Nueva teoría sobre los africanos y el preservativo

Se llama Rafa García de Cosío. Tiene 142 amigos en Facebook, entre ellos “El gato al agua”. Alterna sus piezas en Intereconomía –el grupo ultraderechista a quien conceden licencias de emisión Esperanza Aguirre y Francisco Camps-, con esta profunda y trascendental noticia –que él “edita” y ni siquiera traduce, es decir, copia- en donde comunica a la Humanidad que Brad Pitt y Angelina Jolie van a sacar una colección de joyería “de lujo”.  Moreno y repeinado para el trabajo, moldeado el cabello con secador y sujeto con laca, y más “casual” para la foto de la red social, ojijunto, de gruesas cejas y nariz prominente, se ha permitido –desde su incultura y ego de superioridad racial- dictar un discurso nazi contra los africanos, presentado con fruición por otra morena con cara de luna llena. Y, desde luego, autorizado –en la cadena de mando implícita- por Esperanza Aguirre y Francisco Camps. Éste:

Sería una pieza de humor, de no concurrir otras circunstancias: las que con frecuencia apunto. La mujer africana -a quien se niega sistemáticamente educación- tiene escasa voz en sus relaciones sexuales. Las ONGs escucharon aterradas como el Papa condenaba el preservativo, desbaratando su labor de años. No es un continente precisamente católico, pero si una autoridad les suprime la molestia del condón, bienvenido sea. ¿Que se extiende el SIDA? Nada como la abstinencia sexual ¿Que ni por esas? Siete niños por pareja. Para que se mueran de hambre. Para que crezcan –un poco- y se hagan malvados piratas. Y la mujer a callar.

Pero, vaya, que Rafa García de Cosío, sí debe hacerse la manicura, y guardar los profilácticos en un frigorífico. Y no los usa si viaja el trópico. Y, sobre todo, lee cada vez que tiene un apretón –con amor, eso sí- el prospecto del preservativo. Es un ser superior. Y no sólo por su físico. Una mente privilegiada que elabora nuevas teorías apoyadas en el conocimiento y en argumentos científicos. Yo le pediría encarecidamente que use siempre, siempre, condones. No vaya a ser que en su esperma difunda sus genes. Y al director del grupo. Y a cada uno de sus trabajadores. Y a Francisco Camps. Y a la nena de cara de luna llena que jamás se quede embarazada. Todos morenos, más o menos verdes, más o menos amarillos, mala suerte. Que nunca les pillen los nazis. Es que la superioridad racial es ¡tan relativa!

De cualquier forma, resulta llamativo el tesón de todos estos sujetos, empeñados una y otra vez en regresar a las cavernas. Vamos, en llevarnos a todos, con ellos, al Pleistoceno.

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