La golondrina

Ayer, en el cumpleaños de una amiga, otra le regaló un álbum con disco y DVD de Ainhoa Arteta y, sonando de fondo entre la conversación, saltó un sonido que me retrotrajo a mi niñez y adolescencia. ¿Cómo había desaparecido de mis recuerdos de uso corriente una canción (mexicana) que han interpretado los más grandes? Hasta Nat King Cole.

La música revive sensaciones. Y así he comprobado de qué forma me sentía extraña en aquella tierra de patriotismo franquista, quizás en mi propio ambiente social… “¡Oh, cielo santo, y sin poder volar!”. Se abría paso la esperanza de acoger o ser acogida en un cálido nido que de abrigo, también recuerdo eso. Y reconozco asimismo ese amor atávico, ya desde entonces, por la tierra que le ve a uno nacer. Al que asiste el derecho de irritarse cuando le observa errores flagrantes, que quisiera ayudar a corregir.

Sigue sin gustarme –pese a sus grandes avances- la España que me brinda hoy -sin que se le caiga la cara de vergüenza- el rechazo al extranjero pobre. Al que, ligero de equipaje, emigró de cunas inhóspitas para tejer los mimbres de una vida más feliz. Pero la aldea global apenas ofrece ya alternativas. Y este injusto sistema que, como tanto les gusta decir, “nos hemos dado” –porque lo votamos y consentimos-, a veces quiebra las alas de los más débiles como en Haití.

He buscado vídeo en la Red para ilustrar la canción. Ninguna encaja absolutamente en la idealización de mi memoria. Era una voz, femenina, con alma, tristeza y esperanza a un tiempo. Y he terminado por elegir la voz coral de un pueblo. Una película de atracadores de bancos –de los que corren riesgos por su acción-, recompensas a sus cazadores, y despedidas. Pero no es solo ése el mensaje que quiero dejar. La historia se puede cambiar. Otros lo hicieron, aunque fuera parcial y transitoriamente. Y, de cualquier forma, si enlazamos las ramas y hojas de nuestros propios refugios – y la calefacción, y la tortilla de patata, y el ordenador por supuesto-, podemos labrar un inmenso nidal. Y, de aquí, que no se vaya ni uno más.

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