Éramos pocos y parieron el LAPAO y el LAPAPYP

Con un Aragón que se les cae a pedazos –tanto o más que el resto de España- por su mala gestión política, leo que las Cortes de Aragón con su mayoría PP/PAR han decidido “bautizar” al catalán que se habla en la franja (que limita con Cataluña) y en otros lugares de la comunidad como LAPAO. Igualmente, el aragonés (la fabla) pasa a llamarse LAPAPYP, que ya tiene mérito. Este editorial de El País  califica  la hazaña de Creacionismo lingüistico”. Y cita que, concretamente el Lapao es “el nombre de un dialecto del naxi que hablan más de 300.000 personas en China y Myanmar”. Una de entrada, se pregunta si los políticos conservadores aragoneses disponen de tanto tiempo libre como para parir cosas de este cariz. Y sí es porque consideran que gobiernan una Comunidad sin problemas reales.

Ante las continuas mofas que tal decisión ha provocado, el Partido Aragonés Regionalista se aprieta el cachirulo y decide soltar esta perla: “El PAR desafía a la Generalitat a enviar a los Mossos si quieren ‘imponer el catalán’”. En una nota de prensa, el PAR del Aragón Oriental critica a las formaciones nacionalistas catalanas también por “los insultos y vejaciones que están recibiendo los aragoneses”, cuenta El Mundo. Los aragoneses no, este desvarío fue rechazado en la cámara por PSOE, CHA e IU. Recuerdo los tiempos de la fundación del PAR. Era un partido regionalista conservador pero jamás hubiera secundado este bochorno. Producen vergüenza… propia, dado que el resto de España pueden pensar que todos los aragoneses somos como los del PP y el PAR. Y fuera de aquí, hasta en China.

Mal deben andar las cosas en previsión de votos para meterse en este jardín. El sentimiento anticatalanista (no recíproco) es muy fuerte en Aragón, como sucede en territorios vecinos a los que se considera más privilegiados. Sobre todo en los sectores más conservadores y menos informados. Destino prioritario Cataluña de la emigración aragonesa, hubo tiempos en los que en efecto  “se nos llevaban el agua” con aquella pretensión –política- de trasvasar el Ebro sin hacer en Aragón los mil veces aplazados planes de regadíos. Los ríos aragoneses se poblaban de presas hidroeléctricas para alimentar a la Comunidad vecina. Por decisión de políticos de nuevo y de empresarios que operaban a sus anchas. Mantenemos un largo litigio por bienes eclesiásticos que el episcopado catalán se niega a entregar pese a sentencias en su contra. Y tampoco han gustado nunca los mapas que anexionan territorios aragoneses a los Países Catalanes, elaborados por una minoría ultranacionalista.

Pero estamos buenos si hay que resucitar el anticatalanismo para ganar votos apelando a sentimientos ultramontanos. Y valerse de ello “bautizando” idiomas.

En mi último libro, Salmones contra percebes,  dedico un capítulo completo a eso de “ser de un país”. Y en el párrafo dedicado a esta Europa a la que han destrozado los nacionalismos también, escribo:

«En definitiva, en un mundo presuntamente globalizado, los límites por países permanecen sólidamente consolidados, parapetados en su casa como los percebes. Aunque los nacionalismos y localismos varios terminen siendo una frontera que se cierra sobre sí misma con un lazo y distorsione realidades propias y ajenas. Incluso en tiempos de comunicación masiva. La diferencia se engrandece o se enfrenta, apenas se utiliza para sumar la siempre rica diversidad. Los nacionalismos exagerados —tanto de Estado como de comunidades— son profundamente percebes, cementarse a la roca sin ver mucho más allá. Pero algún sentimiento atávico existe cuando, tras recorrer miles de millas, el espíritu salmón regresa a casa a llevar a cabo sus más preciadas gestas. Dicho todo ello, apuntemos el otro gran sentido del nacionalismo empecinado: poder odiar al que compite con él en intensidad. Cuanta más cerca esté, mayor es la rivalidad. Más encono, más animadversión, más deseo de aplastarlo y someterlo. Más intransigencia. Los ejemplos son múltiples. Cuando lo cierto es que hasta en los núcleos más pequeños hay personas distintas que no responden a los patrones de la etiquetas del grupo o país. De ahí lo cierto de la frase atribuida a tantas voces en diferentes versiones: “¿Le gustan los franceses? No lo sé, no los conozco a todos”».

Políticos catalanes y del nacionalismo español entretienen al personal para distraerlo de su mala gestión, de la ruina insostenible que nos han provocado,  con las animadversiones nacionalistas. Ahora se suman los aragoneses, los conservadores aragoneses. Es una muy mala noticia. Porque en definitiva, en Aragón, en Cataluña, en España, en Europa y en todo el mundo, los amos de nuestra tierra son como El perro del Hortelano que cantaba La Bullonera: ni se atreven a salvarla, ni nos dejan defenderla.

La Bullonera (F) – Jota del perro del hortelano / Jota de la Virgen del Pilar

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15 comentarios

  1. Deja, deja, que con las risas que nos estamos echando y la cantidad de lenguas que algun*s vamos a poder poner en el apartado correspondiente de nuestro CV, aquí en Catalunya nadie quiere que basen sus criterios en razones filológicas. A pesar de todo, me da que filólogos y filólogas de toda la esfera románica preparan un suicidio colectivo en alguna montaña mística orientada hacia El Pilar 🙂

  2. Diógenes

     /  12 mayo 2013

    y pa mí que viene de serie jajaja:

    A.P.Reverte
    Una historia de España (I)
    XLSemanal – 06/5/2013

    Érase una vez una piel de toro con forma de España -llamada Ishapan: tierra de buenos conejos 🙂 , les juro que la palabra significaba eso-, habitada por un centenar de tribus, cada una de las cuales tenía su lengua e iba a su rollo. Es más: procuraban destriparse a la menor ocasión, y sólo se unían entre sí para reventar al vecino que (a) era más débil, (b) destacaba por tener las mejores cosechas o ganados, o (c) tenía las mujeres más guapas, los hombres más apuestos y las chozas más lujosas. Fueras cántabro, astur, bastetano, mastieno, ilergete o lo que se terciara, que te fueran bien las cosas era suficiente para que se juntaran unas cuantas tribus y te pasaran por la piedra, o por el bronce, o por el hierro, según la época prehistórica que tocara. Envidia y mala leche al cincuenta por ciento (véanse carbono 14 y pruebas genéticas de Adn). El caso es que así, en plan general, toda esa pandilla de hijos de puta, tan prolífica a largo plazo, podía clasificarse en dos grandes grupos étnicos: iberos y celtas. Los primeros eran bajitos, morenos, y tenían más suerte con el sol, las minas, la agricultura, las playas, el turismo fenicio y griego y otros factores económicos interesantes (véanse folletos de viajes de la época). Los celtas, por su parte, eran rubios, ligeramente más bestias y a menudo más pobres, cosa que resolvían haciendo incursiones en las tierras del sur, más que nada para estrechar lazos con las iberas; que aunque menos exuberantes que las rubias de arriba, tenían su puntito meridional y su morbo cañí (véase Dama de Elche). Los iberos, claro, solían tomarlo a mal, y a menudo devolvían la visita. Así que cuando no estaban descuartizándose en su propia casa, iberos y celtas se la liaban parda unos a otros, sin complejos ni complejas. Facilitaba mucho el método una espada genuinamente aborigen llamada falcata: prodigio de herramienta forjada en hierro (véase Diodoro de Sicilia, que la califica de magnífica), que cortaba como hoja de afeitar y que, cual era de esperar en manos adecuadas, deparó a iberos, celtas y resto de la peña apasionantes terapias de grupo y bonitos experimentos colectivos de cirugía en vivo y en directo. Ayudaba mucho que, como entonces la península estaba tan llena de bosques que una ardilla podía recorrerla saltando de árbol en árbol, todas aquellas ruidosas incursiones, destripamientos con falcata y demás actos sociales podían hacerse a la sombra, y eso facilitaba las cosas. Y las ganas. Animaba mucho, vamos. De cualquier modo, hay que reconocer que en el arte de picar carne propia o ajena, tanto iberos como celtas, y luego esos celtíberos resultado de tantas incursiones románticas piel de toro arriba o piel de toro abajo, eran auténticos virtuosos. Feroces y valientes hasta el disparate (véanse el No-do de entonces y los telediarios de Teleturdetania), la vida propia o ajena les importaba literalmente un carajo; morían matando cuando los derrotaban y cantando cuando los crucificaban, se suicidaban en masa cuando palmaba el jefe de la tribu o perdía su equipo de fútbol, y las señoras eran de armas tomar. O sea. Si eras enemigo y caías vivo en sus manos, más te valía no caer. Y si además aquellas angelicales criaturas de ambos sexos acababan de trasegar unas litronas de caelia -cerveza de la época, como la San Miguel o la Cruzcampo, pero en basto-, ya ni te cuento. Imaginen los botellones que liaban mis primos. Y primas. Que en lo religioso, por cierto, a falta todavía de monseñores que pastoreasen sus almas prohibiéndoles la coyunda, el preservativo y el aborto, y a falta también del bañador de Falete y de Sálvame para babear en grupo, rendían culto a los ríos -de ahí procede el refrán celtíbero de perdidos, al río-, las montañas, los bosques, la luna y otros etcéteras. Y éste era, siglo arriba o siglo abajo, el panorama de la tierra de conejos cuando, sobre unos 800 años antes de que el Espíritu Santo en forma de paloma visitara a la Virgen María, unos marinos y mercaderes con cara de pirata, llamados fenicios, llegaron por el Mediterráneo trayendo dos cosas que en España tendrían desigual prestigio y fortuna: el dinero -la que más- y el alfabeto -la que menos-. También fueron los fenicios quienes inventaron la burbuja inmobiliaria adquiriendo propiedades en la costa, adelantándose a los jubilados anglosajones y a los simpáticos mafiosos rusos que bailan los pajaritos en Benidorm. Pero de los fenicios, de los griegos y de otra gente parecida, hablaremos en un próximo capítulo. O no.

  3. Diógenes

     /  12 mayo 2013

    O este otro, como el esperando a los bárbaros de Cavafis, pero para entendernos jojojo 😉
    Un abrazo a todos!

    Aquella Hispania cañí
    XLSemanal – 03/12/2012

    Imposible no sonreír, al principio, y que luego se te vaya helando la sonrisa. Estás una tarde de lluvia dándole un repaso a la Historia Romana de Apiano; y cuando te metes en el libro Sobre Iberia empiezas, como digo, sonriendo al leer aquello de «a la que algunos llaman ahora Hispania en vez de Iberia», y piensas que no iría mal a ciertos oportunistas y analfabetos, los que sostienen que la palabra España es concepto discutido y discutible, leer al amigo Apiano y enterarse de que los romanos ya nos llamaban así en el siglo II, cuando los emperadores Trajano y Adriano; que, para más recochineo, nacieron en esa Hispania que ahora dicen que nunca existió. Y si algo queda claro leyendo a Apiano o a cualquiera de sus colegas, es que España ya era entonces cualquier cosa menos discutible. No sólo por razones geográficas y administrativas, sino por la peña que la poblaba: nuestros paisanos de entonces, que tanto recuerdan a los de ahora. Sus maneras familiares e inequívocas, a poco que te fijes. Si algo hemos sido aquí toda la vida es indiscutidos de pata negra. Indiscutibles hasta el disparate.

    Y es que lees y te tronchas. Con risa más bien desesperada, claro. Horrorizándote al mismo tiempo. Sobre Iberia abunda en ejemplos. Ese romano que llega muy sobrado con la toga, las legiones y los planos del acueducto bajo el brazo y pregunta: oigan, ¿con quién hay que hablar aquí? Pero no se aclara mucho, así que pacta con la tribu de los moragos -vamos a inventar nombres-, que son los primeros que se topa. Pero resulta que los moragos son vecinos de los berrendos, que odian a los moragos porque les pisan los sembrados y sus mujeres son más guapas. Así que los berrendos se niegan a pactar con Roma, más que nada por joder a los moragos. Mientras tanto, los castucios, cuyas minas de plata son codiciadas por todos, se llevan mal con los berrendos y los moragos. Y en vez de unirse los tres y darle de hostias al cónsul Flavio Vitorio y a sus legionarios, cada uno va a su aire, con lo que al final allí no manda nadie y todo es un carajal. Así que el tal Vitorio se cabrea; y como no hay modo de ponerlos de acuerdo, pasa a cuchillo a los castucios y a los berrendos, de momento, y vende a sus mujeres y niños como esclavos, para gran gozo de los moragos; que a su vez, secretamente, negocian con los cartagineses por si acaso. Pero resulta que de la anterior matanza escaparon unos cuantos, que se echan al monte mandados por un jefe llamado Turulato. Y el tal Turulato se dedica a sabotear acueductos y cosas así, de manera que destituyen en Roma a Flavio Vitorio y mandan al nuevo cónsul Marco Luchino, que pacta con Turulato. Entonces los moragos, mosqueados por el éxito de Turulato, se sublevan contra Roma y resisten en la ciudad de Cojoncia, donde antes que rendirse se suicidan todos heroicamente. El compadre Luchino se las promete felices y sigue con el acueducto, pero hete aquí que otro pueblo de allende el Betis, los lepencios, se subleva porque ese año no llueve y culpa de eso a Roma. El cónsul Luchino, que va conociendo el percal, convoca a los lepencios para negociar, prometiéndoles todo, y cuando están juntos los degüella a mansalva y vende como esclavos, etcétera. A ver si acabamos el acueducto de una puta vez, dice. Pero de la matanza escapan varios lepencios con sus familias, así que vuelta a empezar. Y cuando a éstos rebeldes los acorralan en la ciudad de Ayamontesia y se suicidan todos y parece que al fin la cosa funciona, Turulato, que se aburre de pactar y quiere un estatuto asimétrico para Lusitania, se subleva otra vez. Y al agotado Luchino le da un ataque de nervios horroroso y lo sustituye el cónsul Voreno Claro, que soborna a los fieles capitanes de Turulato; y éstos le dan a su jefe setenta y ocho puñaladas mientras asiste a una corrida de toros en Rondis. Después, el cónsul Claro, que cada vez lo tiene más claro, convoca a los fieles capitanes que se cargaron a Turulato, los pasa a cuchillo y a sus familias las vende, etcétera. Pero en ésas se le sublevan los quelonios, tribu de aquende el Miño. Así que el cónsul los extermina, se suicidan, los vende y tal. Y justo cuando acaba, se amotinan los malagones, en la otra punta de Hispania. Y al cónsul Claro lo sustituyen por el cónsul Cayo Siniestro. Y entonces…

    ¿Discutida y discutible? Venga ya. España es tan añeja y auténtica como esta cita de Sobre Iberia referida a un rebelde hispano vencido por Pompeyo y enviado a Roma como esclavo con su gente: «La arrogancia de estos bandidos era tan grande, que ninguno soportó la esclavitud, sino que unos se dieron muerte a sí mismos, otros mataron a sus compradores y otros perforaron las naves durante la travesía».

    Y es que llevamos dos mil años siendo los mismos. O casi. Con el acueducto sin terminar.

  4. Me pregunto porqué los “nazi-o-nalistas” de todo tipo se dedican a confeccionar estas cortinas de humo que encienden a la gente y apartan el foco del debate de lo realmente importante: educación, sanidad, deuda y refundación de la democracia.
    ¿Será que son todos iguales?
    La imposición por decreto es algo que estos anormales entienden como el súmmun de la expresión democrática.
    Salud.

  5. Soc de la franja, parlo, he parlat i sempre parlaré el català de la franja.
    No són més que rucs!

  6. JOSEP

     /  12 mayo 2013

    Apena2
    Jo també parlo LAPAO i soc de les Terres de Lleida, i tinc ascendents aragonesos
    Aragó ja va abandonar la defensa de la seva llengua majoritaria (no catalana) per no haver-la defensat amb determinació al seu moment.
    Es un moment trist per als Drets Humans individuals.
    Pero no et preocupis: si algun dels teus fills, nebots o nets ho demanen, el col.legi estará obligat a ensenyar en LAPAO a tota la classe.
    Per sort, la societat civil séstá començant a organitzar desde abaix a dalt, única forma de democracia possible.
    Anim i coratge

  7. Alberto Collado

     /  12 mayo 2013

    Los nacionalismos siempre han sido de dertechas

  8. JOSEP

     /  12 mayo 2013

    Rosa Maria
    Es verdad que la cultura crea puestos de trabajo, y uno de ellos es el de profesor de LAPAO.
    ¿Donde podría informarme de los requisitos?
    Si aqui no lo logro, tendré que esperar a obtener el de MURCIANO, pués debido a la enseñanza que tuve, en Catalunya y antes del año 1.975, me expreso mejor en esta última lengua.
    De español ya me han dicho que no hay plazas.
    No perdamos la moral ni el humor, que nos harán mas llevadero lo inevitable.
    Saludos

  9. francisco gomez

     /  12 mayo 2013

    Paro,desahucios,sanidad , educación graves problemas y sale Doña Rudi y sus palmeros y meten la cuña de la discordia para disimular su ineficacia ¿no les suena esta melodía?.
    Váyanse y dejen que los que quieren arreglar los verdaderos problemas lo hagan.

    Saludos Paco

  10. Patricio

     /  12 mayo 2013

    Patricio. Con los idiomas los humanos nos expresamos y entendemos excepto en este País.
    En este reino de táifas muchísimos políticos buscan problemas donde no los hay y se enrollan en la bandera de turno para ser más nacionalistas que nadie y sacar tajada.
    Actualmente si uno se va fuera del País , el inglés y el castellano son dos idiomas imprescindibles para entender y que nos entiendan por el mundo . Dentro de 50 años a lo mejor es el chino o el indi.
    ¡Los idiomas no tienen derechos! , ¡tienen derechos las personas que los hablan ! . .

  11. Trancos

     /  12 mayo 2013

    Como dijo Labordeta: “¡A la mierda!”.
    Seguramente hoy, si viviera El Abuelo, les diría lo mismo, en LAPAO, en LAPAPYP o en ARAMEO.

  12. valiam

     /  13 mayo 2013

    Hola,

    Podrían estar pasando más cosas en Aragón y en España.

    Dos lenguas con nombre propio creo que supondrá dinero a gastar directamente en la autonomía. ¿cuánto tocará a PP y cuánto a PAR?

    Para que haga “más gracia la broma” el gasto extra que supongan las nuevas lenguas seguramente formará parte de educación y cultura.

    Felicitaciones por el blog.
    Un saludo.

  13. Tomás

     /  13 mayo 2013

    En resumen un gran desproposito. Una “verguenya”.

    PD: Muy entretenido lo escrito por Diogenes. Solo una discrepáncia, y es que no es lo mismo Hispania que España. El primer termino és el equivalente sinónimo de la expresión Iberia en su sentido geográfico de toda la península, mientras que el termino España ya se trata de un nombre personal que corresponde a las fronteras del Reino y posteriormente el Estado-Nación.

  14. Enrique J.

     /  13 mayo 2013

    Lo siento, Rosa, pero la Ley no dice nada parecido a que a partir de ahora a lo que hablen en la Franja se le vaya a llamar LAPAO y LAPAPYP y, ciertamente, su invención es una falta de respeto, otra más, por parte de una opción política vecina. La omisión tanto del término catalán como del término aragonés es clamorosa y obedece, por parte del PP/PAR, a un claro movimiento de oposición contra las derivas anexionistas de ERC y su manipulación de todo tipo de textos para justificarla. Para ERC la Franja es Cataluña porque “hablan catalán”. Tanto PAR y como ERC son patéticos. La omisión del término aragonés, que no ha parecido importar tanto porque en Cataluña no se utiliza, obedece más una cuestión interna contra la CHA. ¿Ridículo? Completamente, todo este movimiento de “protección de lenguas” es absurdo ya que si las lenguas son algo vivo también con el tiempo, inevitablemente, morirán pero “tenga yo un hecho diferencial y que rabie mi vecino”. Porque, claro, en realidad, no hablamos de lenguas. Lo curioso es que a nadie parece importarle el hecho de que ahora la toponimia oficial vaya a ser bilingüe en las zonas en donde se hablen otras lenguas distintas al catellano, ya que antes sólo se aceptaba su forma castellana, un avance, o que, se haya desterrado que el catalán y el aragonés sea oficiales en TODO Aragón, incluso en zonas en donde nunca se llegó a hablar, y se haya abandonado la inútil idea de rotular todas las calles de Zaragoza en castellano, aragonés y catalán. ¿Y por qué no además en árabe o en gallego? Total, el primero se habló de forma ininterrumpida durante siglos y hoy en día resurge en los inmigrantes y el segundo ha sido tan utilizado como el catalán. Y me quedo aterrado con el inmenso poder que tienen los medios para imponer la realidad a golpe de editorial porque ahora mismo todo el mundo cree que la Ley consagra la utilización de esos grotescos acrónimos cuando es completamente falso.

  15. Lo del LAPAO podría ser perfectamente una ocurrencia del gran Ibáñez. Me imagino al Súper convocando a Mortadelo y Filemón para participar en la “MIsión LAPAO”. El profesor Bacterio los equiparía con un traductor de última generación… En fin, que no lo hacen peor porque es imposible. Soy catalán, no nacionalista, hijo de inmigrantes andaluces/extremeños. No estoy adoctrinado en el catalanismo soberanista como podría pensar el ministro Wert, ni soy folólogo estudioso de las lenguas, pero creo tener algo de sentido común al considerar que catalán, valenciano, balear y LAPAO (es que el nombrecito es claramente de tebeo) son el mismo idioma. Que cada uno lo llame como quiera, pero ¿por qué ese ansia por separarlos? ¿Es acaso el catalán una enfermedad contagiosa? ¿Son el argentino, el colombiano, el cubano o el andaluz idiomas diferentes al castellano? Es un debate ridículo, de verdad.
    Por cierto, Aragón es una tierra maravillosa. Desde pequeñito he veraneado en el paradisíaco Valle de Pineta, en Bielsa. Me he sentido siempre como en casa (como en cualquier otra parte de España que haya visitado, y nunca he ocultado mi procedencia ni me he sentido reprendido por hablar en catalán si he querido hacerlo). De hecho, aquellas montañas y bosques siempre serán mi segunda casa. Saludos.

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