El caso es ahorrar

El Mundo Today, un medio satírico, publica en su blog esta auténtica “primicia”: Se suprime la Secretaría de Estado de Investigación “porque ya está Punset”. Lo asombroso es que hubo quien creyó cierta la “noticia”. A eso hemos llegado.

Ciertamente hay muchas partidas de donde ahorrar con ese criterio. José Miguel Juarros propone suprimir la Agencia Estatal de Meteorología AEMET, “porque ya está El calendario Zaragozano“. Este cuadernillo, que se publica desde 1840, predice el tiempo el 1 de enero para todo el año a un precio irrisorio,  y se inscribe mucho más en nuestras tradiciones, además.

Zana sospecha que se va a suprimir la policía de investigación criminal para encomendársela a Mortadelo y Filemón.

Mati Castillo tiene indicios de que se van a recortar por decreto las semanas a 6 días, los meses a 29 días (salvo febrero que se quedará en 27) y los años a 11 meses. Así cuadrarán mucho mejor las cuentas y se nos hará el tiempo más corto.

Se cancela también toda publicidad institucional “porque para propaganda ya está Telemadrid, otras televisiones autonómicas y en breve RTVE”.

Podemos rescindir también los servicios de aviones y coches oficiales y viajar en tartana que no consume ni una gota de la carísima gasolina. Por cualquier medio en cuya tracción a lo sumo se invierta alfalfa

Los fastos con los que se celebra cada reunión, cada firma, como hemos visto recientemente con el BCE, pasan a ser comidas campestres que se llevan en un tupper de la Moncloa. El propio Rajoy es tendencia en este punto y La Razón lo resalta –en serio- a toda portada.

   

Una comisión ministerial estudia racionalizar también los tan eficaces entretenimientos –que hemos venido a esta vida a sufrir- y ver a cuál se le da prioridad: al fútbol, a la Iglesia católica, a los toros, o la programación de Telecinco. La mayor parte del austero gobierno es partidario, sin embargo, de en este caso hacer una excepción y mantenerlos todos.

Para rentabilizar el diseño de los uniformes de nuestra delegación en los Juegos Olímpicos, y relanzar la “marca España”, se obligará a vestir con ellos –son reales– a todas las rentas inferiores a 60.000 euros anuales. Los uniformes son mucho más baratos y democráticos para quien no tiene muchos medios.

Cuando se concluya la privatización de todo lo público se pasará a privatizar lo privado. Se comenzará por enseres domésticos y vehículos particulares, pero si no es suficiente para equilibrar el déficit podría llegarse a los pisos y casas de los ciudadanos, preferentemente las que ya tengan pagada la hipoteca. Dada la excelente acogida popular de la enajenación de los servicios públicos, el gobierno podría acometer este “ambicioso plan de privatizaciones”, sin originar la menor protesta.

En la reforma del Código Penal se estaría indigando la posibilidad de sistematizar el uso individual de las neuronas y de la dignidad. Una utilización “por encima de nuestras posibilidades” de ellas, será considerado “resistencia a la autoridad”.

Es solo una primera aproximación a un plan de austeridad “como dios manda”, porque el caso es ahorrar, ya digo.

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