“No hay que esperar, hay que insistir”

Era el lema de mi padre, como sabéis los habituales. Su legado. Una particular actitud ante la vida que practica la tenacidad contra viento y marea. Obama ha logrado sacar adelante su reforma de la sanidad que habían intentado sin éxito otros 7 presidentes. El capitalismo que asola EEUU también insistía… y lo seguirá haciendo poniendo ahora trabas legales. La ley rebaja las expectativas iniciales y sigue dando de comer en gran banquete a las poderosas aseguradoras médicas estadounidenses, pero es un paso de gigante que empieza a convertir en civilizado al –aún- país más poderoso de la tierra. Hasta 2014 no empezará a entrar en vigor, debido a la inmensa maquinaria a mover, pero se ha producido un cambio en la dirección correcta.

Obama ha recuperado su iniciativa, la que enamoró a los ciudadanos, y ha sido pragmático para saber que –quizás- más vale algo que nada, cuando el “algo” es mucho.

Sin dar un ruido mediático, en la misma sesión del Congreso también se aprobó –y a propuesta de Obama- la mayor revisión de ayuda federal a los préstamos para estudiantes, arbitrando becas para los más necesitados. Otra medida “socialista” que también levantará ampollas en cuanto se den cuenta de su existencia. Y es que, en la inercia que llegó a Europa con “el plan bolonia”, los universitarios se endeudan seriamente para sacar adelante sus estudios. De forma que, según el último documental de Michel Moore, brillantes investigadores acaban trabajando en Wall Street para pagar sus créditos. El capitalismo no deja de insistir. Obama también. Todo viene a ser una desproporcionada lucha de insistencias. Y acomodaticias esperas que, en sí mismas, suponen otra insistencia.

En Francia, los votantes le han dado un palo épico a Sarkozy –una derecha civilizada que para nosotros querríamos- porque, aunque bienvenida sea una izquierda con poder, los electores también insisten en su torpeza de no ver las auténticas razones de la crisis que les afecta. Y, en realidad, esperan que alguien, no ellos mismos, arregle el desaguisado. Confíemos en que la izquierda francesa tampoco insista en mantener un programa casi ultraliberal, como hace en España.

Piano piano, Esperanza Aguirre y su séquito también persisten en su trayectoria. Lo último: adjudicar un contrato de un millón de euros al perito que usó para desmentir el espionaje a miembros de facciones rivales de su propio partido. La Comunidad de Madrid ha otorgado un concurso para traductores en los juzgados a la asociación que preside ese perito, Castor Iglesias, que se presentaba por primera vez y que reconoce su escasa experiencia en la labor. Manda “güevos” que diría su colega Trillo, otro incombustible empecinado impune. Ellos insisten. Y sus votantes también: en la estupidez. Ésa que alimentan las televisiones ad hoc previsoramente adjudicadas por Madrid, y que –con igual constancia- se mantienen día y noche con el mismo mensaje manipulador. Claro que el PSOE también insiste en no hacer nada efectivo para combatir su aceptada derrota en –de momento- las municipales y autonómicas. Ser socialistas igual no les venía mal. Y nos venía a los demás.

Y el Papa. Y los obispos. “El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”. Pues mire Vd, miren Vds. No, la mayoría de la población no somos pederastas. Y nos resulta indiferente que esa aberración sexual, con un gran componente de dominación al débil, sea pecado o no: es un delito. Pero ellos perseveran. La ciudadanía también: en su limbo.

En realidad, hoy hubiera sido más importante hablar del agua. Ese líquido que corre hasta por nuestro cuerpo y que, dentro y fuera de él, es razón de vida. También se especula con él. La injusticia, la avaricia, el egoísmo, insisten. Y los muertos por su carencia o contaminación, son daños colaterales del resistente sistema. Ha estallado una estrella en el espacio y los ciudadanos orientales paran su trabajo para celebrar la primavera. Pero, sí es cierto que, mientras no se aborde la regeneración total, hay que vivir cada día con lo que tenemos. Insistir. Con pragmatismo. Gota a gota. Quizás así la tarea canse menos. Porque hay días en los que la falta de respuestas que se aguardan pone las cosas muy cuesta arriba. Y es más fácil dejarse llevar por la corriente.

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4 comentarios

  1. Joan

     /  22 marzo 2010

    ¿Cómo guiaré yo, aunque conozco el buen camino? Si sé que no puedo hacerlo con éxito y, con todo, intento obtenerlo, daré sólo ocasión a otra fuente de error. Mejor, pues, desistir y no esforzarse. Mas, si no me ezfuerzo yo, ¿quién lo hará?

    Chuang Tse

  2. Víctor

     /  22 marzo 2010

    Este fin de semana hemos seguido la incertidumbre sobre el plan de Obama como si de una final de la Champions se tratara. Creo que hemos asistido a una sobreabundancia en los medios sobre este asunto. Mientras dramas más graves, poco a poco, se van sepultando en el olvido
    http://blogs.rtve.es/vicenteromero/2010/3/22/imposible-olvidar-haiti#commentsdo

  3. Carlos Domínguez Burón

     /  22 marzo 2010

    Yo creí en Obama, después me entró un bajón, esto me ha venido bien para perseverar, La referencia al agua, gota a gota. Lo de la política nacional, de pena y lo de los curas pderastas, de asco. Eso es imperdonable!

  4. FLJ

     /  22 marzo 2010

    >> brillantes investigadores acaban trabajando en Wall Street para pagar sus créditos

    Sí, pero no.

    Mucha gente que acaba sus doctorados se va a Wall Street, pero no para pagar los préstamos. Un sueldo de postdoctorado (en torno a 50.000 dólares al año), por no hablar de mejores opciones (profesor, investigador en un laboratorio nacional, ambos en torno a 70 u 80.000 para empezar) da de sobra para pagar los créditos (que son blandísimos, y desgravan, y mil cosas más) y vivir bien (estoy hablando de los suelos en los Estados Unidos, que quede claro).

    Lo que pasa es que Wall Street paga mucho más, y poderoso caballero es don Dinero.

    Que también es verdad que cada uno es libre de hacer lo que le dé la gana, a ver si por tener un doctorado, uno va a tener obligaciones morales que no tienen el resto de los mortales.

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