En defensa del maquinista José Garzón

*Actualización 28/7/2013

Tras tomarle declaración, el Juez decreta libertad con cargos y medidas cautelares para el maquinista del tren.  Retirada del pasaporte, comparecencias en el Juzgado e inhabilitación para conducir trenes.

27/7/2013

Los presidentes de RENFE y Adif culpan al maquinista del accidente. Desde sus jugosos sueldos y altos pluses ¿de responsabilidad? Expertos todos a estas alturas en sistemas de seguridad de los trenes, sabemos ya que en la peligrosa curva de A Grandeira – construida con un pronunciado giro  para “ahorrar”- no había un sistema seguro de frenado automático y todo dependía del maquinista, del único maquinista en el tren. Es clamoroso que algo falla ahí.

Algo falla y clama estrepitosamente para un balance de víctimas tan desmesurado propio –insisto- del tercer mundo, o… de las privatizadas líneas ferroviarias británicas. No por casualidad.

Tampoco es de recibo que sea la policía quien detenta a José Garzón sin orden judicial. Ni que el Ministerio del Interior –en la más pura línea Rajoy cuando declaró el 13 de Marzo de 2004, en jornada de reflexión: “tengo la convicción moral de que ha sido ETA”- asegure que  “indicios racionales” justifican la detención del maquinista. Este señor ha de responder ante un juez, repito. Al menos en democracia.

¿Han pensado también en si hay “indicios racionales” para su detención de los presidentes de RENFE y Adif? ¿Y de políticos e ingenieros que planificaron ese trazado y esos sistemas de seguridad?

Las alimañas carroñeras de gran parte de la prensa ya tienen también un culpable. Y probablemente José Garzón sí tiene parte de culpa, pero no toda, ni cobra sin duda por tan alta responsabilidad. Resultó herido, cargará en su conciencia de por vida con los numerosos muertos y heridos del accidente, con el dolor de sus familiares y amigos. Este tratamiento me parece no solo injusto, sino inhumano. E influye en la opinión pública. En ésa capaz de volcarse en las catástrofes pero también de pedir la cabeza del más débil para acabar pronto con la angustia.

Esperen que hable el juez y –esperemos- que sea una persona no contaminada, ni presionada. Y vayamos a por todas las responsabilidades que son muchas. Y de eso, en estos momentos, yo al menos no tengo ninguna duda.

Viví y conté con datos muy relevantes -diría que definitivos porque el maquinista que nos mostró en imagen las medidas de seguridad fue sancionado y suspendido- el accidente del metro de Valencia en Informe Semanal. No pasó nada. Tenían un culpable. Y muerto para que no pudiera decir ni mú. Es decir, este caso es aún más flagrante.

*Paco Altemir, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, -.y persona comprometida donde las haya- lleva clamando varios días sobre este asunto con comentarios como éste que me parece oportuno incluir:

“Creo que la ministra y los presidentes de Renfe y ADIF están linchando al maquinista a priori. Es inadmisible tratándose de personas tan relevantes a las que habría que exigir no ser lenguaraces y ser más cautos y prudentes como deberían haberlo sido no interrumpiendo el ERTMS a pocos kilómetros del final. Es evidente que había una velocidad inadecuada como es también evidente la existencia de una curva peligrosa al final de una recta.

Los accidentes pasan por un cúmulo de circunstancias lo que tienen que hacer los técnicos y políticos es: “Ver, prever y proveer” como decía Augusto Compte. Ni han visto ni previsto el peligro y por tanto no han instalado el sistema adecuado hasta el final del trayecto. Aunque soy ingeniero de caminos jubilado hace muchos años todavía conservo algo de la sustancia que me inocularon en mis años mozos. Hay que saber resistir las presiones de los superiores para no escatimar en seguridad, hay que aplicar el “principio de precaución” cuando los daños sean incalculables. El ahorro de la instalación del ERTMS hasta el final del trayecto es el chocolate del loro.

Por otra parte observo que la supuesta línea actual de “Alta Velocidad” es un “collage” con retazos de la antigua línea convencional y otra de nueva planta. Es una auténtica “chapuza” pero las ganas de inaugurar obras, cortar cintas y salir en las fotos es consustancial a la democracia corrupta que padecemos. De esos polvos, vienen estos lodos. ¡Qué fácil es echar la culpa al maquinista! ¿Es que esos presidentes de pitiminí piensan que todos los españoles no pensamos y somos idiotas?

Recuerdo que cuando estudiaba en los lejanos años 50 del siglo pasado aprendimos que en la cabina de los conductores del Metro de Madrid existía lo que llamaban el “pedal del muerto”. El conductor tenía que pisarlo continuamente. En caso de enfermar o que le diese un infarto el convoy se detenía al dejar de pisar el pedal. Era un sistema rupestre pero efectivo.

Por favor Señoría no se deje influir por declaraciones interesadas”.

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