferencia: o bien le subieron el sueldo –y no poco: salen 5.877 euros más por cada mes–, o bien el PP le pagó algún tipo de indemnización extraordinaria cuando dejó de cobrar. Ambas son igualmente cuestionables y merecerían alguna explicación porque el dinero de los partidos, aunque se gestione de forma opaca y arbitraria, sigue siendo dinero público.

Si es misterioso el sueldo del PP, el del Senado no lo es menos aún. De Cospedal declaró cobrar 32.191 euros netos como senadora en 2010. Sin embargo, en esta última declaración asegura que cobró en seis meses del Senado prácticamente la misma cantidad que en todo el año anterior: 31.775 euros netos hasta “julio de 2011”. Los números solo cuadran, y no del todo, sumando la parte proporcional de las dietas de desplazamiento: 25.513 euros en 2010, a pesar de que De Cospedal tiene una vivienda de 265 metros cuadrados en Madrid. No se sabe, eso sí, por qué De Cospedal separó las dietas en otro apartado de su declaración de 2010, como “indemnización del Art 23.1 del Reglamento del Senado” mientras que en esta última declaración no aparecen como tal.

En total, De Cospedal declaró ganar 223.597 euros brutos en 2010. Tras las retenciones, se quedaban en 168.859 euros. Este año, no sabemos el salario bruto, pero el neto es solo de diez mil euros menos. Hablamos de l a misma política que, tras años de cobrar tres sueldos públicos, ha decidido dejar sin salario a la oposición.

*En eldiario.es donde Ignacio publica su artículo, tenéis las fotocopias de las declaraciones de la Secretaria General del PP y Presidenta de Castilla-La Mancha.