Traspiés múltiple en el aire, nueva disciplina olímpica de Madrid 2013

Lo he experimentado en todo su esplendor. De repente tropiezo en el propio suelo y me venzo hacia la acera. Para evitar el choque abrupto, comienzo a dar zancadas en el aire tratando de enderezarme. Ha habido un momento, en esos instantes que se hacen eternos, en el que he pensado que ya no podía más y me iba a tierra. Pero no, he logrado mantenerme en pie. Este desnivel en el pavimento ha sido el causante.

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Una mamá joven que me observaba con  su niño me ha dicho: está toda la calle igual. Es cierto, esa calle y todas las demás. No sé si por donde viven los que mandan se esmera algo más el Ayuntamiento. En el resto está así, una puede hacer fotos por doquier. Miles y no exagero.

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Y claro, ante  socavones y grietas tan evidentes se agudizan los sentidos y se sortean. Lo malo es cuando ese levantamiento en el que he tropezado es menos perceptible pero igual de dañino.

Me duele un poco un tobillo de caer mal pero peor hubiera sido darme de bruces o haber puesto las manos que es el primer instinto reflejo. Ahora bien, he pasado con nota la nueva disciplina olímpica que puede implantar fácilmente Ana Botella cuando se reponga del disgusto de que le hayan quitado Madrid 2020. Lo hará pronto. Para eso se vino en el avión de Rajoy gozando de todas las comodidades. O también puede ayudarle el presidente de la Comunidad, Ignacio González, que utilizó para el regreso de Buenos Aires el jet privado de Florentino Pérez. No iban a volver con la chusma y no chusma invitada al evento, por más que todos a la ida viajaran tan a gusto forrándose de gintonics hasta agotar las existencias.

Yo comprendo que con esas amistades y esos objetivos personales, pensar en dedicar dinero –público, no del suyo- a sanidad, educación, ciencia o cultura es un puro dislate. Pero ¿ni siquiera a las calles de Madrid para cuando vengan los turistas a disfrutar de a relaxing cup of café con leche? Que se nos pueden matar, oiga, o tener que acudir a un hospital. Y los tenemos en cuadro.

Pero esto es ser agorero y hay que pensar en positivo: el traspiés en el aire debe ser una nueva disciplina olímpica de este Madrid 2013, huérfano de forres mayores. Se puede poner de moda. Y, además, es una sensación tan especial la de mover los pies como para andar sin tocar el suelo. Con la emoción de no saber si tu pericia conseguirá un descenso suave o te estozolarás totalmente o por partes. Cuántos pasos alados serán necesarios para una cosa u otra ¿cinco? ¿seis? ¿más? Eso debe añadir puntuación.

Yo he salido victoriosa. Hoy, no sé mañana. No sé otras personas. Pero el esfuerzo, el éxito y la derrota bien asumida, son tan bonitos.

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