La golondrina

Ayer, en el cumpleaños de una amiga, otra le regaló un álbum con disco y DVD de Ainhoa Arteta y, sonando de fondo entre la conversación, saltó un sonido que me retrotrajo a mi niñez y adolescencia. ¿Cómo había desaparecido de mis recuerdos de uso corriente una canción (mexicana) que han interpretado los más grandes? Hasta Nat King Cole.

La música revive sensaciones. Y así he comprobado de qué forma me sentía extraña en aquella tierra de patriotismo franquista, quizás en mi propio ambiente social… “¡Oh, cielo santo, y sin poder volar!”. Se abría paso la esperanza de acoger o ser acogida en un cálido nido que de abrigo, también recuerdo eso. Y reconozco asimismo ese amor atávico, ya desde entonces, por la tierra que le ve a uno nacer. Al que asiste el derecho de irritarse cuando le observa errores flagrantes, que quisiera ayudar a corregir.

Sigue sin gustarme –pese a sus grandes avances- la España que me brinda hoy -sin que se le caiga la cara de vergüenza- el rechazo al extranjero pobre. Al que, ligero de equipaje, emigró de cunas inhóspitas para tejer los mimbres de una vida más feliz. Pero la aldea global apenas ofrece ya alternativas. Y este injusto sistema que, como tanto les gusta decir, “nos hemos dado” –porque lo votamos y consentimos-, a veces quiebra las alas de los más débiles como en Haití.

He buscado vídeo en la Red para ilustrar la canción. Ninguna encaja absolutamente en la idealización de mi memoria. Era una voz, femenina, con alma, tristeza y esperanza a un tiempo. Y he terminado por elegir la voz coral de un pueblo. Una película de atracadores de bancos –de los que corren riesgos por su acción-, recompensas a sus cazadores, y despedidas. Pero no es solo ése el mensaje que quiero dejar. La historia se puede cambiar. Otros lo hicieron, aunque fuera parcial y transitoriamente. Y, de cualquier forma, si enlazamos las ramas y hojas de nuestros propios refugios – y la calefacción, y la tortilla de patata, y el ordenador por supuesto-, podemos labrar un inmenso nidal. Y, de aquí, que no se vaya ni uno más.

6 comentarios

  1. Kaustikoa

     /  17 enero 2010

    “La golondrina”, voz cálida de Marina Rossell spotify:track:6jQWdgtVrRD1pzsrQg6FXw

  2. Las imágenes de Haití nos conmueven y nos impelen a hacer algo. Soy maestra y ayer una mamá me propuso que hiciéramos una colecta en el colegio (1 euro por niño) para enviarlo. La otra cara del asunto es que esa misma mamá u otra como ella se han quejado abiertamente en alguna ocasión de que las becas de comedor se las llevan en gran parte los inmigrantes (eso dicen ellas, porque en realidad no tenemos datos, en los colegios se facilita sólo la información a los interesados, no se sacan listas). Es decir, que cuando los pobres y desvalidos están lejos, nos dan mucha pena y nos vemos empujados a la caridad (lo cual me parece muy bien). Pero cuando están aquí al lado, buscándose la vida y el futuro de sus hijos, ya se complica el asunto de ejercer la solidaridad necesaria (la ramita del nido que podemos compartir).
    Los niños y niñas becados (sean de aquí o de allá) tienen posibilidad de hacer una comida completa al día y son todos muy muy necesitados. Mientras que observo que la gran mayoría de los no becados, a pesar de la crisis, a pesar de las dificultades económicas, no sólo pueden seguir pagando el servicio de comedor sino que, con mucho esfuerzo e interés por parte de sus familias, también están apuntados a algunas de las actividades extraescolares (de pago).
    Para dar la información completa, hay que precisar que, en realidad, nadie aporta el coste del servicio al completo, en este caso, el Gobierno de Aragón subvenciona prácticamente la mitad del mismo a todos los usuarios.

  3. Hay que conservar la esperanza. Sólo la encuentro en quienes, como tu, siguen creyendo que hay que cambiar el mundo y no se lo dejan a otros. Tenemos que acostumbrarnos a conjugar el verbo cambiar en primera persona.

  4. Víctor

     /  17 enero 2010

    Vengo de pasar 20 días en Sao Paulo y el contraste con España es alucinante. Una mega-ciudad con cerca de 15 millones de habitantes y con el mayor índice de desigualdad de todo América, con una mezcla, a veces muy obscena, de lujo exagerado y mucha, muchísima pobreza. Pese a eso existe, con toda la humildad, una alegría general, unas miradas limpias y un respeto, que hacen que te sientas muy bien acogido. Su forma de entender la vida, en que el concepto de crisis ha sido una constante en toda su vida, es el mejor antídoto contra esta arrogancia europea. Contra esta vida gris llena de recelo contra lo diferente.

  5. Soto

     /  17 enero 2010

    Si no nos damos cuenta de que el cambio empieza por uno mismo no hay nada que hacer,pero tambien es muy importante lograr un sistema educativo que desde pequeñitos.pequeñitos nos vayan inculcando esos valores.Claro ,eso impmlicaria que afortunadamente estariamos en una sociedad no neoconsevadora con todo lo que ello implica empezando por la falta de solidaridad y por el negocio por el negocio en todo….¿será posible?
    Apertas agarimosas

  6. Mientras más personas abran los ojos a la realidad que nos rodea, mejor, claro que es difícil, como decia Homer “Aunque por otra parte, quíen sabe lo que está mal y lo que está bien, en estos tiempos con tantas modernas ideas y…..productos”

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