Muere Fidel en la era de la posverdad

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Al leer la noticia sentí la sensación de lo inabarcable y de la tarea pendiente largamente aplazada que abruma abordar. 90 años de vida y 60 formando parte de la historia. Las redes mostraban preocupación por lo que dirían unos y otros, por lo que dirían:  Fidel Castro había muerto en la era de la posverdad. Y ésa era la principal disuasión. El maniqueísmo, el blanco y el negro, los prejuicios, el hablar de oídas o la pereza y la prisa para informarse con datos fidedignos de tan extensa trayectoria. Artículos inevitablemente “largos” para el lector que prefiere nutrirse de titulares. O de espectáculos con “zascas”, mucho más entretenidos.

 Así pues, al enterarme de que había muerto Fidel Castro, tuiteé la noticia, remití a la extraordinaria obra del fotoperiodista Enrique Meneses, a un reportaje de TVE de Vicente Botín de 1984 y me puse a Pablo Milanés: Los días de gloria se fueron volando (..)Los días de gloria cerraban esperas, abrían ventanas donde iban entrando dolores de antaño hacia el porvenir. (..)Los días de gloria los dejamos ir.

Lo explica como nadie Ramón Lobo en eldiarioes, porque llena de contenido las luces y sombras de las que los más eclécticos hablan: “El personaje que encarnó desde los albores de los años 50 sobrevivirá a los aciertos y errores de la revolución. El principal, incumplir dos de las promesas motoras del llamado Manifiesto de Sierra Maestra: regeneración democrática y libertad. En Cuba hay presos políticos, personas que pagan con la cárcel los delitos de opinión.

Es cierto que no existe malnutrición infantil, ni violencia callejera, ni crímenes de todo tipo, ni pobreza extrema. Tampoco existen los feminicidios como en México y Guatemala. Es vedad que las cifras de escolarización son ejemplares y que ocupa el puesto 68 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, dos por delante de Costa Rica, considerada un paraíso por Occidente.

Es cierto que la revolución no lo ha tenido fácil, con un enemigo tan poderoso como constante. EEUU cercenó con el embargo el desarrollo inicial de la revolución. Con el tiempo ha servido paradójicamente de excusa para justificar los errores del sistema.”

El libro que Enrique Meneses dejó escrito para publicarse cuando muriera Fidel, revela desde el primer capítulo que adelanta eldiarioes la portentosa habilidad de Castro para moverse en las circunstancias más comprometidas. Sembrando para el futuro en cada aprieto que se encontró.

“El periodista español Enrique Meneses, el primer extranjero en informar de los jóvenes barbudos desde Sierra Maestra, decía que aquel primer Fidel revolucionario era cristiano y que llevaba una cruz al cuello”, relata Ramón Lobo. “Años después, Meneses cenó en Cairo con Ernesto Che Guevara. (..) El Che le informó de que Fidel le quería “dar paredón” porque había escrito que había comunistas en Sierra Maestra, algo que les restó apoyos en EEUU. Ahora podrán conversar en paz. Meneses se defendió: “Tu lo eres, y lo es Raúl”. “Ya, pero no nos convenía”, replicó el Che. Meneses, periodista de los pies a la cabeza, hizo lo que tenía que hacer, sin atender a conveniencias.

Lobo explica los errores que los adversarios de la Cuba de Castro cometieron. Empezando por  Eisenhower quien “no supo leer las posibilidades que le ofrecía la llegada de Fidel Castro al poder y terminó empujándolo en brazos de la URSS”, cita. Todo pudo ser distinto, pero no lo fue.

La densa historia tiene sus hitos y sus porqués. No puede resumirse en las proclamas interesadas que, por ejemplo, traen las portadas de la prensa convencional española hoy, por poner un ejemplo bien gráfico. Y menos cuando la censura y la represión de las tiranías están a la orden del día, aunque ya deberíamos olvidarnos de los “y tú más” que forman parte del juego de la farsa. Lo peor es que la verdad apenas importa en el magma de intereses que se cuecen. Mientras, la ciudadanía víctima se distrae de salto en salto mediático sin advertir cómo le saquean la casa y mucho más que la casa. Incluso portando estandartes que equivocan el bando. Incapaces de ver alcances de daños reales y motivaciones.

Mirar atrás solo sirve para entender el presente y cimentar el futuro. Es imprescindible recordar los despertares de esperanza en la justicia y la equidad que fueron cayendo a golpe de guadaña en aquella América Latina que se pobló de golpes de Estado y consecuentes dictaduras en los años 70 del siglo XX. Cayó Salvador Allende en Chile a manos de un Pinochet que lo sembró de muerte. Videla en Argentina hizo lo propio sobre los restos del Peronismo.

Bolivia cerraba esperanzas con Hugo Banzer, militar llegado trabajosamente a Coronel. Brasil se deslizaba de dictadura en dictadura. México se encontraba inmerso en los 60 años consecutivos de mandato del PRI, mientras se descomponía el Estado tomado por las mafias. En Nicaragua reinaba el dictador Somoza, que junto con Batista, gobernando en Cuba gracias a un golpe de Estado, o la Venezuela de los oligarcas hacían las mejores migas con del vecino del norte.

La Cuba de Fidel era una notable excepción. Alentadora, entonces. Y trajo en jaque a los países más poderosos, a extremos inauditos. Ningún otro país de su entorno fue tan tenido en cuenta.  Enemigo a abatir como lo fueron otros de Estados Unidos y muestran informes desclasificados que detalla Íñigo Sáenz de Ugarte: La CIA, Fidel Castro y Bahía de Cochinos.   Era como un David contra los Goliat, lo que acrecentaba su mito, para bien y para mal.

Los días de gloria los hemos ido perdiendo y no parece fácil recuperar el rumbo en un camino que se empecinan en borrar. Ahora tocan los Trump y los Rajoy, los Rajoy también. Con sus Cortes y voceros. Los payasos, los sicarios, los trepas útiles, los fachas ortodoxos y sus embriones clonados, los posibilistas, los sembradores de bulos y discordia, los vendedores de todo, la disuasión organizada del pensamiento. Y suena con toda intensidad la fanfarria, los platillos, el bombo, el ruido. La orquesta de la posverdad para amplificar la mentira y desarmar a los inocentes.

*Publicado en eldiarioes

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2 comentarios

  1. Excelente el artículo de Ramón Lobo que tan espléndidamente glosas. Me encantó igualmente el de Ignacio Ramonet: ‘El Fidel que conocí’: “Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera linea”.
    http://www.eldiario.es/_22d6c934 vía @eldiarioes
    No hay persona decente en este país que no haya reconocido la valía y valentía férrea de este líder al frente del monstruo USA.
    Saludos

  2. Si existe un cielo para los que luchan por los Derechos Humanos de las mayorías sociales y no necesariamente de las élites, allí estarás querido Comandante Fidel Castro, en el cielo de los justos que es la memoria de los pueblos.
    HERMANO FIDEL ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!
    Los que adoran a la monarquía, nos hablan de la dictadura de Castro. Son los mismos más o menos que nos quieren dar cátedra de democracia.
    Los que adoran al sistema de libertades impuesto por USA cuyo pueblo acaba de elegir a un hito de los derechos humanos como Trump, nos denuncian la violación de los derechos humanos en Cuba.
    Son los mismos que sostienen como libertad constitucional la tenencia y portación de armas por parte de los ciudadanos con las consecuencias de muertes que todos conocemos.
    Son los mismos más o menos que no repudian o miran para otro lado cuando se trata de violencia y muerte producidas por la policía racista contra afroamericanos e hispanos en USA. Y los que defienden un sistema que mantiene la aplicación de la pena de muerte (USA es el 3º) también discriminatoria.
    Son los mismos que nos quieren dar cátedra sobre derechos humanos pero que no repudian ni se manifiestan por la ocupación de Guantánamo, territorio soberano de la Nación Cubana.
    Son los mismos más o menos que no abren la boca para denunciar a los USA por la injerencia, el intervencionismo, el apoyo, logístico sino directo, a tantos golpes de estado, dictaduras militares asesinas de pueblos, trabajadores, intelectuales, mujeres, apropiación de niños e identidades, en América Latina y en otros pueblos del planeta. ¿Acaso todo esto no son Derechos Humanos, la mayoría de ellos de lesa humanidad?
    Les jode, y mucho, porque son conscientes de su propia miopía. Pero es bueno que se manifiesten así, porque los identifica claramente.
    Fidel Castro no decidió recluirse en un convento para orar por los más necesitados, sino que sintió que tenía la fuerza personal y los apoyos suficientes para protagonizar como muy pocos en la historia, la lucha, primero armada, y después política, y que fue necesario mantener a veces con mano firme, incluso con errores, pero con un acierto ineludible en la línea de conducta, para protagonizar una revolución innegable de reparación y recuperación de DERECHOS HUMANOS IMPRESCINDIBLES, para las mayorías sociales, para los más desposeídos, para los y las trabajadores y trabajadoras, para la parte más significativa e integradora de todo un pueblo. Estos son los verdaderos Derechos Humanos y no visitar la Statue of Liberty.
    Si existe un cielo para los que luchan por los Derechos Humanos de las mayorías sociales y no necesariamente de las élites, allí estarás querido Comandante Fidel Castro, en el cielo de los justos que es la memoria de los pueblos.
    HERMANO FIDEL ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

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