La gran fiesta de la democracia

A poco más de dos meses de las elecciones generales las encuestas vaticinan una holgada mayoría absoluta del Partido Popular. Concentrará así prácticamente todo el poder del Estado: ayuntamientos, comunidades autónomas, gobierno central y UE. Este hecho demuestra la paradoja de que uno puede ganar la confianza de los electores sin mover un dedo, o moviéndolo torcida y torticeramente en donde ya detenta mando. Con la que está cayendo y se avecina.

El PSOE ha hecho méritos más que sobrados para recibir un varapalo histórico al abandonar por completo su programa, al menos el económico, aunque también el que marca la ética de hablar claramente con los ciudadanos en todo momento.

Lo más terrible sin embargo es la indiferencia con la que la población acogerá cualquier resultado. Más aún, la desesperanza, el hastío. Rajoy obtiene siempre una escasa valoración, despierta muy pocas esperanzas, pero parecería que en el callejón sin salida el enfado de la sociedad solo pretende castigar los errores del actual Gobierno.

PSOE y PP se han apañado una ley electoral a su medida en la que es extraordinariamente difícil meter baza. Lejos de solucionar los fallos de la anterior, los han acentuado. En esa “gran fiesta de la democracia” que se celebra cada cuatro años nada menos y que consiste en depositar un voto en una urna, no está invitado más que el bipartidismo. Surge EQUO como nueva formación pero le exigen (como al resto de los minoritarios) un mínimo de avales en las provincias donde concurra y no será hasta el día 15 ó 16 de Septiembre cuando la Junta Electoral Central dicte normas sobre cómo presentarlos. Si tienen que venir con borla de seda, o hay que entregarlos apoyados sobre un pie y haciendo equilibrios y malabares con el cuerpo. Por cierto, si queréis prestarles el aval simplemente para que puedan presentarse –yo lo he hecho- se hace en www-yoavalo.org

Han sido los dos grandes partidos los que han rebajado a límites miserables la consideración ciudadana por el ejercicio de la política, y se han aunado para consolidar su poder. Con los peligros que entraña: la ultraderecha y el populismo. Anda el PP por esos lares, celebrando un homenaje “a la bandera y a los caídos por dios y por España”, que ya se sabe fueron solo los del bando golpista –como ha hecho ya uno de sus alcaldes, el de Méntrida, Toledo-. La líder de los morros embotoxados (tan incoherentes con la seriedad) apoya la xenofobia en Cataluña, Camps volverá a hacer campaña por el PP dice el inefable González Pons, porque ya sabe que “un tribunal lo va a absolver”; Fabra (no el del aeropuerto fantasma en su honor sino el nuevo presidente de la Generalitat Valenciana) da un cargo a Ripoll, encausado en el caso de las basuras que a más sucio no puede oler, textualmente. La lista sería interminable, la educación pública de Madrid, o la Sanidad. A partir de hoy por ejemplo en el Hospital de La Paz van a darles a los pacientes de oftalmología una factura con lo que ha costado el servicio que les han prestado. Para acentuar su complejo de gastadores insolidarios. Pues “verá Vd.” –que les gusta-, si son 150 euros, 200, esas personas han visto sangrados sus emolumentos con impuestos por muchísima mayor cuantía, siempre que no pertenezcan a la clase privilegiada a la que PP y PSOE se los ha bajado en los últimos años.

¿La fiesta de la democracia? La democracia pasa por la Política, con una intensa participación ciudadana, y están barriendo el suelo con ella. Apenas podemos prever cuándo y cómo se regenerará esta mugre, solo que sí debemos tener claro que hay que luchar por ello. ¿Cuánto peor, mejor? Creo que ya no. Que en ocasiones las derivas constituyen un camino sin retorno.

A %d blogueros les gusta esto: