El ministro japonés de Exteriores Seiji Maehara, figura ascendente en la política de su país, se ha visto obligado a dimitir por haber aceptado una donación de 50.000 yenes (450 euros) de una mujer de Corea del Sur, residente en Japón desde hace años. La ley nipona prohíbe las donaciones de extranjeros. La mujer le conoce desde niño y Maehara asegura que en nada ha influido el regalo en sus actuaciones, pero en los países decentes corrupciones y cohechos (siquiera atisbos de ellos) tienen consecuencias.
Para saber qué pasa en España con estas cosas, ved más abajo (aunque no haga falta, que ya lo sabéis). Quizás, añadir un dato: Garzón declara hoy en el Supremo como imputado por las escuchas que ordenó como Juez en la investigación del caso Gürtel, hoy con noticias frescas. La defensa de Correa le pide 17 años de inhabilitación. Y puede ser que hasta la consiga. En este país somos exquisitos con los presuntos delincuentes de guante blanco… o manopla choricera.
«La corrupción es incompatible con la democracia, hiere gravemente a los propios fundamentos del sistema», decía Jimenez Villarejo. Y tanto. está inscrita en los genes de muchos españoles «comprensivos» y así nos va. ¿Recordáis cuando propuse legalizarla? Ya falta menos, el PP se dirige en bólido a La Moncloa. Democráticamente, claro está. Con los votos ciudadanos.
Un Francisco Camps sonriente firma el manifiesto contra la corrupción del PP, en presencia de los corifeos (el candidato Rajoy incluido) que aplauden. Una imagen auténticamente pornográfica. Una pantomima de la democracia. El presidente de la Comunidad valenciana, imputado por cohecho, se compromete así a actuar “ante cualquier supuesto de denuncia o de incoación de procedimientos judiciales». Denuncia, instrucción judicial, pruebas, penden de su cabeza, mientras… sonríe.
El PP, Rajoy, Cospedal, van a luchar contra la corrupción –dicen a sus desmemoriados votantes- y van a devolver el prestigio a las Instituciones. La propia democracia se desmaya ante tamaña desfachatez. Más van a hacer. Gestionando el ayuntamiento más endeudado de España, Madrid, y despilfarrando a manos llenas en muchas otras administraciones, osan prometer austeridad. Y sobre todo «más libertad». Para apoyar la enseñanza privada que no huela ni de lejos la Educación para la Ciudadanía que rechazan. «No puede ser un director general el que le diga a un padre cómo educar a su hijo. Estamos a favor de que quien quiera pueda crear un colegio privado. Si alguien, un socialista, quiere hacer un colegio privado que lo haga. Pero a lo que no tiene derecho es a convertir la educación pública en socialista». Para apostar por la energía nuclear. Para suprimir leyes y desregular a los mercados. Entusiasmado con las encuestas, Rajoy habla más claro que nunca y consagra el reinado de “los mercados” –léase especuladores-, y de lo que entiende los neocons por libertad y que no incluye la libertad de comer y llevar una vida digna para todo el mundo. Os ahorro el vídeo que ya dan y darán amplia -amplísima- cuenta de las palabras de Rajoy los telediarios.
Del otro lado, Zapatero arenga a los suyos diciendo que están haciendo y harán «las reformas que necesita España«. Los especuladores españoles vaya. Y los del mundo mundial. “Nuestra marca, la marca PSOE, se define y se resume en tres palabras: modernización, solidaridad y derechos”. En Andalucía se les han colado unos ERES fraudulentos que indignan mucho a Cospedal, hábil como nadie en la ignorancia de las vigas en los ojos propios. Y Andalucía, agotada de décadas de gobiernos socialistas, parece que se apresta a cambiar. A ¡Javier Arenas! al de toda la vida, al que arquea la ceja para poner en entredicho el Estado de Derecho -como la bienpagada Cospedal- cada vez que la Justicia actúa contra alguno de sus numerosos «presuntos»…¿No hay nadie más por ahí?
IU derrocha también “modernidad” y “coherencia interna”. Estamos aviados. ¿No hay nadie más por ahí?
Tiene que haberlo. No nos engañemos: la Política es consustancial a la democracia. La tenemos por los suelos. Y no son todos iguales, aunque no sea ningún consuelo. Lo de Camps, Rajoy, Cospedal. y Gonzalez Pons y buena parte del resto de los líderes del PP, son palabras mayores. ¿No tienen dentro del partido alguna pieza de recambio? Algo menos de caspa macilenta, bastante menos de descaro.
¿No hay nadie más por ahí? Se me ocurre que nosotros, que deberíamos poner a pan y agua a todos estos impresentables, a ver si recuerdan la función real de la política que es el servicio a los ciudadanos y la búsqueda del bien común. La dignidad del concepto ciudadano, que empieza por ellos mismos. ¿No votar? ¡Qué más quisieran! Con sus adictos, abducidos y pesebreros tienen suficiente para mantenerse en sus poltronas. Y, por favor, que se callen un poquito, que aún no ha empezado la campaña electoral, aunque sí en los medios que viven en una perpetua.
Veamos. A José Antonio Zarzalejos, ex director de ABC, devenido en voz autorizada por contraste, porque siempre vendrá quien más carca será, le indigna “¡Indignáos!”, en ingenioso juego de palabras. “Un opúsculo prologado en la versión española por el escritor José Luis Sampedro que consiste en “un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”, dice entre otras cosas. Nada, que, definitivamente, no le gusta. Y, desde la altura moral y cultural patria, desprecia a ese millón (casi dos millones son en realidad) de incautos franceses que se han bebido el libro de uno de sus más apreciados próceres. ¡Qué sabrán estos gabachos!, venga, desempolvemos a los castizos y volverán a saborear lo que vale un peine español.
La derecha más casposa se organiza divinamente para cargarse cualquier iniciativa. Y no digamos ya la que lleva la pátina del prestigio. Los “100 economistas” atacan de nuevo. Sus primeras valoraciones fueron muy aplaudidas. Eran muchos. 100 economistas de golpe dictan enseñanza. “Oh, 100 economistas”. Tienen 200 más detrás. En la Fundación Fedea: “Talento, esfuerzo y movilidad social” es su lema. Aún estamos emocionados por cómo previeron la crisis y nos contaron cómo afrontarla. Vaya, que va a ser que no lo hicieron.
Ahora son mucho más resolutos, que es bueno pescar en tiempos revueltos y el patrón del barco está cautivo y en la inopia. El martes presentan un manifiesto que será conveniente aireado por los medios. Son tantos. Cien. Y economistas. Proponen desligar los salarios de la evolución real de los precios y, en su lugar, vincularlos a la productividad. Es la última moda neoliberal. También son partidarios del arbitraje en los convenios colectivos, una puñalada más a los desmantelados, y autoderrotados, sindicatos. Algún día tendremos que saber por qué.
Los 100 expertos fueron autores en su nacimiento del contrato único para frenar la temporalidad. Sus resultados han sido espectaculares: hemos logrado una cifra récord de parados. Ahora se trata de rebajar más los sueldos españoles . De tan bochornosa cuantía que el Consejo de Europa (no confundir con ningún organismo de la UE, por favor) denunció en un informe que no se ajusta a la Carta Social Europea, por ser «manifiestamente injusto» y «muy bajo». Muchos empresarios españoles además ya producen en China «cambiando rentabilidad por Derechos Humanos», como me dice un colega.
¡Quietos! ¡Que no se mueva nadie!, dejaos de librillos, y sobre todo de informaciones subversivas, suministremos alpiste y agua al pajarito enjaulado que Fontdevila, en Público, retrata como nadie. Ni Pio, oiga. Una de las canciones de mi vida es «Bird on the wire» de Leonard Cohen. «Como un pájaro en la jaula, como un borracho en un coro de media noche, yo he intentado en mi vida ser libre».
“Shame of you¡” ¡avergüenzate de ti!, gritan miles de manifestantes en el Senado de Wisconsin. En este Estado del Midwest norteamericano se ha iniciado una revuelta de gran calado que comienza a extenderse por otras zonas del país.
Enardecido con el triunfo ultraconservador en las elecciones de mitad de mandato de Obama, el Gobernador de Wisconsin, el republicano Scott Walker, decidió proponer una ley que facilita la privatización de los servicios públicos y recorta los derechos de los funcionarios para paliar el abultado déficit público (que sin duda ellos no causaron, sino las políticas de sus gobernantes). Los sindicatos son prácticamente apartados de la negociación de los convenios colectivos (tal como se pretende hacer también en Europa).
Todos saben que el debate es sobre todo ideológico: el que libra el neoliberalismo para acabar con el sector público. Al gobernador le apoyan pesos pesados del ultra conservadurismo norteamericano, como los hermanos Koch, y los demócratas tenían en Wisconsin y en sus sindicatos un importante soporte. La ley ya está aprobada por la Cámara baja estatal, y para evitar su paso en el Senado los representantes demócratas huyeron al vecino Illinois, para no ser obligados a asistir al pleno y hacer imposible la votación por falta de quorum.
Lo cierto es que la población se ha levantado contra sus gobernantes. Las leyes les permiten entrar en las cámaras legisladoras y, dentro y fuera, protestan airadamente. La revolución no es sólo árabe, y de hecho desde Egipto se apoyó al Estado norteamericano y viceversa.
La mayor manifestación popular desde la guerra de Vietnam, con entre 70.000 y 100.000 personas en un pequeño estado donde hay registrados poco más de 200.000. El pulso ya es nacional, entre demócratas y republicanos, entre defensores de lo público y de lo privado. Incluso Obama ha intervenido. Y los grandes medios se aprestan a sembrar encuestas a ver qué opina la ciudadanía: se inclinan de momento por los trabajadores.
Otros estados en manos conservadoras han anunciado ya recortes en los servicios públicos: Indiana, Tennesse, Iowa o New Yersey (el colmo que sea republicano el barrio obrero de Manhattan). Lo último: el gobernador de Wisconsin persiste en su actitud, pese a las protestas. La derecha ha encontrado en Walker un nuevo ídolo, le animan a apostar por la Casa Blanca.
Europa está haciendo la misma política neoliberal, sin que los ciudadanos se inmuten. España es ya un festín en el que se enajena lo público, mientras los líderes del PP anuncian sin sonrojo su pasión por lo privado, es decir, todos, por vender nuestro patrimonio a empresarios que pensarán en sus bolsillos, y los llenaran a nuestra costa. Un día más hay que contarlo.
De momento, las políticas neoliberales –las que practican ahora los socialistas- han logrado otro récord: 68.260 parados más. No, chicos, no es esto. ¡Avergüenzate de ti!, tanto si eres político como votante.
(Gracias Víctor -el viejo, el de toda la vida-, por el vídeo)
En el Reino Unido se están planteando gravar con impuestos la comida basura, el fast food. Lo más curioso es la razón: argumentan que quien ingiere estos alimentos de baja calidad tiene peor salud… y es más costoso para la sanidad pública.
El truco secreto para el éxito de estos comestibles es su bajo precio. Dudo que alguien prefiera una hamburguesa a un solomillo. Regularmente, otra cosa es hacerlo de ve en cuando por variedad o capricho.
¿Y por qué la comida basura es más barata? Perogrullo acude en mi ayuda: porque contiene lo peor del segmento alimentario. Así que los usuarios habituales enferman más y, ¡habrase visto! hay que curarlos con cargo al erario público.
Tengo por ahí un artículo que escribí en 1993. Un tal Harry Elphick fue la primera víctima conocida de la búsqueda prioritaria de la rentabilidad en la medicina, impuesta por Margareth Tachtcher. Ocurrió en Manchester. El hombre fumaba. Y tenía sobrepeso y colesterol alto. Y le dio un infarto, del que sobrevivió. Pero precisaba una operación posterior, y los médicos le dijeron que no lo harían hasta que no dejara al menos de fumar. Y el bueno de Harry murió sin conseguir su empeño. Por aquel entonces la sanidad británica comenzaba a postergar en sus listas de espera a los chicos malos que no practican hábitos de vida sanos. Si uno ingiere hasta el colmo grasas de cerdo de primera, bebe D. Perignon (a más de 100 euros vi la botella el otro día pasando por una tienda de “ofertas”) y esnifa heroína pongamos por caso, para eso tiene médicos privados que le curarán. Y además sin demoras.
En la retina aún el Día de las enfermedades raras. Un día en el año (ellos los padecen los 365) nos cuentan que hay gente por ahí que deambula de médico en médico, hasta que llega a sufrir síntomas incluso invalidantes. Pero no tienen cura. Porque no se han investigado. Les ha tocado en la ruleta rusa que sus males solo afecten a una persona entre 2.000, que tampoco es una nadería. Y no es rentable invertir dinero en buscar soluciones. Se siente.
Palabra que puedo llegar a entender que una empresa farmacéutica privada decida no gastar dinero en fabricar medicamentos con los que no se va a forrar. Es mucho entender, pero intento hacerlo. Ahora bien ¿no hay nadie más por ahí que se ocupe de estos asuntos? Para eso está el sector público que pagamos con nuestros impuestos. Ya, que mientras no me toque a mí… ¿no?
Los ejemplos se multiplican en otros sectores. Leo de vez en cuando que no se investiga en modelos superiores de aviones, por ejemplo, por lo mismo… porque no son rentables. Si el viajero ya vuela, para qué darle mejoras que cuestan dinero. Y los dueños están para ganar cuanto más mejor. Pero ¿no hay nadie más que lo haga? El desarrollo se detiene por el beneficio inmediato.
Y ya llegamos a la honda preocupación de los especuladores (dejémonos ya del eufemismo “mercados”) por las revueltas árabes. Señores, aguántense con su hambre, su humillación y sus dictaduras, que nos fastidian el negocio.
Lo más asombroso es la falta de criterio de una buena parte de la sociedad que todo esto lo ve muy bien. En twitter tengo yo unos “cons” (abreviatura cariñosa de “neocons”) que discuten y todo las bondades del neoliberalismo, de buscar el lucro privado contra viento y marea. Más aún, lo que deje vivo Zapatero del sector público, se lo ventilará en dos días el Partido Popular. Y les votaremos para que lo hagan, y nos quedaremos tan anchos.
No consigo recordar el autor de un cuento que me impactó sobremanera hace muchos años. Era del realismo mágico sudamericano. Creía que de Cortazar pero lo busqué y no lo encontré. La historia hablaba de una ciudad para cuyo obligatorio acceso y salida, para vivir simplemente en ella, se debía atravesar un túnel. Cada cierto tiempo, las compuertas de ese túnel se cerraban y gaseaban a quienes se encontraban allí en ese momento. Todos lo sabían, pero era inevitable atravesarlo. Si te tocaba morir, mala suerte. Cada día pues atravesaban el túnel la mayoría. Y unos cuantos perecían en el intento. Y la cotidianidad seguía. Lo tenían asumido.
Ahora también nos está ocurriendo. Salud, justicia, víctimas de los bancos… al que le toca, con su pan se lo coma. El egoísmo elevado a los altares por el neoliberalismo es la causa. Lo peor es que no sé si todos los sabemos. Si estamos dispuestos a hacer algo por las víctimas, aunque no seamos nosotros mismos o seres queridos. Pero pasen, señores, el túnel de la suerte o la desgracia nos espera.