Cooperantes en un mundo privatizado

La liberación de los cooperantes Roque Pascual y Albert Vilalta, secuestrados durante nueve meses por Al Qaeda del Magreb en Mauritania, ha encendido a la derecha e incluso a moderados “apolíticos”. He leído que estos señores hacían lo que querían, han disfrutado de unos viajes estupendos, y cada uno debe apechugar con sus inconvenientes. Más aún, un prohombre de la intelectualidad española, Sanchez Dragó, les llamó “gorrones”, a los cuatro días como quien dice de caer en manos de los terroristas. Y los insultos han ido in crescendo.

Al parecer, el problema radica en que el gobierno español ha pagado por ellos 5 millones de euros. Acababan de cortarle el cuello a un francés en idénticas condiciones, la situación se presentaba por tanto como de vida o muerte.

No se debería ceder a chantajes terroristas, claro que no, sientan terribles precedentes –por cierto bien arrellanados estos precedentes ya en distintos sillones-. Como no debería haber dos tercios de la población mundial muriendo de hambre, ni deberían organizar los “mercados” nuestra vida, ni son admisibles muchas de las irregularidad que jalonan el sistema, pero resulta que todo eso existe. Roque y Albert decidieron poner sus manos directamente a la obra y tratar de paliar algún problema. Que media docena coman o sanen, un lujo asiático, vaya. Tenemos que regular a esas despendoladas ONG que realizan un trabajo que no llevan a cabo los Estados, ni los partidos políticos de derechas o de izquierdas.

Pues resulta, que este fin de semana, un avión militar español frustró un secuestro de piratas en el golfo de Adén, a 120 millas de la costa norte de Somalia. El barco, llamado ‘Caribbean Carrier”, llevaba bandera panameña, que este país centroamerica de poco más de 3 millones de habitantes dispone de una flota que para sí quisiera el imperio británico en sus mejores tiempos. O de un trasiego bancario cercano a la City Londinense. Según fuentes del propio ministerio de defensa, la operación Atalanta del ejército español en Somalia cuesta anualmente 75 millones de euros. En 2009 faenaron en la zona 18 barcos más o menos españoles que pagaron al fisco 11,25 millones de euros. Una operación realmente rentable, sufragada con nuestros impuestos.

Lloramos y nos angustiamos mucho en Abril de 2008 con el secuestro –menor de una semana- del Playa de Bakio, también en Somalia. En este caso, se pagó por la liberación de los retenidos 2 millones de euros. Y ya no digo lo mal que lo pasamos con el Alakrana que duró algunos días más, 43 y cuyo rescate fue una pizca superior: 2.700.000 euros. Ahí mismo sentamos los precedentes de pagar por la liberación de secuestrados. Claro que estos, pescaban el atún de los somalíes (un bien, como se sabe, de primera necesidad), con barcos privados, para empresas privadas y beneficios privados. Gentes de bien, pilares del sistema, no esos muertos de hambre de Mauritania o donde sea, y esos idelistas trasnochados, que, en realidad, son uno desocupados con ganas de disfrutar gratis de unas vacaciones. Hay que desmantelar a las ONG, o convertirlas en empresas privadas que generen beneficios privados como dios manda.

Y, por cierto, ¿quién arma hasta los dientes, las pestañas y las ojeras a los somalíes sin gobierno o a los terroristas de Al Qaeda?

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