El caso Bárcenas/PP, la degeneración de un partido

Bárcenas está en la cárcel finalmente. Ya tardó. Y eso ha permitido constatar una vez más la podredumbre en ascenso del partido que acapara todos los órganos de poder en España. Su líder, Mariano Rajoy, le defendía en 2009. Con esos lapsus suyos acompañados del tic en el ojo izquierdo que solían denotar lo poco que él mismo creía en sus palabras: “Estoy convencido de que nadie proda, podrá, probar que no son inocentes” (se refería también a Galeote). Por cierto, ahora se ve lo oportuno de la actuación de Baltasar Garzón y espero que sean cada vez más personas las que se pregunten por qué le inhabilitaron.

Ahora -ya en el Gobierno, el Parlamento, las CCAA, la mayoría en la UE, y el control que se ha mercado del poder judicial- ni lo nombra. Ante el ingreso en Soto del Real de Bárcenas el PP se despachó con un comunicado anodino de 17 palabras. Y en Bruselas, Rajoy, con total desfachatez, ha vuelto a tirar balones fuera, como si no fuera con él, culminando con esta patética respuesta ante las preguntas de los periodistas.

No queda ahí la cosa.

La portavoz adjunta del grupo popular en el Congreso, Matilde Asián, ha asegurado que ha sido el Gobierno quien ha pedido el ingreso en prisión de Bárcenas, a través de la Fiscalía General del Estado que, como se sabe –ha insistido-, actúa a los órdenes de su superior el Ministerio de Justicia. No es extraña su confusión vistas las actuaciones recientes de Torres-Dulce. Pero éste se ha visto obligado a comparecer enfadado para decir –más o menos- que no es constitucional que un poder judicial depende del gobierno. Un poquito de prudencia, mujer.

Pero algo parece haber. Esta exclusiva de eldiario.es aporta grandes claves de cómo Gallardón está haciendo la guerra por su cuenta en actitud que sería muy poco digna hacia sus colegas que le han encumbrado. Y también la concepción que de este ministerio –Justicia- y del de Interior tiene Mariano Rajoy.

Un auténtico poema todo esto. Si no fuera porque además este gobierno se está puliendo hasta la hucha de pensiones pues igual sería una cochambre ética y algo a perseguir judicialmente en todos sus extremos. Pero es que su eficacia en la destrucción del Estado del Bienestar y nuestros derechos es realmente notable también.

 

 

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