Propuestas para salvar el turismo español

Hoy tengo el día de crítica constructiva y aportar soluciones. Leo que el Gobierno a aprobado destinar 1.000 millones de euros para impulsar el turismo. Se hará mediante un Plan Futur-E dotado con 500 millones y financiado por el ICO, destinado a empresas que apoyen la sostenibilidad energética. Está muy bien. También aumenta en 1,2 millones las plazas del Imserso. Y un Plan Paradores-E, con 170 millones de euros. Excelentes ambas medidas, aunque propongo rescatar la vieja idea del “Erasmus” de mayores y que los abuelos compartan experiencias con otros europeos. Sería muy saludable.

Pero tengo otras actuaciones que aconsejar:

Derribar prácticamente todos los edificios de España, salvo los de valor histórico y artístico por supuesto, o ciudades como el centro –amplio- de Barcelona. Habría otras rescatables también. De Madrid poco podría salvarse, y de la costa andaluza y levantina, otro tanto. Porque ¿Quién diseñó el urbanismo español en plan de arquitectura de saldo, de retales, cada casa de un color, tamaño y forma, cobrado -además- a precio de oro? Casi todo abajo y vuelta a empezar, esta vez con criterios estéticos. La construcción reactivaría la economía. Habría que establecer un protocolo de vigilancia exhaustiva para evitar los abusos pasados. El nuevo urbanismo español, tendría que, obligatoriamente, dejar libre buena parte del litoral, regenerando lo destruido. Los propietarios de pisos derribados serían accionistas del nuevo diseño.  Lo que no puede mantener es esto:

costa-valenciana

No estaría de más, invertir más en edificios de entidad, como han hecho Londres, París o Berlín. O Valencia, con la Ciudad de las Artes y las Ciencias. O Bilbao con el Guggenheim.

Con un país atractivo estéticamente, sería necesario revisar los precios de la hostelería y, sobre todo, contar con auténticos profesionales del gremio. Educados y efectivos. A quienes se pagaría adecuadamente, dada su preparación.

Plan de aprendizaje de idiomas: inglés, francés, portugués, alemán, chino y japonés para empezar.

Por último, un baño de educación a la parte de población que lo precise: Buenos modales, no hablar a gritos, o pensar en los demás y en el bien común, antes que en uno mismo.

Con estas actuaciones para solventar los actuales problemas, a largo plazo no tendríamos rival en el turismo.

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1 comentario

  1. Ay, el turismo; no seré yo quien tire piedras sobre mi propio tejado porque yo vivo de él y representa una parte importante de nuestra economía, aunque cuando viajo, lo hago por libre, y no soy lo que se dice el típico turista, sino viajero y, sin ánimo de ser snobista, creo que hay una gran diferencia.

    Provengo de una zona que fue pionera en el turismo de sol y playa, la Costa del Sol, allá por los la década de los años 60. Un turismo que en su día sirvió para que el franquismo se “abriera” al mundo y nosotros nos abriéramos a él y saber que había otros mundos ahí fuera, “contaminandonos” de otra mentalidad y otros estilos de vida, aunque lo más superficial fueran las rubias ,”buenorras” y liberales suecas.

    Pero ese turismo, aún siendo mayoritario, con el tiempo, fue degenerando. La semana pasada en Comando Actualidad de TVE trató el tema centrandose en tres puntos (Benidorm, Marbella, Baleares), con mucha audiencia además, que le valió una protesta por parte del Ayuntamiento de Benidorm porque consideraban que daban mala imagen a la ciudad.

    Pero es que es lo que hay, el programa se limitó a exponer la realidad. Hace unos años ví en un programa de una cadena británica cómo había agencias para traer turistas a las costas españolas durante un fin de semana cuyo paquete consistía en vuelo+estancia hotel+ discoteca y marcha contínua día y noche; es decir, turismo de borrachera. El alcalde de un pueblo que Cataluña se quejaba de que daba mala imagen al pueblo y de que tenía que tener ocupada la polícía local tan sólo para atender las broncas y peleas que provocaban los excesos del alcohol.

    En Suances, un pueblo costero de Cantabria, cerca de Santillana del Mar, hay una paradisiaca playa que se llama de Los Locos, donde además practican los surfistas. En un muro de piedra había una pintada que ponía lo siguiente: ” Respétala o si no te vas a Benidorm”

    Y los que prefieren sol y playa están cambiando sus hábitos: eso mismo lo pueden encontrar en otros paises mediterráneos mucho más baratos, sin que les metan la grandes clavadas en el paquete ni en los restaurantes, y sin estar masificados urbanisticamente, y disfrutando zonas que, aún, siguen con cierta virginidad.

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