Balance del 27 de Diciembre de 2009

Mirar atrás –aunque sólo sea un año- únicamente tendría sentido para entender que los problemas que vivimos tienen raíces y no son un esqueje plantado en una tierra de la que no puede alimentarse para crecer sano.

Hoy, siguen ocurriendo cosas que interesan. En España estamos en crisis, con una juventud –que se extiende a mitad de la treintena- en paro, y con la mitad de los mayores de 50 años sin empleo o prejubilados. El resto, hipotecados de por vida. Salvo excepciones notables, claro está.

El sistema mundial hizo aguas hace dos años y medio, y los brotes verdes anunciados se sedimentan casi igual que el esqueje, en este caso en tierra podrida. Indispensable reportaje de Joaquín Estefanía en El País, con todos los porqués y contradicciones. ¿Se avisó? Desde luego que sí, pero no se abrieron los oídos. Se advierte también ahora -muy poco, eso sí, no vayamos a inquietarnos- de que transfusionar dinero a un enfermo con hemorragias descontroladas, sólo prolonga la agonía, y el mensaje se diluye en la equidistancia de las opiniones discutibles. Siempre hay alguien que dice lo contrario y es creído, aunque no tenga razón. Hay a quien “le gusta más” esa versión.

Aquí se añadía, ya sabemos, la burbuja inmobiliaria, la corrupción intolerable, la inexistencia de un tejido sólido. Males estructurales que no nacieron ayer. Pero igualmente nos perdemos en las declaraciones interesadas de líderes políticos, zanahorias agitadas en los ojos de los desinformados, mientras con la mano escondida se hurga en el cajón abierto del poder. Los Gürtell que no importan –o no lo suficiente- a la ciudadanía, la deriva de un gobierno autoderrotado, hojas del rábano que no comemos los votantes.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España, se encuentra hoy incomunicado en una cárcel de la supuestamente civilizada Dinamarca, por entrar en la cumbre de los inoperantes con un pancarta que decía: “Los políticos hablan, los líderes actúan”. Y no debe ser tema de confrontación política, porque allí sigue recordado por unos pocos. Subirán las temperaturas, en España sobre todo las nocturnas, nos coceremos, y no vendrá nadie a hervir en la cazuela entre cemento. El clima airado arrojará lluvias y tornados intempestivos, como ya está haciendo. Y saldrán los pagados por intereses cortos y privados –pero sustantivos- a decirnos que eso es mentira, y que el CO –que no el CO2- se come. Juan López de Uralde se atrevió a irrumpir en la recepción que gastaba dinero a espuertas, con putas gratis a la salida ¡pues a la cárcel!

Siguen secuestrados los cooperantes catalanes, de ese millar de españoles que andan por el mundo intentando resolver problemas acuciantes. Son insultados incluso –llamados “gorrones” por expertos en gorronería-, mientras casi hay un cisma nacional por los marineros de un barco privado de beneficios privados. Todos ellos han sido retenidos por desesperados de las injusticias que nunca se resuelven.

  Un juez sentencia a periodistas de la Cadena SER a cárcel e inhabilitación profesional, por informar verazmente de afiliaciones fraudulentas y masivas en el PP de Madrid, vinculadas al nunca aclarado -¿por qué?- “tamayazo” que cambió el signo político en la comunidad. Además, han osado publicarlo en Internet que no es un medio de comunicación tradicional ¡vaya por dios! Si, como parece por lógica, la sentencia es revocada en instancias superiores ¿pagará este ideologizado juez por su decisión?

“Tengo 6 hijos en mi tierra y llevo 4 años sin verlos”, dice una emigrante anclada en Barajas, porque la línea del Presidente de los empresarios españoles la ha dejado en tierra. Ya hemos pagado con más de 6 millones de euros, el viaje navideño de otros que con su billete en mano se quedaron sin vuelo. El liberalismo acepta que el Estado -al que combate- intervenga para pagar los platos rotos empresariales, otro colega afirma sin rubor que “Díaz Ferrán lo está haciendo realmente bien” y Javier Arenas esta vez no opina.

Un niño rico de la desigual Nigeria, la de la riqueza inmensa tan mal repartida, la que lapida mujeres, sale de su piso de lujo en Londres –donde estudia ingeniería- y pretende volar un avión en cielo estadounidense. Su padre, banquero, ya había advertido a las autoridades sobre la deriva integrista de su hijo. Extremaremos el miedo y la incomodidad de volar en aras de la imposible seguridad perfecta y ahí quedará todo.

Pero Obama ha conseguido ver aprobada su reforma sanitaria, lo que otros presidentes norteamericanos intentaron durante años, sin éxito. Entretanto, la española cae en picado y cruzo los dedos para que sus consecuencias no sean irremediables. Repartimos su gestión entre los 17 gobiernos –España tiene 18 gobiernos, no uno, más la UE-. Y algunos decidieron hacer negocio con nuestra salud. También con ella.

Las grandes marcas de moda de lujo, están deslocalizando –ese precioso eufemismo-; ahora les cosen los trajes en el tercer mundo de obreros explotados. El sistema se supera a sí mismo ante la indiferencia o desconcierto general. Y Austria abre tienda para perros de dueños pijos. Con collares de cristal de Swarovski y demás menudencias. Lo he escuchado en la SER donde Monserrat Domínguez andaba toda la mañana pensando en ir a abrir la espita del gas. Y no encuentro la referencia de la publicación.

Yo había pensado en irme a calmar los ánimos nadando en agua calentita, pero la zona esta tomada por los defensores de “La sagrada familia”, con 40 obispos y nuestro europarlamentario Mayor Oreja en cabeza. Y con el Papa interviniendo por vídeoconferencia. Imprescindible este recordatorio histórico de tamaña falacia de Jesús Encinar (la familia “tradicional” surgió a mediados del siglo XX). Pero sigamos persiguiendo zanahorias disuasorias, hojas de rábano, que si metemos en la cárcel a las mujeres que siempre han abortado, y dejamos que los homosexuales se encamen con quien quieran –siempre que no los veamos-, el mundo se arregla en un pis pas. Por cierto, los obispos protestantes se manifiestan por otros problemas ¿por qué será? ¿Veremos a Mayor Oreja pidiendo la libertad de López de Uralde, la de los cooperantes, protestando por el fiasco de Díaz Ferrán?

Creo que voy a ver de intentar llegar en coche al spa –la combinación de metro es pésima-, me sentará bien. Espero. Igual hasta me cambia el chip y se disuelven en agua mi preocupaciones.

Yo creo

Creen que la tierra no es redonda, porque va contra las enseñanzas de Alá. Y creen que la lluvia es un regalo de Dios y no un resultado de la evaporación del agua que se condensa y cae. Tampoco creen en la evolución. Es la secta Boko Haram de Nigeria que se traduce como “La educación es un pecado” . Y lo es, según ellos, porque contraviene los postulados de Alá y los profetas. Su líder, el clérigo musulmán, Mohammed Yusuf, ha ganado adeptos incluso entre los universitarios.

Sus pintorescas creencias están teniendo muy serias repercusiones. En un incesante goteo diario, han asesinado a 300 personas desde el domingo. De forma indiscriminada, para presionar. La “sharia”, ley islámica, impera en los Estados del Norte del país. Los rebeldes quieren imponerla a toda Nigeria. En su nombre lapidan por ejemplo a adulteras, que lo son por concebir hijos estando divorciadas o tras ser violadas. La presión internacional salvó a Safiya Husseini y Amina Lawall, pero muchas otras atrocidades permanecen ocultas. En el mayor productor de petróleo del continente africano, el 90 por ciento de su población vive bajo el umbral de la pobreza. El petróleo está en el Sur, en el Delta del Níger, y lo explotan multinacionales holandesas, británicas, norteamericanas y francesas. Genera unos ingresos de 300.000 millones de dólares anuales, de los que Nigeria se queda 5.000 que van a parar a las élites corruptas.

Todas las religiones están basadas en que, mediante una entelequia llamada fe, uno admite por ejemplo que se apartan las aguas de un mar sin ayuda de gigantescas presas hidráulicas. La religión es, desde tiempos inmemoriales, una tabla de salvación para asimilar la gran incongruencia de la muerte, y es humano asirse a ella. Lo incomprensible es que dicte normas de comportamiento de por vida. Y, menos aún, que sus adeptos quieran imponerla a los demás.

Vivimos tiempos de creencias frente a ciencia y datos. Y de una proliferación de las “conspiraciones” asumidas por la sociedad. Paradójicamente cuando la información asiste a un momento de esplendor y se extiende por todo el mundo. Yo lo experimento a diario. Una querida amiga me dice respecto al post de ayer sobre China: yo no creo que vaya a suceder nada con China. ¿En qué te basas?, pregunto conociendo el percal. “Nunca ha pasado nada hasta ahora. Hay tiempos buenos y malos pero la humanidad siempre sale adelante”. Y lo afirma convencida. Incluso me reta a ver quién acierta al final. Impredecible resultado, sin duda, pero basarse en la experiencia sin atender a datos nuevos y proyectarlos, parece más emotivo que racional. Además, la experiencia histórica también nos habla de nacimiento de Imperios. 

Escucho sin cesar afirmaciones como: “Yo no creo que Camps haya facilitado contratos por unos trajes”. ¿Por qué? Interpongo siempre. “Es muy poco valor para pringarse. Y los bolsos de Rita menos”, aseguran con rotundidad. Y no quieren ni escuchar datos u argumentaciones. “No lo creo”, insisten. De igual modo, algunos logros del Gobierno -o de quien sea- son rechazados, aunque se faciliten cifras, bajo la poderosa racionalización de “No lo creo”.

Ya vimos a toda una secretaria general de un partido poderoso, María Dolores de Cospedal, no creer en la sentencia del 11M. O a Rajoy que, en plena jornada de reflexión el 13 de Marzo de 2004, aparecía en El Mundo entrevistado por Victoria Prego y Casimiro García-Abadillo declarando: “Tengo el convencimiento moral de que ha sido ETA”. (No os perdáis esta entrevista, es muy jugosa).

Las consecuencias del cambio climático o la energía nuclear son objeto preferente de creencias. Uno se surte de opiniones que encuentra más afines, llena el saco de su criterio, y ya está dispuesto a afirmar que cree o no cree en tal cosa, respirando satisfecho. La creativa duda parece haber desaparecido de la sociedad actual.

Proliferan las familias que creen que dios salvará a sus hijos enfermos sin intervención de la medicina. Los ven caer muertos sin cesar, algunos son incluso castigados por ello, pero lo creen y basta, y proyectan su fanatismo sobre la vida que alumbraron sin consultar al interesado.

Nunca antes ha habido tantos “opinadores” profesionales. Las tertulias invaden radios y televisiones. En los pueblos especialmente, según he podido comprobar, las siguen con devoción religiosa. Un poso de tradiciones arraigadas, falta de datos, sirven de caldo de cultivo a una opinión que cala y fermenta. Lo asombroso es la seguridad con la que sus receptores “creen” o “no creen” cualquier situación, porque les avala un señor o una señora con un título que habla en los medios. Les reafirma. “Éste es de los míos, ésta de los tuyos”. Dos amplios sacos sin matices para surtirse. Y los hechos no importan. En absoluto. La opinión ajena puede aclarar, pero uno necesita su propia base de información, de datos reales.

La génesis no es la misma. La fe –religiosa, política, social- tiene un corto recorrido: una idea que se acepta sin ninguna comprobación, un dogma. La ciencia, cuando no entiende algo, investiga, fruto de ello elabora una hipótesis; si consigue demostrarla por medio de comprobaciones prácticas, ha encontrado una tesis o teoría, pero, de no suceder así, busca nuevas hipótesis y vuelve a intentar la demostración para encontrar la verdad. La ciencia -cuando su modelo entra en conflicto con la realidad- trata de ajustarse a ella, la busca; la fe, -si la realidad le contradice- rechaza la realidad. Su fe no es creer en lo que no se ve, sino no creer en lo que se ve.

Mundo desnortado que termina por matar para imponer una creencia.

nigeria

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